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  • ¿China o EE.UU.? Quién está ganando la carrera por dominar la tecnología de la IA

    ¿China o EE.UU.? Quién está ganando la carrera por dominar la tecnología de la IA

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    En la segunda mitad del siglo XX, la carrera por desarrollar armas nucleares ocupó a algunas de las mentes más brillantes de Estados Unidos y la Unión Soviética.

    Ahora, Estados Unidos se encuentra inmerso en una carrera de otro tipo con un adversario diferente: China. El objetivo es dominar la tecnología, específicamente la inteligencia artificial (IA).

    Es una batalla que se libra en laboratorios de investigación, campus universitarios y oficinas de empresas emergentes de vanguardia, bajo la atenta mirada de los líderes de algunas de las compañías más ricas del mundo y de las más altas esferas del gobierno.

    El costo asciende a billones de dólares estadounidenses.

    Cada bando tiene sus puntos fuertes, algo que Nick Wright, investigador de neurociencia cognitiva en la Universidad de Londres (UCL), resume acertadamente como la batalla entre “cerebros” y “cuerpos”.

    Tradicionalmente, Estados Unidos ha liderado el campo de la IA: el mundo de los chatbots, los microchips y los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM).

    China ha sido superior en el desarrollo de “cuerpos” de IA: robots (y, en particular, robots “humanoides” que se parecen asombrosamente a las personas).

    Pero ahora, con ambas partes ansiosas por evitar que su rival domine, esas ventajas podrían no durar para siempre, y la carrera podría transformarse aún más en los próximos años.

    La batalla por el dominio de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM)

    El 30 de noviembre de 2022, la empresa tecnológica californiana OpenAI lanzó su nuevo chatbot. En un comunicado de seis frases, la compañía anunció que había entrenado un nuevo modelo “que interactúa de forma conversacional”.

    Se llamaba ChatGPT. Inmediatamente, el mundo tecnológico quedó deslumbrado.

    “Podías entrar en cualquier red social y encontrar una avalancha de publicaciones de personas hablando de las diferentes maneras en que usaban este nuevo cuadro de texto que había aparecido en internet”, afirma Parmy Olson, columnista de Bloomberg y autora de Supremacy: AI, ChatGPT, and the race that will change the world.

    Fue el nacimiento del primer Gran Modelo de Lenguaje (LLM) de uso generalizado.

    Un LLM analiza grandes cantidades de texto y datos que ya existen en internet y los utiliza para aprender patrones en la forma en que se expresan las ideas.

    Ahora, los expertos coinciden en que, en lo que respecta a los llamados “cerebros” de IA, Estados Unidos lleva la delantera.

    OpenAI afirma que más de 900 millones de personas usan ChatGPT semanalmente, casi una de cada ocho personas en el planeta.

    Otras empresas tecnológicas estadounidenses, como Anthropic, Google y Perplexity, se apresuraron a seguirles el ritmo, invirtiendo miles de millones de dólares en la creación de sistemas LLM rivales.

    Estas empresas de IA saben que, si lo hacen bien, los sistemas LLM pueden empezar a asumir muchas de las funciones que actualmente desempeñan los humanos en las profesiones de cuello blanco, y que ese éxito comercial se traduce en grandes beneficios.

    ¿Cómo jugaron sus cartas los estadounidenses?

    Pero en Washington también se plantean otra cuestión: ¿cómo afectará todo esto a la carrera de Estados Unidos con China por la supremacía global?

    Según un alto funcionario estadounidense que habló con la BBC, la clave de la ventaja estratégica de Estados Unidos reside menos en la extraordinaria programación algorítmica y más en el hardware que impulsa la inmensa capacidad de procesamiento: en particular, los microchips.

    En pocas palabras, la mayoría de los chips informáticos de alta gama y gran potencia del mundo —los que utilizan las empresas de Silicon Valley para impulsar la creación de máquinas de aprendizaje automático— están controlados por Estados Unidos.

    De hecho, la mayoría de ellos son diseñados por una empresa con sede en California: Nvidia.

    En octubre, Nvidia se convirtió en la primera empresa del mundo en alcanzar una valoración de US$5 billones. Podría ser la empresa más valiosa de todos los tiempos, según Stephen Witt, autor de The Thinking Machine.

    Y Washington utiliza una estricta red de controles de exportación para impedir que China se apropie de esos potentes chips.

    Esta política se remonta a la década de 1950, cuando Estados Unidos bloqueó las exportaciones de electrónica avanzada a los países aliados de la Unión Soviética.

    Y se reforzó notablemente en 2022, bajo la presidencia de Joe Biden, a medida que se intensificaba la carrera por la inteligencia artificial.

    Christophe Fouquet, director ejecutivo de ASML Holding NV, sostiene una maqueta de una máquina de litografía de semiconductores.

    Bloomberg via Getty Images
    Estados Unidos se asegura de que las máquinas útiles fabricadas por la empresa holandesa ASML no lleguen a China.

    Estados Unidos puede ejercer su influencia en los controles de exportación, aunque la mayoría de esos potentes chips ni siquiera se fabriquen en EE.UU.

    De hecho, muchos se fabrican en Taiwán (un aliado de EE.UU.), por la Taiwan Semiconductor Manufacturing Corporation.

    Estados Unidos se asegura de que muy pocos de esos chips de alta gama fabricados en Taiwán terminen en China.

    Lo hace mediante su “regla de productos extranjeros directos”, que obliga a las empresas extranjeras a cumplir con las normas estadounidenses si los productos que exportan contienen componentes estadounidenses o derivan de tecnología estadounidense.

    La fábrica de microchips taiwanesa es casi visible desde China continental. Es fácil entender por qué la isla podría ser un objetivo tentador para Pekín.

    Entonces, ¿por qué las fábricas chinas no empiezan a producir esos potentes chips por sí mismas? No es tan sencillo.

    Para fabricar chips de alta gama, se necesita una máquina de impresión ultravioleta. Solo una empresa en el mundo fabrica esas máquinas: ASML, con sede en una pequeña ciudad de los Países Bajos.

    Estados Unidos utiliza la misma táctica (su “regla de productos extranjeros directos”) para impedir que esa empresa neerlandesa envíe esas valiosas máquinas a China.

    Esta política proteccionista parecía haber tenido bastante éxito al ayudar a Estados Unidos a mantener su ventaja en el ámbito de la inteligencia artificial.

    Pero ahora, China contraatacó.

    El contraataque de DeepSeek

    En enero de 2025, la misma semana en que Donald Trump asumió la presidencia por segunda vez, rodeado de magnates tecnológicos multimillonarios, China lanzó su propio chatbot con IA: DeepSeek.

    Para el usuario, la experiencia es muy similar a la de ChatGPT. Puede responder preguntas, escribir código y su uso es gratuito.

    Curiosamente, se estima que DeepSeek costó una fracción de lo que supuso crear sistemas de inteligencia artificial estadounidenses como ChatGPT y Claude.

    Causó un gran revuelo. El 27 de enero de 2025, Nvidia sufrió la mayor pérdida de valor de mercado en un solo día en la historia de la bolsa estadounidense: alrededor de US$600.000 millones.

    “Fue tremendamente desconcertante para Washington”, afirma Karen Hao, periodista especializada en IA.

    Ella cree que la política estadounidense de control de exportaciones pudo haber sido contraproducente: los desarrolladores chinos tuvieron que prescindir de los potentes chips, lo que los obligó a ser creativos.

    “Al final, esto aceleró la autosuficiencia de China”, afirma.

    La aplicación DeepSeek se muestra con el mensaje: "¿En qué puedo ayudarte hoy?".

    Reuters
    DeepSeek demostró que China también puede crear “cerebros” de IA.

    La característica distintiva de DeepSeek es que, en aquel entonces, tenía capacidades similares a las de modelos estadounidenses como OpenAI y Anthropic, pero utilizando una cantidad mucho menor de chips para su entrenamiento.

    En Pekín, mientras tanto, reinaba un optimismo palpable, afirma Selina Xu, investigadora que trabaja en políticas de IA en China en la oficina del exdirector de Google Eric Schmidt.

    “Todos intentaban descifrar cómo lo había logrado DeepSeek. Y realmente eso ha sido un catalizador muy positivo para el ecosistema de IA chino”.

    También puso de manifiesto una marcada diferencia en la forma como operan ambos países.

    En Estados Unidos, las empresas de IA protegen celosamente su propiedad intelectual, mientras que en China se ha adoptado un enfoque más abierto.

    Para acelerar la adopción y la innovación, las empresas chinas suelen publicar su código en línea, permitiendo que desarrolladores de otras compañías lo consulten.

    “Esto significa que las empresas tecnológicas chinas, al crear un nuevo modelo de IA, no tienen que empezar desde cero”, explica Olson. “Pueden simplemente tomar ese modelo, desarrollarlo y mejorarlo”.

    Como resultado, la carrera por los “cerebros” de IA ya no es tan clara.

    Estados Unidos creía que los LLM eran una herramienta poderosa en su arsenal; ahora, China también puede fabricarlos.

    “Los modelos estadounidenses de código cerrado probablemente sean mejores, pero quizás no por mucho”, dice Selina Xu. “El modelo chino, tal vez sea solo un 90% tan bueno, pero es un 10% más caro”.

    La ventaja de China en la guerra de la robótica

    Y en lo que respecta a los “cuerpos” de IA —el mundo de los drones y la robótica— China históricamente ha tenido ventaja.

    Desde la década de 2010, el gobierno chino aumentó drásticamente su apoyo al desarrollo de la robótica. Financió la investigación y proporcionó a los fabricantes de robots miles de millones de dólares en subsidios.

    Se estima que ahora hay alrededor de dos millones de robots en funcionamiento en China, más que en el resto del mundo juntos.

    Olson afirma que gran parte de este éxito se debe a que China es una economía manufacturera. “Tienen toda esa experiencia en la fabricación de productos electrónicos, la aprovechan y así surgen increíbles empresas emergentes de robótica”.

    Los visitantes internacionales a Shenzhen o Shanghái suelen sorprenderse por la profunda integración de los robots en la vida cotidiana, comenta Xu; por ejemplo, las entregas de comida a domicilio con drones.

    Una mujer recoge la compra entregada por un robot de reparto de Zhen Robotics en un complejo residencial.

    AFP via Getty Images
    Los repartos de comestibles mediante robots han avanzado rápidamente en China.

    China ha destacado especialmente en los llamados robots “humanoides”: máquinas diseñadas para parecerse y comportarse como personas.

    El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CEI), un centro de investigación estadounidense bipartidista, ha informado sobre una “fábrica oscura” de autos en Chongqing, en el sur del país.

    La planta cuenta con 2.000 robots y vehículos autónomos que, según afirman, pueden entregar un auto nuevo cada minuto. Se la denomina fábrica oscura porque está totalmente automatizada y, en teoría, puede operar en la oscuridad sin presencia humana.

    Pekín es consciente del rápido envejecimiento de la población del país, afirma Xu. El gobierno cree que los humanoides pueden cubrir el vacío que deja la jubilación de los trabajadores humanos, especialmente en el sector de los cuidados.

    “Se espera que para 2035, el número de personas [en China] mayores de 60 años supere la población total de Estados Unidos”, añade.

    China no solo está construyendo robots para su enorme población, sino que también representa actualmente el 90% de todas las exportaciones de robots humanoides.

    El fantasma en la máquina

    Pero hay un inconveniente.

    China lidera el mundo en la construcción de cuerpos robóticos. Sin embargo, cada uno de esos cuerpos aún necesita un cerebro: un sistema operativo, o software, que les indique a las distintas partes metálicas qué hacer.

    Si el robot solo tiene que hacer una tarea repetitiva, como la que podría realizar en la fábrica de automóviles de Chongqing, solo necesita un cerebro robótico relativamente simple. China puede fabricarlo por sí misma.

    Pero para que un robot realice muchas tareas variadas y complejas, necesita un cerebro inteligente impulsado por una forma diferente de IA, llamada IA agéntica.

    Este es un programa de IA que se comporta más como un agente independiente, ejecutando tareas que constan de múltiples pasos.

    Así que, en lo que respecta a esos cerebros de alto rendimiento, Estados Unidos sigue teniendo ventaja.

    “Estados Unidos… definitivamente sigue a la cabeza en lo que respecta a cerebros robóticos”, señala Wright, el investigador de la UCL.

    “Esos son los chips y el software de IA que ayudan al robot a realizar tareas concretas. Y lo que hay que tener en cuenta es que aproximadamente el 80% del valor de un robot reside en su cerebro”.

    Sobre perros robot y drones

    Tanto Estados Unidos como China compiten por combinar robots con IA agéntica, y una empresa estadounidense ha demostrado que ya no son solo las empresas chinas las que pueden crear robots exitosos.

    Y quién gane importa: es una tecnología que podría resultar emocionante y aterradora a la vez.

    Boston Dynamics, una empresa de ingeniería estadounidense, ya la utiliza. Su robot con forma de perro, Spot, se ha convertido en un ícono en línea entre los aficionados a la tecnología, con millones de visitas en YouTube.

    El perro robot cuenta con potentes “ojos” (una cámara de alta tecnología con imágenes térmicas) y “oídos” (monitoreo acústico).

    Spot, el perro robot de Boston Dynamics, en el centro del escenario.

    Web Summit via Getty Images
    Spot utiliza IA agéntica para realizar inspecciones.

