This post was originally published on this site.
Una delegación del gobierno francés viajará a su vecino del sur para aprender cómo este sobrelleva los largos periodos de clima caluroso.
Jean-Pierre Farandou creció en el suroeste de Francia, en un lugar bañado por el sol al norte de la cordillera de los Pirineos, que divide a Francia de España. Sus abuelos, recuerda, eran agricultores que se levantaban a trabajar en las horas frescas previas al amanecer y descansaban en el calor del día, el equivalente francés de una siesta española.
Así que, cuando Farandou, ahora ministro de Trabajo de Francia, buscaba formas de responder a las olas de calor que recientemente han abrasado a su país, instintivamente dirigió su mirada hacia España. Farandou contactó a su homóloga española, Yolanda Díaz, y propuso un viaje de trabajo a Madrid, la capital, para explorar cómo España se ha adaptado a su clima tórrido.
“Francia está descubriendo que, en verano, se convertirá en España”, dijo Farandou, de 69 años, en una entrevista reciente. “Es un país que se parece a nosotros”, añadió. “Sabemos que España funciona, incluso cuando hace calor”.
En septiembre, cuando la necesidad del gobierno francés de responder a las olas de calor presumiblemente haya disminuido, Farandou y su pequeña delegación pasarán unos días en España, hablando con funcionarios gubernamentales, ejecutivos de empresas, líderes sindicales, académicos y ciudadanos comunes. El objetivo es entender cómo los españoles organizan su sociedad para hacer frente a los frecuentes periodos de calor extremo.
Algunas de las medidas son obvias y ya se están probando en Francia: adelantar el horario de trabajo, particularmente para los trabajadores al aire libre o manuales; descansos frecuentes, que ayudan a las personas a recuperarse del sueño perdido durante las olas de calor, y un énfasis en beber líquidos.
España también otorga licencias remuneradas durante interrupciones relacionadas con el clima, aunque las adoptó después de las catastróficas inundaciones en Valencia en 2024 y no por las olas de calor. En Francia, el Partido Verde propuso recientemente cinco días al año de vacaciones pagadas para proteger a los trabajadores durante el calor extremo, una idea que acaparó los titulares pero tiene pocas posibilidades de convertirse en ley.
Francia y España comparten otro flagelo relacionado con el clima: los incendios forestales. El jueves, miles de personas fueron evacuadas después de que se propagaran incendios por ambos países. En Francia, los vacacionistas se vieron obligados a huir de los campamentos amenazados a lo largo de la costa atlántica en el suroeste. En España, las autoridades declararon una emergencia nacional en una región cercana a Madrid, donde varios incendios ardían sin control.
Para Farandou, la cultura de España es tan fascinante como sus leyes. Los hábitos españoles de la vida diaria –desde las siestas al mediodía hasta las cenas a altas horas de la noche– reflejan una larga historia de convivencia con el calor. Trasplantar esas adaptaciones culturales a Francia, particularmente al norte del país, sería complicado, reconoció.
“Adaptarse a través de regulaciones es una cosa, pero el verdadero y mayor desafío es la adaptación cultural”, dijo Farandou, un empresario que dirigió la red ferroviaria nacional de Francia, la SNCF por su sigla en francés, antes de unirse al gobierno el año pasado.
Al buscar cambiar hábitos, dicen los expertos, Francia está buscando soluciones de bajo costo a un problema costoso. Los cambios de comportamiento son más baratos que las grandes inversiones en infraestructura, como la instalación generalizada de aire acondicionado y las políticas de “cero emisiones netas”, que buscan reducir las emisiones de carbono que son las principales culpables del calentamiento del clima.
“Actuar sobre nuestros horarios, cosas así, no cuesta ni un centavo”, dijo Sonia Lavadinho, una antropóloga urbana en Berna, Suiza. “Se puede entender por qué a un gobierno le gustaría implementar estos cambios”.
Pero los hábitos españoles, advierten otros expertos, no deben verse como una solución mágica. Por un lado, las costumbres españolas tradicionales, como la siesta o el adelantar la jornada laboral, no son omnipresentes ni están disponibles para las personas más vulnerables al calor: jornaleros agrícolas, trabajadores de la construcción, repartidores y personal de limpieza.
