La camiseta de fútbol de la selección colombiana protagoniza una discusión política

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Iván Cepeda, el senador de izquierda que se enfrenta a Abelardo de la Espriella, candidato de ultraderecha, acusó a su oponente de robarse la camiseta nacional para obtener beneficios políticos.

Apenas unos días antes del inicio del Mundial, miles de colombianos en todo el país salieron a la calle con la camiseta de la selección nacional y convirtieron las calles en un mar de amarillo brillante.

Pero esos colombianos no salieron en masa para animar a la querida selección de fútbol del país. El domingo votaron por Abelardo de la Espriella, un candidato presidencial de derecha que había instado a sus seguidores a ponerse la camiseta durante los últimos días de su campaña.

Llevaron las camisetas en los enormes mítines de cierre de campaña y en las cabinas de votación, en una demostración de fuerza que también fue una maniobra para eludir las leyes que prohíben el uso de ropa de campaña en los centros de votación.

De la Espriella, quien recibió el respaldo del presidente Donald Trump el martes, ha convertido el emblemático uniforme de Colombia –típicamente un símbolo de unidad en este país apasionado por el fútbol– en el atuendo oficial de su campaña. El domingo, su mensaje nacionalista lo ayudó a llegar a la segunda vuelta contra un candidato de izquierda, votación que se realizará a finales de este mes.

Ahora, con dos grandes eventos que tendrán lugar este mes, la votación presidencial final y la participación de Colombia en la Copa Mundial, la venerada camiseta del país –conocida como “la amarilla”– se ha convertido en un nuevo campo de batalla partidista.

Iván Cepeda, el senador de izquierda que se enfrenta a De la Espriella, acusó a su oponente de robarse la camiseta nacional para obtener beneficios políticos. La federación colombiana de fútbol denunció el uso de la selección nacional para la “confrontación política”.

El enfrentamiento también ha desencadenado un debate nacional. ¿Está bien que los seguidores de un candidato colombiano se apropien de la camiseta o se está secuestrando un símbolo de toda la nación por parte del grupo de votantes que De la Espriella ha movilizado tan eficazmente?

Los colombianos están divididos.

“Es un asco, es asqueroso”, dijo Adriana Salazar, de 27 años, una barista de Bogotá, la capital del país.

Llevar la camiseta ahora equivale a acoso, dijo, pues “es una forma de intimidar a los que no están de acuerdo con uno”, tanto en las urnas como en la vida cotidiana. Señaló que la camiseta seguía siendo omnipresente incluso después del domingo, día de las elecciones.

Los partidarios de De la Espriella se regodeaban y publicaban memes en los que se burlaban de Cepeda por desatar la controversia de la camiseta después de que De la Espriella obtuviera más votos, aunque por un estrecho margen, en la primera vuelta. (De la Espriella y Cepeda quedaron en primer y segundo lugar, pero como ninguno de los dos obtuvo más del 50 por ciento de los votos, competirán en una segunda vuelta).

Algunos observadores políticos se preguntaron si llamar la atención sobre la camiseta podría solo alimentar el apoyo a De la Espriella.

Pablo González, un miembro retirado de las fuerzas de seguridad de Colombia que apoya a De la Espriella, dijo que las acusaciones de Cepeda eran un acto desesperado, porque “se siente derrotado”.

González, de 70 años, quien vive en Bogotá, afirmó que la camiseta es de todos y que cualquiera puede usarla cuando quiera.

El uniforme de fútbol de Colombia, adoptado en 1985, está diseñado para parecerse a la bandera nacional: camiseta amarilla, pantalones cortos azules y medias rojas. Luego de que no se clasificara a la Copa Mundial de 2022, la selección nacional jugará la fase de grupos en México y Miami. Su primer partido es el 17 de junio, contra Uzbekistán.

Dado que las elecciones presidenciales colombianas coinciden con el Mundial cada cuatro años, los políticos llevan mucho tiempo tratando de aprovechar la popularidad de la selección de fútbol para obtener beneficios electorales.

Pero hasta que De la Espriella comenzó a animar a sus seguidores a llevar la camiseta del equipo, los colombianos afirmaban que las camisetas nunca habían tenido tanta visibilidad.

