Pionero de los medios de comunicación del siglo XX, dirigió un vasto imperio de noticias, deportes y entretenimiento.
Ted Turner, el magnate de los medios de comunicación que protagonizó el panorama estadounidense de finales del siglo XX dominando la industria de la televisión por cable, creando el ciclo de noticias de 24 horas con la CNN y extendiendo su inquieto alcance a los deportes profesionales, el ecologismo y la filantropía, murió el miércoles en su casa cerca de Tallahassee, Florida. Tenía 87 años.
Phillip Evans, portavoz de la familia, confirmó el fallecimiento. Turner anunció en 2018 que padecía demencia por cuerpos de Lewy, un trastorno cerebral progresivo.
La creación emblemática de Turner fue la CNN –Cable News Network, o red de noticias por cable–, que revolucionó los informativos televisivos en 1980 al presentar noticias a todas horas del día e inspirar con el tiempo a otros medios de comunicación a seguir su ejemplo. Pero su cartera de proyectos empresariales contenía mucho más, y su impacto en la cultura estadounidense fue considerable.
Como escisión de CNN, Turner creó el canal CNN Headline News y CNN International. Fundó la “superemisora” de deportes y entretenimiento por cable y satélite que se conoció como TBS y engendró un canal hermano, TNT, que aún llega a millones de hogares.
En 1985, compró por 1500 millones de dólares la biblioteca de películas del estudio MGM y nueve años después creó la franquicia por cable Turner Classic Movies, o TCM. Hizo una compra similar de los dibujos animados de Hanna-Barbera y, apoyándose en ellos, creó el canal de caricaturas Cartoon Network en 1992. Y en 1996 fusionó su conglomerado, Turner Broadcasting System, con Time Warner para crear una de las empresas de medios de comunicación más grandes del mundo.
Por el camino, encontró tiempo y energía para capitanear el yate ganador de la regata de la Copa América en 1977 y para asumir un papel activo como propietario de los Atlanta Braves, equipo al que dio una amplia exposición nacional en las televisoras propiedad de Turner.
“Intento establecer el récord histórico de logros de una persona en una vida”, dijo al periodista Dale Van Atta en un artículo del Reader’s Digest en 1998. “Y eso te coloca en una compañía bastante grande: Alejandro Magno, Napoleón, Gandhi, Cristo, Mahoma, Buda, Washington, Roosevelt, Churchill”.
Ni siquiera sus más acérrimos admiradores colocaban a Turner en un pedestal tan alto. Pero incluso un rival implacable como el magnate de los medios de comunicación Rupert Murdoch –quien una vez hizo que su New York Post publicara el titular “¿Está loco Turner?”– tuvo que reconocer que era una de las figuras más influyentes de la historia de los medios masivos de comunicación.
Turner, empresario afincado en Atlanta, asumió riesgos asombrosos en los negocios, y en ocasiones se tambaleó al precipicio de la quiebra para después remontar el vuelo y multiplicar su fortuna.
En contra de los consejos de sus colegas y de la sabiduría convencional de sus pares del sector, invirtió millones de dólares en empresas pioneras que combinaban las emisiones por cable y por satélite. Se enfrentó a las grandes cadenas de televisión. Estuvo a punto de perderlo todo en Hollywood, pero emergió de estas apuestas y reyertas como multimillonario a horcajadas de un vasto imperio por cable de canales de noticias, deportes y entretenimiento.
Su vida personal también fue turbulenta. Sus tres matrimonios –el último, en 2001, con la oscarizada actriz Jane Fonda– se vieron a menudo sacudidos por sus abiertas muestras de infidelidad, su consumo excesivo de alcohol y su comportamiento grosero.
Turner, alto y delgado, con un rostro escarpado y bigotudo, era apodado “la Boca del Sur” por sus afirmaciones grandilocuentes y su reputación de proferir insultos gratuitos, y podía, no obstante, ser un hombre de gran encanto, cuyas meteduras de pata eran perdonadas una y otra vez por un público indulgente, que en gran parte lo consideraba una leyenda estadounidense viva.
