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Cuando Jessica Cantú votó por Donald Trump en 2024, poco sospechaba que dos años después vería a su hermano deportado.
“Era la primera vez que mi esposo y yo nos registrábamos para votar. Fuimos a los actos electorales y lo elegimos para presidente”, le cuenta esta mujer de 38 años y madre de seis a BBC News Mundo.
Lo hizo, como muchos en el Valle del Río Grande, una zona del sur de Texas colindante con Tamaulipas (México) en la que más del 90% de la población se identifica como latino o hispano, convencidos por una retórica de valores conservadores compartidos y el blindaje de la frontera frente a la inmigración irregular.
También por la promesa de una mejora en la economía, algo bien necesario en esta región donde las familias ingresan un tercio menos que el promedio nacional y cuyo índice de pobreza duplica al del país.
Con una campaña articulada en torno a esas propuestas, Trump logró en 2024 un apoyo histórico en este territorio que no había elegido a un republicano para la Casa Blanca en más de tres décadas.
De perder por 15 puntos en 2020, cuando competía por la reelección, pasó a imponerse en los cuatro condados que conforman el Valle (Cameron, Hidalgo, Starr y Willacy) con ventajas de entre 3 y 16 puntos.
El resultado fue la cristalización de una tendencia que llevaba años cocinándose, un creciente apoyo al Partido Republicano que inició en los años de pandemia y se reforzó de cara a los comicios legislativos de 2022.
Ahora, en vísperas de las elecciones de mitad de período, las encuestas arrojan aquí un panorama distinto, con los demócratas a la cabeza en intención de voto.
En las llamadas midterms, que se celebran el 3 de noviembre, está en juego el control del Congreso. Los votantes eligen a miembros de la Cámara de Representantes y el Senado.
Pero de su resultado podría también depender que el presidente pueda seguir o no adelante con su agenda según lo planeado.
“En estos dos años Trump mostró su verdadera cara”, dice Cantú. “Aseguró que iría tras los criminales y los que veo deportados no lo son, son gente buena trabajadora. Y no lo digo solo por mi hermano. Lo escucho a diario de mis vecinos, me llegan videos todo el rato”, explica.
“También dijo que acabaría con las guerras, que mejoraría la economía. Pero atacó Irán, puso aranceles, rompió sus promesas y nos dio la espalda”, se lamenta.
“Los latinos nos sentimos usados y traicionados”, zanja, haciéndose eco de un sentir más amplio en este área fronteriza, donde estas elecciones se perfilan también como una suerte de referéndum de la presidencia de Trump.
Un presidente que, según las encuestas, está en sus horas bajas de popularidad.
El rol de la fe
Como otros en su comunidad, Cantú y su esposo se acercaron a la política desde la fe.
Cuando en 2022 una republicana local, Mayra Flores, comenzó a hacer campaña por un escaño en la Cámara de Representantes federal, el matrimonio acogió algunos de sus eventos en el pequeño café que regenta.
“Nos dimos cuenta de que muchos de los que la apoyaban no solo eran conservadores, sino que tenían valores cristianos”, recuerda la texana.
“Así comenzamos a escuchar a (el fallecido activista conservador) Charlie Kirk, a involucrarnos, a aprender lo que significaba ser de uno u otro partido. Y concluimos que los republicanos eran los que seguían la Biblia y los demócratas los que iban contra lo que esta dicta”, explica, algo de lo que ahora reniega.
Aquel mensaje encontró otra caja de resonancia en las cada vez más ubicuas iglesias evangélicas.
Aunque el 85% de los habitantes del Valle del Río Grande se identifica como católico, los protestantes evangélicos representan una minoría en rápido crecimiento.
Algunos de los pastores que hicieron proselitismo desde el púlpito en 2022 y en 2024 se encuentran hoy ante un dilema.
Sintiéndose obligados a elegir entre defender a los inmigrantes en sus comunidades o seguir manteniendo el apoyo a un gobierno con el que comparten ciertas posturas, han preferido mantenerse al margen.
No es el caso de Luis Cabrera.
Cuando BBC Mundo lo entrevistó en 2022, se decía el “consejero espiritual” de Flores, a la que definía como “embajadora de Cristo”.