    Spot ahora puede realizar inspecciones en los almacenes de la empresa, detectando problemas como el sobrecalentamiento de equipos, fugas o derrames de gas, antes de enviar esa información al proveedor de software de IA industrial, IFS.

    La IA analiza los resultados y toma decisiones —posiblemente sin intervención humana— para resolver el problema.

    Por otro lado, Wright afirma que ya podemos observar la combinación de robótica e IA en el campo de batalla.

    El pasado verano boreal, Ucrania comenzó a desplegar el Gogol-M, un dron nodriza capaz de volar cientos de kilómetros dentro de Rusia antes de lanzar dos drones de ataque más pequeños.

    Sin control humano, estos drones utilizaron su IA para escanear el terreno, determinar objetivos, dirigirse hacia ellos y detonar explosivos.

    ¿Quién ganará?

    Es difícil predecir quién se alzará con la victoria cuando desconocemos el resultado final, afirma Greg Slabaugh, profesor de visión artificial e IA en la Universidad Queen Mary de Londres.

    “Es improbable que la ‘victoria’ sea un momento puntual, como el alunizaje”, añade.

    “En cambio, lo que importa es la ventaja sostenida: quién lidera en capacidad, quién integra la IA de forma más eficaz en su economía y quién establece los estándares globales”.

    Con tecnologías como la electricidad y la informática, el profesor Slabaugh explica que importaba menos quién construyó primero los sistemas y más quién los implementó de forma más eficaz en toda la economía: “Lo mismo podría ocurrir con la IA”.

    Desconocemos adónde nos llevará la IA. Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses quieren lanzarse a ese futuro incierto sin restricciones; el Partido Comunista Chino, en cambio, quiere que el Estado supervise la investigación.

    Una visión promete una versión hiperactiva del capitalismo de consumo; la otra, un mundo donde el Estado determina qué se puede o no se puede hacer con esta tecnología.

    “Cada bando tiene más posibilidades de ganar en su propio terreno”, indica Mari Sako, de la Escuela de Negocios Said de la Universidad de Oxford.

    “Cuando dos jugadores compiten con reglas diferentes, sospecho que el que busca atraer a un público más amplio —usuarios, adoptadores, etc.— tiene más probabilidades de imponerse”.

    Y hay mucho en juego. Todavía no está claro si Estados Unidos o China saldrán fortalecidos del siglo XXI. La carrera por la IA bien podría ser decisiva.

    Información adicional: Ben Carter

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    BBC

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  • La extraordinaria vida de Richard Burton, el explorador inglés que hablaba 26 lenguas y logró infiltrarse en La Meca, ciudad prohibida para los no musulmanes

    La extraordinaria vida de Richard Burton, el explorador inglés que hablaba 26 lenguas y logró infiltrarse en La Meca, ciudad prohibida para los no musulmanes

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    Richard Burton vestido de árabe.

    Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images

    Hay biografías que parecen no caber en una sola vida.

    La del explorador, espía, diplomático, militar, traductor e investigador antropológico británico Richard Burton da la impresión de estirarse más allá del espacio y el tiempo para intentar albergar todas las hazañas y controversias de sus 79 años de vida.

    El aventurero más extravagante de la época dorada de la exploración victoriana hablaba 26 idiomas -40 contando los dialectos que también dominaba-, se infiltró tanto en La Meca como en burdeles masculinos de Karachi, buscó las fuentes del Nilo y tradujo las “Mil y una noches” y también el “Kama-sutra” para la pudorosa sociedad británica, convirtiéndolo en uno de los libros prohibidos más pirateados de la lengua inglesa.

    Pero Burton no solo viajó por el mundo para ampliar las fronteras del imperio británico, también exploró “otras cosas que habrían dado a la reina Victoria un infarto fulminante: dioses y religiones exóticas, drogas experimentales y, sobre todo, sexo y erotismo”, señala el escritor y académico británico Redmond O’Hanlon en su serie sobre exploradores decimonónicos.

    “Unos lo describen como un genio. Otros creen que fue un pervertido”.

    Nacido en Torquay, en el suroeste inglés en 1821, Burton se crio en distintos países de Europa, entre ellos Francia e Italia, donde se estableció con su familia. Dotado de una sorprendente capacidad para los idiomas -así como falta de modestia-, Burton aseguraba que aprendió latín con tres años y griego con cuatro.

    Fue admitido en el Trinity College de Oxford, donde Burton aprendió árabe, cetrería, perfeccionó la esgrima, se dejó crecer un “espléndido bigote” que le obligaron a afeitar, se aburrió, rompió reglas y fue finalmente expulsado en 1842 por asistir a unas carreras de relevos sin permiso.

    Cuando fue amonestado por las autoridades universitarias, él les reprochó que trataran a los estudiantes como niños, “hizo una ceremoniosa reverencia” y se marchó.

    Pero lo hizo con estilo: alquiló un coche de caballos con otro alumno infractor y se alejaron cabalgando por la calle principal de Oxford, tocando una trompeta de hojalata, despidiéndose de los amigos y besando las manos de las dependientas.

    Esta teatralidad y rebeldía lo acompañó toda su vida, y le valió un apodo: “Dick el rufián”.

    Richard Burton con un gran bigote y un libro.

    Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images
    Genio y figura.

    Él mismo se definía como “un vagabundo, un extraviado… un destello de luz, sin rumbo fijo” y, quizás por su infancia en Europa, lejos de su país de origen, se quejaba de que “Inglaterra es el único país donde nunca me siento en casa”.

    Distintas biografías lo describen como un hombre de superlativos y excesos, que frecuentaba tanto los burdeles como las bibliotecas, las tabernas y las drogas, con una gran cultura y una curiosidad infinita que lo impulsó a explorar las distintas sociedades por las que viajó.

    El informe de Karachi

    Una anécdota demuestra hasta qué punto Burton vivió intensamente y sin miedo a adentrarse en cuerpo y alma en todo aquello que le rodeaba.

    Tras abandonar Oxford, Burton se unió al ejército de la Compañía de las Indias Orientales, donde sirvió bajo el mando del despiadado general Charles Napier.

    Burton aprendió gran parte de las lenguas locales -como gujarati, punjabi, telugu, pastún, marathi e hindustaní- además del persa y el árabe, que ya dominaba, lo que lo convirtió en un importante activo para los servicios de inteligencia.

    Para camuflarse entre la población local y conseguir entrar allí donde el hombre blanco nunca podría poner el pie, Burton se dejó crecer el cabello hasta los hombros, así como una poblada barba larga. Se teñía además con henna manos y piernas y se hacía llamar “Mirza Abdullah”, afirmando que era un comerciante del golfo, de ascendencia arabo-persa para camuflar sus posibles errores de pronunciación.

    Al ser el único oficial británico que podía hablar sindi, la lengua de la región en la que se encontraba Karachi, Napier le encomendó en 1845 que investigara los burdeles homosexuales de la ciudad, con el objetivo de poner fin a la prostitución masculina.

    Acompañado de amistades locales que había conocido, “Mirza Abdullah” visitó noche tras otra distintos burdeles y desempeñó, al parecer, su trabajo con tal atención al detalle que, en la pudorosa sociedad victoriana, causó un gran revuelo, dañando su futuro en el ejército para siempre.

    El hecho de que reportara que gran parte de los clientes de estos lupanares eran soldados y oficiales británicos tampoco ayudó a su carrera, según algunas biografías.

    Destino La Meca

    Burton volvió entonces a Inglaterra, donde escribió varios libros sobre las costumbres de los diversos pueblos indios, pero el gusanillo de la aventura y la exploración no lo abandonó.

    Uno de sus grandes deseos había sido visitar La Meca y Medina, las ciudades santas y lugar de peregrinación de los musulmanes, cuya entrada estaba -y está- prohibida a los que no profesan esa fe. Por aquel entonces, el castigo para aquellos que violaban este veto era la muerte.

    Pero eso no acobardó a Burton, que pasó años estudiando “teología musulmana, aprendió gran parte del Corán de memoria y se convirtió en un ‘experto en la oración’”, según la exhaustiva biografía que de él escribió Thomas Wright, “La vida de Sir Richard Burton”, en 1909.

    Para camuflase esta vez adoptó la apariencia de un doctor pastún, haciéndose llamar “Sheij Abdullah” y asegurando que procedía de la zona de Afganistán. Se rapó la cabeza y se dejó otra vez crecer la barba. Incluso, según afirmó un amigo suyo, se hizo circuncidar, para dar aún más realismo al personaje.

    De esta forma, Burton viajó de Inglaterra a El Cairo en 1953, donde compró su atuendo de peregrino y ultimó sus preparativos para partir a la tierra santa del islam, no sin antes irse de borrachera con un capitán albanés al que acababa de conocer. Cuando se corrió la voz, Sheij Abdullah consideró que era mejor partir cuanto antes.

    Inició un viaje en camello hasta Suez a través de “una tierra yerma e infestada de bestias salvajes y hombres aún más salvajes”, relata la biografía escrita por Wright.

    En Suez conoció a algunos habitantes de Medina y La Meca, que iban a ser sus compañeros de viaje, entre ellos “Sa’ad el Demonio”, “un negro que llevaba dos cajas con ropa elegante para sus tres esposas de Medina”, y Sheij Hamid, “un ‘árabe larguirucho y apestoso de sudor’, que nunca rezaba sus oraciones porque le daba pereza sacar ropa limpia de su caja”.

    Este tipo de detalles anecdóticos hicieron de libro sobre el viaje, “Peregrinaje a Medina y La Meca”, un gran éxito en la Inglaterra tan prejuiciosa como ávida de exotismo.

    Tras una travesía en barco, arribó al puerto de Yambu y de ahí consiguió llegar hasta Medina después de ser atacados en el camino por beduinos.

    Visitó los lugares santos de la ciudad, y presenció la entrada en Medina de una “gran caravana procedente de Damasco, compuesta por 7.000 personas: grandes señores en magníficas literas verdes y doradas, enormes dromedarios sirios blancos, caballos y mulas ricamente enjaezados, devotos hajis (peregrinos), vendedores de sorbetes, aguadores y una multitud de camellos, ovejas y cabras”. Cómo no quedar seducido ante tal espectáculo.

    Se unió a una caravana hacia La Meca, a la que llegó el 11 de septiembre de 1853.

    Allí, como un miembro más de la umma, la comunidad islámica, completó todos los ritos religiosos: dio siete vueltas a la Kaaba, la construcción sagrada hacia la que los musulmanes orientan su oración, e incluso, generando un pequeño rifirrafe con unos persas a los que su criado Mohamed insultó llamando cerdos, se abrieron paso hasta lograr besar la Piedra Negra, la roca sagrada que se encuentra engarzada en una esquina de la Kaaba.

    “Mientras la besaba y frotaba mis manos y mi frente contra ella, la observé detenidamente y salí convencido de que se trataba de un aerolito”, escribió Burton.

    Burton, que tomó notas e hizo a escondidas bocetos de la Kaaba, pensó que, de todos los fieles que lloraban aferrándose a las cortinas que cubren el santo lugar, ninguno sentía una emoción más profunda que él, aun reconociendo que el suyo era “el éxtasis del orgullo satisfecho”.

    Es posible que Burton no fuera el primer occidental en entrar a La Meca, pero sí fue el primero en narrar con prolijidad los ritos y costumbres musulmanas, sin escatimar en detalles sobre su aventura, alimentando así su propia leyenda.

    En busca de las fuentes del Nilo

    Su libro fue un éxito, pero él, en lugar de regresar a Inglaterra para disfrutarlo, decidió viajar a otro lugar entonces prohibido a los no musulmanes: la ciudad de Harar, en el Cuerno de África.

    Llegó allí vestido esta vez de mercader turco, y logró que el amir (príncipe) de la ciudad le permitiera alojarse durante 10 días.

    Burton era arrojado, pero no un inconsciente, como señala Thomas Wright: “Cuando pensaba que se encontraba bajo el techo de un príncipe intolerante y sanguinario, cuyas sucias mazmorras resonaban con los gemidos de prisioneros encadenados y medio muertos de hambre, entre un pueblo que detestaba a los extranjeros, él, el único europeo que había cruzado jamás su inhóspito umbral, se sentía naturalmente incómodo”.

    Conquistado Harar en su lista de hazañas, Burton puso entonces sus ojos en las legendarias fuentes del Nilo, un misterio que corroía la curiosidad de muchos exploradores.

    Richard Burton.

    The Print Collector/Getty Images
    El ataque de nativos en Berbera le dejó una marcada cicatriz en el rostro.

    De las dos principales ramas que alimentaban el río, se sabía que el Nilo Azul tenía su origen en Etiopía, pero se desconocía dónde nacía el Nilo Blanco.

    Un primer intento de llegar a las fuentes se vio frustrado cuando su expedición, en la que también participaba el oficial inglés y explorador John Speke, fue atacada por unos 300 nativos en Berbera. Los guerreros mataron a algunos miembros del grupo e hirieron a Speke en el hombro y las piernas, y a Burton le clavaron una lanza en la cara que le dejó su característica y temible cicatriz en el rostro.

    Tras un viaje a Inglaterra para curarse, y su paso por la guerra de Crimea, adonde fue voluntario, -así de rica en vivencias fue su vida-, Burton retomó la aventura del Nilo.

