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  • Nueva Suecia, la desconocida y diminuta colonia que ayudó al nacimiento de EE.UU. hace 250 años

    Nueva Suecia, la desconocida y diminuta colonia que ayudó al nacimiento de EE.UU. hace 250 años

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    El viejo ascensor, de 125 años, se detuvo con un resoplido en algún punto sobre el perfil urbano de Filadelfia. Cuando la puerta se abrió con un chirrido, me encontré dentro de la torre del reloj del edificio municipal más alto de Estados Unidos, contemplando desde una plataforma de observación a 152 metros de altura lo que se conoce como “la cuna de América”.

    Desde esa atalaya acristalada, pude distinguir la City Tavern, la taberna donde los Padres Fundadores planearon la Revolución estadounidense. Un poco más al oeste, vi el Carpenters’ Hall, el edificio donde las colonias se unieron contra los británicos en el Primer Congreso Continental.

    Cerca de allí estaba el Independence Hall, donde se firmó la Constitución de Estados Unidos en 1787.

    Entrecerrando los ojos, seguí en la distancia una hilera de banderas estadounidenses a lo largo de Market Street, en dirección al río Delaware y a Nueva Jersey.

    —Entonces, ¿todo lo que veo desde aquí formó parte en su día de… Suecia? —pregunté a nuestro guía.

    —Creo que sí —respondió, con cierta duda—. Aunque es la primera vez que alguien me pregunta por eso.

    Vista panorámica de los rascacielos del centro de Filadelfia.

    Alamy
    Filadelfia se considera “la cuna de Estados Unidos”, pero casi nadie sabe que su zona formó parte de Suecia.

    Si preguntas a la mayoría de los estadounidenses, dirán que Estados Unidos tiene su origen en Filadelfia el 4 de julio de 1776, cuando los Padres Fundadores firmaron la Declaración de Independencia.

    No es casualidad que la ciudad sea esta semana el epicentro de las celebraciones del 250º aniversario del país, y que se espere la llegada de hasta 1,5 millones de personas para lo que será el mayor festival del 4 de Julio.

    Pero lo más probable es que casi ninguno de los asistentes sepa que el origen político e ideológico de Estados Unidos formó parte en su día de una pequeña y poco conocida colonia sueca llamada Nya Sverige (Nueva Suecia). De hecho, muy pocos estadounidenses —y también muy pocos suecos— tienen idea de que existió una colonia sueca en América.

    Entre 1638 y 1655, este asentamiento olvidado se extendió por el valle del Delaware e incluía zonas de los actuales estados de Nueva Jersey, Pensilvania, Delaware y Maryland.

    Además de ser la colonia europea más pequeña, menos poblada y de vida más corta en territorio estadounidense, también fue una de las más discretas.

    “Comenzó casi como una colonia secreta”, explica Deborah-Jean Hoffman, miembro del consejo del Centro Nueva Suecia, una institución dedicada a difundir la historia colonial del valle del Delaware.

    “Los suecos no clavaban banderas como los franceses o los españoles. La idea era crear una colonia que pasara desapercibida y que los neerlandeses no detectaran”, agrega.

    Cabaña de troncos de origen sueco, conocida como Lower Swedish Cabin, una de las construcciones más antiguas de su tipo en Estados Unidos, junto a un cartel histórico en un entorno boscoso.

    Eliot Stein
    Los colonos suecos introdujeron la cabaña de troncos en Estados Unidos, que con el tiempo se convertiría en un símbolo duradero del espíritu pionero del país.

    A pesar de haber durado solo 17 años, Nueva Suecia desempeñó un papel clave en la formación de la cultura que tendría el país.

    Los colonos suecos introdujeron uno de los elementos más emblemáticos de la frontera estadounidense: la cabaña de troncos. También llevaron el cristianismo luterano al Nuevo Mundo, protagonizaron uno de los primeros levantamientos civiles en las colonias y dejaron su huella en dos futuras ciudades de Estados Unidos.

    Y, como estaba descubriendo, aún quedan rastros de este antiguo asentamiento sueco repartidos por el valle del Delaware… si se sabe dónde buscar.

    Una colonia encubierta construida sobre la venganza

    Hacia 1637, las potencias europeas ya se habían repartido gran parte de la costa atlántica de lo que hoy es Estados Unidos cuando Peter Minuit, antiguo gobernador de Nueva Holanda y descontento con su situación, se dirigió a la Corona sueca.

    Minuit había adquirido en su día la isla de Manhattan para los neerlandeses y había pasado años explorando la región del Atlántico medio en busca de un lugar donde establecer la colonia. Pero, tras su abrupto cese en 1632, buscó vengarse de sus antiguos empleadores.

    “Para desquitarse de los neerlandeses, Minuit fue a Suecia y básicamente les dijo: soo la única gran potencia europea sin colonia y están perdiendo el comercio de pieles de castor y de tabaco. Yo sé dónde pueden empezar una”, explica Hoffman.

    Réplica de un barco a vela histórico, el Kalmar Nyckel, con velas desplegadas en mar abierto y banderas de Suecia ondeando en lo alto de sus mástiles.

    Jon Caspar
    El *Kalmar Nyckel*, conocido a veces como el “Mayflower sueco”, llevó a los primeros colonos suecos y finlandeses a Nueva Suecia.

    Con mapa en mano, Minuit mostró a las autoridades suecas que entre la reclamación inglesa sobre Virginia y Nueva Holanda existía una vasta zona sin ocupar por los europeos.

    Sabía que, aunque los neerlandeses reclamaban todo el río Delaware, en realidad solo habían adquirido una orilla —en su frontera sur— a los indígenas lenape. También sabía que estaban mucho más centrados en defender Nueva Ámsterdam (la actual Manhattan) que el valle del Delaware.

    En diciembre de 1637, Minuit zarpó de Gotemburgo al mando de dos barcos con 25 colonos dispuestos a asentarse y abrirse paso discretamente en el lucrativo monopolio comercial que los neerlandeses mantenían con las naciones indígenas.

    Tras cuatro meses de travesía, echaron el ancla en silencio en un estrecho y sinuoso afluente del río Delaware, en la actual Wilmington, con la esperanza de pasar desapercibidos en esta apartada ubicación.

    Pero había un problema: “Los neerlandeses se enteraron casi de inmediato”, explica el historiador Russell Shorto. “Desde el principio consideraron que los suecos ocupaban su territorio ilegalmente, pero Minuit sabía que no tenían suficientes hombres para expulsarlos, así que los ignoró.”

    Poco después de desembarcar en marzo de 1638, Minuit compró a cinco tribus indígenas un tramo de unos 108 kilómetros de la ribera del Delaware, y los colonos levantaron una fortaleza a la que llamaron Fuerte Cristina, en honor a la reina Cristina de Suecia, de 12 años.

    Fue el primer asentamiento europeo permanente en el valle del Delaware y la primera estructura europea permanente en lo que más tarde sería el primer estado de Estados Unidos.

    Maqueta de Fuerte Cristina, el primer asentamiento permanente europeo en el valle del Delaware, con empalizadas de madera, edificios de troncos y la bandera sueca en el centro del recinto.

    Stilfehler / Creative Commons
    Fuerte Cristina fue el pimer asentamiento europeo permanente en lo que sería el primer estado de Estados Unidos.

    Un motín y una “nación sueca”

    Apenas cinco meses después de fundar Nueva Suecia, Minuit murió ahogado en un huracán en el Caribe mientras buscaba tabaco para hacer rentable la nueva colonia. Sin recursos y con hambre, los 25 colonos que dejó atrás probablemente no habrían sobrevivido al invierno sin la ayuda de sus vecinos indígenas.

    “Los suecos recibieron mucha ayuda de los pueblos originarios. Sabían que, si se llevaban bien, no solo podían comerciar, sino también sobrevivir”, explica Hoffman.

    “A diferencia de los neerlandeses y los ingleses, los suecos entendían y respetaban a las tribus nativas. Cerca del 80% de los colonos eran en realidad ‘finlandeses del bosque’, ya que Finlandia formaba parte de Suecia en ese momento, y tenían un profundo conocimiento de cómo vivir de la tierra”.

    La colonia apenas pasó de ser un asentamiento pequeño y remoto hasta 1643, cuando se nombró gobernador a Johan Printz, un hombre de gran corpulencia que medía alrededor de 2,13 metros y pesaba más de 180 kilos. Apodado “Gran Barriga” por los lenape, Printz tenía una presencia imponente y se propuso consolidar la presencia sueca en América.

    Durante la década siguiente, Printz construyó dos nuevas fortificaciones a lo largo del río Delaware (Fuerte Elfsborg y Fuerte Nuevo Gotemburgo); amplió la colonia desde el actual condado de Cecil, en Maryland, hasta Trenton, en Nueva Jersey; y estableció una nueva capital al sur de Filadelfia, en la isla de Tinicum, todo ello mientras ordenaba mantener relaciones pacíficas con las tribus indígenas.

    Ilustración colorida que representa la colonia de Nueva Suecia: colonos europeos e indígenas interactúan frente a una cabaña de troncos y cultivos, con un fuerte y barcos suecos al fondo en la ribera del río Delaware.

    Eliot Stein
    Al contrario que otros colonos europeos, los suecos mantuvieron relaciones relativamente pacíficas con los nativos norteamericanos.

    A pesar de su expansión territorial, Nueva Suecia nunca se convirtió en el negocio rentable que se había planteado por dos razones principales: estuvo crónicamente despoblada y desatendida.

    La colonia nunca superó los 400 habitantes y entre 1648 y 1654 la Corona sueca no envió ni un solo barco de suministros. El interés por emigrar era tan bajo que el Imperio sueco recurrió a enviar pequeños delincuentes y desertores militares como forma de castigo.

    Con la colonia prácticamente abandonada por el gobierno sueco, Printz gobernó con mano dura para evitar que sus escasos colonos desertaran. En 1653, cuando una cuarta parte de la población masculina firmó una petición acusándolo de abusar de su poder, él lo calificó de “motín”, aunque finalmente dimitió, lo que marcó una de las primeras protestas políticas exitosas en la historia colonial de Estados Unidos.

    En 1655, el temperamental gobernador de Nueva Holanda, Peter Stuyvesant, perdió la paciencia con los colonos suecos y envió por el Delaware siete barcos armados.

    Superados en número, los suecos se rindieron sin disparar un solo tiro, lo que puso fin a la soberanía sueca en América. Nueva Suecia fue absorbida poco después por Nueva Holanda, aunque Stuyvesant permitió que siguiera existiendo como una “nación sueca”, en la que los colonos podían elegir su propio gobierno, formar su propia milicia y conservar sus tierras.

