La BBC en primera línea de fuego de la guerra civil de Yemen, el conflicto que amenaza la seguridad energética mundial

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“Este es el primer dron”, dijo el soldado que nos acompañaba en el suroeste de Yemen. “Normalmente le sigue un ataque”.

El zumbido sobre nuestras cabezas se intensificó mientras nos refugiábamos bajo unos arbustos, antes de volver a subir al vehículo y alejarnos.

En cuestión de unos 10 minutos, se sucedieron los fuertes estruendos de los impactos, uno tras otro, aunque no estaba claro dónde caían.

Resulta difícil determinar dónde comienza la línea del frente en las montañas al suroeste de la ciudad de Taiz.

Las fuerzas progubernamentales respaldadas por Arabia Saudita luchan por hacer retroceder a los combatientes hutíes, quienes a principios de este mes avanzaron rápidamente por la costa del mar Rojo, tomaron el control de un punto estratégico para la navegación y agravaron la guerra civil en Yemen.

Viajamos con las fuerzas gubernamentales desde Taiz, pasando por varios puestos de control, hasta la línea donde termina su dominio y comienza la “tierra de nadie”, con el fin de presenciar los combates de cerca.

Mapa de Yemen compuesto por dos paneles que muestra el territorio controlado por los hutíes y las zonas en disputa a fecha de 24 de septiembre. El territorio bajo control hutí, sombreado en rosa, abarca gran parte del oeste de Yemen —incluida Saná— y se extiende hacia el sur a lo largo de la costa del mar Rojo, en dirección al estrecho de Bab el-Mandeb. Las áreas con franjas moradas señalan los territorios en disputa situados en los límites de la zona controlada por los hutíes. El mapa inferior, presentado a mayor escala, destaca los avances logrados por una ofensiva hutí a lo largo de la costa suroeste durante el mes de septiembre, mostrando a Taiz en la línea del frente. Un pequeño mapa auxiliar del globo terráqueo sitúa la ubicación de Yemen. Fuente: ISW y el proyecto Critical Threats del AEI.

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Las casas se encuentran dispersas por las laderas, pero muchas permanecen abandonadas después de que las familias huyeran para escapar de los combates.

Reina un silencio inquietante; no se oye el ruido de los coches ni de las motocicletas que circulan constantemente a toda velocidad por la ciudad. Lo único que se percibe es el balido del ganado y el sonido de los disparos entrantes y salientes.

“Aquí, en mi propiedad, cayeron dos proyectiles de mortero”, dijo Ali, sentado frente a su casa junto a un rebaño de cabras, a aproximadamente un kilómetro de la línea del frente.

“Estoy aterrado”

Me contó que había enviado a sus hijos a un campamento de desplazados porque ya no podían soportar los bombardeos y los disparos. Él se había quedado con su esposa y sus hermanas para cuidar de sus animales.

“Estoy aterrado”, dijo, “pero no tengo otra opción; sin nuestros animales pasaremos hambre y moriremos de todos modos”.

Solo facilitó su nombre de pila, temiendo represalias si los hutíes tomaban el control de la zona en los próximos días. Contactos del bando hutí nos han informado de que están reagrupando tropas y preparándose para una gran ofensiva. Al consultar a las fuerzas gubernamentales al respecto, afirmaron estar al tanto de la situación y preparándose también.

En el puesto de control más cercano al frente, nos encontramos con unos combatientes que acababan de regresar de posiciones en lo alto de la montaña, a unos pocos cientos de metros del avance hutí. Uno de ellos relató que los cuerpos de 18 soldados gubernamentales yacían en una zona que su unidad podía cubrir con fuego, pero a la que no podía acceder.

“Disparamos por encima de ellos, pero no podemos recuperarlos”, dijo.

Los combates en los alrededores de Taiz se han intensificado desde que los hutíes tomaron el estratégico puerto de Mokha, en el mar Rojo —situado a 85 km al oeste de la ciudad—, el 10 de septiembre, tras romperse un alto el fuego que se había mantenido en gran medida durante cuatro años.

