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En su primer partido en Los Ángeles, la selección iraní atrajo a espectadores que no habían ido a ver fútbol, sino a protestar contra el régimen de Teherán.
Cuando el balón entró en la portería, Sahand Vafadary saltó de su butaca y ondeó alto la bandera de Irán para celebrarlo. Nueva Zelanda acababa de anotar y, así, recuperaba la ventaja en su primer partido del Mundial contra el país natal de Vafadary y él estaba eufórico.
Vafadary, un médico de Phoenix, Arizona, dijo que se gastó 300 dólares en una entrada para apoyar al rival de Irán en el estadio So-Fi de Inglewood, California, a modo de protesta.
“La razón por la que queremos que gane Nueva Zelanda es porque el equipo iraní que juega ahora mismo, ya sea a propósito o no, está siendo utilizado como propaganda por el régimen”, dijo Vafadary, quien nació en Teherán.
El suyo no fue el único acto de protesta en una noche que pasará a la historia como una de las más extrañas en un partido del Mundial, cuando Irán saltó al campo para comenzar su participación tras meses de incertidumbre. Irán fue aclamado con entusiasmo por la mayoría de los espectadores y abucheado por otros.
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque conjunto contra el país a finales de febrero, los jugadores iraníes han tenido que lidiar con un sinfín de ajustes, adaptaciones y frustraciones solo para poder competir.
Se esperaba que el partido fuera tanto un evento político como un partido de la fase de grupos. Los Ángeles es el hogar de una de las diásporas iraníes más grandes del mundo y se ha convertido en un epicentro global de la oposición al gobierno de Teherán. Irán es el primer participante en los casi cien años de historia de la Copa del Mundo que ha estado en conflicto armado con un país anfitrión del torneo.
El partido, que terminó en empate 2-2, se disputó después de que Estados Unidos e Irán firmaran un acuerdo marco que pondría fin a su guerra de meses, aunque ninguna de las partes había publicado el texto completo del acuerdo hasta el lunes.
‘Demasiada presión’
Nada de eso alivió la tensión que sentían Mehdi Taremi, el capitán, y sus compañeros. Taremi llegó tarde a una rueda de prensa tras su arribo a Los Ángeles desde la concentración del equipo en México, ya que su autobús se encontró con manifestantes que protestaban contra el régimen de camino al hotel del equipo. Las autoridades estadounidenses concedieron al equipo las visas para sus partidos del Mundial hace apenas 10 días, y solo con la condición de que este abandonara el país inmediatamente después de cada uno de sus tres partidos programados en Estados Unidos.
Para muchos en Los Ángeles, el equipo se ha convertido en un lienzo en el que los manifestantes han proyectado su indignación contra los gobernantes del país.
Cientos de manifestantes contrarios al régimen –principalmente partidarios del antiguo sah– se reunieron cerca del estadio horas antes del partido para protestar contra el régimen y, en algunos casos, también contra el equipo. Al son de música a todo volumen y con megáfonos, coreaban consignas como “El equipo de los mulás no es mi equipo” y “Abajo el régimen”.
“Nadie en su sano juicio apoyaría” el regreso de la familia real, dijo Hossein Shah, de Nueva York, al criticar la atención prestada a los manifestantes de Los Ángeles. “Estamos aquí para apoyar al equipo”.
El domingo, Arash Razi, uno de los organizadores de la protesta, repartió miles de camisetas con la bandera pre-revolucionaria de Irán, un emblema que la FIFA, organizadora del Mundial, ha prohibido en el estadio en virtud de sus normas contra los símbolos políticos. Razi no se dejó intimidar y ejerció sus derechos de la Primera Enmienda. Tanto dentro como fuera del estadio se podía ver a aficionados luciendo esos símbolos, en un desafío a la prohibición de la FIFA. En el pasillo durante el descanso, un hombre con una bandera prohibida atada a la cintura insultó a una mujer envuelta en la bandera actual de Irán.
El equipo salió al campo al son de una canción oficial de la FIFA que decía “es más que un simple partido” y se colocó alrededor del círculo central mientras miles de personas dentro del estadio, animando al equipo, abucheaban el himno nacional de Irán.
La intensidad de la oposición en Los Ángeles, donde el equipo juega dos de sus tres partidos, llevó a algunos aficionados acérrimos a replantearse ir al estadio. La víspera del partido también se produjeron enfrentamientos entre grupos rivales de iraníes, y la policía tuvo que intervenir.
