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Los hermanos adolescentes, que se enfrentaban a la deportación tras una detención muy sonada, actuaron el domingo gracias a la invitación de una de las mayores estrellas de la música country.
El público enloqueció cuando los tres hermanos Gámez-Cuéllar y su padre subieron al escenario el domingo por la noche.
No era un concierto cualquiera. Hace dos meses, los hermanos y su padre, todos ellos músicos, estaban recluidos en centros federales de detención migratoria. Ahora, vestidos con trajes negros de mariachi, actuaban como teloneros de la estrella de la música country Kacey Musgraves en New Braunfels, Texas.
Justo antes de salir, la familia pronunció una oración de agradecimiento. “Gracias, Padre, por darnos esta gran oportunidad”, dijo Antonio Yesayahu Gámez-Cuéllar, de 18 años, dirigiéndose a Dios. Estaba de pie junto a su hermano de 15 años, Caleb Gámez-Cuéllar; su hermano de 12 años, Joshua Gámez-Cuéllar; y su padre, Luis Antonio Gámez. “Te pedimos, Padre, que nos protejas y nos bañes en tu luz”.
A principios de marzo, la familia Gámez-Cuéllar se vio envuelta en la campaña de deportación masiva del presidente Donald Trump. Su detención por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por su sigla en inglés) suscitó protestas generalizadas y bipartidistas que condujeron a la liberación de la familia de un centro de migración de Dilley, Texas. El hermano mayor, Antonio, fue liberado de otro centro de detención cercano a la frontera.
Poco después de que la familia fuera liberada, Musgraves extendió una invitación a los hermanos en Instagram: “Genial, entonces vengan de gira conmigo”.
Antonio y Caleb, junto con su hermano menor, Joshua, todos ellos renombrados mariachis de McAllen, Texas, aprovecharon la oportunidad de abrir tres conciertos para Musgraves, acompañados de su padre. Las actuaciones de su gira Middle of Nowhere empezaron el domingo y continuarán dos días más en el Gruene Hall de New Braunfels, al noreste de San Antonio. El recinto es un edificio encalado que se asemeja a una pequeña iglesia y se considera el salón de baile en funcionamiento continuo más antiguo de Texas.
“Fue un honor que nos invitaran”, dijo su madre, Emma Guadalupe Cuéllar López. En el concierto, Antonio cantó una versión en español de “My Way”, de Frank Sinatra, entre aplausos y vítores.
Momentos antes, silbó la canción “Thriller” de Michael Jackson, mientras ayudaba a su hermano menor Joshua a ajustarse el moño charro de color rojo brillante, la corbata que usan los mariachis. Su padre besó la frente de Joshua para animarlo.
“Es increíble que hayamos pasado de estar en un lugar tan oscuro a abrir un espectáculo para una de las mayores estrellas del país”, dijo Antonio.
El pasado mes de junio, la representante Monica De La Cruz, republicana por Texas, invitó a los hermanos a actuar en el Capitolio de Estados Unidos con sus compañeros de banda y después a visitar la Casa Blanca. Antonio fue coronado mejor trompetista de mariachi de Texas a principios de este año.
Durante los últimos tres años, la familia ha vivido una versión del sueño americano, en una parte del país donde la música de mariachi es fundamental para la educación pública y la cultura fronteriza.
La familia Gámez-Cuéllar entró en Estados Unidos en 2023 por el paso fronterizo de Brownsville, Texas, con una solicitud de asilo y se instaló en la cercana McAllen. Gámez, el padre, dijo que su familia había huido de San Luis Potosí, México, donde miembros de un cártel lo habían secuestrado.
Su situación migratoria sigue en el limbo, pendiente de futuras citas judiciales, dijo.
Los miembros de la familia dijeron que habían cumplido la ley al asistir a todas las citas con el tribunal y que en enero se habían entrevistado con funcionarios del ICE. Al principio, afirmaron, se les indicó que regresaran en junio, pero entonces la familia recibió una llamada inesperada del ICE informándoles que tenían que presentarse el 25 de febrero. Inmediatamente fueron detenidos.
En entrevistas realizadas antes del concierto, los miembros de la familia describieron las deplorables condiciones en que se encontraban en el Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley, una extensa cárcel construida con remolques que es el mayor centro de detención de familias migrantes del país.
Gámez dijo que intentaba no pensar en el momento en que esposaron a su hijo mayor y lo trasladaron a otro centro de detención cercano a la frontera, “como si fuera un delincuente”, dijo. “Fue muy doloroso”.
“Estamos contentos de volver a estar juntos, lejos de allí”, añadió Cuéllar López.
El centro de detención de Dilley, donde estuvo recluida la mayor parte de la familia, fue cerrado por el presidente Joe Biden en 2024 y reabierto por el presidente Trump el año pasado. Desde entonces, el centro se ha convertido en un símbolo a menudo criticado de la represión de las familias migrantes. Fue donde Liam Conejo Ramos, el niño de 5 años detenido por agentes federales en Minnesota, estuvo recluido con su padre hasta que una protesta similar provocó su liberación.
Tras interpretar cuatro canciones, los miembros de la familia volvieron a la sala verde y se desplomaron en los sofás. Gámez dijo que estaba contento con sus interpretaciones. “Fue una gran experiencia”, dijo.
Esperan que no sea la última. Un día reciente de abril, la familia Gámez-Cuéllar dijo que los hermanos estaban enfocados en el futuro. Antonio, quien se gradúa del bachillerato este año, tiene previsto asistir a la Universidad de Texas Valle del Río Grande y unirse a su equipo de mariachis. Sus hermanos pretenden seguir tocando en las bandas de sus escuelas.
“La música de mariachi estará en nuestro futuro”, dijo Antonio.
Edgar Sandoval cubre Texas para el Times, con un enfoque en la comunidad latina y la frontera con México. Está radicado en San Antonio.

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