El resurgimiento del tā moko, el tatuaje ritual maorí

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Mark Kopua acercó el rostro mientras dibujaba en el brazo de su sobrino con un marcador de punta de fieltro. De memoria, esbozó patrones y motivos que habían estado en su familia durante generaciones. Finalmente satisfecho, se puso unos guantes de goma y una pistola de agujas cobró vida con un zumbido.

Este no era un tatuaje cualquiera. Era el tā moko, el arte corporal ritual practicado durante siglos por los maoríes, los habitantes indígenas de Nueva Zelanda. Media decena de familiares de Kopua observaron el ritual en febrero, apretujados en su pequeño estudio en Gisborne, en la costa este de la isla Norte de Nueva Zelanda.

Kopua, de 64 años, y su sobrino, Desmond Horomia, de 56, crecieron en una comunidad maorí que había perdido a todos sus tohunga tā moko, que es el nombre usado para los artistas tatuadores rituales. El oficio se había transmitido tradicionalmente de padres a hijos, pero en 1907, los gobernantes coloniales británicos de Nueva Zelanda prohibieron el tā moko y otras formas de arte indígena. El pueblo maorí comenzó a ocultar sus tatuajes y dejó de enseñar a las generaciones más jóvenes.

Más de un siglo después, los tatuajes faciales conocidos como moko kanohi vuelven a verse, en la televisión, en las calles y en los pasillos del Parlamento de Nueva Zelanda. Adolescentes y jóvenes maoríes se han dedicado a documentar sus ceremonias de tā moko en las redes sociales. Algunos han convencido a sus mayores de tatuarse, lo que ha ayudado a que esta forma de arte resurja con alegría tras décadas de estigma.

“Llevo involucrado en esto desde hace más de 30 años, pero nuestra cultura todavía está reaprendiendo, porque han estado inmersos y abrumados por la cultura occidental”, dijo Kopua.

Kopua y un pequeño grupo de otros artesanos comenzaron a tatuar rostros después de que un movimiento nacionalista maorí ganara terreno en la década de 1970.

“En ese entonces, el moko estaba dormido. Decidimos que queríamos volver a despertarlo”, dijo.

Un moko kanohi es la obra de toda una vida. La historia de una persona puede leerse en los tatuajes de su rostro, que señalan su ascendencia y marcan su llegada a la madurez, el nacimiento de un hijo o la muerte de un familiar.

Las mujeres se marcan los labios y el mentón con el moko kauae. Los hombres reciben el mataora, que comienza en la barbilla y se extiende hacia afuera para marcar hitos personales. Los árboles genealógicos pueden rastrearse a través de patrones recurrentes en distintos rostros.

[Video a continuación: Las mujeres maoríes pueden recibir el moko kauae en los labios y el mentón desde su primera menstruación. Algunas esperan hasta después de tener hijos.]

“Es una huella dactilar de tu genealogía”, dijo Ruihana Smith, de 32 años, un tallador de madera que es asesor de relaciones maoríes para el Consejo del Distrito de Marlborough en la ciudad de Blenheim, en la isla Sur.

Se hizo un mataora en 2023 para honrar a su bisabuela tras su muerte. Tomó cuatro horas y media tatuar la barbilla, la nariz y las mejillas de Smith mientras sus familiares observaban el proceso.

En algunas ceremonias de tā moko, los familiares cantan bendiciones y sostienen las manos y los brazos de la persona mientras se somete al ritual. Aunque los artistas de tā moko actuales usan máquinas de tatuaje modernas, tradicionalmente los tohunga usaban cuchillas talladas con dientes de tiburón o huesos de las alas de un albatros, dijo Kopua.

Sin antepasados que les enseñaran, Kopua –un tohunga whakairo, o un maestro tallador de madera– aprendió el tā moko de los patrones que usaba en el tallado y el tejido. Estudiaron los patrones de moko kanohi en cabezas decapitadas que estaban bajo el cuidado del museo nacional de Nueva Zelanda.