    Partió desde la isla de Zanzíbar con Speke y 132 porteadores. En lugar de remontar el Nilo río arriba, Burton pensó que la forma más rápida de encontrar las fuentes sería atravesando el continente desde el Índico.

    La expedición sufrió todos los males posibles, atravesando selvas, cenagales y sufriendo las picaduras de todo tipo de insectos, por lo que Burton y Speke llegaron finalmente al lago Tanganika, que ningún hombre blanco conocía ni había visto hasta entonces, enfermos de malaria y medio ciegos.

    Speke se recuperó más rápido y, al comprobar ambos que el lago Tanganika no era la fuente del Nilo, emprendió el camino hacia otra gran masa de agua que, según los hombres, había a varias semanas de viaje hacia el norte, dejando a Burton atrás recuperándose.

    Speke llegó al hoy conocido como lago Victoria, que nombró en honor de la monarca británica, y concluyó que había resuelto el misterio.

    Pero su hallazgo le llevó a una agria confrontación con Burton, que no quiso creerle. La disputa se fue acrecentando una vez que regresaron a Inglaterra. Una segunda expedición de Speke al lago Victoria confirmó su teoría, manchando aún más la reputación de Burton.

    Pero no fue la última aventura de este explorador.

    Cónsul y traductor

    Viajó a Estados Unidos para estudiar a los mormones en Salt Lake City, sobre los que escribió un libro, “La ciudad de los santos”.

    Se casó con una aristócrata y fue enviado como cónsul a Fernando Poo, la capital de la entonces colonia española Guinea Ecuatorial, desde donde lanzó más expediciones a distintos puntos de África, escribiendo al menos otros cinco libros más sobre las costumbres de los pueblos que conocía, así cómo sus fetichismos, canibalismo y rituales sexuales.

    Fue también cónsul en Santos, Brasil, donde tradujo a Luís de Camões, y luego en Damasco, hasta que, en 1872 aceptó el consulado de Trieste, en Italia, su último destino.

    Ilustración de "Las mil y una noches".

    Fine Art Images/Heritage Images via Getty Images
    “Las mil y una noches” se convirtió en un éxito de la literatura universal.

    Allí, lejos del exotismo que persiguió toda su vida, se dedicó a la literatura. Escribió sobre Islandia y los etruscos, tradujo a Catulo y a Giambattista Basile. Burton viajaba ahora con la imaginación y su propia erudición.

    Puede que fuera esa propia curiosidad desacomplejada, sobre todo en lo que a los aspectos más íntimos de las relaciones humanas se refería, la que finalmente le proporcionó los réditos para vivir una vejez acomodada.

    Arriesgándose a ser encarcelado, tradujo y publicó en secreto el “Kama-sutra”, trayendo a occidente la sabiduría sexual de los manuales orientales sobre el amor, así como una versión sin censurar de “Las mil y una noches”, que acompañó de ensayos sobre pornografía, homosexualidad o educación sexual para mujeres.

    “Traduzco un libro dudoso en mi vejez y de inmediato gano 16.000 guineas. Ahora que conozco los gustos de Inglaterra, nunca nos faltará dinero”, dijo, al parecer, a su esposa Isabel.

    Ella, católica practicante, no parecía estar tan cómoda con los gustos de su esposo.

    El día después de fallecer Burton, Isabel entró en el estudio de su marido y, temerosa de la reputación póstuma que perseguiría a su esposo en la pudorosa sociedad victoriana, quemó varios manuscritos.

    Entre ellos estaba una nueva traducción del manual amoroso árabe del siglo XV, “El jardín perfumado”, en la que había pasado los últimos 14 años trabajando y que incluía un último capítulo sobre homosexualidad que nunca antes había sido traducido.

    Hubo que esperar casi 100 años para que otra traducción pudiera ver la luz.

    Línea gris

    BBC

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  • EE.UU. anuncia que se retira de las conversaciones de paz con Irán sin un acuerdo

    EE.UU. anuncia que se retira de las conversaciones de paz con Irán sin un acuerdo

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    Las históricas conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Islamabad se cerraron sin acuerdo.

    La reunión iniciada este sábado en la capital de Pakistán suponía la primera conversación directa entre dos países enfrentados desde hace décadas y llegaba a los pocos días del alto el fuego alcanzado para poner fin a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

    Pero después de horas de reunión, ambas delegaciones han confirmado que no habían alcanzado un acuerdo.

    El vicepresidente JD Vance, quien encabezaba la delegación estadounidense, dijo en una breve rueda de prensa que “no pudimos llegar a una situación en la que los iraníes estuvieran dispuestos a aceptar nuestras condiciones”.

    El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, emitió un comunicado en que describió las conversaciones como “intensas”, pero dijo que su éxito “depende de la seriedad y buena fe de la parte opuesta”, en referencia a Estados Unidos.

    Baqaei también reclamó a Washington que se abstenga de “demandas excesivas y requerimientos ilícitos” y acepte “los derechos e intereses legítimos de Irán”.

    Más información, en breve.

    El vicepresidente estadounidense, JD Vance.

    Jacquelyn Martin / Getty
    El vicepresidente JD Vance encabezó la delegación estadounidense en Islamabad.
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  • Las históricas conversaciones de paz que inician EE.UU. e Irán deben superar un profunda desconfianza: análisis de la BBC

    Las históricas conversaciones de paz que inician EE.UU. e Irán deben superar un profunda desconfianza: análisis de la BBC

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    Si este fin de semana llegar a tomarse una fotografía del vicepresidente estadounidense JD Vance junto al presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, en Islamabad, la imagen pasará a la historia.

    Ese momento marcaría las que se han convertido en las conversaciones cara a cara de más alto nivel entre la República Islámica de Irán y Estados Unidos desde que la Revolución Islámica de 1979 rompiera su sólido vínculo estratégico y proyectara una larga sombra que aún hoy ensombrece las relaciones.

    Puede que los dos hombres no sonrían. Puede que ni siquiera se den la mano.

    Esto no haría que esta relación conflictiva fuera más fácil ni menos hostil.

    Pero enviaría una señal de que ambas partes quieren intentar poner fin a una guerra que está causando conmociones en todo el mundo, evitar una escalada aún más arriesgada y recurrir a la diplomacia para llegar a un acuerdo.

    Las negociaciones cara a cara arrancaron este sábado en Islamabad, con Pakistán como mediador.

    Sin embargo, no hay ninguna posibilidad de que se cumpla la optimista predicción del presidente estadounidense Donald Trump de alcanzar un “acuerdo de paz” dentro de este frágil alto el fuego de dos semanas: sus términos fueron objeto de controversia y se incumplieron desde el momento en que se anunció a principios de esta semana.

    Hasta el último momento, los iraníes mantuvieron a todo el mundo en vilo sobre si acudirían o no a las negociaciones, mientras que Israel insistía en que no habría alto el fuego en Líbano.

    Pero si se inician conversaciones serias y sostenidas, esto también supondría el impulso más importante desde que Trump se retiró del anterior acuerdo nuclear histórico en 2018, durante su primer mandato. Entonces, desestimó lo que se consideraba ampliamente como el logro más destacado de la política exterior de la Administración Obama, calificándolo de “el peor acuerdo de la historia”.

    Esas conversaciones, en interminables rondas que se prolongaron durante casi 18 meses de avances y retrocesos, fueron las últimas reuniones de alto nivel entre el entonces secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, y el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif.

    El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, estrecha la mano del secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, en la última sesión de trabajo de las negociaciones, celebrada el 14 de julio de 2015 en Viena, Austria.

    Thomas Imo/Photothek via Getty Images
    En 2015, varios diplomáticos, entre ellos el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Javad Zarif (izquierda), y el entonces secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, alcanzaron un acuerdo para limitar la actividad nuclear iraní, del que Trump se retiró tres años después.

    Los esfuerzos realizados desde entonces, incluso durante el mandato del presidente estadounidense Joe Biden, apenas han dado frutos.

    “El envío de más altos cargos, y las graves consecuencias que tendría un fracaso para todas las partes, podrían abrir posibilidades que antes no existían”, valora Ali Vaez, del International Crisis Group, quien ha seguido todos los altibajos a lo largo de los años.

    Sin embargo, advierte, esta vez es aún “mucho más difícil”.

    Las diferencias entre ambas partes siguen siendo muy marcadas y la desconfianza es muy profunda.

    Esa brecha es especialmente grande para Teherán, después de que sus dos últimas rondas de negociaciones, en junio de 2025 y febrero de este año, se vieran repentinamente truncadas por los primeros ataques de una guerra entre Estados Unidos e Israel.

    Estilos contrapuestos

    Y, cuando hablan, sus estilos de negociación son diametralmente opuestos.

    Trump se jacta de contar con los mejores negociadores en su enviado especial Steve Witkoff, un antiguo promotor inmobiliario, y en su yerno Jared Kushner, su mano derecha durante su primer mandato, cuando los Acuerdos de Abraham normalizaron las relaciones entre Israel y algunos Estados árabes, dejando de lado a los palestinos.

    Pero Irán, que ahora considera que estos enviados están demasiado cerca de Israel, insistió en elevar el nivel de compromiso, concretamente a Vance. No solo ocupa un cargo oficial dentro de la Administración estadounidense, en lugar de ser un amigo o un familiar, sino que también se le considera el mayor escéptico de esta campaña militar dentro del equipo de Trump.

    La postura de Irán también ha impuesto limitaciones, especialmente en su insistencia en que las negociaciones se llevaran a cabo principalmente de forma indirecta, a través de Omán, su mediador de confianza.

    En Ginebra, en febrero, tras altos muros y lejos de las cámaras del mundo, se mantuvieron algunas conversaciones directas en medio de los intercambios indirectos.

    Pero se dice que los partidarios de la línea dura iraní, profundamente recelosos de esta vía, ataron las manos de los negociadores, que también querían evitar cualquier riesgo de intercambios hostiles o humillantes.

    El estilo característico de Witkoff había sido llegar, por lo general, solo. Fuentes diplomáticas involucradas en este proceso afirman que a menudo ni siquiera tomaba notas, lo que no hacía sino aumentar las sospechas iraníes y hacía que las conversaciones a menudo dieran vueltas en círculo. Entonces se incorporó Kushner a su equipo.

    Jared Kushner y Steve Witkoff con el ministro de Asuntos Exteriores de Omán. La tercera ronda de negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán comenzó en Ginebra, con mediadores omaníes, el 26 de febrero de 2026.

    Oman Foreign Ministry
    Los negociadores estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner mantuvieron conversaciones indirectas con Irán, facilitadas por el ministro de Asuntos Exteriores de Omán (a la derecha), en Ginebra en febrero; posteriormente, Estados Unidos e Israel atacaron a Irán.

    El contraste con las negociaciones de hace una década no podría ser más marcado: las delegaciones de Estados Unidos e Irán contaban con un nutrido grupo de diplomáticos experimentados y físicos de primer orden.

    Además, contaban con el respaldo de altos diplomáticos europeos, así como de los ministros de Asuntos Exteriores de los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: el Reino Unido, Francia, China y Rusia.

    En las últimas rondas, celebradas en febrero de este año, se dijo que se lograron avances cuando las dos delegaciones contaron con la asistencia técnica del director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, y de mediadores experimentados de otros países.

    Al parecer, se redujeron algunas diferencias, aunque no todas, al menos en el expediente nuclear, donde Irán ofreció nuevas concesiones, incluida la reducción de su uranio altamente enriquecido. Entonces se desató de nuevo la guerra.

    Ahora estas hostilidades han cambiado el cálculo de seguridad para todas las partes.

    Incluso antes de este conflicto, las voces más radicales dentro del estamento de seguridad iraní abogaban por el desarrollo de una bomba nuclear.

    Irán insistirá ahora en mantener su arsenal de misiles balísticos para la autodefensa y en ejercer control sobre el estrecho de Ormuz. Esto le da a Teherán una importante ventaja y un salvavidas económico que necesita desesperadamente.

    Pero la mayoría de los Estados del Golfo, que se habían opuesto al acuerdo nuclear de 2015 antes de alcanzar posteriormente un cauteloso acercamiento con su vecino, exigen ahora que los misiles que impactaron en sus países también se pongan sobre la mesa de negociaciones.

    Israel, y en particular su primer ministro, Benjamin Netanyahu, seguramente estará al teléfono o acudiendo a toda prisa a la Casa Blanca para asegurarse de que se aborden las profundas preocupaciones de su país sobre las amenazas de Irán.

    JD Vance.

    Reuters
    El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, ha acudido a Islamabad.

    “Flexibilidad heroica”

    Hay un eco de otra época histórica.

    Hace trece años, el difunto líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, tomó la decisión, a regañadientes, de permitir que sus negociadores intensificaran las conversaciones nucleares con Estados Unidos para intentar alcanzar un acuerdo. Se denominó “flexibilidad heroica”.

    El máximo líder religioso de Teherán no confiaba en el país al que despreciaba como “el Gran Satán”. Pero el recién elegido presidente reformista de Irán, Hassan Rouhani, le convenció de que su grave situación económica no les dejaba otra opción que hacer todo lo posible para levantar las devastadoras sanciones internacionales.

    Ahora, su hijo Mojtaba Jamenei —que ascendió al poder tras el asesinato de su padre en las primeras horas de esta guerra— ha dado luz verde a sus negociadores para que se reúnan con los enviados estadounidenses en Islamabad.

