Como jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine está obligado a mantenerse al margen de la refriega política provocada por la guerra en Irán. Pero trabaja para un presidente que le exige lealtad absoluta.
En casi 14 horas de comparecencia ante el Congreso en las últimas semanas, al general Dan Caine se le formularon repetidamente versiones de las mismas dos preguntas: ¿cómo había permitido el ejército más poderoso del mundo que los iraníes cortaran el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz?, y ¿qué podía hacer para que los barcos volvieran a circular?
Las respuestas de Caine pusieron de relieve la cuerda floja por la que camina. Como jefe del Estado Mayor Conjunto, está obligado a mantenerse al margen de la refriega política provocada por la guerra en Irán. Pero trabaja para un presidente que le exige lealtad absoluta.
En público, Caine ha definido la misión militar en términos limitados, un enfoque que adoptó el martes cuando los legisladores demócratas y republicanos, frustrados, lo presionaron a él y al secretario de Defensa, Pete Hegseth, para que explicaran sus planes para abrir el estrecho y poner fin a la guerra.
“Nuestros objetivos militares han estado claros todo el tiempo”, dijo Caine. Habló de “atacar los sistemas de misiles balísticos de Irán”, destruir su Marina y su base industrial de defensa e impedir que las fuerzas iraníes amenacen al ejército estadounidense y a sus aliados en la región. Elogió repetidamente la dedicación de las tropas estadounidenses a lo largo de la guerra.
Pero evitó hablar sobre la estrategia militar estadounidense de forma más amplia.
“¿Preveía el cierre del estrecho de Ormuz y el consiguiente impacto en el suministro de petróleo para muchos países, incluso aquí en Estados Unidos?”, preguntó la senadora Susan Collins, republicana por Maine.
“Tenemos un personal increíble en el Pentágono”, dijo, “y siempre tenemos en cuenta el abanico de ramas militares y secuelas. No haré comentarios sobre ninguna en particular porque eso afecta a cualquier consejo que yo pueda o no haber dado al presidente”.
El senador Jack Reed, demócrata por Rhode Island, volvió a intentarlo unos minutos después. “¿Le ha sorprendido la resistencia de los iraníes?”, preguntó.
“Siempre doy por sentado que el enemigo va a resistir”, dijo Caine. Se negó a decir si había transmitido esas suposiciones al presidente Trump antes de que este comenzara la guerra.
Caine se ha mostrado igualmente evasivo sobre los daños causados a las capacidades de misiles y drones del ejército iraní, un indicador clave de la eficacia de la campaña de bombardeos estadounidense y del progreso de la guerra. “Todos nuestros asuntos relacionados con la evaluación de los daños en combate son clasificados, y sería inapropiado que hiciera comentarios”, dijo el martes.
Eludió los informes de que las fuerzas estadounidenses habían consumido reservas de armas costosas, como misiles de crucero furtivos de largo alcance construidos para una guerra con China. Cuando se le preguntó sobre tal déficit el martes, Caine respondió: “Tenemos municiones suficientes para lo que se nos ha encomendado en este momento”.
El intercambio público más revelador de Caine se produjo dos semanas antes, cuando el senador Gary Peters, demócrata por Míchigan, le pidió que definiera el “centro de gravedad” en la guerra contra Irán.
El término tiene sus raíces en la doctrina militar estadounidense y en el teórico militar prusiano Carl von Clausewitz, quien lo definió como la principal fuente de fuerza del enemigo, “el centro de todo poder y movimiento del que todo depende”.
En la guerra del golfo Pérsico de 1991, mientras Estados Unidos trataba de expulsar a las fuerzas iraquíes de Kuwait, el general Colin Powell, jefe del Estado Mayor Conjunto, definió el centro de gravedad como los soldados de élite de la Guardia Republicana iraquí.
Veinte años después, cuando el gobierno de Barack Obama se esforzaba por llevar a cabo una nueva estrategia en Afganistán, el almirante Mike Mullen, también jefe del Estado Mayor Conjunto, lo definió como la construcción de un gobierno afgano que contara con el apoyo de sus ciudadanos.