Los guerreros maoríes creían que la decapitación cortaba la conexión de sus enemigos con los dioses. En el siglo XIX, los colonos británicos coleccionaron las cabezas como curiosidades y trofeos y ofrecieron armas de fuego y oro a cambio, lo que incitó a algunos maoríes a cazar a quienes tenían el mataora y el moko kauae.

“Esa fue una de las cosas que impidió que nuestros antepasados quisieran tatuarse el rostro”, dijo Kopua.

A los maoríes que se convirtieron al cristianismo en esa época también se les disuadió de hacerse tatuajes. Sin embargo, el golpe definitivo llegó con la Ley de Supresión de Tohunga en 1907, que proscribió a los expertos maoríes, incluyendo sacerdotes, curanderos, maestros, talladores de madera y artistas del tatuaje. La legislación, que buscaba prohibir prácticas que las autoridades consideraban explotadoras, asfixió a la cultura maorí durante décadas.

El Parlamento de Nueva Zelanda derogó la ley en 1962. Pero durante años después, el moko kanohi se veía como una señal de delincuencia o de pertenencia a una pandilla, dijo Smith.

“Ninguna de estas formas de arte es ilegal ya, pero tenemos que reparar el daño”, dijo.

Tame Iti, uno de los líderes del movimiento de protesta maorí de la década de 1970, tiene mokos que se extienden en espiral por su rostro, desde la frente, pasando por el cuello y sobre las orejas. El hombre, de 74 años, recuerda haber crecido en una época en que hoteles y otros espacios públicos les negaban la entrada a quienes tenían marcas faciales. Se postuló al Parlamento cuatro veces, sin éxito en ninguna, pero se convirtió en una figura nacional.

El último intento de Iti por entrar al Parlamento fue en 2014. Dos años después, Nanaia Mahuta se convirtió en la primera mujer en llevar un moko kauae en la Cámara de Representantes, la única cámara del Parlamento de Nueva Zelanda. Se desempeñó como canciller bajo la primera ministra Jacinda Ardern.

“Ahora tienes políticos, jueces, todo tipo de personas con moko. Es hermoso que esté ahí, a la vista”, dijo Iti.

[Video a continuación: Los hombres maoríes reciben el mataora, que comienza en el mentón y se extiende hacia afuera para marcar hitos personales. Los árboles genealógicos pueden rastrearse a través de patrones recurrentes en distintos rostros.]

Los jóvenes maoríes han sido más rápidos en adoptar el tā moko que sus mayores, dijo Ed Harawira, de 50 años, un artista de tā moko. Una encuesta del gobierno de Nueva Zelanda en 2018, la más reciente disponible, encontró que más de una cuarta parte de los maoríes de entre 25 y 44 años tenían tatuajes tradicionales, la mayor cantidad de cualquier grupo de edad, en comparación con el 8 por ciento de los de 55 años o más.

“Nuestros mayores fueron los que inicialmente se opusieron a recibir el moko porque fueron oprimidos durante muchos años”, dijo Harawira, y agregó: “Fueron criados pensando que la cultura maorí no nos iba a llevar a ninguna parte en la civilización actual”.

Después del nacimiento de su cuarto hijo, Huirangi Law, de 34 años, decidió convertirse en la primera persona de su familia en tres generaciones en recibir el moko. Aunque consideró cómo el mundo exterior podría percibirla de manera diferente, “sabía de todo corazón en mi alma que esto era lo que yo era, y esto era lo que quería hacer”, dijo. “Los espacios, los empleos, las carreras, cualquier cosa por el estilo, llegarían de forma natural”.

Los niños pueden empezar a recibir el moko kanohi a partir de los 13 años, dijo Smith. Los niños más pequeños, como su hija de 9 años y su hijo de 5 años, llevan tatuajes temporales para copiar a sus padres. Smith dijo que comenzó a aprender tā moko con el objetivo de tatuar a sus hijos algún día.

Kopua dijo que ha estado capacitando a estudiantes para transmitir el tā moko a las futuras generaciones.

“Así es como lo mantenemos”, dijo. “No solo para despertar el arte, sino para mantenerlo despierto”.

Francesca Regalado es una reportera del Times que cubre noticias de última hora.

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