    Sin embargo, resultó herido en ese ataque y el alcance de su implicación, y su autoridad, dista mucho de estar claro.

    Los partidarios de la línea dura, sobre todo la poderosa Guardia Revolucionaria Islámica, son ahora quienes llevan la batuta. La economía de Irán se encuentra sumida en una crisis mucho más profunda. Y se enfrenta a una disidencia más significativa en el país después de que las protestas a nivel nacional de enero fueran aplastadas con miles de víctimas.

    Una nación sacudida por esta terrible guerra lucha ahora por aferrarse a la esperanza de un cambio económico y social y, para algunos, de un cambio fundamental.

    Trump insiste en que estas seis semanas de guerra han logrado un “cambio de régimen” y describe a los nuevos líderes de Irán como “menos radicales y mucho más razonables”.

    El momento de la verdad podría estar acercándose, para todas las partes. Y hay otra idea que invita a la reflexión.

    Hace trece años, cuando se iniciaron las conversaciones, sus declaraciones hablaban de que las dos partes estaban “muy alejadas”.

    Irán exigió que Estados Unidos reconociera su “derecho” a enriquecer uranio, algo que Estados Unidos rechazó, expresando su sospecha de que la República Islámica buscaba un arma nuclear.

    Por ahora, Estados Unidos parece estar diciendo que ese derecho sería reconocido, siempre y cuando no haya enriquecimiento en Irán.

    Puede que la historia no se repita, pero sí tiene similitudes.

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  • La inusual estructura de Rolex: la empresa de lujo que no pertenece a ningún multimillonario

    La inusual estructura de Rolex: la empresa de lujo que no pertenece a ningún multimillonario

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    Logo de Rolex con su corona, en verde y amarillo

    Getty Images
    Una palabra que no significaba nada se convirtió en una cuyo significado no requería explicación.

    Cuando Shakira quiso expresar en una canción su dolor por una traición amorosa, se valió de una comparación que no necesitaba explicación: “Cambiaste un Rolex por un Casio”.

    La segunda marca quizás podría haber sido otra, pero la primera sólo podía ser esa: bastaba invocarla para que su audiencia global la entendiera de inmediato como sinónimo de lo más valioso que alguien puede poseer… y perder.

    Pocas marcas en la historia han logrado ese nivel de penetración cultural.

    Ya sea un reloj de pulsera Rolex, grande, robusto, de oro pulido e incrustado de diamantes -que declara éxito a los cuatro vientos-, o un modelo más discreto, que susurra refinación, todos hablan el mismo idioma.

    Y aunque hay otras piezas de relojería en el mercado de lujo que marcan el tiempo con una precisión respaldada por una ingeniería muy sofisticada, Rolex ha sido el líder indisputable desde hace más de medio siglo.

    El más reciente informe Swiss Watcher 2025 de Morgan Stanley y LuxeConsult, que examinó las 50 principales marcas, lo confirma.

    Rolex aparece a la cabeza con una cuota de mercado minorista implícita de 33%; el segundo en la lista -Richemont, con sus relojes Cartier- tiene el 9%.

    El informe estima que se vendieron 1.150.000 relojes Rolex el año pasado, lo que se traduce en ingresos estimados de unos US$14.800 millones, una cantidad difícil de imaginar y, en este caso, difícil de confirmar pues la centenaria relojería es singular.

    Rolex no pertenece a ningún multimillonario, ni cotiza en bolsa, ni responde a accionistas.

    Es propiedad de una fundación.

    Esa estructura inusual, que sus admiradores -desde entusiastas y coleccionistas hasta vendedores especializados- presentan como un modelo casi virtuoso de capitalismo con conciencia, es compleja e intrigante.

    Detrás de ella hay un hombre llamado Hans Wilsdorf.

    ¿Cómo encaminó el éxito de la marca y se aseguró de que perdurara?

    Un huérfano bávaro con una visión

    Wilsdorf nació en 1881 en Baviera, Alemania y, tras perder a su madre siendo niño, y a su padre cuando tenía 12 años, sus tíos vendieron el negocio familiar y lo enviaron a un internado.

    Con una educación sólida y la capacidad de hablar tres idiomas – alemán, francés e inglés- Wilsdorf llegó a Suiza a los 19 años a trabajar para una empresa exportadora de relojes de bolsillo.

    En 1905, con 24 años, fundó junto a su cuñado Alfred Davis la empresa Wilsdorf & Davis en Londres, importando mecanismos suizos y tres años más tarde registró la marca Rolex, una palabra inventada, fácil de pronunciar en cualquier idioma y lo suficientemente corta para caber en una esfera.

    Había llegado en el momento en que la industria apostaba por el reloj de pulsera, y se unió a esa tendencia con una obsesión particular: demostrar que esos pequeños mecanismos amarrados a la muñeca podían alcanzar la precisión de los grandes cronómetros marinos, el máximo estándar de exactitud de la época.

    Así como Omega, Longines y Zenith, Rolex participó en competencias de cronometría, pues la precisión no era solo un atributo técnico: era el argumento de venta.

    Pero se necesitaba más para sobresalir.

    En la sucesión de innovaciones que transformaron la relojería, Rolex no siempre fue el primero en concebir una idea, pero sí a menudo en llevarla a su forma definitiva y grabarlo en la memoria colectiva.

    En 1926, lanzó el Oyster, el primer reloj de pulsera herméticamente sellado y resistente al agua.

    Para demostrarlo, Wilsdorf no se limitó a afirmarlo: convenció a la nadadora Mercedes Gleitze para que llevara un Oyster atado al cuello durante su “nado de vindicación” del Canal de la Mancha.

    Gleitze había sido la primera persona en cruzar el Canal, pero otra mujer reclamó haberlo hecho en menos tiempo, una afirmación que resultó ser una farsa, pero que obligó a Gleitze a repetir la travesía para reivindicar su hazaña.

    La controversia garantizaba cobertura mediática gratis.

    Aunque Gleitze tuvo que abandonar el nado por el frío extremo, el reloj funcionaba perfectamente, como reportó el diario británico Times.

    Un mes después, Rolex compraría la portada completa del diario Daily Mail con el titular: “El reloj que desafió el Canal”.

    La legendaria casa de subastas Sotheby’s describiría esa colaboración, casi un siglo después, como “el nacimiento del patrocinio deportivo moderno”: la primera vez que la resistencia física de un atleta fue usada para validar la ingeniería de un producto.

    Imagen que muestra una foto de Gleitze y sobre ella, el reloj.

    Getty Images
    La travesía de Gleitze demostró que Rolex había inventado el primer reloj de pulsera práctico, impermeable y a prueba de polvo del mundo. En noviembre de 2025, se vendió en subasta de Sotheby’s por US$1.730.000.

    En los años 50, Rolex y su agencia de publicidad J. Walter Thompson protagonizaron un audaz golpe de marketing en un evento que tenía al mundo en vilo: la conquista del Everest.

    La relojería británica Smiths, proveedora histórica de la Armada Real y la Casa Real, era la patrocinadora oficial de la expedición que lo logró en 1953, y cuando Edmund Hillary llegó a la cumbre, llevaba un Smiths De Luxe en la muñeca.

    Pero eso no impidió que Rolex se adueñara de la historia: le había dado relojes a los miembros de la expedición y al regreso, en Calcuta, el distribuidor local le regaló a Edmund Hillary un Explorer prototipo grabado, y repartió relojes al equipo.

    Para cuando llegaron a Londres los escaladores eran embajadores oficiales de Rolex, y poco se habló de los relojes Smiths.

    En 1960, en vez de disputar las alturas, se probó en las profundidades: un reloj experimental Rolex fue fijado al exterior del batiscafo Trieste durante su descenso al fondo de la fosa de las Marianas.

    Jacques Piccard, el oceanógrafo que comandó el descenso, envió un telegrama a Ginebra: “Feliz de anunciarles que su reloj funciona igual de bien a 11.000 metros que en la superficie”.

    Cada hazaña terminaba en un anuncio, reforzando el eslogan asociado con la marca: “una corona para cada éxito”.

    La línea entre la publicidad y las demostraciones reales de rendimiento era difusa, y la estrategia rindió fruto: desde 1953, Rolex creció a un ritmo promedio del 8% anual durante casi cuatro décadas.

    El mercadeo era solo la mitad de la ecuación. La otra, la resumió Wilsdorf en una carta de sus primeros años: “No es con precios bajos sino, al contrario, con mayor calidad que no solo podemos sostener el mercado, sino ampliarlo”.

    Un símbolo a prueba del tiempo

    Wilsdorf murió en 1960, pero estaba por venir la transformación más radical de Rolex: de reloj de precisión a símbolo global de estatus.

    De la mano de aquella agencia de publicidad que había ayudado a cimentar el vínculo entre Rolex y la conquista humana de lo imposible en el Everest, J. Walter Thompson, la estrategia evolucionó con precisión quirúrgica a lo largo de las décadas.

    Detalle de la corona de 5 puntas que es parte del logo de Rolex en las 12 de un reloj.

    Getty Images
    Le pusieron la corona en 1931.

    Los anuncios ya venían centrándose no en los relojes en sí, sino en los hombres poderosos que los lucían: Rolex era símbolo de éxito personal.

    “Los hombres que guían el destino del mundo usan relojes Rolex”, rezaba un anuncio de 1959.

    Cuando la sociedad pasó de admirar a líderes mundiales o a los militares, y los deportistas, aventureros y emprendedores se convirtieron en los nuevos héroes, Rolex se asoció a profesionales de élite.

    La crisis del cuarzo en los años 70 -cuando los relojes japoneses de batería amenazaron con hacer obsoletos los mecanismos mecánicos suizos-, que para muchas marcas un golpe letal, para Rolex fue una oportunidad.

    Mientras competidores como Omega fabricaban relojes de cuarzo baratos, Rolex reencuadró su mecanismo mecánico como virtud: no era tecnología antigua, sino artesanía atemporal.

    La decisión consolidó su posición como el reloj de lujo por excelencia, que ha mantenido por más de medio siglo.

    En los 80, cuando los símbolos de estatus se volvieron culturalmente dominantes, Rolex giró hacia la opulencia: el modelo Day-Date se convirtió en “el reloj presidencial”, usado por líderes mundiales.

    El resultado fue lo que los expertos en marcas llaman una trampa aspiracional perfecta: un objeto que quienes no pueden permitírselo desean, y quienes pueden permitírselo necesitan para señalar que lo han logrado.

    El mensaje constante, como señala en el libro La fabrique de l’excellence: histoire de Rolex el historiador Pierre-Yves Donzé, era destilado, sencillo y poderoso: Rolex es un producto excepcional, desarrollado por un empresario excepcional (Hans Wilsdorf) para personas excepcionales.

    Ese temple y claridad de visión se debe en gran medida a la Fundación Hans Wilsdorf, lo que nos lleva de vuelta a su creador.

    La corona y sus sombras

    Tras la muerte de su esposa en 1945, Wilsdorf creó la fundación que lleva su nombre, y a su muerte, le legó todas sus acciones.

    Su objetivo primario –según sus estatutos– es “garantizar la salvaguarda, el mantenimiento y la rentabilidad de los bienes que se le confían”.

    “De ser posible”, añaden, apoyar iniciativas sociales, educativas, culturales y humanitarias principalmente en Ginebra, así como contribuir a la protección de los animales y el medio ambiente a nivel global.

    Todo se ha cumplido, sin duda, aunque de nada hay registro exacto.

    El puente iluminado

    Getty Images
    El puente Hans Wilsdorf, galardonado con varios premios de arquitectura, es la obra más evidente de la fundación en Ginebra.

    Si bien sus fines filantrópicos están subordinados a la disponibilidad de recursos que sobren, estos han permitido beneficiar a tantos personas y proyectos que es imposible enumerarlos.

    En la ciudad, la huella de la fundación es omnipresente: desde la preservación y reinvención del histórico cine Le Plaza, hasta el apoyo a la modernización de la Escuela Profesional de Ginebra, la renovación del Asilo de Ancianos de Champel, la restauración de la Biblioteca de la Ciudad y la conservación del Jardín Botánico de Ginebra, son muchos los proyectos que quizás no habrían visto la luz sin el respaldo de Rolex.

    Además de lo que se ve, la fundación se centra en apoyar a individuos, condonando deudas, ayudando a pagar alquileres u otorgando becas.

    Y se reporta que las miles de solicitudes que reciben se revisan con rapidez y sin trámites burocráticos excesivos.

    Todo esto le confiere un poder tan vasto que en Ginebra algunos lo describen como un “Estado dentro de un Estado”, como señala Dan Crivello en el blog especializado Coronet.

    El modelo que lo hace posible, sin embargo, no es exclusivo de Rolex.

    Rolex no es la única empresa con esta estructura. Carlsberg, Robert Bosch, Bertelsmann, Novo Nordisk e IKEA, entre otras, son también propiedad de fundaciones.

    Pero Rolex tiene dos particularidades: su fundación posee el 100% de las acciones, en una estructura que la ley suiza hace permanente, es decir que nadie puede venderla, sacarla a bolsa ni transferirla a manos privadas.

    Y opera en la industria del lujo, donde donde la mayoría de sus competidores pertenecen a conglomerados bursátiles o a familias accionistas. En ese mundo, Rolex es una anomalía.