La inclinación política de Turner era contradictoria y controvertida. Aunque afirmaba ser un republicano archiconservador con vínculos cercanos a los evangélicos cristianos y los miembros de extrema derecha de la Sociedad John Birch, también se hizo amigo del líder cubano Fidel Castro y defendió la conducta represiva del gobierno comunista chino.
En un extraordinario acto de filantropía, donó 1000 millones de dólares a las Naciones Unidas, organización aborrecida por los conservadores estadounidenses. Adoraba la caza, pero se convirtió en el preferido de los ecologistas cuando compró cientos de miles de hectáreas de tierras vírgenes y ranchos y los designó como reservas naturales. Se convirtió en el cuarto mayor terrateniente privado de Estados Unidos, con dos millones de acres (unas 800.000 hectáreas), además de vastas extensiones que poseía en Argentina y otros países.
La influencia de Turner fue más evidente en la forma en que su CNN transformó las noticias de la televisión al presentarlas las 24 horas del día con actualizaciones constantes, transmitiendo una sensación de inmediatez.
“Hoy en día, las noticias están disponibles cuando realmente suceden, no cuando conviene a las tres cadenas de televisión emitirlas”, escribieron Robert Goldberg y Gerald Jay Goldberg, padre e hijo, en su biografía de 1995, Citizen Turner: The Wild Rise of an American Tycoon. Ya fuera cubriendo la caída del Muro de Berlín, el aplastamiento del movimiento estudiantil chino en la plaza de Tiananmén o la guerra del golfo Pérsico de 1991, la CNN de Turner era el vehículo para ver la historia en ciernes.
“Aprendo más de la CNN que de la CIA”, se mencionó repetidamente que dijo el presidente George H. W. Bush en la época de la guerra.
El propio Turner afirmaba no estar terriblemente interesado en las noticias ni en ningún otro tipo de negocio. Lo que lo impulsaba era la emoción de la caza, no la presa. Como dijo a The New York Times: “Siempre he sido más un aventurero que un hombre de negocios”.
‘Capitán Valiente’
Robert Edward Turner III –conocido por todos como Ted– nació el 19 de noviembre de 1938 en Cincinnati. Su padre, Robert Jr., natural de Mississippi, cuya familia se había dedicado al cultivo de algodón, se trasladó a Ohio durante la Gran Depresión y se casó con Florence Rooney, hija del propietario de una cadena de supermercados de Cincinnati.
Robert Turner Jr., conocido como Ed, trasladó más tarde a la familia de nuevo al sur, a Georgia, donde fundó una empresa de vallas publicitarias. En entrevistas y biografías, Ted Turner lo describió como un alcohólico abusivo al que, sin embargo, admiraba y trataba de complacer.
De joven, Ted Turner asistió a la McCallie School de Chattanooga, Tennessee, por aquel entonces una academia militar de élite totalmente solo para blancos que hacía hincapié en los valores cristianos conservadores. Durante los veranos, trabajaba para la empresa de su padre, pintando vallas publicitarias. Su padre lo obligaba a utilizar su sueldo para pagar sus comidas y habitación en su casa de Savannah.
Ted se graduó en 1956 con notas lo suficientemente buenas como para ingresar en la Universidad de Brown. Pero no era un estudiante modelo. En Citizen Turner, se cita la descripción que hizo William Kennedy, antiguo compañero de clase que llegó a ser funcionario de la Universidad de Brown, de un joven Ted “intolerante, como quizá lo éramos todos en cierto sentido en aquella época”.
Turner, dijo, bebía en exceso, cantaba canciones nazis en la puerta de una fraternidad judía y colocaba carteles del Ku Klux Klan en las puertas de los dormitorios de los estudiantes negros. Finalmente fue expulsado de Brown tras ser sorprendido con una mujer en la cama de su dormitorio.
Después, Turner se unió a la empresa de su padre, Turner Outdoor Advertising, que llegó a ser la más grande de su clase en el sur de Estados Unidos. En ocasiones trabajaba duro, pero a menudo dedicaba más energía a las fiestas y a la navegación, que se convertiría en una pasión de por vida.
