Abelardo de la Espriella, el ‘outsider’ de derecha que podría ganar las elecciones de Colombia

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En una cabina blindada, ataviado con la camiseta amarilla de la selección colombiana de fútbol, Abelardo de la Espriella levanta el puño y grita a una multitud de miles de personas: “¡Aquí está tu tigre!”.

Hace solo unos meses era prácticamente un desconocido que iba viajando por Latinoamérica –y pasando el rato en el club de golf del presidente Donald Trump, cerca de Miami– tratando de establecer contactos y conseguir apoyos.

Ahora, De la Espriella, de 47 años, podría ser electo el próximo presidente de Colombia, una de las mayores economías de Latinoamérica e, históricamente, el aliado más cercano de Washington en la región.

Después de obtener el mayor número de votos en la primera vuelta, se enfrentará este domingo en la segunda vuelta al senador de izquierda Iván Cepeda.

De la Espriella, un abogado penalista y empresario sin experiencia política, parece haber surgido de la nada, impulsado por una campaña populista autofinanciada, una intensa actividad en redes sociales y, recientemente, el respaldo de Trump.

Su inesperado ascenso ha dividido a los colombianos. Sus seguidores dicen que su energía combativa es necesaria para derrotar a los carteles que trafican cocaína, al tiempo que los críticos advierten de una amenaza “autoritaria“, todo mientras De la Espriella promete “destripar a la izquierda” y perseguir sin piedad a sus oponentes con la ayuda de Estados Unidos.

Muchos, en ambos bandos, siguen preguntándose: ¿Quién es este hombre?

Un abogado que canta ópera en Miami

Su campaña ha tomado ideas prestadas de otros líderes de derecha –las megacárceles del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, los recortes presupuestarios del presidente de Argentina, Javier Milei (junto con una mascota en forma de tigre, un guiño al león de Milei)– y ha aprovechado el descontento hacia Gustavo Petro, el presidente de izquierda saliente de Colombia.

De la Espriella ha prometido restablecer la seguridad, reducir el tamaño del Estado, tomar el control del sistema de salud y colaborar muy de cerca con el gobierno de Trump.

Se ha presentado como un colombiano patriota, vistiendo la camiseta de la selección nacional de fútbol y un sombrero de paja toquilla, y saludando a las multitudes con el lema “Firme por la patria”.

No hace mucho, tenía una imagen muy distinta.

De la Espriella, que se negó a ser entrevistado para este artículo, pasó más de una década en Miami, donde era conocido por llevar casos legales de gran repercusión en Colombia.

Daba una imagen de riqueza y buen gusto con trajes hechos a medida y sombreros fedora, salpicaba sus conversaciones con palabras en italiano, cantaba ópera y abrió un piano bar llamado Místico.

“Era un playboy de Miami”, dijo María Jimena Duzán, una destacada periodista colombiana.

Por aquel entonces, parecía desencantado con su tierra natal. Se quejaba de no poder encontrar un barbero que valiera la pena en Colombia y llamaba al ajiaco, un plato tradicional muy querido, “potaje carcelario”.

“Él tiene una tendencia a lo que llamaríamos a comportarse como un divo”, dijo Ángel Becassino, un biógrafo.

‘Un excelente nicho de trabajo’

De la Espriella se crió en Córdoba, una región ganadera de la costa caribeña que era un semillero de paramilitares de derecha, grupos armados formados por terratenientes para luchar contra las guerrillas de izquierda.

Para la década de 1990, los paramilitares se habían convertido en otra amenaza violenta: se apoderaron de tierras, cometieron masacres y traficaron con drogas antes de acabar aceptando disolverse.

De la Espriella intuyó una oportunidad.

Creó una fundación por la paz y organizaba encuentros entre estudiantes universitarios y las fuerzas paramilitares, a las que, según él, había que tratar como actores políticos en lugar de procesarlas como delincuentes. Los políticos acusados de tener vínculos con los paramilitares acudían a él.

“La para-política es un excelente nicho de trabajo”, le dijo a un periodista en 2008. “Y sentí que no quería quedarme por fuera del proceso más importante de Colombia”.

Días antes de la segunda vuelta, su rival, Cepeda, acusó a De la Espriella de ser “cómplice” de los paramilitares.

De la Espriella, que ha acusado a Cepeda de tener vínculos con grupos de izquierda, no respondió a una solicitud de comentarios.

Clientes de alto perfil

De la Espriella se mudó a Miami y empezó a atender clientes de alto perfil, entre ellos narcotraficantes acusados y el cerebro de una de las mayores estafas piramidales de Colombia.

También a Alex Saab, acusado por las autoridades estadounidenses de ayudar a lavar cientos de millones de dólares para el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro. De la Espriella ha restado importancia a esa relación, diciendo que cortó los lazos con Saab en cuanto comenzó a ser buscado por Estados Unidos.

De la Espriella también defendió a famosos colombianos y, con el tiempo, a su héroe personal: el expresidente Álvaro Uribe, que ocupó el cargo durante dos mandatos y que se vio implicado en la violencia paramilitar.