    Eso hace que Rolex no sólo sea inusual, sino el ejemplo más visible y rentable de este modelo, y el más debatido.

    Sus ventajas son reales: sin presión de accionistas, las decisiones son más largoplacistas; sin cotización en bolsa, la empresa es inmune a los vaivenes especulativos; con una fundación como propietaria, parte de las ganancias va a causas sociales.

    El historiador Donzé argumenta que esta estructura ha sido clave para que Rolex mantenga su independencia y coherencia de marca durante más de un siglo.

    Pero las sombras también son reales.

    Rolex no publica resultados detallados, no rinde cuentas a accionistas y apenas ofrece visibilidad sobre el alcance real de su actividad filantrópica.

    Analistas e historiadores del sector han señalado que esa opacidad no es un rasgo accesorio, sino estructural: le permite acumular capital, tomar decisiones a muy largo plazo y ejercer una influencia significativa sin los mecanismos habituales de supervisión.

    El resultado no es tanto una anomalía ética como institucional: una organización que, sin infringir las reglas, opera en gran medida al margen de ellas.

    Sin embargo, nada de eso ha empañado lo que Rolex representa para el mundo: esas sombras rara vez llegan al mostrador.

    Shakira no cantó sobre una fundación. Cantó sobre un reloj. Pero ese reloj lleva décadas siendo mucho más que un objeto: es el resultado de una construcción deliberada, inteligente, a veces opaca, de lo que significa el éxito.

    Y la empresa que lo fabrica ha logrado algo que muy pocas logran: que nadie necesite explicar qué significa cuando pronuncias su nombre.

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  • Opinión: Trump les da mala fama a los ancianos

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    El presidente Donald Trump les está dando mala fama a las personas mayores.

    Piénsalo. En junio cumplirá 80 años, y es el segundo presidente de la historia de Estados Unidos que alcanza esa edad en el cargo. Ahora mismo, el que ostenta el récord es Joe Biden. Pero si Trump llega al final del segundo mandato, superará a Biden como el presidente de mayor edad de la historia.

    Si quieres detenerte en el lado positivo de la edad y nuestros jefes ejecutivos, deberíamos empezar por Jimmy Carter, quien terminó su carrera en la Casa Blanca en 1981, pero trató de ser un ciudadano provechoso durante varias décadas. Vivió hasta los 100 años y ganó un Premio Nobel por su labor humanitaria en una etapa tardía de su vida. Ayudó a los pobres al trabajar en erradicar –y consiguiéndolo en gran medida– el gusano de Guinea y, aserrando y martillando, llamó la atención sobre la necesidad de viviendas para las personas de bajos ingresos. Podrías tener muchas opiniones sobre el éxito de Carter en la Casa Blanca, pero definitivamente resaltan sus proyectos después de la presidencia.

    En su exposición del Paseo de la Fama Presidencial en la Casa Blanca, Trump elogia los esfuerzos de Carter después de dejar la Casa Blanca, pero desprecia su mandato. Sin embargo, ese Paseo de la Fama es un excelente ejemplo de cómo, a sus casi 80 años, Trump sigue compitiendo vigorosamente por el título de ser el peor mandatario de la historia estadounidense. Cuando no está criticando a su predecesor inmediato, renombrando edificios con su nombre o convirtiendo la crisis de Irán en un desastre profundo, Trump ha estado amasando una fortuna para los miembros de su familia, a los que ha vinculado con unos beneficios estimados en más de 1400 millones de dólares procedentes de empresas que van desde las criptomonedas hasta la concesión de licencias para usar su nombre.

    ¿Quieres pensar un poco sobre si Trump va a fusionar el título de ser el mandatario “más viejo” con el de ser “el peor”? Mejor, no lo hagamos. Si nos centramos en eso, existe un grave peligro de que terminemos en una larga reflexión sobre el hecho de que aún nos quedan casi tres años más de la Casa Blanca de Trump. No le demos vueltas. De verdad.

    “¿Deberíamos hacerlo por cuarta vez?”, reflexionó nuestro presidente en un reciente viaje a Iowa.

    Esta, por supuesto, es la Teoría Trump de la Historia de Estados Unidos, en la que derrotó a Biden en 2020 e intentó provocar una revolución en el país –o, como mínimo, unos disturbios muy violentos– cuando los funcionarios públicos racionales declararon que había perdido.

    ¿Te imaginas a Trump postulándose de nuevo en 2028, cuando vaya camino de los 83 años? Cuando los jóvenes empiecen a temblar de terror, hay que recordarles que las personas mayores inteligentes están igualmente horrorizadas por gente poderosa que se niega a jubilarse en un momento racional. Además, en realidad no puede amenazarnos con eso (por favor, deja de comerte las uñas). Aún existe un límite de dos mandatos, establecido en la Constitución.

    A menos, claro está, que impulse una enmienda sobre la edad y se invente una leyenda según la cual los fundadores querían garantizar que cualquier hombre menor de 100 años tuviera derecho a postularse al cargo más alto. Y que recuerde a la gente sus gestas presidenciales caritativas, como indultar a los alborotadores del 6 de enero, a unos jugadores de fútbol americano y a muchos otros delincuentes.

    Como presidente, Trump ha llegado a la vejez como un héroe para todos los estadounidenses que admiran a figuras famosas que entran en la categoría de “negarse a dejar el poder”. Piénsenlo. (Solo por unos minutos). Derrotó a Hillary Clinton, a pesar de perder el voto popular. Se negó a admitir que Biden lo había vencido en la reelección e intentó dar un golpe de Estado. Fracasó en eso, pero logró recuperar la Casa Blanca en las siguientes elecciones, algo que Biden facilitó al tardarse en admitir que era demasiado viejo para postularse de nuevo.

    Y entonces, Trump anunció al mundo en un correo masivo que había completado el primer año de su nuevo mandato, durante el cual bien podría haber logrado “más que cualquier otro presidente en la historia del país”.

    Espero que quede claro, Abraham Lincoln, Franklin Roosevelt, George Washington…

    Bueno, hay muchas formas de hacer historia. ¿Van a considerar los estudiosos presidenciales del futuro a Trump como el peor? ¿Por debajo de James Buchanan, quien no logró detener la esclavitud ni la Guerra de Secesión? ¿O William Henry Harrison, quien rechazó los argumentos de que era demasiado mayor para postularse y murió un mes después de su investidura, dejando el país en manos del terrible John Tyler?

    Imaginemos cómo verían los demás presidentes de edad avanzada la llegada de Trump a sus filas. No podemos decir que les esté dando mala fama, ya que, como grupo, no tienen precisamente una reputación muy buena.

    Pero imagina una cena celestial de viejos presidentes a través de los tiempos. Ahí está Herbert Hoover, que recibe elogios por haber logrado vivir hasta los 90 años, de colegas que caritativamente ignoran su papel protagonista en la Gran Depresión.

    Ahí está Ronald Reagan, a quien le faltaban pocos días para cumplir 70 años cuando fue investido, sonriendo mientras contempla sus dos mandatos y luego 15 años como alegre jubilado. (Bueno, alegre en su mayor parte, hasta los últimos años, oscurecidos por el alzhéimer).

    “Comienzo ahora el viaje que me llevará al ocaso de mi vida”, dijo en una carta de despedida a la nación. “Sé que para Estados Unidos siempre habrá un brillante amanecer por delante”.

    De acuerdo, probablemente no se imaginaba a un presidente Trump en aquel momento. Pero volvamos a esa fiesta de los presidentes más longevos. Independientemente de cuánto acabaran viviendo, si los invitados a la fiesta tuvieran la edad que tenían cuando ocupaban el cargo, muchos apenas tendrían unos 60 años. John Adams terminó su único mandato con 65 años, triste por haber perdido la reelección frente a Thomas Jefferson, pero sin duda contento por haber disfrutado de 25 años tras su presidencia, en los que vería a su hijo llegar a la Casa Blanca. Y tal vez tuviera la premonición de que, dos siglos más tarde, se le rendiría homenaje con una serie biográfica de televisión.

    ¿Crees que alguna vez habrá una serie de televisión sobre Donald Trump? ¿De qué género sería? ¿Historia, humor o terror?

    Gail Collins, colaboradora de Opinión, trabajó para el Times durante 30 años, como integrante del consejo editorial, como editora de la página editorial y como columnista de Opinión desde 2007 hasta 2025.

  • Los líderes de Irán consideran que su posición en la guerra con EE. UU. ha mejorado

    Los líderes de Irán consideran que su posición en la guerra con EE. UU. ha mejorado

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    Para los dirigentes teocráticos iraníes, sobrevivir al ataque estadounidense-israelí significa una victoria. Pero es posible que su próxima crisis ya se esté gestando.

    Su líder supremo y altos mandos fueron asesinados. Bases militares, fábricas y puentes quedaron reducidos a escombros. Su economía ha recibido un golpe tras otro. Sin embargo, los gobernantes autoritarios de Irán creen que han salido de esta guerra en una posición más fuerte que cuando empezó.

    Tras seis semanas de una intensa campaña estadounidense-israelí y con un alto al fuego temporal en vigor, los dirigentes iraníes no se muestran conciliadores al entablar nuevas negociaciones con Estados Unidos. En su lugar, tienen una nueva serie de exigencias maximalistas.

    “¡Buenos días a la victoria! Hoy, la historia ha pasado una nueva página”, escribió en las redes sociales el primer vicepresidente de Irán, Mohammad Reza Aref, el día en que se produjo el alto al fuego. “La era de Irán ha comenzado”.

    El mero hecho de sobrevivir a la guerra entre Estados Unidos e Israel fue un triunfo para la República Islámica y sus partidarios: una prueba de su capacidad para resistir el ataque de dos de los ejércitos más poderosos del mundo y la confirmación, en su opinión, de la ideología de resistencia que ayudó a los clérigos a llegar al poder en 1979. También mantuvieron un firme control de la esfera interna y continuaron aplicando la fuerza represiva, a pesar de que la población está ampliamente descontenta con su gobierno.

    “En su opinión, lograron vencer a dos superpotencias”, dijo Danny Citrinowicz, exjefe de la rama iraní de la inteligencia militar de Israel. Para los líderes teocráticos de Irán eso es una “victoria divina”, dijo.

    Además, Irán puede sentirse en una posición negociadora más fuerte que antes de la guerra.

    Su continua capacidad para ejercer su voluntad sobre el estratégico estrecho de Ormuz –a pesar de los bombardeos que, según funcionarios estadounidenses e israelíes, han destruido en gran medida la fuerza aérea y la armada iraníes– le ha proporcionado un medio de probada eficacia para causar estragos en la economía mundial. Irán pretende terminar la guerra con el control efectivo de esta ruta marítima, por la que suele pasar una quinta parte del petróleo mundial.

    “En realidad, es una ventaja mayor de lo que nunca fue el programa nuclear”, dijo Hamidreza Azizi, experto en cuestiones de seguridad de Irán en el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad. “Ahora están en mejor posición para negociar”.

    En enero, los dirigentes iraníes se enfrentaban a uno de los momentos más precarios de sus 47 años de gobierno.

    Las fuerzas de seguridad iraníes desataron una sangrienta represión para acallar la disidencia en todo el país, y gran parte de la población seguía furiosa mientras el país se hundía en una crisis económica. La red de milicias que utilizaban para proyectar su poder en toda la región había sido golpeada por los ataques israelíes, dejándola expuesta a las exigencias cada vez más agresivas de Estados Unidos e Israel.

    Pero esos aliados aún pudieron unirse a Irán para infligir un alto costo, mediante aviones no tripulados y ataques con misiles, a los países árabes del Golfo que albergan bases estadounidenses y cuyas economías se basan en su imagen de prosperidad y estabilidad.

    “Hace dos meses, la noticia mundial era que Teherán estaba masacrando a su propio pueblo”, dijo Karim Sadjadpour, analista sobre Irán de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. “Hoy, la noticia mundial es que Teherán resiste con éxito a Estados Unidos e Israel”.

    A medida que los ataques contra Irán eran más mortíferos y destructivos, muchos iraníes que se oponían a su gobierno –o que eran ambivalentes hacia él– empezaron a considerar inaceptable el sufrimiento que se les infligía. Algunos iraníes que en su día expresaron la esperanza de que los bombardeos pudieran derrocar a sus gobernantes ahora dicen que les preocupa haberse quedado con lo peor de ambos mundos: abandonados en un país en ruinas, gobernado por unos dirigentes atrincherados y envalentonados que, según temen, pueden actuar con mayor agresividad contra la disidencia.

    Ali Alfoneh, investigador principal del Instituto de los Estados Árabes del Golfo, dijo que esperaba una gran oleada de emigración de Irán.

    Pronto los iraníes podrían estar más aislados del mundo, dijo, ya que es probable que sus nuevos dirigentes crean que la supervivencia no depende de las negociaciones internacionales y la moderación, sino de una disuasión más dura, y quizá incluso de una carrera hacia la bomba nuclear.

    “Este modelo transformará a Irán en la Corea del Norte de Medio Oriente: diplomáticamente aislada, empobrecida, nacionalista y revanchista”, dijo Alfoneh.

    Sin embargo, aunque los dirigentes iraníes declaren la victoria, la guerra a la que han sobrevivido podría estar sentando las bases de su próxima crisis.