“Lo realmente crítico es que pongamos al pueblo afgano en el centro, y que se convierta en el centro de gravedad”, dijo.
Caine declinó definir para Peters el centro de gravedad en la guerra en Irán, y afirmó que la decisión deberían tomarla los dirigentes políticos estadounidenses.
Parte de su reticencia se debe a que trabaja para Trump, quien ha tratado de preservar su flexibilidad de negociación al evitar que su gobierno se comprometa a objetivos bélicos vinculantes, más allá de asegurarse de que Irán nunca adquiera un arma nuclear.
La naturaleza volátil de Trump –su disposición a cambiar de opinión casi a diario– también pone a los líderes militares en una situación difícil. Hablar públicamente sobre la estrategia de guerra conlleva el riesgo de que el comandante en jefe cambie la orden.
Peters, veterano de la Marina, ofreció su propio diagnóstico. El centro de gravedad, dijo, era el estrecho de Ormuz, por el que fluye alrededor del 20 por ciento del suministro mundial de petróleo.
“No vamos a poner fin a esta guerra hasta que no nos hagamos con el control de los estrechos de forma que vuelvan a abrirse”, dijo.
En las reuniones con el presidente en la sala de crisis de la Casa Blanca en el periodo previo a la guerra, Caine se mostró más comunicativo, aunque todavía cauteloso, según dijeron funcionarios estadounidenses. Planteó la perspectiva de que una guerra prolongada con Irán agotaría drásticamente los arsenales de algunas armas estadounidenses esenciales, dijeron funcionarios estadounidenses. Y señaló los riesgos de que Irán bloqueara el estrecho.
Pero también ha dicho que, como principal asesor militar del presidente, su trabajo consiste en presentar opciones a Trump, no en adoptar una postura firme ni hacer política.
Algunos analistas militares elogiaron el enfoque de Caine. “En general, creo que ha sido notablemente discreto, y de forma apropiada”, dijo Eliot Cohen, historiador y alto funcionario del Departamento de Estado durante las guerras de Irak y Afganistán. “Corresponde a sus jefes políticos decidir cómo quieren hablar de ello”.
Otros dijeron que cedía demasiado terreno. Conceptos como el centro de gravedad del enemigo “normalmente se entienden como una determinación militar, no como una prerrogativa presidencial”, dijo Stephen Biddle, profesor de asuntos internacionales en la Universidad de Columbia y asesor habitual del Pentágono.
Uno de los riesgos del relativo silencio de Caine es la señal que envía a otros oficiales, dijo Heidi Urben, coronel retirada del ejército y directora asociada del programa de estudios de seguridad de la Universidad de Georgetown. “Cuando los líderes militares solo hablan de tácticas, se refuerza la falacia entre las filas de que no necesitan preocuparse por la estrategia, de que otros se ocuparán de esas cosas”, dijo Urben.
En las audiencias del martes, legisladores republicanos y demócratas se quejaron de la presión económica que la guerra ejercía sobre los estadounidenses.
“Nada importa más a nuestros electores que hacer algo respecto a estos precios descontrolados de la gasolina, que están llevando a la bancarrota a familias y agricultores de todo el país”, dijo el senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut.
Los senadores presionaron a Caine para que explicara cómo Irán, a pesar de los daños sufridos y de su enorme desventaja en potencia de fuego, aún era capaz de mantener el control del estrecho e imponer tanto daño a la economía mundial.
“Es una situación compleja”, respondió Caine. “En parte, se debe a los traficantes comerciales”.
Fue una respuesta que no pareció satisfacer a nadie.
El senador John Hoeven, republicano por Dakota del Norte, presionó a Caine y a Hegseth para que esbozaran un plan militar que pudiera conducir a la reapertura del estrecho.
“Eso alivia la presión sobre nosotros y nuestros aliados”, dijo Hoeven. “Y eso es lo que pido”.
Greg Jaffe cubre el Pentágono y el ejército de Estados Unidos.