En 1963, su padre, de 53 años, tras contraer grandes deudas para ampliar sus operaciones de vallas publicitarias y luchar contra el alcoholismo, la drogadicción y la depresión, murió por suicidio de un disparo en un cuarto de baño del piso superior de la casa de los Turner, a las afueras de Savannah.
Ted Turner, que entonces tenía 24 años, quedó destrozado y sintiéndose “solo”, según declaró a la revista Time, “porque había contado con él para que juzgara si yo tenía éxito o no”. Además, seguía de luto por la reciente muerte de su hermana menor, Mary Jean, a causa de lupus, una enfermedad autoinmune, y encefalitis. Describió su muerte como la razón por la que perdió su fe religiosa, pero también como lo que lo impulsó a convertirse en un “supertriunfador” en los negocios.
Rechazó el consejo de los amigos y contables de su padre de vender el negocio, e insistió en dirigirlo.
Sin embargo, su ambición fue más allá de las vallas publicitarias. En 1970, se endeudó para comprar una pequeña emisora de televisión de Atlanta que estaba fracasando, a la que rebautizó WTCG, por Turner Communications Group, el nombre que dio a la empresa de su padre a finales de la década de 1960, después de que empezara a comprar emisoras de radio. Pensó que utilizaría vallas publicitarias para anunciar su nuevo negocio televisivo. Al carecer de suficiente programación y obtener escasos ingresos publicitarios, la emisora siguió acumulando pérdidas.
Sus asesores empresariales le desaconsejaron la compra.
“Turner no hizo caso”, escribió Malcolm Gladwell en The New Yorker en 2010. “Era el Capitán Valiente, el hombre con nervios de acero que ganó la Copa América, se enfrentó a las cadenas, se casó con una estrella de cine y se hizo multimillonario. Se vestía como un vaquero. Daba la impresión de que firmaba contratos sin mirarlos. Era un bebedor, un gritón, un hombre de impulsos y ansias irrefrenables, la encarnación del empresario como tomador de riesgos. Compró la emisora y así comenzó uno de los grandes imperios de la radiodifusión del siglo XX”.
Una expansión explosiva
Turner se endeudó aún más en 1976 para comprar los Atlanta Braves, que en aquel entonces era un equipo de béisbol bastante mediocre. El precio de compra fue de 500.000 dólares en efectivo y 8 millones a un interés anual del 6 por ciento durante 10 años. (Cuarenta años después, la franquicia de los Braves vale 3350 millones de dólares, según Forbes).
Esta vez, la apuesta le salió bien. Con la transmisión de los 162 partidos de los Braves en la WTCG, pudo llenar un enorme vacío de programación por una pequeña fracción de lo que habría costado comprar o producir otros programas. Pronto el flujo de caja de la emisora fue en aumento. (También compró la franquicia de baloncesto de los Atlanta Hawks, en 1977).
En lugar de utilizar el nuevo dinero para pagar sus deudas, Turner pidió más préstamos para ampliar su negocio televisivo mediante la transmisión por satélite. Tuvo que hacer frente a elevadas tasas por el uso de un satélite RCA y adquirir costosos equipos nuevos de emisión.
También esta fue una apuesta ganadora. Supuso correctamente que podría utilizar el satélite para transmitir la señal de su emisora de Atlanta y su importante programación deportiva a los sistemas de cable de todo el país. Así nació, a finales de 1976, lo que se conocería como TBS (Turner Broadcasting System, el nuevo nombre que adoptó para la primera “superemisora” del país). Además de deportes, ofrecía un flujo constante de películas antiguas y repeticiones de Lassie y Yo amo a Lucy a un costo relativamente bajo.
En un momento en que la naciente industria del cable necesitaba demostrar el valor de su programación a los suscriptores, la emisora de Turner se consideró esencial para el crecimiento y la expansión del cable.