    Irán estaba en crisis económica antes de la guerra, y las penurias que causó a muchos iraníes fue uno de los motores de las recientes protestas. La reconstrucción será un reto monumental y costoso, y cómo podrá pagarlo el gobierno de Irán es una cuestión abierta. Los principales productores de acero que suministraban a los fabricantes nacionales han interrumpido la producción, posiblemente durante meses, tras ser alcanzados por los ataques aéreos, y muchos comercios minoristas han visto cómo disminuían sus ventas durante los últimos meses de disturbios y guerra. Varios iraníes dijeron en entrevistas que les preocupaba la pérdida masiva de puestos de trabajo que se avecinaba, lo que reduciría los ingresos del gobierno procedentes de los impuestos.

    Irán emprenderá en el proceso de reconstrucción con aún menos amigos en la región: las relaciones que pasó años fomentando con los vecinos árabes del Golfo se han hecho añicos.

    Entre sus bases, Azizi, experto en cuestiones de seguridad de Irán, dijo que los dirigentes iraníes podrían correr peligro.

    Muchos partidarios de la línea dura no querían aceptar un alto al fuego, dijo, sino llevar la guerra aún más lejos. Si las conversaciones previstas no conducen a ninguna parte, “esto puede provocar una verdadera fragmentación dentro del sistema”, dijo.

    Y como Washington y Teherán declaran que tienen ventaja en esta ronda del conflicto, muchos expertos regionales creen que lo que se avecina es más guerra, no reconciliación.

    “Todas las cuestiones que separaban a Estados Unidos e Irán solo se han vuelto más difíciles de resolver mediante el diálogo”, dijo Behnam Ben Taleblu, director del programa sobre Irán de la Fundación para la Defensa de las Democracias, un grupo de expertos de línea dura sobre Irán. “Por tanto, es probable que, tarde o temprano, se produzca otra ronda de enfrentamientos”.

    Yeganeh Torbati es la corresponsal del Times en Irán.

  • El taller de Herzog: cine, caos y 10.000 dólares

    El taller de Herzog: cine, caos y 10.000 dólares

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    En las Azores, 50 artistas rodaron cortos con Werner Herzog en un curso intensivo de 11 días; una oportunidad única que implicaba pagar miles de dólares y adaptarse a lo imposible.

    En la isla de São Miguel hay más vacas que personas, y al menos una estaba a punto de convertirse en estrella.

    Durante 11 días de enero, el cineasta alemán Werner Herzog organizó un taller en la isla, la más grande del archipiélago de las Azores, en el Atlántico Norte, y entre los 50 asistentes, varios se planteaban incluir una vaca en sus cortometrajes.

    Una de las ideas fue propuesta por Sabri Benalycherif, un fotógrafo lisboeta de 48 años, y Jill Mulleady, una cineasta argentina de 47 años. Su visión para un cortometraje implicaba la entrada de una vaca en una iglesia.

    “¿Cómo van a subir una vaca por los escalones hasta la iglesia?”, le preguntó Herzog, de 83 años, a la pareja, con severidad. “Puede que estén condenados al fracaso, porque la vaca podría ser obstinada y no subir ni un solo escalón. Se puede descontrolar”.

    “Pero usted movió un barco sobre una montaña”, le recordó amablemente Mulleady, refiriéndose a la escena de su epopeya de 1982, Fitzcarraldo, en la que la tripulación arrastraba un barco de vapor de 320 toneladas por una colina empinada en la Amazonía peruana.

    Herzog negó con la cabeza. “La gente cree que hago cosas imposibles, pero no. Hago lo factible”, dijo. “Yo sabía que era posible mover un barco sobre una montaña”.

    Explicó que tuvo tres meses para resolver el problema. Estos cineastas no disponían de ese tiempo. “Hay que hacer lo factible, y en los dos días de rodaje que tienen aquí, eso no parece ser factible”, dijo Herzog.

    Esta fue la clave de su taller: toma tu cámara, consigue la toma, prescinde del storyboard, no te excedas y, por encima de todo, haz lo que sea factible. Para muchos, este consejo, si no era revolucionario, sí resultaba liberador.

    Los participantes habían viajado desde lugares tan lejanos como Hawái, Australia e India. Fueron emparejados según estilos cinematográficos y lengua en común y, en algunos casos, signos zodiacales compatibles. Para el final del taller de 11 días, debían filmar, editar y proyectar una película de entre cinco y diez minutos, en cualquier formato: narrativo, poema visual o documental.

    Tomarían inspiración de Herzog y del paisaje de la isla: sus colinas verdes y frondosas, playas de arena negra, plantaciones de té envueltas en niebla, famosas aguas termales sulfurosas y, por supuesto, vacas. Mientras los cineastas proponían ideas, Herzog quedó absorto con la idea de la vaca en la iglesia.

    “Necesitan a alguien que transporte a la vaca en un remolque. Tal vez tengan que anestesiarla y luego reanimarla”, dijo. “¿Y qué dirá el cura local?”.

    El maestro

    El nombre de Werner Herzog se ha convertido en una especie de sinónimo del cine inconformista: el propio hombre es un ícono. Y, sin embargo, sus películas, densas en lo conceptual, no son precisamente taquilleras. Muchos las describirían como inaccesibles, apreciadas sobre todo por estudiantes de cine, cinéfilos y otros realizadores, ya que abordan temas complejos sobre cuestiones como la vida en el corredor de la muerte o las familias de alquiler en Japón. Él mismo es un personaje, con su acento alemán, su voz imperturbable y su filosofía irreverente, tanto como lo es la leyenda que rodea su forma de hacer cine, incluso para quienes nunca han visto sus películas.

    Y Herzog se ha convertido en objeto de fascinación para una nueva generación, sobre todo después de que el meme del “pingüino nihilista”, tomado de su documental de 2007 Encuentros en el fin del mundo, se volviera viral en enero, coincidiendo con su taller.

    Herzog fundó su Rogue Film School en 2009, en Los Ángeles, donde vive desde finales de la década de 1990. El curso intensivo de cuatro días costaba 1500 dólares. El objetivo no era aprender a hacer películas, sino escuchar a Herzog, quien deja claro que él no enseña a hacer películas, ya que eso pertenece a las escuelas de cine, de las que ha sido un crítico acérrimo durante mucho tiempo. Hacer cine, dijo, consiste en gestionar el caos o “domarlo”.

    Según la web de la Rogue Film School, el taller versaba “sobre poesía, cine, música, imágenes, literatura”. “Se aplicará la censura”, advertía. “No se hablará de chamanes, de clases de yoga, valores nutricionales, infusiones, ni de descubrir tus límites o crecimiento interior”.

    Las sesiones fueron tan populares que Herzog las hizo más largas y elaboradas. Empezó a colaborar con la productora barcelonesa Extática Cine, que organizaba talleres en Cuba, la selva peruana y Las Palmas, en las Islas Canarias. Eligieron São Miguel para 2026 por su paisaje invernal, sombrío y mítico, ideal para el cine.

    Herzog anunció el taller de este año en su nueva cuenta de Instagram, creada por Simon, su hijo menor. Otra cosa nueva fue su elevado precio –8800 euros (unos 10.200 dólares)– que sorprendió a muchos seguidores, que escribieron comentarios sobre privilegios y fondos fiduciarios.

    “Amigo, te amo, pero 8000 euros dejan totalmente fuera del curso a la clase trabajadora. No me encanta”, escribió uno.

    “Asistiré como lo aprobaría el Werner de la década de 1970 (falsificando documentos, colándome, llevándome tu equipo, volviéndome loco en la naturaleza)”, decía otro.

    En diciembre, los solicitantes solo tuvieron seis días entre ser aceptados en el programa y depositar el dinero para asegurar su lugar. Recurrieron al financiamiento colectivo, echaron mano de sus ahorros y solicitaron becas y préstamos para artistas. Se rumoreaba que una persona había vendido su coche. “El tiempo transcurrido entre recibir la invitación y transferir el dinero fue como un matrimonio forzado”, dijo Lucas Ackermann, guionista y director berlinés de 28 años.

    Entre los aceptados predominaba la sensación de haber ganado un premio prestigioso o de haber sido ungidos por el mismísimo maestro. Para estos cineastas era una oportunidad única en la vida, así que aceptaron el costo a cambio de lo que recibían: una mentoría cercana con Werner Herzog, contactos con otros cineastas y una línea muy valiosa en sus currículums.

    Participantes como Aleksandra Szczepanowska, de 46 años, residente en Nueva York, estaban preparados para asumir el costo. “Hacer un video musical corto de bajo presupuesto en Nueva York cuesta 20.000 dólares. Así que esto es casi demasiado barato”, dijo.

    Extática Cine explicó que el precio incluye, entre otras cosas, alojamiento y comida, transporte en la isla, traductores, una base de datos de actores y locaciones, oportunidades de distribución y, por supuesto, tiempo con Werner Herzog. Después de pagar al equipo organizador y los gastos, alrededor de un tercio de los ingresos va a la Fundación Werner Herzog en Munich, encargada de preservar y conservar sus obras.

    El proceso

    Herzog cautivó a sus 50 asistentes con historias que había contado cientos de veces, muchas incluidas en sus memorias de 2023, Cada uno por su lado y Dios contra todos. Habló de su infancia en la Baviera rural, de su turbulenta relación con el actor Klaus Kinski y de cómo hipnotizó al elenco de su película Corazón de vidrio, de 1976.

    Al cabo de un par de días, las barreras empezaron a caer, al menos para algunos. No es que el magnetismo de Herzog se hubiera atenuado; más bien, habían venido a aprender y trabajar. Aun así, el tiempo cara a cara resultó difícil. A menudo, mientras asesoraba a un cineasta, se formaba una multitud a su alrededor, como atraída por un imán. Algunos admitieron sentirse un poco molestos con la experiencia.

    Antes de comenzar el rodaje, Herzog y Peter Zeitlinger, su director de fotografía de toda la vida, inspeccionaron el “arsenal” del grupo, como llamaban al equipo de cámaras. Algunos participantes desempacaron lentes cinematográficos de última generación y cámaras réflex digitales, mientras que otro trajeron una simple videocámara Sony de la década de 1990. Herzog dijo que lo más importante no era la cámara, y suplicó: “Por favor, por favor, denme una buena historia”.

    Herzog les ordenó que se lanzaran de inmediato. “No hay tiempo para meditar, ni para esperar la inspiración”, dijo. “Y es algo positivo. Tienes que funcionar así en un rodaje de verdad”.

    Estas reglas forzaron un cambio bien recibido por los cineastas, como Szczepanowska. “Nunca he rodado sin guión, sin lista de tomas, sin storyboard“, dijo. “Es como que no te das cuenta de cuánto sabes, o de lo que eres capaz, hasta que lo haces”.

    Unos meses antes del taller, el equipo de Extática Cine contrató a una directora de casting local para organizar una convocatoria en toda la isla.

    “Es muy difícil, porque normalmente cuando los cineastas vienen aquí traen a sus propios actores o solo quieren a gente de las Azores como extras”, dijo Ana Lopes, de 42 años, actriz de São Miguel y directora de una agencia de casting. Ella estaba en Lisboa cuando uno de los participantes la llamó para un papel, y reservó de inmediato un vuelo a casa. “Esto es muy importante para mí, pero también para los habitantes locales que no son actores, porque tienes a 50 cineastas trabajando aquí. ¿Cuándo pasa eso en una isla como esta?”, dijo Lopes.

    Otra actriz, Teresa Carreiro Andrade Raposo, una estudiante de sociología de 20 años de São Miguel, fue contratada para participar en cuatro películas diferentes. “La verdad, nunca había oído hablar de Werner Herzog”, dijo. “Por lo visto, es una persona muy importante, así que estoy contenta de formar parte de este proyecto”.

    El legado

    A mitad del taller, Simon Herzog, de 36 años, viajó desde Viena para enseñar al grupo a forzar cerraduras –una práctica habitual en los cursos del Herzog padre y útil para acceder a locaciones restringidas–. “Aprendí la mitad de mi padre y la otra mitad por internet”, dijo Simon. “Puedo abrir casi todas las cerraduras de Rumania”.

    Aunque Simon había asistido a un par de fines de semana de la Rogue Film School de su padre, este era su primer taller. Fue un regalo de Navidad de su padre. Pero la presencia de Simon también benefició a los protegidos de su padre, ya que Herzog se volvió más accesible tras su llegada, e incluso su hijo lo incitaba a ser más directo.

    Y Simon creó la cuenta de Instagram de su padre. “Habíamos hablado durante un tiempo de tener algún medio para compartir su trabajo de forma más activa”, dijo.

    El primer video, I am Werner Herzog. This shall be my Instagram, fue filmado en el jardín de su casa del siglo XVI en el sur de Austria, publicado en agosto de 2025 y había acumulado casi nueve millones de visualizaciones. Herzog no tiene celular, así que Simon graba los videos cuando están juntos y después los sube. Durante el taller hicieron varios.

    Simon, que acompañó a su padre a la selva amazónica cuando rodó el documental de 1998 Alas de esperanza, cree que el interés de su padre por hacer estos talleres refleja su amor por el oficio, así como el deseo de establecer su legado. “Tiene mucho conocimiento y sabiduría que transmitir”, dijo. “No creo que sea especialmente celoso con eso”.

    La adulación

    Herzog dominaba la conversación durante las comidas y continuaba después de cenar, cuando proyectaba fragmentos de su extensa filmografía, como Aguirre, la ira de Dios, El hombre oso y Cobra Verde, pausando para señalar detalles específicos. A veces compartía anécdotas o reflexiones personales que provocaban risa y asombro.