Además, España todavía tiene dificultades para proteger a su población. Aproximadamente uno de cada tres hogares españoles no puede mantener sus casas adecuadamente frescas en verano, dijo Christian Oltra, investigador principal del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, un centro de estudios afiliado al gobierno en Madrid.
“España puede estar genuinamente más acostumbrada al calor que sus vecinos y, aun así, soportar una carga de salud muy sustancial”, dijo Oltra. “La descripción más precisa, a mi modo de ver, es que España está adaptada de manera parcial y desigual: un caso valioso del cual aprender, en lugar de una simple historia de éxito”.
Por imperfecta que sea, dijo Farandou, España está mejor preparada para el clima que Francia. Señaló que muchas disposiciones administrativas francesas databan de la época napoleónica y eran singularmente inadecuadas para un clima más caluroso.
Si bien agosto es un mes de vacaciones, por ejemplo, cuando muchos huyen de las sofocantes ciudades hacia climas más frescos, junio suele ser agitado, repleto de exámenes escolares, torneos deportivos y proyectos de construcción. Este año, toda esa actividad coincidió con la ola de calor de junio más intensa de la que se tenga registro.
Las autoridades de salud francesas registraron casi 6000 muertes en exceso del 17 de junio al 2 de julio, un periodo en el que las temperaturas subieron por encima de los 40 grados Celsius. Desesperadas por aliviarse, miles de personas saltaron a canales, ríos y otras vías fluviales, lo que provocó 90 muertes.
Farandou sugirió que las autoridades locales mantengan las piscinas abiertas por la noche para que las familias puedan usarlas después de la escuela y del trabajo. Las escuelas, dijo, deberían adelantar los exámenes, aunque incluso eso podría no ayudar, dado que la primera ola de calor en Francia este año ocurrió a finales de mayo.
En los lugares de trabajo que requieren un código de vestimenta, como los ministerios del gobierno, Farandou dijo que apoyaba permitir que los empleados acudieran sin corbata, chaqueta o pantalones largos en época de calor. Los británicos, señaló, idearon las bermudas hace un siglo para hacer la vida soportable a los funcionarios que trabajaban en climas tropicales y desérticos.
La arquitectura es otra área donde España ofrece lecciones. Sus casas más antiguas tienen paredes gruesas y ventanas estrechas con contraventanas, persianas y toldos para bloquear el sol. Muchas casas francesas también tienen contraventanas, aunque en los apartamentos modernos se aprecian los ventanales grandes. En París, los habituales techos de zinc que cubren casi cuatro quintas partes de los edificios crepitan bajo el sol, haciendo la vida insoportable para quienes viven debajo de ellos.
El cambio más obvio, por supuesto, sería instalar aire acondicionado. En las regiones más calurosas de España, dijo Oltra, tres cuartas partes de las casas usan sistemas de refrigeración. Pero en Francia, al igual que en otros países del norte de Europa, el aire acondicionado es un pararrayos político. Los críticos señalan que empeora el cambio climático al consumir mucha electricidad y bombear aire caliente al exterior de los edificios que enfría.
Farandou, que comenzó su carrera en una compañía minera estadounidense en Denver, dijo que estaba a favor de instalar sistemas de refrigeración en escuelas, hospitales, asilos de ancianos y otros lugares con personas vulnerables. Pero dijo que el aire acondicionado al estilo estadounidense no era una solución que funcionaría en Francia.
No es casualidad que Farandou visite España en lugar de Estados Unidos, Asia o el Medio Oriente, donde muchos edificios también cuentan con abundante aire acondicionado. Esos lugares son demasiado distantes, cultural y geográficamente, para ser modelos útiles para Francia, dijo. Incluso intentar vivir más como sus vecinos españoles será un desafío para los franceses, dijo, aunque no tendrán mucha opción.
“En el fondo, tengo esta convicción”, dijo Farandou: los franceses “tendrán que cambiar algo relativamente profundo para adaptarse a estos periodos tan largos de calor intenso”.
Ségolène Le Stradic colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa, Asia y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
Ségolène Le Stradic colaboró con la reportería.

Leave a Reply