Una tarde del otoño de 2024, mi esposa y yo nos encontrábamos sentados en medio del tráfico de la autopista de Long Island cuando ella, cansada de la estación de jazz-funk que yo solía poner en nuestros trayectos, puso un pódcast.
Era Hard Fork, el programa de The New York Times sobre tecnología, y los presentadores hablaban sobre un nuevo documental de HBO que aseguraba haber desenmascarado al inventor del bitcóin, conocido solamente con el seudónimo Satoshi Nakamoto.
Quedé enganchado al instante. Desde hacía mucho tiempo veía la cuestión de la verdadera identidad de Satoshi como uno de los grandes enigmas de nuestra era y ya había intentado averiguarla, sin éxito. Dos años antes, incluso había dedicado varios meses a investigar para un libro sobre el tema, pero no tardé en darme cuenta de que estaba fuera de mi alcance y desistí a regañadientes.
Oír que alguien más podría haber identificado por fin a la enigmática figura que había revolucionado las finanzas, dado origen a una industria de 2,4 billones de dólares y amasado una de las mayores fortunas del mundo en un golpe de asombrosa genialidad despertó en mí una mezcla de admiración y envidia. Estaba impaciente por ver la película. En cuanto llegamos a casa esa noche, entré a HBO Max y pulsé play.
Al final, la conclusión de Dinero Digital: El Misterio del Bitcoin me pareció poco convincente: HBO señalaba a un desarrollador de software canadiense basándose en pruebas que parecían muy endebles. Pero mientras veía lo que por lo demás era un entretenido paseo por el mundo de las criptomonedas, una escena me llamó la atención.
El criptógrafo británico Adam Back, una figura destacada del movimiento bitcóin, se encontraba sentado en un banco de un parque de Riga, Letonia, con la camisa suelta bajo un abrigo marrón. El cineasta recitaba de manera casual los nombres de varios sospechosos de ser Satoshi. Al escuchar el suyo, Back se puso tenso, negó categóricamente ser Satoshi y pidió que la conversación fuera extraoficial.
Habiendo tenido encuentros con bastantes mentirosos y desarrollado cierta habilidad para detectar sus gestos delatores, el comportamiento de Back –sus ojos esquivos, su risita incómoda, los movimientos bruscos de su mano izquierda– me pareció sospechoso. Cuando aparecieron los créditos, repetí esa secuencia varias veces en mi televisor.
Mientras pensaba en la reacción de Back, otra cosa vino a mi mente. Un impostor australiano había sido demandado por afirmar falsamente que era Satoshi. ¿Qué tal si las pruebas reveladas en ese juicio, celebrado en Londres unos meses antes, podrían ayudarme a desentrañar el misterio?
Como te dirá cualquiera que esté empapado en la mitología del bitcóin, Satoshi era un maestro en el arte de ser anónimo en internet, dejando pocas huellas digitales, por no decir ninguna.
Sin embargo, Satoshi dejó un corpus de textos, incluido el libro blanco, un documento de nueve páginas en el que exponía su invento y numerosos mensajes en el foro Bitcointalk, un tablón de mensajes en línea donde los usuarios se reunían para debatir sobre el software, la economía y la filosofía de la moneda digital. Y resultó que ese corpus se había ampliado considerablemente durante el juicio civil del impostor, cuando Martti Malmi, un programador finlandés que colaboró con Satoshi en los primeros días del bitcóin, divulgó cientos de correos electrónicos que había intercambiado con él. Ya habían salido a la luz correos electrónicos que Satoshi envió a otros de los primeros usuarios de bitcóin, pero nada se acercaba en volumen al lote de Malmi. Si alguna vez se iba a encontrar a Satoshi, yo estaba convencido de que la clave se encontraba en estos textos.
Por otro lado, seguramente otros habían recorrido este camino antes que yo. Periodistas, académicos y detectives de internet llevaban 16 años intentando identificar a Satoshi. Durante ese tiempo, se habían propuesto más de 100 nombres, entre ellos los de un estudiante de criptografía irlandés, un ingeniero japonés-estadounidense desempleado, un cerebro criminal sudafricano y el matemático retratado en la película Una mente brillante.
Las teorías más atractivas se habían enfocado en las coincidencias que encajaban con lo poco que se sabía de Satoshi: un estilo particular de escribir código, un historial laboral misterioso, dominio de los conceptos técnicos clave del bitcóin, una visión del mundo antigobierno. No obstante, todas habían caído bajo el peso de una coartada o de alguna otra prueba incoherente o contradictoria. Cada fracaso había sido recibido con regocijo por muchos miembros de la comunidad del bitcóin. Como les gustaba señalar, solo Satoshi podría demostrar de manera definitiva su identidad, moviendo algunas de sus monedas. Cualquier prueba que no fuera esa sería circunstancial.
Parecía una tontería pensar que de algún modo yo podría resolver un caso que había desconcertado a tantos otros. Pero ansiaba la emoción de una historia grande y desafiante, así que decidí intentar una vez más desenmascarar al misterioso creador del bitcóin.
Empecé a buscar maneras de depurar la lista de candidatos.
