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  • Erick Valencia Salazar, exsocio del Mencho, se declara culpable en EE. UU.

    Erick Valencia Salazar, exsocio del Mencho, se declara culpable en EE. UU.

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    Cofundador del Cártel Jalisco Nueva Generación, Valencia Salazar se enfrenta a penas de entre 10 años y cadena perpetua tras llegar a un acuerdo de culpabilidad en un tribunal de Washington.

    Cuando las autoridades mexicanas detuvieron por primera vez en 2012 a Erick Valencia Salazar, cofundador del Cártel Jalisco Nueva Generación, los miembros de la banda secuestraron unas dos decenas de vehículos y les prendieron fuego en carreteras de todo el estado de Jalisco. Tres personas murieron a causa de la violencia.

    Conocido como el 85, Valencia Salazar era en aquel momento uno de los dos líderes de la poderosa banda de Jalisco, junto con Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho, el brutal capo de la droga que fue abatido en una redada del Ejército mexicano en Jalisco el pasado febrero, lo que desencadenó de nuevo la violencia en todo el estado.

    Pero el martes, cuando Valencia Salazar se declaró culpable de conspirar para traficar con drogas ante un tribunal federal de Washington como parte de la antigua cúpula del cártel, las reacciones de las bandas, si las hubo, fueron apagadas.

    El año pasado, Estados Unidos designó a la banda de Jalisco organización terrorista extranjera. Y la condena de Valencia Salazar se produce tras una aceleración de las extradiciones de capos mexicanos a Estados Unidos desde 2025 bajo la presión del gobierno de Donald Trump. Muchos de estos jefes de bandas han llegado a acuerdos con las autoridades estadounidenses, lo que refleja el aumento de las amenazas al poder de los cárteles en México.

    En agosto pasado, Ismael Zambada García, cofundador del influyente cártel de Sinaloa, se declaró culpable de cargos de conspiración de narcotráfico ante un tribunal de Brooklyn, en lo que Pam Bondi, que era fiscala general de Estados Unidos en aquel momento, calificó de “victoria histórica” para el Departamento de Justicia.

    Y el pasado diciembre, Joaquín Guzmán López, quien se había hecho cargo del cártel de Sinaloa después de que su padre, Joaquín el Chapo Guzmán Loera, fuera condenado a cadena perpetua en Nueva York, llegó a un acuerdo con las autoridades estadounidenses. Seguía el ejemplo de su hermano, Ovidio Guzmán López, quien se declaró culpable en julio.

    Valencia Salazar fue extraditado a Estados Unidos junto con más de otras dos decenas de miembros de bandas mexicanas el año pasado. Esta semana admitió haber conspirado para distribuir cocaína en Estados Unidos, incluido el envío de miles de kilos de la droga cada mes al país a partir de 2010, cuando se formó el Cártel Jalisco Nueva Generación.

    Las responsabilidades de Valencia Salazar en el Cártel Jalisco Nueva Generación, conocido por su sigla CJNG, incluían el reclutamiento de miembros de la banda y la recopilación de información sobre cárteles rivales, parte de un intento de hacerse con el control de las operaciones de narcotráfico en partes de México y en las rutas hacia Estados Unidos, según admitió en la declaración.

    Cientos de miembros de bandas dependían directamente de él y cumplían sus órdenes, ya que solía ordenar actos de violencia, según una declaración de los hechos que Valencia Salazar firmó en marzo.

    Valencia Salazar ascendió rápidamente en las filas del crimen organizado, y a principios de la década de 2010 era una figura clave en el narcotráfico mexicano. Con Los Matazetas, predecesores del CJNG, llamó la atención, junto con el Mencho, por una campaña muy violenta contra otra poderosa organización criminal, Los Zetas.

    El ascenso del CJNG coincidió con un repunte de los asesinatos en Jalisco relacionados con el crimen organizado.

    “Erick Valencia Salazar ayudó a construir el CJNG hasta convertirlo en una organización despiadada que utiliza la violencia como modelo de negocio: asesinar para tener el control en México mientras inunda Estados Unidos de veneno”, dijo el jefe de la Administración para el Control de Drogas, Terrance Cole, en un comunicado sobre la condena. Añadió que el cártel “no solo trafica con drogas mortales –incluidos el fentanilo, la metanfetamina y la cocaína–, sino que propaga la violencia, el miedo y la inestabilidad a ambos lados de la frontera”.

    Cole elogió el acuerdo de culpabilidad de Valencia Salazar como un paso más para responsabilizar a los dirigentes del cártel. Pero Valencia Salazar se separó del CJNG tras salir de una prisión mexicana en 2017, y su trayectoria pone de manifiesto la dificultad de acabar con la actividad de las bandas.

    La excarcelación de Valencia Salazar en 2017 se atribuyó a violaciones del debido proceso. Pero suscitó sospechas en México de que el juez había sido presionado o influido por el cártel. Ese año, el Departamento de Estado estadounidense ofreció una recompensa de 5 millones de dólares por información que condujera a su detención.

    Sin embargo, Valencia Salazar, que era conocido por mantener un perfil relativamente bajo, eludió a las autoridades hasta 2022, mientras dirigía otra banda, el Cártel Nueva Plaza, y entró en guerra con el Mencho, su antiguo socio.

    Está previsto que Valencia Salazar sea condenado en julio y se enfrenta a una pena mínima de 10 años y hasta cadena perpetua. Su abogado declinó hacer comentarios.

    El fiscal general adjunto Tysen Duva, de la división criminal del Departamento de Justicia, dijo que Valencia Salazar había contribuido a convertir al CJNG en “una de las organizaciones de narcotraficantes más violentas de México, que enviaba toneladas de cocaína a Estados Unidos”, y lo acusó de infligir un “daño inconmensurable” en el ámbito nacional y de “fomentar la violencia desenfrenada en México, a costa de la vida de las personas y de la seguridad de las comunidades”.

    Paulina Villegas colaboró con la reportería.

    Ephrat Livni es una reportera del Times que cubre las noticias de último momento en todo el mundo. Radica en Washington.

    Paulina Villegas colaboró con la reportería.

  • Venezuela aprueba una nueva ley para abrir la minería a los inversionistas extranjeros

    Venezuela aprueba una nueva ley para abrir la minería a los inversionistas extranjeros

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    La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó el jueves una nueva ley destinada a modernizar la deteriorada industria minera del país y a atraer a empresas privadas para que exploten las riquezas inexploradas de oro y minerales esenciales de Venezuela.

    Estos cambios radicales, en un país dirigido por un gobierno socialista que durante mucho tiempo ha ejercido el control estatal sobre sus minas, son el más reciente ejemplo del acatamiento del gobierno venezolano con el gobierno de Donald Trump desde que Estados Unidos capturó al mandatario del país, Nicolás Maduro, en enero.

    La Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela de Maduro, aprobó la nueva ley un mes después de que el secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, llevara a decenas de ejecutivos mineros estadounidenses a reunirse con la presidenta en funciones del país, Delcy Rodríguez. Ambos funcionarios prometieron abrir los codiciados yacimientos de Venezuela a la inversión estadounidense.

    La propuesta fue aprobada por unanimidad. La medida pasa ahora a Rodríguez para su aprobación final.

    Venezuela se asienta sobre una fortuna mineral que permanece en gran medida sin explotar. Se cree que el país posee una de las mayores reservas de oro del mundo. También se cree que posee una gran riqueza en tierras raras y vastas reservas de bauxita, hierro, carbón, cobre, níquel y coltán, un mineral negro utilizado en la fabricación de artículos como celulares y satélites.

    Los funcionarios venezolanos y estadounidenses acogieron con satisfacción la nueva legislación, y afirmaron que esta ayudaría a diversificar la dependencia de la economía del petróleo y mejoraría las condiciones para que las empresas extranjeras invirtieran. Es similar a una ley aprobada a finales de enero para reestructurar el sector petrolero.

    Ródriguez les dijo a unos 50 inversores que visitaron la capital, Caracas, el mes pasado que las nuevas leyes sobre petróleo y minería pretendían asegurar a los inversores que “sepan que tienen garantías, que tienen seguridad jurídica, que tienen seguridad política, estabilidad y tranquilidad para que sus inversiones puedan desarrollarse ampliamente”.

    Pero las ambiciones de atraer a los inversores están destinadas a chocar con la peligrosa realidad de las regiones mineras de Venezuela. Bandas atrincheradas, grupos guerrilleros y militares corruptos controlan muchas explotaciones mineras. El dominio se mantiene a menudo con el trabajo forzado de indígenas y sobornos a funcionarios venezolanos, según los expertos.

    La minería ilegal floreció bajo Maduro en el estado suroriental de Bolívar y en amplias zonas de la selva amazónica, donde la minería está prohibida pero ha experimentado un auge ilegal que ha provocado deforestación y contaminación. La mayoría de los yacimientos de Venezuela se encuentran en un extenso territorio selvático conocido como Arco Minero del Orinoco, una zona más grande que Cuba, lo que dificulta su vigilancia.

    Hasta ahora, las autoridades venezolanas no han detallado cómo piensan asegurar las regiones ricas en minerales donde los grupos armados –sobre todo el Ejército de Liberación Nacional, el mayor grupo guerrillero que queda en Colombia– actúan como un gobierno en la sombra.

    “Caracas no es la autoridad de facto en estas regiones mineras”, dijo Bram Ebus, consultor que lleva años investigando la minería ilegal en Venezuela para Amazon Underworld, un proyecto de periodismo de investigación. “Así que pueden redactar una bonita legislación minera, pero cuando vas a estos distritos mineros, hay otras autoridades armadas con las que tienes que tratar”.

    A pesar de las dificultades, la nueva ley pretende formalizar la industria minera de Venezuela, que, según algunos investigadores de mercado, podría generar al menos 8000 millones de dólares de ingresos anuales en 2036.

    Por un lado, la ley parece buscar proporcionar a las empresas que obtengan licencias mineras, que pueden durar hasta 30 años, recursos y salvaguardias contra la confiscación unilateral de sus activos por parte del gobierno venezolano.

    Los conglomerados mineros todavía recuerdan la oleada de nacionalizaciones bajo el mandato del expresidente socialista de Venezuela, Hugo Chávez, quien tomó el control de la industria del oro del país en 2011. Chávez expropió los activos de empresas estadounidenses y canadienses que operaban en minas de oro venezolanas, lo que dio lugar a continuas luchas legales por miles de millones de dólares que las empresas dicen que se les adeudan.

    La nueva ley permitirá a los inversionistas resolver las disputas contractuales con el gobierno venezolano a través de la mediación y el arbitraje, en lugar de hacerlo únicamente a través de los tribunales venezolanos. Sin embargo, algunos expertos advirtieron que el lenguaje sobre el arbitraje era impreciso, lo que no dejaba claro si las disputas podrían resolverse en instancias internacionales.

    La ley también creará cuatro nuevas entidades de supervisión, incluida una unidad especializada de la Guardia Nacional de Venezuela para vigilar las zonas mineras.

    La ley anula leyes mineras anteriores que prohibían este tipo de arbitraje, exigían que todas las ventas de oro se hicieran al banco central de Venezuela en lugar de directamente a los mercados internacionales y obligaban a las empresas privadas a asociarse con entidades estatales.

    Mónica Martíz, dirigente de la mayor organización civil de ingenieros de minas de Venezuela, dijo que los ingenieros de minas estaban consternados por el hecho de que los legisladores venezolanos hubieran elaborado la ley sin contar con su opinión.

    También expresó algunas preocupaciones sobre la ley, como el requisito de que algunas empresas privadas que se asocien con el Estado concedan al gobierno venezolano una participación mayoritaria en la empresa. Pero dijo que, en general, la ley era un paso en la dirección correcta para rescatar al sector minero venezolano del colapso.

    “La industria minera está completamente a la orden para cumplir la ley”, dijo. “Queremos hacer una buena minería, una minería responsable, una minería con todos los conocimientos del proceso tecnológico minero”.

    Un grupo de 15 organizaciones sin fines de lucro de Venezuela advirtió que la ley suponía “una grave amenaza” para el medioambiente y podía agravar la continua deforestación en Venezuela y provocar que continuaran los abusos contra los derechos humanos de los trabajadores mineros indígenas.

    El gobierno venezolano conservará cierto control sobre sus yacimientos.

    Se permitirá al país reclamar el control sobre determinados minerales que considere “estratégicos” para la defensa nacional o la economía. También otorga al banco nacional de Venezuela un derecho preferente a comprar oro producido en el país y sigue permitiendo a las empresas estatales extraer minerales.

    En 2019, durante el primer mandato de Trump, Estados Unidos impuso sanciones a la industria minera de Venezuela, que el Departamento del Tesoro describió como una “trama financiera lucrativa” utilizado por Maduro para enriquecerse y eludir las sanciones petroleras estadounidenses. Estados Unidos congeló los activos de la empresa minera estatal venezolana, conocida como Minerven, y prohibió a los bancos y ciudadanos estadounidenses relacionarse financieramente con la empresa.

    Pero el 6 de marzo, tras la visita de Burgum a Venezuela, el Departamento del Tesoro expidió una licencia para permitir a las entidades estadounidenses relacionarse con Minerven, en un momento en que Estados Unidos intenta aumentar su control sobre los recursos naturales de Venezuela. Trump ha hecho de la obtención de acceso a los minerales un pilar fundamental de su política exterior.

    Los expertos dijeron que las empresas mineras con más probabilidades de invertir primero en Venezuela podrían ser las que tenían presencia en el país antes de ser expulsadas.

    Gold Reserve, empresa minera de oro que cotiza en la bolsa canadiense, lleva 18 años enzarzada en una lucha legal con Venezuela después de que Chávez revocara en 2008 sus permisos para explotar grandes yacimientos de oro y cobre y tomara el control del proyecto minero de la empresa sin indemnización.

    La empresa aplaudió la captura de Maduro en un comunicado de prensa en enero. Los directivos de Gold Reserve también acompañaron a Burgum durante su visita del mes pasado y acogieron con satisfacción los nuevos cambios en materia de minería, y la empresa declaró el mes pasado que había presentado sus aportaciones sobre la ley a medida que esta se iba redactando.

    La empresa no respondió a una solicitud de comentarios sobre sus planes en Venezuela.

    “Los Estados Unidos no puede obligar a las mineras a que vayan a Venezuela; tiene que convencerlas, persuadirlas, generar toda la capacidad de andamiaje del sistema”, dijo Diego Area, presidente y director ejecutivo de Global Americans, un grupo de investigación no partidista centrado en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.

    Area, quien es venezolano, dijo que poner en marcha la ley sería “complejo”, pero tocó una fibra optimista, y dijo que era “el caos que está empezando a tener orden”.

    Isayen Herrera colaboró con la reportería desde Venezuela.

    Luis Ferré-Sadurní es reportero del Times radicado en Bogotá, Colombia.

    Isayen Herrera colaboró con la reportería desde Venezuela.

  • Líbano pensó que había un alto el fuego, pero luego llegó un ataque relámpago de Israel que dejó cientos de muertos

    Líbano pensó que había un alto el fuego, pero luego llegó un ataque relámpago de Israel que dejó cientos de muertos

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    Una bola de fuego se eleva desde un edificio alcanzado por un ataque aéreo israelí en la zona de Abbasiyeh, en las afueras de la ciudad libanesa sureña de Tiro, el 8 de abril de 2026.

    Getty Images
    El ataque aéreo israelí en Líbano tuvo lugar la tarde del miércoles.

    Se suponía que las armas habían quedado en silencio.

    Después de todo, habían pasado unas horas desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara un alto el fuego de dos semanas para detener la guerra en Medio Oriente.

    Pero cuando la región respiró aliviada, aviones israelíes lanzaron una ofensiva aérea relámpago de 10 minutos sobre Líbano, un ataque masivo que causó la muerte de más de 300 personas y dejó 1.150 heridos, según el Ministerio de Salud libanés.

    Si bien la condena local y de Occidente fue rápida y generalizada, Estados Unidos no criticó a su aliado en esta guerra.

    Por su parte, Irán dijo que se trataba de una “flagrante violación” del acuerdo de alto el fuego y pidió a Estados Unidos que detuviera la “agresión” israelí.

    Las autoridades libanesas aseguran que más de 1.700 personas han muerto desde que Israel lanzó su última campaña en Líbano el mes pasado.

    Israel sostiene que sus operaciones tienen como objetivo debilitar a Hezbolá y alcanzar lo que llama sus objetivos militares restantes.

    Un hombre observa cómo arde un edificio tras un ataque aéreo israelí, el 8 de abril de 2026, en Beirut, Líbano.

    Getty Images
    Israel intensificó sus ataques en todo Líbano a pesar del acuerdo de alto el fuego entre EE.UU. e Irán.

    La guerra empezó con ataques estadounidenses e israelíes contra Irán el 28 de febrero, lo que provocó represalias por parte de Teherán contra los aliados de Estados Unidos en el Golfo y por parte de los grupos aliados de Irán contra Israel como Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen.

    En respuesta, Israel comenzó a atacar a Hezbolá e incluso ordenó a sus tropas ocupar grandes zonas del sur de Líbano.

    La pausa de dos semanas en los combates fue anunciada por el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, quien ha estado actuando como mediador entre las partes beligerantes.

    Sharif dijo que Estados Unidos y sus aliados “acordaron un alto el fuego inmediato en todas partes, incluido Líbano y otros lugares”. Sin embargo, los principales adversarios de Irán no parecen compartir el acuerdo.

    El gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que el alto el fuego no incluía a Líbano y Donald Trump dio a entender estar de acuerdo al señalar que la guerra en Líbano es “un conflicto aparte”.

    La tarde del ataque

    Miércoles, 8 de abril. Eran las 14:00 horas en Beirut cuando el cielo de Líbano se oscureció.

    Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) declararon que, en un lapso de 10 minutos, habían “completado el mayor ataque coordinado en todo Líbano desde el inicio de la Operación León Rugiente”, nombre en clave de la operación israelí contra Irán.

    Las FDI aseguraron haber atacado “más de 100 sedes de Hezbolá, formaciones militares y centros de mando y control en Beirut, el valle de la Bekaa y el sur de Líbano”.

    Zonas densamente pobladas del centro de Beirut resultaron alcanzadas por ataques que los funcionarios describieron como unos de los más intensos desde que Hezbolá se unió al conflicto a principios de marzo.

    Y no fue solo el tradicional bastión de Hezbolá en Dahieh el que sufrió el impacto en la capital libanesa. El centro de la ciudad también fue alcanzado.

    Safa Bleik, enfermera y coordinadora de la organización médica internacional sin fines de lucro Médicos Sin Fronteras (MSF), se encontraba en el Hospital Rafik Hariri, en Beirut, cuando se produjeron los ataques.

    “Los primeros pacientes llegaron con graves traumatismos craneoencefálicos, con fragmentos de vidrio, metal y escombros incrustados en sus cuerpos. Muchos estaban inconscientes. Algunos fallecieron poco después de su llegada”, dice.

    “Pronto, la sala de urgencias se llenó de gente que buscaba a sus seres queridos”, añade.

    “Yo intentaba contener la hemorragia de un hombre que había llegado con un traumatismo craneal severo y esquirlas en el abdomen, cuando se me acercó un joven sosteniendo un teléfono y mostrándome una foto de su hermano. Me preguntaba si lo había visto”.

