Para revelar las raíces rítmicas de la risa, basta con hacerle cosquillas a un simio

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Un estudio realizado con chimpancés, gorilas y otros grandes simios, además de niños humanos, arroja luz sobre la evolución de la risa.

El humor es algo muy personal. Un chiste o una caída cómica que hace que una persona se parta de risa puede dejar a otra con la mirada perdida. Pero la risa es universal, un instinto innato que comparten los humanos de todo el mundo.

Y no solo los humanos. Los chimpancés ríen entre dientes, los gorilas sueltan carcajadas, los bonobos se desternillan. Todos los grandes simios del planeta se ríen, y suelen hacerlo con el mismo tipo de ritmo regular y repetitivo que los humanos, según han descubierto los científicos en un pequeño estudio reciente.

La investigación arroja luz sobre cómo evolucionó la risa junto con los grandes simios y entre ellos: se volvió más rápida y variable en los humanos que en estas otras especies de primates. Mientras que los simios no humanos parecían reírse de formas bastante fijas, los humanos eran más flexibles en sus expresiones de alegría, y cambiaban el ritmo de sus risitas según la circunstancia, descubrieron los científicos.

“Creo que podemos decir que somos los maestros de la risa”, dijo Chiara De Gregorio, investigadora de la Universidad de Warwick en el Reino Unido y una de las autoras del estudio. “Podemos soltar una risita discreta y educada delante de la reina de Inglaterra, y luego, cuando estamos en el pub con nuestros amigos, reírnos muchísimo y de una forma completamente distinta. Incluso podemos reírnos de una manera que le haga entender a la otra persona que, en realidad, no nos pareció graciosa la broma que contó”.

Este amplio repertorio requiere una considerable flexibilidad y control vocal, las mismas habilidades que los humanos habrían necesitado para el lenguaje hablado.

El estudio demostró la “singularidad de la risa humana”, dijo Greg Bryant, científico cognitivo de la Universidad de California, campus Los Ángeles, que no participó en la nueva investigación. “Ofrece una ventana hacia la evolución vocal humana”.

En el nuevo estudio, publicado el jueves en la revista Communications Biology, los investigadores analizaron grabaciones de risa de cuatro niños y 13 simios jóvenes en cautiverio: cuatro orangutanes, dos gorilas, tres bonobos y cuatro chimpancés. Algunas de las grabaciones contenían risas producidas durante el juego, mientras que otras capturaban risas provocadas por cosquillas.

(Muchas de las grabaciones fueron creadas originalmente hace dos décadas por Marina Davila-Ross, psicóloga comparada de la Universidad de Portsmouth, en el Reino Unido, y autora del nuevo estudio. “No tuve la suerte de estar allí haciéndoles cosquillas a los pequeños gorilas en ese momento”, dijo De Gregorio.)

Los científicos descubrieron que, al hacerles cosquillas, todas las especies emitían risas que compartían la misma característica rítmica básica: eran isócronas, lo que significa que cada vocalización –cada jadeo, cada gruñido o cada “ja”– se producía a intervalos regulares y uniformes, como el tictac de un reloj o un metrónomo.

Los científicos no observaron esta misma regularidad en la risa que los humanos u otros simios producían mientras jugaban, quizá porque la naturaleza física y bulliciosa de muchas de estas sesiones de juego alteraba la regularidad de la respiración.

Aunque la risa de los humanos y los simios compartía algunas propiedades rítmicas básicas, el tempo, o velocidad, de estos ritmos variaba considerablemente entre especies. En promedio, la risa de los humanos era más rápida que la de otros simios, y las especies más cercanas a los humanos (chimpancés y bonobos) reían más rápido que aquellas más distantes (gorilas y orangutanes).

“Imagina”, dijo Gregorio, “un metrónomo que va más lento para los orangutanes, algo así como tic… tic… tic… pero más rápido, mucho más rápido, en los humanos, así: tic-tic-tic-tic”.

Aunque los humanos eran, en promedio, quienes reían más rápido, mostraban una enorme variabilidad en la velocidad de su risa, riendo de forma lánguida en algunas circunstancias y rápidamente en otras. También fueron la única especie que cambiaba el tempo de su risa según el contexto, riendo más rápido, por ejemplo, mientras les hacían cosquillas que durante el juego.

El estudio tuvo limitaciones; el grupo de sujetos era pequeño, y los investigadores analizaron solo un puñado de las muchas características de la risa. Pero futuros estudios con muestras más amplias podrían ayudar a los científicos a saber más sobre cómo los humanos la hicieron suya.

“La risa es una parte tan importante de nuestra forma de comunicarnos”, dijo De Gregorio. “Es capaz de transmitir mucho más que un simple ‘estoy jugando y me lo estoy pasando bien’”.

Emily Anthes es reportera científica y escribe principalmente sobre ciencia y salud animal. También cubrió la pandemia de coronavirus.

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