    Cuando William Penn llegó a Filadelfia en 1682, tras fundar la colonia inglesa de Pensilvania que lleva su nombre, encontró a granjeros suecos y finlandeses conviviendo con los lenape.

    “Por eso, en la cima del Ayuntamiento de Filadelfia, justo debajo de la estatua de William Penn, hay cuatro figuras: dos son lenape y dos son suecas”, explica Hoffman. “¿Las has visto?”.

    Yo no las había visto. De hecho, a pesar de haber crecido cerca del antiguo territorio de Nueva Suecia, nunca había visto ni escuchado nada sobre ella. Así que decidí emprender un viaje por carretera para descubrirla por mí mismo.

    Monolito de granito con una escultura del barco Kalmar Nyckel en lo alto en el parque de Fuerte Cristina.

    Alamy
    Un monumento de granito en el parque de Fuerte Cristina, donde los suecos establecieron su primer asentamiento, recuerda al buque Kalmar Nyckel.

    Nueva Suecia hoy

    “Las primeras tres cabañas de troncos construidas en América se levantaron aquí mismo”, afirma Herb Conner, principal intérprete del parque Fuerte Cristina, en Wilmington (Delaware), donde antaño se alzó la primera fortaleza sueca.

    Mientras caminábamos por un sendero arbolado hacia el lugar original de desembarco de los colonos, conocido como Las Rocas, Conner explicó que ni siquiera cuando era niño en Wilmington le hablaron en la escuela sobre el pasado sueco de la región.

    Más tarde descubrió que Nueva Suecia fue la única colonia europea en América que nunca entró en guerra con los pueblos indígenas.

    “Una de las lecciones más importantes que nos dejó es la importancia de convivir en paz con los vecinos”, señaló. “Hoy podríamos aprender mucho de ellos.”

    A poca distancia del parque, una réplica de 43 metros de altura de un barco del siglo XVII, el Kalmar Nyckel, se balancea sobre el río y ofrece recorridos guiados.

    Este navío mercante de tres mástiles a veces recibe el nombre de “el Mayflower sueco”, en referencia al barco en el que llegaron a lo que hoy es Estados Unidos colonos puritanos ingleses en 1620, pero mientras navegábamos por el renovado barrio ribereño de Wilmington, la capitana Lauren Morgens explicó por qué ese apodo no resulta del todo apropiado.

    Réplica del histórico barco Kalmar Nyckel, atracada en Wilmington y utilizada hoy para ofrecer rutas de navegación por el río y la región del Atlántico.

    Getty Images
    Réplica del histórico barco Kalmar Nyckel, atracada en Wilmington y utilizada hoy para ofrecer rutas de navegación por el río y la región del Atlántico.

    “El Mayflower apenas logró cruzar el Atlántico una vez”, explicó. “El Kalmar Nyckel realizó cuatro travesías de ida y vuelta con colonos suecos y finlandeses”. Durante el recorrido de 90 minutos, los visitantes pueden colaborar en izar las velas, asomarse al camarote del capitán y observar los reducidos espacios donde dormían los colonos.

    También reciben una introducción a la historia de Nueva Suecia.

    De regreso en tierra, recorrí tres plantas dedicadas a esa historia en el cercano Copeland Maritime Center and Museum.

    Dentro de una cabaña de troncos reconstruida, descubrí que fueron en realidad los “finlandeses del bosque” quienes introdujeron este tipo de vivienda tan característico, que después adoptaron muchas familias pioneras, incluido el futuro presidente Abraham Lincoln.

    Tras un breve trayecto por Swedes Landing Road, llegué a la iglesia conocida como Old Swedes’ Church. Construida en 1698, tiene el mérito de ser a la vez la primera iglesia luterana del Nuevo Mundo y la más antigua de Estados Unidos que sigue en uso en su forma original.

    Mientras caminábamos por un cementerio hacia el edificio de ladrillo colonial, la directora de comunicación, Betsy Christopher, me indicó el terreno que teníamos bajo los pies.

    “Este cementerio data de 1638 y aquí descansan muchos de los colonos suecos y finlandeses originales de Fuerte Cristina”, explicó. Christopher añadió que, casi 400 años después, muchos de sus descendientes siguen llenando los bancos cada diciembre para la celebración navideña de Santa Lucia, cuando el templo se ilumina con velas.

    Fachada de la iglesia de Old Suedes en un día soleado.

    Eliot Stein
    La iglesia de Old Swedes es la m’as antigua de EE.UU. y sigue acogiendo culto.

    Apenas 48 kilómetros separan Wilmington de Filadelfia. Mientras avanzaba hacia el norte por la autopista I‑95, vi señales que indicaban el parque Governor Printz, en el municipio de Tinicum, donde en su día se alzaron Fuerte Nuevo Gotemburgo y la última capital de Nueva Suecia.

    Hoy, una granja sueca reconstruida, los cimientos de la residencia de Printz y una estatua a tamaño real del propio “Big Belly” se reparten a lo largo de la ribera de siete acres. Pero, siguiendo el consejo de Hoffman, tenía una cita en lo alto del Ayuntamiento que no podía perderme, así que seguí mi camino.

    Al igual que los restos de Nueva Suecia, las dos figuras de bronce de colonos suecos que se alzan sobre Filadelfia pasan fácilmente desapercibidas si no se sabe dónde buscar. Pero allí están, en el lado sur de la torre, mirando hacia el río que los trajo hasta allí y vigilando la ciudad que creció a partir de sus granjas.

    “¿Sabías que fue un descendiente de Nueva Suecia quien emitió aquí en Pensilvania el voto decisivo a favor de la Declaración de Independencia y de la separación de Gran Bretaña?”, explicó Tracey Beck, directora ejecutiva, mientras me guiaba al día siguiente por el Museo de Historia Sueco-Americana de Filadelfia.

    La amplia mansión, con doce galerías, situada en el FDR Park del sur de Filadelfia, recorre casi 400 años de influencia sueca y finlandesa en Estados Unidos, comenzando con los primeros colonos de la zona.

    Y aunque su objetivo es dar a conocer a los estadounidenses esta colonia poco conocida, a menudo resulta igual de reveladora para los propios suecos.

    Un grupo de personas hacen un corro sujetos de la mano en un parque bajo un cielo soleado.

    Eliot Stein
    Suecos y descendientes de Nueva Suecia celebran cada año el Midsommarfest en Filadelfia, una festividad tradicional que mantiene viva su herencia cultural.

    “Esta es una parte perdida de nuestra historia”, dijo Allan Elfström, un inmigrante sueco en la zona, mientras observaba una cronología de Nueva Suecia. “Cuando hablo de todo esto con muchos de mis colegas suecos, se quedan desconcertados”.

    Tras recorrer las salas del museo, me uní a unas 300 personas que con coronas de flores, vestidos vaporosos y trajes tradicionales “folkdräkt” asistían al festival anual Midsommarfest en el exterior. Mientras corría la cerveza Carlsberg y probaba pasteles de sándwich smörgåstårta” y sorbete de arándano rojo, acabé siguiendo a un violinista hasta un gran mátil adornado con banderas suecas.

    “Esto es como nuestro 4 de Julio”, dijo la persona a mi lado, al tomarme de la mano. Mientras girábamos en círculo, cantando canciones suecas bajo una cruz nórdica, alcé la vista hacia el perfil de Filadelfia a lo lejos y recordé algo que Beck me había dicho antes.

    “Resulta fascinante preguntarse qué habría pasado. Existió otra colonia europea de la que nunca nos hablaron y que una vez estuvo aquí. ¿Cómo sería este país hoy si hubiera sobrevivido?”.

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    BBC

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  • Por qué un destello de la ropa interior rosa de la tenista latinoamericana Maria Bueno escandalizó a Wimbledon en 1966

    Por qué un destello de la ropa interior rosa de la tenista latinoamericana Maria Bueno escandalizó a Wimbledon en 1966

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    Fotografía en blanco y negro, pero con tinte rosa añadido, de la tenista en plena acción, vista de frente, agachada, con un brazo estirado hacia la izquierda y el otro hacia abajo, agarrando la raqueta. Su vestido es blanco, sin mangas, cubre la mitad de los muslos, y calza tenis. En la parte superior derecha se ve la pelota, y en el fondo, espectadores.

    Getty Images
    Maria Bueno es la tenista latinoamericana más laureada de la historia del tenis mundial. Ningún otro jugador o jugadora se acerca a su legendario palmarés de 19 títulos de Grand Slam.

    Era un día de verano de 1962. La tenista brasileña Maria Bueno, apodada la “bailarina de tenis”, regresó a Wimbledon tras una ausencia por lesión. Al volver a la pista central, lucía un vestido blanco que parecía estar en consonancia con la preferencia del All England Club por la vestimenta completamente blanca. Hasta que sacó.

    Entonces se reveló la verdad: su vestido estaba forrado de rosa, y su calzón eran del mismo color.

    Como Sunita Kumar Nair, autora del nuevo libro Ace: The Times & Style of Tennis, le comenta a la BBC: “Causó un gran revuelo”.

    Años después, Bueno, que para entonces ya había ganado dos títulos individuales femeninos de Wimbledon -y ganaría uno más-, recordó que “se oyó un murmullo de asombro en un extremo de la pista. La gente del otro extremo no supo por qué, hasta que cambié de lado y saqué desde allí”.

    “Más tarde”, dijo, “usé una prenda que se parecía a los colores del club [verde y morado], lo que indignó al comité del club, y entonces impusieron la norma de vestir completamente de blanco”.

    La exigencia de que los miembros vistieran de blanco se remontaba a la fundación del All England Lawn Tennis and Croquet Club (AELTC) en 1877, pero era principalmente una cuestión de costumbre.

    Se dice que el atuendo de Bueno, obra del diseñador Ted Tinling, fue el que impulsó la nueva y estricta normativa.

    Pero, ¿a quién escandalizó exactamente un destello de ropa interior rosa?

    “De mal gusto e impropio”

    “Como organización conservadora, el AELTC habría considerado los volantes de su vestido… de mal gusto e impropios de una dama, señala el historiador de tenis Rob Lake.

    “No estaban muy de acuerdo con los cambios sociales que se estaban produciendo fuera del club en la década de 1960”, explica en conversación con la BBC.

    En ese momento -y hasta la década de 1980-, añade, todos los miembros del comité eran hombres.

    Representaban “el orden establecido, con afiliaciones políticas y conexiones en otras instituciones de élite. Desde luego, no estaban dispuestos a promover avances sociales que pudieran desacreditarlos”.