Durante su discurso del domingo tras el cierre de las urnas, De la Espriella lució una camiseta con la palabra “Presidente” y el número “10” en la espalda, el número que llevan dos de los jugadores más famosos de Colombia, Carlos “el Pibe” Valderrama y James Rodríguez. La esposa y los hijos pequeños del candidato también llevaban camisetas de la selección.

Al envolverse en la camiseta de la selección nacional, De la Espriella está siguiendo un manual utilizado por otros líderes latinoamericanos, desde Brasil hasta Perú.

En Brasil, Jair Bolsonaro, el expresidente de extrema derecha, animó a sus seguidores a llevar la camiseta amarilla y verde de la selección a las urnas en 2018 y 2022. Esa camiseta –quizás la más reconocible del fútbol internacional– perdió su estatus de símbolo políticamente neutro en Brasil después de que muchos aficionados liberales se negaran a llevarla por miedo a que los confundieran con seguidores de Bolsonaro.

Y después de que Colombia llegara a los cuartos de final del Mundial de 2014, el mejor resultado en la historia del equipo, el expresidente Juan Manuel Santos solía llevar la camiseta amarilla mientras intentaba reunir a los colombianos en torno a un controvertido acuerdo de paz con el grupo guerrillero más grande del país.

Este año, mientras Colombia se enfrenta a un resurgimiento del conflicto armado, De la Espriella ha utilizado la camiseta para apelar al orgullo nacional en su campaña electoral, basada en “defender la patria” de los narcotraficantes y los grupos armados. Llevar la camiseta también ha ayudado a De la Espriella, un abogado penalista de la alta sociedad aficionado a los trajes a medida, a reinventarse como un hombre del pueblo.

Daniel Alarcón, un periodista peruano-estadounidense y copresentador de un pódcast sobre la Copa Mundial, lamentó la politización de la camiseta de fútbol.

“Cuando te pones la camiseta de la selección nacional, siento que todos están celebrando su propia visión personal de cómo desearían que fuera el país”, dijo. “Una vez que un símbolo nacional como ese se asocia con un partido político u otro, creo que se pierde algo”.

Evocando el rugido de la multitud tras un gol, dijo: “Se desvanece la oportunidad de un momento apolítico de trascendencia”.

La Federación Colombiana de Fútbol buscó ser diplomática, denunciando el uso de la camiseta con fines políticos, al tiempo que destacó que no tenía poder para limitar la forma en que los colombianos eligen usar las camisetas.

“Lamentamos profundamente que la camiseta de la Selección Colombia, que simboliza la disciplina, el deporte, el trabajo en equipo y la capacidad de nuestros jugadores y jugadoras, sea malinterpretada o sea objeto de controversias ajenas a la gloria deportiva”, declaró la federación en un comunicado.

Mientras la selección colombiana de fútbol se preparaba para disputar su último partido amistoso en Bogotá el lunes antes de viajar al Mundial, los colombianos seguían discutiendo en internet.

Los comentaristas de derecha tacharon de hipócritas las críticas de Cepeda hacia De la Espriella y sacaron a relucir fotos del presidente Gustavo Petro, aliado de Cepeda, vistiendo la camiseta durante su campaña presidencial de 2022. Aunque Cepeda instó a la gente a no utilizar la camiseta con fines políticos, algunos en la izquierda se preguntaban si ellos también deberían apropiarse de ella para evitar que se convirtiera en un símbolo de la derecha.

Los dueños de tiendas y los vendedores ambulantes se mantuvieron al margen, y mantenían suministro visible de “la amarilla”.

El lunes por la noche, la discusión se recrudeció cuando los simpatizantes que marchaban a favor de Cepeda rodearon el autobús oficial de la selección colombiana de fútbol y lo cubrieron de volantes de campaña. El autobús se encontraba cerca de El Campín, el estadio donde Colombia jugaba su partido amistoso contra Costa Rica, cuando los manifestantes bloquearon su paso hasta que la policía despejó el camino, según muestra un video.

González, seguidor de De la Espriella, dijo que, en todo caso, la polémica sobre las camisetas había hecho que sus seguidores se comprometieran aún más.

A través de sus redes, dijo, habían difundido el mensaje de usar sus camisetas amarillas a diario hasta el final de la Copa Mundial. “Y con mayor razón nos la vamos a colocar el 21 de junio”, dijo, el día de la segunda vuelta.

Luis Ferré-Sadurní es periodista del Times en Bogotá, Colombia.

Annie Correal es corresponsal para América Latina del Times.

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