Al mismo tiempo, Turner estaba desarrollando una reputación perjudicial de ser mujeriego y bebedor e incurrir en conducta indebida en público. Su tumultuoso primer matrimonio, con Julia Nye (con la que tuvo dos hijos, Laura y Teddy Jr.), terminó a principios de la década de 1960, poco después de que Turner compitiera contra su mujer en una regata de yates. Al ver que ella estaba a punto de ganar, embistió su barco con el suyo.
Más tarde, humilló públicamente a su segunda esposa, Jane Smith (una exazafata de Delta Air Lines con la que tuvo dos hijos, Beauregard y Rhett, y una hija, Jennie), al llevar a sus novias a los partidos de los Braves.
Las excentricidades de Turner se extendían a la oficina. Si le disgustaba una presentación, podía lanzar el texto escrito al otro lado de la sala y denostar en voz alta a sus empleados, según sus biógrafos los Goldberg. Para ganar más negocios, a veces recurría al histrionismo.
“Turner hacía cualquier cosa para vender su emisora a los anunciantes”, escribieron los autores en Citizen Turner. “Se subía a las sillas, a los escritorios, a las mesas, a cualquier cosa que no se moviera, y gritaba con todas sus fuerzas. Si encontraba una resistencia realmente seria, podía incluso tirarse al suelo como si le hubieran disparado y gritar: ‘¡Me están matando!’”.
En 1977, el comisionado Bowie Kuhn lo vetó del béisbol durante casi un año por manipular a un jugador de otro equipo, Gary Matthews, jardinero independiente de los Giants de San Francisco, y por hacer caso omiso de los edictos de Kuhn. Turner respondió: “Estoy agradecido de que no hiciera que me fusilaran”.
Durante estos años de angustiosas preocupaciones por las deudas y explosiva expansión empresarial, Turner pasó meses enteros navegando y ganando títulos en yates. En 1970 y de nuevo en 1973, fue nombrado Navegante del Año por la Asociación de Vela de Estados Unidos, tras haber aprendido a navegar en el Savannah Yacht Club de su ciudad natal, y se propuso ganar la prestigiosa Copa América.
Primero tuvo que superar las objeciones iniciales del tradicional New York Yacht Club. Cualquier participante en la competición de la Copa América debía ser socio del club, y a sus directivos les preocupaba la reputación de alborotador de Turner.
Sin embargo, era demasiado buen navegante como para rechazarlo, y al final se retiraron las objeciones. No le fue muy bien en su debut en la Copa América, en 1974, y posteriormente compró el yate Courageous a Ted Hood, quien había salido victorioso con él en 1974.
Turner formó una tripulación de primera que lo ayudó a ganar las regatas de la Copa América de 1977 frente a Newport, Rhode Island. Pero lo hizo después de haber estado a punto de ser expulsado de las carreras una vez que había sido aceptado. “Durante las eliminatorias de la Copa”, informó la revista Time, “coqueteó con todas las chicas, fue de bar en bar con su tripulación, lo sacaron de los clubes y restaurantes más chic por su comportamiento alcoholizado y puso a la élite de Newport al rojo vivo”.
Los organizadores de la Copa obligaron a Turner a disculparse públicamente ante un club de élite, la Spouting Rock Beach Association, por haber acosado a sus socias. “Deseo disculparme profusamente porque ciertamente tomé un par de copas de más aquel sábado por la noche”, escribió Turner al presidente del club.
Pero cuando ganó la Copa, se rodeó de mujeres jóvenes y atractivas y estaba demasiado borracho para terminar un discurso de victoria en una conferencia de prensa televisada a nivel nacional.
Siguió ejerciendo de capitán en importantes regatas en mar abierto, entre las que destaca la catastrófica Fastnet Race de 1979, organizada por el Royal Ocean Racing Club, en el mar de Irlanda. Unos vientos inesperadamente violentos dañaron y hundieron muchas embarcaciones y murieron 15 marineros. De unos 300 participantes, solo 85 terminaron, y el barco de Turner, Tenacious, se proclamó vencedor.
“Como cualquier experiencia”, dijo Turner en aquel momento, “siempre que la superas te sientes mejor. No estamos hablando de las otras personas que murieron, pero ser capaz de afrontarlo todo y superarlo es estimulante. Navegar con mal tiempo es la esencia de este deporte”.