    Varias víctimas murieron en el valle de la Bekaa, en el este del país, así como en las regiones sureñas de Nabatieh, Sidón y Tiro.

    Es posible que Hezbolá haya sido tomado por sorpresa. Su única respuesta pareció consistir en el lanzamiento de unos pocos cohetes hacia Israel horas más tarde.

    Heridos en un hospital tras el ataque israelí.

    Getty Images
    Heridos en un hospital tras el ataque israelí.

    “Masacre”

    Israel continuó con sus ataques este jueves, afirmando haber abatido a “más de 70 terroristas”. El Estado israelí niega haber atacado a civiles. Las FDI informaron asimismo que Hezbolá había disparado unos 30 cohetes hacia el norte de Israel, sin que se registraran informes de heridos o daños materiales.

    Las FDI comunicaron también haber “ELIMINADO a Ali Yusuf Harshi, secretario personal del secretario general de Hezbolá, Naim Qassem, en Beirut”.

    En una mañana de jueves fresca y soleada, se percibía una pesadez en el aire de Beirut. Por lo general, las calles bullen de tráfico, pero el país ha estado de luto nacional.

    El presidente de Líbano, Joseph Aoun, lo describió como una “masacre”.

    El humo se eleva desde el lugar de un ataque israelí en los suburbios del sur de Beirut, el 6 de abril de 2026.

    Getty Images

    En algunas zonas, las operaciones de búsqueda y recuperación han continuado.

    No queda nada del edificio residencial de diez plantas que fue atacado en Tallet el Khayat, un barrio acomodado del oeste de Beirut, uno de los muchos lugares que resultaron afectados.

    El ataque aéreo se produjo sin previo aviso y tomó a todos por sorpresa, dado que no se trataba de una zona que hubiera sido objetivo de ataques en el pasado.

    Los equipos de defensa civil han estado rastreando edificios, tanto en ese lugar como en el resto del país. Sin embargo, quedan pocas esperanzas para aquellas personas que aún tienen seres queridos desaparecidos.

    Ziad Samir Itani, quien encabezaba el equipo de defensa civil, declaró que los rescatistas se encontraban exhaustos tras más de seis semanas de constantes ataques por parte de Israel.

    “Estoy triste, como todo el mundo”, dijo Itani.

    El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habla durante una conferencia de prensa en Jerusalén el 19 de marzo de 2026.

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    Netanyahu sostuvo que Israel continuará atacando a Hezbolá.

    Por su parte, Benjamin Netanyahu sostuvo este jueves que Israel continuará atacando a Hezbolá “donde sea necesario, hasta que restablezcamos la plena seguridad a los residentes del norte”.

    Más tarde, Netanyahu ordenó a su gabinete iniciar negociaciones directas con el gobierno libanés.

    Resulta difícil discernir cuál es la estrategia israelí a largo plazo. Incluso los oficiales militares israelíes reconocen algo que en el Líbano se sabe desde hace mucho tiempo: que Hezbolá no será desarmado por la fuerza.

    Es posible que los ataques reporten a Israel algún beneficio militar, pero es probable que este sea limitado.

    En Líbano, tanto los opositores como los partidarios de Hezbolá se están uniendo movidos por la indignación. Coinciden en que lo ocurrido resulta inaceptable e injustificable.

    El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, denunció las “flagrantes violaciones” cometidas por Israel que podrían hacer que las negociaciones resulten “inútiles”.

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    BBC

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  • Mi búsqueda para resolver el gran misterio del bitcóin

    Mi búsqueda para resolver el gran misterio del bitcóin

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    Una tarde del otoño de 2024, mi esposa y yo nos encontrábamos sentados en medio del tráfico de la autopista de Long Island cuando ella, cansada de la estación de jazz-funk que yo solía poner en nuestros trayectos, puso un pódcast.

    Era Hard Fork, el programa de The New York Times sobre tecnología, y los presentadores hablaban sobre un nuevo documental de HBO que aseguraba haber desenmascarado al inventor del bitcóin, conocido solamente con el seudónimo Satoshi Nakamoto.

    Quedé enganchado al instante. Desde hacía mucho tiempo veía la cuestión de la verdadera identidad de Satoshi como uno de los grandes enigmas de nuestra era y ya había intentado averiguarla, sin éxito. Dos años antes, incluso había dedicado varios meses a investigar para un libro sobre el tema, pero no tardé en darme cuenta de que estaba fuera de mi alcance y desistí a regañadientes.

    Oír que alguien más podría haber identificado por fin a la enigmática figura que había revolucionado las finanzas, dado origen a una industria de 2,4 billones de dólares y amasado una de las mayores fortunas del mundo en un golpe de asombrosa genialidad despertó en mí una mezcla de admiración y envidia. Estaba impaciente por ver la película. En cuanto llegamos a casa esa noche, entré a HBO Max y pulsé play.

    Al final, la conclusión de Dinero Digital: El Misterio del Bitcoin me pareció poco convincente: HBO señalaba a un desarrollador de software canadiense basándose en pruebas que parecían muy endebles. Pero mientras veía lo que por lo demás era un entretenido paseo por el mundo de las criptomonedas, una escena me llamó la atención.

    El criptógrafo británico Adam Back, una figura destacada del movimiento bitcóin, se encontraba sentado en un banco de un parque de Riga, Letonia, con la camisa suelta bajo un abrigo marrón. El cineasta recitaba de manera casual los nombres de varios sospechosos de ser Satoshi. Al escuchar el suyo, Back se puso tenso, negó categóricamente ser Satoshi y pidió que la conversación fuera extraoficial.

    Habiendo tenido encuentros con bastantes mentirosos y desarrollado cierta habilidad para detectar sus gestos delatores, el comportamiento de Back –sus ojos esquivos, su risita incómoda, los movimientos bruscos de su mano izquierda– me pareció sospechoso. Cuando aparecieron los créditos, repetí esa secuencia varias veces en mi televisor.

    Mientras pensaba en la reacción de Back, otra cosa vino a mi mente. Un impostor australiano había sido demandado por afirmar falsamente que era Satoshi. ¿Qué tal si las pruebas reveladas en ese juicio, celebrado en Londres unos meses antes, podrían ayudarme a desentrañar el misterio?

    Como te dirá cualquiera que esté empapado en la mitología del bitcóin, Satoshi era un maestro en el arte de ser anónimo en internet, dejando pocas huellas digitales, por no decir ninguna.

    Sin embargo, Satoshi dejó un corpus de textos, incluido el libro blanco, un documento de nueve páginas en el que exponía su invento y numerosos mensajes en el foro Bitcointalk, un tablón de mensajes en línea donde los usuarios se reunían para debatir sobre el software, la economía y la filosofía de la moneda digital. Y resultó que ese corpus se había ampliado considerablemente durante el juicio civil del impostor, cuando Martti Malmi, un programador finlandés que colaboró con Satoshi en los primeros días del bitcóin, divulgó cientos de correos electrónicos que había intercambiado con él. Ya habían salido a la luz correos electrónicos que Satoshi envió a otros de los primeros usuarios de bitcóin, pero nada se acercaba en volumen al lote de Malmi. Si alguna vez se iba a encontrar a Satoshi, yo estaba convencido de que la clave se encontraba en estos textos.

    Por otro lado, seguramente otros habían recorrido este camino antes que yo. Periodistas, académicos y detectives de internet llevaban 16 años intentando identificar a Satoshi. Durante ese tiempo, se habían propuesto más de 100 nombres, entre ellos los de un estudiante de criptografía irlandés, un ingeniero japonés-estadounidense desempleado, un cerebro criminal sudafricano y el matemático retratado en la película Una mente brillante.

    Las teorías más atractivas se habían enfocado en las coincidencias que encajaban con lo poco que se sabía de Satoshi: un estilo particular de escribir código, un historial laboral misterioso, dominio de los conceptos técnicos clave del bitcóin, una visión del mundo antigobierno. No obstante, todas habían caído bajo el peso de una coartada o de alguna otra prueba incoherente o contradictoria. Cada fracaso había sido recibido con regocijo por muchos miembros de la comunidad del bitcóin. Como les gustaba señalar, solo Satoshi podría demostrar de manera definitiva su identidad, moviendo algunas de sus monedas. Cualquier prueba que no fuera esa sería circunstancial.

    Parecía una tontería pensar que de algún modo yo podría resolver un caso que había desconcertado a tantos otros. Pero ansiaba la emoción de una historia grande y desafiante, así que decidí intentar una vez más desenmascarar al misterioso creador del bitcóin.

    Empecé a buscar maneras de depurar la lista de candidatos.

    Algo que saltaba a la vista en los correos electrónicos de Satoshi a Malmi y en sus otros escritos era que mezclaba ortografía y modismos británicos con expresiones estadounidenses. Como muchos sospechosos de ser Satoshi son estadounidenses, algunos han especulado que disfrazaba su prosa con giros británicos, pero una pista que nos dejó Satoshi hizo que yo nunca creyera en esa teoría.

    En el primer bloque de transacciones de bitcóin, Satoshi incrustó el texto de un titular de periódico: “The Times 03/enero/2009 El canciller al borde del segundo rescate a los bancos”. El titular en cuestión apareció en la edición británica impresa de The Times of London. Esto me pareció una señal de que Satoshi de verdad era británico.

    También es muy probable que Satoshi fuera miembro de los Cypherpunks, un grupo de anarquistas formado a principios de la década de 1990 que quería utilizar la criptografía, el arte de proteger las comunicaciones mediante código, para liberar a las personas de la vigilancia y la censura del gobierno. Los cypherpunks interactuaban principalmente a través de algo conocido como lista de correo de internet. Antecesoras de los actuales tablones de mensajes, las listas de correo eran grandes grupos de correos electrónicos escritos con tipografía antigua, en estilo de máquina de escribir, que los suscriptores recibían en su bandeja de entrada. Para comunicarse, quienes respondían le daban a “responder a todos”.

    Es difícil imaginarlo en la era de Venmo y Apple Pay, pero una de las mayores preocupaciones de los cypherpunks era la digitalización de las transacciones financieras. Cuando le das a alguien un billete de 20 dólares, nadie sabe de dónde viene. Pero cuando pagas algo con un cheque o una tarjeta de crédito, los bancos guardan registros informáticos. A los cypherpunks les preocupaba que los gobiernos utilizaran esos registros para monitorear la vida de las personas. En su lista de correo, hicieron una lluvia de ideas sobre cómo crear “efectivo electrónico”: dinero digital que conservara el anonimato de la moneda física. Algunos incluso idearon sus propios sistemas de dinero electrónico, pero ninguno despegó. Hasta que llegó el bitcóin.

    Además de su interés común en el efectivo digital, había otros indicios de que Satoshi pertenecía al grupo. Él anunció su libro blanco en una lista derivada de la de los cypherpunks, llamada Cryptography, y parecía familiarizado con dos miembros del grupo.

    En su apogeo, a finales de la década de 1990, los cypherpunks contaban con alrededor de 2000 seguidores, por lo que aún quedaba un gran número de candidatos.

    Armado con estos indicios, ciertamente débiles, me sumergí en los escritos de Satoshi, especialmente en los correos divulgados por Malmi, y elaboré una lista de palabras y frases que me llamaron la atención. Era como intentar descifrar un dialecto extranjero. Más de una vez me pregunté si no estaba entregado a un ejercicio inútil.

    Mi lista llegó a tener más de cien palabras y frases y ocupó varias páginas de mi cuaderno. Entre las que me llamaron la atención estaban: “dang“, “backup“, “human friendly“, “on principle“, “burning the money“, “abandonware“, “hand tuned” y “partial pre-image“. (En español: “diablos”; “respaldar”; “amigable para humanos”; “por principios”; “quemar el dinero”; “software abandonado”; “ajustado a mano”; y “preimagen parcial”).

    Una frase –“una amenaza para la red“– sonaba como una línea de una película de ciencia ficción. El resto sugería una extraña combinación de británico de clase alta, estadounidense rural, genio de la informática y criptógrafo.

    Utilizando la función de búsqueda avanzada de la plataforma de redes sociales X, hice una búsqueda rápida para ver si alguna de las alrededor de 10 personas a las que más a menudo se señalaba como Satoshi usaba los términos que yo había destacado. No todos los sospechosos de ser Satoshi tienen cuentas en X, así que esto no pretendía ser científico. Pero, tal como esperaba, una persona coincidía con casi todas mis palabras y frases: Back.

    Mirando fijamente una larga columna de marcas que había puesto en mi cuaderno bajo su nombre, sentí una descarga de adrenalina. Mi corazonada ahora parecía tener, al menos en parte, fundamento. Que Back usara muchos de los mismos términos que Satoshi tal vez no probara nada para una comunidad que llevaba años consumida por este tema, pero yo dudaba que fuera mera casualidad.

    Al observar más de cerca a Back, me di cuenta de que tenía varios atributos que coincidían con los de Satoshi. Para empezar, era británico y era un cypherpunk. Y lo que era más importante, Back había inventado el hashcash, un sistema estadístico de resolución de acertijos que Satoshi tomó prestado para la minería de bitcóin. Satoshi había mencionado a Back y al hashcash en su libro blanco.

    Sin embargo, Back había presentado correos electrónicos durante el juicio del impostor australiano que demostraban que Satoshi se había puesto en contacto con él en agosto de 2008, antes de publicar el libro blanco del bitcóin, para verificar la cita del hashcash de Back. Esos correos parecían demostrar que Back no podía ser Satoshi.

    Sin embargo, mientras pensaba en eso, vislumbré una posibilidad diferente: Back podría haberse enviado esos correos a sí mismo como coartada.

    Con sus gafas de montura de alambre, su cabello ralo y canoso y su perilla, Back, de 55 años, parece un matemático desaliñado. Durante alrededor de una década, ha construido un pequeño imperio de empresas relacionadas con el bitcóin y se ha convertido en uno de los miembros más influyentes de la comunidad.

    Hace tiempo que Back figura entre los principales candidatos a Satoshi. Sin embargo, a diferencia de otros sospechosos destacados, no ha sido objeto de un escrutinio periodístico minucioso, salvo en un video de 2020 de un YouTuber anónimo que se hace llamar “Barely Sociable”.

    Hace un año, volé a Las Vegas para reunirme con él. Tenía previsto hablar en la conferencia Bitcoin2025 en el hotel Venetian Resort. No estaba segura de tener a la persona adecuada, así que no pensaba enfrentarlo todavía. Solo quería conocerlo y saber más sobre sus antecedentes. Si mi investigación daba resultado, me imaginaba acorralándolo más tarde con todas mis pruebas, en un dramático enfrentamiento final, como un detective de policía que intenta arrancar una confesión a un sospechoso de asesinato. Pero por el momento, quería que se sintiera cómodo y establecer una relación.

    Me acerqué a Back después de verlo predecir con seguridad en un panel que el bitcóin, que entonces cotizaba en torno a los 108.000 dólares, alcanzaría “fácilmente el millón” en cinco o 10 años. (Como era de esperar, los organizadores de la conferencia habían bautizado el escenario en el que habló como “Escenario Nakamoto”). Parecía ligeramente sorprendido, a pesar de que yo había concertado la entrevista con antelación.

    Solo le dije a Back que estaba trabajando en un reportaje sobre la historia del bitcóin, pero puede que sospechara lo que me traía entre manos porque ya me había puesto en contacto con seis antiguos colegas de tres empresas en las que había participado. Si era así, no lo demostró. Se mostró paciente y amable. Resultaba difícil imaginar que este nerd de mediana edad y voz suave, que no tomaba precauciones de seguridad visibles, pudiera ser una de las personas más ricas del mundo. Según la leyenda del bitcóin, Satoshi había extraído 1,1 millones de monedas en los primeros días de la moneda digital, un tesoro valorado en 118.000 millones de dólares en el momento de la conferencia.

    Back se mostraba parlanchín cuando se trataba de bitcóin, pero era más reservado cuando yo dirigía la conversación a sus primeros años de vida. Finalmente logré que me contara lo siguiente: nació en Londres en 1970. Su padre era empresario y su madre secretaria jurídica. Se mudaban con frecuencia y los miembros de su familia tenían opiniones firmes y no dudaban en expresarlas.

    Back dijo que aprendió a programar de manera autodidacta a los 11 años con una computadora personal Timex Sinclair y que se interesó por la criptografía en la secundaria. La afición se convirtió en pasión en la Universidad de Exeter cuando un compañero le presentó PGP, un programa de encriptación gratuito usado por activistas antinucleares y grupos de derechos humanos para proteger sus archivos y correos electrónicos de la vigilancia gubernamental.

    Back quedó tan cautivado con las muchas aplicaciones potenciales de PGP (la sigla en inglés de Pretty Good Privacy, o Privacidad Bastante Buena), que dijo que pasó la mayor parte de su doctorado “adentrándose en el laberinto de la criptografía”. Se distrajo tanto, recordó, que tuvo que despachar toda su tesis en los últimos seis meses en la universidad, comparándose con un piloto que aterriza de emergencia un avión.

    Para entonces yo ya había aprendido lo suficiente como para saber que PGP se basa en la criptografía de clave pública.

    El bitcóin también. Un usuario de bitcóin tiene dos claves: una clave pública, de la que se deriva una dirección que actúa como una caja de seguridad digital; y una clave privada, que es la combinación secreta utilizada para abrir esa caja y gastar las monedas que contiene.

    Qué interesante –pensé– que el pasatiempo de posgrado de Back involucrara la misma técnica criptográfica que Satoshi había adaptado.

    El tema de la tesis de doctorado de Back, me dijo, eran los sistemas informáticos distribuidos: programas que dependen de una red de computadoras independientes, conocidas en el lenguaje informático como “nodos”, que trabajan juntas para ejecutar su software. Este era otro de los pilares tecnológicos del bitcóin.

    Y el proyecto de tesis de Back se centraba en C++, el mismo lenguaje de programación que utilizó Satoshi para codificar la primera versión del software de bitcóin.

    Después de casi dos horas, Back me indicó educadamente que tenía otros compromisos esa tarde, así que nos despedimos cordialmente. Le dije que me pondría en contacto si tenía otras preguntas.

    Antes de mi viaje a Las Vegas, había empezado a sumergirme en los archivos de la lista de correo de Cypherpunks para saber más sobre el extraño mundo clandestino que había producido a Satoshi. Cuando regresé a Nueva York, me zambullí de nuevo.

    A diferencia de una plataforma de redes sociales como Facebook, la lista Cypherpunks era un foro de comunicación descentralizado. Ahí se reunían aficionados a la criptografía preocupados por la privacidad para intercambiar ideas subversivas sin temor a ser censurados. En el proceso, sembraron las semillas de innovaciones que cambiarían el curso de la historia financiera.

    Sus mensajes se conservaron para la posteridad en varios sitios web poco conocidos. Uno de ellos me recibió con el logotipo de una calavera y el eslogan: “¡Levántate, no tienes nada que perder más que tus cercas de alambre de púas!”. Me encontré mirando miles de correos electrónicos llenos de jerga criptográfica que apenas entendía.

    Back se unió a la lista en el verano de 1995, hacia el final de sus estudios de posgrado. Rápidamente se convirtió en un participante activo, publicando constantemente sobre temas que iban desde la privacidad digital hasta sus muy frugales hábitos de gasto.