    Fotografía en blanco y negro de cinco chicas conversando en círculo, todas con vestidos de tenis, mayoritariamente blancos y cortos, con volantes y encajes, mangas cortas. Todas calzan tenis y medias dobladas, sus piernas se ven casi completas. Se ven algunas raquetas. Están en una cancha de pasto y en el fondo se ve vegetación.

    Alamy

    Según Lake, “el AELTC parecía tener una visión más estricta sobre cómo debían presentarse las mujeres que los hombres, o al menos parece que las mujeres eran reprendidas con mayor frecuencia por su apariencia”.

    En 1967, la polémica resurgió con los vestidos cortos de la tenista italiana Lea Pericoli, también fruto de una colaboración con Tinling, que había empezado más de una década antes y escandalizado desde entonces.

    “Llegué con una bombacha de lamé y tul y fue un infierno: paparazzi y público enloquecido alrededor de la pista. En aquel circo perdí la concentración y el partido. Me fui llorando”, diría Pericoli, recordando su primera aparición en Wimbledon años después en entrevista con el diario italiano Quotidiano Nazionale.

    “Cada vez que el viento levantaba la falda y dejaba ver la ‘invención pecaminosa’ de Tinling, se oía un rumor en las gradas”, agregó.

    El diseñador era conocido como “el mago de Wimbledon”, y su papel en el estilo vestimenta en el tenis femenino fue fundamental.

    Su presencia fue omnipresente en este deporte durante gran parte del siglo XX; como menciona Kumar Nair, “entre 1940 y 1980, el 75% de las mujeres que compitieron en Wimbledon lucieron sus vestidos”.

    Fue “el primer diseñador de alta costura dedicado exclusivamente al deporte”, escribe.

    Fotografías en blanco y negro de la tenista de espaldas, en plena acción, raqueta en mano. Lleva vestidos blancos cortos, sin mangas, las faldas adornadas y parcialmente levantadas, dejando ver calzónes cubiertos de encaje.

    Getty / Alamy
    Lea Pericoli se hizo famosa por sus atuendos desde que debutó en 1955 (izq): “Venían en procesión a ver mis prendas de encaje”, recordaría después. En 1967 (der) seguía escandalizando.

    El blanco tenía sentido como color predilecto de Wimbledon.

    A finales del siglo XIX, cuando se estableció la convención, el blanco estaba cargado de connotaciones de estatus social.

    “Solo los ricos podían permitirse vestirlo, poseerlo y mantenerlo. El resto no tenía ni los medios ni el personal para tener y conservar ropa deportiva propia”, cuenta Kumar Nair.

    Para el historiador de tenis Christopher Bowers, el creciente dogmatismo de Wimbledon respecto al blanco se originó “al principio, simplemente era el color del tenis. Luego, (el club) se aferró a su regla del blanco como una forma de imponer su sentido de la tradición al deporte”.

    ‘ Vulgaridad y pecado ‘

    Bueno no fue la primera jugadora en infringir el código de vestimenta en Wimbledon con su pincelada rosa, ni la primera vez que se hacía luciendo un diseño de Tinling.

    Más de una década antes, en 1949, la actriz californiana Gussie Moran, o “Gorgeous Gussie” (algo así como “La espléndida Gussie”), como la apodaban los periódicos sensacionalistas, ya había causado revuelo en una creación anterior de Tinling.

    El calzón con encaje de Gussie Moran provocaron la indignación de los directivos, quienes la condenaron por llamar la atención sobre su “zona sexual”.

    Si bien en aquel momento la prenda no infringía ninguna norma de color, sí parecía ir en contra de las normas de buen gusto. El comité incluso la acusó de introducir “vulgaridad y pecado en el tenis”.

    Portada de la revista Sports Illustrated con Gussie en posición de juego, con el pelo atado con una cinta roja, vestido blanco con cinta roja en la cintura, y la falda en movimiento, dejando ver un poco del encaje de sus bragas.

    Alamy
    Los atuendos “atrevidos” convirtieron a Gussie en una sensación que, según los diarios, “le dio al tenis un reconocimiento mayor que el de todos los grandes campeones de la inmediata posguerra”.

    Pero podría decirse que no fue precisamente Moran quien se comportó de forma inapropiada.

    Como el diseñador Tinling comentó más tarde: “Lo excitante era que solo se veía [el calzón] una vez cada tres minutos… Por primera vez en la historia, había fotógrafos tumbados boca arriba. Todo el mundo se volvió loco”.

    Desde la perspectiva de 2026, resulta difícil comprender la magnitud del asunto. Pero Moran, como señaló en su momento el diario Times, “era menos conocida por su talento en la cancha que por el escándalo que causó en el puritano mundo de Wimbledon en 1949”.

    Y Tinling, quien había ejercido como enlace con los jugadores desde 1927, fue posteriormente expulsado como miembro del club y no fue invitado de nuevo durante más de 30 años.

    Antes y ahora

    Incluso antes de Moran, las jugadoras ya habían provocado reacciones con su vestimenta en las pistas de hierba de Wimbledon.

    Al parecer, se levantaron cejas cuando, en 1919, la jugadora francesa Suzanne Lenglen, conocida como La Divine (la diosa), dejó de lado los corsés, las enaguas, las faldas largas y los sombreros de ala ancha, y optó por un elegante vestido de manga corta hasta la pantorrilla de Jean Patou.

    Luego, la tenista española Lili de Álvarez, en 1931, se atrevió a usar unos pantalones culotte diseñados por Elsa Schiaparelli. Debido a su amplitud, fue solo cuando realizó uno de sus característicos saltos que los espectadores se dieron cuenta de que no era una falda.

    Muchos comentaristas vinculan las elecciones de la vestimenta de Álvarez con su compromiso de toda la vida con la promoción de la igualdad para las mujeres.

    Con una diadema de tela blanca en la cabeza, y atuendo también blanco, de mangas cortas, culote cubriendo las rodillas y una falda más corta encima, la tenista está en movimiento, con una mano agarrando una bola y la otra la raqueta, brazos estirados y musculozos, medias oscuras y zapatillas.

    Getty Images
    También en 1931, Álvarez usó estos culotte, causando tal revuelo que el diario Daily Mail de la época sugirió que “deberían darle una buena paliza”.

    Cuando en 2014 se formalizó en Wimbledon una estricta norma que exigía que la vestimenta fuera “casi completamente blanca” (sujetadores, calzones, tirantes, encajes, suelas y demás accesorios), Serena Williams no tardó en incumplirla con unas bragas moradas y rosas.

    Pero Roger Federer también lo hizo, con unas zapatillas Nike con suela naranja que, al parecer, le pidieron que se cambiara.

    En los últimos 20 años, afirma Bowers, “el código de vestimenta de Wimbledon se ha vuelto increíblemente estricto”.

    “La motivación ahora es la imagen de marca. Wimbledon se presenta como ‘tenis en un jardín inglés’, y la ropa blanca combina a la perfección con el césped a rayas, las fresas con crema, etc. Todo forma parte de la marca, y se espera que los jugadores se adapten a ella”, opina.

    Para Nair, las razones por las que Wimbledon se empeña en conservar sus tradiciones tienen que ver con la sensación de ser un bastión de la tradición.

    “Creo que hay un idealismo casi de cuento de hadas asociado a Wimbledon”, afirma, “y están muy interesados ​​en mantener esa imagen que han conservado durante mucho tiempo”.

    Tiene una atmósfera especial que ella describe en el libro.

    “Un ligero silencio de biblioteca en el aire, el suave estallido de las botellas de champán de picnic al descorcharse en las pistas, el aroma fresco del césped verde recién cortado y el brillo de los competidores vestidos de blanco impoluto: este es el All England Lawn Tennis and Croquet Club, señoras y señores, como fue, es y siempre será”.

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  • Los venezolanos advirtieron que las viviendas públicas eran vulnerables a sismos

    Los venezolanos advirtieron que las viviendas públicas eran vulnerables a sismos

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    Las altas torres que se elevaban entre las montañas y el mar eran una declaración deliberada, construidas por el presidente socialista de Venezuela, Hugo Chávez, como una promesa de dar vivienda digna a los pobres.

    Pero ahora, mientras los habitantes rebuscan entre los escombros de los edificios luego de un doblete de terremotos, muchos han dirigido su enojo hacia el gobierno, y lo han acusado de construir apartamentos de mala calidad para obtener beneficios políticos.

    Cuando los terremotos azotaron la costa norte de Venezuela el mes pasado, las viviendas públicas en el estado de La Guaira, puerta de entrada a Caracas, la capital, se convirtieron en algunas de las concentraciones más densas de muertes.

    Algunos de los gigantescos edificios, donde vivían miles de personas, se derrumbaron, y dejaron valles de polvo y destrucción. Las casas adosadas de un extenso desarrollo habitacional que lleva el nombre de Chávez se desmoronaron como casas de juguete. Algunas se incendiaron.

    La devastación ha suscitado dudas sobre el papel del gobierno en la pérdida de tantas vidas en estructuras sobre las que los expertos en construcción habían advertido durante años que no podrían resistir un terremoto de gran magnitud.

    Los expertos en construcción que conocen La Guaira han reavivado preocupaciones de larga data sobre el terreno en el que se construyeron los complejos, la calidad de sus materiales y la integridad de su diseño. Los planos de los edificios se iniciaron en 2011, justo antes de unas elecciones, y la construcción se llevó a cabo apresuradamente ocultando en gran medida al público los detalles del diseño y la información sobre los análisis del suelo.

    En 2017, Enzo Betancourt, entonces presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela, calificó la integridad estructural de las unidades construidas por el gobierno como “un secreto de Estado”.

    Sheyla Urdaneta colaboró con la reportería. Piloto de dron: Andrés Conde.

    Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, radicada en Bogotá, Colombia, cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.

    Sheyla Urdaneta colaboró con la reportería. Piloto de dron: Andrés Conde.

  • Rosalía, la camaleónica: de bailarina clásica a chica de discoteca

    Rosalía, la camaleónica: de bailarina clásica a chica de discoteca

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    Cuando las zapatillas de punta aparecen en la cultura popular, a los bailarines les suele dar vergüenza ajena.

    Las zapatillas de punta, el calzado emblemático del ballet, suelen cautivar a los editores de revistas de moda, a los ejecutivos de publicidad y a los músicos de pop. Quienes no están familiarizados con la danza suelen estar deseosos de usarlas como símbolo de un cierto tipo de feminidad delicada.

    Pero una zapatilla de puntas no es (solamente) un símbolo; es una herramienta artística. Bailar correctamente en puntas requiere años de entrenamiento intensivo. Es prácticamente imposible fingirlo. Para los bailarines, ver un trabajo en puntas deficiente puede resultar doloroso: no solo es una afrenta estética, sino un insulto al rigor de su oficio.

