La gasolina cara limita esta tradición de Semana Santa

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Antes de que saliera el sol en Manila, Eve Castino-Quilas se apretujó con su marido, sus dos hijos y otra pareja en uno de los 30 coches que viajaban desde su iglesia local hasta una provincia a unos 72 kilómetros al sur de la capital filipina. Su objetivo era rezar en siete iglesias en un solo día.

La Visita Iglesia, como se denomina el viaje, es una tradición de Semana Santa que se practica en Filipinas y en partes de Latinoamérica: los católicos visitan siete iglesias para rezar, en conmemoración de las siete paradas que hizo Jesucristo de camino a su crucifixión.

Pero la familia Quilas se vio obligada a realizar su viaje casi con un mes de antelación, saliendo un día antes de un incremento del precio del combustible en toda la nación. Una fuerte sacudida de los precios del combustible, provocada por la guerra en Medio Oriente, se ha convertido en una carga adicional para los católicos filipinos que realizan el recorrido.

En Filipinas, los precios del combustible se han duplicado prácticamente desde que Estados Unidos e Israel empezaron a atacar Irán el 28 de febrero, y el gobierno iraní cortó el suministro de petróleo y gas desde el golfo Pérsico. Y las reservas se están agotando.

Asia compra enormes cantidades de crudo a Medio Oriente, pero Filipinas es particularmente vulnerable, ya que suele importar el 90 por ciento de su petróleo de la región. Desde que empezó la guerra, ha recurrido a Rusia y China, así como a otros países del sudeste asiático, para abastecerse de combustible.

A finales de marzo, el presidente Ferdinand Marcos Jr. declaró una emergencia energética nacional. Entre otras medidas, las oficinas gubernamentales implementaron una semana laboral de cuatro días, y Marcos ha pedido al público que comparta su coche.

La peregrinación suele realizarse el jueves o viernes anterior al Domingo de Resurrección. La Semana Santa es uno de los periodos del año con más viajes en Filipinas, un país predominantemente católico.

Cada primavera, millones de filipinos regresan a sus provincias de origen o se toman unas vacaciones durante los cuatro días festivos. Este año no es una excepción: el Departamento de Transporte ha dicho que espera que cinco millones de personas viajen por tierra, mar y aire durante la Semana Santa.

Pero hay indicios de que este año la gente no está viajando.

A lo largo de la semana, el operador de la autopista del Norte de Luzón informó que había poco tráfico en las principales autopistas de peaje que normalmente estarían abarrotadas de coches que salen de la ciudad.

En la ciudad de Baguio, un popular destino de Semana Santa en las montañas al norte de Manila, la escasa demanda ha hecho que las ventas del restaurante de Waya Araos-Wijangco hayan descendido alrededor de un 80 por ciento en comparación con el año pasado.

A medida que los clientes ajustan sus presupuestos, dijo, los restaurantes ya no compiten entre sí.

“Ahora compiten contra las gasolineras”, dijo.

Como muchos filipinos optan por quedarse en casa durante la Semana Santa, algunos municipios y parroquias de Filipinas han creado guías en las redes sociales para que los católicos realicen la Visita Iglesia cerca de casa, caminando, en bicicleta o en transporte público.

Jayvee Recio, un maestro de escuela de la provincia de Batangas, produjo un video en el que mostraba iglesias menos conocidas de su ciudad natal. Él hizo la visita a las 7 iglesias en moto, llenando el depósito a 94 pesos el litro, o más de 5 dólares el galón.

“Normalmente, para la Visita Iglesia, a la gente le gusta viajar lejos, pero la iglesia que visitas no tiene por qué estar lejos ni ser grande”, dijo Recio, de 34 años, en una entrevista telefónica. “La esencia de la oración es más importante”.

Para quien prefiera no viajar, la Conferencia Episcopal de Filipinas ha reactivado una aplicación de visita virtual a la iglesia que se creó durante la pandemia de coronavirus. Muchas parroquias tienen previsto transmitir en directo sus misas de Semana Santa en YouTube o Facebook.

En una iglesia de Ciudad Quezon, el reverendo Jerome Secillano dijo que aconsejaría a los católicos que se fijaran en el sufrimiento y la resurrección de Cristo, centrales en la Pascua, mientras hacían frente al elevado costo de la gasolina y otros bienes de consumo.

“Podemos cargar nuestras cruces a diario con la esperanza y la confianza de que no será para toda la vida”, dijo. “Esto pasará”.

Quilas, de 44 años, quien vive en Ciudad Quezon, dijo que le impresionaron las iglesias centenarias que vio en la peregrinación familiar Visita Iglesia, a principios de marzo.

“Sientes la intervención divina en cuanto entras”, dijo.

También tenía sentido desde el punto de vista económico. Hoy en día, el mismo viaje costaría al menos 60 dólares para llenar el depósito, en lugar de los 25 dólares de un año normal.

Pero los Quilas no van a hacer su habitual viaje de tres horas a la provincia de Nueva Écija para visitar a sus parientes el fin de semana de Pascua. La gasolina es demasiado cara, dijeron, y les preocupa que no les quede para el viaje de vuelta.

Francesca Regalado es una reportera del Times que cubre noticias de última hora.

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