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China quiere que continúe la tregua comercial con EE. UU. Eso significa que Xi negociará con Trump para que no se impongan más aranceles, ni controles a las exportaciones, ni sanciones a sus empresas.
Cuando Xi Jinping se reunió con el presidente Donald Trump el año pasado, el dirigente chino esgrimió el control de su país sobre los minerales críticos, una postura firme que ayudó a que Trump declarara una tregua comercial sostenida. Esta semana, cuando Xi recibe al presidente estadounidense en Pekín, tendrá otra carta poderosa para negociar: la guerra en Irán.
Mientras Estados Unidos ha estado en guerra, Xi ha hecho llamados a la paz y ha recibido a dignatarios extranjeros del golfo Pérsico y de Europa que buscaban su ayuda para terminar con la crisis. Justo antes de la visita del presidente estadounidense, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, viajó a Pekín en un recordatorio no tan sutil de la influencia de China sobre su socio en Medio Oriente.
“En realidad, la cuestión de Irán ayuda a China”, dijo Li Daokui, un destacado economista de la Universidad Tsinghua de Pekín.
El experto sostiene que China tiene una importante influencia económica sobre Teherán que podría estar dispuesta a utilizar para alcanzar objetivos que le importan más, entre ellos, alejar a Estados Unidos de Taiwán, la isla autónoma que Pekín considera como parte de su territorio.
Esto debería darle a Xi una mayor confianza de cara a la cumbre que comienza el jueves, la primera reunión en persona de ambos líderes desde octubre. La Casa Blanca ha tratado de presionar a China, comprador clave del petróleo iraní sancionado, para que reduzca su apoyo a Teherán.
La útil influencia de China sobre Irán
China tiene sus propias razones para ayudar a finalizar el conflicto. Su economía ha sido afectada por el aumento de los precios de la energía. Una recesión mundial perjudicaría las exportaciones chinas, que son un importante motor de crecimiento. Sus reservas estratégicas de petróleo, aunque útiles, no son ilimitadas.
China ha instado a los funcionarios iraníes a negociar con Estados Unidos, pero no quiere resultar envuelta en una guerra que considera que Washington, en gran medida, debe resolver. Sin embargo, aunque no se implique militarmente, China podría estar dispuesta a colaborar con Estados Unidos en la reapertura del estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave a través de la cual se envía hasta el 40 por ciento de las importaciones de petróleo de China.
“La parte china podría llegar a algún acuerdo con Estados Unidos diciendo: ‘Trabajemos juntos para persuadir a Irán de que mantenga abierto el estrecho’”, dijo Li, añadiendo que Pekín probablemente también querría garantías de que Estados Unidos no bloquearía la vía fluvial.
China aún podría ofrecer diversos incentivos a Teherán para que colabore con Washington, como préstamos, inversiones y ofertas de ayuda para la reconstrucción de la posguerra, según los analistas (sin embargo, es poco probable que Pekín presione a Teherán para que abandone su programa nuclear).
Discutir la venta de armas a Taiwán
Lo que Xi más desea de Trump está en otra parte: en Taiwán. Xi busca una suavización del apoyo estadounidense a la isla, ya sea mediante un retraso o una reducción de la venta de armas, o una declaración de que Washington se opone a su independencia. El gobierno de Trump ya ha retrasado el anuncio de un paquete de venta de armas a Taiwán por valor de 13.000 millones de dólares para evitar molestar a Xi.
Esta semana, Trump volvió a decir que tenía previsto discutir con China la cuestión de la venta de armas a Taiwán. Si lo hiciera, Trump podría estar violando un antiguo compromiso conocido como las Seis Garantías, un pilar de las políticas de Estados Unidos con Taiwán y Estados Unidos con China. Las garantías de la era Reagan se enviaron al presidente de Taiwán en 1982, y una de ellas se entiende generalmente en el sentido de que el gobierno estadounidense no consultaría con Pekín antes de una venta de armas a Taiwán.
Para Trump, poner esto sobre la mesa podría significar un alejamiento de décadas de política exterior estadounidense, dependiendo de cómo se abordara el tema, y sería una victoria para Xi.