    Así que cuando la cantante Rosalía abrió en junio un concierto de su Lux Tour en el Madison Square Garden vestida de bailarina de ballet –de pie, recatada, sobre una plataforma, con un enorme tutú al estilo de Degas y, sí, zapatillas de punta–, contuve la respiración.

    Pero luego, en cuanto empezó a moverse, exhalé con alivio.

    Nadie confundiría a Rosalía con una bailarina de ballet profesional. Sin embargo, en el espectáculo de la Lux Tour, se acerca al ballet con lo que parece un interés y un respeto genuinos. (La gira estará en California hasta el 6 de julio).

    Mientras cantaba la conmovedora “Porcelana” en el Garden, ejecutó un impecable arabesque sobre puntas en pareja, con el pie de apoyo impresionantemente arqueado. Momentos después, mientras se desplazaba en pas de bourrée hacia el fondo del escenario, dando pasitos minúsculos en puntas, sus brazos recordaban de forma convincente a los de un cisne: fluidos, pero con una gran articulación en las muñecas y los dedos. El ballet no es una pose; es un lenguaje, y está claro que Rosalía lo ha estado estudiando.

    Una mezcla similar de curiosidad y devoción impulsa su álbum Lux. Rosalía, que se inició en el flamenco, ha construido una carrera en la música pop en torno a yuxtaposiciones estilísticas inesperadas. En Lux, incorpora elementos de ópera y canta en 13 idiomas. En la Lux Tour, presenta el ballet clásico como un equivalente físico de la ópera clásica. Su baile es balletístico de la misma forma que su música es operística: puede que la técnica no sea perfecta, pero la intención es buena.

    Quizá por eso Misty Copeland publicó el emoji de “mente explotando” tras asistir al concierto en el Madison Square Garden, o por eso la estrella del New York City Ballet, Tiler Peck, ha comentado con aprobación las fotos de Instagram de Rosalía en las que aparece en posiciones de ballet. Cuando la gira hizo parada en Houston el 23 de junio, Rosalía invitó al primer bailarín del Houston Ballet, Harper Watters, a subir al escenario para una aparición especial. “Eres una bailarina de ballet preciosa”, dijo Watters. “Muchas gracias por mostrar nuestro arte de una forma tan bonita y por cuidarlo tanto”.

    El trío coreográfico (La)Horde, que ayudó a crear la coreografía de la Lux Tour, dijo que las secuencias de ballet del espectáculo fueron idea de Rosalía. (Hablé con Marine Brutti, pero el colectivo –que también incluye a Jonathan Debrouwer y Arthur Harel– habla al unísono). Aunque los miembros de (La)Horde son los directores del Ballet Nacional de Marsella, “no sé si alguna vez le habríamos aconsejado que fuera por ese camino”, dijeron. “Ella tenía la visión de empezar el espectáculo como bailarina de ballet, y confiamos en ella. Fuimos como los ayudantes de un mago”.

    Parte de la magia de la gira reside en cómo se mezclan con naturalidad el ballet y otros estilos de danza. El equipo de coreografía está liderado por (La)Horde y CharmLa’Donna, la mente creativa detrás de las actuaciones de Bad Bunny y Kendrick Lamar en el Super Bowl. Dimitris Papaioannou, el coreógrafo griego conocido por sus intrigantes ilusiones ópticas, y el famoso bailaor de flamenco José Maya también aportaron su granito de arena.

    “Ella quería ofrecer una experiencia que fuera una mezcla de museo, iglesia, discoteca y teatro de danza”, dijo (La)Horde sobre Rosalía. “Todos nos dejamos llevar por la fluidez de su pensamiento”.

    La Lux Tour se presenta, con gran pompa teatral, en cuatro actos. Tras el clasicismo celestial de la apertura, la segunda sección empieza con un descenso a la majestuosidad más oscura del primer sencillo del álbum, “Berghain”, que lleva el nombre de la famosa discoteca de Berlín. Rosalía vuelve al escenario tras haber cambiado sus zapatillas de punta por unas botas negras, con dos plumas en forma de cuerno que se rizan sobre su cabeza.

    Aquí es donde se nota más claramente la huella de (La)Horde. Fiel a su nombre, al colectivo le encanta recurrir a una multitud desenfrenada. En la coreografía de “Berghain” –que en parte se inspira en la actuación viral de Rosalía en los Brit Awards a principios de este año–, una masa primigenia de cuerpos de bailarines envuelve a la cantante vibrando al ritmo de cada uno de sus gestos. Las cuerdas orquestales impulsan “Berghain”, pero la gira añade un remix electrónico alucinante al final de la canción. Al terminar, la bailarina, que antes parecía una joya, se ha convertido en toda una chica de club, y se retuerce extasiada bajo las luces estroboscópicas.

    A pesar de su iconografía del cielo y el infierno, el espectáculo no es todo altibajos épicos. También incluye fragmentos del álbum de Rosalía de 2022, Motomami, una colección de canciones insolentes e irreverentes que adoptan un enfoque más lúdico a la hora de mezclar estilos. Mientras interpretaba el popular tema de reguetón “Saoko”, Rosalía se metió con naturalidad en el papel de diva del pop, y su columna vertebral fluía mientras ella movía el torso. La canción incluye un improbable interludio de jazz; y, de forma igual de improbable, ella se pone a hacer twerking al ritmo de la música, mientras una cámara se acerca para hacer un primer plano de sus pantalones cortos color rosa chillón.

    Esa descarada alegría se extiende también al territorio de Lux. La aportación de Papaioannou al espectáculo es el número “La perla”, que convierte el vals de Lux –una despedida desenfadada a un ex– en un encantador espectáculo de ilusiones ópticas. Sobre un fondo negro, las manos enguantadas de blanco de los bailarines se convierten en la falda de Rosalía, luego en un halo, luego en un velo, evocando en un momento a la Venus de Milo y al siguiente a Rita Hayworth. Como era de esperar, el número ha arrasado en TikTok.

    Rosalía, que es de España, empezó su carrera estudiando tanto baile flamenco como música flamenca, una formación que se nota claramente a lo largo de todo el espectáculo de la Lux Tour. (Quizá eso explique esos impresionantes brazos de cisne, primos lejanos de los expresivos movimientos de la parte superior del cuerpo del flamenco). En la canción de flamenco-pop “De madruga”, su juego de pies percusivo y sus giros de muñeca tan delicados provocaron gritos de “¡Olé!” entre el público. “La rumba del perdón”, el tema de Lux que más se acerca al flamenco clásico, no es un número de baile en este espectáculo, pero en cuanto empezaron las palmas rítmicas, Rosalía no pudo evitar chasquear los dedos y zapatear al ritmo.

    Esa formación en flamenco también le da seguridad con su cuerpo, una base sobre la que construir cuando prueba otros estilos de danza. En ese esfuerzo cuenta con el apoyo del elenco del espectáculo, formado por bailarines de gran prestigio e increíblemente versátiles. Mientras baila en puntas, Rosalía tiene como compañeros a antiguos miembros del Ballet Nacional de Marsella y del Nederlands Dans Theater. Y cuando se contonea y se mueve de forma sensual, lo hace junto a veteranos de giras por estadios de gran repercusión y videos musicales. (A veces son las mismas personas).

    “No parece un grupo de bailarines de apoyo”, dijo (La)Horde. “Parece una compañía de danza en toda regla”.

    El acto final de la gira Lux vuelve a los cielos y al ballet, aunque menos a través de su coreografía y más a través de un collage de referencias visuales. Rosalía y los bailarines aparecen con alas blancas de plumas que los sitúan a medio camino entre los cisnecitos de El lago de los cisnes y los ángeles de Victoria’s Secret. Al final de la canción “Focu ‘Ranni”, la cantante subió por una escalera al fondo del escenario y cayó hacia atrás, con los brazos extendidos a modo de alas, sumiéndose en el olvido de la Reina de los Cisnes. Te la podías imaginar citando al personaje de Natalie Portman en El cisne negro al aterrizar: “Ha sido perfecto”.

    En el mundo del ballet, una referencia a El cisne negro también puede dar un poco de pena ajena. Pero aquí –con una Rosalía descalza y agotada, y sus alas ligeramente desaliñadas por el esfuerzo– el momento se interpretó como un homenaje al esfuerzo.

    A algunos artistas les atrae la imposibilidad inherente al ballet. El esfuerzo de perseguir los ideales inalcanzables de esta forma artística se convierte en su propia recompensa. Rosalía, la diligente estudiante de una decena y pico de idiomas y casi otros tantos estilos de baile, parece sentirse igualmente atraída por las tareas imposibles. La Lux Tour, con toda su ambición coreográfica, es una celebración de ese tipo de dificultad: del virtuosismo que no nace, sino que se gana a base de sudor.

  • “Llegaron a confundirme con una prostituta brasileña”: Rafaela Pimenta, la “superagente” del fútbol que representa a estrellas como Haaland

    “Llegaron a confundirme con una prostituta brasileña”: Rafaela Pimenta, la “superagente” del fútbol que representa a estrellas como Haaland

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    Rafaela Pimenta nunca ha marcado un gol ni ha dirigido un equipo desde el banquillo. Sin embargo, a sus 53 años, es la única representante del mundo del fútbol en la lista “50 Over 50” (50 mayores de 50 años) de la revista Forbes para 2026.

    Cada año, Forbes publica esta lista mundial de 50 mujeres que han alcanzado posiciones de relevancia e influencia, convirtiéndose en líderes en sus respectivos campos.

    En la edición de este año, la brasileña comparte protagonismo con figuras como la actriz Penélope Cruz y la reverenda Sarah Mullally, la primera mujer en ocupar el cargo de arzobispo de Canterbury.

    Pimenta dirige Tatica, una agencia de representación de deportistas de élite con sede en Mónaco, lugar donde reside actualmente.

    Su impresionante cartera de clientes incluye a la superestrella noruega Erling Haaland, quien se enfrentará a Brasil este domingo en el partido de octavos de final de la Copa del Mundo.

    Como la primera mujer en convertirse en “superagente” de fútbol, la brasileña ejerce una enorme influencia entre bastidores en un deporte históricamente dominado por hombres.

    A lo largo de su carrera, ha liderado algunas de las operaciones más importantes del fútbol mundial.

    En 2022, recibió el premio al Mejor Fichaje del Año en los Globe Soccer Awards tras gestionar el traspaso de Haaland al Manchester City.

    En 2026, Pimenta también lideró la renovación del contrato de dicho jugador noruego con el club inglés hasta 2034.