“Es una latina que ama a Dios, a su familia y a su país, y que está poniendo sus valores y su moral por delante”, le dijo entonces a este medio, una retórica que repetía a su feligresía en la City Church de Harlingen, otra localidad del Valle del Río Grande.
Cuatro años después, y con un libro publicado titulado Make America Godly Again (“Volvamos a Estados Unidos piadoso de nuevo”, un juego de palabras con el Make America Great Again de Trump), se aferra a su discurso y a su empeño en empujar a los fieles a votar.
Reconoce que el ambiente en la comunidad es de “desasosiego”. “Entiendo la frustración. Yo también le pongo gasolina a mi carro y hago la compra”, admite.
“Algunos culpan al presidente de la subida del costo de la vida. También de las deportaciones, pero los anteriores también deportaron a miles de personas. ¿Y qué decían entonces?”, cuestiona.
“Tenemos que ir a votar y hacerlo por quienes representan nuestros valores”, insiste. “Es eso, o volver a los cuatro años en los que gobernó (el presidente demócrata Joe) Biden”.
Con ese fin impulsa la iniciativa que bautizó como Souls to Polls (“Almas a las urnas”), con la que insta a otros pastores a animar a sus feligreses a que acudan a los centros de votación anticipada después del culto.
“Gente pobre y buena”
No es ese el mensaje que predica el padre Roy Snipes, párroco de la capilla católica La Lomita.
Apodado el “sacerdote vaquero”, por el sombrero Stetson que luce a diario, durante el primer mandato de Trump se opuso a los planes de expropiar los terrenos de la capilla para construir el muro fronterizo impulsado entonces por el presidente.
El edificio, que se mantiene en pie desde los tiempos de la Guerra Civil estadounidense, se alza entre la maleza, a unos 200 metros del río Bravo, conocido como Grande en EE.UU.
Ocho años después, durante la misa del viernes por la mañana, Snipes dedica su breve sermón a los actos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
“No hay ninguna excusa válida para detener, encarcelar y deportar a gente pobre y buena que son nuestros vecinos”, asegura ante una congregación de unas 30 personas, en su mayoría hispanas.
Según cifras oficiales obtenidas por el Deportation Data Project de la Universidad de California, Texas concentró en julio de 2026 alrededor de un tercio de todos los arrestos realizados por ICE en EE.UU., más que cualquier otro estado.
“Nos dijeron que íbamos a buscar, capturar, detener y deportar a lo peor de lo peor”, afirma el padre Snipes durante su sermón.
“Bueno, aquí estamos en la frontera y lo peor de lo peor es el cartel. Así que pensábamos que era algo bueno”, le dice a la BBC.
“Pero resulta que casi todos los días se oye hablar de algún hombre que va al trabajo y al que detienen, retienen y cuyo caso acaba convirtiéndose en una gran pelea”.
Al terminar la misa, dos miembros de la congregación se quedan conversando.
“Somos educadores y tenemos muchos estudiantes que tienen que regresar a sus países de origen porque sus padres están siendo deportados”, dice uno de ellos.
“La crueldad que estamos presenciando… creo que está cambiando las cosas, o al menos eso espero”, añade su amigo.
Seguridad fronteriza vs. control migratorio
Las cifras respaldan la visión que muchos en el Valle del Río Grande tienen sobre las redadas migratorias y deportaciones.
Los arrestos han aumentado significativamente desde que Trump volvió al poder. Solo en julio se registraron 49.571, todo un récord, según información oficial obtenida por el Deportation Data Project.
Pero esos mismos datos muestran que gran parte de los arrestos involucra a personas sin condenas previas. En julio, las detenciones de inmigrantes con antecedentes penales alcanzaron un mínimo histórico del 27%.
Mientras, las encuestas se hacen eco de un malestar que también es palpable en esta zona fronteriza de Texas.
Ya en mayo, un sondeo publicado por Pew Research Center halló que el 52% de los estadounidenses encuestados consideraba las medidas de control migratorio excesivas.
Y uno más reciente, realizado por Politico y Public First a finales de septiembre, identificó una división profunda entre votantes republicanos sobre el tema. Un 31% de los republicanos no-MAGA, es decir, aquellos que no están alineados con el movimiento de Trump, afirmaron que la campaña de deportaciones se ha vuelto demasiado agresiva.