Los triunfos en el agua convirtieron a Turner en un héroe estadounidense, y utilizó su nueva popularidad en beneficio de sus negocios. El 1 de junio de 1980 lanzó la CNN, el primer canal de noticias de 24 horas, con sede en Atlanta, muy lejos de las capitales tradicionales de las noticias: Nueva York y Washington. Menos de dos años después, empezó a emitir CNN Headline News, con actualizaciones cada media hora.
Nace la CNN
La CNN pasó apuros al principio, pues perdió hasta 2 millones de dólares al mes en sus dos primeros años. Cuando la cadena empezó a emitir, tenía menos de dos millones de espectadores, pocos en comparación con las tres grandes cadenas –CBS, NBC y ABC–, cuyos noticieros llegaban colectivamente a más de 50 millones de hogares. Y Turner tuvo que contar con la paciencia de su audiencia hacia su equipo de noticias, inexperto y mal pagado, y hacia los repetidos problemas técnicos que dejaban a los presentadores sin textos o sin imágenes.
Los competidores se burlaban de la CNN llamándola la “Chicken Noodle Network”, y la cadena de Turner tuvo que demandar al gobierno de Reagan y a las tres cadenas rivales para conseguir su inclusión en el grupo de prensa de la Casa Blanca.
La necesidad de llenar 24 horas de cobertura era abrumadora. Turner y sus altos ejecutivos se lanzaron a una campaña de contratación frenética, en la que reclutaron a expertos como Robert Novak e incorporaron a presentadores como Lou Dobbs y Larry King, quienes procedían de cadenas de televisión locales y del mundo de la radio, respectivamente. Construyeron desde cero un amplio marco internacional para las operaciones de la redacción.
Antes de las operaciones terrestres en la guerra del golfo Pérsico, la CNN descubrió que tenía una gran ventaja. El corresponsal de la cadena, Peter Arnett, era uno de los únicos reporteros occidentales en Bagdad, y ofrecía una sólida reportería sobre el terreno desde la ciudad atacada por las fuerzas estadounidenses. En cambio, los competidores estaban fuera del país, y sus informes dependían mucho más de las declaraciones oficiales del gobierno estadounidense.
La cobertura de la CNN desde Irak le valió un prestigioso premio Peabody, que señalaba que había “madurado desde una curiosidad por cable hasta convertirse en un servicio internacional de importancia inestimable”. Turner apareció en la portada de la revista Time como “Hombre del Año” en 1991.
A medida que la CNN ganaba respetabilidad, Turner fue capaz de ganarse la simpatía del público en sus esfuerzos por presentarse como un patriota en desventaja en la batalla contra los gigantes de las cadenas por conseguir audiencias más numerosas. Afirmando representar los valores familiares conservadores, arremetió contra los altos ejecutivos de las cadenas, llamándolos un “montón de rojillos”.
“En la contienda por los índices de audiencia, sus noticiarios sacan las cosas más sórdidas que hacen los seres humanos”, dijo Turner a Newsweek en 1980. “Hacen héroes de los criminales y dan glamur a la violencia. Han contaminado nuestras mentes y las de nuestros hijos”.
Sin embargo, Turner podía adoptar posiciones políticas muy a la izquierda de las grandes cadenas cuando le convenía. En 1982, por ejemplo, volvió de una visita a Cuba lleno de elogios hacia Castro. Cuando los ejecutivos de la CNN lo reprendieron por declarar que el líder cubano era “un gran tipo”, Turner replicó: “Castro no es un comunista. Es como yo, un dictador”. Incluso convenció a Castro para que filmara un anuncio promocional para la CNN.
No obstante, en su batalla contra las cadenas, Turner contaba entre sus aliados a destacados miembros de la Sociedad John Birch y a ministros evangélicos cristianos de derecha como el reverendo Jerry Falwell y el reverendo Donald Wildmon. Ellos pasaron por alto el estilo de vida subido de tono de Turner y aplaudían sus llamamientos a favor de más valores familiares en la radiodifusión.