    Además de él, representa al prodigio mexicano Gilberto Mora —quien debutó en el Mundial de este año—, entre otras figuras destacadas del fútbol.

    A pesar de ello, la brasileña insiste en que no hay lugar para la autocomplacencia.

    “Siempre digo: tu valor depende de tu último mercado de fichajes. Si cometemos un error, si hacemos un mal trabajo, se acabó. Así que lo que hicimos hace 10 años, hace uno o hace seis meses ya no importa. Lo interesante de este trabajo es que tienes que demostrar tu valía y ser creativa cada día, porque todo cambia constantemente”.

    Pero antes de convertirse en agente de futbolistas, Pimenta trabajó como profesora universitaria en São Paulo. Su vínculo con el fútbol nació precisamente allí, en el aula.

    En una entrevista con BBC Sport en febrero de este año, relató cómo le costaba captar la atención de sus alumnos y decidió estructurar sus clases en torno a los aspectos contractuales del deporte, temas que le interesaban desde una perspectiva jurídica.

    Le presentaron a un exfutbolista y empezó a hablar sobre las materias que impartía en clase. Tras varias conversaciones, Pimenta terminó participando en negociaciones para personas interesadas en vincularse con clubes de fútbol en Brasil.

    Posteriormente, comenzó a trabajar con agentes que buscaban traer jugadores a Brasil o llevarlos al extranjero.

    “Me atraía mucho el mundo del fútbol y pensé: ‘Vamos a ver si esto funciona’. No estaba segura de que fuera a salir bien, porque los tiempos eran distintos y el negocio de los agentes apenas estaba empezando, así que las cosas podrían haber salido mal fácilmente”.

    La colaboración con Mino Raiola

    Zlatan Ibrahimovic junto a Mino Raiola en el campo de fútbol.

    Getty Images
    El jugador sueco Zlatan Ibrahimovic, junto a su agente Mino Raiola, en el Mundial de 2018.

    Sin embargo, existe una idea errónea muy extendida sobre la trayectoria profesional de Rafaela Pimenta: la creencia de que simplemente ocupó el lugar del agente italiano Mino Raiola tras su prematuro fallecimiento en abril de 2022.

    Aunque trabajó codo a codo con una de las figuras más polémicas del fútbol mundial —conocido sobre todo por gestionar la carrera de Zlatan Ibrahimović—, Pimenta siempre ha trazado su propio camino.

    Se conocieron durante unas negociaciones en Brasil. Raiola quería llevar los negocios de una manera determinada, pero la brasileña —que por aquel entonces ejercía como abogada— le indicó que aquello no era posible, lo que estuvo a punto de provocar un choque de personalidades.

    Tras una reunión, Raiola se marchó, pero más tarde decidió que quería trabajar con Pimenta. Le atrajo que ella no se conformara con aceptar su palabra sin más ni estuviera de acuerdo con todo lo que él decía solo para facilitarle las cosas o entrar en su círculo de confianza. Buscaba a alguien capaz de plantarle cara.

    “Solía decir que yo era la única persona con el valor suficiente para decirle que no. Los demás solo querían su dinero y le seguían la corriente incluso en sus ideas más descabelladas”, recuerda ella.

    “Tuvimos muchas discusiones: nos tirábamos cosas, gritábamos, protagonizábamos disputas tanto dramáticas como cómicas. Pero diría que, en el fondo, nunca tuvimos un desacuerdo real porque, ante todo, Mino siempre respetó el pacto que habíamos hecho: ‘Esto es lo que haces tú, y esto es lo que hago yo’”.

    Tras la muerte de Raiola, Pimenta empezó a trabajar con algunos de los representados del agente italiano, pero ella ya contaba con su propia agencia y tenía entre sus primeros clientes al mexicano Gilberto Mora, quien con 17 años es hoy el jugador más joven de este Mundial.

    “Fue una gran aventura llegar a Europa como inmigrante; como mujer en un sector dominado por hombres, un ámbito que, en aquel entonces, se veía aún peor que hoy en día”.

    Y agrega: “Hay que afrontar la realidad: existen muchos desafíos en torno a los agentes y a prácticas inaceptables. Es un trabajo difícil. Podría haber salido mal. Y podría salir mal cualquier día”.

    Cuando la confundieron con una prostituta

    Sin embargo, no todas sus experiencias profesionales fueron positivas, especialmente en lo que respecta a la desigualdad de género.

    “Cuando empecé a trabajar en este ámbito, había muy pocas mujeres en puestos de toma de decisiones. Estaba Marina Granovskaia en el Chelsea, pero, por lo general, se podían contar con los dedos de una mano”.

    “Veía a muchas mujeres trabajando en clubes, desempeñando funciones importantes y participando en la toma de decisiones, pero sin recibir el reconocimiento que merecían”.

    El mexicano Gilberto Mora en la cancha

    Getty Images
    Pimenta representa al mexicano Gilberto Mora, quien con 17 años es el jugador más joven del Mundial 2026.

    Pimenta comenta que los clubes solían tener una distribución similar: un pasillo largo donde la última puerta conducía siempre al despacho de la persona que realmente tomaba las decisiones.

    “Por lo general, las mujeres se detenían antes de esa última puerta y, detrás de ella, había un hombre”, afirma.

    “Era interesante, porque yo llegaba hasta esa última puerta y hablaba con el director ejecutivo, el director deportivo o quien fuera. Conocí a muchas mujeres que se sentían empoderadas al verme entrar directamente”, añade.

    “Existe la idea de que las mujeres son excesivamente competitivas entre sí. Creo que, si lo gestionamos bien, no tiene por qué ser así. De hecho, muchas mujeres del sector me han ayudado en diversas ocasiones”.

    Sin embargo, la acogida por parte de muchos hombres en puestos de poder no siempre fue cordial. En varias ocasiones, según cuenta, se utilizó el hecho de que fuera mujer para intentar restarle valor o autoridad.

    “Creo que la cuestión de género era mucho más marcada hace años. Ha habido una larga evolución, desde aquella primera reunión en la que un director deportivo me dijo: ‘¿Así que realmente existes? Pensaba que eras una prostituta brasileña’, hasta donde estamos ahora”.

    Pimenta recuerda otro incidente ocurrido hace unos dos años durante unas negociaciones contractuales. A su lado se encontraba un abogado contratado específicamente para ayudar con la redacción jurídica en un idioma extranjero.

    “Entablamos unas negociaciones muy duras con el club en cuestión. Al final, el resultado fue excelente para el cliente. Entonces, uno de los hombres que estaba al otro lado de la mesa se dirigió al abogado —que no había dicho ni una palabra hasta ese momento, ya que esperaba el instante oportuno para tomar notas— y le dijo: ‘La has instruido bien; realmente conoce nuestro fútbol’”, recuerda.

    “Y el hombre lo decía como un cumplido, como una broma amistosa. Hay personas con una idea tan arraigada de que las mujeres son inferiores a los hombres o de que no entienden de fútbol, que incluso cuando intentan ser amables terminan mostrando prejuicios. No acepto eso; ni siquiera cuando se disfraza de amabilidad”.

    Pimenta afirma que su principal motivación hoy en día es facilitar un poco el camino en el mundo del fútbol a las futuras generaciones de mujeres.

    Además de trabajar como agente, imparte cursos para agentes organizados por la UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol) y por la asociación internacional de la profesión.

    Cuando mujeres jóvenes le piden consejos sobre cómo desarrollar una carrera en el fútbol, ella siempre dice: “No acepten abusos. No tienen por qué aceptar ningún abuso. Y no necesitan sexualizarse para triunfar en esta industria. No necesitan ser guapas, sensuales ni aceptar insinuaciones para abrirse camino. Eso no las llevará a ninguna parte. Las conducirá por un camino muy peligroso”.

    “Los clubes tienen demasiado poder”

    Erling Haaland saluda a la gente y sonríe.

    Getty Images
    Haaland, estrella de la selección mundialista de Noruega y del Manchester City, es uno de los jugadores representados por Rafaela Pimenta.

    Rafaela Pimenta construyó su carrera durante una etapa de profunda transformación en el fútbol.

    “Recuerdo un traspaso en el que llegamos al club, cerramos la puerta y no salimos hasta que se cerró el trato. Estuve allí 18 horas”, recuerda.

    “Hoy en día, eso sería imposible. Hay que preparar toda la documentación con una semana de antelación —a veces con un mes o incluso seis meses de margen— porque hay muchísimas cuestiones que resolver: leyes laborales, impuestos, normativas locales”.

    Sin embargo, según ella, la transformación más profunda se produjo fuera del terreno de juego.

    Los jugadores “empezaron a funcionar como verdaderas empresas” y, como resultado, las oportunidades fuera del campo se multiplicaron considerablemente, sobre todo en lo que respecta a las redes sociales.

    Haaland, por ejemplo, tiene un canal de YouTube con 2 millones de suscriptores y cerca de 45 millones de seguidores en Instagram. Y ese estatus conlleva enormes exigencias y expectativas.

    “Antes, se esperaba que el jugador entrenara por la mañana y jugara el fin de semana. El resto del tiempo lo dedicaba a ir de compras con su esposa o a jugar a videojuegos. Básicamente, eso era todo”, afirma.

    “No se veía a banqueros persiguiendo a futbolistas. No se veía a promotores inmobiliarios queriendo vincular sus proyectos a los jugadores. Hoy en día, todo el mundo quiere sacar tajada”.

    No obstante, a juicio de Pimenta, estos cambios no han ido acompañados de un equilibrio en la relación entre clubes y deportistas: los jugadores siguen teniendo poca autonomía sobre sus propias carreras, dice.

    La agente critica, por ejemplo, los contratos de representación que obligan a los deportistas a pagar penalizaciones si deciden cambiar de agente.

    “Si no hago un buen trabajo, no debería esperar que el jugador siga conmigo para el próximo mercado de fichajes. Una cosa que detesto es esa imposición de la cláusula de penalización. Firmas conmigo para que te represente y, si quieres cambiar de agente, tienes que pagarme una multa. ¿Por qué? Si quieres cambiar de agente, adelante, hazlo”.

    Según Pimenta, el mismo principio debería regir el sistema de traspasos. En su opinión, “los clubes tienen demasiado poder”, y los jugadores a menudo se convierten en rehenes de las circunstancias.

    “No estoy en contra del sistema de traspasos. Es necesario para que todo el sistema funcione. No abogo por el caos ni creo que los jugadores deban hacer simplemente lo que quieran. Pero considero que necesitamos más equilibrio. Ahora mismo, existe un desequilibrio”.