    En uno de sus primeros mensajes, resolvió un reto criptográfico, una especie de acertijo matemático, publicado por Hal Finney, un cypherpunk de California que había trabajado en PGP. Ese fue el inicio de una amistad en línea; décadas después, Back tuiteó que él y Finney habían interactuado numerosas veces dentro y fuera de la lista y que admiraba la concentración y las habilidades de codificación de Finney.

    Satoshi también era amigo de Finney. Cuando Satoshi presentó su libro blanco, Finney lo elogió. Más tarde, Finney se ofreció como voluntario para recibir algunos bitcóins en lo que se convirtió en la primera transacción de bitcóin del mundo. No había pruebas de que Finney supiera quién era Satoshi, pero una de sus interacciones parecía indicar que Satoshi conocía a Finney.

    En diciembre de 2010, Finney publicó en Bitcointalk elogiando el código del bitcóin. Dos horas después, Satoshi respondió: “Eso significa mucho viniendo de ti, Hal“.

    Hubo otra cosa que me hizo pensar que Satoshi y Finney tenían un historial en común. En uno de sus correos electrónicos a Malmi, Satoshi hacía referencia a un sistema de dinero electrónico que Finney había inventado llamado Pruebas de Trabajo Reutilizables, o RPOW, por su sigla en inglés.

    Al igual que el bitcóin, el RPOW incorporaba hashcash en su diseño pero, a diferencia del bitcóin, no había despertado prácticamente ningún interés en la comunidad criptográfica. Solo un puñado de personas lo habían comentado en las listas Cypherpunks y Cryptography.

    Uno de esos pocos era Back.

    Back había encontrado en los cypherpunks a sus almas gemelas ideológicas. Me lo imaginaba en su casa de Londres conectándose a internet con un módem de marcación después del trabajo y pasando las noches metido en discusiones filosóficas con otros miembros del grupo a medio mundo de distancia.

    Igual que muchos de sus nuevos amigos por correspondencia, Back adoptó la “criptoanarquía”, una ideología que básicamente significaba usar la criptografía para proteger la vida de las personas de la intromisión del Estado.

    Eso me recordó lo que dijo Satoshi cuando lanzó el bitcóin.

    Como libertario, Back se indignó cuando el gobierno de Bill Clinton abrió una investigación penal contra el fundador de PGP. En aquella época, el gobierno de Estados Unidos consideraba que los programas de encriptación eran vitales para la seguridad nacional y creía que la publicación en línea del código fuente de PGP equivalía a exportar municiones prohibidas.

    A manera de protesta, Back hizo camisetas con un potente algoritmo de encriptación impreso en ellas y las envió por correo a Cypherpunks de otros países. Su argumento era que la prohibición estadounidense de exportar criptografía sensible violaba los principios de la libertad de expresión y no podía aplicarse.

    Mientras me deleitaba con la astucia de la broma de Back, me di cuenta de que Satoshi también había usado el código para enviar mensajes políticos. Probablemente Satoshi había incrustado ese titular de The Times of London en el primer bloque de transacciones, en parte para criticar los rescates bancarios del gobierno británico durante la crisis financiera que hacía estragos en aquel momento.

    Satoshi había colocado otro mensaje político en un sitio web popular entre los aficionados a las tecnologías descentralizadas. Afirmaba que su fecha de nacimiento era el 5 de abril de 1975. El 5 de abril fue el día de 1933 en que el presidente Franklin Roosevelt prohibió la propiedad privada de oro para permitir que el gobierno devaluara el dólar durante la Gran Depresión, y 1975 fue el año en que terminó la prohibición.

    El comentarista financiero Dominic Frisby había visto este guiño hace más de una década y lo había reconocido: el bitcóin era una versión digital del oro que el Estado no podía prohibir ni devaluar.

    Pero nadie parecía haber reparado en esta breve publicación hecha por Back en 2002:

    “Solo por curiosidad, ¿cuál fue la justificación bajo la cual la posesión privada de oro se volvió ilegal en Estados Unidos? Es desconcertante…”.

    Mientras reflexionaba sobre esta extraña coincidencia, me di cuenta de que Satoshi y Back tenían otra cosa en común: una extraña preocupación por el correo no deseado.

    Entre sus diversas aficiones cypherpunk, Back dirigía un remailer, un servicio que permitía a sus usuarios comunicarse de forma anónima eliminando los datos identificativos de sus correos antes de reenviarlos. Para su gran disgusto, personas que se dedicaban a enviar correo no deseado, o spam, aprovecharon eso para bombardear a la gente con basura.

    Back inventó el hashcash en marzo de 1997 como una forma de contraatacar. La idea era imponer una tarifa de franqueo a cada correo electrónico enviado a través de su remailer. Los gastos de envío se pagaban en hashcash, que los usuarios generaban resolviendo pequeños problemas matemáticos que requerían muchos cálculos. Una computadora solo tardaba unos segundos en resolver los problemas matemáticos, pero representaban una costosa carga de recursos informáticos para quienes enviaban cientos de miles de correos no deseados a la vez.

    Mientras leía el corpus de Satoshi por segunda y tercera vez, empecé a ver la palabra “spam” por todas partes. Según mi conteo, Satoshi la mencionaba 24 veces, y con frecuencia expresaba ideas idénticas a las de Back.

    Cinco meses después de presentar el hashcash, Back sugirió en la lista Cypherpunks que su invento podría ser útil a los famosos para filtrar sus correos electrónicos. En una publicación de enero de 2009 en la lista Cryptography, Satoshi proponía un uso similar para el bitcóin.

    No era un caso de uso obvio para el nuevo dinero electrónico de Satoshi, a menos que filtrar correo basura fuera tu obsesión, como lo había sido para Back durante más de una década.

    Satoshi también creía que el bitcóin podría conducir a una reducción general del correo no deseado. Días después de publicar su libro blanco, argumentó que su creación podría dar a los ejércitos de computadoras zombis controladas por hackers para inundar bandejas de entrada un nuevo propósito: “generar bitcóin en su lugar”.

    Su argumento no tuvo repercusión alguna y el spam siguió proliferando. Sin embargo, Back haría el mismo señalamiento en Bitcointalk cuatro años más tarde: “Quizá el spam incluso disminuya si la minería de hashcash con CPU/GPU resulta ser un mercado más rentable que enviar spam. Me parece muy probable que así sea”, escribió.

    No tenía tanta suerte encontrando fisuras en la cubierta secreta de Satoshi que pudieran conducir a una prueba concluyente. La sabiduría convencional sostenía que había cometido dos errores. El primero tenía que ver con una dirección IP filtrada que parecía ubicarlo en el sur de California cuando lanzó el software de bitcóin. El otro involucraba un hackeo de una de sus direcciones de correo electrónico. Tras semanas persiguiendo ambas pistas, concluí que no solo eran callejones sin salida, sino que probablemente ni siquiera habían sido errores. ¿Cómo iba a encontrar a alguien tan hábil para ocultar su rastro?

    Mientras reflexionaba sobre esta pregunta, se me ocurrió que Back también era hábil para operar de forma anónima en internet. Profundamente paranoico ante la vigilancia gubernamental, buscaba constantemente formas de eludirla. De hecho, al igual que Satoshi, Back era un gran aficionado a usar seudónimos.

    “Debes estar por debajo del radar, debes ser esencialmente invisible para el gobierno, el expediente de los espías sobre ti debe decir ‘Señor Promedio’ y ser completamente inofensivo. También debes tener uno o más alter egos, para tus intereses reales”, escribió en enero de 1998.

    El alter ego elegido por Satoshi era de Japón. Casualmente, Back había expresado su interés por ese país en 1997, cuando un cypherpunk japonés publicó en la lista la creación del primer remailer (servidor de correo anónimo) de Japón.

    “¡Felicidades por poner en marcha un remailer en una nueva jurisdicción!”, respondió Back. “Cambiar de jurisdicción también es bueno –me pregunto qué ofrece Japón como oportunidad de jurisdicción– ¿hay cosas legales en Japón que no lo sean en Europa o Estados Unidos?”.

    El cypherpunk japonés no contestó. Pero eso no habría impedido que Back realizara más tarde una pequeña investigación por su cuenta. Si lo hubiera hecho, habría dado con una empresa con sede en Tokio llamada Anonymousspeech LLC, que ofrecía servicios de correo electrónico anónimo y de alojamiento web. Satoshi utilizó sus servicios para registrar el sitio web bitcoin.org y crear dos cuentas de correo electrónico imposibles de rastrear.

    En 1999, Back se mudó a Montreal para trabajar en una empresa emergente especializada en software de privacidad. Allí ayudó a crear un sistema de privacidad llamado Freedom Network que permitía a sus usuarios navegar por internet de forma anónima. Fue un precursor de The Onion Router, una red mejor conocida por sus siglas, Tor, que anonimiza el tráfico en internet. Existe un consenso generalizado en la comunidad bitcóin de que Satoshi utilizó Tor para ocultar sus huellas.

    Al igual que el bitcóin, Freedom Network era un sistema informático distribuido. Back y sus colegas intentaron hacerlo inmune a la vigilancia gubernamental y empresarial.

    Ese era otro rasgo que compartía con Satoshi, cuyos mensajes en Bitcointalk mostraban un profundo conocimiento de la seguridad de las redes y de cómo protegerse de las vulnerabilidades. La red bitcóin es muy admirada por lo bien que ha resistido los intentos de hackeo.

    Tras varios meses en las profundidades de los archivos de la lista Cypherpunks, a veces perdía la noción de dónde me encontraba en mi investigación y seguía pistas falsas por extraños callejones sin salida. Al responder a una de las primeras críticas a su libro blanco en la lista Cryptography, Satoshi había escrito: “En realidad, no hice esa afirmación con toda la firmeza que hubiera podido”. Creí haber visto esa frase antes y pasé varias tardes revisando cientos de mensajes de la lista de correo de la década de 1990 que ya había leído. Pronto quedó claro que me la había imaginado.

    Pero mi relectura no fue en vano. Otros paralelismos entre Back y Satoshi empezaron a hacerse evidentes. Por ejemplo, Back y Satoshi compartían su aversión por los derechos de autor.

    “Que se eliminen las patentes y los derechos de autor”, escribió Back en septiembre de 1997.

    Fiel a esta creencia, Back puso su software hashcash para limitar el spam como código abierto.

    Satoshi hizo algo parecido. Publicó el software de bitcóin bajo la licencia de código abierto del MIT, que permitía a cualquiera utilizarlo, modificarlo y distribuirlo sin restricciones.

    Con intenciones de crear algo de dominio público, Back y Satoshi también crearon listas de correo en internet dedicadas a sus creaciones –la lista Hashcash y la lista Bitcoin-dev– en las que publicaban actualizaciones del software con nuevas funciones y correcciones de errores en un formato y estilo sorprendentemente similares.

    El sesgo de Satoshi contra los derechos de autor, similar al de Back, se manifestó de otras formas. Renunció expresamente a los derechos de autor cuando compartió imágenes de un logotipo de bitcóin que había diseñado en Bitcointalk, y animó a quien quisiera mejorarlo a “hacer sus gráficos de dominio público“.

    A principios de la década de 2000, la aplicación de los derechos de autor se convirtió en noticia de primera plana cuando el popular servicio de intercambio de archivos Napster cerró tras ser demandado por las grandes compañías musicales. Napster era un ejemplo de software peer-to-peer, en el que los usuarios comparten contenidos entre sí directamente, eliminando la necesidad de un intermediario corporativo.

    Back estaba horrorizado. Compartió con la lista Cypherpunks un documento escrito por un abogado especializado en propiedad intelectual que detallaba todas las amenazas legales a las que se enfrentaban ahora los creadores de software peer-to-peer.

    “Mi conclusión tras leerlo”, escribió Back, “es que lo más seguro y sencillo es limitarse a publicar dicho software de forma anónima”.

    El bitcóin, igual que Napster, era software peer-to-peer. Cambia la industria musical por el gobierno y podría producirse un escenario similar. Si se conociera la identidad de su creador, los abogados del gobierno sabrían a quién perseguir. Si permanecía oculta, no habría nadie a quien demandar. Si Back y Satoshi eran la misma persona, eso ayudaría a explicar por qué Satoshi decidió ocultarse.

    Las compañías discográficas estaban protegiendo sus intereses comerciales. El gobierno habría tenido un plan diferente: proteger su monopolio sobre el dinero.

    Al igual que Back, Satoshi consideraba el fin de Napster una lección a tener en cuenta.

    Estaba haciendo referencia a que, aunque los usuarios intercambiaban canciones directamente, Napster usaba un servidor central para llevar un registro de quién tenía qué canciones. En cambio, Gnutella, otro servicio de intercambio de archivos, operaba en una red de computadoras independientes distribuidas por todo el mundo, al igual que el bitcoin.

    Esto representaba otra coincidencia fascinante. En una publicación de mayo de 2000, Back había hecho exactamente la misma comparación entre Napster y Gnutella:

    Back no hizo esta comparación solo una vez. La repitió tres veces distintas en la lista Cypherpunks.

    Todas estas similitudes eran intrigantes, pero no tenía nada que relacionara directamente a Back con la creación del bitcóin. Eso cambió cuando descubrí un conjunto de publicaciones de Cypherpunks que Back había escrito entre 1997 y 1999, una década antes del lanzamiento del bitcóin.

    El 30 de abril de 1997, sugirió crear un sistema de dinero electrónico “totalmente desconectado” de la banca moderna que tendría cuatro atributos clave: preservaría la privacidad tanto del pagador como del beneficiario; se distribuiría a través de una red de computadoras para que fuera difícil de apagar; tendría cierta escasez incorporada para evitar una inflación excesiva; y no requeriría confianza en ningún individuo o banco. Para conseguir esto último, dos días después sugirió un quinto componente: un protocolo verificable públicamente.

    Estos cinco elementos se convirtieron más tarde en pilares fundamentales del bitcóin.

    Cuatro meses después, Back volvió al tema del dinero electrónico, introduciendo una nueva característica basada en la teoría de juegos.

    “Una aplicación en la que he pensado un poco es la idea de crear un sistema bancario distribuido”, escribió. “Idealmente es un sistema en el que todos los nodos son equivalentes, y k de n de esos nodos tienen que coludirse antes de poder comprometer el funcionamiento del banco”.

    Back aludía al problema de los generales bizantinos, un problema de informática que complica los sistemas descentralizados. En la analogía, “n” número de generales rodean una ciudad enemiga en guerra con Bizancio. Para invadir con éxito, todos deben ponerse de acuerdo para atacar al mismo tiempo, pero un subconjunto de “k” generales podrían ser traidores y sabotear el plan. Lo mismo ocurre con las redes informáticas distribuidas: pueden ser saboteadas por participantes malintencionados, o nodos, de la red.

    Back quería crear una red de dinero electrónico con tantos nodos en tantos lugares distintos que nadie con ganas de sabotearla pudiera encontrar suficientes conspiradores.

    Eso se parecía mucho al sistema que Satoshi describió en su libro blanco 11 años después: el bitcóin funcionaría, escribió Satoshi, “siempre que la mayor parte de la potencia de la CPU esté controlada por nodos que no cooperen para atacar la red”.

    En su publicación en la lista Cypherpunks de 1997, Back escribió sobre nodos que podrían “ir y venir” sin afectar al funcionamiento de la red. En su libro blanco, Satoshi escribió que los nodos podían “irse y volver a unirse a la red a voluntad”.

    La redacción era ligeramente diferente, pero no hacía falta ser un experto en criptografía para ver que Back y Satoshi habían propuesto exactamente los mismos conceptos.

    El 6 de diciembre de 1998, Back volvió una vez más al tema del dinero electrónico luego de que otro cypherpunk, Wei Dai, propusiera su propia idea, llamada b-money. Como señaló el YouTuber Barely Sociable en su video de 2020, Back aprovechó la propuesta de Dai.

    B-money utilizaba criptografía de clave pública para anonimizar las cuentas de los usuarios, preservando la privacidad del pagador y el beneficiario, tal y como había previsto Back. Y tenía otra característica que a Back le gustaba.

    Un problema al que se enfrenta cualquiera que intente crear una moneda digital es cómo acuñar monedas. Dai propuso un sistema en el que los usuarios que resolvieran un problema computacional serían recompensados con monedas de b-money recién acuñadas.

    El hashcash que Back había inventado hacía algo muy parecido: recompensaba a los usuarios que resolvían problemas computacionales con permiso para enviar correos electrónicos. Sugirió readaptar el hashcash y convertirlo en el mecanismo para acuñar las monedas electrónicas de Dai.

    Esto era significativo porque Satoshi había citado a Dai en su libro blanco y más tarde describió al bitcóin como “una implementación de la propuesta de b-money de Wei Dai“.

    Cuando me paré a pensarlo, me pareció asombroso: igual que Back propuso hacer en 1998, Satoshi combinó los conceptos de hashcash y b-money para crear bitcóin. ¿Qué posibilidades había?

    Eso no era todo. En los comentarios que hizo sobre b-money en diciembre de 1998, Back anticipaba la solución a la inflación de Satoshi.

    Cualquier moneda electrónica acuñada resolviendo problemas computacionales estaba destinada a sufrir una inflación desenfrenada porque, a medida que los chips de las computadoras se volvieran más potentes, les resultaría más fácil resolver los problemas y acuñar monedas nuevas. Para evitar esta situación, Back sugirió que acuñar una moneda de b-money debería “requerir más esfuerzo computacional a lo largo del tiempo”.

    Así es exactamente como Satoshi diseñó el software de bitcóin. Lo programó para que cada nuevo bloque de transacciones de bitcóin tardara un promedio de 10 minutos en minarse y creó un algoritmo que aumentaba la dificultad de resolución de los problemas cuando los chips de computadora más rápidos empezaran a reducir ese intervalo de tiempo.

    Por si todas estas clarividentes ideas no fueran suficientes, Back propuso otro concepto crucial en abril de 1999. Para que el dinero electrónico distribuido funcionara, tenía que haber un sello de tiempo público e inmutable de cada transacción. De lo contrario, un usuario podría gastar una moneda dos veces, provocando caos en todo el sistema.

    La solución de Back consistía en utilizar árboles hash –que condensan grandes cantidades de datos en una única huella digital– y publicar esas huellas en anuncios clasificados de The New York Times.

    Satoshi utilizó la misma idea para el bitcóin, pero sustituyó el componente de los anuncios clasificados por el hashcash de Back, que ponía una marca de tiempo a las transacciones haciendo que los cálculos intensivos utilizados para empaquetarlas en bloques fueran demasiado costosos y lentos como para falsificarlos.

    Back incluso anticipó la respuesta de Satoshi a una de las principales críticas que se hicieron posteriormente al bitcóin: su elevado consumo de electricidad.

    En 1998 y 1999, argumentó que la energía quemada por una combinación de hashcash y b-money probablemente sería menor que la que consumía el sistema bancario. Cuando un primer lector del libro blanco del bitcóin planteó la cuestión una década más tarde, Satoshi esgrimió un argumento similar.

    Mira el original

    En resumen, Back imaginó casi todas las facetas del bitcóin –y utilizó la misma racionalización que Satoshi para excusar su principal defecto– una década antes de que el bitcóin fuera creado.