Sin embargo, los entrevistados para este reportaje insisten en hacer una distinción que consideran importante: la seguridad fronteriza y la aplicación de las leyes migratorias no son necesariamente lo mismo.
En el Valle del Río Grande un votante puede estar a favor de reforzar la frontera para frenar los cruces ilegales, pero oponerse a la actuación de ICE y las forma en la que el gobierno de Trump está llevando adelante su ofensiva contra la migración irregular.
Tiene que ver con que este tramo que el río Bravo separa de México fue en su día el más transitado de la frontera.
Durante la presidencia de Joe Biden (2021-2025), cientos de miles de migrantes ingresaron de forma ilegal por esta zona. En tan solo un año, las autoridades registraron aquí más de 2,5 millones de “encuentros”.
En la campaña electoral de 2024, Trump adelantó que, de ser reelecto, acabaría con esos cruces.
Y esa promesa dio fuelle a su apoyo en Texas, donde obtuvo alrededor del 50% del voto hispano, récord para un candidato presidencial republicano.
Hoy las estadísticas muestran los ingresos irregulares en su nivel más bajo en décadas.
Javier Villalobos, alcalde republicano de McAllen, una de las principales ciudades del Valle del Río Grande, lo aplaude.
“Recuerdo que publiqué un video agradeciendo al gobierno por asegurar la frontera de inmediato”, le dice a la BBC.
“Creo que, en general, la mayoría de la gente está de acuerdo con deportar a delincuentes, personas violentas o aquellas que no son productivas en absoluto”, apunta. A lo que agrega que el problema surge cuando las deportaciones afectan a personas trabajadoras que respetan la ley.
Aunque se ubique al otro lado del espectro político, los comentarios de Richard Gonzalez, presidente ejecutivo del Partido Demócrata en el condado de Hidalgo, al que pertenece McAllen, no difieren mucho de las del alcalde.
“Si le preguntas a cualquiera aquí en el sur si quiere una frontera abierta, te dirá que no. No he conocido a nadie que lo defienda. Simplemente no es algo en lo que creamos”, explica.
“¿Queremos fronteras seguras? Absolutamente. ¿Queremos que se hagan cumplir las leyes migratorias? Sí, claro, pero de forma humana”.
“Un sistema roto”
Álvaro J. Corral, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Texas Valle del Río Grande, lo explica de otra manera.
“El votante promedio no quiere lo que se vio con Biden en la frontera, pero tampoco quiere lo que está viendo ahora con ICE bajo Trump. Quiere el ICE de Biden y la Patrulla Fronteriza de Trump”, explica el también investigador.
Muchos aquí hablan de un “sistema roto” y lo que piden es una reforma migratoria.
“Queremos es una reforma que permita salir de las sombras a 16 millones de personas que llevan años en el país sin estatus legal, que son nuestros trabajadores, nuestros vecinos, amigos y familiares”, explica Benny Meléndez, dueño de una empresa de construcción en el Valle.
Y a todo eso adaptan sus mensajes los políticos locales de cara a las midterms.
Corral pone como ejemplo un anuncio para televisión de la republicana Mónica de La Cruz, quien aspira conservar su escaño en Washington como representante del distrito congresional 15 de Texas, que incluye McAllen.
El video de campaña de 30 segundos lo protagoniza una mujer del Valle del Río Grande cuyo marido, beneficiario de DACA, fue detenido por ICE.
La Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) es un programa migratorio creado en 2012 que protege temporalmente de la deportación a jóvenes que llegaron a EE.UU. antes de los 16 años, y ha estado en el punto de mira de Trump desde su primer mandato.
“Mi esposo y yo hicimos las cosas de la manera correcta, pero quedamos atrapados en un sistema de inmigración roto”, dice la mujer, quien atribuye a De la Cruz el haber ayudado a que quedara libre.
“Muchos están desilusionados”
La idea de que los votantes hispanos se estaban inclinando sólidamente hacia el Partido Republicano fue uno de los factores que llevó a Trump a presionar a estados como Texas para que redibujaran sus distritos electorales.
La estrategia buscaba aprovechar lo que los republicanos consideraban era ya una preferencia electoral consolidada entre los hispanos, especialmente en los distritos fronterizos que durante más de un siglo habían sido bastiones demócratas.
