A cinco años de haber salido de la universidad, Samuel Samson ha impulsado la campaña del gobierno de Trump para redefinir la relación de EE. UU. con Europa y estrechar vínculos con la extrema derecha.
Cuando Samuel Samson, asesor de alto nivel del Departamento de Estado, se reunió en privado con legisladores alemanes de extrema derecha en un despacho a unos pasos de la Casa Blanca, estaba rompiendo con una tradición histórica.
Durante las ocho décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la política exterior estadounidense se había mantenido alejada de los partidos alemanes de extrema derecha, tratando de garantizar que nunca volvieran a tomar el poder. Eso cambió con el presidente Donald Trump, lo que llevó el pasado septiembre a la reunión de Samson con Beatrix von Storch y Joachim Paul, de Alternativa para Alemania (AfD), un partido catalogado como organización sospechosa de extremismo por la inteligencia alemana.
A medida que la reunión derivó en una sesión general de quejas, los políticos de AfD le dijeron a Samson, que entonces tenía 26 años, y a otros diplomáticos estadounidenses, que temían que el gobierno alemán prohibiera su partido, según Paul y otra persona familiarizada con la conversación. Los estadounidenses arremetieron contra la regulación europea de las redes sociales y la calificaron de herramienta para acallar opiniones conservadoras. Y el grupo habló de una falsa teoría conspirativa de extrema derecha según la cual los principales dirigentes europeos pretendían reemplazar a la población blanca con migrantes no blancos.
“Tuve la impresión –en parte por la duración de la conversación– de que estaban muy interesados en escucharnos”, comentó Paul en una entrevista. “Tomaron muchas notas”.
Durante gran parte del último año, Samson ha estado al frente de los esfuerzos del presidente Trump por redefinir la relación de Estados Unidos con Europa. En sus recorridos por el continente, ha buscado estrechar los vínculos de Washington con los europeos de extrema derecha y apuntalar a esas figuras a costa de la dirigencia centrista europea.
Ha sorprendido a sus líderes tradicionales –muchos de ellos con décadas de experiencia diplomática– al acusarlos de sofocar la libertad y al reunirse con frecuencia con sus contrincantes de línea dura y promoverlos. Tiene apenas cinco años de haber salido de la universidad y ha defendido repetidamente un enfoque que rompe con tres generaciones de ortodoxia diplomática estadounidense.
El pasado marzo, Samson estuvo en Londres para asistir a un desayuno de trabajo secreto con Nigel Farage, el populista de derecha más destacado del Reino Unido, para hablar del aborto y la censura. En mayo estuvo en París, intentando convencer a una comisión de derechos humanos de que Marine Le Pen, la líder de la extrema derecha francesa recientemente condenada por malversación de fondos, había sido perseguida injustamente.
“Buscaban elementos que pudieran darle credibilidad a esta narrativa”, recordó Magali Lafourcade, quien dirige la comisión de derechos.
Es un enfoque que aún no ha tenido efectos duraderos sobre el terreno. Le Pen, por ahora, sigue inhabilitada para postularse a la presidencia. El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, uno de los líderes europeos de extrema derecha elogiados por Samson, perdió el poder en una votación reciente. Y algunos políticos de extrema derecha en Europa han indicado que ahora ven la asociación con Trump como un lastre más que como una ventaja.
Sin embargo, este enfoque es fundamental para la agenda del gobierno de Trump en Europa.
Para Samson y gran parte del gobierno, la Europa de 2026 se ha convertido en un lugar donde la política woke y de género está en su apogeo, donde el Estado paternalista se ha fortalecido y donde el patriotismo y el orgullo nacional van a morir. Desde esa perspectiva, la burocracia europea ha sacrificado la libertad de expresión al regular a las empresas tecnológicas estadounidenses, un esfuerzo que incluye intentar erradicar las imágenes de abuso sexual infantil en las redes sociales y limitar el acceso de los menores a ellas.
“Europa se ha convertido en un hervidero de censura digital, migración masiva, restricciones a la libertad religiosa y otros muchos ataques al autogobierno democrático”, escribió Samson en un ensayo publicado en la cuenta oficial de Substack del Departamento de Estado.
