Robert Kennedy Jr. continúa su cruzada para investigar las vacunas

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El secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., apenas se ha pronunciado públicamente sobre las vacunas en los últimos meses, a instancias de una Casa Blanca preocupada por que su postura impopular perjudique a los republicanos en las elecciones de mitad de legislatura de noviembre. Sin embargo, no ha abandonado su búsqueda de pruebas que demuestren que son peligrosas.

Trabajando entre bastidores, Kennedy está liderando una intensa campaña en todas las agencias de salud que dependen de él para que los científicos del gobierno y los contratistas federales de datos examinen la teoría que sostiene desde hace tiempo de que las vacunas están contribuyendo a impulsar una epidemia de enfermedades crónicas, según varias personas familiarizadas con esa estrategia.

Dijeron que la amplia investigación es una prioridad máxima para Kennedy, quien considera que las vacunas son un “culpable potencial” de varios trastornos neurológicos y autoinmunes, como el asma y las alergias. Resucita la investigación sobre una serie de ideas que Kennedy ha defendido, entre ellas si las vacunas están relacionadas con el autismo y si el timerosal, un conservante que se ha eliminado en gran medida de las vacunas en Estados Unidos, pero que permanece en algunas vacunas antigripales, es peligroso.

La iniciativa está dirigida por Martin Kulldorff, bioestadístico y experto en seguridad de las vacunas, quien cobró prominencia durante la pandemia como crítico de las restricciones por la covid y los mandatos de vacunación, y que ahora es el director científico y de datos del Departamento de Salud.

Científicos de carrera de la Administración de Alimentos y Medicamentos y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades están llevando a cabo la investigación junto con contratistas que aportan su experiencia estadística y acceso a millones de historiales médicos de pacientes. La iniciativa fue descrita a The New York Times por seis personas cercanas a ese proyecto, que insistieron en mantener el anonimato porque no es público.

El trabajo está generando alarma entre algunos estudiosos de las vacunas y críticos de Kennedy, que llevan mucho tiempo acusando al secretario de seleccionar datos y malinterpretar estudios para afirmar que las vacunas no son seguras y limitar su uso. Temen que Kennedy utilice los resultados para erosionar aún más la confianza en las vacunas, que la Organización Mundial de la Salud calcula que han salvado 154 millones de vidas en el último medio siglo.

Kennedy, que llegó al cargo diciendo que no haría nada para disuadir a la gente de vacunarse, ya ha tomado medidas para reducir el número de vacunas que reciben los niños. Los expertos en salud pública se quejan de que, al gastar dinero en cuestiones ya estudiadas a fondo, se le restan recursos a investigaciones que podrían dar respuesta precisamente a las preguntas que él mismo plantea, entre ellas, cuáles son las causas del autismo.

“Simplemente demuestra que, independientemente de cuál sea el tono general sobre las vacunas, hablemos de ellas o no, el secretario va a seguir intentando examinar los datos y analizarlos de forma que ayuden a respaldar las conclusiones que ya tiene”, dijo Daniel Jernigan, quien supervisó la seguridad de las vacunas en los CDC hasta que dimitió en agosto. “Y eso, para mí, es un verdadero problema”.

Andrew Nixon, vocero de Kennedy, dijo en una declaración que el esfuerzo reflejaba la dedicación del presidente Donald Trump a promover “una investigación sobre las vacunas que cumpla los estándares de oro”, que permita a los legisladores “comprender mejor la seguridad y la eficacia de las vacunas y evaluar cómo la exposición a las vacunas, el momento y los patrones afectan a la salud a lo largo de toda la vida”.

Nixon dijo que el trabajo “informará las recomendaciones sobre vacunas, abordará las lagunas críticas identificadas por las organizaciones científicas y médicas, incluido el Instituto de Medicina, y reforzará la confianza del público en la salud pública”.

Dijo que la iniciativa también involucraba a los Institutos Nacionales de Salud y a las universidades. Aún no está claro cuánto costará esta iniciativa ni si sustituirá a otras medidas gubernamentales rutinarias de vigilancia de las vacunas.

Kennedy, antiguo abogado querellante, lleva mucho tiempo diciendo que quiere crear un conjunto de pruebas científicas sobre los daños de las vacunas y las exposiciones medioambientales, que cree que están detrás de una epidemia de enfermedades crónicas. Esas pruebas, ha dicho, sentarán las bases para emprender acciones legales.