Uribe se convirtió en su tarjeta de presentación, lo que le ayudó a abrirse puertas en Florida. Joaquín Pérez, un abogado cubanoestadounidense de Miami que defendió a comandantes paramilitares extraditados, recordó que en una ocasión De la Espriella llamó por teléfono a Uribe y lo puso en altavoz para saludarlo.

De la Espriella iba y venía entre Estados Unidos y Colombia, y su despacho de Miami estaba lleno de fotos de poderosos clientes colombianos, dijo Pérez.

Iván Cancino, abogado y colaborador de toda la vida de De la Espriella en Bogotá, dijo que los críticos lo habían puesto en el punto de mira precisamente por su éxito.

“Le han sacado la lista de clientes. Eso lo que dice es que era un excelente abogado porque lo buscaba mucha gente”, dijo.

‘Better Call Abelardo’

Aunque De la Espriella seguía siendo un desconocido para la mayoría de los colombianos, una serie de acusaciones lo puso en el radar de los periodistas.

Algunos clientes han denunciado que les pidió millones para “contactar” a los legisladores en su nombre o que les robó dinero.

De la Espriella ha rechazado las acusaciones y se ha ensañado con la prensa, presentando casi 110 demandas contra periodistas, según un análisis de la Fundación para la Libertad de Prensa, con sede en Bogotá.

Entre los demandados se encontraba un columnista colombiano que lo comparó con Saul Goodman, el abogado de dudosa ética de la serie Breaking Bad y Better Call Saul, en una columna titulada “¡Better Call Abelardo!”.

El caso acabó retirándose, pero Jonathan Bock, el columnista, dijo que De la Espriella le gritó en una audiencia, lo amenazó con embargar sus bienes y le exigió una disculpa pública, un comportamiento que, según Bock, reveló “su manera de entender el poder”.

El hijo pródigo

De la Espriella dejó de ejercer derecho hace unos años.

Junto a su esposa, Ana Lucía Pineda, parecían haberse establecido en Miami –se habían comprado una casa de varios millones de dólares y De la Espriella se naturalizó como ciudadano estadounidense en 2023–, pero al año siguiente hicieron las maletas con sus cuatro hijos y se mudaron a Florencia, Italia.

El año pasado anunció su candidatura a la presidencia.

El hombre que se había reinventado al marcharse de Colombia volvió a reinventarse al regresar. Según dijo, había encontrado a Dios tras la muerte de un familiar y ahora apreciaba más la cocina colombiana.

Según personas cercanas a él, lo que le inspiró a presentarse fue el asesinato, el año pasado, de otro aspirante presidencial conservador, Miguel Uribe Turbay. Había vuelto, dijo, para “salvar” a Colombia.

Conexiones republicanas

De la Espriella fue en marzo al club de golf de Trump de Doral, cerca de Miami, para codearse con líderes conservadores latinoamericanos y funcionarios estadounidenses en una cumbre organizada por el presidente Trump.

Durante su estancia en Miami, se reunió con Bernie Moreno, senador por Ohio, un republicano nacido en Colombia con vínculos cercanos a la Casa Blanca. “Tiene un nivel de energía de 20 sobre 10, lo cual me encanta”, dijo sobre De la Espriella en una entrevista.

También pasó tiempo con la congresista María Elvira Salazar, republicana de Miami a cuya campaña había hecho donaciones. Más tarde, ella apoyó su candidatura y lo llamó “amigo personal“.

En Florida, recurrió a otros contactos que había establecido durante sus años en Miami.

Fabio A. Andrade, concejal municipal y destacado republicano colombianoestadounidense amigo de De la Espriella, dijo que él y otros habían “mantenido reuniones importantes” con cónsules colombianos para animar a los colombianos en el extranjero, que suelen inclinarse hacia la derecha, a votar.

En cuanto al voto de confianza más importante –el de Trump–, Moreno dijo que “el presidente toma sus propias decisiones” en lo que respecta a los respaldos que otorga. Pero, añadió, “sin duda le di mi opinión muy clara”.

“El presidente sabe perfectamente que él es la persona con la que puede trabajar”, añadió Moreno.

Colombia, la ganadora

Para Alejandro Salazar, estratega empresarial y coautor de Colombia ganadora, De la Espriella representa el regreso al optimismo agresivo de los mandatos de Uribe hace dos décadas.

“Simboliza a una Colombia emergente, una Colombia a la que le gusta la libertad”, dijo.

De la Espriella también es un líder que no tiene miedo de provocar.

El mes pasado, en un programa de entrevistas, le dijo a una periodista que mirara una foto de su entrepierna, que, según él, le había valido “votos bien bacanos del electorado femenino”.

Y a medida que se acercaba la segunda vuelta, De la Espriella prometió meter en la cárcel a cualquiera que cuestionara su victoria.

“Van a ver lo duro que muerde el tigre”, dijo. “Voy a ver si son iguales de machitos y guapos cuando les tenga la pata el tigre en el cuello metido 15 metros bajo tierra”.

Max Bearak colaboró con reportería. Alain Delaquérière colaboró con investigación.

Annie Correal es corresponsal en Latinoamérica para el Times.

Patricia Mazzei es la reportera principal del Times en Miami y cubre Florida y Puerto Rico.

Max Bearak colaboró con reportería. Alain Delaquérière colaboró con investigación.

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