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Minutos antes de que los astronautas de la misión Artemis II de la NASA entraron en un apagón de radio, incomunicados con la Tierra durante 40 minutos mientras sobrevolaban la cara oculta de la Luna, lo único que podían hacer era mirar.
Y allí estaba: la ondulante media luna azul de nuestro planeta, con toda la humanidad –cada uno de nosotros, tú, yo, todos los que conocemos— a cuestas. Se hundía cada vez más en el horizonte de una luna sin vida y con apariencia de cicatrices de viruela, una conmovedora despedida de los integrantes de la tripulación mientras se sumían en el silencio.
Esta era la puesta de Tierra, captada en una imagen publicada por la Casa Blanca y la NASA el martes por la mañana. Es una vista que compite con el icónico amanecer de nuestro planeta que los astronautas del Apolo 8 registraron 1968, cuando realizaron el primer viaje humano alrededor de la Luna.
“Siempre elegiremos la Tierra”, dijo Christina Koch, especialista de la misión Artemis II, una vez que los integrantes de la tripulación recuperaron las comunicaciones. “Siempre nos vamos a elegir los unos a los otros”.
Cuando los astronautas salieron por la otra cara de la Luna, experimentaron otro espectáculo sobrecogedor: un eclipse solar, desde una posición jamás vista por ningún ser humano.
El Sol se deslizó por detrás de la Luna, revelando hilos difusos de su atmósfera y creando un halo de luz alrededor del borde lunar. La vista, captada en una segunda imagen difundida por la Casa Blanca, se vio aumentada por un campo circundante de estrellas y planetas, entre ellos Saturno y Venus.
Victor Glover, el piloto del Artemis II, dijo que era difícil de captar con una cámara, pero que la cara de la Luna estaba suavemente iluminada por el resplandor de la Tierra, lo suficiente para distinguir las colinas y los valles lunares.
“Probablemente los humanos no han evolucionado para ver lo que estamos viendo”, dijo Glover, asombrado. “Es realmente difícil de describir. Es asombroso”.
Katrina Miller es periodista de ciencia del Times y reside en Chicago. Obtuvo un doctorado en física por la Universidad de Chicago.

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