    En la práctica, señala, muchas operaciones fracasan porque los clubes mantienen un control casi absoluto sobre la situación de los jugadores.

    “Siempre hay algún jugador que podría haber sido traspasado —que necesitaba marcharse—, pero el club exigía un millón de libras más”.

    El debate cobró fuerza en octubre de 2024, cuando el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó que ciertas normas de la FIFA que regulan los traspasos de jugadores infringen la legislación europea.

    Tras el fallo, el organismo rector implementó un modelo provisional para calcular las indemnizaciones y redistribuir la carga de la prueba en los casos de rescisión de contrato.

    Para Pimenta, la discusión trasciende las normas jurídicas y aborda el trato que reciben los futbolistas en un deporte que se ha convertido en una industria multimillonaria.

    “El fútbol solía ser más humano”, afirma.

    “Un director deportivo o el dueño de un club mantenía una relación especial con el jugador. Si un deportista se acercaba y decía: ‘Por favor, necesito irme’, buscaban una solución”.

    “Hoy en día, el fútbol se ha convertido en un negocio tan enorme que existe el riesgo de ver a los jugadores simplemente como activos financieros. Un activo no tiene voz ni sentimientos ni necesidades humanas”.

    “El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre el activo financiero y el ser humano”.

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    BBC

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  • “Locura absoluta”: la controversia que genera el plan para demoler un búnker nazi bajo Berlín

    “Locura absoluta”: la controversia que genera el plan para demoler un búnker nazi bajo Berlín

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    Existen planes en Berlín para derribar uno de los últimos vestigios del centro de poder de Adolf Hitler.

    Ya casi no queda nada de la Cancillería del líder nazi en el centro de Berlín, salvo un búnker.

    Sin embargo, ahora hay planes para demolerlo y construir viviendas y oficinas.

    La Nueva Cancillería del Reich, construida por el arquitecto favorito de Hitler, Albert Speer, sufrió graves daños al final de la Segunda Guerra Mundial y fue posteriormente demolida por orden de las fuerzas soviéticas en 1949.

    No obstante, el búnker sigue siendo visible en un terreno baldío.

    El senador de Vivienda de Berlín, Christian Gaebler (SPD), considera que ha llegado el momento de eliminar la estructura.

    “No vamos a obstaculizar nuevos proyectos de vivienda solo para preservar un búnker que podría acabar convirtiéndose en un lugar de peregrinación”, le dijo al periódico BZ.

    Pero hay quienes opinan que el búnker debería conservarse.

    El debate

    Dietmar Arnold, presidente de la Asociación del Submundo de Berlín (Berliner Unterwelten), le declaró a la BBC que demoler el búnker sería una “auténtica locura”.

    “Es un lugar vinculado a los perpetradores”, dijo.

    “Fue el centro de poder de la Alemania nazi, la Nueva Cancillería del Reich de Hitler, y estos son los últimos restos”.

    Su intención es colaborar con el Museo del Holocausto para transformar el sitio en un museo y lugar de memoria, con una exposición sobre el final de la guerra.

    “Se ha destruido mucha historia aquí en Alemania, tanto la historia comunista como la nazi. No podemos seguir haciéndolo”.

    La última vez que Arnold entró en el búnker fue en 2007; en esa época, según dijo, todavía estaba en muy buen estado.

    Aclaró que no se trata del más famoso Führerbunker —donde se suicidaron Hitler y Eva Braun y que se encuentra a unos 120 metros al norte—, sino de una estructura utilizada por el personal de la Cancillería del Reich.

    Al final de la guerra, se habilitó un hospital en su interior.

    Según Arnold, se conservan intactos 1.200 metros cuadrados del complejo del búnker; tanto las paredes como el techo tienen un grosor de 1,7 metros.

    Él cree que incluso sería posible construir encima sin necesidad de demoler todo el búnker.

    Valor histórico

    Vista de la dañada Nueva Cancillería del Reich desde el jardín, 1947.

    Getty Images
    El edificio de la Nueva Cancillería del Reich quedó dañado después de la Guerra

    El año pasado, el Consejo de Monumentos del Estado de Berlín expresó sus críticas ante los planes de demoler el búnker, señalando que este posee un “valor histórico significativo”.

    “La Nueva Cancillería del Reich fue el centro de planificación y el punto de partida de la Segunda Guerra Mundial, además de simbolizar el catastrófico final del régimen nazi”, afirmó el consejo.

    “Dada su posible importancia como monumento histórico, la Oficina Estatal para la Conservación de Monumentos Históricos debería evaluar su estado de conservación y su inclusión en la lista de edificios protegidos”.

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    BBC

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  • Francia destruye el sueño de Paraguay con un gol de penal de Mbappé

    Francia destruye el sueño de Paraguay con un gol de penal de Mbappé

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    Mbappe celebra

    Getty Images

    Paraguay cayó por la mínima ante Francia (1-0) este sábado en Filadelfia, en un partido en el que resistió durante más de una hora el asedio de una de las grandes favoritas al título.

    La selección rojiblanca se despide del mundial tras llegar a los octavos de final, mientras Francia se enfrentará el próximo jueves en cuartos a Marruecos.

    Un penal transformado por Kylian Mbappé en el minuto 67 acabó decidiendo un duelo en el que Paraguay ofreció una actuación muy sólida, pero terminó sucumbiendo ante el talento individual de los franceses.

    La selección europea monopolizó la posesión durante prácticamente todo el encuentro y dispuso de más ocasiones, pero se encontró con un rival extraordinariamente disciplinado, intenso y bien organizado.

    Paraguay ejecutó casi a la perfección su plan de partido, neutralizando durante muchos minutos a un ataque plagado de estrellas que no parecían encontrar la inspiración de los partidos anteriores en los que los franceses se impusieron con claridad a sus rivales.

    Sin embargo, un penalti claro de Diego Gómez sobre Désiré Doué en la segunda parte decantó el partido del lado de Francia.

    La entrada de Gómez a Doué dentro del área

    Getty Images
    La entrada de Gómez a Doué dentro del área decidió el partido.

    Francia supera a un buen Paraguay

    El conjunto dirigido por Gustavo Alfaro planteó con una eficaz disciplina táctica el encuentro, disputado en Filadelfia bajo un calor extremo con temperaturas cercanas a los 40ºC.

    Replegado, intenso en la marca y sin conceder espacios, Paraguay logró desesperar durante buena parte del partido a una Francia que, pese a controlar la posesión desde el inicio, fue incapaz de traducir ese dominio en ocasiones claras durante la primera mitad.

    Los europeos, liderados por las constantes apariciones de Michael Olise, Ousmane Dembélé y Mbappé, movían el balón de un lado a otro buscando una grieta en el entramado paraguayo.

    Sin embargo, Orlando Gill apenas tuvo trabajo antes del descanso y Paraguay consiguió marcharse al vestuario con un valioso 0-0.

    Tras el descanso, Francia elevó el ritmo y comenzó a llegar con más claridad.

    Orlando Gill apareció con una gran intervención para desviar un potente disparo de Manu Koné, mientras los ingresos de Désiré Doué y más tarde Rayan Cherki aportaban agresividad al ataque francés.

    Aun así, Paraguay seguía resistiendo gracias al trabajo colectivo y a las intervenciones de jugadores como Juan José Cáceres, Andrés Cubas y Julio Enciso.

    La resistencia paraguaya terminó quebrándose por una acción puntual: en el minuto 68 el paraguayo Diego Gómez derribó claramente en el área a Désiré Doué, si bien el árbitro uzbeco tuvo que consultar el VAR para señalar el penal.

    Mbappé engañó a Gill desde los once metros con un impecable lanzamiento y colocó a los campeones del mundo por delante.

    Con la ventaja, Francia administró el encuentro con autoridad.

    Mbappé estuvo cerca de ampliar la diferencia con un potente disparo que detuvo Gill, mientras Paraguay, obligado a adelantar líneas, encontró muchas dificultades para generar peligro.

    Su mejor oportunidad llegó ya en el tramo final, cuando un error de Upamecano dejó el balón servido para Mauricio, cuyo disparo fue detenido por Mike Maignan.

    El marcador final dejó un sabor amargo a Paraguay, que se despide del Mundial tras un partido muy serio en el que logró incomodar durante muchos minutos a una selección repleta de estrellas.

    Francia se enfrentará el próximo jueves a Marruecos en los cuartos de final en Boston.

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    BBC

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  • Miles de mexicanos le piden al Niño Jesús una alegría en el Mundial

    Miles de mexicanos le piden al Niño Jesús una alegría en el Mundial

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    La tradición de vestir una estatuilla del Niño Jesús empezó en una iglesia de Ciudad de México hace casi 60 años. Se trasladó a la catedral para este Mundial y México aún no ha perdido.

    Para México, donde el fútbol tiene un estatus casi sagrado, esta ya es su mejor actuación en una Copa Mundial en generaciones. Las celebraciones masivas, como las de la victoria del martes en octavos de final contra Ecuador, lo demuestran.

    Entonces, ¿adónde han ido miles de mexicanos para dar las gracias y rezar por un poco más de ayuda divina, sobre todo ahora que el equipo se prepara para recibir a Inglaterra en Ciudad de México el domingo en octavos de final?

    Han ido a ver una estatua del Niño Jesús vestido con la camiseta de la selección nacional, sentado ante un altar dorado y ornamentado en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, que tiene 450 años de antigüedad.

    “Solo venimos a verlo para pedirle que nos ayude el domingo”, dijo Marisela Tapia, de 49 años, que visitaba la iglesia con su prima.

    El canónigo Manuel Corral Martín, un sacerdote que colabora en la gestión de la catedral, dijo que la tradición de vestir al Niño Jesús con la camiseta de México durante el Mundial se remonta a 1970, la primera vez que el país fue anfitrión del torneo. Esa estatua de Jesús estaba en otra iglesia de la Ciudad de México.

    Cuando un nuevo párroco se hizo cargo de esa otra iglesia, puso fin a la costumbre este año porque le parecía inapropiada, dijo Corral Martín, y añadió que la gente le pidió a la catedral que recuperara la tradición. La Catedral Metropolitana así lo hizo, y vistió a su propia estatua del Niño Jesús –de 60 centímetros de altura– con la camiseta de la selección nacional y la colocó sobre una mesa frente al Altar de los Reyes, una obra maestra del barroco.

    Antes de cada partido de México, al Niño Jesús le ponen el uniforme –talla 0, por cierto– que va a usar la selección.

    “Es una expresión de la religiosidad de la gente”, dijo el padre Corral Martín, de 72 años, y añadió que la religión “tiene que evolucionar porque a veces nos quedamos en los ritos”.