“Así es como se cambia realmente la política”, dijo Kennedy en un pódcast como candidato presidencial en 2024. Y añadió: “Voy a proporcionar esa ciencia suficiente, suficiente, sobre cada una de estas exposiciones y cada una de estas lesiones, para demostrar quién está causando qué y hacerles responsables ante los tribunales”.

Durante una reunión de un día sobre la nueva iniciativa de investigación de vacunas, celebrada a finales de febrero, funcionarios del Departamento de Salud y de los CDC se reunieron para debatir estudios y métodos específicos, incluido un análisis del efecto general del calendario de vacunas infantiles. En la mesa también había representantes de los principales sistemas de salud, como Kaiser Permanente, dado su papel en permitir el acceso de los CDC a ingentes cantidades de datos a través de su sistema Vaccine Safety Datalink.

Como parte del nuevo esfuerzo, Kennedy ha encargado a algunos científicos del gobierno que estudien el estado de salud de los niños vacunados en comparación con los que no lo fueron. Kennedy es coautor de un libro, Vax-Unvax: Let the Science Speak, en el que pide que se realicen tales estudios, que cree que demostrarán los daños de las vacunas.

Los investigadores afirman que tales estudios comparativos estarían plagados de escollos. Los niños vacunados tienen más probabilidades de recibir atención médica que los no vacunados y, por tanto, más probabilidades de recibir diagnósticos médicos adicionales que podrían atribuirse erróneamente a las vacunas.

Kennedy también pide que el grupo emprenda nuevos estudios sobre la relación entre las vacunas y el autismo.

El proyecto también está estudiando la cuestión de los daños causados por el timerosal, un conservante de las vacunas a base de mercurio, según personas cercanas al proyecto. Este conservante se ha estudiado a fondo y se ha demostrado que no está relacionado con el autismo, pero Kennedy sigue preocupado por ello y ha rescindido las recomendaciones federales sobre las vacunas antigripales que contienen timerosal.

Solo a través de los CDC, el costo del proyecto se calcula entre 40 y 50 millones de dólares, según una persona familiarizada con el asunto.

El proyecto está siendo supervisado por Kennedy y Stefanie Spear, su asesora más cercana. Se espera que la nueva consejera principal de Kennedy para la salud pública, Sara Brenner, una veterana de la FDA que ha manifestado su escepticismo respecto a las vacunas, impulse los estudios desde su nuevo cargo, según personas familiarizadas con el plan.

La nueva iniciativa sobre vacunas no es la primera vez que el secretario emprende un esfuerzo entre bastidores para evaluar su seguridad. El año pasado, Kennedy tuvo que enfrentar importantes presiones dentro de los organismos federales y del Congreso cuando encargó a David Geier, cuya investigación sobre las vacunas se considera profundamente errónea, que indagara en los datos de seguridad de las vacunas para explorar algunas de las antiguas preocupaciones del secretario.

El equipo de Kennedy presionó a los funcionarios de los CDC, incluido Jernigan, quien retrasó a Geier. Cuando Kennedy destituyó a Susan Monarez, directora de la agencia, Jernigan y otros dirigentes de los CDC dimitieron.

Dentro de los CDC y la FDA, los científicos han registrado cierto alivio por el hecho de que Kulldorff, pionero en métodos para examinar la seguridad de las vacunas, dirija la nueva investigación. Trabajó en una investigación pionera de 2009 para controlar la seguridad de la vacuna contra la gripe H1N1 a medida que se extendía. El equipo con el que trabajó detectó una tasa ligeramente elevada de síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad autoinmune asociada a algunas vacunas.

“Martin era conocido desde hacía décadas como un científico de primera categoría en materia de seguridad de las vacunas”, dijo Daniel Salmon, investigador de vacunas de la Universidad Johns Hopkins, quien trabajó con Kulldorff en un sistema de datos sobre vacunas anterior al que ahora utiliza la FDA.

Sin embargo, algunos científicos que trabajaron con Kulldorff en el pasado se preguntan si el bioestadístico imparcial que conocían cambió durante la pandemia. Señalan un documento federal, del que Kulldorff era coautor, en el que se justificaban las fuertes limitaciones de las vacunas recomendadas a los niños en Estados Unidos, diciendo que omitía montones de estudios que apoyaban las vacunas contra la gripe y la hepatitis B para bebés y niños.