    Un mes después de nuestro encuentro en Las Vegas, envié a Back por correo electrónico algunas preguntas sobre su historial laboral y sobre por qué se había mudado a Malta en 2009. No dije por qué lo preguntaba, pero algunos miembros de la comunidad bitcóin habían señalado que ese paraíso fiscal europeo sería un hogar ideal para Satoshi y su tesoro de bitcóins.

    Back me contestó al día siguiente, amablemente, pero aparentemente comprendiendo la implicación de mi pregunta. Se mudó a Malta por varias razones, como el costo de la vida, el clima y, sí, los impuestos, escribió. “A los bitcoineros les encanta indagar, pero las coincidencias ocurren y no tienen por qué significar nada”.

    Estaba claro que sabía lo que me traía entre manos. Había llegado el momento de tantear el terreno abordando algo que me molestaba.

    Satoshi había mencionado tanto al hashcash como al b-money en su libro blanco. Sin embargo, los correos electrónicos que Back presentó para el juicio de Craig Wright, el impostor australiano, hacían pensar que Satoshi aún no conocía el b-money en agosto de 2008, cuando se puso en contacto con Back para comprobar si estaba citando correctamente su artículo sobre hashcash. Solo después de que Back le remitiera al sitio web de Dai, Satoshi añadió la cita de b-money a su libro blanco, según sugieren los correos electrónicos.

    Pero eso no me cuadraba. El documento de Back sobre hashcash hablaba específicamente de b-money como una aplicación para hashcash. Suponiendo que Satoshi leyera el documento que pensaba citar, habría tenido que saber del b-money.

    Back reconoció esta contradicción en 2020. Después de sugerir en X que Satoshi podría ser un cypherpunk anónimo que había publicado sobre dinero electrónico, otro usuario cuestionó su teoría, señalando que el cypherpunk anónimo había mencionado el b-money y que Satoshi solo había conocido el b-money muchos años después, a través de Back.

    Sí, respondió Back, pero Satoshi podría haberle mentido y fingir que no sabía nada del b-money. “Si Satoshi conociera una cita muy poco conocida (página web publicada en Cypherpunks como parte de la discusión sobre ecash), ¿quizás no la citaría para evitar la triangulación?”,escribió.

    Alguien como Back, quien era uno de los únicos seis usuarios con nombre que habían hablado de b-money en las listas Cypherpunks y Cryptography y que lo había mencionado no menos de 60 veces, podría querer evitar especialmente este tipo de triangulación.

    Cuanto más lo meditaba, más sospechaba que Back se había escrito a sí mismo los correos de Satoshi en una elaborada treta para desviar las sospechas de sí mismo.

    Así que decidí pedirle a Back los metadatos de los correos. Los metadatos son para un correo electrónico lo que el sobre, el matasellos y el sello son para una carta física: indican de dónde procede, cuándo se envió y si fue modificado. Las copias de los intercambios de correos electrónicos de Back con Satoshi que se hicieron públicas durante el juicio de Wright en Londres no incluían esta información.

    No tenía muchas esperanzas de que los metadatos me dijeran algo útil, porque Satoshi había utilizado el servicio de correo electrónico anónimo registrado en Tokio, que habría ocultado su dirección IP. Y no solo eso; probablemente Satoshi había utilizado Tor para conectarse al servicio y aislarse aún más. Aun así, quería verlos, por si podía obtener alguna pista.

    Pero cuando envié mi petición por correo electrónico a Back, no respondió. No estaba seguro de si me estaba ignorando o simplemente estaba ocupado, y no quería asustarlo enviándole otro mensaje inmediatamente, así que esperé ocho días para enviarle otro. De nuevo, silencio absoluto.

    Estaba claro que había tocado una fibra sensible. ¿Por qué? Con las precauciones que había tomado Satoshi, ¿qué había que ocultar? ¿A menos que Satoshi hubiera cometido algún tipo de error?

    Tras presentar el bitcóin en Halloween de 2008, Satoshi pasó los dos años y medio siguientes mejorándolo con la ayuda de un grupo de entusiastas que prestaron sus conocimientos de ingeniería de software al proyecto. Satoshi se coordinaba frecuentemente con el grupo, que más tarde se conocería como los desarrolladores del Bitcoin Core, en Bitcointalk y por correo electrónico. Después, desapareció el 26 de abril de 2011.

    Resulta que Back siguió el mismo patrón, pero a la inversa.

    Durante más de una década, siempre que se hablaba de dinero electrónico en la lista de Cypherpunks o en la de Cryptography, Back intervenía, a menudo con artículos largos y detallados. Pero cuando llegó el bitcóin, la manifestación más cercana a la visión que había trazado, Back no estaba por ninguna parte.

    Años más tarde, en diciembre de 2013, relató una versión muy diferente de los hechos en elpódcast Let’s Talk Bitcoin. Back dijo al presentador que había estado “muy interesado técnicamente” en el invento de Satoshi cuando salió a la luz y que había “participado” en el debate que suscitó en la lista Cryptography.

    Examiné la lista en busca de cualquier rastro de dicha participación en otoño de 2008 e invierno de 2009 y no encontré ninguna prueba de ello. De hecho, Back siguió ignorando por completo el bitcóin hasta junio de 2011, cuando hizo su primer comentario público al respecto. Eso fue seis semanas después de la desaparición de Satoshi.

    Este firme defensor del dinero electrónico que había propuesto ideas casi idénticas al bitcóin, durante años mostró poco, o ningún interés.

    Pero cuando por fin se implicó de lleno, coincidió con un nuevo acontecimiento que sin duda atraería la atención de Satoshi. El 17 de abril de 2013, un criptógrafo argentino llamado Sergio Demian Lerner publicó un artículo en su blog en el que revelaba la fortuna de Satoshi. Ese mismo día, Back se unió a Bitcointalk.

    Después de que Lerner hiciera una publicación de seguimiento en su blog una semana más tarde, Back escribió en la sección de comentarios: “Supongo que si te parece que te estás acercando demasiado, quizá quieras detenerte, por el bien de Nakamoto…”.

    De repente, metido de lleno

    De repente, Back estaba metido de lleno. A las pocas horas de presentarse en Bitcointalk, ya estaba proponiendo complicadas mejoras del sistema. En menos de dos semanas, exigía que Wikipedia restaurara su página independiente sobre Satoshi Nakamoto, que había sido eliminada y fusionada con la página de bitcóin. Y en 18 meses, había fundado una empresa llamada Blockstream para crear herramientas que hicieran que la red bitcóin fuera más fácil de usar, más rápida y más privada.

    Fue el comienzo de una era en la que Back adquirió rápidamente influencia y se convirtió en un cabecilla de la aún pequeña comunidad bitcóin. Para dotar de personal a Blockstream, sacó a los mejores desarrolladores del Bitcoin Core de sus empleos en empresas como Google y Mozilla, lo que le dio una enorme influencia sobre la moneda digital. También se hizo muy rico: durante la siguiente decena de años, Blockstream y sus filiales recaudarían 1000 millones de dólares en financiación y Blockstream alcanzaría una valoración de 3200 millones de dólares.

    Todo parecía congruente con lo que Satoshi podría hacer si decidiera reaparecer al amparo de su nombre real y retomar las riendas de su creación.

    En otoño de 2014, Back y sus colegas de Blockstream publicaron un libro blanco sobre una innovación que Back había concebido llamada “cadenas laterales vinculadas”.

    El documento, del que Back era el autor principal, mencionaba a DigiCash. Fundada por el criptógrafo David Chaum a finales de la década de 1980, DigiCash creó una moneda electrónica pionera que, a diferencia del bitcóin, dependía de un servidor central de su propiedad y gestión. Cuando DigiCash quebró en 1998, la moneda se hundió con ella.

    “El requisito de un servidor central se convirtió en el talón de Aquiles de DigiCash”, decía la presentación del documento.

    Así era exactamente como Satoshi había descrito los fallos de DigiCash cinco años antes: “Por supuesto, la mayor diferencia es la falta de un servidor central. Ese era el talón de Aquiles de los sistemas chaumianos”, escribió Satoshi.

    Al año siguiente, en 2015, la comunidad bitcóin se fracturó a causa de una propuesta para aumentar el tamaño de los bloques de bitcóin. Una facción liderada por dos desarrolladores de bitcóin, Gavin Andresen y Mike Hearn, quería hacer los bloques mucho más grandes para dar cabida a más transacciones. Pero esto era controvertido porque los bloques más grandes requerirían que los usuarios que gestionaran los nodos de bitcóin tuvieran un hardware más potente y conexiones a internet más rápidas. Si el costo de gestionar un nodo fuera demasiado elevado, los usuarios se verían obligados a cerrarlos, dejando la red en manos de unos pocos grandes centros de datos. Esto, a su vez, amenazaría la seguridad de la red, ya que los centros de datos podrían confabularse para apoderarse de ella.

    Back se opuso firmemente a aumentar el tamaño de los bloques. En una serie de mensajes en la lista Bitcoin-dev, advirtió sobre la propuesta de Andresen y Hearn con un tono cada vez más enérgico.

    Entonces, de repente,Satoshi apareció en la lista con un correo electrónico que encajaba perfectamente con la postura de Back. Era la primera vez que se oía de Satoshi en más de cuatro años, aparte de un mensaje de cinco palabras el año anterior en el que negaba la afirmación de un artículo de Newsweek de haberlo desenmascarado.

    Muchos miembros de la comunidad bitcóin cuestionaron la autenticidad del nuevo correo electrónico, ya que otra cuenta de Satoshi había sido hackeada. Pero Back argumentó que el correo electrónico parecía real. En una serie de tuits, calificó las observaciones de Satoshi de “muy acertadas” y “coherentes con las opiniones de Satoshi, a mi parecer” y se dedicó a citar el correo electrónico.

    Es probable que Back tuviera razón: hasta la fecha, no hay pruebas que indiquen que el correo electrónico fuera una falsificación, y no ha aparecido ningún otro correo electrónico de esa cuenta.

    El correo electrónico de Satoshi sonaba muy parecido a lo que había dicho Back en sus mensajes de las semanas anteriores, aunque nadie se dio cuenta. Al igual que Back, Satoshi argumentaba que la creciente centralización de la red bitcóin ponía en peligro su seguridad. Decía que la propuesta del gran bloque era muy “peligrosa”, el mismo término que Back había utilizado repetidamente. También usaba otras palabras y frases que Back había utilizado: “consenso generalizado“, “reglas de consenso“, “técnico“, “trivial” y “robusto“.

    Al final del correo electrónico, Satoshi denunció a Andresen y Hearn como dos desarrolladores imprudentes que intentaban tomar el control del bitcóin con tácticas populistas y añadió: “Ha sido muy decepcionante ver cómo se desarrollaba esta situación”.

    Cuatro días después, en medio de un mensaje en el mismo hilo, Back escribió: “Muy decepcionantes Gavin y Mike”.

    III. Acercamiento

    Necesitaba poner a prueba mi teoría. A altas horas de la noche en la cama o en la ducha a primera hora de la mañana, intentaba pensar en razones por las que podría estar equivocado. Un argumento que había leído en el libro El misterioso Mr. Nakamoto; El enigmático creador de Bitcoin, sobre la larga e infructuosa búsqueda de Satoshi por parte del periodista Benjamin Wallace, era que Back era un absolutista de la privacidad y que las funciones de privacidad de bitcóin eran débiles.

    Eso parecía convincente a primera vista. Pero en lugar de descartar al bitcóin como otros cypherpunks partidarios de la privacidad, Back había pasado la última década en Blockstream impulsando innovaciones para reforzar la privacidad del bitcóin, lo que en mi opinión debilitaba considerablemente ese argumento.

    En X, Back ha citado otro argumento por el que no puede ser Satoshi: que hizo demasiadas preguntas tontas en el canal #bitcoin-wizards de Internet Relay Chat (IRC) cuando se unió a la comunidad.

    El canal #bitcoin-wizards de IRC es una sala de chat donde los desarrolladores del Bitcoin Core, o “magos”, intercambiaban ideas sobre cómo corregir errores y mejorar el software.

    Leí los registros del canal y apenas vi indicios de un principiante despistado. En todo caso, me sorprendió lo atento que estaba Back a las vulnerabilidades de bitcóin y lo enfocado que estaba en reforzarlas a las pocas semanas de involucrarse. Algunas de sus ideas para mejorar el sistema eran tan sofisticadas que los demás magos no las entendían.

    También me di cuenta de que se mostraba cortantemente despectivo con otras criptomonedas, escribiendo en un momento dado que quería acabar con todas.

    Me pregunté qué pasaba con otros sospechosos principales de ser Satoshi. ¿Había alguien que encajara mejor que Back en el perfil? Un artículo publicado en 2015 en este periódico planteaba la tesis de que Satoshi era Nick Szabo, un científico informático estadounidense de ascendencia húngara que propuso una idea similar a bitcóin llamada “bit gold” en 1998. Hasta hace poco, Szabo seguía encabezando las listas de mucha gente, pero un acalorado debate que tuvo lugar en X sobre una propuesta de actualización del software Bitcoin Core puso al descubierto su ignorancia sobre aspectos técnicos básicos de bitcóin.

    Finney y Len Sassaman, ingeniero de software y defensor de la privacidad, eran otros dos sospechosos citados con frecuencia.

    Sin embargo, un problema con la hipótesis de Finney era que fue fotografiado corriendo una carrera de 16 kilómetros en abril de 2009, al mismo tiempo que Satoshi enviaba correos electrónicos y bitcoines a otra persona. Un problema más grande era que tanto Finney como Sassaman estaban muertos cuando Satoshi hizo su última aparición en agosto de 2015. Finney murió de esclerosis lateral amiotrófica en 2014 y Sassaman se suicidó en 2011.

    En cuanto al elegido por HBO, Peter Todd, el punto crucial de la prueba del documental era un hilo de Bitcointalk de 2010 en el que Todd corrigió a Satoshi en un punto técnico. La película especulaba que el post de Todd era en realidad Satoshi terminando su propia idea. Esto nos obligaba a creer que Satoshi, el maestro de la seguridad operativa en internet, había cometido el error más básico imaginable: conectarse accidentalmente con su nombre real.

    También estaba el hecho de que cuando se publicó el libro blanco del bitcóin Todd apenas tenía 23 años, muy joven como para resolver un reto que había eludido a muchos criptógrafos mayores y más experimentados. Además, tras el estreno del documental, Todd mostró a la revista Wired fotos suyas esquiando o haciendo espeleología en días y horas en que Satoshi escribía en Bitcointalk.

    Algunos han especulado que el bitcóin no fue creado por una sola persona, sino por un grupo de individuos. Yo tampoco me creía esa teoría. Cuanta más gente conozca un secreto, más probabilidades hay de que se filtre. El secreto de Satoshi había permanecido hermético durante 17 años.

    ‘Mejor con código que con palabras’

    Back seguía pareciéndome el candidato más probable. Pero a estas alturas, eso ya no me parecía suficiente. Fui en busca de más evidencia forense.

    Un día, revisando el archivo de Cypherpunks, me di cuenta de un parecido que casi me hizo saltar de la silla.

    Cuando Satoshi había dado a entender a Finney que los libertarios adoptarían el bitcóin si pudieran explicarlo adecuadamente, había añadido:

    Back había expresado el mismo sentimiento, en una redacción similar, mientras debatía con otro cypherpunk sobre el anonimato y la libertad de expresión:

    Cuanto más me fijaba, más similitudes de escritura descubría.

    Al igual que Satoshi, Back utilizaba dos espacios entre frases, una práctica anticuada que sugiere que Satoshi tiene más de 50 años. Back tiene 55.

    Satoshi había usado el famoso improperio británico “bloody (maldito, en español) en Bitcointalk mientras se quejaba de lo difícil que era explicar su invento a un público general. En varios mensajes en X en octubre de 2023, Back insistió en que él nunca había usado ese término: “prueba a buscar en Google y compruébalo por ti mismo, no es una palabra que yo use”.

    Pero encontré un mensaje de la lista Cypherpunks de 1998 en el que Back utilizaba “bloody” para expresar su creciente irritación con los anuncios publicitarios de internet: “Esto ya es ridículo, ¡estos días casi todo el ancho de banda de mi confiable módem de 28,8k son los malditos banners!”.

    ¿Por qué negar tan rotundamente el uso de una palabra que sí había utilizado si no tenía nada que ocultar?

    La forma más fiable de identificar a los escritores es la estilometría, que mide la frecuencia y la distancia entre palabras funcionales como “el”, “y”, “de” y “a” para establecer la huella estilística de un autor.

    En 2022, Florian Cafiero, un lingüista computacional de la École nationale des chartes de Francia, utilizó la técnica para ayudar a The New York Times a identificar a las dos personas que estaban detrás del movimiento QAnon. Pero Cafiero había intentado identificar a Satoshi para el libro de Wallace, sin conseguirlo.

    Pensando que podría haber pasado algo por alto, le pedí a Cafiero que lo intentara de nuevo y aceptó.

    Back estaba entre los sospechosos que Cafiero había considerado la primera vez, pero su análisis se había visto obstaculizado por el hecho de que la mayoría de los documentos de Back habían sido coescritos con otros criptógrafos, lo que dificultaba saber quién los había escrito realmente. Esta vez, Cafiero descartó los artículos en coautoría y seleccionó solo el artículo sobre hashcash de Back y su tesis doctoral. Luego los añadió a un conjunto de documentos académicos escritos por otros 11 sospechosos de ser Satoshi, entre ellos Finney, Szabo, Sassaman y Todd.

    Cafiero estaba ocupado con su trabajo de profesor y otros proyectos, así que tardó unas seis semanas en darme una respuesta. Cada pocos días, lo buscaba a través de la aplicación Signal para comprobar si había hecho algún progreso. Intenté moderar mis expectativas, pero mi excitación iba en aumento.

    El veredicto llegó por mensaje de texto una mañana de finales de julio: tras comparar los documentos de los 12 sospechosos con el libro blanco del bitcóin, el programa de estilometría de Cafiero mostró que Back era el que más se parecía. Pero dijo que no era una coincidencia exacta y que Finney le seguía muy de cerca. De hecho, la diferencia entre ambos era apenas distinguible, dijo, y consideró que el resultado global no era concluyente.

    Me quedé mirando la pantalla de mi teléfono con incredulidad. Era como si alguien me hubiera puesto delante un mousse de chocolate y luego me lo hubiera arrebatado antes de poder probarlo.

    Al sentir mi frustración, Cafiero cambió la forma de calcular la distancia entre los textos de los 12 sospechosos y el papel blanco de Satoshi. El resultado fue el opuesto al que yo había esperado: otros candidatos se situaron por delante de Back. Cafiero dijo que también consideraba que estos resultados no eran concluyentes.

    Tras ocho meses de investigación e incontables horas obsesionado con la identidad de Satoshi, había pensado que estaba cerca de resolver el misterio. Pero ahora volvía a parecer inalcanzable.

    Ortografía y gramática

    A pesar de mi decepción, tenía una idea bastante clara de cuál era el problema. Cafiero me había dicho varias veces que si Satoshi sabía cómo funcionaba la estilometría, le habría resultado fácil alterar su estilo de escritura para protegerse de ella.