    Puso como ejemplo cómo la Iglesia católica en México ha ido incorporando tradiciones locales, y en este caso se trata del fútbol. Aplaudió el Mundial y a la selección nacional por unir a la gente.

    En Latinoamérica, y concretamente en México –el país con la segunda mayor población católica del mundo–, la fe y el deporte suelen ir de la mano. Dentro del Estadio Azteca, el estadio de Ciudad de México que ya ha recibido tres Mundiales, los jugadores mexicanos se detienen antes de los partidos ante un altar de la Virgen de Guadalupe, una figura religiosa y cultural muy importante.

    Cuando le preguntaron si las oraciones al Niño Jesús del fútbol habían surtido efecto de verdad durante este Mundial, ya que México ganó su primer partido de la fase eliminatoria desde 1986, el padre Corral Martín se echó a reír. Elogió la fe de la gente y también expresó su deseo de que México se llevara el título.

    “No es que El Niño vaya a hacer el milagro”, dijo, “sino el milagro lo hacemos, lo hace el mismo equipo en cuanto que trabaja en equipo, y eso es lo que tenemos que hacer en todos los ámbitos de la vida”.

    Muchos visitantes de la catedral se divirtieron el jueves al toparse sin querer con el Niño Jesús futbolista. Le sacaron fotos y se tomaron fotos con él. Pero algunos vinieron expresamente a verlo.

    Tapia y su prima Damaris González habían venido a la plaza principal de Ciudad de México para ver el partido entre España y Austria en una pantalla gigante. Se rieron cuando se enteraron en las redes sociales lo del Niño Jesús con la camiseta de México. Pero, como creyentes, también quisieron hacer una peregrinación especial.

    González, de 61 años, dijo que quería que el Niño Jesús ayudara a México a ganar su primer Mundial, pero paso a paso. Así que solo pidió la victoria contra Inglaterra.

    Ambas mujeres dijeron que el éxito de la selección hasta ahora ha permitido a los mexicanos olvidarse por un momento de “todo lo feo” de la vida. Y si otros países también están rezándole al Niño Jesús, González dijo que “a México, nos quiere muchísimo más” y Tapia añadió que “sabe que necesitamos esta alegría”.

    Ivonne García Campos, de 46 años, maestra, y su esposo, Ignacio De Jesús Reyes, de 53, electricista, estaban de vacaciones con su familia, desde el norte de México, cuando se fijaron en el Niño Jesús con el atuendo de la selección mexicana. Ellos también pidieron el título del Mundial.

    “No le estamos faltando al respeto”, dijo ella. “En otros estados del país, por ejemplo, visten al Niño Dios de doctores, de maestros, de varias profesiones. Más que todo es para agradecer y que esté del lado de nosotros”.

    James Wagner cubre las noticias y la cultura de América Latina para el Times, y está radicado en Ciudad de México.

  • Postales de la boda de Taylor Swift en Nueva York: fans, estrellas y más

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    Era una escena que no habría desentonado en una canción de Taylor Swift con tonos cinematográficos.

    Hacía un calor que rompía récords. Se desataron tormentas repentinas e intensas. La ciudad rebosaba de famosos provenientes de, aparentemente, todos los rincones de la vida pública –desde la actriz Mariska Hargitay hasta el músico Ed Sheeran, pasando por la modelo Gigi Hadid y el comediante Adam Sandler, que ofició la boda–, muchos de los cuales volaron desde todas partes del mundo para estar con Swift y su ahora marido, Travis Kelce, sin saber casi ningún detalle sobre el evento.

    Fue el espacio más público que uno se pueda imaginar, pero también fue la boda de famosos más privada que se recuerde en los últimos tiempos de tal magnitud, y estuvo completamente envuelta en el secreto. Manhattan estaba llena de marineros que habían venido para la Fleet Week, aficionados al fútbol de todo el mundo que habían venido a ver el Mundial y turistas que habían llegado para ver los veleros en el puerto con motivo del 4 de julio. El calor, que alcanzó los 37,7 grados Celsius, también le dio un toque de intensidad al día.

    El presidente lo comentó, y hasta vinieron niñas de los estados vecinos para verlo. Solo Taylor Swift, la mujer cuyas canciones han inspirado a fans de todas las edades y cuya vida sentimental el público ha seguido, criticado y admirado a lo largo de los años, podría celebrar una boda que inspirara una escena como esta.

    Fuera del Madison Garden, Zeinab Yassine, de 13 años, de Long Island, observaba con su madre una caravana de coches negros que llevaban a los invitados a la boda. Al poco rato, vio a Hargitay bajar la ventanilla para saludar a los fans.

    Por encima de todo, Yassine se alegraba por Swift y su entonces futuro marido, Travis Kelce.

    “Son muy lindos”, dijo. “Me alegro mucho de que por fin haya encontrado el amor”.

    Hay algo intangible que ocurre cuando se reúnen grupos de swifties, aunque sean desconocidos: un vínculo inmediato, una forma fácil de conectar hablando de canciones favoritas, álbumes y novios. Es como darte cuenta de que tienes un buen amigo en común con alguien a quien acabas de conocer. Excepto que, en este caso, ese amigo es una megaestrella a la que, técnicamente, no has conocido.

    Tammy Bogard, una dependienta de Dallas, dijo que había asistido a la Eras Tour en Londres, el primer concierto después de un intento fallido de atentado terrorista en Viena que obligó a Swift a cancelar sus conciertos allí. El concierto de Londres fue una experiencia muy emotiva para Bogard, de 54 años, quien dijo que por entonces solo era una fan en ciernes.

    Le impresionó el espectáculo, pero le conmovió aún más el público.

    “Son los demás swifties, eso es lo que no se le puede explicar a la gente”, dijo. Bogard volvió a ver la gira y ahora se considera una Swiftie de verdad, hasta el punto de regalarle a un periodista del Times una pulsera de la amistad, esos objetos de bisutería que los fans de la estrella se intercambian.

    Esa energía amistosa se notaba el viernes fuera del Garden, donde se congregaban multitudes de fans con la esperanza de ver así fuera fugazmente a Swift. En una barrera junto a la Séptima Avenida, un grupo de fans cantaba “Love Story” mientras las cámaras de los medios los grababan.

    La lista de famosos que se vio entrando al evento era impresionante: Benson Boone, Ethan Hawke, Jason Sudeikis. Cada uno tenía alguna conexión con una canción o con un capítulo de la vida de Swift o de Kelce. Boone fue su telonero de en la gira; Hawke protagonizó un video y Sudeikis es fan del equipo de Kelce, los Kansas City Chiefs.

    Poco después de las 7:30 p. m., su boda se hizo oficial cuando un cartel anunciaba la noticia fuera del pabellón: “JUST&T MARRIED”. Poco después, el cielo se abrió y empezó a llover a cántaros.

    Al poco tiempo, la Casa Blanca se pronunció con lo que pareció un desaire: una publicación en redes sociales con una versión retocada digitalmente del cartel que había fuera del Garden en la que se leía: “Trump es tu presidente”.

    Sus fans estaban eufóricos. Dos amigas del campamento, Gray O’Sullivan, de 18 años, y Frankie Root, de 19, vinieron juntas a ver el espectáculo. Root dijo que había estado en la Eras Tour y que era fan de Swift desde 2014, cuando salió su álbum 1989.

    “Ella sí me entiende”, dijo Root. “Cuando tengo un día difícil y la escucho, enseguida me siento mejor”.

    Sarah Mead y su hija de 10 años, Sunniva, que viven en Brooklyn, iban camino a ver a la Filarmónica de Nueva York y se pararon en el Garden con carteles hechos a mano que hacían referencia a las letras de Swift: “Cuando entre en el MSG, hará que todo el lugar brille”.

    “Esperamos que Taylor nos vea”, dijo Mead.

    Sin embargo, no todo el mundo compartía ese entusiasmo fuera del Garden,

    Tyler Guilizia, un chico de 23 años que buscaba un baño con su amigo, les preguntó a los policías que estaban delante del Garden: “¿Todo esto es por el concierto de Taylor Swift… eh, por su boda?”. Señaló con un gesto las hileras de barricadas.

    Muchas calles estaban cerradas alrededor de Penn Station, la concurrida estación de tren situada debajo del Garden, lo que molestó a un montón de peatones y viajeros, muchos de los cuales les gritaban a los policías para pedirles indicaciones y se marchaban enfadados.

    Los fans también bombardearon a los agentes con preguntas sobre la boda. Ellos no dieron detalles, pero una agente respondió cuando los fans le preguntaron cuál era su canción favorita.

    “‘Getaway Car’”, dijo, sonriendo.

    Eduardo Ramirez y Mamie Borres estaban en la Séptima Avenida mirando hacia el Garden mientras la lluvia amainaba el viernes por la noche. Borres, de 30 años, dijo que estaba delante del recinto cuando la pantalla de video mostró el anuncio de la boda.

    “No todo el mundo se dio cuenta enseguida”, dijo. Pero luego, se armó un revuelo de teléfonos y cámaras mientras los fans emocionados grababan el cartel, añadió.

    Poco después, empezaron a retumbar los truenos y cayó un aguacero, lo que la obligó a buscar refugio.

    Tras la tormenta, Borres, una maestra que vive en Alexandria Virginia, volvió a su puesto frente al recinto con la esperanza de ver, bueno, lo que fuera. Al oeste del estadio, la puesta de sol tiñó el cielo de magníficos tonos morados y anaranjados.

    Y por si uno pensaba que no hay una letra de Swift para cada ocasión, quizá podemos llevarte a su canción “End Game”.

    “Después de la tormenta, algo nació el 4 de Julio”.

    Sarah Lyon y Erin McCann colaboraron con reportería.

    Madison Malone Kircher es una reportera del Times que cubre la cultura de internet.

    Emma G. Fitzsimmons es corresponsal de políticas públicas para el Times y cubre la ciudad de Nueva York.

    Sarah Lyon y Erin McCann colaboraron con reportería.

  • Cómo el expansionismo en territorio y población de EE.UU. a lo largo de 250 años convirtió al país en una superpotencia pero con profundas divisiones

    Cómo el expansionismo en territorio y población de EE.UU. a lo largo de 250 años convirtió al país en una superpotencia pero con profundas divisiones

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    Una mujer con una sombrilla con los colores de la bandera de Estados Unidos, vestida con un sombrero estilo vaquero rojo, chaleco de lentejuelas rojo y azul, camisa blanca y unos lentes azules y rojos. Lleva en su mano dos pequeñas banderas de Estados Unidos.