“Puede que no vaya por la diáspora de Los Ángeles”, dijo Sahar Salajegheh, cirujana dental. “No quiero meterme en líos con ellos. Esa es la única razón por la que no iría, aunque mis amigos me hayan conseguido una entrada”.
En medio de todo esto está el propio equipo, cuyos jugadores, en su mayoría, no habían jugado fútbol profesional desde el inicio de la guerra. El equipo lleva de gira desde mayo, primero en una concentración en el sur de Turquía y ahora en Tijuana, México, la ciudad fronteriza a la que trasladó su base para el torneo en el último momento desde Tucson, Arizona.
“Están sometidos a demasiada presión por todas partes”, dijo Salajegheh. El equipo, añadió, está atrapado en medio, víctima no solo de un conflicto entre países sino también de las divisiones entre los iraníes en el extranjero, quienes proyectan sus propios puntos de vista, políticas y exigencias sobre un grupo de 26 atletas. “Ni siquiera están seguros de que su propia gente los esté animando”.
Sam Ghaffari, de 50 años, un médico de Cleveland, Ohio, quien se mudó a Estados Unidos de bebé con su familia, dijo que uno de sus hermanos tuvo “una crisis existencial” sobre cómo apoyar al equipo pero no al gobierno. Al final, la familia decidió tapar la bandera de la República Islámica que aparecía en la camiseta del equipo como un pequeño acto de rebeldía.
Los jugadores, dijo Ghaffari desde su asiento en el estadio, estaban “entre la espada y la pared”.
‘Hemos notado la tensión’
En México, el equipo ha sido agasajado por los locales –incluida una banda de mariachis–, algunos visitantes iraníes e incluso por políticos mexicanos de alto perfil que han viajado para reunirse con la plantilla. Pero la tensión que rodea al equipo ha supuesto un fuerte dispositivo de seguridad, con caravanas de agentes armados cada vez que sale de su base. El domingo, los jugadores iraníes recibieron una calurosa despedida para el breve viaje a Los Ángeles. Su llegada fue mucho menos acogedora, con grupos de manifestantes esperándolos en el aeropuerto y frente al hotel del equipo.
Tras el partido, Taremi, el capitán del equipo, y Amir Ghalenoei, el entrenador, expresaron su frustración por las condiciones que el equipo ha tenido que enfrentar. Ghalenoei dijo a los periodistas que Irán era “el equipo más oprimido de este Mundial”. Taremi lamentó que los jugadores tuvieran que salir de Estados Unidos de inmediato, sin tiempo para recuperarse tras el partido. “Es una situación horrible y ya estamos hartos de esto”, dijo.
Debido al retraso en la obtención de las visas de entrada a Estados Unidos, el equipo partió más tarde de lo previsto hacia el Mundial. Al final se concedieron las visas a los jugadores, pero no a más de una decena de directivos del equipo, entre ellos el presidente de la federación, un antiguo comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán, un grupo que Estados Unidos considera una organización terrorista.
“Por supuesto, hemos sentido la tensión desde el momento en que llegamos a este Mundial”, dijo Taremi. “Este tipo de tensión socava esa alegría y socava el mensaje de la FIFA, que es que el fútbol trae la paz”, dijo, y añadió que las autoridades estadounidenses también habían entorpecido los preparativos de otros equipos y directivos.
Dentro del estadio, Irán echaba en falta a un número significativo de seguidores. Recientemente, la FIFA retiró unas 1000 entradas asignadas a la federación iraní después de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos expresara su preocupación de que la venta de estas entradas violara las sanciones de larga data sobre las relaciones comerciales con Irán. Aun así, los seguidores iraníes superaban ampliamente en número a los de sus rivales.
El sábado, el equipo presentó un frente unido y reunió a toda su delegación –incluidos los directivos a quienes se les prohibió entrar a Estados Unidos, como Mehdi Taj, el presidente de la federación– en un gran círculo en su campo de entrenamiento en México. Después, Taj acusó a Estados Unidos de “no respetar ningún protocolo internacional, ni siquiera los protocolos básicos del Mundial”.
Él y una decena de personas más, incluidos los dos responsables de prensa del equipo, vieron desde el hotel de la selección en Tijuana cómo el equipo salía trotando al campo para su debut en la Copa Mundial.
Tariq Panja es corresponsal mundial de deportes y se centra en historias en las que el dinero, la geopolítica y el crimen se cruzan con el mundo del deporte.

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