¿Cuándo las uñas sin esmalte se convirtieron en un símbolo de estatus?

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Las uñas al natural son una tendencia cada vez más presente. Aunque los críticos remarcan que puede haber algo de clasismo y exclusión en esta moda.

En la escena inicial de Love Story, de FX, Carolyn Bessette-Kennedy se está haciendo las uñas. Los paparazzi se agolpan contra la ventana, y los flashes de las cámaras se reflejan en su característico pelo rubio y en sus uñas recién pintadas: un esmalte color cereza que irradia rebeldía. Es la manicura de una mujer que, no hace mucho, era una publicista independiente de Calvin Klein que vivía según sus propias reglas.

Pero para este evento, una boda de la familia Kennedy, cambia de opinión: mira sus manos con expresión abatida y pide a la manicurista que vuelva a empezar: quiere un tono neutro.

Aunque la serie, estrenada este año, está ambientada en la década de 1990, la estética de las uñas nude o minimalista ha llegado a las pasarelas y a la moda urbana en 2026. Los salones de manicura y las marcas de esmaltes han notado una creciente preferencia por los tonos neutros y rosados, mientras que algunas personas prescinden del esmalte por completo. Para algunos, esta tendencia se ha convertido en un grito de guerra contra los rituales de belleza complicados; pero para otros, es una forma de que unos pocos privilegiados exhiben su riqueza (en Love Story, las uñas nude se consideraban más adecuadas para un evento de los Kennedy).

Valeria Lipovetsky, una influente, dejó de pintarse las uñas con regularidad hace dos años. “Mi calidad de vida ha mejorado mucho desde que dejé de pintarme las uñas”, dijo en una entrevista, y añadió que ahora tenía más capacidad mental y más tiempo. El video que publicó el año pasado sobre su decisión ha tenido más de tres millones de visualizaciones y últimamente ha vuelto a ganar popularidad, por la cantidad de veces que se ha compartido y el número de visualizaciones.

Vivian Tu, una creadora de contenido financiero que solía trabajar en JP Morgan, también se animó a dejar de lado su rutina de manicura. “Pasarme 90 minutos sentada en un salón de belleza no me parece un buen uso de mi tiempo”, dijo.

La comodidad es parte del argumento que esgrime Katia Beauchamp. “Llevar las uñas al natural me da tanta libertad que siempre me siento lista, o a solo unos minutos de estarlo”, dijo. Beauchamp, exdirectora ejecutiva de Victoria Beckham Beauty y cofundadora de Birchbox, lanzará este verano Buff Beauty, una marca centrada en las uñas al natural.

Este atuendo se ha convertido en un símbolo de estatus, tanto para influencers como Alix Earle, Paige Lorenze y Tinx –que lo han llevado todas en las últimas semanas– como para las chicas icónicas de siempre, como Zoë Kravitz y las gemelas Olsen, o incluso para Marc Jacobs, que este año hizo desfilar a sus modelos con las uñas al natural en la Semana de la Moda de Nueva York.

La manicurista Jin Soon Choi preparó las uñas de las modelos entre bastidores usando solo aceite para cutículas y crema de manos. Minutos antes del desfile, Jacobs le pidió que las cortara aún más. “Llevo tiempo haciendo muchas manicuras minimalistas, naturales y con un aspecto saludable”, dijo.

Primp and Polish, un salón de manicura con cuatro sucursales en Brooklyn, dijo que aproximadamente la mitad de sus clientas ahora piden estilos naturales o neutros, lo que supone un cambio radical respecto a hace un año, cuando alrededor del 70 por ciento de ellas pedía “colores más atrevidos y diseños coloridos más complejos”. Aunque los tonos nude y rosas llevan mucho tiempo siendo populares, Isabelle Marlow, directora de diseño de color y desarrollo de productos de Essie, dijo que “este año hemos visto crecer de verdad la popularidad de los rosas suaves transparentes y semitransparentes y de los tonos neutros lechosos”.

La tendencia de las uñas nude, de manera paradójica, no significa dejar de ir al salón de belleza. Hay opciones casi imperceptibles que Choi llama la “manicura francesa invisible”, y también hay tratamientos para las uñas, como fortalecedores, aceites para cutículas y sérums, un mercado que se prevé que alcance los 5.1 millardos de dólares para 2030, según Grand View Research.

Las manos impecables y sin esmalte llevan mucho tiempo siendo sinónimo de una vida de ocio. Es una tradición de sobriedad que va desde los protocolos reales hasta los ambientes “WASP” (una sigla que se refiere a las personas blancas, anglosajonas y protestantes) que retrata Love Story. En los últimos años, a medida que ha crecido la estética “clean girl”, las uñas minimalistas se han vuelto cada vez más populares.

Pero mientras las redes sociales y los Substacks han estado ensalzando las uñas sin esmalte, los comentaristas no han tardado en señalar el clasismo y la exclusión que esto conlleva. Al igual que la estética “clean girl”, puede ser otra forma de enviar una señal contraria de manera sutil. “La gente quiere crear la ilusión de que no está dedicando horas de trabajo a ello”, dijo Kristina Rodulfo, editora de belleza y redactora del boletín Pearl.

Los críticos también argumentaron que preferir las uñas sin esmalte significaba menospreciar las elaboradas tradiciones de arte en las uñas arraigadas en las comunidades negras y migrantes.

“Al fin y al cabo, se trata de la política de la respetabilidad, y las mujeres negras lo saben”, dijo Cyndia Robinson, dueña de Cure Nailhouse en Detroit. “Llevamos toda la vida lidiando con esto. Nos han dicho que nuestro pelo, nuestras uñas, nuestros cuerpos y nuestra ropa son demasiado”.

También destacó que los salones de belleza son algo más que lugares de estética. Los salones de manicura, dijo, pueden ser espacios donde la cultura se “protege y se transmite”. “Cuando decidimos que estos espacios no importan”, dijo, “perdemos lugares donde las mujeres sobreviven y se cuidan unas a otras”.

Ameya Okamoto, una artista de las uñas japonesa-taiwanesa afincada en Nueva York, cuya colaboración con el Smithsonian exploró el arte de las uñas desde la perspectiva de la historia asiático-estadounidense, también vio la puesta de moda de las uñas neutras como una forma de borrado. “Tachar la autoexpresión como vulgar o de clase baja es exactamente la misma razón por la que la gente etiqueta las trenzas como poco profesionales, o tu comida como maloliente”, dijo.

Al igual que la belleza, el esfuerzo está en el ojo del que mira. Como dijo Robinson: “Para mí, ‘sin esfuerzo’ significa presentarte como eres. Es honrarme a mí misma, mi legado, mi cultura”.

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