Durante la mayor parte de 2025, Samson fue el diplomático de más alto perfil que reprendía a los dirigentes europeos. La delegación empezó a evolucionar en noviembre, luego de que el Senado confirmara a Sarah Rogers como jefa de diplomacia pública del Departamento de Estado, un cargo gubernamental mucho más alto.
Al poco tiempo ella también estaba en Europa, reuniéndose con diplomáticos británicos en diciembre, quejándose de lo que calificó de migración descontrolada en el Reino Unido y exigiéndoles que presentaran estadísticas para sustentar la afirmación de que los migrantes provocan delitos, según cuatro personas familiarizadas con la reunión. Su mensaje fue similar al de Samson, pero con un tono ligeramente más diplomático, lo que refleja el esfuerzo del departamento por profesionalizarse tras los caóticos inicios del gobierno.
Las reuniones y conversaciones privadas sostenidas por Samson y Rogers fueron descritas para este artículo por más de dos decenas de personas; muchas estuvieron presentes en esos encuentros y otras fueron informadas posteriormente. Muchas solicitaron el anonimato porque no estaban autorizadas para revelar el contenido de las conversaciones.
Samson y Rogers declinaron ser entrevistados para este artículo. Tommy Pigott, portavoz adjunto del Departamento de Estado, dijo que “la subsecretaria Rogers y el asesor principal Samson han estado sosteniendo conversaciones complicadas y planteando estos temas. Europa y Estados Unidos, nuestra relación, y nuestro futuro, serán más fuertes gracias a eso”.
‘Construir el reino’
Hijo de madre filipina y padre estadounidense, Samson ha sido religioso desde muy joven.
En 2013, como presidente estudiantil de su primaria católica en Houston, habló de tener “una fe en Dios personal y activa, un profundo respeto por los valores intelectuales, una conciencia social que impulse a la acción”.
En el bachillerato, se postuló al consejo estudiantil bajo el lema “Hagamos al consejo estudiantil grandioso de nuevo”, inspirado en el movimiento MAGA, y era conocido por ser un “conservador implacable”, según el periódico escolar. Más tarde, pareció frustrarse en la Universidad de Texas en Austin. Después de trabajar durante un verano como parte del personal del senador Ted Cruz, republicano por Texas, Samson se quejó de los insultos racistas y las amenazas que dijo haber recibido en la universidad por ser conservador.
“No puedo entrar a la clase con una camiseta de Reagan-Bush sin que alguien me grite groserías”, declaró al periódico de la universidad.
Heidi Altman, quien conoció a Samson cuando trabajó como voluntario en una escuela católica que ella dirige cerca de Austin, comentó que estaba “muy comprometido con construir el reino. Hablaba de política y les enseñaba a los chicos jóvenes que es nuestro trabajo liderar en el mundo, conforme a los valores que Dios nos ha dado”.
El activismo basado en la fe de Samson pronto lo llevó a Washington, y al círculo del vicepresidente JD Vance. Vance, que en ese entonces era senador, fue uno de los primeros partidarios de American Moment, un grupo sin fines de lucro cuyo objetivo es crear una vía profesional para jóvenes líderes conservadores que buscan un trabajo en el gobierno. Samson trabajó durante casi tres años en el grupo, principalmente como su director de asociaciones estratégicas.
“Si quieren ganar esta lucha”, le dijo Vance al grupo en un video publicado en su sitio web, “el país no va a ser salvado por personas deprimidas que ya se rindieron. Lo salvará quien crea en el futuro”.
Cuando Trump regresó a la Casa Blanca, Samson fue nombrado asesor principal de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado.
La oficina fue creada por el Congreso en 1977 para promover las libertades en todo el mundo. Estableció conexiones profundas con grupos comprometidos con los derechos de la mujer, los derechos de los homosexuales, la libertad de prensa, las elecciones libres y los tribunales imparciales.
Los diplomáticos de la oficina buscaron a Samson en Google cuando este llegó, según personas que trabajaban en el departamento en aquella época. Pocos habían oído hablar de él, pero le dijo a un funcionario que conocía al vicepresidente de su época en American Moment.
Armado con esa reputación, Samson llegó “con todo”, recordó otro funcionario. Samson les dijo a algunos de sus colegas, según el funcionario, que Estados Unidos se había vuelto woke y que él pretendía dar voz a los cristianos y a los conservadores.