El grupo se hizo con el control de una franja de territorio que domina el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, un corredor marítimo crucial que conecta Europa y Asia. Este hecho contribuyó a un aumento de los precios del petróleo ante el temor a nuevas interrupciones en el suministro procedente de la región.

Mapa detallado de Taiz, en el suroeste de Yemen, que muestra las zonas de control territorial al 20 de septiembre. El territorio controlado por los hutíes aparece sombreado en rosa y rodea gran parte de la ciudad, mientras que las áreas en blanco señalan el territorio fuera del control hutí y las franjas diagonales moradas indican zonas en disputa.

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Niños soldado

Taiz es la tercera ciudad más grande de Yemen y su capital cultural, y alberga a cerca de un millón de personas. Se encuentra en un cruce estratégico entre las zonas controladas por los hutíes en el norte de Yemen y las que están en manos del gobierno en el sur, y está rodeada por líneas de frente en varias direcciones.

Las fuerzas gubernamentales controlan el centro de Taiz, mientras que las posiciones hutíes se sitúan al norte y al este. Los combates más intensos de los últimos tiempos se han librado en los accesos occidentales, donde ambos bandos se disputan las zonas elevadas que dominan la ruta de la ciudad hacia el sur. Si los hutíes logran asegurarse estas áreas, a las fuerzas gubernamentales les resultaría mucho más difícil recuperar Mokha.

Viajamos a Taiz desde Adén, en el sur, donde tienen su sede el Consejo de Liderazgo Presidencial de Yemen —reconocido internacionalmente— y el gobierno.

Unos 30 puestos de control a lo largo del trayecto marcaban los tramos de carretera dominados por distintos comandantes, una clara señal de la fragmentación de las fuerzas que combaten del lado gubernamental.

Al acercarnos a la ciudad, empezamos a cruzarnos con ambulancias. Contamos al menos cinco en media hora, todas ellas en dirección al hospital principal de Taiz. Era evidente que nos adentrábamos en una ciudad que era escenario de una batalla brutal.

Llegamos ya de noche. Las tiendas estaban iluminadas, los restaurantes rebosaban de gente y los niños jugaban en las calles. Sin embargo, de vez en cuando, otros sonidos irrumpían en el ambiente: el estruendo de los bombardeos y el crepitar de los disparos provenientes de las montañas que rodean la ciudad.

Una niña tumbada en una cama de hospital tras una operación para extraerle metralla de la cabeza.

Liam Weir/BBC News
Ghana, de 12 años, resultó gravemente herida por un proyectil de mortero mientras pastoreaba cabras.

Taiz ha sido un escenario clave de la devastadora guerra civil del país. Tras expulsar al gobierno de Saná en 2015, los hutíes intentaron tomar también el control de Taiz, pero fueron desalojados de la mayor parte de la ciudad por milicias locales.

Ahora, en su ofensiva más reciente, los hutíes están utilizando drones de manera masiva, además de otras armas.

Su principal proveedor externo es Irán, que ha suministrado armas, financiación y asesoramiento militar, según Arabia Saudita, los países occidentales y expertos de la ONU. Sin embargo, Irán ha negado anteriormente haber suministrado armas a los hutíes y afirma que solo les presta apoyo político.

Desde hace años existen informes constantes sobre el reclutamiento de niños soldados por parte de los hutíes, y un soldado gubernamental nos contó que se había enfrentado a ellos en el frente.

“Es difícil mirar a un niño yemení y dispararle. Pero cuando te apuntan con un arma, tienes que defenderte”, dijo.

Los hutíes firmaron un “plan de acción” con la ONU en 2022 comprometiéndose a poner fin a esta práctica. La BBC también ha hablado con adolescentes que sirven en las filas de las fuerzas gubernamentales.

Por otro lado, una coalición liderada por Arabia Saudita respalda al gobierno yemení y le suministra armas. El ejército saudí ha llevado a cabo cientos de ataques aéreos contra posiciones hutíes en la costa del mar Rojo, mientras que los hutíes han lanzado drones y misiles contra ciudades e infraestructuras del suroeste de Arabia Saudita.

