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En Francia y el Reino Unido pocas escuelas están climatizadas y padres, profesores y autoridades escolares no llegan a un acuerdo sobre qué medidas tomar en caso de calor extremo.
Las escuelas de Londres, algunas con décadas o incluso más de un siglo de antigüedad, se están achicharrando con una temperatura de 32 grados Celsius, o 90 grados Fahrenheit. En Francia, los profesores han tapado las ventanas con mantas o una mezcla de tiza y dejan que los niños jueguen con agua fuera. La mayoría de los alumnos simplemente se alegran de poder quitarse los zapatos.
“Me siento como si estuviera en un horno”, dijo una de ellas, Raya Petrova, de 7 años, cuyos profesores se esforzaban por mantener frescas sus aulas londinenses que carecen de aire acondicionado. “Hace muchísimo calor”.
El calor extremo está abrasando gran parte de Europa occidental, pero las clases siguen en marcha para millones de alumnos en países como el Reino Unido y Francia, donde pocas escuelas cuentan con aire acondicionado. El calor ha puesto a los responsables de educación en un dilema: por un lado, intentar evitar el cierre de colegios, lo que supondría la pérdida de días lectivos; por otro, lidiar con los efectos de las altas temperaturas, que, según los estudios, pueden afectar a los resultados académicos y a las notas de los exámenes.
Hasta hace relativamente poco, muchos colegios europeos estaban algo protegidos del calor extremo porque las clases ya habían terminado en su mayoría cuando llegaba el pico del verano. El curso escolar en el sistema británico y en el francés termina en julio, más tarde que en la mayoría de los colegios estadounidenses, pero igual antes de las semanas más sofocantes de agosto.
El cambio climático está afectando duramente a Europa, y cada vez hace más calor antes en el año. Eso significa un calor más intenso al final del curso escolar, con los alumnos a menudo en edificios antiguos diseñados para aislar del frío, no para mantener el frescor cuando las temperaturas aumentan.
“Es como meter a los niños en un invernadero seis horas al día”, dijo Pete Lynch, director de la Sheldon School de Chippenham, en el suroeste de Inglaterra. Su colegio, financiado por el Estado, cerró antes de lo habitual el martes y seguirá cerrado el miércoles y el jueves.
Pero, según dijo Lynch, no tenía otra opción. Las ventanas apenas se abren un poco. El colegio solo dispone de unas pocas unidades de aire acondicionado, algunas de las cuales se usan para refrigerar los servidores, y solo hay 50 ventiladores para 60 aulas, 20 de los cuales fueron adquiridos la semana pasada.
“Los edificios no están pensados para el calor”, dijo. “En realidad, no están pensados para nada. Cuando hace frío, se pasa un frío que congela”.
Aunque el problema se ha agravado en Europa en los últimos años, a las escuelas les ha costado adaptarse.
París va a comprar 1200 aparatos de aire acondicionado para repartirlos entre 620 guarderías y colegios de primaria, según el alcalde Emmanuel Grégoire. Hasta el lunes, la ciudad solo había instalado 150. En los colegios que han seguido abiertos, los profesores estaban flexibilizando las normas sobre el uniforme para permitir ropa más ligera y cancelando las clases de educación física.
Violaine Guéguen, que da clase en una guardería de París, dijo que el calor era casi insoportable. Los padres traían y llevaban sus propios ventiladores. El director tapó las ventanas con mantas para que las aulas estuvieran más oscuras, y el personal llenó cajas de juguetes con agua y dejó que los niños jugaran con ella en una zona con sombra del patio exterior.
“No podemos seguir así, teniendo que buscar constantemente soluciones caseras por nuestra cuenta”, dijo Guéguen. “Seguro que nos enfrentaremos a más olas de calor”.
Las autoridades belgas emitieron una alerta por calor para la mayor parte del país desde el miércoles hasta el viernes, con temperaturas que superarán los 35 grados Celsius, o 95 grados Fahrenheit.
Varias escuelas han decidido suspender las clases de la tarde hasta el final de la semana, mientras que otras permanecen abiertas, pero sustituyen las clases por actividades refrescantes, como juegos acuáticos al aire libre, dijo David Janssens, vocero de la red de educación pública de la Comunidad Flamenca. Para escapar del calor de las aulas, una escuela primaria del municipio de Hoegaarden trasladó algunas clases a las salas de reuniones con aire acondicionado de empresas locales, según los informes.
El dilema de si cerrar o no los colegios ha dividido a padres, profesores y responsables educativos, y ha reavivado los debates polarizados sobre la escolarización durante la pandemia del coronavirus.
“Está claro que no es seguro que vengan aquí”, dijo Emma Hergest el martes, mientras les ponía crema solar en el cuello a sus hijos –de 9, 8 y 5 años– antes de que se fueran al colegio con los 33 grados Celsius que hacía en Londres.
El lunes, el Ministerio de Educación británico dijo que no recomendaba cerrar los colegios por el calor. “La asistencia al colegio es la mejor forma de que los alumnos aprendan y alcancen su potencial”, afirmó la autoridad en un comunicado. “Y, por lo general, el calor se puede gestionar de forma segura”.
Muchos directores de colegio tienen que tomar sus propias decisiones.
En Francia, casi 10.000 de las 60.000 escuelas del país cerraron o modificaron sus horarios esta semana debido a la ola de calor, según informó a los parlamentarios Édouard Geffray, ministro de Educación.
En el Reino Unido no hay cifras similares, dijo el Ministerio de Educación en un correo electrónico, pero las noticias locales, los comunicados de los colegios y entrevistas con padres de familia sugieren que muchos centros han cerrado, al menos parcialmente.
Los cierres han dejado a muchos padres en apuros para encontrar quién cuide a sus hijos, incluso cuando en casa u otros lugares quizá no haya una opción mejor para mantenerse frescos. “¿Quién tiene aire acondicionado en Londres?”, dijo Silvia Pierini, una pediatra de la ciudad.
La supervisión de un adulto es un argumento a favor de mantener las clases abiertas, dijo. “Al menos en el colegio, hay control”.
Algunos padres se han tomado a la ligera los titulares alarmantes y las alertas por calor, pues dicen que crecieron en lugares más calurosos.
“La verdad es que te hace gracia: los niños van al colegio en todo el mundo”, dijo Claire Demetriou, de 39 años, que tiene familia en Grecia.
Sofia Georgieva, de 36 años, dijo que quizá tenga que buscar una guardería para su hija de 7 años. “Cuando hace demasiado calor, no tiene sentido estar allí”, dijo Georgieva. “No se aprende nada”.
Pero, como peluquera, añadió, no te pagan si no vas a trabajar. Si cierran el colegio, dijo, eso te deja ante “una decisión realmente difícil”.
No podría faltar al trabajo con regularidad, dijo, y no ve que las autoridades ni los responsables escolares estén elaborando planes reales para prepararse ante temperaturas extremas.
Eso parece un problema estructural, dijo: “Este país no está preparado para el calor”.
Koba Ryckewaert colaboró con reportería desde Bruselas.
Koba Ryckewaert colaboró con reportería desde Bruselas.
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