    “Hoy cualquier primate puede hacer una película”, dijo en un momento. “Por cierto, he visto una película hecha por una oveja”.

    “Nunca me verán en los tabloides, porque nunca he estado en alfombras rojas; solo para mis propias películas”, reflexionó también.

    Muchos de los cineastas se aferraban a cada una de sus palabras.

    “Es mi padre en el cine”, dijo Hao Wang, de 33 años, un director de Chengdu, China, que ya había realizado el curso de Herzog en la plataforma MasterClass. Durante el taller, le enseñó a Wang a silbar, una habilidad que considera importante para dirigir a un equipo.

    La adulación resultó desconcertante para Francisca Manuel, una cineasta lisboeta de 41 años. “No esperaba que estas 49 personas a mi alrededor mostraran tanta devoción por él”, dijo. “Algunos, especialmente los hombres, lo ven como un dios”.

    Y esto puede ser un problema para Herzog. “Le resulta muy difícil encontrar gente que no busque quedar bien con él, por eso valora a quienes son auténticos con él”, dijo Peter Zeitlinger, que ha trabajado con Herzog en más de 20 proyectos.

    “La mayoría de los directores viven en una realidad falsa, en la que todo el mundo les miente”, añadió. “Es como la gente en el poder: nunca reciben críticas constructivas. Pero Werner no es así”.

    El rodaje

    Cuando empezó el rodaje, seis de las 25 parejas se habían separado conscientemente para trabajar solas. “A algunos les cuesta adaptarse el uno al otro”, dijo Herzog.

    El grupo se dispersó por toda la isla. Herzog visitó a cada uno de ellos, desplazándose entre las locaciones en una camioneta con chófer. En el puerto, hubo un rodaje en el que una pareja filmaba a un pescador arreglando una de sus redes, hablando de su vida.

    “Como está hablando todo el tiempo ante la cámara, necesitas momentos de silencio”, dijo Herzog. “Debe ser material en el que pueda pensar en voz alta. También tienen que grabar las gaviotas por separado como sonido. Tienen que recolectar”.

    Herzog observaba mientras Jordan McAfee-Hahn y Matúš Ďuraňa filmaban una vaca al borde de un acantilado, con el océano gris brillando como plata en el horizonte en una tarde ventosa. Su película, titulada Lola Dreams of the Sea, mostraba a un joven granjero corriendo tras Lola, una vaca inexplicablemente atraída por la masa de agua.

    La vaca que interpretaba a Lola no quería sentarse. Protestó a mugidos, hasta que finalmente cedió y se echó sobre el pasto.

    “¿No deberíamos hacer que mire hacia el océano?”, gritó McAfee-Hahn por encima del viento.

    “No, no. Está bien con el océano como telón de fondo”, dijo Herzog, sugiriendo al dúo que hicieran un primer plano de la cara de la vaca para captar las reacciones emocionales de Lola. “Déjenla ahí”.

    Trabajar con las vacas era muy difícil, como descubrió Asreen Zangana, de 28 años.

    “Las vacas estaban de muy mal humor. No querían interactuar con mi actor”, dijo la directora de cine iraquí-estadounidense. “Al principio, mi protagonista iba a ser muy cariñoso con las vacas. Iba a abrazarlas y besarlas, pero ellas no quisieron. Se marcharon furiosas”.

    Para convertirse en “buenos soldados del cine”, Herzog dijo a los participantes que debían aprender a adaptarse a los imprevistos. “De repente algo sale terriblemente mal, tu segundo protagonista tiene que ir al hospital y sabes que no volverá en los próximos tres meses, así que tienes 60 segundos para cambiar el guión y hacer creíble que no esté, incluso convertirlo en una ventaja para la historia”, dijo Herzog. “Esto pasa todo el tiempo en un rodaje, y tienes que poder responder al instante. No hay tiempo. No queda tiempo para nada”.

    Eso fue exactamente lo que hizo Zangana. “Tuve que cambiar rápidamente la historia para que el hombre se sintiera solo y necesitara de verdad el afecto de su vaca, pero no lo recibiera”, dijo. “Fue muy adaptable, como suelen ser los que no son actores”.

    La despedida

    Tras 11 intensos días en São Miguel, Herzog se marchó para empezar a promocionar su última película, Bucking Fastard, protagonizada por las hermanas Rooney Mara y Kate Mara como gemelas idénticas. También estaba terminando un libro de fotogramas de sus películas, que publicaría la editorial alemana de libros de arte Taschen, y haciendo doblaje para la próxima película de animación de Bong Joon Ho, Ally, sobre criaturas de las profundidades marinas. Habría poco tiempo para descansar entre proyectos, si acaso.

    Cuando llegó el momento de despedirse de sus protegidos, tras una proyección de sus obras terminadas, Herzog observó al grupo con su mirada penetrante.

    “El mundo como cineastas ahora es suyo”, les dijo. “El mundo es suyo. Saldrán allá afuera, pero deben seguir siendo rebeldes. Mi consejo es que formen células rebeldes en todas partes”.

    Muchos aprovechaban cada oportunidad para sentarse junto a Herzog y hacer preguntas o exponer ideas, mientras que unos cuantos preferían absorber su sabiduría en silencio y a distancia, como Dean Wei, cineasta de Pekín.

    “Solo quería escucharlo”.

    Erin Schaff es fotoperiodista del Times y cubre historias en

  • El caso Minerliz: 20 años sin respuestas

    El caso Minerliz: 20 años sin respuestas

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    Joseph Martinez entró en el restaurante New Rochelle Diner y recorrió la sala con la mirada buscando a una mujer sentada sola. Ella le hizo una seña y él se acercó y se sentó en su mesa. Se presentó como Lisa; habían intercambiado mensajes, pero nunca se habían visto en persona.

    Dijo que había oído buenos comentarios sobre las clases de astronomía que él daba en el Bronx, donde lo conocían como “Jupiter Joe”, por sacar su gran telescopio para observar las estrellas. Lisa quería contratarlo como profesor particular de su hija de 11 años. Él le contó el origen de “Jupiter Joe”: cómo desde niño le fascinaban las estrellas y los planetas, y cómo ahora compartía ese interés con sus hijas.

    Un camarero trajo agua y refrescos, pero no comieron. Lisa y él charlaron y, al cabo de una hora, ella le dio las gracias, prometió que se mantendría en contacto y se marchó. Martinez pidió un sándwich de queso a la plancha con tocino, bebió sus bebidas –tomó dos– y, al terminar, se marchó.

    Cuando la puerta de la cafetería se cerró tras él, un hombre discreto que estaba en una mesa cercana se levantó, se puso unos guantes de látex y recogió cuidadosamente las pajitas usadas de Júpiter Joe, metiendo cada una en su propia bolsa de plástico.

    Era enero de 2021 y el restaurante era la última parada en una búsqueda de un asesino que duraba décadas. La pista se había enfriado hacía mucho tiempo. Había llegado el momento de ser creativos.

    Veintidós años antes, un frío día de febrero de 1999, un empleado de mantenimiento trabajaba su turno de fin de semana en un centro comercial de Co-Op City, en el Bronx. Notó una gran bolsa de basura en un contenedor detrás y sintió curiosidad; no era raro encontrar DVD desechados del videoclub.

    Rasgó la bolsa y retrocedió, horrorizado.

    La noticia se propagó rápidamente entre la policía esa mañana de domingo. El beeper de un detective sonó mientras asistía a misa en el Bronx. Era una llamada de su brigada, con “911” al final: urgente. Salió apresuradamente de la iglesia.

    Dentro de la bolsa había un cuerpo. El de una niña.

    Las primeras horas en un homicidio son cruciales y este movilizó a tantos agentes como fue posible. Muchos detectives del Bronx fueron convocados al lugar de los hechos, entre ellos Malcolm Reiman.

    “Cuando hay un homicidio infantil, básicamente, la sociedad se horroriza, y el público se horroriza, el Departamento de Policía también se horroriza”, declaró más tarde. “Así que se produce lo que se llama una situación de ‘todos a una’”.

    El relato del hallazgo del cuerpo, la respuesta de la policía aquel día y otros detalles del caso proceden de transcripciones judiciales y de entrevistas con personas implicadas.

    La investigación empezó de forma prometedora. Rápidamente se identificó a la niña como Minerliz Soriano, una estudiante de 13 años de séptimo año que vivía con su familia en un edificio de apartamentos de Pelham Parkway South, a tres kilómetros de distancia. Había desaparecido a la salida del colegio cuatro días antes, y pronto se colocaron carteles de búsqueda en la zona.

    Los detectives visitaron su edificio y su escuela. Reconstruyeron su recorrido a casa. Entrevistaron a vecinos, que recordaban cómo vendía dulces y adornos navideños puerta a puerta con su hermana menor. Había muchas pistas, varios sospechosos.

    Minerliz estaba vestida y había sido estrangulada. Una pista clave y perturbadora surgió del equipo forense: dos pequeñas manchas en su sudadera eran semen.

    Los analistas del laboratorio de la Oficina del Médico Forense Jefe realizaron varias pruebas en las manchas y revelaron un perfil de ADN individual. Pero el perfil no coincidía con el de nadie en el sistema de justicia penal del estado. Quien dejó esas manchas no había sido registrado antes, y su identidad seguía siendo desconocida.

    ‘Ya verás’

    Minerliz era una alumna brillante de la escuela Frank D. Whalen, alegre y algo fuera de moda, con sus sudaderas holgadas, jeans y zapatillas viejas. Le gustaban Britney Spears y ‘N Sync y saltar con dos cuerdas afuera del colegio. Se mordía las uñas.

    A los 12 años, en un programa después de la escuela, conoció a Kimberly Ortiz, que estaba un grado por encima de ella, y pronto se volvieron mejores amigas. Kimberly era más experimentada; le interesaban los chicos. Minerliz se guiaba por la curiosidad. Le dijo a su amiga que quería ser astronauta.

    “Le dije: ‘Somos del Bronx’”, recordó Ortiz años después. “‘No vamos a ser astronautas’”.

    “Ya verás”, contestó Minerliz.

    A veces las chicas se escapaban del programa extracurricular para pasar el rato en una biblioteca a unas cuadras. Miraban páginas web, todavía una novedad en aquella época. Astronomía, cometas, películas, clases de francés… Minerliz clasificaba sus intereses con un sistema de estrellas en un cuaderno.

    Las cuadras entre la escuela y casa eran lo suficientemente tranquilas como para que dos niñas caminando después de clase se sintieran seguras, con muchas caras amigas y conocidas por el camino.

    Estas horas después de clase eran la vía de escape de Minerliz. Kimberly llegó a creer que la vida familiar de su amiga estaba dominada por las tareas domésticas y el cuidado de su hermana menor. Vivía con su madre y su padrastro, y en los seis meses que llevaba conociéndola, Kimberly nunca los había visto.

    El 24 de febrero de 1999, Minerliz le pidió a Kimberly que faltaran al programa extracurricular para ir a la biblioteca. Pero la escuela había llamado a la madre de Kimberly para informarle que Kimberly había faltado otras veces, así que tenía que ir.

    Esa tarde de miércoles fue la última vez que hablaron. Cuatro días después, en el departamento de Kimberly sonó el teléfono; su madre contestó y escuchó al interlocutor.

    “Dios mío”, la oyó decir la chica.

    Tácticas antiguas y nuevas

    A pesar de las prometedoras pistas iniciales, el caso empezó a enfriarse. Los miembros de la familia de Minerliz fueron descartados como sospechosos: ninguno coincidía con la muestra de ADN de la sudadera de la niña. Pasaron meses tras el asesinato sin nueva información. Había muchos otros crímenes en el Bronx de finales de la década de 1990.

    “A veces teníamos tres homicidios al día”, recordó Reiman. “Homicidios el día anterior. Y semanas antes. Todo eso estaba pasando”.

    Luego pasaron los años. Aun así, los detectives volvieron al caso de Minerliz Soriano con los años, retomándolo, sin encontrar nuevas pistas, volviéndolo a dejar. El ADN seguía sin coincidir con el de nadie en las bases de datos. Tampoco coincidía con el ADN de ninguna otra escena del crimen.

    Para 2011, Reiman se especializaba en casos sin resolver y retomó esta investigación con seriedad. Empezó a rastrear las cajas de notas de los detectives de 1999, dispersas por las salas de archivos de toda la ciudad, y estudió detenidamente las declaraciones de los vecinos de la época. Prestó especial atención a lo que decían los hombres.

    “Tal vez alguien se interesó en ella”, dijo en un informe televisivo. “Un interés malsano”.

    Finalmente supervisó la elaboración de una lista de 43 hombres que vivían en el edificio Pelham Parkway South en el momento del asesinato. Para entonces, más de 10 años después, algunos se habían mudado y otros seguían allí. Algunos habían sido encarcelados por otros delitos.

    Todo lo que tenían era el ADN anónimo de la escena del crimen. Así que decidió visitar a cada uno de los hombres y obtener una muestra de ADN.

    Podía solicitar una muestra bucal y arriesgarse a alertar al asesino, que podría huir, u obtenerla subrepticiamente, recogiendo algo que el hombre en cuestión hubiera desechado –una botella de agua, una colilla de cigarro– y analizarlo. Estos objetos se conocen como muestras abandonadas.

