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Una modificación brusca a tus medicamentos puede provocar efectos secundarios peligrosos.
Elizabeth, de 64 años, otrora abogada de Ontario, Canadá, había tomado el antidepresivo Celexa durante dos décadas. Le ayudaba a sobrellevar el estrés de cuidar a tiempo completo de sus dos hijos, que tienen autismo.
Pero el año pasado la medicación dejó de surtir buen efecto. Sus hijos, ahora veinteañeros, siguen en casa y ella se sentía agotada.
“Me encontraba poniendo la cena en los platos por la noche y pensando: ‘Ya no puedo seguir haciendo esto’”, dijo Elizabeth, quien pidió que se la llamara por su segundo nombre para proteger la intimidad de su familia.
Su médico de cabecera le aconsejó que dejara de tomar Celexa progresivamente a lo largo de unos días y que pasara inmediatamente a Zoloft, otro tipo de inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS).
Pronto empezó a desarrollar problemas psicológicos que nunca antes había experimentado: llanto continuo, desesperanza y pensamientos suicidas. También experimentó una sensación de hormigueo y pinchazos en la cara, disminución del apetito y palpitaciones.
Era “un desastre de persona”, dijo, que “no veía ninguna esperanza”.
Finalmente, consultó a varios psiquiatras, uno de los cuales reconoció el problema: lo más probable era que Elizabeth hubiera desarrollado un “síndrome de abstinencia prolongado” por dejar de tomar su medicación original demasiado rápido.
Cuando se trata de cambiar de antidepresivo, “hay una terrible falta de directrices” que ayuden a médicos y pacientes a tomar estas decisiones, dijo Stephen Stahl, profesor de psiquiatría y neurociencia de la Universidad de California, campus San Diego. No todos los médicos reciben el mismo tipo de formación para determinar el mejor camino posible, y algunos “lo hacen a la ligera”, dijo.
Si tú y tu médico están pensando en cambiar de antidepresivo, tengan en cuenta lo siguiente.
Puede que no sea necesario cambiar
Si toleras bien un fármaco pero no es tan eficaz como esperabas, los médicos deberían considerar primero si la dosis inicial era adecuada, dijo Nina Kraguljac, psiquiatra del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio y presidenta del Consejo de Investigación de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.
Un ligero ajuste de la dosis, dijo, podría ser suficiente.
También puede ser eficaz tomar dos antidepresivos al mismo tiempo, o probar un tratamiento complementario, que son medicamentos adicionales que pueden ayudar a que la prescripción inicial funcione mejor. Los complementos más recetados son el bupropión y el aripiprazol. Otras opciones más recientes son la lumateperona y la cariprazina.
Los expertos dijeron que también se puede añadir psicoterapia.
A veces, los médicos añaden varios medicamentos –hasta cinco o más– a los pacientes con casos especialmente complejos. Aunque puede ser necesario, esta práctica también es arriesgada y puede conllevar efectos secundarios difíciles o posibles interacciones farmacológicas.
Los médicos deben revisar periódicamente estas adiciones y preguntarse: “¿Debería suspender esto?”, dijo Stahl, quien es coautor de una guía que explica cómo ayudar a los pacientes a suspender o cambiar sus medicamentos psicotrópicos.
El ‘cambio cruzado’ está ampliamente considerado como la mejor práctica
A veces, sin embargo, es necesario hacer un cambio.
Un paciente puede tener efectos secundarios intolerables, como disfunción sexual, aumento de peso, insensibilidad emocional, fatiga, insomnio o problemas gastrointestinales. En otros casos, el fármaco simplemente no funciona. Las investigaciones sugieren que solo un tercio de las personas se sienten mejor tras probar su primer antidepresivo.
Suponiendo que ya se hayan descartado problemas físicos como el hipotiroidismo, probar un antidepresivo diferente puede ayudar.
Karinn Glover, psiquiatra adjunta de Montefiore-Einstein Psychiatry Associates de Nueva York, dijo que no suele suspender por completo un antidepresivo y luego empezar a tomar uno nuevo. En lugar de eso, hace lo que se denomina “cambio cruzado”, normalmente a lo largo de tres a seis semanas.
Esto significa reducir gradualmente la dosis del medicamento original mientras se introduce el nuevo en el organismo.
A Glover le enseñaron a ir despacio, a tener en cuenta los posibles efectos secundarios y a mantener una comunicación semanal con el paciente para ver cómo iba el cambio, “aunque solo sea un mensaje a través de MyChart”, dijo, refiriéndose a un portal para pacientes muy utilizado en los hospitales estadounidenses.
El objetivo es mantener el alivio de los síntomas y al mismo tiempo minimizar los síntomas por la retirada, dijo.
Muchos psiquiatras consideran que este método es ideal, a menos que el paciente esté tomando actualmente un ISRS y cambie a un inhibidor de la monoaminooxidasa, o IMAO, un tipo de antidepresivo más antiguo. El ISRS debe eliminarse por completo del organismo antes de introducir el IMAO.
Cuidado con los síntomas problemáticos
Aproximadamente una de cada tres personas presenta síntomas de abstinencia tras reducir la dosis o dejar de tomar un antidepresivo. Estos síntomas pueden ser sofocos, sensación de descargas cerebrales (o sensaciones de desorientación en la cabeza parecidas a una descarga eléctrica), insomnio, náuseas o vómitos y alteraciones sensoriales, como la sensación de hormigueo que tuvo Elizabeth.
Algunos pacientes, como Paul, de 47 años, que vive en Nueva York, también pueden desarrollar ansiedad e inquietud graves.
Paul, que pidió que se le llamara por su nombre de pila debido al estigma asociado a las enfermedades mentales de larga duración, cambió Effexor, un fármaco que tomaba desde los 20 años, por Lexapro con la esperanza de tener menos efectos secundarios sexuales.
Poco después sintió que su cuerpo no se relajaba. Dijo que desarrolló una “ansiedad increíble” y que quería “arrancarme la piel”. Su médico le retiró rápidamente el Lexapro y le volvió a poner su medicación original.
Los expertos dijeron que es importante informar al médico de inmediato si se experimenta algún síntoma durante el proceso de interrupción o cambio a otro medicamento. Es posible que el médico decida reducir la dosis más lentamente o aumentar la dosis del nuevo medicamento a un ritmo más rápido.
Por último, los pacientes deben ser siempre transparentes sobre los medicamentos que ya están tomando. Los médicos necesitan ser conscientes de las posibles interacciones entre fármacos que pueden provocar problemas graves, como un trastorno poco frecuente pero potencialmente mortal llamado síndrome serotoninérgico.
En cuanto a Elizabeth, encontró cierto alivio en enero, cuando su marido se jubiló y pudo realizar más actividades de cuidado en casa. Por consejo de un psiquiatra, dejó el Zoloft, que no le sentaba bien, y volvió a la misma dosis de Celexa que había tomado durante 20 años.
Aunque sigue sintiendo hormigueos en la cara, los demás síntomas han desaparecido.
El año pasado “estuve a punto de quebrarme”, dijo. “Pero me siento mucho mejor”.
Christina Caron es reportera del Times y cubre salud mental.

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