¿Qué hacen esas colillas de cigarro en los nidos de los pájaros?

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Una investigación polaca se suma a las pruebas encontradas en países latinoamericanos que muestran que los compuestos de las colillas de cigarros usadas protegen de los parásitos a los nidos de aves.

Los pinzones de Darwin de las Galápagos, los pinzones mexicanos y los zorzales comunes de Nueva Zelanda han desarrollado una curiosa costumbre: colocan colillas de cigarro en sus nidos. Algunos pájaros cantores del Reino Unido incluso anidan en ceniceros ubicados en exteriores.

Un estudio reciente añade pruebas de por qué los pájaros urbanos han adquirido esta preferencia, al menos en una especie, y es que las toxinas del tabaco pueden mantener a raya a los parásitos en los nidos de los herrerillos, pájaros de colores que se encuentran en toda Europa.

Las colillas de los cigarros contienen unos 4000 compuestos químicos, como nicotina, arsénico, hidrocarburos aromáticos policíclicos y metales pesados. Estos compuestos podrían ahuyentar las plagas que dañan a las aves y sus crías. El estudio se publicó este año en la revista Animal Behaviour.

Los herrerillos son aves que anidan en cavidades, y construyen sus nidos en huecos naturales o en cajas hechas por las personas. Sus nidos son también un hábitat ideal para parásitos que se alimentan de sangre, como garrapatas, pulgas y moscardones, que pueden aprovecharse de sus presas cautivas: aves adultas que empollan huevos y polluelos indefensos.

Así pues, en lo que respecta a las colillas de cigarro y la anidación en ceniceros al aire libre, los investigadores querían saber si los herrerillos podían beneficiarse de los efectos pesticidas del tabaco.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Lodz en Polonia estudió los herrerillos en parques urbanos y bosques cercanos a la universidad. Controlaron la salud de 99 aves nacidas en tres tipos distintos de cajas nido. Unas cajas nido estándar actuaron como control. Un segundo grupo tenía un nido con un interior de musgo artificial esterilizado y algodón.

En el tercer grupo de nidos se colocaron dos colillas de cigarro usadas.

Utilizar fuelles para fumar los cigarros mecánicamente “fue la parte más difícil del experimento”, dijo Michal Gladalski, ecólogo evolutivo que dirigió el estudio. No es fumador y quería evitar dañar sus pulmones o los de los demás.

Trece días después de la eclosión, se midió a tres crías por nidada y se les extrajo sangre. Los análisis de sangre indicaron que tanto los polluelos de los nidos estériles como los de los nidos con colillas de cigarro estaban más sanos que los de los nidos que no recibieron tratamiento alguno.

Después de que las crías volaron, los investigadores analizaron las poblaciones de parásitos de todo el material en los nidos. Los invasores eran más numerosos en los nidos naturales y estaban casi ausentes en los nidos con los materiales esterilizados. En los nidos con colillas de cigarro, los parásitos eran ligeramente menos numerosos que en los nidos naturales, sobre todo moscardones y pulgas.

Constantino Macías García es ecólogo en la Universidad Nacional Autónoma de México y forma parte de un equipo que ha estudiado la utilización de cigarros por parte de las aves durante más de una década. Dijo que el hecho de que el equipo polaco encontrara algún efecto era sorprendente.

Ello se debe a que, mientras que el experimento polaco dispuso colillas intactas en los nidos, los pinzones y gorriones en Ciudad de México “desmembran el cigarro”, dijo. Cuando los pájaros esparcen las fibras de los filtros de los cigarros, los repelentes tienen más contacto con los polluelos. El efecto modesto hallado en el nuevo estudio, sugirió también, podría deberse al uso de solo dos colillas.

Lorraine Pérez-Beauchamp, estudiante de maestría en la Universidad de Connecticut que estudia el uso de cigarros en los nidos de pinzones de Darwin en Galápagos, se mostró de acuerdo. Allí, los nidos están plagados de una mosca vampiro invasora y chupasangre. Sus investigaciones ofrecieron pruebas de que las moscas expuestas al tabaco de los cigarros en un laboratorio tenían una supervivencia reducida. Pero al estudiar los nidos de pinzones de Darwin, descubrió que las aves no habían aprendido a añadir suficientes colillas para ahuyentar a las plagas.

En cambio, en Ciudad de México, un equipo dirigido por Monserrat Suárez Rodríguez, colega de Macías García, descubrió que los gorriones y los pinzones mexicanos incorporaban en promedio de ocho a 10 colillas de cigarro a sus nidos. Un experimento de seguimiento demostró que cuando los investigadores agregaban más garrapatas vivas a los nidos, las hembras de pinzón mexicano respondían añadiendo más colillas de cigarro.

Los investigadores de Ciudad de México también han demostrado que el impacto del tabaco en los nidos no se limita a los parásitos. Suárez Rodríguez demostró que la eclosión, el volantón y la respuesta inmunitaria de los polluelos de pinzón mejoraban con el aumento de colillas. Pero las células sanguíneas de los polluelos mostraron indicios de daños genéticos por la exposición a las colillas, y se desconocen las repercusiones a largo plazo.

Sarah Bush, ecóloga de la Universidad de Utah que estudia la coevolución de huéspedes y parásitos, calificó de “monumental” el esfuerzo del nuevo estudio, a pesar de su pequeña muestra. “Es muy difícil conseguir muestras de gran tamaño con aves sobre el terreno”, dijo.

Gladalski espera que del estudio de su equipo se extraiga una conclusión clara.

“Las aves son inteligentes”, dijo.

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