    No se me escapó que, en un tuit de 2020, Back había descrito la escritura de Satoshi como “concisa y enfocada” y especulado que había minimizado “los adornos emotivos, los adjetivos superfluos y la charla fuera de tema para reducir el riesgo de estilometría”. Estaba claro que tanto Satoshi como Back sabían un par de cosas sobre estilometría.

    De hecho, Back había pasado mucho tiempo reflexionando sobre cómo vencer al análisis de la escritura.

    “He estado pensando en este problema de vez en cuando”, escribió en otoño de 1998, señalando que los escritores que utilizaban seudónimos eran especialmente vulnerables a ser identificados si habían escrito prolíficamente con sus nombres reales. Propuso crear un constructor de frases de elección múltiple con un menú desplegable de sustantivos, verbos y adjetivos que hiciera más difícil detectar la idiosincrasia de un escritor.

    Con eso en mente, probé un enfoque diferente centrado en la ortografía y la gramática. Back cometía muchas erratas y tenía un estilo disperso cuando publicaba en listas de correo, mientras que la escritura de Satoshi era nítida y, en su mayor parte, sin erratas. Sin embargo, tras leer varias veces todo el corpus conocido de Satoshi y leer más de mil mensajes de Back en listas de correo, detecté algunos rasgos de escritura que compartían a pesar de todo.

    Back confundía con frecuencia “es” y “su” (“it’s” e “its”, en inglés), y tenía la costumbre de poner “también” al final de las frases. En los propios textos de Satoshi aparecían cinco casos de cada uno.

    Ambos también parecían patológicamente incapaces de utilizar correctamente los guiones. Al igual que Back, Satoshi tendía a añadir guiones cuando eran innecesarios y a omitirlos cuando eran necesarios. Por ejemplo, escribió el sustantivo compuesto “double-spending” con guion, pero los adjetivos compuestos “hand tuned”, “full blown”, “would be” y “file sharing” sin guiones, igual que Back.

    Tanto Satoshi como Back tendían a no separar con guiones los adjetivos compuestos que combinaban un sustantivo con la palabra en inglés “based”, como en esta cita de Satoshi: “En el modelo basado en una casa de moneda, la casa de moneda estaba al tanto de todas las transacciones y decidía cuáles llegaban primero”.

    Ambos a veces separaban con guiones ciertas palabras y frases y a veces no. Por ejemplo, ambos alternaban entre “e-mail” y “email”, “built-in” y “built in”, “off-line” y “offline”, “pre-compiled” y “precompiled” y “to-do list” y “to do list”. A veces escribían “electronic cash” y a veces lo acortaban a “e-cash”.

    Al igual que Back, Satoshi alternaba entre el “cheque” británico y el “check” estadounidense y las formas británica y estadounidense de la palabra “optimizar”. Y ambos escribían a veces “backup” y “bugfix” como una palabra en vez de dos (mientras utilizaban la primera como verbo) y “half way” y “down side” como dos palabras en vez de una.

    Cuando consulté estas peculiaridades con Robert Leonard, experto en lingüística forense de la Universidad de Hofstra, dijo que eran exactamente el tipo de cosas en las que se fijaba cuando intentaba identificar a un autor. Las llamó “marcadores de variación sociolingüística”, huellas lingüísticas que podían ayudar a determinar el origen social, geográfico o profesional de un autor. Dijo que los más reveladores eran los que eran comunes solo a un pequeño número de individuos o exclusivos de un autor concreto. Encontré al menos tres en el corpus de Satoshi que se ajustaban a esa descripción.

    Los dos primeros eran conceptos criptográficos que Satoshi deletreaba de una forma particular. Uno de ellos era “proof of work”, acuñado por dos criptógrafos en un artículo de 1999 para describir protocolos de resolución de enigmas como el hashcash. Respetando la gramática correcta, los autores no separaron el término con un guion, ya que era un sustantivo compuesto.

    Pero Satoshi sí lo hacía. En su libro blanco del bitcóin, escribió repetidamente “proof-of-work” con guiones. Hasta ese momento, solo ocho personas lo habían escrito con guion en las listas Cypherpunks o Cryptography cuando lo utilizaban como sustantivo compuesto.

    Buscando la forma de reducir esa lista de ocho nombres, recordé que Satoshi había mencionado una moneda en línea rusa poco conocida llamada WebMoney en uno de sus correos electrónicos a Malmi. Tras indagar un poco, había determinado que solo cuatro personas habían mencionado alguna vez WebMoney en las listas de Cypherpunks o Cryptography.

    Luego comparé esos cuatro nombres con los ocho que habían puesto guiones en “proof-of-work”. Solo uno coincidía: Back.

    Aún menos gente había utilizado la frase “partial pre-image” antes de que Satoshi la empleara en la lista de Cryptography para explicar cómo funcionaba la función de minería similar al hashcash de bitcóin. Las dos únicas personas que pude encontrar fueron Finney y Back, también en relación con hashcash, con una diferencia crucial: Finney escribió “preimage” en una sola palabra, mientras que Back tendía a ponerle un guion, igual que Satoshi.

    El tercer marcador lingüístico en el que me fijé fue la frase “burning the money” (quemar el dinero), que Satoshi empleó al hablar de una función de depósito en garantía. La utilizó para referirse a la destrucción de bitcoines. Antes de Satoshi, solo una persona había hablado de “quemar” una moneda electrónica en las listas Cypherpunks o Cryptography: Back, en abril de 1999.

    De 34.000 a uno

    Quería encontrar una forma más sistemática de analizar los escritos de Satoshi, así que recurrí a la ayuda de Dylan Freedman, un periodista del equipo de inteligencia artificial de The New York Times que tenía experiencia en el análisis computacional de textos.

    Mi firme convicción era que Satoshi era miembro de la comunidad criptográfica que se congregaba en las listas de correo de Cypherpunks, Cryptography y hashcash, porque conocía a varios cypherpunks, presentó su libro blanco en la lista Cryptography e incorporó hashcash a bitcóin. Decidimos recopilar los archivos de las tres listas de internet y fusionarlos en una enorme base de datos para poder hacer búsquedas en ellos.

    Entre 1992 y el 30 de octubre de 2008 –un día antes de la aparición de Satoshi– más de 34.000 usuarios habían publicado en las tres listas. Dado que muchos eran cuentas de spam o usuarios que habían publicado pocas veces, eliminamos a todo aquel que tuviera menos de 10 publicaciones. Esto redujo nuestro grupo de candidatos a 1615.

    También excluimos a quien nunca había hablado de dinero digital. Eso nos dejó con un grupo más pequeño de 620 candidatos. En conjunto, esas 620 personas habían escrito un total de 134.308 mensajes.

    En un mundo perfecto, analizaríamos este acervo sin riesgo de que el sesgo infectara los resultados. El campo de la estilometría se enorgullecía de ello, como Cafiero me recordaba a menudo. Pero la estilometría había fallado.

    Un método alternativo consistía en identificar todas las palabras del corpus de Satoshi que no tuvieran sinónimos, y medir cuáles de nuestros 620 sospechosos utilizaban más de esas palabras. Las palabras sin sinónimos solían ser términos técnicos, así que esto eliminaría los más comunes. Y tendría la ventaja añadida de frustrar cualquier constructor de frases de elección múltiple como el que había sugerido Back, ya que las palabras sin sinónimos no podían sustituirse fácilmente.

    Probamos este método. Back quedó a la cabeza de la lista, con 521 palabras sin sinónimos compartidas con Satoshi. Otros cypherpunks no estaban muy lejos, pero todos habían escrito muchos más mensajes que Back, lo que lo hacía destacar aún más.

    En busca de pruebas más definitivas, ideamos dos enfoques adicionales basados en mis investigaciones.

    Primero, nos centramos en los errores de uso del guion en la gramática de Satoshi.

    Para nuestro análisis, tomamos el manual de estilo de The New York Times como el árbitro del uso correcto del guion e introdujimos su sección de guiones en un modelo de inteligencia artificial. Luego le pedimos al modelo que escaneara el corpus de Satoshi: con su ayuda, identificamos 325 errores distintos en el uso de los guiones por parte de Satoshi.

    Cuando comparamos esos errores con los escritos de nuestros cientos de sospechosos, Back era un claro caso atípico. Compartía 67 de los errores de uso de guiones de Satoshi. La persona con el segundo mayor número de coincidencias tenía 38.

    Volviendo a nuestros 620 sospechosos, quería saber cuántos de ellos compartían los otros rasgos de escritura que había identificado en la prosa de Satoshi.

    Primero buscamos a los que a veces ponían dos espacios entre las frases, como hacía Satoshi. Eso eliminó a 58 personas y nos dejó con 562 sospechosos.

    Después procedimos de este modo:

    • Nueve de ellos eran conocidos sospechosos de ser Satoshi.

    • Luego buscamos a quienes utilizaran grafías británicas, lo que redujo nuestra lista a 434.

    • Después nos fijamos en los que a veces confundían “it’s” con “its” o viceversa. Aplicando ese filtro redujimos nuestra lista a 114 candidatos.

    • Buscar a los que terminaban algunas frases con “también”, como hacía Satoshi, redujo aún más la lista, a 56.

    • De ese grupo, eliminamos a quien escribió “bug fix” como dos palabras y “halfway” y “downside” como una sola, lo que nos llevó a 20. Aún quedaban bastantes candidatos, pero era un número mucho más manejable que el que teníamos al principio.

    • A partir de ahí, eliminamos los que –a diferencia de Satoshi– separaban correctamente los adjetivos compuestos “noun-based” y “file-sharing”, pero no separaban el sustantivo compuesto “double spending”. Eso nos dejó ocho sospechosos.

    • En ese punto le preguntamos a nuestra base de datos: ¿Cuántos de esos ocho sospechosos restantes alternaban el uso de “e-mail” y “email”, “e-cash” y “electronic cash”, “cheque” y “check” y las formas británica y estadounidense de la palabra “optimizar” como hacía Satoshi?

    • La respuesta era una sola: Back.

    (El gráfico a continuación ilustra el proceso de descarte, en inglés)

    Seguía sin una prueba definitiva de la identidad de Satoshi. Solo el propio Satoshi podría proporcionar eso, si utilizaba una clave privada asociada a uno de los primeros bloques de bitcóin. Pero ahora disponía de abundantes pruebas.

    A mediados de noviembre, le escribí a Back para solicitar otra entrevista. Esta vez fui directo al grano. Escribí que había llegado a la conclusión de que él era Satoshi y que quería mostrarle todo lo que había descubierto y darle la oportunidad de responder. Incluso me ofrecí a volar a Malta. Una vez más, no respondió.

    Así que decidí abordarló en persona en una conferencia sobre bitcóin en la que tenía previsto hablar en El Salvador dos meses después.

    Aterricé en la cálida San Salvador a finales de enero con un plan. El panel de Back era el segundo día de la conferencia. Entonces me acercaría a él. Pero en la tarde del primer día, me di cuenta de que había subido fotos de él en el escenario de la conferencia en su cuenta de X. Confundido y preocupado por haber perdido mi oportunidad, corrí a la sala de ponentes, pensando que podría encontrarlo allí. Sin embargo, los guardias de seguridad me negaron el acceso, así que me planté cerca de la entrada de la sala y mantuve la mirada fija en la puerta.

    Treinta minutos después, Back salió. Me acerqué a él, me volví a presentar y le expliqué por qué había venido. Él estaba un poco nervioso pero, para mi agradable sorpresa, accedió a reunirse conmigo a la mañana siguiente en el vestíbulo de su hotel, que también era el lugar de la conferencia.

    Cuando llegué a la hora acordada, Back estaba flanqueado por dos ejecutivos de una nueva empresa de tesorería de bitcóin que había cofundado. Me explicó que la empresa estaba a punto de salir a bolsa, lo que le obligaba a ser más cuidadoso en su relación con la prensa.

    Me había perdido por completo esta novedad. Las empresas de tesorería de bitcóin piden dinero prestado y lo utilizan para acumular bitcoines, proporcionando a los inversores una forma más agresiva de apostar por la criptomoneda. Back había puesto en marcha la suya el verano pasado y la estaba fusionando con una empresa fantasma que cotizaba en bolsa creada por Cantor Fitzgerald, la empresa de Wall Street dirigida anteriormente por el secretario de Comercio Howard Lutnick. Como director ejecutivo de la empresa fusionada, Back estaba obligado, en virtud de la ley de valores estadounidense, a revelar cualquier información que fuera relevante para sus inversores. Por ejemplo, una reserva secreta de 1,1 millones de monedas que pudiera hundir el mercado del bitcóin si se vendiera de golpe probablemente se consideraría información pertinente.

    Mientras asimilaba este nuevo giro, los cuatro nos dirigimos a la habitación de Back. Él estaba bronceado y relajado con una camiseta negra y pantalones negros.

    Durante las dos horas siguientes, presenté mis pruebas, una por una. Con su suave acento británico, Back insistió en que él no era Satoshi y lo atribuyó todo a una serie de coincidencias. Pero, a veces, su lenguaje corporal contaba otra historia. Su rostro se enrojecía y se movía incómodo en su asiento cuando se enfrentaba a cosas más difíciles de explicar.

    Por ejemplo, Back no tenía una buena respuesta a por qué desapareció de la lista de Cryptography durante el periodo en que Satoshi estuvo activo, aparte de decir que estaba ocupado con el trabajo. Tampoco tenía una buena respuesta a por qué afirmó en el pódcast Let’s Talk Bitcoin que había participado en el debate de la lista de finales de 2008 provocado por el libro blanco de Satoshi, cuando claramente no lo había hecho. Cuando presioné a Back sobre ambos puntos, se puso a la defensiva.

    “En última instancia, eso no prueba nada. Y te aseguro que en realidad no soy yo”, dijo en tono cortante.

    Cuando saqué a relucir los resultados de nuestros análisis de escritura, Back intentó encontrar una explicación, pero no lo logró.

    “No lo sé”, dijo. “No soy yo, pero entiendo lo que dices de que esto es lo que dijo la IA con los datos. Pero sigo sin ser yo”.

    Back argumentó que era difícil demostrar una negativa. Pero ofreció una prueba de que él no era Satoshi: el hecho de que sabía tan poco de bitcóin cuando se unió al canal de IRC #bitcoin-wizards que pensó erróneamente que una dirección de bitcóin funcionaba como un saldo bancario fluctuante. (Una dirección de bitcóin es más como una cartera física que contiene billetes de dólar; el cambio que recibes de una transacción está formado por monedas digitales totalmente nuevas).

    El problema era que no había rastro de este malentendido en los registros del canal. Cuando se lo señalé a Back, le restó importancia: “Sería divertidísimo si lo hubiera alucinado”. (En un correo electrónico posterior, dijo que podría haber ocurrido en otro canal de IRC que no estaba registrado).

    Back negó ser Satoshi más de media decena de veces, pero me pareció reveladora la manera en que formuló una de esas negativas, después de que le señalara que él había descrito prácticamente todos los aspectos del bitcóin años antes de que se inventara: “Está claro que no soy Satoshi, esa es mi postura”.

    Aquello sonó más como una postura retórica que como una afirmación basada en hechos. Pero Back se corrigió rápidamente y añadió: “Y también es cierto, por si sirve de algo”.

    Back estaba de acuerdo conmigo en algunas cosas. Reconoció que tenía la formación y las habilidades adecuadas para ser Satoshi. Y estuvo de acuerdo en que Satoshi era británico, mayor de 50 años y probablemente miembro de los cypherpunks. También estuvo de acuerdo conmigo sobre la incongruencia que había observado en los correos electrónicos que Satoshi le había enviado: Satoshi tendría que haber sabido lo del b-money si hubiera leído el artículo de Back sobre hashcash, admitió Back.

    Pero negó que los correos electrónicos fueran una treta para desviar las sospechas de sí mismo. Esto podría haber sido más convincente si hubiera accedido a presentar los metadatos de los correos electrónicos, pero siguió ignorando mi petición al respecto.

    Aún tenía algunas cosas con las que quería enfrentar a Back, pero sus ayudantes dijeron que tenía otras reuniones a las que asistir. Bajamos en ascensor hasta el vestíbulo y nos dimos la mano como dos jugadores de ajedrez tras una reñida partida.

    Mientras veía a Back desaparecer entre la multitud de joviales asistentes a la conferencia, algo me molestaba. Por un instante fugaz, pensé que lo había oído descuidarse y decir algo como si fuera Satoshi. Pero no pude recordar qué era.

    Cuando llegué a casa en Nueva York, lo encontré en la grabación que había hecho de la entrevista. Fue cuando le estaba explicando las similitudes entre las cosas que él y Satoshi habían escrito. Saqué a colación una de las citas de Satoshi, pero antes de que pudiera explicarle por qué la mencionaba, Back interrumpió.

    Yo: Hay una cita que mencioné antes, en la que Satoshi dice: “Yo soy mejor con código que con palabras”.Adam Back: Pero sí hablaba mucho para ser alguien que, digo… o sea, no digo que sea bueno con las palabras, pero de verdad que en estas listas no paraba de hablar.

    Para mí, parecía estar diciendo que, para ser una persona que prefería el código a las palabras, sí que había escrito muchas palabras. Eso llevaba implícito el reconocimiento de que había sido él quien había escrito la cita. En otras palabras, por unos segundos, Back había dejado caer la máscara y se había convertido en Satoshi.

    Le envié un correo electrónico para confrontarlo con eso unos días después. Él negó que fuera un desliz. “Solo estaba respondiendo, en tono conversacional, a una observación general sobre cómo las personas técnicas suelen sentirse más cómodas expresando sus ideas en código que en prosa”, escribió.

    Pero yo había sido muy claro: había preguntado por una cita específica de Satoshi, y sospechaba que Back lo sabía.

    Recordé cómo 10 años antes, Satoshi había salido de su escondite para ayudar a Back a ganar la disputa sobre el tamaño de los bloques. Y aquí estaba Satoshi, de nuevo en un hotel de lujo de El Salvador. Solo que esta vez le había servido menos a Back, porque había disipado cualquier duda que pudiera haber quedado en mi mente de que había dado con el hombre correcto.

    Producido por Aliza Aufrichtig, Molly Bedford, Rebecca Lieberman y Renee Melides.

    Créditos fotográficos de los retratos (de izquierda a derecha): Yonhap/EPA, vía Shutterstock, Amir Hamja para The New York Times, Joe Raedle/Getty Images.

    John Carreyrou es periodista de investigación de la sección de negocios de The New York Times.Dylan Freedman es el editor de proyectos de inteligencia artificial del Times, e investiga diversos temas. Tiene experiencia como reportero y como ingeniero de aprendizaje automático.

    Producido por Aliza Aufrichtig, Molly Bedford, Rebecca Lieberman y Renee Melides. Créditos fotográficos de los retratos (de izquierda a derecha): Yonhap/EPA, vía Shutterstock, Amir Hamja para The New York Times, Joe Raedle/Getty Images.

  • Venezuela aprueba una nueva ley para abrir la minería a los inversionistas extranjeros

    Venezuela aprueba una nueva ley para abrir la minería a los inversionistas extranjeros

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    La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó el jueves una nueva ley destinada a modernizar la deteriorada industria minera del país y a atraer a empresas privadas para que exploten las riquezas inexploradas de oro y minerales esenciales de Venezuela.