Algo que saltaba a la vista en los correos electrónicos de Satoshi a Malmi y en sus otros escritos era que mezclaba ortografía y modismos británicos con expresiones estadounidenses. Como muchos sospechosos de ser Satoshi son estadounidenses, algunos han especulado que disfrazaba su prosa con giros británicos, pero una pista que nos dejó Satoshi hizo que yo nunca creyera en esa teoría.
En el primer bloque de transacciones de bitcóin, Satoshi incrustó el texto de un titular de periódico: “The Times 03/enero/2009 El canciller al borde del segundo rescate a los bancos”. El titular en cuestión apareció en la edición británica impresa de The Times of London. Esto me pareció una señal de que Satoshi de verdad era británico.
También es muy probable que Satoshi fuera miembro de los Cypherpunks, un grupo de anarquistas formado a principios de la década de 1990 que quería utilizar la criptografía, el arte de proteger las comunicaciones mediante código, para liberar a las personas de la vigilancia y la censura del gobierno. Los cypherpunks interactuaban principalmente a través de algo conocido como lista de correo de internet. Antecesoras de los actuales tablones de mensajes, las listas de correo eran grandes grupos de correos electrónicos escritos con tipografía antigua, en estilo de máquina de escribir, que los suscriptores recibían en su bandeja de entrada. Para comunicarse, quienes respondían le daban a “responder a todos”.
Es difícil imaginarlo en la era de Venmo y Apple Pay, pero una de las mayores preocupaciones de los cypherpunks era la digitalización de las transacciones financieras. Cuando le das a alguien un billete de 20 dólares, nadie sabe de dónde viene. Pero cuando pagas algo con un cheque o una tarjeta de crédito, los bancos guardan registros informáticos. A los cypherpunks les preocupaba que los gobiernos utilizaran esos registros para monitorear la vida de las personas. En su lista de correo, hicieron una lluvia de ideas sobre cómo crear “efectivo electrónico”: dinero digital que conservara el anonimato de la moneda física. Algunos incluso idearon sus propios sistemas de dinero electrónico, pero ninguno despegó. Hasta que llegó el bitcóin.
Además de su interés común en el efectivo digital, había otros indicios de que Satoshi pertenecía al grupo. Él anunció su libro blanco en una lista derivada de la de los cypherpunks, llamada Cryptography, y parecía familiarizado con dos miembros del grupo.
En su apogeo, a finales de la década de 1990, los cypherpunks contaban con alrededor de 2000 seguidores, por lo que aún quedaba un gran número de candidatos.
Armado con estos indicios, ciertamente débiles, me sumergí en los escritos de Satoshi, especialmente en los correos divulgados por Malmi, y elaboré una lista de palabras y frases que me llamaron la atención. Era como intentar descifrar un dialecto extranjero. Más de una vez me pregunté si no estaba entregado a un ejercicio inútil.
Mi lista llegó a tener más de cien palabras y frases y ocupó varias páginas de mi cuaderno. Entre las que me llamaron la atención estaban: “dang“, “backup“, “human friendly“, “on principle“, “burning the money“, “abandonware“, “hand tuned” y “partial pre-image“. (En español: “diablos”; “respaldar”; “amigable para humanos”; “por principios”; “quemar el dinero”; “software abandonado”; “ajustado a mano”; y “preimagen parcial”).
Una frase –“una amenaza para la red“– sonaba como una línea de una película de ciencia ficción. El resto sugería una extraña combinación de británico de clase alta, estadounidense rural, genio de la informática y criptógrafo.
Utilizando la función de búsqueda avanzada de la plataforma de redes sociales X, hice una búsqueda rápida para ver si alguna de las alrededor de 10 personas a las que más a menudo se señalaba como Satoshi usaba los términos que yo había destacado. No todos los sospechosos de ser Satoshi tienen cuentas en X, así que esto no pretendía ser científico. Pero, tal como esperaba, una persona coincidía con casi todas mis palabras y frases: Back.
Mirando fijamente una larga columna de marcas que había puesto en mi cuaderno bajo su nombre, sentí una descarga de adrenalina. Mi corazonada ahora parecía tener, al menos en parte, fundamento. Que Back usara muchos de los mismos términos que Satoshi tal vez no probara nada para una comunidad que llevaba años consumida por este tema, pero yo dudaba que fuera mera casualidad.
Al observar más de cerca a Back, me di cuenta de que tenía varios atributos que coincidían con los de Satoshi. Para empezar, era británico y era un cypherpunk. Y lo que era más importante, Back había inventado el hashcash, un sistema estadístico de resolución de acertijos que Satoshi tomó prestado para la minería de bitcóin. Satoshi había mencionado a Back y al hashcash en su libro blanco.
Sin embargo, Back había presentado correos electrónicos durante el juicio del impostor australiano que demostraban que Satoshi se había puesto en contacto con él en agosto de 2008, antes de publicar el libro blanco del bitcóin, para verificar la cita del hashcash de Back. Esos correos parecían demostrar que Back no podía ser Satoshi.
Sin embargo, mientras pensaba en eso, vislumbré una posibilidad diferente: Back podría haberse enviado esos correos a sí mismo como coartada.