Los operadores de emisoras de cable vieron al estridente Turner como su defensor contra las cadenas, y se apuntaron para recibir su superemisora CNN y TBS.
Ahora que la CNN empezaba a ser rentable y TBS obtenía ganancias inesperadas, Turner estuvo dispuesto a tirar los dados una vez más. En 1985, anunció una oferta hostil por la CBS, que en aquel entonces era la cadena más grande de televisión, por 5400 millones de dólares en acciones y bonos basura. El acuerdo propuesto conmocionó a la industria de los medios de comunicación porque Turner proponía que su empresa, TBS, con unos ingresos anuales de menos de 300 millones de dólares, se hiciera cargo de un gigantesco conglomerado con unos ingresos de casi 5000 millones de dólares.
La CBS contraatacó adoptando una medida defensiva en la que pidió prestados mil millones de dólares para recomprar el 21 por ciento de sus acciones. Con ello, la CBS estaba advirtiendo a Turner que, si su oferta de compra resultaba exitosa, tendría que cargar con una deuda imposiblemente grande. Turner admitió su derrota y retiró la oferta en julio de 1985.
Un mes después, Turner volvió a los titulares con un acuerdo para comprar la empresa cinematográfica de Hollywood MGM-UA Entertainment –a su vez una fusión reciente de MGM y United Artists– al inversor multimillonario Kirk Kerkorian por 1500 millones de dólares. Según los términos del acuerdo, que se cerró en marzo de 1986, Turner se hizo con el estudio y el terreno de MGM, y con un archivo de 3500 películas, entre ellas Lo que el viento se llevó. Como parte del acuerdo, también tomó posesión del catálogo anterior a 1948 de Warner Bros., que incluía Casablanca y los dibujos animados de Looney Tunes.
El mundo de la inversión reaccionó con incredulidad ante el precio, que dejó a las empresas de Turner con una deuda de casi 2000 millones de dólares. El nuevo conglomerado era “una de las empresas más endeudadas de su tiempo”, dijo The Wall Street Journal en 1986.
Al cabo de unos meses era obvio, incluso para Turner, que no podría generar ingresos suficientes para cubrir los pagos de su deuda. Así que, en junio de 1986, acordó vender todo menos la filmoteca por 490 millones de dólares. Al final, Turner pagó la impresionante suma de 1200 millones de dólares solo por el archivo de MGM.
Aún abrumado por las deudas, Turner trató de sacar ganancias de su archivo de MGM coloreando películas clásicas en blanco y negro, en lo que resultó ser un intento equivocado de aumentar su atractivo entre los espectadores más jóvenes. Fue atacado por la prensa, cineastas, cinéfilos y políticos, quienes lo tacharon de inculto. Ofendido, acabó coloreando solo unas pocas películas, entre ellas El halcón maltés, la película policíaca de Humphrey Bogart de 1941, antes de abandonar el plan en medio de las críticas de muchos actores y directores, entre ellos los cineastas Billy Wilder y Woody Allen.
Turner empañó aún más su imagen al proferir insultos étnicos y raciales en foros públicos. En 1985, The Atlanta Constitution informó de que Turner había dicho que el programa de misiles móviles MX y la tasa de desempleo podían abordarse conjuntamente si se contrataba a afroamericanos sin trabajo para que transportaran misiles sobre sus espaldas de un silo a otro.
En Ted Turner Speaks, una colección de sus declaraciones públicas compilada en 1999 por Janet Lowe, Turner es citado diciendo en un banquete deportivo que tenía otras razones para no simpatizar con el agente de béisbol Jerry Kapstein, además del hecho de que “es judío”.
En su defensa, los colaboradores de Turner señalaron que había colocado a empleados negros, como Bill Lucas y el miembro del Salón de la Fama Hank Aaron, en puestos de responsabilidad en la organización de los Atlanta Braves y había nombrado a judíos como Reese Schonfeld para puestos importantes en la CNN.