Nick Solheim, director ejecutivo de American Moment, dijo que el rol de Samson en el gobierno era “perfecto”, dado su interés de larga data en el cristianismo, la libertad de expresión y Europa.
El segundo funcionario, que también ha dejado el gobierno, recordaba que Samson dio instrucciones al personal para que pensara cómo castigar a la Unión Europea por, según la percepción de Samson, restringir la libertad de expresión. Otro exfuncionario dijo que la oficina pasó tres meses evaluando si las regulaciones tecnológicas de la UE habían dado lugar a lo que Samson percibía como censura.
A Samson no le gustaba que el nombre de la oficina incluyera una referencia a los derechos humanos. Quería cambiarlo por el de Oficina de Derechos Naturales, según tres exempleados del Departamento de Estado.
Para Samson y otros conservadores, el concepto de derechos humanos suele ser una expresión radical de una ideología política creada por el humano. Por el contrario, dicen, “derechos naturales” indica algo dado por Dios.
Samson entregó a su personal un documento, visto por The New York Times, titulado “Teoría de los derechos naturales”. Este afirmaba que su objetivo era “evitar que la ideología política distorsione lo que es/no es un derecho natural”.
El nombre de la oficina era un mandato del Congreso, por lo que Samson se vio obstaculizado. En su lugar, creó la Oficina de Derechos Naturales como una unidad dentro de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado.
Una Europa desestabilizada
Durante gran parte de 2025, Samson viajó por Europa, poniendo en práctica sus ideas.
Una de las primeras personas a las que intentó ayudar fue Le Pen, la veterana líder antiinmigrante francesa, quien esperaba convertirse en la primera presidenta de extrema derecha de Francia desde la Segunda Guerra Mundial. En las dos últimas elecciones presidenciales del país, ella fue derrotada por Emmanuel Macron.
En abril de 2025, un tribunal condenó a Le Pen por malversación de fondos y le prohibió postularse a otro cargo público durante cinco años. Aunque iba a la cabeza en muchos sondeos, ahora necesitaría un veredicto favorable de un tribunal de apelación para volver a postularse a la presidencia.
En una reunión celebrada en mayo con una comisión independiente que asesora al gobierno francés en materia de derechos humanos, Samson abogó por Le Pen. Preguntó si la comisión había considerado la posibilidad de intervenir en nombre de Le Pen, según Lafourcade, su directora. Samson veía claramente a Le Pen como víctima, no como culpable, dijo Lafourcade.
Lafourcade describió la conversación de una hora como “circular”, y dijo que la había inquietado tanto que se negó a tomarse una foto con Samson y su colega. Después de acompañar a los diplomáticos al vestíbulo, dijo, los denunció al gobierno francés por posible injerencia extranjera.
“Me pareció más bien una búsqueda de desinformación”, dijo.
Ese mismo día, Samson y su colega visitaron la oficina de Reporteros sin Fronteras, un organismo de defensa de la libertad de prensa, según Thibaut Bruttin, director del grupo. Expresaron su oposición a la Ley de Servicios Digitales, el principal reglamento tecnológico de la UE, dijo Bruttin.
Para sus defensores europeos, la ley forma parte de un intento más amplio de proteger a los usuarios de los abusos. Exige a las empresas de redes sociales que vigilen sus plataformas para detectar contenidos ilícitos, incitación al odio y desinformación, o se arriesgan a recibir fuertes multas. Funcionarios conservadores del gobierno de Estados Unidos como Samson afirman que la ley pone en peligro la libertad de expresión al impedir que las voces de la derecha europea se expresen libremente en internet.
Durante la reunión, Samson “dijo que Francia se estaba convirtiendo poco a poco en Corea del Norte”, recordó Bruttin.
En las últimas semanas del año, el enfoque agresivo de Samson en asuntos como la regulación tecnológica ya había sido retomado en la política oficial de Estados Unidos: primero en la estrategia de seguridad nacional del presidente y luego en el plan estratégico interno del Departamento de Estado.
En un memorando enviado a las embajadas, el departamento decía que su objetivo para 2026 a 2030 era “reconstruir la alianza civilizacional” con los Estados europeos que habían sido “infectados por el dogma del momento neoliberal posterior a la Guerra Fría”.
