La estadounidense McKenna West le solicitó a la Corte Suprema que intervenga en la disputa por la custodia de un bebé que gestó a pedido de una pareja.
Los californianos Ahmed y Nausheen Gilkar contrataron a West para que gestara un bebé por ellos, pero a mitad de camino le pidieron que abortara.
West presentó una apelación de emergencia en la que solicita al alto tribunal que suspenda un fallo anterior que otorgaba la patria potestad a la pareja.
Ahmed y Gilkar le pidieron a la madre subrogada que interrumpiera el embarazo después de que una ecografía realizada a las 20 semanas mostrara que el feto tenía un defecto cardíaco grave.
En lugar de eso, West viajó a Texas, donde casi todos los abortos son ilegales, y dio a luz allí.
Desde entonces, ha estado presionando para obtener la custodia del bebé, que nació el mes pasado con síndrome de hipoplasia del ventrículo izquierdo, un defecto en el que el lado izquierdo del corazón no puede bombear suficiente sangre al cuerpo.
Esta afección suele requerir múltiples cirugías para mejorar la calidad de vida del paciente, pero es incurable.
Los bebés que la padecen pueden sufrir complicaciones de por vida, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC).
Tras el viaje de West a Texas, el fiscal general de ese estado, Ken Paxton, intervino y obtuvo una orden judicial de emergencia que exigía que el bebé recibiera atención médica. Fue operado poco después de nacer.
La BBC contactó sin éxito a los abogados de Ahmed y Gilkar para obtener sus comentarios.
West declaró en la documentación presentada ante la Corte Suprema que se negó a los pedidos para que abortara tras conocer las opciones de tratamiento, y dijo que su deseo era quedarse con el “precioso bebé”.
La madre subrogada argumentó que los padres biológicos no deberían tener la custodia porque teme que, como quisieron abortarlo, no le den al niño la atención médica necesaria.
“Es nuestro hijo (y) el amor de nuestras vidas”, dijo Gilkar en una audiencia judicial anterior, según Associated Press.
La pareja sostuvo que West viajó a Texas sin avisarles y les impidió acceder a la información médica del niño, al que llamaron Rumi.
Un tribunal de California ya había concedido la patria potestad a Ahmed y Gilkar, mientras que un tribunal de Texas emitió una orden de alejamiento que impide a West ver al bebé.
Un abogado de la pareja dijo el mes pasado que el niño se encontraba en estado crítico y parecía estar “sufriendo posibles complicaciones”.
West argumentó que, sin la intervención de la Corte Suprema, ya no tendría acceso a información sobre el estado de salud del niño.
En la demanda, los abogados de West sugirieron que la pareja podría decidir que el niño pase a cuidados paliativos.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Periodistas de la BBC revisaron el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, la BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.
Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfrentaron a esta falsa disyuntiva. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde más de 400 metros de altura.
La escena de personas que saltaban de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 25 años este viernes.
La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.
El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press.
Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.
Esta es la historia de la icónica foto de The Falling Man (“El hombre que cae”).
“Era un día cualquiera en Nueva York”, cuenta Richard Drew.
Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York.
Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales.
Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.
Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.
Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.
Cuando salió del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba mientras agentes del FBI acordonaban el área.
“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, le cuenta a BBC Brasil.
Un socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.
El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que caían del edificio”, dice.
“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.
El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.
La causa de muerte de todos los que perdieron la vida cayendo de las Torres Gemelas fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.
En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre.
A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.
Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde una de las torres pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.
“No fui frío”
Mientras fotografiaba lo que sucedía, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.
“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y así seguía a la gente que estaba cayendo del edificio”.
A las 9:41 registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.
Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas.
“Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, explica.
Foto “silenciosa”
Los ataques en Nueva York se cobraron la vida de casi 3.000 personas.
“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.
Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, apunta.
A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”.
“No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.
Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa.
“El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.
Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del asesinado presidente John F. Kennedy.
“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa y lo fotografié en el suelo”.
“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.
¿Quién era el hombre que cae?
Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.
“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.
Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.
Uno de ellos es el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista Esquire en el que acuñó el nombre de “El hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.
Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.
El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo, podía ser el de la foto.
Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.
En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en la información de Junod y utilizando otras imágenes captadas ese día.
Avión en Kabul
La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió en agosto de 2021 en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.
Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.
Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ordenó la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a los miembros de al Qaeda que presuntamente organizaron los atentados.
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul en 2021 y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.
Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden ordenó retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.
Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.
El avión despegó y los cuerpos cayeron al vacío, tal como sucedió el 11 de septiembre de 2001. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.
El fotógrafo de “El hombre que cae” no quiso hablar sobre Afganistán o la política actual cuando conversó con la BBC en 2021. En ese entonces, Drew se dedicaba a fotografiar la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.
En la actualidad, sigue tomando fotografías para la agencia AP.
Mientras tanto, en el Memorial y Museo del 11 de Septiembre en Nueva York hay una exposición en una pequeña sala en la que se proyectan contra la pared distintas imágenes de personas cayendo de las Torres Gemelas. Una de ellas es The Falling Man.
*Esta nota fue publicada originalmente en septiembre de 2021. Ahora fue actualizada y republicada con motivo del 25º aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
Estados Unidos conmemora este viernes el 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre con una serie de actos en todo el país.
Aquel martes de 2001, un grupo de atacantes suicidas secuestraron aviones comerciales y los estrellaron contra las Torres Gemelas de Nueva York y contra el Pentágono en Washington, causando la muerte de miles de personas.
El ataque tuvo profundas consecuencias en todo el mundo.
1. ¿Qué edificios fueron atacados?
Cuatro aviones que sobrevolaban el este de Estados Unidos fueron secuestrados simultáneamente por pequeños grupos de atacantes.
Posteriormente, los utilizaron como misiles guiados y los estrellaron contra edificios emblemáticos de Nueva York y Washington.
Dos de los aviones impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York. El segundo impacto se produjo 17 minutos después del primero.
Los edificios se incendiaron, dejando atrapadas a personas en los pisos superiores y cubriendo la ciudad de humo.
En menos de dos horas, ambas torres de 110 pisos colapsaron y quedaron reducidas a enormes nubes de polvo.
Un tercer avión destruyó la fachada occidental del Pentágono, la gigantesca sede del ejército estadounidense situada a las afueras de la capital del país, Washington.
Un cuarto avión se estrelló en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
Se cree que los secuestradores tenían la intención de atacar el Capitolio de Washington.
2. ¿Cuántas personas murieron en los atentados?
En total, 2.977 personas (sin contar a los 19 secuestradores) perdieron la vida, la mayoría de ellas en Nueva York.
Las víctimas fatales fueron:
246 pasajeros y tripulantes a bordo de los cuatro aviones.
En las Torres Gemelas murieron 2.606 personas, ya sea en el momento del ataque o posteriormente a causa de las heridas sufridas durante el mismo.
125 personas en el Pentágono.
La víctima más joven fue Christine Lee Hanson, de 2 años, y la mayor, Robert Norton, de 82 años. Ambos eran pasajeros de los aviones.
Cuando el primer avión impactó, se calcula que había 17.400 personas en las dos torres. Nadie sobrevivió por encima de la zona de impacto en la Torre Norte, pero 18 lograron escapar de los pisos superiores a dicha zona en la Torre Sur.
Entre las víctimas mortales hubo ciudadanos de 77 países diferentes. La ciudad de Nueva York perdió a 441 miembros de los equipos de rescate y emergencias.
Miles de personas resultaron heridas o desarrollaron posteriormente enfermedades relacionadas con los ataques, entre ellas bomberos que habían trabajado entre escombros tóxicos.
3. ¿Quiénes fueron los atacantes del 11-S?
Una red extremista islamista llamada al Qaeda planeó los ataques desde Afganistán.
Liderada entonces por Osama bin Laden, al Qaeda culpaba a Estados Unidos y a sus aliados de los conflictos en el mundo musulmán.
Se cree que Khalid Sheikh Mohammed, miembro del grupo, ideó el plan y ayudó a reclutar a los pilotos, algunos de los cuales se habrían entrenado en Estados Unidos.
Diecinueve personas perpetraron los secuestros, organizadas en tres equipos de cinco y uno de cuatro (en el avión que se estrelló en Pensilvania).
Quince de los secuestradores eran sauditas, como Bin Laden. Dos eran de los Emiratos Árabes Unidos, uno de Egipto y otro de Líbano.
4. ¿Cómo respondió EE.UU. al 11-S?
Menos de un mes después de los ataques, el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush, lideró una invasión de Afganistán con el apoyo de una coalición internacional, con el objetivo de desmantelar al Qaeda y capturar a Osama bin Laden.
Sin embargo, no fue hasta 2011 cuando las fuerzas estadounidenses lograron localizar y matar a Bin Laden en Pakistán, país vecino de Afganistán.
Khalid Sheikh Mohammed había sido arrestado ocho años antes, en 2003, en Pakistán.
El exjefe de gabinete de la Casa Blanca Andy Card informa al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, sobre los ataques del 11 de septiembre durante un evento en una escuela.
Al Qaeda aún existe. El grupo ha ganado mayor fuerza en el África subsahariana, aunque todavía mantiene presencia en Afganistán.
Las tropas estadounidenses abandonaron Afganistán en 2021, tras casi 20 años de presencia militar. Esto avivó los temores de que la red islamista pudiera resurgir.
5. ¿Quién es Khalid Sheikh Mohammed y qué pasó con él?
Khalid Sheikh Mohammed nació en Kuwait y estudió ingeniería en EE.UU. antes de combatir en Afganistán en la década de 1980.
El FBI ya lo buscaba antes del 11 de septiembre debido a su presunta implicación en otros atentados con bomba y ataques que habían sido frustrados.
Tras su detención en 2003, Mohammed pasó tres años en centros de detención secretos de la CIA, donde fue sometido a duras técnicas de interrogatorio, antes de ser trasladado a la base naval estadounidense de Guantánamo, en Cuba, donde permanece desde entonces.
Un tribunal militar en la base lleva más de una década evaluando si puede ser juzgado por su papel en los atentados del 11 de septiembre y bajo qué condiciones, debido a las preocupaciones de que el trato recibido bajo custodia estadounidense pudiera afectar la validez de las pruebas en su contra.
En enero de 2025, estaba previsto que él y otros dos acusados —Walid Muhammad Salih Mubarak bin Attash y Mustafa Ahmed Adam al Hawsawi— se declararan culpables por su participación en los atentados.
A cambio, evitarían la pena de muerte y recibirían cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Sin embargo, el día anterior a la audiencia, un tribunal federal de apelaciones de EE.UU. suspendió el procedimiento para estudiar una petición del gobierno estadounidense de retirar el acuerdo de culpabilidad, al considerar que podría causar un daño “irreparable”.
En julio de 2025, el tribunal rechazó formalmente el acuerdo de culpabilidad.
En agosto de 2026, un juez militar estadounidense dictaminó que Khalid Sheikh Mohammed será juzgado en junio de 2028.
6. ¿Cuál fue el legado del 11-S?
Las medidas de seguridad aérea se reforzaron en todo el mundo en los años posteriores a los atentados del 11 de septiembre.
En EE.UU. se creó la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) para reforzar la seguridad en aeropuertos y aviones.
Se necesitaron más de ocho meses para limpiar la denominada “Zona Cero”, el lugar donde se derrumbaron las Torres Gemelas.
En ese espacio se alzan ahora un monumento conmemorativo y un museo, y se han construido nuevos edificios con un diseño diferente.
El One World Trade Center en medio de los edificios del bajo Manhattan.
Con 541 metros de altura, el One World Trade Center, pieza central del nuevo complejo y conocido como la “Torre de la Libertad”, es incluso más alto que la Torre Norte original a la que reemplazó, la cual medía 417 metros.
La reconstrucción del Pentágono duró poco menos de un año, y el personal regresó a sus oficinas en agosto de 2002.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
Nydia Gonzalez, la jefa de operaciones de American Airlines (AA) esa mañana del 11 de septiembre de 2001, sabía que algo grave había pasado del otro lado de la línea.
Durante más de 20 minutos había estado hablando con Betty Ong, una de las azafatas del vuelo AA11 que viajaba de Boston a Los Ángeles, el primero de los dos que hace 25 años terminarían impactando contra el World Trade Center de Nueva York.
Ong (1956-2001), nativa de San Francisco y de ascendencia china, llevaba más de 10 años trabajando en la industria y ese día, con su llamada a tierra, fue la primera persona en alertar a las autoridades sobre los secuestros de los aviones.
“La cabina no responde. Alguien fue apuñalado en clase ejecutiva y creo que han echado un gas porque no podemos respirar. No lo sé. Me parece que nos están secuestrando”, dice al inicio de su comunicación, sobre las 8:20 AM.
Siete minutos antes había tenido lugar el último contacto del piloto con la torre de control.
Ya para entonces, los operadores aéreos habían notado que algo estaba mal en la trayectoria del avión y a la misma hora que Ong llamó habían visto que el avión estaba fuera de curso.
Cuatro minutos después, cuando la azafata seguía hablando con tierra, la aeronave giró 100 grados hacia el sur, lo que confirmó la sospecha de que había sido secuestrada y que iba rumbo a Nueva York.
Mientras, en la conversación telefónica reinaban la ansiedad y el desconcierto.
Una mujer que inicialmente respondió la llamada y un gerente de AA que se sumó a la conversación parecían no saber qué hacer. Una y otra vez le preguntaban detalles a la azafata, como dónde estaba, cuál era el número de su vuelo o en qué asiento se encontraba.
Ong, con aplomo, respondía y repetía que algo muy extraño estaba pasando en el avión.
“Mi nombre es Betty Ong. Soy la número 3 del vuelo 11. Y la cabina no contesta su teléfono, alguien fue apuñalado en clase ejecutiva y no podemos respirar en clase ejecutiva”, se la oye decir.
Unos minutos después pidió a tierra que esperaran: alguien se dirigía hacia donde ella estaba.
“Alguien viene de la clase business. Aguarde un segundo, vuelven…”.
La comunicación, sin embargo, no se corta.
La última conversación
Ong vuelve a hablar y repite que no pueden entrar a la cabina, que al parecer la han tomado y que el piloto habría sido también apuñalado.
Les pregunta a los que están en la tierra si han podido comunicarse con la cabina.
“Creo que los hombres están ahí arriba (en la cabina). Es posible que se hayan colado hasta allí. Nadie puede llamar a la cabina. Ni siquiera podemos entrar”, dice.
Luego pregunta, casi desesperada: “¿Hay alguien todavía ahí?”.
Le responden que sí.
Es entonces cuando Nydia Gonzalez se une a la llamada.
Vuelve a preguntarle a Ong que quién era, cuál era el vuelo, hacia dónde iba… luego que si se han tratado de comunicarse con alguien más.
“No. Alguien está llamando a un médico y no podemos conseguir un médico”, responde Ong.
Esa fue la última parte de la grabación con la voz de la azafata que se reprodujo en Estados Unidos ante la comisión que investigó los atentados del 11-S.
Pero la llamada de Ong con tierra continuó y el testimonio de los minutos que vinieron después llegaron de una forma aún más angustiante: a través de la voz de Gonzalez, que comunicaba a la línea de emergencias de American Airlines lo que iba diciendo por el otro teléfono la azafata.
Los segundos finales
Cuando comunican con la línea de emergencias, Gonzalez tiene que volver a decir otra vez los mismos detalles del vuelo e incluso tiene que repetir su nombre y deletrear su apellido antes de poder seguir contando lo que sucede.
La persona de emergencias la pone espera mientras contacta con el control de tráfico aéreo.
“Todavía estoy con seguridad, ¿de acuerdo, Betty? Estás haciendo un gran trabajo, mantén la calma. ¿Okey?”, le dice Nydia Gonzalez a la azafata.
Luego, a través de la voz de Gonzalez, conocemos que Ong le cuenta que, al parecer, los pasajeros de la clase económica no tienen claro qué está sucediendo.
Es entonces cuando le preguntan sobre los atacantes.
“Hola Betty, ¿tienes alguna información sobre los caballeros, los hombres que están en la cabina con los pilotos? ¿eran de primera clase?”, se oye que pregunta.
Luego Gonzalez repite lo que la azafata le responde: “Estaban sentados en (los asientos) 2A y 2B”.
Cinco extremistas islámicos iban a bordo, entre ellos Mohammad Atta, el líder del grupo, quien se cree que en algún momento del secuestro ocupó el puesto del piloto y dirigió el avión hacia la primera torre del World Trade Center.
Poco antes del impacto, en la llamada, el agente del servicio de emergencias dice que los secuestradores han apagado el transpondedor del avión y por eso ya no podían registrar la altitud de la aeronave.
Sin embargo, un radar sugiere que algo está por suceder: “Parece que está descendiendo”, dice el hombre.
Es poco después de esto cuando Nydia le pregunta a Betty qué está pasando, si está ahí… Pero no tiene respuesta.
“Parece que… parece que la perdimos…”, dice Gonzalez.
Más tarde, Nydia contaría lo último que escuchó del otro lado.
Al parecer Betty le dijo: “Recen por nosotros”.
“Pienso en ella todos los días”
“Tengo una foto de ella en mi escritorio. La veo todos los días. Pienso en ella todos los días”, le dijo en 2021 a la cadena CBS Harry Ong Jr., hermano mayor de Betty.
Según relató, a Betty, la menor de cuatro hermanos, le encantaba ser asistente de vuelo. Crecieron sin mucho dinero y su trabajo le permitió viajar a lugares con los que solo soñaban cuando eran niños.
Harry Ong Jr. con una foto de su hermana en 2011.
Betty estaba en el vuelo 11 para ganar dinero extra para un próximo viaje a Hawái con su hermana. Como no estaba en su vuelo normal, la mujer de 45 años fue asignada a la parte trasera del avión en lugar de la primera clase y la clase ejecutiva, donde se encontraban los secuestradores. Eso le permitió hacer la llamada a tierra.
Ong Jr. contó que su padre esperó a que Betty regresara a casa hasta el día de su muerte en 2007.
“Siempre estaba mirando la televisión, las estaciones de noticias, con la esperanza de que fueran noticias de que Betty regresaba a casa y que estaba bien”, dijo.
La familia de Betty ha mantenido vivo su nombre y legado, creando una fundación para financiar programas para jóvenes y adultos mayores en un centro de recreación en el barrio chino de San Francisco, que recibió el nombre de la azafata.
*Este artículo fue publicado el 10 de septiembre 2021 y lo volvemos a publicar en el marco de los 25 años de los atentados.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
Este artículo fue publicado originalmente el 7 de septiembre de 2021 con motivo del 20 aniversario del atentado de las Torres Gemelas.
El 11 de septiembre de 2001 dos aviones Boeing 767 embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York.
El primer avión chocó contra la torre norte a las 8:45 de la mañana. El edificio ardió durante 102 minutos y luego, a las 10:28 a.m. se derrumbó en solo 11 segundos.
Dieciocho minutos después del primer choque, a las 9:03 a.m., el segundo avión impactó la torre sur. El rascacielos resistió en llamas durante 56 minutos, tras lo cual, a las 9:59 a.m., colapsó en 9 segundos.
“Luego del increíble sonido del edificio colapsando, en pocos segundos todo se volvió más oscuro que la noche, sin sonido, y no podía respirar”, recuerda Bruno Dellinger, un sobreviviente que trabajaba en el piso 47 de la torre norte.
“Estaba convencido de que estaba muerto, porque el cerebro no alcanza a procesar algo como esto”, dice Dellinger en su testimonio compartido por el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre en Nueva York.
El saldo fueron 2.763 personas muertas, incluyendo los atancantes.
¿Por qué se cayeron las torres?
“La respuesta aceptada por toda la gente seria es que las torres se vinieron abajo porque fueron objeto de un ataque terrorista”, le dice a BBC Mundo el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
Las torres resistieron minutos antes de venirse abajo.
Justo después de los ataques, Kausel fue el líder de una serie de estudios y publicaciones en las que expertos del MIT analizaron las causas de los derrumbes desde el punto de vista estructural, de ingeniería y arquitectónico.
La respuesta de Kausel encierra una serie de fenómenos físicos y químicos que desataron una catástrofe que nadie, para ese entonces, era capaz de imaginar.
Combinación fatal
Los estudios del MIT, que se publicaron en 2002, coinciden en gran parte con los hallazgos del reporte que el gobierno de Estados Unidos le encargó al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, por sus siglas en inglés) para averiguar por qué se cayeron las torres, y cuya versión final se publicó en 2008.
Tanto el MIT como el NIST concluyen que las torres se derrumbaron debido, principalmente, a la combinación de dos factores:
• El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio
• La cadena de incendios que se expandieron a lo largo de varios pisos
“Si no hubiese habido incendio, los edificios no se habrían derrumbado”, dice Kausel.
El fuego causó daños severos a las columnas de las torres.
“Y si hubiese habido únicamente incendio, sin el daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”.
“Las torres tenían mucha resistencia”, dice el ingeniero.
El informe del NIST, por su parte, afirma que existen documentos oficiales que indican que las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707, que era la aeronave comercial más grande que existía al momento de ser diseñadas.
Los investigadores del NIST, sin embargo, advierten que no encontraron información sobre los criterios y los métodos que se utilizaron para llegar a esa conclusión.
Lo que sí está claro es que, juntos, el impacto y el incendio, produjeron un desenlace fulminante: el colapso de ambas torres.
Cómo estaban construidas las torres
Las Torres Gemelas tenían un diseño que era estándar en la década de los 60, cuando comenzaron a ser construidas.
Cada edificio tenía en el centro un núcleo vertical de acero y hormigón, que albergaba los ascensores y las escaleras.
Cada piso se formaba con una serie de vigas de acero (horizontales) que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero (verticales) para formar las paredes exteriores del edificio.
Las torres tenían una columna central a partir de la cual salían las vigas que se conectaban con las columnas exteriores.
El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, mientras que cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran, lo que en ingeniería civil se conoce como pandeo.
Toda la estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector de vigas y columnas en caso de incendio.
Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.
Impacto, fuego y aire
Ambas torres fueron golpeadas por modelos distintos de aviones Boeing 767, que son más grandes que un Boeing 707.
El impacto, según el informe del NIST, “dañó severamente” las columnas y desprendió el aislamiento contraincendios que recubría el entramado de vigas y columnas de acero.
“La vibración del choque hizo que el recubrimiento antifuego del acero se fracturara, con lo cual las vigas quedaron más expuestas al fuego”, explica Kausel.
Gran parte del combustible se quemó durante la bola de fuego que se produjo al momento del impactó de los aviones.
Así, el daño estructural le abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.
Mientras eso ocurría, las temperaturas, que llegaban a los 1.000 °C, hacían que los vidrios de las ventanas se dilataran y se rompieran, con lo cual entraba aire que servía de alimento al fuego.
“El fuego se autoalimentó de aire y por eso se propagó”, dice Kausel.
“Bombas voladoras”
Los datos oficiales estiman que cada avión cargaba cerca de 10.000 galones de combustible (más de 37.850 litros).
“Eran bombas voladoras”, dice Kausel.
Gran parte de ese combustible se quemó durante la bola de fuego que se formó en el momento del impacto, pero también hubo mucho combustible que se derramó a los pisos inferiores de las torres.
Eso hizo que el fuego se expandiera, encontrando a su paso varios objetos inflamables que le permitían seguir avanzando.
Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales, explica el ingeniero del MIT.
Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas.
Además, la dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera.
Pero luego hubo un segundo efecto.
Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.
Eso hizo que lo que antes eran estructuras rígidas, ahora parecieran cuerdas que al arquearse comenzaron a impulsar hacia adentro las columnas a las que estaban unidas.
“Eso fue fatal para las torres”, señala Kausel.
Colapso
En ese momento ya estaban todos los ingredientes para desencadenar el colapso.
Las columnas ya no estaban totalmente verticales, debido a que las vigas primero las empujaron hacia afuera y luego las jalaron hacia adentro, así que comenzaron a pandear.
Así, según el informe del NIST, las columnas iniciaron el colapso arqueándose, mientras las vigas a las que estaban conectadas tiraban de ellas hacia adentro.
El análisis de Kausel, por su parte, añade que, en alguno casos, las vigas jalaron tan fuerte de las columnas que destrozaron los pernos que las ataban a las columnas, lo que causó que estos suelos se derrumbasen y los escombros fueran causando sobrepeso en los pisos inferiores.
Esto produjo un estrés adicional a la capacidad de las ya debilitadas columnas.
El resultado fue una caída en cascada.
Las paredes se derrumbaron “como quien pela un banano”.
Una vez que el edificio entró en caída libre, explica Kausel, el colapso expulsó progresivamente el aire que había entre los pisos, lo que causó un viento fuerte hacia la periferia.
Esto hizo que el derrumbe quedase envuelto en una nube de polvo, y que las paredes externas se derrumbasen hacia afuera, “como quien pela un banano”, dice el experto.
Ambos edificios se esfumaron en cuestión de segundos, pero el fuego entre los escombros siguió ardiendo durante 100 días.
Veinte años después, el horror y el dolor que causaron los atentados aún no se apagan.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
Sobrevivientes y familiares de víctimas se reúnen en actos conmemorativos organizados en los tres lugares donde se produjeron los impactos: Nueva York, Virginia y Pensilvania.
Cuando una tarde del pasado mayo llegamos junto a Ilya Espino de Marotta (Ciudad de México, 1962) al embarcadero de Paraíso, en el extremo pacífico del Canal de Panamá, los trabajadores, casi todos hombres, se acercaron de inmediato.
Nos dirigíamos hacia una lancha que nos llevaría a recorrer la vía interoceánica y, una y otra vez, se escuchaba la misma palabra: “¡Jefa! ¡Jefa! ¡Jefa!”.
Ella se detenía, saludaba, aceptaba los selfies, les preguntaba sobre su bienestar.
Tan solo unos días antes de nuestro encuentro, la ingeniera marina había sido nombrada la primera mujer administradora del Canal en sus 112 años de historia.
Esta semana asumió formalmente el cargo en una ceremonia pública frente a la sede de la corporación que contó con la presencia del presidente panameño, José Raúl Mulino.
Espino de Marotta comenzó su discurso con un recuerdo que ayuda a entender la familiaridad que vimos en el muelle.
“El 17 de junio de 1985, una ingeniera joven llegó a trabajar de forma temporal en el dique de reparación del Canal de Panamá. No podía imaginarse que estaría aquí, frente a ustedes, asumiendo la responsabilidad de administrarlo”, señaló ante sus familiares, compañeros de trabajo y autoridades nacionales.
La tarea es enorme. Por el Canal de Panamá, que conecta los océanos Pacífico y Atlántico pasa cerca del 6% del comercio mundial.
Para el país centroamericano, representa alrededor del 10% de su economía y más de US$3.000 millones que ingresan cada año a las arcas del Estado.
Espino de Marotta estudió ingeniería marina en Texas A&M University.
Pero no es solo su peso económico lo que hace compleja la tarea. El Canal está en medio de las tensiones entre Estados Unidos y China, y enfrenta una amenaza cada vez más concreta por la falta de agua debido al cambio climático y el fenómeno de El Niño.
Hace tan solo una semana, se anunció una reducción en el número de buques que pueden cruzarlo debido a los bajos niveles de sus embalses.
Espino de Marotta aseguró tener un plan para hacer frente a esos retos.
“Cada vez que este Canal ha enfrentado un momento difícil se ha reinventado sin detenerse gracias a la gente que lo hace funcionar todos los días”, afirmó, en referencia a los casi 9.000 empleados que ahora lidera.
También habló de lo que significa ser la primera mujer en dirigir esta inmensa obra de infraestructura, construida por el ejército de Estados Unidos e inaugurada en 1914.
“Sé que eso trae consigo expectativas, pero no llegué aquí por ser mujer”, dijo. “Llegué aquí porque en 41 años trabajé y me preparé para esta responsabilidad”.
El casco rosa
El primer trabajo de Ilya Espino de Marotta en el Canal de Panamá fue, como ella misma contó en su discurso, en la sección de ingeniería del astillero. Allí se daba mantenimiento a equipos como remolcadores, lanchas, grúas y dragas.
Pero su relación con el mar comenzó mucho antes.
“Siempre, desde niña, amé el mar. Quería estudiar biología marina porque, cuando era pequeña, conocí el trabajo del buzo [cineasta y oceanógrafo] francés Jacques Cousteau”, contó en una entrevista para la cadena DW en 2019.
A los 16 años ya practicaba buceo. Sin embargo, ante las limitadas oportunidades laborales que veía en Panamá, decidió estudiar ingeniería marina en Texas A&M University, EE.UU.
Después de graduarse, el puesto que realmente buscó en el Canal fue el de buzo industrial, aunque, como quedó claro, no lo consiguió.
“Eso fue en 1985 y, aunque no me lo dijeron, fue por ser mujer”, aseguró en su entrevista con DW.
Durante las décadas siguientes ocupó distintos cargos dentro del Canal, entre ellos vicepresidenta de Negocios de Tránsito y vicepresidenta de Ingeniería. Desde esta última posición fue una figura clave en la ampliación de la vía marítima, una obra cuya fase final lideró a partir de 2012.
“Algunos hombres cuestionaron mi nombramiento, pero puedo manejarlo”, afirmó en 2016 en una entrevista para el blog del Banco Europeo de Inversiones, que aportó US$500 millones al proyecto.
El primer empleo de Espino de Marotta en el Canal de Panamá fue como ingeniera en el astillero, donde le ofrecían mantenimiento a los vehículos acuáticos.
Durante la construcción, la ingeniera utilizaba un casco rosado. “Era una declaración de que una mujer puede desempeñar este trabajo”, comentó.
La ampliación añadió un tercer carril de tránsito para buques y permitió el paso de embarcaciones más grandes y con mayor capacidad de carga. Hoy, según ha señalado la propia Espino de Marotta a medios panameños, esa obra genera el 50% de los ingresos anuales del Canal de Panamá.
Y ese logro también estuvo presente en sus palabras el lunes, al asumir su nuevo cargo y reflexionar sobre lo que representa el Canal para el país e insistir en mantener su “institucionalidad”.
“Los resultados del Canal no son casualidad, sino la consecuencia de cómo los panameños decidimos hace 30 años el funcionamiento de nuestra principal empresa”, afirmó, en referencia al traspaso del pasaje interoceánico de la administración estadounidense a la panameña.
Destacó además que, desde entonces, el Canal ha aportado US$31.000 millones al tesoro nacional, “es decir, 17 veces más de lo que recibió Panamá de Estados Unidos durante sus 85 años de administración”.
Espino de Marotta comenzó a usar un casco rosado luego de que cuestionaron que pudiese liderar el proyecto de la ampliación del Canal de Panamá por ser mujer.
Los retos que se avecinan
El acto en el que el administrador del Canal de Panamá comienza sus funciones tiene un protocolo muy parecido al de un gobernante.
Incluso la propia Autoridad del Canal de Panamá (ACP) lo llamó en un video promocional una “toma de posesión”.
Durante la ceremonia, Espino de Marotta firmó el documento que selló sus nuevas responsabilidades y posó para fotografías con funcionarios, miembros de la junta directiva de la ACP, el presidente Mulino y la primera dama, Maricel Cohen.
En el discurso posterior, ofrecido frente al edificio de la administración, una estructura imponente con amplias columnas y pisos de mármol que miran hacia el Pacífico, la nueva líder también repasó los retos que enfrenta el Canal y expuso su visión para la institución.
“Si bien el Canal se ubica en Panamá, su negocio y competencias son globales. Por ello, los eventos geopolíticos y climáticos presentan riesgos y oportunidades”, dijo.
Aunque no amplió a qué eventos geopolíticos se refería, el Canal de Panamá lleva meses en medio de la disputa entre China y Estados Unidos por la influencia en el comercio mundial.
Cuando inició su segundo mandato en 2025, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con recuperar el control de la obra, al alegar una creciente influencia china y acusar a Panamá de cobrar a los barcos estadounidenses tarifas “ridículas y altamente injustas”.
Más adelante, un fondo de inversión estadounidense anunció la compra de dos puertos de la empresa hongkonesa CK Hutchison, instalaciones que se habían convertido en uno de los principales puntos de fricción entre Washington y Panamá.
La situación es especialmente delicada para la ACP porque sus dos mayores clientes son, precisamente, Estados Unidos y China.
En una entrevista reciente con Bloomberg, Espino de Marotta insistió en que el Canal no es una entidad política, sino una organización independiente guiada por resultados.
“Los asuntos diplomáticos son manejados por el gobierno”, sostuvo, al tiempo que aseguró que la ruta sigue siendo competitiva a nivel internacional.
Sobre lo que sí abundó fue en la escasez de agua. Las sequías, cada vez más prolongadas y frecuentes por efecto del cambio climático, han vuelto a afectar a la vía interoceánica.
Construido como un sistema de lagos artificiales sobre el nivel del mar, el canal depende de la lluvia para operar.
Esos mismos embalses también abastecen de agua potable a unos dos millones de personas, cerca de la mitad de la población panameña, que vive desde Colón hasta Ciudad de Panamá.
La nueva jefa del canal ha estado al frente del gran proyecto llamado a aliviar ese problema: la construcción de un nuevo reservorio sobre el río Indio para reforzar tanto el suministro de agua potable como las operaciones del cruce en periodos de sequía.
La ACP prevé iniciar las obras en 2027, pero el proyecto ha generado críticas de residentes de más de 30 comunidades que tendrían que ser reubicadas.
Espino de Marotta sostiene que el proceso se ha desarrollado con diálogo y que la entidad compensará a quienes deban abandonar sus hogares.
Nuestra entrevista con ella en mayo giró precisamente en torno a esa iniciativa.
Durante aquel recorrido por el Canal, argumentó que busca evitar que se repita una situación como la de 2023, cuando la falta de agua redujo el tránsito en unos 2.700 buques y provocó una caída cercana a los US$900 millones en los ingresos del Estado.
En sus palabras, “hay que entender que este no es un proyecto del Canal, es un proyecto del país”.
Espino de Marotta comenzó a trabajar en el Canal de Panamá en 1985, cuando tenía apenas 23 años.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
A los escolares de hoy les cuesta comprender lo que leen y realizar ciertas operaciones matemáticas con la misma destreza con la que lo hacían sus pares hace apenas unos años.
Este es el desolador panorama que presenta el último informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), un examen mundial que, cada tres años, mide las habilidades de los estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias.
“Los resultados del aprendizaje se han estancado o han seguido empeorando en muchos países”, se lee en el reporte elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organismo que agrupa a las 38 economías más desarrolladas del mundo.
De este declive no ha escapado América Latina. De los 13 países de la región que se sometieron a la evaluación, en la que participaron 760.000 estudiantes de todo el mundo, ninguno alcanzó el promedio de la OCDE.
Asimismo, en comparación con 2022, tres países mejoraron sus resultados en ciencias, tres empeoraron y seis se mantuvieron estables. Sin embargo, en lectura ningún país registró mejoras y seis obtuvieron peores resultados.
En matemáticas ninguno incrementó sus puntajes y cinco registraron descensos; en algunos casos, incluso, obtuvieron los peores resultados de las últimas dos décadas.
A continuación, te presentamos algunos de los hallazgos del estudio:
1. Retrocesos históricos en matemáticas y lectura
Argentina protagonizó uno de los retrocesos más fuertes de la región en la evaluación relacionada con los conocimientos en matemáticas. El país obtuvo 367 puntos, 11 menos que en 2022, lo que representa su peor registro desde que comenzó a participar en la prueba PISA.
Apenas el 24% de sus estudiantes alcanzó el nivel mínimo de competencia, frente al 65% registrado como promedio en los países de la OCDE.
Pero el caso de Argentina no fue único. Chile también obtuvo su peor calificación desde 2006, cuando comenzó a participar en este examen al conseguir 403 puntos, nueve menos que en la anterior evaluación de 2022.
Argentina y México registraron resultados particularmente bajos en matemáticas.
Una situación similar ocurrió en México, país que también registró su peor calificación en matemáticas desde 2006, al conseguir 388 puntos, apenas tres más que los que los logrados en 2003, cuando participó por primera vez en esta evaluación.
“Los resultados de PISA confirman que la crisis educativa en matemáticas es un fenómeno regional. Incluso los países mejor posicionados de América Latina tienen a más de la mitad de sus estudiantes por debajo del nivel mínimo de competencia. En otros países esto llega al 80% de los estudiantes”, advirtió Víctor Volman, director ejecutivo de Argentinos por la Educación, una organización no gubernamental que busca mejorar la enseñanza en el país sudamericano.
Una opinión similar expresó el profesor mexicano Marco Antonio Fernández, quien achacó los malos resultados obtenidos por su país a una combinación de factores.
“Esto se debe principalmente al tema de los docentes y al descuido que ha tenido el Estado mexicano a la hora de mejorar su capacitación continua, para así asegurar que los profesores tengan mejores elementos para hacer sus clases más efectivas y que estén acompañados de materiales educativos de calidad”, le dijo Fernández a BBC Mundo
“Solo el 35% de las escuelas públicas cuentan con una computadora con acceso a internet”, apuntó el investigador de la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey.
En cuanto a la lectura, Guatemala, Paraguay, Perú, Chile y Uruguay registraron caídas significativas respecto a la evaluación anterior.
2. Se amplían las brechas
En México, cuya actual presidenta, Claudia Sheinbaum, es científica de formación, la tradicional brecha de género en el ámbito de las ciencias se ha ampliado.
El país norteamericano figura, junto a Kenia, entre aquellos en los que la proporción de niñas que no alcanzaron el nivel de competencia 2 supera a la proporción de niños por un margen que oscila entre 6 y 10 puntos porcentuales.
En matemáticas, los varones también obtuvieron mejores puntajes que las niñas (16). Sin embargo, en lectura, ellas se impusieron por 12 puntos (414 frente a 402).
Un panorama similar se registró en otros países de la región, como Colombia, donde las niñas volvieron a superar a los niños en lectura por 16 puntos. No obstante, los niños obtuvieron mejores calificaciones en ciencias y, sobre todo, en matemáticas, donde la diferencia a su favor fue de 14 puntos.
¿Por qué ocurre esto? “Sin duda alguna hay una cuestión de roles”, aseguró a BBC Mundo Rodrigo Castañeda Valle, analista de Políticas Públicas de la OCDE.
“Son modelos que se transmiten socialmente y efectivamente, los niños generalmente son empujados hacia las carreras más científicas e ingenierías, mientras que las niñas lo son hacia las artes”, agregó.
Pero no solo el género afecta el desempeño académico, sino también el origen socioeconómico. En Colombia, por ejemplo, los estudiantes provenientes de familias con mayores recursos superaron a los más desfavorecidos por 93 puntos en la prueba de ciencias, una brecha equivalente a la observada entre los países con mejores y peores resultados en esa misma área.
Asimismo, en ciencias y lectura, solo el 1% de los estudiantes colombianos se ubicó en los niveles 5 o 6 (los más elevados), comparado con el 7 % y el 6 %, respectivamente, en el promedio de la organización.
En matemáticas, la proporción fue prácticamente nula, mientras que en la OCDE llegó al 8%.
“En Colombia existe una especie de apartheid educativo”, le dijo a BBC Mundo Alejandro Gaviria Uribe, quien fue ministro de Educación durante los primeros meses del gobierno de Gustavo Petro (2022-2026).
“Las elites del país saben que no necesitan de una educación pública de buena calidad porque tienen colegios privados buenos como alternativa”, apuntó.
3. Cada vez hay más estudiantes
Pero el informe PISA no solo contiene resultados negativos sobre la región. También destaca como un aspecto positivo que, durante los últimos años, países como Colombia, Costa Rica, El Salvador, Perú y México hayan continuado ampliando la cobertura de la educación secundaria sin que ello haya provocado caídas drásticas en el rendimiento académico.
“La proporción de estudiantes que tienen un desempeño académico bajo se ha mantenido, a pesar de que son sistemas en expansión, es decir, que hay más y más jóvenes que antes no estaban en el sistema educativo y que generalmente tienen enormes lagunas educativas”, afirmó Castañeda.
No obstante, otros expertos consultados creen que la masificación educativa no ha venido acompañada de calidad.
“Colombia, particularmente, ha mejorado el acceso en educación en todos los niveles. Es muy raro en alguno de los 1.100 municipios que tiene el país no haya posibilidad de cupo escolar, pero se nos ha olvidado la calidad educativa”, le dijo a BBC Mundo la educadora Edna Bonilla.
“Si no mejoramos la calidad y la permanencia escolar, no hacemos nada”, agregó la excandidata a la vicepresidencia de Colombia y exsecretaria de Educación en la ciudad de Bogotá.
“Hoy los chicos y chicas se aburren en el colegio, sobre todo en los grados décimo y undécimo, que corresponden a la educación media, y no contamos con estrategias sólidas para combatir la deserción”, añadió la experta.
En similares términos se pronunció el exministro Gaviria, quien explicó qué significa que la región esté 93 puntos por debajo del promedio en matemáticas, 83 en ciencias y 72 en lectura.
“Cada 20 puntos son un año de educación, por lo que aquí es como si tuviéramos cuatro años menos de educación”, alertó.
Frente a esta realidad, desde la OCDE admitieron que hay redoblar los esfuerzos por elevar las competencias adquiridas en las aulas.
“Muchos jóvenes saben ciencia, pero todavía no la usan en su vida cotidiana. No utilizan, por ejemplo, sus nociones de electricidad para saber si ciertos materiales conducen a electricidad o no (…) ese es el reto”, ilustró.
La OCDE destacó que la matrícula escolar ha seguido creciendo de forma constante en varios países de América Latina durante los últimos años.
4. La escuela, bien valorada
Aunque la región sigue estando por debajo del promedio de los países de la OCDE en matemáticas, ciencias y lectura, y aquellos países que venían mostrando avances, como Perú y Chile, han retrocedido, el informe arroja algo de esperanza.
“Tenemos muchos estudiantes que tienen muchas actitudes positivas hacia el aprendizaje”, aseveró Castañeda.
De acuerdo con los resultados del estudio, el número de estudiantes de Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Guatemala, México y Perú que afirmó sentir curiosidad por aprender cosas nuevas estaba por encima del promedio de la OCDE (73%), al igual que el de quienes aseguraron perseverar en el momento de cumplir una asignación o resolver un problema.
Y, como lo si lo anterior no fuera suficiente, en la casi la totalidad de los países de la región evaluados el número de quienes consideran que es “una perdida de tiempo” estar en un salón de clases está por debajo del 24%, que es el promedio de la OCDE.
“Hay un alto valor en la escuela. Ir a la escuela a aprender tiene todavía un valor importante en América Latina”, resaltó Castañeda.
5. Sin respuesta frente a la IA
Las pruebas PISA también abordaron el tema de las nuevas tecnologías, en particular el uso de teléfonos celulares, tabletas y otros dispositivos, así como el empleo de herramientas de inteligencia artificial (IA) por parte de los estudiantes.
Si bien los resultados revelan que las nuevas tecnologías pueden ayudar en el proceso de aprendizaje, también apuntan a que lo pueden perjudicar, en especial en el caso de aquellos estudiantes que “usan IA para tareas escolares específicas, como resumir textos, redactar o investigar”, los cuales “obtienen puntuaciones más bajas en ciencias que los que no la usan”.
En Colombia, Perú, Uruguay y Argentina, por ejemplo, más de la mitad de los estudiantes usa la IAl para hacer sus tareas.. Además, entre el 36% y el 57% de los alumnos reconoce que los celulares y otros dispositivos les distraen en clase, se lee en el reporte.
¿Cómo conseguir que la tecnología solamente impulse el aprendizaje? “Esa es una de las preguntas más pertinentes hoy y los datos de PISA nos hablan de este desafío, pero no nos dan la respuesta todavía”, agregó Castañeda.
El uso de teléfonos celulares en las aulas se ha convertido en una fuente de distracción para muchos estudiantes en América Latina, lo que ha llevado a expertos a pedir una regulación más estricta.
Sin embargo, los expertos consultados por BBC Mundo ofrecieron algunas recomendaciones.
“Yo, particularmente, creo que estamos en mora con hacer una muy buena regulación sobre el uso de teléfonos celulares en las escuelas, sobre el acceso a redes sociales en menores de 16 años y en general, el uso de la inteligencia artificial”, afirmó Bonilla.
“La discusión educativa ya no puede ser si la inteligencia artificial sí o no. Tenemos que enseñar a utilizarla críticamente, sin sustituir la capacidad de leer, de escribir, de razonar y sobre todo, de resolver problemas”, apuntó.
En similares términos se pronunció Gaviria. “El informe deja en claro que quienes no usan la IA se están perdiendo algo y quienes recurren a ella para todo están viendo afectado su aprendizaje. Hay que buscar un punto medio”.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
Todos sabemos que Donald Trump no siente la necesidad de atenerse a las reglas habituales de las campañas políticas.
Incluso para sus propios estándares poco convencionales, su extravagante promesa de pagar a cada ciudadano estadounidense US$5.000 si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato fue descabellada.
Esta enorme promesa de donación en efectivo no fue el tema principal de su discurso inaugural de la convención republicana para las elecciones de mitad de término, ocurrido este miércoles.
Hizo esta mención aproximadamente una hora después de haber comenzado su largo discurso, justo cuando la atención del público comenzaba a flaquear.
El presidente no ofreció detalles sobre cómo se pagará esta promesa de más de un billón de dólares ni cómo se distribuirán los pagos.
Al ser consultada para obtener más información, la Casa Blanca declaró en un comunicado que “este anuncio es la prueba más reciente de que el presidente Trump hace lo que los supuestos ‘expertos’ dicen que no se puede hacer: cumple con el pueblo estadounidense”, pero no ofreció más detalles sobre cómo se implementaría.
El anuncio fue recibido con un aplauso entusiasta por parte de los simpatizantes dentro del recinto de la convención republicana en Dallas, Texas.
Pero los republicanos que se enfrentan a contiendas muy reñidas en las elecciones de noviembre, y que necesitan ganarse a los votantes indecisos y escépticos, incluidos los republicanos moderados y los independientes, se mantuvieron en gran medida alejados del evento.
Y muchos de los compañeros republicanos de Trump se mostraron claramente sorprendidos. Algunos acogieron con satisfacción el anuncio, pero los republicanos más críticos con Trump no tardaron en denunciarlo.
“Promesa vacía”
Los conservadores que ya se habían enfrentado a Trump anteriormente, especialmente por cómo la deuda federal ha seguido aumentando desmesuradamente durante su presidencia, fueron mordaces en su respuesta.
Thomas Massie, representante republicano de Kentucky que perdió las primarias por sus críticas a Trump a principios de este año, publicó en X: “No sé ustedes, pero francamente me ofende la idea de que mi voto en noviembre pueda comprarse por US$5.000. Sin mencionar la inflación que esto provocaría. En definitiva, no puedo aceptar en conciencia ni un centavo menos de US$10.000”.
Trump hizo su oferta usto cuando la atención del público comenzaba a flaquear.
La senadora Susan Collins, que optó por no ir a Dallas para hacer campaña en Maine, donde se enfrenta a una reñida contienda por la reelección, declaró: “Las decisiones sobre impuestos y gastos deben basarse en las necesidades del pueblo estadounidense y en el estado de la economía; no deben parecer vinculadas a los resultados electorales”.
Los demócratas, por su parte, lo han calificado de “promesa vacía”.
Según expertos legales, es poco probable que Trump pueda aprobar una suma tan grande mediante una orden ejecutiva presidencial, pero el presidente sugirió el jueves que no acudiría al Capitolio.
En declaraciones a CBS, la socia en EE.UU. de la BBC, afirmó que no creía que el Congreso tuviera que aprobar el gasto, antes de añadir: “Creo que lo harán, si es necesario”.
Pero es probable que muchos representantes republicanos fiscalmente conservadores se nieguen a apoyar este tipo de gasto.
El exrepresentante republicano Bob Good desestimó el “dividendo de Trump” como un “plan socialista para comprar votos”.
Ruptura con las normas
Pero esta convención sirvió para recordar que Trump sigue dominando el partido y que, al menos en la Cámara de Representantes, ya los ha obligado a doblegarse ante su voluntad en políticas que no coinciden con las posturas conservadoras tradicionales.
Esta no es la primera vez que el presidente Trump hace una promesa monetaria a los votantes.
Los estadounidenses aún esperan los cheques de US$2.000 que prometió que cada uno recibiría de los ingresos generados por sus aranceles comerciales. Y los pagos de US$5.000 que Elon Musk propuso que provendrían de los recortes de gastos de su empresa Doge nunca se materializaron.
Trump sí cumplió su promesa de crear cuentas de ahorro con su nombre, con una contribución gubernamental de US$1.000 para los niños nacidos durante su mandato. Además, todos los miembros de las fuerzas armadas estadounidenses recibieron un pago de US$1.776 para celebrar el 250 aniversario de Estados Unidos.
Esta convención sirvió para recordar que Trump sigue dominando el partido.
¿Es una señal de que Donald Trump teme una derrota contundente en noviembre, al sentir la necesidad de hacer este tipo de promesas electorales tan llamativas?
Aunque el presidente no figure en la papeleta electoral, los votantes suelen considerar las elecciones de mitad de mandato como un referéndum sobre el presidente en ejercicio y, a menudo, sobre el partido que se encuentra en lucha por el poder.
A menos de dos meses de las elecciones, Trump se enfrenta a índices de aprobación históricamente bajos.
Su guerra con Irán se ha vuelto cada vez más impopular, y sus repercusiones se notan en el precio de la gasolina para los estadounidenses. El poder adquisitivo sigue siendo una de las principales preocupaciones de los votantes, y si bien la inflación ha disminuido desde su pico posterior al covid-19 bajo el mandato de Joe Biden, se mantiene persistentemente alta.
¿Sugiere entonces esta promesa un cierto grado de pánico, al punto de que sacó esta política de la manga antes de que muchos de sus aliados más cercanos fueran informados al respecto?
Sin duda, es una forma muy poco ortodoxa de lanzar una promesa electoral de gran envergadura.
Pero el éxito político de Trump se ha basado en su forma de hacer negocios que rompe con las normas establecidas.
Su última estratagema podría funcionar, pero solo si los votantes creen que habla en serio cuando dice que va a extenderles un cheque.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
Durante 25 años, el único rastro físico que Juliette Scauso ha conservado del último día de la vida de su padre ha sido su casco de bombero destrozado.
Su padre era Dennis Scauso, que perteneció a una unidad de materiales peligrosos del Departamento de Bomberos de Nueva York durante 12 años.
Inicialmente no tenía programado trabajar el 11 de septiembre de 2001, pero cambió de turno para cobrar las horas extras.
A la familia le informaron que probablemente se encontraba en la Torre Sur del World Trade Center (WTC) cuando se derrumbó.
Meses después, se encontró el casco con su número de placa.
“He pasado prácticamente toda mi vida sabiendo que mi padre murió y aprendiendo a vivir con el hecho de que nunca lo recuperamos”, dijo Scauso, que tenía 4 años cuando ocurrieron los ataques.
Dennis Scauso es uno de los más de 1.000 muertos del 11 de septiembre en Nueva York que aún no han sido identificados, según el departamento forense de la ciudad de Nueva York, que se encarga de investigar muertes violentas o sospechosas y de custodiar los restos de aquellos no identificados o no reclamados.
Casi 3.000 personas fallecieron ese día en los atentados contra el WTC y el Pentágono.
Nueva York anunció el mes pasado que identificaron el cuerpo de una víctima —la persona número 1.654— gracias a una nueva tecnología llamada genealogía genética forense de investigación, o FIGG.
“Este método es muy prometedor”, indicó Angela Soler, directora de antropología forense de la ciudad.
“Hay esperanza de que más familias obtengan respuestas y, si todo va bien, podremos analizar más restos en el futuro utilizando esta tecnología”, añadió.
Desde aquel fatídico 11 de septiembre, la dirección de antropología forense ha intentado identificar los restos de las 2.753 víctimas que murieron en el WTC, aunque hasta ahora solo lo logró en el 60% de los casos.
“Ha sido uno de los esfuerzos de identificación más complejos que alguien haya experimentado jamás”, dijo Soler.
25 años después, aún se siguen encontrando coincidencias de ADN
Los esfuerzos por identificar a las víctimas se han visto complicados por diversos factores.
Según Soler, los restos humanos resultaron dañados entre el choque de los aviones con las torres y los incendios provocados por el combustible de las aeronaves, lo que significa que solo disponían de partes de las víctimas para tomar muestras de ADN.
Scauso añadió que, dada la hora en la que se produjeron los ataques, muchos bomberos estaban cambiando de turno, pero algunos se quedaron para ayudar y tomaron todo el equipamiento adicional que pudieron encontrar.
Eso significó que algunos de los rescatistas recuperados llevaban uniformes con nombres de otras personas, lo que dificultó su identificación.
El emplazamiento del WTC registró muchas más víctimas que los demás lugares donde se produjeron atentados terroristas el 11 de septiembre.
Los restos de cinco de las 184 personas que fallecieron cuando el vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra el Pentágono nunca fueron identificados debido a que presentaban condiciones similares.
Según el Servicio de Parques Nacionales de EE.UU., se recuperaron suficientes restos como para utilizar ADN, registros dentales y huellas dactilares para identificar a las 40 víctimas a bordo del vuelo 93 de United Airlines, que se estrelló en un campo en Shanksville, Pensilvania.
Los restos humanos recuperados del WTC han sido embalados y sellados para preservar el ADN y poder analizarlo en los años venideros.
Poco después de los ataques, las autoridades identificaron víctimas mediante huellas dactilares o registros dentales, pero con el tiempo, al no poder usar ninguno de esos métodos, recurrieron a nuevas tecnologías para extraer ADN y volver a analizarlos.
“Por eso, después de tantos años, seguimos identificando cuerpos, porque continuamos realizando pruebas y volvemos a intentarlo con cada nueva tecnología que está disponible”, explicó Soler.
De acuerdo al departamento forense, la tecnología de ADN ha ayudado a identificar a 1.495 víctimas desde el 11-S, algunas únicamente mediante ADN y otras con múltiples métodos.
El año pasado, la ciudad anunció que, con la ayuda del ADN, 24 años después, había identificado a tres víctimas: Ryan Fitzgerald, un operador de divisas de 26 años; Barbara Keating, una mujer de 72 años que viajaba a bordo del vuelo 11 de American Airlines de Boston a Los Ángeles; y una mujer cuyo nombre permaneció en secreto por pedido de su familia.
Soler explicó que la nueva tecnología FIGG utiliza la secuenciación del genoma completo, lo que permite leer todo el código genético de una persona.
De esta forma, los investigadores pueden encontrar coincidencias con familiares más lejanos de la víctima.
Una vez que se encuentran estas coincidencias, el Departamento de Policía de Nueva York ayuda a localizar a los familiares más cercanos.
Reabrir viejas heridas
La división forense de Nueva York sigue recibiendo llamadas semanales de familiares que preguntan por alguien cuyos restos nunca fueron recuperados.
Muchos no han podido enterrar a su ser querido, pero algunos optan por colocar los restos, una vez encontrados, en un depósito ubicado en el sitio conmemorativo del 11-S en Nueva York.
El depósito se construyó en los cimientos del WTC y solo el personal forense tiene acceso.
Un espacio reservado cercano, conocido como la sala de reflexión, está disponible para que las familias guarden luto.
“Ahí es donde estuvo su ser querido en sus últimos momentos, y ahí es donde quieren que permanezca”, señaló Soler.
Algunos no quieren ser notificados, tal vez porque la confirmación es demasiado dolorosa, agregó la médica forense, quien también se encarga de informar a algunas familias.
Juliette Scauso es una de esas personas.
Conoce a gente que, en los últimos años, recibió una llamada informándole de que finalmente se había identificado a un familiar.
La idea de ser la siguiente en la lista aterra a su familia, que se ha esforzado mucho por mantener vivo el recuerdo de su padre, un hombre polifacético y amante del jazz.
“En este momento, su identificación no cambiaría la realidad de su muerte. No me devolvería a mi padre, y no quiero reabrir algo que se ha convertido en parte de mi forma de vivir y de sobrellevar el duelo”, aseguró.
“Sobre todo 25 años después, reabriría las heridas”.
Juliette Scauso afirma que el casco de su padre, Dennis, fue el único objeto recuperado, junto con su placa del Departamento de Bomberos de Nueva York, donde trabajó 12 años.
Pero, según ella, la tecnología es importante.
Soler ha percibido que, cuando informa a las familias, la noticia aporta una mezcla de alivio y tristeza.
“Es la confirmación de algo que siempre supieron que era cierto: sabían que su ser querido murió el 11 de septiembre, pero creo que para muchas familias, esa pregunta sigue presente hasta que los restos sean identificados formalmente”,estimó.
“Quizás ahora, habiendo identificado otra víctima [tantos años después], estén reviviéndolo un poco más. Pero al mismo tiempo, se cierra un capítulo de su historia tras el 11-S”, añadió.
Para Soler y algunos de sus colegas que estaban en el terreno cuando ocurrió el atentado, este trabajo es profundamente personal.
Los empleados de su división llegaron a la Zona Cero después de que los aviones impactaran contra las torres y estuvieron allí cuando los edificios se derrumbaron.
Son conscientes de que es improbable que identifiquen a todas las víctimas.
Puede que no quede ningún rastro de alguno de ellos.
Aun así, no tienen intención de parar.
“Mientras haya familias que busquen respuestas, seguiremos buscándolas”, dijo la forense.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Periodistas de la BBC revisaron el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.