En el campamento de desplazados de Al-Monig, las tiendas se alzan entre los árboles en el fondo de un valle, rodeadas de colinas pedregosas.

Liam Weir/BBC
La ONU afirma que 130.000 personas han sido desplazadas por los combates en Yemen en lo que va de mes.

“Nunca volverá a ser la misma”

Al caer la tarde, en el hospital Al-Thawra de Taiz, llegaban heridos del frente a la unidad de cuidados intensivos, donde todas las camas que vimos estaban ocupadas.

Algunos pacientes eran combatientes; otros, civiles. Ghana Nabeel, de 12 años, pastoreaba cabras cuando una esquirla le impactó en la cabeza. Su familia relató que un proyectil de mortero hutí había caído cerca de donde ella se encontraba.

Yacía inconsciente, con la cabeza vendada y el rostro hinchado y amoratado. Sus familiares aguardaban junto a su cama, a la espera de saber cómo sería su vida si llegaba a despertar.

Un médico me informó que la lesión había dañado su cerebro. “Nunca volverá a ser la misma”, afirmó.

Una anciana con un pañuelo en la cabeza sentada en el suelo en el campamento de desplazados de al-Monig.

Liam Weir/BBC
Fatma Mohammed Saleh, que no puede caminar, cuenta que se arrastró durante dos días antes de que un motociclista la llevara.

A unos 20 km al sur de Taiz, en el campamento de desplazados de Al-Monig, llegaban familias que habían huido de Mokha y de aldeas afectadas por los combates, instalándose entre cientos de tiendas de campaña.

Nos informaron que habían llegado 200 familias en los últimos 10 días.

Maryam Saleh —nombre ficticio— había llegado una semana antes desde Mokha con su esposo y sus cinco hijos; el menor tiene 7 años. Maryam estaba sentada tejiendo un sombrero para venderlo y así poder comprar comida para el día.

“Caminamos descalzos y no llevábamos nada con nosotros, solo a nuestros hijos”, me contó.

Relató que su sobrino murió a causa de la metralla de un proyectil de mortero mientras huían; él caminaba detrás de ella. Describió enfrentamientos y disparos de francotiradores tanto delante como detrás de la familia, y dijo que luego vio hombres armados en la montaña.

“Pensamos que estábamos acabados”, dijo. Los niños gritaban y lloraban, pero la familia siguió caminando, añadió.

Unos soldados salen de Taiz hacia las colinas en una camioneta con un arma montada en la parte trasera.

Liam Weir/BBC
Soldados gubernamentales se han visto envueltos en intensos combates cerca de Taiz tras los recientes avances de los hutíes.

“No tengo nada”

Fatma Mohammed Saleh estaba tumbada sobre un saco de arroz vacío, fuera de la tienda de otra familia. Padece una discapacidad que le impide caminar y me contó que no tenía un lugar propio donde dormir: “No tengo nada… ni refugio, ni colchón, ni familia. Nada”.

Fatma relató que se encontraba con sus dos hijos y los hijos de estos cuando los combates llegaron a su aldea. Como ella los retrasaba, les dijo que se llevaran a los niños y huyeran.

Pasó los dos días siguientes desplazándose a gatas, según contó.

“Avanzaba a gatas mientras las balas venían de un lado y los proyectiles caían por el otro. Había balas y proyectiles por todas partes. Sobre mí, el ruido era como el de los truenos. Rezaba a Dios”.

Entonces, un hombre en motocicleta la vio y la llevó al campamento. Desde entonces, no ha vuelto a ver a su familia.

El 22 de septiembre, la agencia de la ONU para los refugiados informó que más de 130.000 personas habían sido desplazadas en Yemen en lo que iba de mes, sumándose a los 5,2 millones de desplazados ya existentes a causa de la guerra civil.

Advirtió que otras 100.000 personas podrían verse obligadas a abandonar sus hogares —al igual que Fatma— en los próximos tres meses.

Información adicional de Jasmin Dyer

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