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Los científicos querían saber por qué el parloteo de los ratones cantores de Alston se parece tanto a la conversación humana. Lo que descubrieron podría cambiar la forma de estudiar ambas especies.
En los templados bosques nubosos de Centro y Sudamérica, el anochecer está marcado por las llamadas operísticas del ratón cantor de Alston, un pequeño roedor de cola corta famoso por su cortés comunicación.
Estos minúsculos ratones, cada uno de los cuales pesa menos que una bombilla, se cantan unos a otros canciones únicas, llenas de chirridos, que pueden durar hasta 16 segundos. De la boca del ratón salen sonidos sónicos y ultrasónicos que crean una canción que recuerda al zumbido de una cigarra. Y lo que es más, los ratones nunca se interrumpen mutuamente; se muerden la lengua hasta que su compañero de conversación termina de cantar.
Los científicos se han preguntado durante mucho tiempo qué permite a estos ratones mantener conversaciones tan asombrosamente complejas sin la ayuda de cerebros humanos. Pero resulta que nuestros cerebros podrían no ser tan diferentes.
En un nuevo estudio publicado el miércoles en la revista Nature, los investigadores descubrieron que una simple expansión de las vías neuronales existentes permitía a estos ratones ampliar su repertorio vocal, la misma mutación que se cree que allanó el camino para el desarrollo del lenguaje humano.
Al estudiar los cerebros de los ratones cantores de Alston y de sus primos ratones de laboratorio no cantores (pero cercanamente emparentados), los investigadores del Laboratorio Cold Spring Harbor de Long Island pudieron determinar qué cambios evolutivos en el cerebro habían dado lugar a los cantos cordiales y sinfónicos del ratón cantor. Ahora, los científicos se preguntan si puede utilizarse el mismo método para averiguar la base neurológica de otros comportamientos animales.
“Esto es relevante mucho más allá de los ratones cantores”, dijo Mirjam Knörnschild, ecóloga conductista que estudia la bioacústica en el Museo de Historia Natural de Berlín. Knörnschild, quien no participó en el estudio, dijo que este podría “servir de base para investigaciones sobre la alternancia vocal, el aprendizaje vocal y la flexibilidad vocal en otros mamíferos, incluidos los murciélagos, los primates y los humanos”.
En 2019, Arkarup Banerjee, biólogo del Laboratorio Cold Spring Harbor, y sus colegas descubrieron que las serenatas de ida y vuelta de los ratones cantores de Alston suenan sorprendentemente parecidas a nuestras conversaciones. Pero en aquel momento no le encontraba sentido. Banerjee había examinado los cerebros de los ratones cantores de Alston y de los ratones de laboratorio no cantores, y parecían más o menos idénticos.
Los científicos creían que los comportamientos complejos, como el uso de herramientas y la comunicación entre iguales, requerían circuitos neuronales especializados. Pero cuando Banerjee fue a buscar ese hardware neuronal especializado en los ratones cantores de Alston, no encontró ninguno.
“No parecía que las cosas fueran tan diferentes”, recuerda Banerjee.
Esto llevó a Banerjee y a sus colegas a buscar qué daba a estos ratones cantores su destreza vocal. En su esfuerzo para descubrirlo, los investigadores utilizaron una técnica llamada Análisis multiplexado de proyecciones por secuenciación, o MAPseq. Este método permite a los científicos cartografiar miles de neuronas individuales infectándolas con un virus que introduce códigos de barras de ARN únicos en cada célula. Cuando los científicos secuencian genéticamente tejido de todo el cerebro, los códigos de barras revelan un mapa detallado de dónde se conecta cada neurona en todo el cerebro.
Cuando los investigadores utilizaron MAPseq en los cerebros de decenas de ratones de ambas especies, las diferencias se hicieron evidentes. Los ratones cantores tenían aproximadamente el triple de neuronas que enviaban señales desde la corteza motora a dos regiones específicas del cerebro. Aunque pueda parecer una gran diferencia, los científicos dicen que se trata más bien de “un cambio relativamente sutil en el cableado cerebral”, dijo Anthony Zador, neurocientífico del Laboratorio Cold Spring Harbor y coautor del estudio.
Según Zador, el hecho de que cambios neuronales tan sutiles puedan dar lugar al desarrollo de un comportamiento vocal totalmente nuevo “plantea cuestiones interesantes sobre el grado de recableado que intervino en la evolución del lenguaje humano”.
Además de cuestionar nuestra comprensión de la evolución de nuestro comportamiento más novedoso, las conclusiones de este estudio pueden ayudar a los científicos a conocer mejor la base neurológica de muchos comportamientos animales.
“Este trabajo aborda una importante cuestión sin respuesta en neurociencia: ¿Qué confiere a algunos animales habilidades excepcionales que otros no poseen?”, dijo David Schneider, profesor de neurociencia de la Universidad de Nueva York, quien no participó en el estudio.
Antes de este estudio, los científicos nunca habían utilizado MAPseq para comparar los cerebros de dos especies estrechamente emparentadas con comportamientos notablemente diferentes. Los expertos afirman que su éxito al hacerlo ha abierto un mundo de posibilidades científicas.
“Este estudio nos proporciona una hoja de ruta sobre cómo pensar y probar cuantitativamente las ideas sobre la evolución de la estructura cerebral”, dijo Steven Phelps, profesor de biología integrativa de la Universidad de Texas, Austin, quien no participó en el estudio.
Cuando el estudio llegó a su fin, Banerjee dijo que no podía sacarse de la cabeza una cita del libro de Charles Darwin de 1871 El origen del hombre: “La diferencia entre la mente del ser humano más bajo en la escala de la civilización y la mente más desarrollada de un animal, [ ] esta diferencia tan grande era una cuestión de grado, no de clase”.
“Cada vez hay más indicios de que esta idea podría tener algo de verdad”, dijo Banerjee. Como ha demostrado su estudio, incluso cambios minúsculos en el cerebro pueden tener profundas repercusiones en el comportamiento. Cuando se tiene esto en cuenta, dijo, “de repente el desarrollo de cosas como el lenguaje en los humanos no parece tan misterioso”.
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