El memorando, visto por el Times, representaba un cambio significativo respecto a directivas internas anteriores. Instruía a los diplomáticos a “condenar las acciones antidemocráticas que restringen la libertad de expresión o el libre ejercicio de la religión” y a tratar la migración masiva como “una amenaza para la cohesión nacional, la estabilidad social y los valores de la civilización” en toda Europa.
El subtexto del memorando parecía claro –y alarmante– para los principales líderes de Europa. En un país tras otro, Estados Unidos estaba cambiando drásticamente su enfoque. Los grupos que luchan por la igualdad de género, los derechos de la mujer, los derechos de los homosexuales y la reforma electoral estaban fuera. Las organizaciones dedicadas a la libertad religiosa, el discurso derechista y la lucha contra el derecho al aborto estaban dentro.
Estados Unidos, bajo Trump, se estaba preparando para reducir su apoyo al continente a menos que su política diera un giro a la derecha.
Boquiabiertos
Para finales de 2025, tanto Samson como Rogers se dedicaban de lleno a impulsar ese mensaje y pasaron las últimas semanas del año recorriendo el continente por separado para poner en práctica la nueva diplomacia europea de Trump.
A principios de diciembre, cara a cara con diplomáticos británicos en Londres, Rogers no se contuvo demasiado. En la reunión, de la que no se había informado anteriormente, Rogers arremetió contra los niveles de migración en el Reino Unido, acusando a los migrantes de alimentar una ola de delincuencia. (Los delitos contra personas y hogares han disminuido en general en el Reino Unido en los últimos 10 años, según las cifras oficiales). Criticó a la policía británica por detener a un escritor de comedia crítico con la defensa de los derechos de las personas transgénero. Insistió en que los diplomáticos sabían que algo estaba mal en el sistema británico, según cuatro personas familiarizadas con la conversación.
Los funcionarios británicos se quedaron estupefactos.
“Estaban boquiabiertos”, dijo una persona.
Rogers, una antigua abogada de la Primera Enmienda que cuenta entre sus clientes a la Asociación Nacional del Rifle y a Charlie Kirk, el activista asesinado del movimiento MAGA, no siempre ha estado a la altura de la retórica más estridente de Samson y rara vez comparte sus preocupaciones sobre los derechos naturales.
Aunque Rogers, quien tiene un rango superior al de Samson, en ocasiones ha adoptado una postura menos confrontativa, su enfoque en los tres primeros meses de 2026 siguió siendo en gran medida el mismo que el joven diplomático había desarrollado durante el año anterior.
En su último gran viaje por Europa, en diciembre, Samson recorrió Austria, la República Checa, Hungría y Eslovaquia. Fue en Hungría donde Samson lanzó su ofensiva pública más audaz contra el viejo orden europeo.
Pronunció un discurso en el Instituto Húngaro de Asuntos Internacionales, un grupo de reflexión fundado por el gobierno húngaro, cuyos investigadores “trabajan directamente” para Orbán, el dirigente húngaro dijo en 2023.
“Está claro que esta no es una Europa de libertad de expresión y autogobierno”, dijo Samson.
Su nueva Oficina de Derechos Naturales, dijo, emprendería “acciones específicas para resistirse tanto a los autoritarios tradicionales como a los ideólogos modernos que pretenden socavar estos bienes fundamentales de la sociedad”.
Cuatro meses después, ese mensaje podría no parecer tan eficaz como esperaban los funcionarios de Trump.
Días antes de las elecciones generales en Hungría, Vance viajó a Budapest con la esperanza de impulsar las posibilidades de reelección de Orbán. El vicepresidente llamó al húngaro “estadista” y dijo que era uno de los pocos líderes de Europa que “defiende los valores de la civilización occidental”.
Cuando los votantes húngaros acudieron a las urnas el pasado domingo, Orbán sufrió una fuerte derrota tras 16 años consecutivos en el poder.
Michael D. Shear es un corresponsal sénior del Times que cubre la política y la cultura del Reino Unido y la diplomacia de todo el mundo.
Catherine Porter es reportera internacional del Times y cubre Francia. Está radicada en París.
Jane Bradley es reportera de investigación en la sección Internacional. Desde Londres se enfoca en descubrir los abusos de poder, los crímenes financieros y la corrupción y las injusticias sociales.
Christopher F. Schuetze es reportero de The New York Times en Berlín y cubre temas de política, sociedad y cultura en Alemania, Austria y Suiza.