    Estos cambios radicales, en un país dirigido por un gobierno socialista que durante mucho tiempo ha ejercido el control estatal sobre sus minas, son el más reciente ejemplo del acatamiento del gobierno venezolano con el gobierno de Donald Trump desde que Estados Unidos capturó al mandatario del país, Nicolás Maduro, en enero.

    La Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela de Maduro, aprobó la nueva ley un mes después de que el secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, llevara a decenas de ejecutivos mineros estadounidenses a reunirse con la presidenta en funciones del país, Delcy Rodríguez. Ambos funcionarios prometieron abrir los codiciados yacimientos de Venezuela a la inversión estadounidense.

    La propuesta fue aprobada por unanimidad. La medida pasa ahora a Rodríguez para su aprobación final.

    Venezuela se asienta sobre una fortuna mineral que permanece en gran medida sin explotar. Se cree que el país posee una de las mayores reservas de oro del mundo. También se cree que posee una gran riqueza en tierras raras y vastas reservas de bauxita, hierro, carbón, cobre, níquel y coltán, un mineral negro utilizado en la fabricación de artículos como celulares y satélites.

    Los funcionarios venezolanos y estadounidenses acogieron con satisfacción la nueva legislación, y afirmaron que esta ayudaría a diversificar la dependencia de la economía del petróleo y mejoraría las condiciones para que las empresas extranjeras invirtieran. Es similar a una ley aprobada a finales de enero para reestructurar el sector petrolero.

    Ródriguez les dijo a unos 50 inversores que visitaron la capital, Caracas, el mes pasado que las nuevas leyes sobre petróleo y minería pretendían asegurar a los inversores que “sepan que tienen garantías, que tienen seguridad jurídica, que tienen seguridad política, estabilidad y tranquilidad para que sus inversiones puedan desarrollarse ampliamente”.

    Pero las ambiciones de atraer a los inversores están destinadas a chocar con la peligrosa realidad de las regiones mineras de Venezuela. Bandas atrincheradas, grupos guerrilleros y militares corruptos controlan muchas explotaciones mineras. El dominio se mantiene a menudo con el trabajo forzado de indígenas y sobornos a funcionarios venezolanos, según los expertos.

    La minería ilegal floreció bajo Maduro en el estado suroriental de Bolívar y en amplias zonas de la selva amazónica, donde la minería está prohibida pero ha experimentado un auge ilegal que ha provocado deforestación y contaminación. La mayoría de los yacimientos de Venezuela se encuentran en un extenso territorio selvático conocido como Arco Minero del Orinoco, una zona más grande que Cuba, lo que dificulta su vigilancia.

    Hasta ahora, las autoridades venezolanas no han detallado cómo piensan asegurar las regiones ricas en minerales donde los grupos armados –sobre todo el Ejército de Liberación Nacional, el mayor grupo guerrillero que queda en Colombia– actúan como un gobierno en la sombra.

    “Caracas no es la autoridad de facto en estas regiones mineras”, dijo Bram Ebus, consultor que lleva años investigando la minería ilegal en Venezuela para Amazon Underworld, un proyecto de periodismo de investigación. “Así que pueden redactar una bonita legislación minera, pero cuando vas a estos distritos mineros, hay otras autoridades armadas con las que tienes que tratar”.

    A pesar de las dificultades, la nueva ley pretende formalizar la industria minera de Venezuela, que, según algunos investigadores de mercado, podría generar al menos 8000 millones de dólares de ingresos anuales en 2036.

    Esta es una noticia en desarrollo. Vuelve pronto para la versión completa de esta traducción.

    Isayen Herrera colaboró con la reportería desde Venezuela.

    Luis Ferré-Sadurní es reportero del Times radicado en Bogotá, Colombia.

    Isayen Herrera colaboró con la reportería desde Venezuela.

  • EE. UU. quiere la ayuda de sus aliados para perseguir a la extrema izquierda

    EE. UU. quiere la ayuda de sus aliados para perseguir a la extrema izquierda

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    Cuando altos funcionarios de Occidente se reunieron en Ottawa el mes pasado para debatir las posibles amenazas terroristas ante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, un alto funcionario antiterrorista del Departamento de Estado transmitió un mensaje inesperado.

    Estados Unidos estaba tan preocupado como siempre por el terrorismo islamista, dijo la funcionaria, Monica A. Jacobsen, según una copia de sus comentarios que fue revisada por The New York Times y tres funcionarios al tanto de la reunión. Pero, según les dijo a sus homólogos de Europa, Canadá y Australia, el gobierno de Donald Trump también quería que se prestara más atención a lo que consideraba una amenaza insidiosa y subestimada: la extrema izquierda.

    Los gobiernos occidentales deben combatir “el terrorismo antifa y de extrema izquierda”, afirmaba el discurso de Jacobsen, presentando el esfuerzo como una evolución en la lucha antiterrorista tras la “guerra global contra el terror”. Su discurso definió el terrorismo de extrema izquierda para incluir las amenazas comunistas, marxistas, anarquistas, anticapitalistas y aquellos con “ideologías ecoextremistas” y “otras ideologías antifascistas autoidentificadas”.

    “Es importante reconocer sus acciones como terrorismo político y no como mera protesta o criminalidad”, decían sus comentarios preparados, aunque no estaba claro si los pronunció exactamente como estaban escritos. Como prueba, el discurso señalaba a los manifestantes de izquierda que se habían enfrentado recientemente a la policía en Italia.

    Los llamados de Jacobsen formaban parte de un nuevo y amplio esfuerzo de la Casa Blanca para presionar a los gobiernos extranjeros y a las embajadas en el exterior para que se unan a su lucha contra lo que denomina como terroristas de extrema izquierda. El gobierno de Trump está desplegando su maquinaria antiterrorista global contra movimientos de extrema izquierda como antifa -abreviatura de “antifascista”- a pesar de ofrecer pocas pruebas de que representen una amenaza grave para los ciudadanos estadounidenses.

    Este artículo se basa en documentos internos del Departamento de Estado y en entrevistas con funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, así como con funcionarios de gobiernos extranjeros a los que se les pidió que colaboraran en el esfuerzo, todos los cuales hablaron bajo condición de anonimato para poder discutir cuestiones de seguridad delicadas y sobre reuniones a puerta cerrada.

    Uno de los líderes de la iniciativa es Sebastian Gorka, el principal director antiterrorista del Consejo de Seguridad Nacional del presidente Trump. Él ha presionado para designar a más grupos de extrema izquierda en el extranjero como organizaciones terroristas, presionar a los aliados extranjeros para que investiguen a los grupos y buscar conexiones entre ellos y los estadounidenses.

    En noviembre, el Departamento de Estado dio el primer gran paso en la estrategia al designar a cuatro grupos políticos de izquierda en Europa -dos en Grecia, uno en Alemania y otro en Italia- como organizaciones terroristas. No se tiene constancia de que ninguno de los grupos haya planeado atentados contra estadounidenses en la última década, lo que suele ser un criterio para esa designación.

    Aunque las designaciones suelen imponer restricciones financieras, el gobierno podría intentar utilizarlas con el fin de ampliar sus poderes para vigilar, investigar y perseguir a los activistas de izquierda en suelo estadounidense. El gobierno ya tiene en la mira a muchos activistas de izquierda.

    Gorka ha dicho repetidamente a los funcionarios estadounidenses que “no hay lobos solitarios”, según dos funcionarios que fueron testigos de esos comentarios, al instarles a encontrar vínculos entre extremistas de izquierda en el extranjero y estadounidenses, lo que podría crear una vía legal para investigar a ciudadanos estadounidenses.

    Esa posibilidad ha alarmado a actuales y exfuncionarios estadounidenses, a quienes les preocupa que el gobierno de Trump esté politizando los esfuerzos antiterroristas, con el objetivo último de castigar a los opositores de Trump en casa, potencialmente con cargos de apoyo al terrorismo. La forma inusualmente amplia en que el gobierno ha definido el extremismo de extrema izquierda, advirtieron, podría permitir a los investigadores utilizar conexiones poco sólidas con personas en el extranjero para ir tras estadounidenses que no tienen antecedentes reales de violencia.

    “Están tratando de inventar el antifa como una amenaza internacional para vincularlo a grupos e individuos en Estados Unidos”, dijo Tom Joscelyn, un experto en contraterrorismo que ayudó a redactar el informe del Congreso sobre el atentado del 6 de enero de 2021 en el Capitolio. “Esto sugiere que el gobierno está más avanzado de lo que la gente cree en su intento de manipular los mecanismos antiterroristas de los Estados Unidos para perseguir a sus opositores políticos en casa”.

    Reorientar la lucha antiterrorista

    A las personas consultadas también les preocupa que el gobierno esté canalizando los recursos antiterroristas hacia los extremistas de izquierda justo cuando los servicios de inteligencia muestran un aumento de las amenazas potenciales a los estadounidenses relacionadas con la guerra de Irán. Se produce después de que los equipos del FBI y del Departamento de Justicia encargados de enfrentar esas amenazas se vieran desbordados tras un año de despidos, renuncias y reasignaciones.

    La estrategia refleja un cambio en la lucha antiterrorista estadounidense. El gobierno de Joe Biden identificó a los extremistas de derecha, como los supremacistas blancos, como la principal amenaza. Ahora, el gobierno de Trump ha redirigido en gran medida esos recursos hacia grupos de extrema izquierda como los antifa.

    En la última década, los extremistas de derecha han matado a 112 personas en 152 ataques terroristas en Estados Unidos, según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, una institución de investigación bipartidista. Durante el mismo periodo, los extremistas de izquierda mataron a 13 personas en 35 ataques, según el análisis, mientras que los ataques yihadistas dejaron 82 muertos.

    Christopher A. Wray, el director del FBI nombrado por Trump, declaró ante el Congreso durante el gobierno de Biden que la principal amenaza de terrorismo interno a la que se enfrentaba la nación procedía de “extremistas con motivaciones raciales o étnicas”, en particular los supremacistas blancos. Señaló que los extremistas antigubernamentales tanto de derecha como de izquierda también eran una amenaza significativa.

    El Departamento de Estado dijo en un comunicado que estaba trabajando con socios internacionales para contrarrestar el “terrorismo antifascista”, incluso persiguiendo el financiamiento y los viajes de grupos políticos de izquierda violentos. El Departamento de Estado ha ofrecido una recompensa de 10 millones de dólares por información que ayude a desbaratar las finanzas de esos grupos. El departamento dijo que muchas naciones europeas compartían sus preocupaciones, aunque no nombró a los países.

    Gorka, un incendiario comentarista conservador, ha estado coordinando el nuevo impulso con Thomas G. DiNanno, subsecretario de Estado para el control de armamento y la seguridad internacional.

    En una reunión antiterrorista celebrada en Budapest en diciembre, DiNanno expuso su creencia de que antifa es un grupo terrorista. “Antifa es un falso profeta que abraza la intimidación, la censura y, en última instancia, la violencia. Antifa es fascismo”, dijo. “Hemos aprendido de nuestras luchas de décadas con Al Qaeda y el Estado Islámico que debemos detener las amenazas de este cáncer destructivo antes de que haga metástasis”.

    Felicitó a Hungría por presionar a la Unión Europea para que designe antifa como organización terrorista. Muchos funcionarios del gobierno de Trump ven a Hungría y a Viktor Orbán, su primer ministro, comola piedra angular de un movimiento transnacional de extrema derecha contra los valores liberales. Gorka también tiene raíces familiares en Hungría yvínculos con grupos de extrema derecha de ese país.

    En un mensaje de texto, Gorka dijo que la información de este artículo era “errónea”, pero no respondió a un correo electrónico en el que se exponían las conclusiones. DiNanno no respondió a las solicitudes de comentario. El Departamento de Estado se remitió a sus declaraciones públicas.

    Acción interna

    Las personas designadas por Trump han añadido a los antifa a una lista de objetivos establecida en el Marco de Prioridades de Inteligencia Nacional, un documento clasificado que la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y otras agencias utilizan para determinar dónde centrar sus recursos y su atención, según un actual funcionario estadounidense y otro anterior. Antifa nunca antes había aparecido en la lista, que ha incluido a organizaciones terroristas establecidas como Al Qaeda y el Estado Islámico.

    En septiembre, Trump firmó una orden ejecutiva etiquetando a antifa como una “organización terrorista doméstica”, pese a que no existe tal designación en la ley federal. Y, en realidad, antifa no es una sola organización. Es un amplio movimiento de grupos vagamente afiliados que se identifican con la etiqueta antifascista, y carece de una membresía o jerarquía claras. Puck y Reuters han informado anteriormente sobre algunos de los recientes movimientos del gobierno estadounidense contra antifa.

    Durante meses, Gorka ha dirigido una reunión antiterrorista periódica con decenas de funcionarios de las agencias de seguridad estadounidenses. En esas reuniones, ha presionado para que se preste más atención a los antifa, así como a otros grupos, como los activistas transgénero y los migrantes indocumentados.

    Con frecuencia, los participantes se sentían frustrados porque la atención prestada a los grupos de izquierda distraía de amenazas más urgentes, como las vinculadas a Irán y al Estado Islámico, según dos funcionarios que han asistido a las reuniones de Gorka.

    Con el fin de recabar apoyo, el Departamento de Estado tiene previsto organizar en mayo un taller en La Haya dirigido a funcionarios de las fuerzas del orden de otros países para enseñarles los peligros de los grupos de extrema izquierda y cómo contrarrestarlos, según un documento interno del Departamento de Estado, un funcionario actual y un exfuncionario.

    Entre los invitados previstos figuran funcionarios de Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Hungría, Brasil, México, Argentina, India e Indonesia, según el documento. Hasta ahora, los funcionarios estadounidenses han recibido menos interés del que esperaban, según dijeron los dos funcionarios.

    El Departamento de Estado también está planeando una cumbre sobre el tema en Washington en julio para funcionarios de gobiernos extranjeros.

    Los encuentros propuestos se asemejan a un programa previo conocido como Foro de Aplicación de la Ley Antiterrorista, que reunía a investigadores internacionales en gran medida para discutir la amenaza de los extremistas de derecha, dijo Ian Moss, quien trabajó como funcionario antiterrorista del Departamento de Estado bajo la presidencia de Joe Biden. El gobierno de Trump cerró ese programa, pero ahora parece que intenta revivirlo y redireccionarlo hacia la extrema izquierda, pero sin mucha justificación, dijo.

    El gobierno también ha frenado en gran medida una iniciativa del Departamento de Seguridad Nacional para mapear las redes de grupos de extrema derecha, según un exfuncionario del departamento.

    Al mismo tiempo, el gobierno ha intentado estrechar lazos con los grupos de extrema derecha en el extranjero y reforzar su posición en sus propios países.

    Presionar a los aliados

    En septiembre, días después de firmar su orden ejecutiva sobre antifa, Trump emitió un memorando de seguridad nacional en el que le pedía al gobierno que contrarrestara la violencia impulsada por creencias ideológicas, como el anticapitalismo, el anticristianismo y la hostilidad hacia “los puntos de vista estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad”.

    En noviembre, el Secretario de Estado Marco Rubio señaló preocupaciones similares cuando designó a los cuatro grupos europeos como terroristas. El Departamento de Estado dijo que todos los grupos habían realizado o amenazado con realizar actos violentos, incluida la colocación de bombas en edificios gubernamentales. Sin embargo, los actos que el departamento esbozó en una hoja informativa estaban muy lejos de la violencia ejecutada por organizaciones terroristas establecidas, que a menudo persiguen muertes masivas.

    Al mismo tiempo, los diplomáticos estadounidenses han presionado a los gobiernos en el extranjero, especialmente en Europa, para que investiguen a la extrema izquierda, diciéndoles que había grupos terroristas operando dentro de sus fronteras.

    Los aliados de Estados Unidos se han mostrado inseguros sobre cómo responder.

    Las dos organizaciones griegas recientemente designadas como grupos terroristas se consideran pequeñas y no particularmente activas, según dijo un alto funcionario del gobierno griego. Sin embargo, el funcionario dijo que, para evitar molestar al gobierno de Trump, las autoridades griegas no se opusieron a la designación estadounidense.

    Michalis Chrysochoidis, ministro griego encargado de la lucha antiterrorista, declaró a un medio de comunicación de su país en noviembre que antifa no es un grupo terrorista. “Antifa existe en toda Europa, incluida Grecia”, dijo. “Pero, hasta hoy, han sido activistas. No han participado en ninguna actividad terrorista”.

    Los funcionarios alemanes quedaron igualmente desconcertados cuando el Departamento de Estado designó a un pequeño grupo poco organizado llamado “Antifa Ost” como organización terrorista. En su designación, el departamento señaló que algunos de los miembros del grupo utilizaron martillos para atacar a manifestantes de extrema derecha en Hungría.

    Las autoridades alemanas declinaron calificar al grupo como una organización peligrosa.

    “La amenaza potencial que representa el grupo ha disminuido considerablemente en los últimos tiempos”, según declaró a la prensa en noviembre Sarah Frühauf, portavoz del gobierno. “Los cabecillas y los miembros especialmente violentos del grupo ya han sido condenados o están bajo custodia”.

    Un grupo en Alemania expresó su alegría por la designación: el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, o AfD, que la inteligencia alemana ha etiquetado como grupo “sospechoso de extremismo”. En entrevistas, varios miembros de AfD dijeron que habían presionado al Departamento de Estado para que aplicara la designación terrorista a Antifa Ost, y se jactaron de que la medida de la agencia era una muestra de su influencia.

    Zolan Kanno-Youngs y Julian E. Barnes colaboraron con reportería desde Washington; Michael D. Shear desde Londres y Christopher F. Schuetze desde Berlín.

    Jack Nicas es el jefe de la oficina del Times en Ciudad de México y dirige la cobertura de México, Centroamérica y el Caribe.

    Alan Feuer cubre extremismo y violencia política para el Times, centrándose en los casos penales relacionados con el ataque del 6 de enero al Capitolio y contra el expresidente Donald Trump.

    Matina Stevis-Gridneff ies la jefa del buró del Times en Canadá, donde dirige la cobertura del país.

    Edward Wong cubre los asuntos globales, las políticas internacionales estadounidenses y el Departamento de Estado para el Times.

    Jim Tankersley es el jefe de la oficina de Berlín del Times, y dirige la cobertura de Alemania, Austria y Suiza.

    Zolan Kanno-Youngs y Julian E. Barnes colaboraron con reportería desde Washington; Michael D. Shear desde Londres y Christopher F. Schuetze desde Berlín.

  • Melania Trump afirma que los rumores que la vinculan con Jeffrey Epstein “deben terminar hoy mismo”

    Melania Trump afirma que los rumores que la vinculan con Jeffrey Epstein “deben terminar hoy mismo”

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    La primera dama de EE.UU., Melania Trump, negó haber tenido vínculos con Jeffrey Epstein, el fallecido financista acusado de abusos sexuales a menores.

    La esposa del presidente estadounidense declaró ante los periodistas en la Casa Blanca este jueves que cualquier afirmación que los relacione “debe terminar hoy”.

    En un anuncio sorpresivo, la primera dama pidió que se celebren audiencias en el Congreso para las sobrevivientes de la red de tráfico sexual de Epstein.

    También desmintió los rumores de que Epstein le presentó a Donald Trump. Calificó estas afirmaciones como “intentos malintencionados de difamar mi reputación”.

