Los republicanos empiezan a poner a prueba los límites del poder de Trump

This post was originally published on this site.

El estilo de gobierno unilateral y vengativo del presidente de Estados Unidos comienza a chocar contra un muro en ambas cámaras del Congreso.

En una gira por Asia el pasado otoño, el presidente Donald Trump aprovechó un momento en el escenario mundial para celebrar una victoria legislativa en casa: después de meses de férrea presión, había obligado a los republicanos a aprobar leyes que reducían los impuestos y recortaban drásticamente la red de seguridad social del país.

“Dije: ‘Incluyámoslo todo en un solo proyecto de ley, y si lo logramos, habremos terminado por cuatro años’”, dijo Trump durante un discurso pronunciado en octubre en Tokio. “No necesitamos nada más del Congreso en ese sentido”.

Desde entonces, Trump se ha empeñado en poner a prueba esa teoría al retar a los legisladores a que lo desafíen y al hacer todo lo posible por desbancarlos de sus cargos si lo hacen. Sin embargo, tras una temporada de elecciones primarias llena de represalias, el estilo de gobierno de Trump –unilateral y a menudo impaciente– ha chocado con los republicanos descontentos, quienes parecen estar buscando su propia venganza política.

El miércoles por la noche, cuatro republicanos de la Cámara de Representantes se aliaron con los demócratas para exigir a Trump que retire las fuerzas estadounidenses del conflicto con Irán o que obtenga la aprobación del Congreso; una reprimenda a un presidente que ha dicho en repetidas ocasiones que no necesita la autorización del Congreso para continuar el conflicto.

Esto se produjo justo después de otro revés de gran repercusión: una revuelta republicana contra un fondo de 1800 millones de dólares para recompensar a los partidarios de Trump que aleguen persecución política por parte de los demócratas. Muchos senadores republicanos habían indicado que no seguirían adelante con los planes para financiar la agenda migratoria de Trump a menos que se eliminaran dichos planes. Esta semana, Todd Blanche, fiscal general en funciones, dijo que el gobierno abandonaría la iniciativa.

Pero el miércoles, justo cuando el Senado se disponía a debatir un proyecto de ley de inmigración que habían retrasado debido a ese fondo, Trump dijo a los periodistas en el Despacho Oval que no estaba muy seguro de si el fondo había sido descartado definitivamente o estaba simplemente en pausa.

“Me encanta”, dijo a un periodista que le preguntó por el fondo, echando por tierra el intento de los legisladores de dar el tema por cerrado. “Creo que es muy importante”.

No es de extrañar que los republicanos quieran poner algo por escrito.

El senador John Cornyn por Texas, un republicano al que Trump contribuyó a derrotar durante las primarias, compartió un editorial del Wall Street Journal en las redes sociales ese mismo día, en el que pedía al Congreso que aprobara una ley para eliminar el fondo.

“La forma de garantizar que el fondo de represalias de Trump muera definitivamente sería que el Congreso le clavara una estaca”, escribió Cornyn, haciéndose eco del editorial.

(En días recientes, el senador ha estado publicando sin parar sobre el concepto de la traición. La semana pasada compartió una fábula sobre una rana que fue agraviada por un escorpión).

El senador Bill Cassidy por Luisiana, quien votó a favor de la destitución de Trump en 2021 y perdió las primarias, también apoya la legislación que acabaría con el fondo. “Hay que asegurarse de que está realmente muerto”, dijo a los periodistas.

En otros asuntos de seguridad nacional, varios republicanos se opusieron a la decisión de Trump de nombrar a Bill Pulte director en funciones de la inteligencia nacional. En su cargo de director de la Agencia Federal de Financiación de la Vivienda, Pulte hizo pública la información hipotecaria personal de varios destacados críticos de Trump, e impulsó investigaciones federales sobre ellos.

El senador Thom Tillis, por Carolina del Norte, dijo en una entrevista en la CNBC el miércoles por la mañana que no creía que Pulte “tuviera ninguna posibilidad” de que el Senado lo confirmara. (Tillis anunció que no se postularía a la reelección el año pasado, tras verse amenazado por Trump por oponerse al amplio proyecto de ley fiscal que el presidente presumió en Japón).

Dijo que la decisión de Trump de nombrar a Pulte había puesto en peligro los esfuerzos del Congreso por prorrogar una ley de vigilancia sin orden judicial de gran repercusión, cuyo debate está previsto para finales de este mes: “Estoy harto de todos estos aficionados”, dijo Tillis en referencia al gobierno de Trump.Más tarde, Tillis dijo a los periodistas que “tengo la impresión de que hay personas que asesoran al presidente como si no hubiera elecciones en noviembre”.

Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, defendió la elección de Trump.

“El presidente elige a las mejores personas, las más talentosas, para formar parte de su Gabinete. Por eso este gobierno ha logrado éxitos sin precedentes para el pueblo estadounidense”, dijo Ingle en un comunicado. “Bill Pulte es una gran selección, y hará un gran trabajo en nombre del pueblo estadounidense”.

Ingle añadió que retrasar la votación sobre la ley de vigilancia “pone en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos y es vergonzoso que algunos demócratas amenacen con anteponer la política partidista a la seguridad del pueblo estadounidense”.

A cinco meses de las elecciones intermedias, los asesores de Trump apuestan a que los votantes verán todo esto como una muestra clásica de la disfunción política de Washington, producto de la deslealtad a Trump. Como prueba de ello, dichos asesores han señalado la lista de políticos que perdieron ante candidatos respaldados por Trump.

Fuera de la burbuja de la Casa Blanca, otros advierten que la fuerza de Trump en la temporada de primarias, basada en movilizar a los votantes desde los sectores más conservadores de su base, podría estar desvaneciéndose.

El representante Randy Feenstra por Iowa, quien recibió un apoyo tardío de Trump, perdió las primarias frente a su contrincante, Zach Lahn, un granjero y agente político conservador.

Mike Murphy, estratega republicano, consideró la derrota de Feenstra como una señal de que las políticas del gobierno han golpeado a las comunidades agrícolas, en particular las rondas de aranceles y el aumento de los precios del petróleo por la guerra de Estados Unidos en Irán. Murphy dijo que esas políticas, agravadas por la impopularidad de Trump, han debilitado a los republicanos más de lo que la Casa Blanca ha admitido.

“Es un gorila en las primarias republicanas, pero es un gorrión herido entre el electorado general”, dijo sobre Trump. Dijo que esto ha dado lugar a que los senadores republicanos intenten alejarse de las iniciativas más políticamente tóxicas de Trump.

“La realpolitik de esto es: ‘Necesito alejarme de Trump’”, añadió.

Lamar Alexander, el senador republicano por Tennessee retirado que ejerció su cargo hasta 2021, dijo que el presidente aún tiene la oportunidad de trabajar con una cámara que “coincide con él el 99 por ciento de las veces” para preservar su legado.

“Necesita asesorarse por personas de mentalidad independiente, en lugar de solo por personas que trabajen para él y a quien pueda despedir”, dijo en una entrevista. “Purgar a los senadores que lo apoyan no es un buen camino para crear un legado del que se sienta orgulloso cuando se vaya”.

Annie Karni colaboró con reportería.

Katie Rogers es corresponsal del Times para la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Donald Trump.

Annie Karni colaboró con reportería.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *