Durante más de una década, el presidente Trump ha sembrado dudas sobre la integridad de las elecciones de EE. UU., y es probable que retome algunas de sus aseveraciones en un mensaje que dará el jueves.
El presidente Donald Trump se ha dedicado a sembrar dudas sobre la integridad de las elecciones estadounidenses durante más de una década. Lo que no ha hecho es presentar pruebas que respalden sus afirmaciones de que se realizó un fraude generalizado, que potencias extranjeras manipularon los votos o que funcionarios federales o estatales conspiraron para amañar ya sea las elecciones de 2020, que perdió ante Joe Biden, u otras contiendas cuya legitimidad ha cuestionado.
Es probable que Trump retome algunas de esas aseveraciones durante un mensaje que dará a la nación el jueves en horario estelar y que se espera que gire en torno a la seguridad electoral, lo que podría representar la intensificación de sus esfuerzos por socavar la confianza en los resultados de las elecciones estadounidenses.
Sin embargo, sus afirmaciones falsas en ocasiones han exagerado o eclipsado algunas preocupaciones legítimas sobre la seguridad de las elecciones, en particular las relacionadas con la injerencia extranjera.
En años recientes, adversarios extranjeros, especialmente Rusia e Irán, han tratado de influir en los ciclos electorales presidenciales mediante una mezcla de propaganda en línea y operaciones de hackeo y filtración. Sin embargo, nunca han surgido evidencias que demuestren que los conteos de votos se han manipulado o corrompido. Informes de inteligencia, auditorías estatales de los conteos de votos y demandas judiciales han validado los resultados oficiales una y otra vez, tanto en 2020 como en otros años.
No, no hay evidencias de manipulación extranjera en los conteos de elecciones estadounidenses recientes
A pesar de las exhaustivas auditorías realizadas por los estados, nunca se ha hecho pública ninguna prueba que corrobore las afirmaciones de que hubo manipulación extranjera, ya fuera en la emisión o en el conteo de los votos, en las elecciones de 2020 o en otras votaciones recientes. Incluso muchos que eran altos funcionarios al final del primer mandato de Trump lo han afirmado públicamente en repetidas ocasiones.
Desde que regresó a la presidencia, Trump y algunos de sus principales funcionarios han prometido revelar pruebas clasificadas sobre supuestos complots perversos –ya sean de origen extranjero o interno– para manipular las elecciones.
Pero sí ha habido injerencia extranjera, ¿no?
Sí, aunque la respuesta depende un poco de lo que se entienda por “injerencia”.
Funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, expertos en ciberseguridad y ejecutivos de las principales empresas de redes sociales han dicho que durante años se han detectado las actividades de actores extranjeros difundiendo desinformación en línea sobre las elecciones estadounidenses y sobre candidatos específicos a la presidencia y al Congreso.
Rusia realizó las operaciones de influencia extranjera más significativas durante la contienda presidencial de 2016, según exfuncionarios de inteligencia estadounidenses y las conclusiones bipartidistas de una investigación de varios años realizada por el Comité de Inteligencia del Senado y publicada en 2019 y 2020. Empresas de redes sociales –entre ellas Facebook y Twitter– y el gobierno de Barack Obama fueron tomados por sorpresa por la estrategia rusa, la cual China, Irán y otros han imitado en elecciones más recientes, incluidas las contiendas presidenciales de 2020 y 2024.
En general, los funcionarios de inteligencia de Estados Unidos han dicho que es imposible determinar si los esfuerzos de desinformación extranjera podrían haber afectado las decisiones de los votantes en 2016 o en otras elecciones, y hasta qué punto.
En cualquier caso, los funcionarios del primer gobierno de Trump y del gobierno de Biden trazaron una clara distinción entre las campañas de influencia extranjera, que a lo largo de los años se consideraron graves pero no existenciales, y los intentos de manipular los conteos de votos. Algunos altos funcionarios políticos han argumentado que esto último, de ocurrir, sería una violación flagrante a la soberanía que equivaldría casi a un acto de guerra.
Existen preocupaciones válidas sobre la seguridad de la infraestructura electoral
No hay pruebas de que actores extranjeros hayan logrado cambiar alguna votación; ni siquiera de que hayan tenido la intención de hacerlo. Sin embargo, durante años los expertos en ciberseguridad han puesto a prueba las máquinas de votación y otros sistemas conectados al proceso electoral, como los padrones electorales electrónicos que se usan para registrar a los votantes, y han encontrado diversas fallas. No obstante, en general, dichos problemas requieren acceso físico a los sistemas electorales o no permitirían la manipulación de conteos de votos.
El informe del Senado sobre la actividad extranjera de 2016 concluyó que hackers rusos probablemente atacaron los sistemas electorales en los 50 estados durante el ciclo electoral de ese año. Sin embargo, funcionarios y expertos han sostenido desde hace tiempo que esa actividad consistió en una forma básica de ciberreconocimiento, como escanear dominios públicos de sitios web relacionados con las elecciones en busca de posibles vulnerabilidades, comparable a la de un ladrón que recorre un vecindario para identificar qué casas podría robar. Incluso en ese caso, los sistemas en cuestión no eran de los que habrían permitido manipular directamente los votos.
Además de la actividad falsa coordinada en redes sociales, en la que troles rusos se hicieron pasar por votantes estadounidenses para respaldar la candidatura de Trump y desacreditar a su rival demócrata, Hillary Clinton, el Kremlin también organizó un ataque informático para robar y filtrar correos electrónicos del Partido Demócrata, que fueron publicados en internet durante los últimos meses de la campaña.
Quizá el hallazgo más grave de 2016 fue que los atacantes rusos vulneraron una base de datos de registro de votantes en Illinois y podrían haber eliminado o alterado información de los electores, pero los investigadores dijeron que no encontraron evidencia alguna de que eso hubiera ocurrido.
“El comité no ha visto evidencia de que se haya cambiado algún voto ni de que se hayan manipulado las máquinas de votación”, decía el informe del Senado. Dos condados de Florida también sufrieron vulneraciones similares en sus bases de datos de votantes.
Aun así, el descubrimiento de la actividad rusa –la cual, según halló el ampliamente censurado informe del Senado, comenzó al menos en 2014 y continuó por lo menos hasta 2017– llevó a los estados a invertir millones de dólares en los años siguientes para proteger sus equipos electorales.
Como resultado, la ciberseguridad de la infraestructura electoral ha mejorado de manera significativa, en parte gracias a cientos de millones de dólares en fondos asignados por el Congreso. En la actualidad, por ejemplo, casi todos los votos emitidos en Estados Unidos cuentan con un respaldo verificable en papel, y las máquinas de votación prácticamente nunca se conectan a internet.
Las elecciones de 2020 también fueron objeto de campañas de influencia extranjera
Una evaluación de inteligencia de Estados Unidos de alta confiabilidad, publicada a principios de 2021 durante los primeros meses del gobierno de Biden, concluyó que Rusia había ejecutado una amplia gama de operaciones de inteligencia para perjudicar la campaña de Biden, mientras que Irán buscó afectar las probabilidades de reelección de Trump mediante esfuerzos de influencia en internet.
Sin embargo, en esta ocasión los hackers rusos no intentaron infiltrarse en sistemas electorales, como lo hicieron en 2016. En cambio, fue Irán el que alarmó a los funcionarios estadounidenses con sus actividades, que incluyeron el acceso a una base de datos confidencial de registro de votantes en Alaska y el intento de intimidar a los electores con correos electrónicos amenazantes enviados haciéndose pasar por un grupo de extrema derecha. En el caso de Alaska, la base de datos quedó accesible accidentalmente en línea debido a un error en la configuración del sitio web y no se alteró la información de ningún votante. Posteriormente, el Departamento de Justicia acusó formalmente a dos ciudadanos iraníes por esos hechos.
El informe de inteligencia concluyó que China no intentó influir en los votantes, aunque incluyó la opinión minoritaria de un analista de inteligencia que sostenía que Pekín sí había intentado socavar la campaña de Trump “principalmente a través de las redes sociales y de declaraciones y medios oficiales”. No obstante, esa postura disidente coincidía en que China no había intentado interferir.
¿Por qué se sigue mencionando a China en relación con 2020?
Los partidarios de Trump han asegurado que funcionarios estadounidenses ocultaron pruebas sobre el alcance de la injerencia de Pekín, entre otras aseveraciones. Sin embargo, nada en los registros públicos sugiere que China hubiera manipulado los votos. En cambio, la evaluación de inteligencia indicó que China “probablemente también mantuvo sus esfuerzos de larga data” para recopilar información sobre los votantes estadounidenses y la opinión pública, y utilizar esa información para influir en la política de Estados Unidos, “como lo ha hecho en todos los ciclos electorales desde al menos 2008”.
“Estimamos que Pekín no interfirió en la infraestructura electoral, incluida la tabulación de votos o la transmisión de resultados electorales”, sostiene el informe.
Por otro lado, el informe concluyó que Cuba, Venezuela y el grupo militante Hezbolá también tuvieron intenciones de socavar a Trump, aunque dichos esfuerzos se describieron como de pequeña escala.
“No tenemos información que sugiera que los regímenes venezolanos actuales o pasados hubieran estado involucrados en intentos de vulnerar la infraestructura electoral de Estados Unidos”, decía la evaluación.
Las afirmaciones de Trump sobre 2020 carecen de pruebas
Entre las afirmaciones falsas de Trump sobre las elecciones de 2020, ninguna ha sido más persistente –o más engañosa– que las relacionadas con las supuestas vulnerabilidades de la tecnología de las máquinas de votación.
Por lo general, estas aseveraciones falsas se han enfocado en una empresa llamada Dominion Voting Systems, ahora conocida como Liberty Vote. Entre el día de las elecciones en 2020 y el día previo a que una turba de seguidores de Trump irrumpiera en el Capitolio el 6 de enero de 2021, el mandatario publicó más de 30 veces en redes sociales teorías de conspiración relacionadas con Dominion, según el informe final del comité del Congreso que investigó los hechos del 6 de enero.
A menudo, Trump se vio alentado en sus ataques contra Dominion por sus abogados de ese entonces, entre ellos, principalmente, Rudolph Giuliani, quien convirtió a la empresa en un punto central de su estrategia de comunicación, y Sidney Powell, quien presentó cuatro demandas fallidas en las que afirmaba, sin fundamento, que las máquinas de Dominion se utilizaron para cambiar votos en estados clave disputados en perjuicio de Trump.
Los detalles de estas afirmaciones han cambiado con frecuencia, pero en general han girado en torno a alegatos desmentidos de que un grupo de conspiradores, cuyo objetivo era derrotar a Trump, hackeó las máquinas de Dominion para manipular el conteo de votos. Entre los supuestos conspiradores figuraban agentes de inteligencia chinos y venezolanos, el financiero liberal George Soros y funcionarios electorales de estados como Georgia.
En 2021, Powell y otros abogados que emitieron afirmaciones sobre la empresa fueron penalizados por un juez federal de Míchigan, quien calificó sus demandas en torno a Dominion como “un abuso histórico y profundo del proceso judicial”. Dos años después, Fox News, cadena que a menudo amplificó las teorías de conspiración sobre Dominion, acordó resolver las demandas por difamación presentadas por la empresa mediante un pago extraordinario de 787 millones de dólares.
Trump y sus aliados también promovieron la afirmación infundada de que las máquinas de Dominion habían sido manipuladas en el condado de Antrim, Míchigan, para cambiar los votos. Su propio fiscal general, William Barr, calificó las afirmaciones sobre Dominion de “idioteces” y un “completo disparate”. Las autoridades electorales afirman que, efectivamente, descubrieron y corrigieron con rapidez un error administrativo en la tabulación de los votos en el condado de Antrim.
¿Qué hay de Smartmatic?
Otra empresa de tecnología de votación, Smartmatic, también ha sido arrastrada con frecuencia a las teorías conspirativas sobre las elecciones de 2020, en gran medida porque Trump y sus aliados han asegurado durante mucho tiempo que tiene vínculos estrechos con Dominion. Sin embargo, la empresa ha negado dichas afirmaciones de manera enfática y reiterada.
Además, según dijeron funcionarios de la compañía, la tecnología de Smartmatic se utilizó en un solo condado de todo el país: el de Los Ángeles, en el sur de California, durante las elecciones de 2020. Y el sistema que Smartmatic proporcionó a los funcionarios del condado no contaba, tabulaba ni almacenaba votos, según afirmó la empresa.
Recientemente, Trump y sus aliados han renovado su interés en Smartmatic debido a los supuestos vínculos de la empresa con Venezuela, cuyo expresidente, Nicolás Maduro, fue capturado por las fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos durante una incursión militar en enero. Los fundadores de Smartmatic nacieron en Venezuela y realizaron labores electorales en ese país entre 2004 y 2017, según una hoja informativa de la empresa.
¿Qué ha hecho Trump para abordar las preocupaciones de seguridad electoral?
A pesar de la preocupación que Trump ha expresado por la seguridad de las elecciones estadounidenses, durante su segundo mandato ha supervisado recortes significativos a la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de la Infraestructura (CISA, por su sigla en inglés), incluido su trabajo relacionado con las elecciones. Esa agencia había sido un socio federal clave para los estados en materia de seguridad electoral desde las elecciones de 2016, colaborando con ellos para compartir mejores prácticas de ciberseguridad y labores de inteligencia sobre las intenciones de agentes extranjeros respecto a las elecciones.
Pero Trump desarrolló cierto desdén por la agencia –y por la labor de seguridad electoral del gobierno en general– después de que su entonces director, Chris Krebs, validara la integridad de las elecciones de 2020, lo que provocó que el presidente lo despidiera. Trump ha seguido intentando castigar a su antiguo director de la CISA; el año pasado firmó un memorando en el que le ordenó a su gobierno que investigara a Krebs.
Otras agencias federales también han reducido su labor en materia de seguridad electoral. Y, a principios de este mes, Trump destituyó a los tres miembros que quedaban de la Comisión de Asistencia Electoral, una comisión independiente y bipartidista que apoya a los estados en la administración de sus elecciones. En los últimos años, gran parte de la labor de esta pequeña comisión también se centró en brindar apoyo en ciberseguridad a los estados.
Dustin Volz escribe sobre ciberseguridad e inteligencia para el Times. Radica en Washington.
Alan Feuer es un reportero del Times que cubre el impacto de las acciones del presidente Trump en los tribunales, el Departamento de Justicia y el Estado de derecho en general.
Devlin Barrett cubre el Departamento de Justicia y el FBI para el Times.