    No está claro qué motivó este anuncio.

    Su oficina no dio indicios previos de que haría una declaración sobre Epstein. La Casa Blanca tampoco compartió el tema con antelación al incluir sus comentarios en la agenda diaria.

    Melania Trump aseguró que no fue víctima de Epstein. Señaló que solo “se cruzó” con él brevemente en el año 2000.

    “Nunca tuve conocimiento de los abusos de Epstein a sus víctimas”, afirmó. “Nunca estuve involucrada de ninguna manera. No fui partícipe”.

    Además, negó conocer a Ghislaine Maxwell, la socia encarcelada del financiero caído en desgracia.

    De izquierda a derecha: el empresario inmobiliario estadounidense Donald Trump y su novia (y futura esposa), la exmodelo Melania Knauss; el financiero (y futuro delincuente sexual convicto) Jeffrey Epstein, y la socialité británica Ghislaine Maxwell posan juntos en el club Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, el 12 de febrero de 2000.

    Getty Images
    De izquierda a derecha: el empresario inmobiliario estadounidense Donald Trump y su novia (y futura esposa), la exmodelo Melania Knauss; el financiero (y futuro delincuente sexual convicto) Jeffrey Epstein, y la socialité británica Ghislaine Maxwell posan juntos en el club Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, el 12 de febrero de 2000.

    La defensa ante el correo filtrado y su llamado al Congreso

    La primera dama se refirió a un correo electrónico del año 2002 entre ella y Maxwell, el cual fue publicado en los archivos del caso Epstein. Lo describió como nada más que una “correspondencia casual” y una “respuesta educada”.

    Un correo que parece ser al que hizo referencia, dirigido a una “G” (quien se presume es Ghislaine Maxwell), incluye un cumplido sobre una fotografía de “JE” publicada en la revista New York Magazine. En el mensaje, ella dice que “no puede esperar” para ir a Palm Beach.

    El artículo de New York Magazine incluía citas del ahora presidente Donald Trump, en las que llamaba a Epstein un “tipo estupendo” y decía que “es muy divertido estar con él”.

    “Incluso se dice que le gustan las mujeres hermosas tanto como a mí, y muchas de ellas más jóvenes”, dijo Trump, según la publicación. “No hay duda de ello: Jeffrey disfruta de su vida social”.

    Melania Trump pidió a los legisladores que “den a estas víctimas la oportunidad de testificar bajo juramento frente al Congreso con el poder de una declaración jurada”.

    “Todas y cada una de las mujeres deberían tener su día para contar su historia en público si así lo desean, y luego su testimonio debería quedar registrado permanentemente en las actas del Congreso”, expresó. “Entonces, y solo entonces, tendremos la verdad”.

    En un comunicado publicado poco después de su intervención, el representante demócrata por California Robert Garcia afirmó que están “de acuerdo con la petición de Melania Trump de celebrar una audiencia pública”. Garcia es el demócrata de mayor rango en la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes.

    “Alentamos al presidente Comer a que responda a la solicitud de la primera dama y programe una audiencia pública de inmediato”, añadió Garcia. Se refería a James Comer, quien encabeza dicha comisión.

    Es probable que la declaración de la primera dama reavive el intenso debate público sobre el manejo de la investigación del Departamento de Justicia en torno a Epstein y la posterior publicación de sus archivos.

    Aunque Donald Trump ha reconocido que conoció a Epstein durante un tiempo, posteriormente afirmó que lo expulsó de su club Mar-a-Lago en Palm Beach por ser un individuo “repugnante”.

    El mandatario aparece mencionado en numerosas ocasiones en los archivos de Epstein. Sin embargo, no hay indicios de que haya cometido ningún delito.

    Un aparente intercambio de correos electrónicos entre Melania Trump y Ghislaine Maxwell.

    Reuters
    La primera dama se refirió a un correo electrónico del año 2002 entre ella y Maxwell, el cual fue publicado en los archivos del caso Epstein.
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    BBC

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  • El regreso podría ser la parte más peligrosa de la misión Artemis II

    El regreso podría ser la parte más peligrosa de la misión Artemis II

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    Tras un exitoso vuelo alrededor de la Luna, los astronautas confían en que un escudo térmico imperfecto los protegerá cuando vuelvan a entrar en la atmósfera terrestre.

    La NASA concuerda: el escudo térmico de la misión Artemis II no es perfecto.

    El escudo térmico es la capa crítica de la parte inferior de una nave espacial que la protege –y a los astronautas que se encuentran en su interior– de las temperaturas abrasadoras al volver a entrar en la atmósfera terrestre. Si el escudo falla, la estructura metálica subyacente podría fundirse, romperse y desintegrarse.

    Y no hay ningún plan de contingencia, ni forma de que los astronautas puedan escapar.

    Sin embargo, los funcionarios de la NASA confían en que, a pesar de las imperfecciones conocidas del escudo térmico, los cuatro astronautas de la misión Artemis II seguirán vivos y cómodos cuando lleguen a la Tierra el viernes por la noche a una velocidad de más de 38.000 kilómetros por hora, con lo que concluiría un viaje de 10 días a la Luna y de regreso.

    Los exhaustivos análisis y pruebas del material del escudo térmico “nos hicieron sentir cómodos de que podemos emprender esta misión con mucho margen de sobra”, dijo Jared Isaacman, administrador de la NASA, en una entrevista en enero.

    Sin embargo, Charlie Camarda, antiguo astronauta de la NASA y experto en escudos térmicos, afirma que la NASA nunca debería haber lanzado la misión Artemis II. La agencia no comprende lo suficientemente bien las posibilidades de que falle el escudo térmico, dice, y la misión, un éxito hasta ahora, podría acabar con la muerte de los astronautas.

    “Voy a rezar para que no ocurra nada”, dijo durante una entrevista unos días antes del lanzamiento de la misión Artemis II.

    Su corazonada es que hay un 95 por ciento de posibilidades de que los astronautas regresen sanos y salvos. Pero eso significaría una probabilidad de 1 entre 20 de que ocurra un desastre.

    En comparación, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo calcula que la probabilidad aproximada de morir en un accidente de avión comercial es de 1 entre 9 millones.

    El meollo del desacuerdo reside en cuánta certeza se necesita cuando es imposible una respuesta definitiva y perfecta.

    Durante Artemis I, un vuelo sin astronautas que rodeó la Luna en 2022, la cápsula, conocida como Orión, sobrevivió a la reentrada. Si hubiera habido astronautas a bordo, no habrían notado nada raro.

    Pero cuando sacaron la cápsula del océano, el escudo térmico –del mismo diseño que el de la nave de Artemis II– estaba inesperadamente agujereado y le faltaban trozos de tamaño considerable.

    A esto le siguieron un par de años de investigaciones. Los funcionarios de la NASA dijeron que su análisis se enfocó en lo que podría ocurrir en el peor de los casos. Esos resultados, junto con los cambios en la trayectoria de reentrada para el regreso de los astronautas a la Tierra durante la misión Artemis II, proporcionan un margen de seguridad significativo, según han dicho.

    La tripulación de Artemis II es consciente de los riesgos del vuelo y de cómo los ha abordado la NASA. “De hecho, hemos estado presentes en cada paso de la construcción de la nave espacial”, dijo en septiembre del año pasado Reid Wiseman, comandante de la misión.

    Camarda replicó que la NASA aún no comprende la física básica de lo que ocurrió durante la misión Artemis I y, por tanto, no puede decir realmente cuál podría ser el peor escenario posible.

    Los funcionarios de la NASA han restado importancia a las preocupaciones sobre el escudo térmico.

    Durante una conferencia de prensa en enero de 2024, Amit Kshatriya, actual administrador asociado de la NASA, dijo que el escudo térmico de Artemis I había experimentado “fenómenos inesperados que debemos asegurarnos de comprender a la perfección”. Pero, dijo, proporcionó “un rendimiento muy bueno desde el punto de vista de la protección térmica”.

    Las fotografías del escudo térmico de Artemis I permanecieron fuera de la vista del público hasta que aparecieron en un informe de la oficina del inspector general de la agencia, un organismo de control independiente, en mayo de 2024.

    El escudo térmico está hecho de un material llamado Avcoat, similar al que se utilizó durante el programa Apolo hace más de 50 años. Por su diseño, a medida que absorbe el calor de la reentrada, se carboniza y se quema gradualmente, impidiendo que el calor llegue al resto de la cápsula.

    En la investigación del escudo térmico de Artemis I, los ingenieros llegaron a la conclusión de que en el interior de algunas partes del escudo térmico se acumulaban gases y la presión creaba grietas, lo que hacía que trozos de Avcoat se desprendieran repentinamente en lugar de arder de forma lenta y constante.

    Para futuras misiones, se modificó la fórmula del Avcoat para hacerlo más poroso y permitir la salida de los gases atrapados en su interior.

    Eso dejó el enigma de qué hacer con Artemis II.

    Para esta misión, el escudo térmico, que utiliza la fórmula original, ya estaba acabado y fijado a la cápsula Orión. Sustituir el escudo o la cápsula entera habría retrasado el lanzamiento.

    En su lugar, los ingenieros de la NASA llegaron a la conclusión de que una trayectoria de reentrada más pronunciada y corta minimizaría el tiempo durante el cual el vehículo experimentaría altas temperaturas, y eso ayudaría a mantener a salvo a los astronautas.

    Dan Rasky, un ingeniero de escudos térmicos que se jubiló de la NASA en diciembre, comparte la objeción de Camarda a esta decisión.

    “Permíteme que te haga una analogía”, dijo. “Si vas conduciendo por la autopista y empiezan a desprenderse trozos de uno de tus neumáticos, ¿sigues conduciendo y esperas que no pase nada? ¿O te detienes y cambias el neumático porque te preocupa que se reviente?”.

    La decisión de lanzar la misión Artemis II tal como está, sin cambiar el escudo térmico, “no fue prudente”, dijo. “De hecho, es temeraria”.

    Si el escudo térmico de Artemis II funciona tan bien como el que se utilizó en Artemis I, los astronautas amerizarán en el Pacífico sin problemas.

    Pero la situación suscita ecos incómodos de dos de los peores días de la NASA: el 28 de enero de 1986, cuando el transbordador espacial Challenger se partió 73 segundos después del lanzamiento, y el 1 de febrero de 2003, cuando el transbordador Columbia se desintegró al regresar de la órbita.

    Tanto en el caso del Challenger como en el del Columbia, se habían producido señales de advertencia durante vuelos anteriores de los transbordadores. Pero los administradores se tranquilizaron erróneamente por el hecho de que las misiones anteriores habían continuado sin contratiempos, en lugar de actuar con urgencia para solucionar los problemas que más tarde provocaron la muerte de los astronautas del Challenger y el Columbia.

    Ahora, la pregunta clave para la misión Artemis II y su escudo térmico imperfecto: ¿podrían formarse grietas y propagarse a un ritmo catastrófico?

    Calcular con precisión esta posibilidad es extraordinariamente difícil.

    Simular el flujo hipersónico de las moléculas de aire alrededor de la parte inferior de una cápsula espacial pone a prueba a la más veloz de las computadoras. En el caso de los escudos térmicos, también hay que tener en cuenta otros fenómenos complejos: el flujo de calor creado por la compresión de las moléculas de aire y el difícil proceso de predecir cómo se forman y propagan las grietas en Avcoat, que a veces es repentino.

    “Lo que yo haría es tomarme un tiempo para dar un paso atrás”, dijo Camarda. “Formaría un equipo para desarrollar una verdadera capacidad de análisis”, que incorporara toda la física subyacente.

    Eso no es lo que ha hecho la NASA, dijo Danny Olivas, otro exastronauta de la NASA y científico experto en las propiedades de los materiales.

    “Charlie tiene razón al cien por ciento”, dijo Olivas. “No tenemos un modelo basado en la física para esto. Es impracticable y casi imposible por la forma en que se comporta este material”.

    Pero a Olivas, quien dijo que al principio había tenido dudas sobre el lanzamiento de Artemis II con una imperfección conocida, el análisis que realizó la NASA terminó tranquilizándolo.

    A diferencia de Camarda, Olivas fue contratado por la NASA para realizar una revisión técnica independiente de la investigación de la agencia espacial, y recomendó la creación de un grupo más amplio de expertos externos, cosa que hizo la agencia.

    Olivas dijo que las simulaciones de la NASA suponían que si la temperatura aumentaba hasta un determinado nivel en el interior de uno de los bloques de Avcoat, este se agrietaría, y que si se agrietaba, una capa de Avcoat se desprendería de todo el bloque. Esto crearía una cavidad en la que se aceleraría el calentamiento y se desprendería otra capa.

    Incluso con estas suposiciones, que Olivas calificó de “conservadoras”, las reiteradas simulaciones en las que se examinaron diversas variaciones de reentrada demostraron que sobreviviría una parte suficiente del escudo térmico, y también la cápsula.

    Un análisis adicional examinó qué ocurriría si se desprendiera un bloque entero de Avcoat. Llegó a la conclusión de que una estructura bajo el escudo térmico hecha de fibra de carbono y titanio mantendría intacta la cabina de la tripulación durante la reentrada.

    Dijo que los ingenieros de la NASA se mostraron cooperativos.

    “Lo que te diré es que cada vez que hablaba con alguien, tenía al Columbia en mente”, dijo. “Estaban agradecidos de que los presionara. Agradecían que dudara de ellos. Agradecían que los obligara a demostrarlo”.

    Dijo que también había intentado ponerse a disposición de cualquier disidente que pudiera haberse sentido temeroso por la dirección de la NASA para plantear sus preocupaciones, y que no había tenido noticias de ninguno.

    Eso era muy diferente de la cultura que encontró tras la pérdida del Columbia, dijo Olivas.

    En enero, Isaacman invitó a Olivas y a Camarda a un día de presentaciones técnicas en las que los ingenieros de la NASA explicaron sus razones para utilizar el escudo térmico con imperfecciones.

    Camarda no estaba convencido. “Definitivamente, la NASA no dispone de datos que demuestren que es seguro”, dijo. “Me di cuenta de que estaban utilizando el mismo pensamiento con puntos flacos y las mismas herramientas de análisis burdas, similares a las del Columbia, similares a las del Challenger”.

    Para Olivas, sin embargo, aquella reunión aclaró algunas preocupaciones que le quedaban, y envió un mensaje de texto a Wiseman, en el que le dijo que confiaba en que la NASA había hecho un buen trabajo mitigando el riesgo para la tripulación de la misión Artemis II.

    “No se los habría dicho, por respeto a ellos o a la familia, si no lo sintiera así”, dijo Olivas. “Nunca lo habría aprobado por el bien de la NASA”.

    Kenneth Chang, periodista de ciencia del Times, cubre la NASA y el sistema solar, así como la investigación más cercana a la Tierra.

  • ¿Consiguió EE.UU. sus objetivos con la guerra en Irán?

    ¿Consiguió EE.UU. sus objetivos con la guerra en Irán?

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    El secretario de guerra de Trump, Pete Hegseth.

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    El secretario de guerra de Trump, Pete Hegseth.

    Mientras Estados Unidos e Israel lanzaban ataques contra Irán las últimas semanas, en el corazón del poder militar estadounidense se libraba la batalla por la narrativa sobre el desarrollo de la guerra.

    Desde la primera semana he asistido en el Pentágono a las ruedas de prensa del secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, excomandante de la Guardia Nacional del Ejército y comentarista de Fox News.

    Desde la primera actualización a los periodistas -el momento en el que expuso los objetivos bélicos de Estados Unidos- hasta la más reciente -la que siguió al anuncio de una tregua de dos semanas- el hombre que dirige el ejército más poderoso del mundo ha trasladado su estilo televisivo ante las cámaras al podio del Pentágono.

    Las ruedas de prensa han sido eventos de marcado tono triunfalista, en los que Hegseth se ha deleitado en exaltar la supremacía militar estadounidense.

    El miércoles afirmó que Estados Unidos logró “una victoria militar con mayúsculas” y en otra sesión informativa, declaró que sembró “muerte y destrucción desde el cielo durante todo el día”.

    Sin embargo, llegar a la verdad sobre el desarrollo de la guerra -y el precio que por ella ha pagado Estados Unidos- requiere un escrutinio mucho más profundo.

    De este modo, con un frágil alto el fuego en vigor que ya se está tambaleando, ¿qué podemos afirmar que ha logrado Estados Unidos y a qué costo?

    Imagen de Teherán bombardeada el pasado 6 de abril.

    Getty Images
    Imagen de Teherán bombardeada el pasado 6 de abril.

    Escasos avances en el tema nuclear

    El objetivo bélico fundamental del presidente Trump consistía en impedir que Irán desarrollara la capacidad de fabricar un arma nuclear, algo que Irán asegura que nunca tuvo intención de hacer.

    No obstante, este había sido también un objetivo perseguido durante años por la diplomacia que lidera Estados Unidos.

    En última instancia, Trump consideró que el acuerdo nuclear global con Irán negociado por el expresidente Barack Obama en 2015 y conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (Jcpoa, por sus siglas en inglés) era demasiado endeble.

    Durante su primer mandato, Trump incumplió el acuerdo, consumando de hecho la retirada de Estados Unidos al reimponer las sanciones a Irán, país que hasta entonces había cumplido con lo estipulado.

    Aquella decisión supuso anteponer la fuerza a la diplomacia (posteriormente ordenó la muerte del general Qasem Soleimani, oficial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) sentando un precedente en su relación con Teherán, caracterizada por el constante vaivén entre los acercamientos diplomáticos y la acción militar.

    Ha sido precisamente esa pauta la que ha desembocado en la guerra actual.

    Sin embargo, mientras se mantiene vigente este frágil alto el fuego, apenas existen indicios de que Trump haya obtenido algún resultado tangible en lo que respecta a la cuestión nuclear.

    Una imagen satelital de Vantor muestra la instalación nuclear de Natanz y el complejo de túneles subterráneos adyacente, situados en la zona montañosa del monte Pickaxe.

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    Una imagen satelital de Vantor muestra la instalación nuclear de Natanz y el complejo de túneles subterráneos adyacente, situados en la zona montañosa del monte Pickaxe.

    En junio de 2025, Trump afirmó que las capacidades atómicas de Irán ya habían sido “aniquiladas” en sus ataques a las instalaciones nucleares de Isfahán, Fordow y Natanz.

    Tras otras cinco semanas de guerra, Irán sigue conservando su reserva de uranio enriquecido casi apto para uso armamentístico, supuestamente en cilindros de gas bajo los escombros.

    En la tercera semana de la guerra, Rafael Grossi, director del organismo mundial de vigilancia nuclear (OIEA), me comentó que, en última instancia, no podría haber una solución militar a las ambiciones nucleares de Irán.

    Trump ha declarado que Estados Unidos trabajará ahora “con Irán” para “desenterrar y retirar” todo el “polvo nuclear” que se encuentra profundamente sepultado.

    Sin embargo, Teherán se mantiene desafiante en este asunto, que resultará decisivo en las inminentes negociaciones entre Estados Unidos e Irán que tendrán lugar en Islamabad.

    Cabe argumentar que Teherán -ahora bajo el mando de una cúpula aún más suspicaz- podría mostrarse más, y no menos, decidido a desarrollar capacidad nuclear para disuadir un nuevo ataque estadounidense.