Entre los estudiosos chinos más belicistas, la guerra en Irán también ha evidenciado la debilidad militar estadounidense y le ha dado a Pekín más confianza para presionar en la cuestión de Taiwán. Durante el conflicto, Estados Unidos tuvo que desviar activos militares fuera de Asia y a agotar sus reservas de municiones.
“El conflicto con Irán indica que Estados Unidos sencillamente no puede sostener una gran guerra con China por Taiwán. Eso está muy claro”, dijo Wu Xinbo, destacado especialista en estudios estadounidenses de la Universidad Fudan de Shanghái.
Redefinición de la relación
Para Pekín, en la cumbre no se trata tanto de obtener concesiones concretas como de redefinir los términos de la relación entre las dos superpotencias.
Xi buscará la validación de que su país, la segunda mayor economía del mundo, ahora es igual a Estados Unidos. Y que él, como su líder, es un homólogo de Trump. Es algo que Xi ha buscado desde que asumió el cargo en 2012 y un entendimiento que, según funcionarios y analistas chinos, anunciaría una relación más estable de coexistencia gestionada, aunque incómoda.
“Si el presidente estadounidense es el líder del mundo libre y Xi Jinping es su homólogo, ¿qué dice eso del liderazgo de Xi Jinping? Significa que también debe ser un líder mundial”, dijo Yun Sun, directora del programa sobre China del Centro Stimson de Washington.
China ha argumentado, más recientemente en un editorial de la agencia oficial de noticias Xinhua publicado el miércoles y titulado “Encontrar la forma correcta de que China y Estados Unidos se lleven bien como grandes potencias”, que Estados Unidos no debe creer que va a lograr todos sus objetivos con China. Criticó a Washington por pedirle ayuda a Pekín en asuntos que le preocupan –como ayudar a frenar el flujo de fentanilo a Estados Unidos– y, al mismo tiempo, perjudicar los intereses chinos cuando, por ejemplo, les impone sanciones a las empresas de ese país.
Sin embargo, esa dinámica ha definido la relación durante los últimos ocho años haciendo que se enfrenten por todo tipo de cuestiones: desde los orígenes de la pandemia de COVID-19 hasta la aparición de un globo espía chino sobrevolando Estados Unidos. Hoy en día, ambas partes siguen enfrentadas a causa del apoyo de China a Irán y Rusia, así como por los controles de exportación estadounidenses que privan a las empresas chinas del acceso a chips informáticos avanzados y a otras tecnologías.
China quiere ganar tiempo para fortalecerse
En última instancia, China quiere más estabilidad y que continúe la tregua comercial. Eso significa que no se impongan más aranceles, ni controles a las exportaciones, ni sanciones a sus empresas.
“Solo quieren tiempo y espacio para fortalecerse de cara a la futura competencia”, dijo Amanda Hsiao, directora de la Práctica China del Grupo Eurasia, quien estuvo recientemente en Pekín reuniéndose con académicos y funcionarios.
Pekín ya lo ha estado haciendo, construyendo lo que Xi denomina como “autosuficiencia nacional” en tecnología, pero también en comercio y ciencia. Desde que ambos dirigentes se reunieron por última vez hace seis meses, China ha afilado sus herramientas para infligir daño económico a sus rivales. Tras años de controles de las exportaciones estadounidenses, las empresas chinas están fabricando sus propios chips, mientras que firmas como DeepSeek están diseñando sistemas de inteligencia artificial que sortean las restricciones.
Pekín también ha demostrado que responderá si se le provoca: cuando Washington impuso sanciones a una refinería china en abril por comprar petróleo iraní, el gobierno de XI ordenó a sus empresas que no las cumplieran.
Sin embargo, para ayudar a establecer un tono positivo, China podría comprometerse a comprar aviones Boeing, soja estadounidense y carne de res estadounidense.
“Para los chinos, es un buen precio a pagar por la estabilidad”, dijo Hsiao.
Pei-Lin Wu colaboró con reportería.
Pei-Lin Wu colaboró con reportería.

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