El segundo matrimonio de Turner no sobrevivió a este periodo turbulento. Él no trató de ocultar su relación con una exmodelo que apareció en la portada de la revista Playboy, Liz Wickersham, a la que intentó, sin éxito, convertir en presentadora de un programa de la CNN. A finales de la década de 1980, Turner y su esposa, Jane Smith, se divorciaron.
Una época de prosperidad
Frente a deudas crecientes y a una quiebra casi segura, Turner acordó en 1987 vender el 37 por ciento de Turner Broadcasting a un grupo de 31 empresas de cable por 562 millones de dólares y cederles siete de los 15 puestos del consejo de TBS. Además, accedió a no realizar ningún gasto superior a 2 millones de dólares si no contaba con la aprobación de 12 de los 15 miembros del consejo. Por primera vez desde la muerte de su padre, Turner tuvo que compartir el control de su empresa.
Se habían acabado los días de riesgos para Turner y empezaba una nueva época de prosperidad estable y espectacular. En 1989, su fortuna se había duplicado hasta alcanzar los 5000 millones de dólares. CNN y CNN Headline News llegaban a más de 50 millones de hogares en todo el mundo. Su filmoteca de MGM, que incluía El mago de Oz y El ciudadano Kane, se convirtió en una inversión lucrativa después de todo, pues atrajo a millones de nuevos espectadores a Turner Network Television, o TNT, y luego a Turner Classic Movies.
Turner amplió su imperio en 1991 con la compra, por 320 millones de dólares, de Hanna-Barbera Productions, cuya biblioteca incluía personajes como los Picapiedra, los Supersónicos y el Oso Yogui. Un año después, lanzó Cartoon Network, un canal de 24 horas dedicado exclusivamente a los dibujos animados, que resultó ser inmensamente popular. Y en 1993, adquirió las productoras cinematográficas New Line Cinema y Castle Rock.
Sus colegas y empleados empezaron a decir que Turner se había suavizado. Disminuyeron los arrebatos y los episodios en los que iba detrás de mujeres. En entrevistas, Turner dijo que había empezado a tomar litio, un fármaco que se suele recetar para contrarrestar el comportamiento maníaco-depresivo.
Aún podía sobresaltar con sus declaraciones públicas. En un discurso, ante la convención de la Asociación Humanista Estadounidense, describió el cristianismo como “una religión para perdedores”. Apenas un año después de la matanza de estudiantes disidentes en la plaza de Tiananmén en 1989, escandalizó a la asociación de corresponsales extranjeros de Pekín al sugerir que el gobierno chino no era culpable.
“Los estudiantes deberían haberlo pensado mejor, ¿no creen?”, dijo. “Se les había advertido”. Algunos de sus críticos sugirieron que sus crecientes negocios con China podrían haber influido en sus opiniones.
Aun así, siguió siendo popular entre muchos estadounidenses, que lo veían como un rebelde afable y exitoso. Su improbable noviazgo con Fonda contribuyó a su celebridad. Ambos eran ricos y famosos, pero opuestos en muchos aspectos. Él era un mujeriego notorio; ella, una ferviente feminista. Él había sido un conservador de derecha en su juventud; a ella la habían llamado Hanoi Jane por hablar en la radio norvietnamita contra el esfuerzo militar estadounidense durante la guerra de Vietnam. A él le encantaba cazar; ella era ecologista.
La cortejó –justo después de que ella se divorciara del activista liberal y legislador por el estado de California Tom Hayden— haciendo hincapié en sus similitudes, como ser hijos de alguien que se suicidó (en el caso de Fonda, su madre) y sus amistades con iconos de la extrema izquierda, como Castro. Más tarde ella escribió en unas memorias que había quedado deslumbrada por el carisma de él, que comparó con “un espectáculo de luz y sonido estereofónico en 3D, de nivel shakesperiano”.
La pareja se casó en 1991 –el tercer matrimonio de ambos– y en los años siguientes, Turner dedicó más tiempo al ecologismo y la paz mundial, mientras que Fonda prácticamente se retiró de Hollywood para dedicarse a Turner y sus nuevas causas.