    No llegó a terminar su lista antes de decidir jubilarse tras 31 años de trabajo. Dejaría el caso en manos de otros detectives.

    “Llega un momento en que te das cuenta de que este trabajo te va a matar”, diría más tarde. “Siempre hay un caso más, ¿sabes? Tienes que poner un límite y marcharte o te quedas para siempre”.

    Antes de marcharse, tenía otra idea que probar. Algo totalmente nuevo.

    Los cinco hijos

    Para 2019, los avances en análisis llevaron a un nuevo método para identificar ADN anónimo, localizando a un familiar de quien dejó la muestra. Se trataba de una práctica algo controvertida, denominada búsqueda de ADN familiar, y la fiscalía del distrito del Bronx la buscó como vía de investigación en el caso de Minerliz Soriano. Nunca antes se había utilizado en la ciudad de Nueva York.

    Esta nueva prueba en la muestra de la sudadera podría identificar a un pariente consanguíneo de quien dejó la mancha. Eso podría reducir los sospechosos de innumerables a un puñado.

    Se trata de una herramienta policial que debe utilizarse como último recurso, cuando se hayan agotado otras vías de investigación. Los críticos han advertido que basarse en una coincidencia parcial del ADN podría llevar a que la policía vigilara a personas inocentes que no tenían nada que ver con las acciones de un familiar.

    La mancha de la sudadera de Minerliz fue analizada de nuevo y, en 2020, se obtuvo un resultado por primera vez. El ADN de la sudadera correspondía a un familiar de un hombre arrestado años antes por hurto menor en Nueva York. Había fallecido, pero le sobrevivían cinco hijos.

    Los detectives recopilaron información sobre los hijos. Rápidamente descartaron a los dos más jóvenes, que en 1999 tenían solo 5 y 10 años. Eso dejaba tres posibles responsables de la mancha en la sudadera.

    Los detectives no quisieron dirigirse directamente a ellos para obtener una muestra de ADN. Eso podría alertar al asesino. Así que necesitaban muestras abandonadas.

    Dos de los hijos mayores vivían en el Bronx, el tercero en Florida. La policía se puso en contacto con sus homólogos de Orlando, quienes siguieron a ese hijo, esperando a que tirara algo –al final, una mascarilla durante la pandemia de covid– que pudieran utilizar.

    El hijo mayor del Bronx, Joseph Martinez, tenía 27 años en el momento del asesinato. Tenía un historial intachable: ninguna detención antes ni después de 1999. Había trabajado en soporte informático en el World Trade Center a finales de la década de 1990 y ahora, en 2021, trabajaba en una compañía de seguros.

    Más recientemente, había convertido su interés por la astronomía en una actividad secundaria. Compró un telescopio potente y organizó fiestas de observación en el Bronx y sus alrededores. Asistía a eventos en el USS Intrepid, en el río Hudson, y solía llevar a sus dos hijas pequeñas.

    En estas salidas, utilizaba un apodo: Jupiter Joe.

    Parecía un asesino inverosímil. Entonces la policía hizo un hallazgo impactante: en 1999 vivía en el mismo edificio que Minerliz Soriano. Los detectives recuperaron la declaración que había prestado a los agentes inmediatamente después del asesinato. Claro, había visto a la chica por el edificio, había dicho. Pero no la conocía.

    Ahora necesitaban una muestra de ADN.

    La cita en el restaurante

    Con los años, un detective llamado James Menton se había hecho conocido por su forma creativa de obtener muestras abandonadas. Una vez se hizo pasar por ayudante de camarero en un concurrido restaurante chino para recoger el tenedor de un sospechoso. Y cuando el conductor de un camión al que seguía por el puente de Manhattan se asomó y escupió sobre la calzada, el detective Menton detuvo el tráfico para recoger una muestra con su hisopo.

    Así que cuando necesitó ADN de Martinez, lo buscó en Google para averiguar sus rutinas. Se fijó en la astronomía.

    Menton, haciéndose pasar por una madre llamada Lisa, envió un mensaje de texto a Martinez. A modo de presentación, Lisa escribió que la mejor amiga de su hija asistía a una de las observaciones callejeras organizadas por Jupiter Joe. “Queríamos saber si das clases particulares”.

    Podía funcionar, dijo. Podrían hablarlo en persona o de forma virtual.

    “¿Te parecería bien tomar un café o comer y hablar más?”, le escribió el detective. “Invito yo, por supuesto”.

    Sí, respondió Martinez. Acordaron reunirse en el New Rochelle Diner, a unos 15 minutos en coche del Bronx.

    Menton, que trabajaba con agentes del FBI en un grupo especial, pidió a una agente que se hiciera pasar por Lisa en el restaurante. Se sentó en una mesa cercana, solo, y observó a “Jupiter Joe” entrar, saludar a la agente y beber sus dos copas.

    Cuando Martinez se fue, el detective Menton embolsó las dos pajitas y las llevó directamente a un laboratorio para que las analizaran.

    Llegaron los resultados. No había ninguna duda. El ADN de las pajitas coincidía exactamente con las manchas en la sudadera de Minerliz.

    En noviembre de 2021, los detectives contactaron a Martinez y le pidieron que acudiera a la comisaría para responder a preguntas rutinarias sobre el caso: cómo era Minerliz en el edificio, si alguien parecía sospechoso, ese tipo de cosas.

    Al cabo de una hora, más o menos, de la conversación grabada en vídeo en una sala de interrogatorios –“la caja”, en jerga policial–, el detective Dominic Robinson fue al grano.

    “¿Tú y Minerliz tuvieron relaciones sexuales alguna vez?”, preguntó el detective.

    “No”, respondió Martinez.

    “Tenemos pruebas de que tu ADN estaba sobre ella”, dijo el detective. “Dame cualquier explicación de cómo eso es posible, cómo pudo pasar. Estoy dispuesto a explorar cualquier versión contigo”.

    “Quisiera contactar a mi abogado”, respondió Martinez. Fue detenido y el interrogatorio se dio por terminado.

    La teoría de la saliva

    En el juicio de septiembre, el abogado de Martinez, Troy Smith, no cuestionó que el ADN de su cliente estuviera en la sudadera de Minerliz.

    Pero argumentó que no era semen.

    Las pruebas realizadas sobre las manchas en 1999 han evolucionado y mejorado con los años, y lo que en las pruebas de entonces parecía semen, basándose en los niveles de una proteína específica, puede haber sido en realidad saliva, argumentó Smith.

    Así pues, las manchas podrían haber llegado a la sudadera de muchas maneras, dijo.

    “Si tosiera en mi mano –no lo haría contigo– y te diera la mano”, preguntó a un testigo de la oficina del forense, “mi ADN podría transferirse a tu mano, ¿correcto?”

    “Correcto”.

    “¿Si luego te tocas la camisa, mi ADN podría estar en tu camisa?”

    “Correcto”.

    “Si después de darte la mano tú le das la mano a otra persona, ¿mi ADN podría estar en esa otra persona?”

    “Sí”.

    La familia y los partidarios de Martinez se aferraron a esa idea en su defensa.

    “Cuando estás con alguien día tras día, te das cuenta de algo”, dijo una exnovia, Denise Matos, de 50 años, que estuvo ocho años con Martinez hasta poco antes del asesinato. Destacó que Martinez no tenía antecedentes penales.

    “Un depredador no actúa una sola vez”, añadió.

    En su alegato final, el fiscal John Miras explicó al jurado los resultados del laboratorio, señalando que los altos niveles de proteína en la mancha eran típicos del semen, mientras que esos niveles son minúsculos en la saliva.

    “No se puede eludir la ciencia”, argumentó. “No hay pruebas de que pasara junto a ella un día en el ascensor y estornudara”.

    En noviembre, tras un juicio de varias semanas, el jurado emitió su veredicto: culpable.

    El regreso de una vieja amiga

    Kimberly Ortiz quedó destrozada cuando Minerliz fue asesinada. Su madre le prohibió asistir al funeral. Pero Kimberly fue igual. Quedaba lejos de su barrio, y tomó varios trenes para llegar.

    Tenía 13 años; este año cumple 40. Ahora vive en Jacksonville, Florida, donde trabaja para Humana Medicare, y voló a Nueva York para declarar en el juicio de Martinez, como última testigo de la fiscalía. Su testimonio no aportó datos nuevos sobre el asesino de su amiga; al fin y al cabo, ella no lo había visto.

    Pero devolvió a su amiga al centro de la escena, describiendo su risa, su timidez con los chicos y sus intereses por la ciencia ficción y la tecnología.

    “Yo era más despierta y ella era más ingenua”, declaró. “Era inocente, graciosa y, en general, divertida”.

    Kimberly le compró un anillo que decía “Mejor amiga” una vez”. Los fiscales le mostraron una foto de la mano de Minerliz después de que encontraron su cadáver. Sí, dijo. Ese es el anillo.

    La semana pasada, Ortiz volvió al tribunal del Bronx por última vez, para la sentencia de Martinez.

    La jueza Audrey Stone escuchó al fiscal describir la reputación de Martinez como una farsa: “tres décadas engañando al mundo”. También escuchó al acusado: “Desde el comienzo de este juicio, he sostenido mi inocencia”.

    La jueza lo condenó a una pena mínima de 25 años, con una máxima de cadena perpetua.

    Algunos de los detectives que trabajaron en el caso, ahora jubilados o con nuevos empleos, permanecían sentados en silencio en la parte trasera del juzgado. Entre ellos estaban Malcolm Reiman, a quien llamaron aquel día de 1999 en que se encontró el cadáver de la niña, y James Menton, quien recogió las pajitas en el restaurante.

    La familia Soriano y sus parientes salieron ante las cámaras de los informativos y Ortiz se unió a ellos para recordar juntos a Minerliz. Cuando las niñas faltaban a su programa extraescolar para pasar el rato en la biblioteca, hacían “tableros de visión”, recortes de revistas que mostraban los futuros que imaginaban para sí mismas.

    Una iba a ser actriz. Y la otra, la primera mujer astronauta del Bronx.

    Michael Wilson cubre la ciudad de Nueva York y ha sido reportero del Times por más de dos décadas.

  • La misión de Artemis II de la NASA regresa a la Tierra con éxito

    La misión de Artemis II de la NASA regresa a la Tierra con éxito

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    La tripulación de la NASA amerizó en el océano Pacífico, cerca de San Diego, con lo que finaliza un viaje que llevó a los seres humanos al espacio sideral por primera vez desde 1972.

    Bienvenidos a casa, Reid, Victor, Christina y Jeremy. Con ustedes, la humanidad regresó a la Luna y ahora están de vuelta sanos y salvos en la Tierra.

    Los cuatro astronautas de la misión Artemis II amerizaron el viernes a las 8:07 p. m., hora del este, en el océano Pacífico, cerca de San Diego, con lo que concluyeron su misión histórica de 10 días, la primera en enviar seres humanos alrededor de la Luna en más de 50 años.

    “¡Qué viaje! Estamos estables, cuatro tripulantes verdes”, dijo Reid Wiseman, el comandante de Artemis II, al control de la misión, refiriéndose a que él y sus compañeros astronautas gozaban de buena salud.

    La misión ha estado repleta de superlativos. Victor Glover es el primer hombre negro que viaja alrededor de la Luna, y Christina Koch es la primera mujer. Jeremy Hansen es el primer astronauta canadiense que realiza el viaje.

    Bajo el mando de Wiseman, la misión de la NASA superó el récord de distancia establecido por la misión Apolo 13 en 1970. Mientras los astronautas viajaban alrededor de la cara oculta de la Luna, pasaron por un punto a 406.771 km kilómetros de la Tierra, unos 6600 km más lejos de lo que había viajado la tripulación del Apolo 13.

    En el proceso, los astronautas de Artemis II estudiaron partes de la cara oculta de la superficie lunar que los ojos humanos no habían visto antes. (Esas partes de la superficie estaban en la sombra durante las misiones Apolo.) También presenciaron un eclipse solar de 53 minutos, que los asombró tanto a ellos como a la gente de la Tierra.

    Artemis II tuvo sus contratiempos, como fallos en las comunicaciones y problemas con un retrete, que demostraron tanto la necesidad de apoyo informático como de conocimientos de fontanería en el espacio.

    Pero lo más importante es que la misión demostró que los sistemas clave de la nave espacial Orión, como el soporte vital y la propulsión, pueden manejar el transporte de seres humanos a la Luna.

    Esto es lo que hay que saber

    • Recuperación de la tripulación: Un equipo de recuperación de la NASA y la Marina estadounidense tardará aproximadamente una hora en sacar a los astronautas de su cápsula. Después, serán trasladados en avión al USS John P. Murtha, un buque de transporte anfibio. Desde allí, serán llevados a tierra y regresarán el sábado al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston.

    • Cómo ver lo que sigue en directo: La cobertura de la NASA continúa mientras los astronautas esperan a que los equipos los ayuden a salir de su cápsula espacial. Puedes verla en las cuentas de YouTube o X de la agencia, así como en su sitio web o en sus aplicaciones para televisores inteligentes.

    • Más actualizaciones: Está previsto que la NASA dé información actualizada sobre el resultado de la misión a las 10:30 p. m., hora del este, en el Centro Espacial Johnson. Los periodistas del New York Times darán información actualizada y contextualizada sobre ese acontecimiento.