En 2024, Kulldorff se unió a Kennedy en un litigio contra Merck, fabricante de Gardasil, una vacuna contra el virus del papiloma humano, cobrando 400 dólares por hora como testigo experto, según consta en los registros judiciales. Merck, el fabricante de la vacuna, impugnó la condición de perito de Kulldorff basándose en sus investigaciones anteriores, que concluían que la vacuna era segura.

Kulldorff no respondió a una solicitud de comentarios, y el departamento de Salud no respondió a una solicitud para que estuviera disponible. Kennedy y Spear tampoco respondieron a las solicitudes de comentarios.

Los CDC y la FDA ya dedican un esfuerzo considerable a investigar la seguridad de las vacunas, utilizando diversas bases de datos y métodos de investigación. Pero los críticos de las vacunas, como Kennedy, encuentran fallos en los estudios. Entre ellos se encuentra Retsef Levi, profesor de gestión de operaciones en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, que se centra en la gestión de riesgos y la industria de la salud, y que también forma parte del panel de asesores sobre vacunas de los CDC elegido a dedo por Kennedy.

“Muchos de ellos tienen graves defectos metodológicos”, dijo Levi.

Kennedy empezó a plantear dudas sobre la seguridad de las vacunas hace unos 20 años y se convirtió en defensor de las madres de niños autistas que atribuían la enfermedad a las vacunas. Personas familiarizadas con lo que piensa afirman que aún se siente profundamente comprometido con esas mujeres y que no puede conciliar sus historias, a menudo desgarradoras, con el vasto corpus de investigación que descarta una relación.

Para los padres que creen que las vacunas han perjudicado a sus hijos, Kennedy está cumpliendo una promesa importante. Katie Wright, cuyo hijo de 24 años padece autismo y que conoció a Kennedy a través de su defensa de los padres que cuestionan la seguridad de las vacunas, dijo que se necesita más investigación para restablecer la confianza en la inmunización infantil.

“Ha habido un tremendo rechazo; dicen: ‘Bueno, ya se ha investigado’”, dijo Wright. “Bueno, ¿sabes qué? Muchas familias están preocupadas. No entiendo el miedo a profundizar en la investigación sobre seguridad”.

Como secretario de Salud, Kennedy ha demostrado tener una visión poco ortodoxa de lo que constituyen conclusiones fiables sobre las vacunas. Desestimó un importante estudio sobre vacunas realizado con 1,2 millones de niños daneses a lo largo de 24 años por considerarlo “una maniobra propagandística engañosa”, por no destacar un subconjunto de unos 50 niños que tenían más probabilidades de haber contraído el síndrome de Asperger, un diagnóstico que antes se aplicaba a las personas con autismo de alto funcionamiento, después de vacunarse.

En el lenguaje de la ciencia de las vacunas, tales hallazgos se consideran una señal que debe examinarse más a fondo. Kathryn Edwards, experta en vacunología de la Universidad de Vanderbilt, dijo que le preocupaba que la atención selectiva a tales señales pudiera “utilizarse para erosionar aún más la confianza que la gente tiene en las vacunas”.

Kennedy también ha realizado cambios precipitados en la política de vacunas, a menudo con una justificación científica mínima para la toma de decisiones. Uno de esos cambios fue la revisión en enero de las recomendaciones sobre vacunas, que redujo de 17 a 10 el número de inmunizaciones para los niños estadounidenses.

Aunque el plan fue retenido en los tribunales, Edwards dijo que presagia un escenario en el que las conclusiones del esfuerzo actual tengan una gran repercusión en los medios de comunicación o impulsen nuevas políticas antes de que los científicos puedan comprender el razonamiento.

“Lo que han hecho también es preocupante”, dijo, “porque ha habido muchas cosas que no han sido claras ni transparentes”.

Christina Jewett cubre la Administración de Alimentos y Medicamentos, lo que supone vigilar de cerca los medicamentos, los dispositivos médicos, la seguridad de alimentos y las políticas sobre el tabaco.

Sheryl Gay Stolberg cubre la política de salud para el Times desde Washington. Excorresponsal en el Congreso y en la Casa Blanca, se enfoca en la intersección entre las políticas de salud y la política.

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