    Ben Sklar/Getty Images
    Una mujer en Texas celebra el Día de la Independencia de Estados Unidos

    En los 250 años transcurridos desde que Estados Unidos declaró su independencia de Gran Bretaña, la nación ha pasado de ser un conjunto de asentamientos escasamente poblados y dispersos a lo largo de la costa atlántica a convertirse en una potencia mundial que se extiende por todo un continente y más allá.

    Partiendo de las 13 colonias originales, que abarcaban 1,1 millones de kilómetros cuadrados, su extensión geográfica se ha multiplicado por ocho, alcanzando aproximadamente casi 9,6 millones de kilómetros cuadrados.

    La población de Estados Unidos ha experimentado una expansión igualmente espectacular. En 1790, año del primer censo, había aproximadamente cuatro millones de habitantes, incluidos los esclavos. Para 2025, esta cifra había ascendido a 343 millones, lo que representa un aumento del 8.475%.

    Aunque el Estados Unidos actual resultaría prácticamente irreconocible para los fundadores de la nación de hace 250 años, las influencias culturales y políticas del país probablemente les resultarían familiares.

    En retrospectiva, es posible vincular muchas de las promesas políticas clave del presidente Donald Trump —como limitar la inmigración y ampliar el poder y el territorio de Estados Unidos— con las características distintivas y las divisiones que marcaron los inicios del país.

    El capitán Clark y sus hombres disparando a osos. Ilustración original: de *Journal of Voyages* de Peter Gass, publicado en 1811.

    Getty Images
    Un dibujo de 1811 representa la exploración de la frontera estadounidense realizada por Lewis y Clark.

    Los padres fundadores de Estados Unidos albergaban grandes esperanzas para su nueva nación. Sin embargo, su éxito estaba lejos de estar garantizado. Los acalorados debates sobre la esclavitud, la Constitución y el sistema económico y político generaron profundas divisiones en la población.

    Si bien el territorio nacional casi se duplicó tras la compra de Luisiana a Francia en 1803, cuando Estados Unidos entró nuevamente en guerra con Gran Bretaña en 1812, no había certeza alguna de que la nación lograría mantenerse unida.

    “Cualquiera que observara a las colonias tratando de crear esta nación pensaba: ‘Lo único que tenemos que hacer es quedarnos aquí, esperar a que se despedacen entre sí y luego volver para recoger los pedazos’”, señala Heather Cox Richardson, profesora de historia estadounidense en el Boston College y autora de Letters From an American (Cartas de una estadounidense) en Substack.

    Aunque el futuro de Estados Unidos era incierto en aquellos primeros años, ya se habían asentado las fuerzas que determinarían la trayectoria futura de la nación.

    Una pareja observa desde un muelle el desfile de barcos Sail4th 250 en el puerto de Nueva York, con motivo del 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos, el 4 de julio de 2026. Ambos van vestidos con camisetas que llevan la bandera de Estados Unidos, llevan gorras. Uno de ellos lleva una bandera de Estados Unidos en la mano.

    Ryan MURPHY / AFP via Getty Images

    Colin Woodard, director del Nationhood Lab de la Universidad Salve Regina, divide a Estados Unidos en varias identidades distintas vinculadas a aquellas fracturas iniciales.

    La región septentrional, a la que Woodard denomina “Yankeeland” (Tierra de los Yanquis), tiene sus raíces en los primeros colonos puritanos que huyeron de la persecución religiosa en Europa; posteriormente, la llegada de colonos alemanes y escandinavos contribuyó a consolidar una mentalidad pluralista.

    Una franja central, que él llama “Gran Appalachia”, fue poblada inicialmente por escoceses e irlandeses de espíritu independiente. Su visión política —forjada en parte por la experiencia de la opresión inglesa en las islas británicas— se caracterizaba por una profunda desconfianza hacia la autoridad gubernamental.

    “Para ellos, la libertad significa maximizar la autonomía y la libertad del individuo; cualquier aumento del poder del Estado implica, axiomáticamente, que los individuos son menos libres”, afirma Woodard. “Es lo opuesto a la filosofía yanqui de la Gran Nueva Inglaterra”.

    Por otro lado, el “Deep South” (el Sur Profundo) estaba constituido por una clase terrateniente —algunos de cuyos miembros procedían de plantaciones esclavistas del Caribe— que conformó una “sociedad oligárquica y jerárquica”.

    Un mapa histórico de los Estados Unidos de 1928

    Getty Images
    Para 1828, Estados Unidos se había expandido hasta el Pacífico con la adquisición de Oregón.

    Si bien la identidad estadounidense se define por las culturas en competencia de quienes llegaron del extranjero, el primer siglo completo de existencia de Estados Unidos incluiría el intento concertado de borrar la cultura de los pueblos indígenas que ocuparon la tierra durante siglos antes de que los primeros europeos cruzaran el Atlántico.

    A medida que la nación continuó expandiéndose hacia el oeste, el movimiento adquirió una fuerza ideológica propia, ya que algunos estadounidenses creían que el “destino manifiesto” de la nación era expandirse no sólo al Pacífico sino a todo el hemisferio occidental.

    Este impulso expansionista llevó a estas culturas a una nueva confluencia y al conflicto. El oeste interior, con su paisaje inhóspito, se asemejaba más a las tierras salvajes de los Apalaches y atraía a personas que compartían esa misma mentalidad de individualismo recio. En la costa del Pacífico, tales valores chocaban con los de los comerciantes y marinos que se habían trasladado desde el noreste de Estados Unidos.

    En la era moderna, estas divisiones se hacen evidentes en el mapa electoral presidencial, con los “estados rojos” controlados por los republicanos y los “estados azules” por los demócratas. El noreste de EE. UU. y la costa oeste se consideran bastiones del liberalismo —y son mucho más partidarios de la intervención gubernamental en la vida cotidiana—, mientras que el sur estadounidense, desde Texas hasta Florida, y el oeste interior se han convertido en el baluarte del conservadurismo republicano.

    Si bien Estados Unidos dejó de expandirse geográficamente en gran medida hacia finales del siglo XIX, su población siguió creciendo de manera espectacular, en gran parte debido a la inmigración.

    “Uno de los elementos centrales de Estados Unidos es la inmigración”, afirma Richardson. “Lo que realmente nos une a todos es la idea de que podemos construir el futuro que deseamos”.

    Una primera etapa comenzó en la década de 1840 y se prolongó hasta 1889, llevando a las costas del país a unos 14 millones de personas, procedentes principalmente de naciones del norte y el oeste de Europa.

    En la siguiente etapa, más de 18 millones de migrantes provenientes del sur y el este de Europa llegaron entre 1890 y hasta la década de 1920.

    Cada etapa trajo consigo una reacción adversa, ya que a los estadounidenses les preocupaba que los recién llegados les arrebataran sus empleos y amenazaran su estilo de vida. Pronto surgieron cuotas y leyes restrictivas, como la Ley de Exclusión de los Chinos.

    La Ley de Inmigración de 1924 limitó la inmigración de manera tan drástica que dicho cambio se percibe claramente como una inflexión en el gráfico del crecimiento anual de la población estadounidense.

    La etapa migratoria más reciente comenzó en la década de 1960, cuando se levantaron aquellas restricciones. Desde entonces, más de 70 millones de personas han llegado a Estados Unidos —muchos de ellos procedentes de Asia y América Latina, incluidos unos 18 millones solo de México—.

    En 2024, el 14,8% de la población estadounidense había nacido en el extranjero, una cifra que igualaba el máximo histórico registrado en 1890, según el Migration Policy Institute. La inmigración representó el 84% del crecimiento total de la población de Estados Unidos.

    Según Woodard, las primeras etapas de migración —impulsadas principalmente por la industrialización— contribuyeron a fortalecer el poder político del norte de Estados Unidos.

    Y ese desequilibrio geográfico ayudó a avivar aún más las divisiones ideológicas.

    Personas observan fuegos artificiales durante la celebración anual del Día de la Independencia en la comunidad predominantemente latina de Bell Gardens el 2 de julio de 2026 en Bell Gardens, California.

    Mario Tama/Getty Images
    La comunidad mayoritariamente latina de Bell Gardens, en California, celebrando este 4 de julio.

    Los líderes sureños impulsaron la expansión territorial —y la de los estados esclavistas— para asegurarse de mantener el poder político a nivel nacional antes de consumar su ruptura definitiva, dando así inicio a la Guerra Civil.

    Sin embargo, las tendencias actuales han invertido esta división geográfica. Muchos inmigrantes —así como otras personas procedentes del norte— se sienten ahora atraídos por el sur, especialmente por las dinámicas economías de ciudades en Texas y Florida, si bien ahora la llegada de inmigrantes indocumentados en la frontera sur de Estados Unidos ha intensificado las tensiones.

    El conservadurismo populista de Trump puede entenderse, por tanto, como una respuesta al desplazamiento de los centros de poder en Estados Unidos.

    Tras regresar a la Casa Blanca, Trump ha cumplido su promesa de campaña de llevar a cabo deportaciones masivas.

    Al mismo tiempo, ha manifestado cierta nostalgia por la expansión territorial del siglo XIX, planteando ideas como la adquisición de Groenlandia, la recuperación del control sobre el Canal de Panamá y la incorporación de Canadá y Venezuela como el “estado número 51” de Estados Unidos.

    Su versión del expansionismo estadounidense es, por tanto, una especie de imagen especular de los últimos 250 años de historia. El país pasó su primer siglo expandiéndose territorialmente; luego dejó de intentar adquirir nuevos territorios y se centró —a veces con vacilaciones— en abrir la nación a los inmigrantes.

    Ahora, Trump ha cambiado el rumbo: pretende volver a ampliar las fronteras físicas de Estados Unidos y limitar el número de personas que el país admite.

    Trump y sus partidarios sostienen que el carácter de la nación estadounidense corre el riesgo de sufrir una transformación fundamental y permanente. “Ya no tendremos país”, es una frase recurrente de Trump al hablar de los peligros de la inmigración.

    “Eso no surge de la nada”, señala Woodard. “Nos enfrentamos a la gran pugna de la historia estadounidense: ¿somos una nación cívica consagrada a… una sociedad donde cada individuo pueda ser libre de manera igualitaria, universal y sostenible a lo largo del tiempo? ¿O somos un Estado que pertenece a un grupo concreto de personas, aquellas que son los verdaderos estadounidenses por sangre y ascendencia?”

    En la vasta escala de la historia universal, 250 años son apenas un instante, un destello, un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, para Estados Unidos, estos 250 años han sido transformadores, aunque las divisiones en el seno de la nación —y la inquietud por su futuro— hayan sido una constante persistente.

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    BBC

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