Opinión: Lo que 370.000 ensayos universitarios nos dicen sobre los efectos de la IA en la creatividad

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Soy una gran aficionada a la tecnología. He delegado felizmente mi razonamiento espacial a Google Maps. Utilizo la inteligencia artificial para buscar artículos, investigar, corregir mis errores gramaticales y preparar recetas de última hora para las noches entre semana.

Pero hace poco he trazado un límite claro: nada de inteligencia artificial para escribir. No me refiero a informes de gastos o correos electrónicos rutinarios. Me refiero a la escritura real, y a la lluvia de ideas creativa que la precede para explorar diferentes perspectivas o desarrollar ideas novedosas. Cada vez más, muchas personas con las que hablo –desde estudiantes a profesores y compañeros– me dicen que les parece bien utilizar chatbots de IA para la lluvia de ideas, siempre y cuando ellos hagan el “trabajo real” de escribir.

Pero esto malinterpreta algo crítico: la lluvia de ideas es el trabajo fundamental de la escritura. Como investigadora que estudia los efectos de la IA en la educación, he llegado a la conclusión de que estas herramientas solo mejoran la escritura de manera superficial. Su impacto más significativo y alarmante radica en que constriñen nuestra gama completa de pensamientos y nuestra capacidad de generar ideas originales y útiles, lo que llamamos pensamiento creativo. Esto parece ser especialmente cierto para los estudiantes. Las frases fluidas, las transiciones elegantes y el rico vocabulario de la IA dan la ilusión de una creatividad e individualidad expansivas. Sin embargo, las ideas subyacentes a menudo convergen en unas pocas categorías homogeneizadas.

La erosión del pensamiento creativo significa que los jóvenes tendrán dificultades para navegar por la incertidumbre. Los trabajadores se esforzarán por adaptarse a un mercado laboral cambiante. Y la sociedad se perderá las nuevas ideas que pueden resolver problemas complejos y mejorar la vida.

Durante los últimos ocho años, el neurocientífico Adam Green, de la Universidad de Georgetown, ha dirigido un equipo nacional de investigación que rastrea la gama de ideas novedosas que los estudiantes de bachillerato que aspiran a la universidad presentan en sus ensayos de solicitud, antes y después de la introducción de ChatGPT. En un estudio, él y su equipo examinaron las declaraciones personales de más de 370.000 estudiantes, y descubrieron que después de que ChatGPT estuviera disponible, sus ensayos empezaron a utilizar un lenguaje diverso y expresivo, pero carecían de ideas verdaderamente creativas. Y este encubrimiento lingüístico funcionó: los ensayos posteriores a ChatGPT fueron calificados como más “creativos” por los jueces humanos, incluso si el contenido de los ensayos ya trataba temas conocidos.

En otro estudio, el equipo descubrió que los ensayos escritos por humanos ofrecían hasta ocho veces más ideas nuevas que las producidas por la IA.

Otro experimento realizado por otro equipo de investigación comparó relatos cortos escritos por humanos con otros escritos con ayuda de la IA. Como en el caso de los ensayos de estudiantes del estudio de Green, las obras asistidas por IA tenían un vocabulario más interesante y su lectura resultaba más agradable, pero las líneas argumentales subyacentes eran más homogéneas. Las ideas distintivas y extravagantes –con personajes sorprendentes o escenarios inusuales– suelen dejarse de lado cuando interviene la IA.

Por primera vez en la historia de la humanidad, disponemos de una tecnología que puede generar palabras independientemente de los pensamientos que representan. Cuando un chatbot escribe, está prediciendo la siguiente palabra que tiene más probabilidades de formar una “buena” frase o redacción, con base en el texto con el que ha sido entrenado. Puede identificar patrones de palabras sofisticados y creativos, independientemente de si las ideas que los sostienen representan algo nuevo.

Cuando los adolescentes escriben sus propios ensayos, el trabajo refleja sus pensamientos y personalidades, sus intentos de dar sentido a sus experiencias. Cuando buscamos palabras, exploramos las mismas redes cerebrales que forman conexiones entre ideas. Un estudiante que escribe: “Siempre pensaré en aprender a nadar cuando vea volar una cometa”, está conectando experiencias personales únicas en su vida, lo que hasta hace poco era una clara señal de pensamiento verdaderamente creativo.

Otra forma en que la interacción de la IA puede reducir las ideas es mediante el poder de la sugestión. Una vez que un chatbot sugiere una dirección, los humanos tienden a adoptarla. La naturaleza conversacional de la IA puede dificultar la distinción entre el pensamiento del usuario y el del bot, lo que facilita que la gente adopte como propias las perspectivas generadas por la IA. Es fácil comprender cómo un adolescente impresionable podría renunciar a escribir un ensayo poco convencional –sobre, por ejemplo, qué se siente al tocar jazz o cocinar con tu abuela– en favor de lo que la IA le sugiera.

Y lo que es aún más problemático, la investigación de Green demuestra que la IA tiene el mayor impacto homogeneizador sobre los alumnos que están más lejos de la media y tienen perspectivas únicas, incluidos los alumnos neurodivergentes y los pertenecientes a minorías raciales y lingüísticas.

Esto no quiere decir que la IA nunca pueda apoyar la creatividad humana. Los trabajadores con un profundo conocimiento de su oficio pueden utilizar la IA para agilizar las tareas técnicas o administrativas con el fin de centrarse en las partes de su trabajo en las que habita la originalidad: por ejemplo, que los profesores tengan más tiempo para idear lecciones atractivas y los ilustradores dediquen más atención al desarrollo de conceptos visuales. La IA da a los especialistas el tiempo que necesitan para hacer lo que mejor saben hacer los humanos: aportar ideas para resolver problemas de forma creativa.

La capacidad de nuestra especie para concebir ideas inesperadas y originales es algo que hay que proteger y cultivar. Esto es especialmente cierto para los adolescentes de hoy. Un mundo en el que florece el pensamiento creativo es un mundo que tiene más posibilidades de enfrentar los cambios que traerá la IA.

Rebecca Winthrop es autora de The Disengaged Teen: Helping Kids Learn Better, Feel Better, and Live Better. Escribe el boletín Winthrop’s World of Education.

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