El distrito congresional 15 de Texas fue uno de los que se rediseñaron y se ha vuelto clave para determinar hasta qué punto los nuevos mapas electorales pueden influir en los resultados políticos.
Con el nuevo trazado, sobre el papel, parecería otorgar a los republicanos una ventaja de 18 puntos de cara a las elecciones de mitad de mandato.
Sin embargo, las encuestas actuales sitúan a los demócratas entre cinco y seis puntos por delante.
En la carrera por hacerse con el escaño correspondiente a este distrito, De la Cruz tiene como contrincante a Bobby Pulido, quien se postula por el Partido Demócrata.
Como popular cantante de música tejana y ganador de dos premios Grammy Latinos, es una figura muy conocida en el Valle del Río Grande.
En un acto de campaña celebrado pocas semanas antes de las elecciones, Pulido pronunció un discurso político y después se subió al escenario para cantar.
“Mucha gente está desilusionada con ambos partidos”, le dijo a la BBC poco antes de su actuación. “Y los entiendo”.
Para tratar de convencer al electorado mayormente de tendencias conservadoras, Pulido ha buscado distanciarse de la imagen del Partido Demócrata a nivel nacional y ha centrado su campaña, de forma deliberada, en la economía.
“Esto no es Nueva York ni Los Ángeles”, afirmó.
“Cuando les hablan de la justicia social, el cambio climático y otros asuntos similares, no es lo primero que la gente quiere oír. Lo que quiere es que les hablen de economía”.
Economía, la prioridad
Lo que afirma Pulido se ve en prácticamente cada conversación.
Y es que el aumento del precio de la gasolina o los alimentos, notable en todo el país, en esta franja del sur de Texas hace estragos.
Según datos de la Oficina del Censo, el 22,4% de las familias del área viven por debajo de la línea de la pobreza, frente a un 10,6% del promedio en EE.UU.
Y el ingreso familiar medio es de US$79.721, mientras el nacional supera los US$105.300, según las cifras más recientes (2024).
Hilda Garza-DeShazo, la secretaria del Partido Republicano en el condado de Hidalgo, reclama que no se puede medir el estado de la economía fijándose sólo en cuánto más cuesta ahora llenar el depósito del carro.
“Yo veo que se siguen pidiendo préstamos, los permisos de construcción están en aumento, que cada vez más gente se está mudando a Texas. Y esos también son indicadores”, le dice a BBC Mundo. “Me limito a repetir lo que dice nuestro gobernador (el republicano Greg Abbott): somos la octava economía del mundo”.
Según datos preliminares de la Oficina de Análisis Económico (BEA) estatal publicadas en mayo, con 2.900 millones, el PIB de Texas supera el de Italia y Canadá.
Mientras, Benny Meléndez, al frente de su empresa de construcción, encuentra a diario argumentos con los que rebatirle.
Asegura que, de un tiempo a esta parte, pasó de levantar una casa cada cuatro meses a hacerlo cada 10. Hoy por hoy tiene obras que están paradas por falta de trabajadores, asegura.
“En el sur de Texas no existe una sola casa que no haya sido construida por manos inmigrantes. Nos están reduciendo la fuerza laboral y con eso se ve afectado el trabajador, mi empresa pierde dinero y llegan menos recursos a la ciudad”, explica.
“Se cerró la frontera, algo que apoyamos, pero vivimos peor”, concluye.
En las presidenciales de 2024, Meléndez le dio su apoyo a Trump. Hoy dice que se arrepiente, y asegura que no es el único en la Asociación de Constructores del Sur de Texas que se siente así.
“En el 2020 los latinos le dimos a los demócratas la oportunidad para solucionar uno de los problemas que más nos agobiaba, la inmigración, y no hicieron nada. Al contrario. Al abrir la frontera, y dejar que millones de personas entraran sin ser reportadas, Biden alejó la posibilidad de una reforma migratoria”, opina.
Está convencido de que, por eso, muchos como él optaron por “castigar” a Biden y favorecieron a Trump en 2024.
“No le votamos porque lo amáramos. Los hispanos no tenemos partido de preferencia. Votamos por Trump para castigar a Biden. Ahora vamos a castigar a Trump y votar a los demócratas”, subraya.
“¿Y cuándo va a parar el juego? Estamos cansados de pedir ayuda. Ni un partido ni otro nos ofrece soluciones”.
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