Su matrimonio duró 10 años, y Fonda dijo que la insaciable necesidad de él de tener otras mujeres y la espiritualidad cada vez más profunda de ella, incluida la adopción del cristianismo, fueron las causas subyacentes.
Entre los supervivientes de Turner están dos hijas, Laura Turner Seydel, presidenta emérita de la Fundación Capitán Planeta, un grupo ecologista de Turner, y Sara Jean Turner Garlington, conocida como Jennie, ecologista y fideicomisaria de la Fundación Turner.
También le sobreviven tres hijos, Robert E. Turner IV, conocido como Teddy, que ha sido ejecutivo de los intereses televisivos de Turner; Rhett Lee Turner, cineasta y fotógrafo, y Reed Beauregard Turner, conocido como Beau, que es presidente del consejo del Fondo Turner para Especies en Peligro, así como 14 nietos y dos bisnietos.
Más allá de la construcción del imperio
A mediados de la década de 1990, Turner parecía haber llegado al límite de sus ambiciones de construir un imperio. En 1995, llegó a un acuerdo para fusionar su Turner Broadcasting System con Time Warner, en el que aceptó canjear todas las acciones de su empresa por acciones de Time Warner por valor de 7500 millones de dólares. Gerald Levin, el jefe de Time Warner, se convirtió en presidente y director ejecutivo del nuevo conglomerado, que mantuvo el nombre de Time Warner, mientras que Turner aceptó el cargo de vicepresidente.
“He sido director ejecutivo durante 33 años, y eso es mucho tiempo para cualquiera”, declaró Turner a The New York Times en 1995, y añadió más tarde: “Estoy casado con Jane Fonda, así que sé lo que es ser el segundo al mando”. En 2001, cuando la empresa de internet AOL compró Time Warner por 160.000 millones de dólares, con lo que se creó la empresa de medios de comunicación más grande del mundo, Turner descendió aún más en la jerarquía corporativa y dimitió del consejo dos años después.
En ocasiones, Turner parecía más interesado en las causas benéficas y medioambientales que de los negocios. En 1986, se adentró de nuevo en el mundo del deporte y creó los Juegos de la Buena Voluntad, competiciones atléticas entre naciones que originalmente pretendían aliviar las tensiones de la Guerra Fría. Como iniciativa benéfica, se disolvió después de 15 años y cinco eventos internacionales.
En 1996, había acumulado unos 520.000 millones de hectáreas de tierras de rancho –casi el área del estado de Delaware– en ocho ranchos en Montana, Nuevo México y Nebraska. Su rebaño de 12.000 búfalos era uno de los más grandes del país. Y anunció que sus tierras se mantendrían sin urbanizar y más tarde se destinarían a reservas naturales.
Puso en marcha empresas de energías renovables; abrió una cadena de restaurantes que sirven bisonte, Ted’s Montana Grill, en un esfuerzo por crear un mercado para la carne y así proteger al animal de la extinción, y fundó lo que hoy es Ted Turner Reserves, que ofrece visitas guiadas “ecoconscientes” y alojamiento de lujo en vastas propiedades de Nuevo México.
También se convirtió en un importante filántropo y creó fundaciones dedicadas a proteger el medio ambiente, apoyar a las Naciones Unidas y reducir la amenaza de la guerra nuclear, química y biológica.
Una donación de 1000 millones de dólares a la ONU en 1997, distribuida a lo largo de 10 años, se destinó a ayudar a los refugiados y los niños, eliminar minas terrestres y luchar contra las enfermedades.
Con su típico descaro, Turner dijo que la donación de mil millones de dólares representaba solo el aumento de su patrimonio neto en los nueve meses anteriores, y pidió a otros empresarios ricos que siguieran su ejemplo filantrópico.
“Hay mucha gente que está inundada de dinero con el que no sabe qué hacer”, dijo Turner en una entrevista con King en la CNN tras el anuncio. “No te sirve de nada si no sabes qué hacer con él. He aprendido que cuanto más bien hago, más dinero entra. Tienes que aprender a dar. No naces dando. Naces siendo egoísta”.