    Cómo está el arsenal iraní

    Cuando Trump anunció la guerra en un video difundido en redes sociales desde su residencia de Mar-a-Lago, sus objetivos declarados incluían el cambio de régimen, instando a los iraníes a tomar el control de su gobierno una vez que cesaran los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel.

    A los pocos días exigió la “rendición incondicional” del régimen, algo que no ha llegado a ocurrir.

    Aunque Israel ha abatido -entre otras figuras principales- al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, su hijo Mojtaba ha sido designado como su sucesor.

    Trump ha afirmado que la nueva cúpula dirigente es menos “radicalizada” y “mucho más inteligente” que su predecesora.

    Confiaba en replicar el resultado de su intervención en Venezuela, donde sus fuerzas capturaron al presidente Nicolás Maduro y lo recluyeron en una celda de una prisión de Nueva York, dejando a la cúpula restante en Caracas sumisa a la voluntad de Washington.

    No obstante, hasta la fecha no existen pruebas de que tal escenario se esté materializando en Teherán.

    En lo que respecta al arsenal iraní, los altos funcionarios de Trump sostienen que Estados Unidos ha destruido sus capacidades convencionales, logrando “aniquilar” sus misiles, lanzadores, drones, fábricas de armamento y su armada.

    En el caso de las reservas de misiles y drones, esta afirmación ha sido cuestionada a raíz de la filtración de informes de inteligencia que sugieren que, en realidad, Irán conserva aproximadamente la mitad de su arsenal previo a la guerra.

    La BBC no ha podido verificar ninguna de ambas afirmaciones.

    De cualquier modo, los objetivos declarados de la administración Trump han variado desde el inicio de esta guerra debido a que el objetivo estadounidense-israelí de un cambio de régimen no ha logrado materializarse.

    El costo de la guerra

    Trece militares estadounidenses han muerto y cientos más han resultado heridos.

    Se cree que las reservas de municiones se han consumido a un ritmo acelerado -incluyendo un gran número de misiles Tomahawk- y se estima que el coste del conflicto supera los US$1.000 millones diarios.

    Mientras tanto, funcionarios estadounidenses afirman que su destreza militar y dominio tecnológico le han permitido completar, antes de lo previsto, una campaña aérea que ha forzado la capitulación de Irán.

    En el ámbito interno, la guerra ha tenido un costo político para Trump.

    Las encuestas sugieren sistemáticamente que solo una minoría de los estadounidenses aprueba el conflicto.

    En el Congreso la posición de Trump ha creado división, en gran medida de forma partidista, con los republicanos brindándole su respaldo.

    Sin embargo, a principios de esta semana algunos comenzaron a oponerse abiertamente a su amenaza -lanzada a través de las redes sociales- de destruir toda una civilización.

    Miembros de un equipo de transporte del Ejército de los Estados Unidos trasladan un féretro cubierto con una bandera, que contiene los restos de la Sargento de Primera Clase Nicole M. Amor, durante una transferencia digna en la Base de la Fuerza Aérea de Dover, en Dover, Delaware. Al fondo, el presidente Donald Trump —vestido con un traje azul oscuro, corbata roja y una gorra de béisbol blanca con las siglas USA— realiza el saludo militar. A su lado se encuentra la Primera Dama, Melania Trump.

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    El presidente Trump rindió homenaje a seis miembros del Ejército de los Estados Unidos caídos en la guerra.

    A lo largo de la guerra, figuras influyentes de su movimiento MAGA -como el periodista y presentador de pódcast Tucker Carlson- han marcado una clara distancia con él.

    El domingo, mientras Trump intensificaba sus amenazas de destruir la infraestructura iraní, Marjorie Taylor Greene -quien fuera una de sus mayores defensoras, pero que desde entonces ha roto con él- declaró: “Esto no es ‘hacer a Estados Unidos grande de nuevo’; esto es maldad”.

    Estas fracturas no muestran signos de poder resolverse pronto dentro del movimiento de Trump.

    Los demócratas, por su parte, se mostraron igualmente indignados ante las amenazas cada vez más desmedidas de Trump, así como sus insultos a los aliados de Estados Unidos.

    Instaron a la administración a responder a las preguntas sobre si un misil estadounidense estuvo detrás del ataque a una escuela en la ciudad de Minab durante el primer día de la guerra, un incidente que se cobró la vida de al menos 168 personas, entre ellas 110 menores.

    De confirmarse, sería uno de los peores casos de bajas civiles provocadas por un ataque estadounidense en Medio Oriente en toda una generación.

    Pregunté sobre esto tanto a Hegseth como al secretario de Estado, Marco Rubio. El Pentágono ha declarado que está investigando el suceso pero, casi seis semanas después, aún no ha hecho públicos sus hallazgos.

    Monumento en memoria de las niñas de la escuela en Teherán

    Getty Images
    Irán señala a EE.UU. como responsable del mortal ataque a la escuela.

    Esta misma semana varios legisladores han instado a su gabinete a invocar la 25ª Enmienda para despojar de sus poderes al presidente en ejercicio.

    La administración sostiene que las amenazas de Trump obligaron a Irán a dar marcha atrás y su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, declaró: “Nunca subestimen la capacidad del presidente Trump para promover con éxito los intereses de Estados Unidos y negociar la paz”.

    Un veredicto más claro al respecto quizá llegue en noviembre con el voto en las urnas de los propios estadounidenses en las elecciones legislativas de medio mandato.

    Las repercusiones económicas globales del cierre del estrecho de Ormuz ya han provocado un aumento en los precios de la gasolina y el diésel para los ciudadanos del país norteamericano.

    Se prevé que esto se traduzca en un “impacto por los altos precios” en los supermercados; de hecho, ya se anticipa que el malestar por la inflación haga que las elecciones de este año resulten incómodas para el partido de Trump.

    La situación podría empeorar aún más debido a la guerra, lo que podría costar a los republicanos el control de la Cámara de Representantes y, posiblemente, también el del Senado.

    Para el Partido Republicano, sería un precio muy alto a pagar.

    Trump tuvo que responder a la inminente crisis económica, mientras Irán empleaba tácticas de insurgencia para contrarrestar una guerra aérea convencional.

    Al final, el objetivo bélico del presidente estadounidense terminó reduciéndose a la necesidad de reabrir un estrecho que ya estaba abierto cuando él inició el conflicto.

    El desafío a los aliados

    Mientras Irán tomaba el control del estrecho de Ormuz, Trump cambió de postura repetidamente respecto a cómo debía responderse.

    Pasó de exigir a los aliados que ayudaran a reabrir el estrecho a afirmar que Estados Unidos no necesitaba su ayuda; luego volvió a pedirles colaboración y, finalmente, tildó de “cobardes” a sus socios históricos por no hacerlo.

    La cohesión de la OTAN -ya de por sí debilitada y aún más erosionada por las intenciones de Trump sobre Groenlandia- se ha tambaleado de nuevo con la guerra en Irán.

    Trump ha renovado sus ataques contra la alianza, que evitó involucrarse formalmente en el conflicto.

    Tras mantener conversaciones en la Casa Blanca, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, declaró que el diálogo había sido “muy franco”.

    Es posible que Trump crea que la abrumadora superioridad militar estadounidense garantizará el papel de Estados Unidos como superpotencia a largo plazo.

    Sin embargo, las naciones europeas ya están buscando formas de “reducir riesgos” y distanciarse de lo que perciben, a estas alturas, como un protector impredecible y poco fiable.

    Esto representa una posible ventaja económica y estratégica para China y ha provocado consternación entre los críticos de Trump en Washington.

    El verdadero costo de esta guerra aún está por determinar y, si este alto el fuego o las frágiles negociaciones en curso fracasan, dicho coste podría llegar a ser muy elevado.

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    BBC

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  • Qué está pasando con el acuerdo alcanzado por EE.UU. e Irán para un cese el fuego (y por qué se está poniendo en duda)

    Qué está pasando con el acuerdo alcanzado por EE.UU. e Irán para un cese el fuego (y por qué se está poniendo en duda)

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    Teherán

    Getty Images

    Irán y Estados Unidos anunciaron en la noche del martes un acuerdo de alto el fuego condicional de dos semanas, durante las cuales se permitiría el libre tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz.

    El presidente Donald Trump dijo que aceptaba “suspender los bombardeos y ataques contra Irán” y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, confirmó que Irán reabriría el estrecho.

    Por su parte, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif —que ha fungido como mediador— informó que el alto el fuego entraba en vigencia de forma inmediata.

    Sin embargo, en las 24 horas siguientes al anuncio, la tregua ha empezado a tambalearse, entre otras cosas por un desacuerdo en torno a si esta incluye o no a Líbano.

    Y es que este miércoles el ejército de Israel llevó a cabo una oleada de ataques aéreos en todo el territorio libanés, dejando centenas de muertos, hospitales desbordados y personas desaparecidas bajo los escombros de los edificios derrumbados.

    En concreto, el Ministerio de Salud del Líbano afirma que al menos 203 personas han muerto y más de 1.000 han resultado heridas. Por su parte, Defensa Civil cifró el número de fallecidos en 254 y el de heridos en 1.100.

    En las últimas seis semanas, unas 1.500 personas han muerto en Líbano, entre ellas 130 niños, y más de un millón han sido desplazadas.

    Las autoridades iraníes acusaron a EE.UU. de “violar abierta y claramente” varias de las cláusulas acordadas, incluyendo el alto el fuego en Líbano, y señalaron que “en tal situación, un alto el fuego bilateral o unas negociaciones resultan irrazonables”.

    En declaraciones a Today, programa de la BBC, el viceministro de Asuntos Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh, dijo que “no se puede pedir un alto el fuego, aceptar términos y condiciones, aceptar todas las zonas donde se aplica, mencionar específicamente a Líbano, y que luego tu aliado inicie una masacre”.

    Khatibzadeh afirma que los ataques israelíes equivalen a una especie de genocidio. Israel insiste en que ataca al grupo militante Hezbolá, que a su vez lanza cohetes contra Israel.

    El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, junto al presidente de EE.UU., Donald Trump, en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos en 2026.

    Anadolu vía Getty Images
    El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, ha fungido como mediador entre EE.UU. e Irán.

    La Guardia Revolucionaria iraní expresó, por su parte, que “si las agresiones contra el querido Líbano no cesan de inmediato, cumpliremos con nuestro deber y daremos una respuesta que inducirá al arrepentimiento a los agresores malintencionados en la región”.

    Al anunciar el acuerdo en la noche del martes, Shehbaz Sharif señaló que este incluía a Líbano, en línea con lo que considera Irán.

    Israel y EE.UU. lo niegan.

    El vicepresidente J.D. Vance afirmó que EE.UU. nunca prometió incluir a Líbano en el acuerdo, pero trató de restarle importancia al asunto, diciendo que es un “desacuerdo razonable” y que “los altos el fuego siempre son caóticos” y nunca se desarrollan sin cierta “turbulencia”.

    Israel está llevando a cabo una campaña militar en Líbano contra el grupo islamista Hezbolá, apoyado por Irán, desde hace más de un mes.

    Mujeres iraníes ondean banderas nacionales mientras la gente se reúne en la Plaza de la Revolución de Teherán después de que Estados Unidos e Irán acordaran un alto el fuego de dos semanas.

    ATTA KENARE / AFP via Getty Images
    Mujeres iraníes ondean banderas nacionales en Teherán después de que Estados Unidos e Irán acordaran un alto el fuego de dos semanas.

    Entre tanto, la reapertura del estrecho de Ormuz también quedó en entredicho.

    El ministro iraní Abbas Araghchi había señalado el martes que “por un periodo de dos semanas será posible el paso seguro a través del estrecho”.

    Pero BBC Verify pudo confirmar que este miércoles las fuerzas iraníes les comunicaron a los buques que se encuentran en el Golfo Pérsico que el paso sigue cerrado.

    “Cualquier embarcación que intente salir al mar será atacada y destruida”, decía un comunicado de la Guardia Revolucionaria, dado a conocer por los medios estatales iraníes.

    El vicepresidente Vance contradijo esa versión señalando que había indicios de que el estrecho había comenzado a reabrirse.

    Los controvertidos “10 puntos”

    El mensaje del primer ministro pakistaní que anunció el alto el fuego llegó apenas 10 minutos antes de que se cumpliera el plazo máximo para llegar a un acuerdo que había establecido Trump (las 8:00pm hora del este de EE.UU. del martes).

    EE.UU. había amenazado con una enorme destrucción de la infraestructura civil en Irán, incluyendo puentes y centrales eléctricas, si no se llegaba a un acuerdo.

    Trump advirtió que podía eliminar a Irán “en una sola noche” y que “toda una civilización morirá, para no volver jamás”, declaraciones que provocaron la condena de líderes mundiales, como el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y el papa León XIV.

    En la tarde del martes, cuando se acercaba el límite, el primer ministro pakistaní puso sobre la mesa la propuesta de un acuerdo de cese el fuego de dos semanas para “permitir que la diplomacia siga su curso”, la cual terminó siendo aceptada por ambas partes.

    Al anunciar el acuerdo, el presidente Trump señaló que había recibido “una propuesta de 10 puntos por parte de Irán”, que consideró “una base viable sobre la cual negociar”.

    Desde entonces, se han dado a conocer diferentes versiones sobre qué incluyen los 10 puntos.

    Los medios estatales iraníes publicaron una primera que incluía, entre otras cosas, el cese total de la guerra en Irán, Irak, Líbano y Yemen; un “compromiso pleno” de levantar las sanciones contra Irán; la liberación de los fondos iraníes y los activos congelados en poder de Estados Unidos; y el “pago íntegro de una indemnización por los costes de reconstrucción”.

    Luego, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní señaló que el acuerdo también contemplaba que Irán mantenga el control del estrecho de Ormuz y pueda continuar enriqueciendo uranio.

    Los autoridades estadounidenses han negado que algunos de esos puntos, como el alto el fuego en Líbano o el permiso para enriquecer uranio, hagan parte del acuerdo.

    “Solo hay un grupo de ‘PUNTOS’ significativos que son aceptables para Estados Unidos”, señaló Trump.

    El vicepresidente JD Vance dijo que, de las distintas versiones del plan de 10 puntos, una era “basura” y otra “razonable”.

    A través de su red social Truth Social, Trump ofreció algunos detalles sobre lo que para él es la base del acuerdo.

    “No habrá enriquecimiento de uranio, y Estados Unidos, trabajando junto con Irán, desenterrará y retirará todo el “polvo” nuclear profundamente enterrado”, señaló.

    Y agregó: “Estamos, y estaremos, dialogando con Irán sobre el alivio de aranceles y sanciones”.

    Hombres en Teherán con símbolos de la República Islámica levantan los brazos en signo de victoria.

    BBC
    La gente en Teherán salió a las calles a celebrar el alto el fuego de dos semanas.

    “Van a ser dos semanas muy difíciles”

    Según la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, los diálogos entre EE.UU. e Irán comenzarán en Islamabad el sábado.

    El equipo negociador estadounidense estará conformado por el vicepresidente J.D. Vance; el enviado especial de EE.UU. a Medio Oriente, Steve Witkoff; y el yerno de Trump, Jared Kushner.

    No va a ser una negociación fácil, explica el corresponsal en Washington del servicio persa de la BBC, Khashayar Joneidi, debido a que la confianza entre las partes está muy debilitada y desde ya parecen tener posturas contradictorias sobre lo que implica este alto el fuego.

    Irán y EE.UU. celebraron dos rondas de conversaciones el año pasado. En ambas ocasiones, EE.UU. e Israel atacaron en medio de las negociaciones.

    El tráfico por el estrecho de Ormuz, que Irán querrá seguir controlando en alguna medida, y el programa nuclear iraní seguramente van a ser puntos contenciosos.

    “Van a ser dos semanas muy difíciles”, dice Joneidi.

    Mientras tanto, a pesar de que, según Pakistán, el alto el fuego entró en vigencia inmediatamente, el miércoles se siguieron reportando ataques en Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, y Líbano sufrió la peor destrucción desde el inicio de la incursión terrestre israelí.

    Militares en las calles de Teherán este martes.

    Getty Images
    Militares en las calles de Teherán este martes.

    La disputa por la victoria

    A pesar del alto grado de incertidumbre que rodea el acuerdo, ambas partes lo presentaron como una victoria propia y una derrota de la contraparte.

    La televisión estatal iraní afirmó que EE.UU. “aceptó las condiciones de Irán para poner el fin a la guerra” y calificó el acuerdo como “una humillante retirada de Trump”.

    En un comunicado, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, expresó que el país había alcanzado casi todos sus objetivos en la guerra y que el enemigo (EE.UU.) estaba enfrentando “un fracaso histórico”.

    También señaló que las negociaciones venideras en Islamabad permitirían que “la victoria de Irán en el campo de batalla también se consolide en las negociaciones políticas”.

    Khashayar Joneidi explica que esta guerra significaba una amenaza existencial para el régimen iraní.

    Por lo tanto, que la República Islámica haya sobrevivido tras más de 30 días de ataques lo ven como una victoria.

    Trump, por su parte, dijo que aceptaba el acuerdo dado que “ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares, y estamos muy avanzados en un Acuerdo definitivo sobre la PAZ a largo plazo con Irán, y la PAZ en Medio Oriente”.

    Posteriormente, en una entrevista con la agencia AFP, dijo que no quedaban dudas de que EE.UU. había conseguido una “victoria completa y total”.

    Apenas se conoció la noticia del acuerdo, se desplomaron en los mercados los precios del petróleo, lo cual alivia la presión que se había venido incrementando sobre Trump por parte de los ciudadanos descontentos con el alto costo del combustible que había producido la guerra.

    Con Líbano aún enfrentando ataques, ¿hasta qué punto es sostenible este alto el fuego?

    Análisis de Nick Beake, informando desde Jerusalén

    Cabe preguntarse cuán sostenible es este alto el fuego generalizado.

    Israel se jactó de haber alcanzado este miércoles 100 objetivos en Líbano en tan solo 10 minutos. Los iraníes amenazan con contraatacar si no cesan los ataques.

    El presidente Trump ha indicado que los israelíes no están incumpliendo los términos de su acuerdo con Irán, refiriéndose a Líbano como una “escaramuza aparte”.

    Cabe recordar que 1.500 personas han muerto en Líbano en las últimas seis semanas, entre ellas 130 niños, y más de un millón han sido desplazadas.

    El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, creía haber logrado la ambición política de su vida al persuadir a un presidente estadounidense para que emprendiera una operación conjunta contra Irán y derrocara al régimen.

    Este miércoles tuvo que desmentir las insinuaciones de que se enteró en el último momento de que el presidente Trump daría marcha atrás y detendría los ataques contra Teherán.

    También prometió que Israel estaría listo para reanudar la guerra con Irán, si fuera necesario.

    Los políticos de la oposición afirman que ha fracasado en sus objetivos bélicos, que no fue invitado a la mesa de negociaciones y que solo ha creado un Irán más vengativo, más decidido que nunca a construir un arma nuclear.

    Pero a corto plazo, estos continuos ataques israelíes contra Hezbolá en Líbano -y la consiguiente muerte y destrucción- están poniendo a prueba esta frágil tregua.

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    BBC

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