Con sus gafas de montura de alambre, su cabello ralo y canoso y su perilla, Back, de 55 años, parece un matemático desaliñado. Durante alrededor de una década, ha construido un pequeño imperio de empresas relacionadas con el bitcóin y se ha convertido en uno de los miembros más influyentes de la comunidad.
Hace tiempo que Back figura entre los principales candidatos a Satoshi. Sin embargo, a diferencia de otros sospechosos destacados, no ha sido objeto de un escrutinio periodístico minucioso, salvo en un video de 2020 de un YouTuber anónimo que se hace llamar “Barely Sociable”.
Hace un año, volé a Las Vegas para reunirme con él. Tenía previsto hablar en la conferencia Bitcoin2025 en el hotel Venetian Resort. No estaba segura de tener a la persona adecuada, así que no pensaba enfrentarlo todavía. Solo quería conocerlo y saber más sobre sus antecedentes. Si mi investigación daba resultado, me imaginaba acorralándolo más tarde con todas mis pruebas, en un dramático enfrentamiento final, como un detective de policía que intenta arrancar una confesión a un sospechoso de asesinato. Pero por el momento, quería que se sintiera cómodo y establecer una relación.
Me acerqué a Back después de verlo predecir con seguridad en un panel que el bitcóin, que entonces cotizaba en torno a los 108.000 dólares, alcanzaría “fácilmente el millón” en cinco o 10 años. (Como era de esperar, los organizadores de la conferencia habían bautizado el escenario en el que habló como “Escenario Nakamoto”). Parecía ligeramente sorprendido, a pesar de que yo había concertado la entrevista con antelación.
Solo le dije a Back que estaba trabajando en un reportaje sobre la historia del bitcóin, pero puede que sospechara lo que me traía entre manos porque ya me había puesto en contacto con seis antiguos colegas de tres empresas en las que había participado. Si era así, no lo demostró. Se mostró paciente y amable. Resultaba difícil imaginar que este nerd de mediana edad y voz suave, que no tomaba precauciones de seguridad visibles, pudiera ser una de las personas más ricas del mundo. Según la leyenda del bitcóin, Satoshi había extraído 1,1 millones de monedas en los primeros días de la moneda digital, un tesoro valorado en 118.000 millones de dólares en el momento de la conferencia.
Back se mostraba parlanchín cuando se trataba de bitcóin, pero era más reservado cuando yo dirigía la conversación a sus primeros años de vida. Finalmente logré que me contara lo siguiente: nació en Londres en 1970. Su padre era empresario y su madre secretaria jurídica. Se mudaban con frecuencia y los miembros de su familia tenían opiniones firmes y no dudaban en expresarlas.
Back dijo que aprendió a programar de manera autodidacta a los 11 años con una computadora personal Timex Sinclair y que se interesó por la criptografía en la secundaria. La afición se convirtió en pasión en la Universidad de Exeter cuando un compañero le presentó PGP, un programa de encriptación gratuito usado por activistas antinucleares y grupos de derechos humanos para proteger sus archivos y correos electrónicos de la vigilancia gubernamental.
Back quedó tan cautivado con las muchas aplicaciones potenciales de PGP (la sigla en inglés de Pretty Good Privacy, o Privacidad Bastante Buena), que dijo que pasó la mayor parte de su doctorado “adentrándose en el laberinto de la criptografía”. Se distrajo tanto, recordó, que tuvo que despachar toda su tesis en los últimos seis meses en la universidad, comparándose con un piloto que aterriza de emergencia un avión.
Para entonces yo ya había aprendido lo suficiente como para saber que PGP se basa en la criptografía de clave pública.
El bitcóin también. Un usuario de bitcóin tiene dos claves: una clave pública, de la que se deriva una dirección que actúa como una caja de seguridad digital; y una clave privada, que es la combinación secreta utilizada para abrir esa caja y gastar las monedas que contiene.
Qué interesante –pensé– que el pasatiempo de posgrado de Back involucrara la misma técnica criptográfica que Satoshi había adaptado.
El tema de la tesis de doctorado de Back, me dijo, eran los sistemas informáticos distribuidos: programas que dependen de una red de computadoras independientes, conocidas en el lenguaje informático como “nodos”, que trabajan juntas para ejecutar su software. Este era otro de los pilares tecnológicos del bitcóin.
Y el proyecto de tesis de Back se centraba en C++, el mismo lenguaje de programación que utilizó Satoshi para codificar la primera versión del software de bitcóin.
Después de casi dos horas, Back me indicó educadamente que tenía otros compromisos esa tarde, así que nos despedimos cordialmente. Le dije que me pondría en contacto si tenía otras preguntas.
Antes de mi viaje a Las Vegas, había empezado a sumergirme en los archivos de la lista de correo de Cypherpunks para saber más sobre el extraño mundo clandestino que había producido a Satoshi. Cuando regresé a Nueva York, me zambullí de nuevo.
A diferencia de una plataforma de redes sociales como Facebook, la lista Cypherpunks era un foro de comunicación descentralizado. Ahí se reunían aficionados a la criptografía preocupados por la privacidad para intercambiar ideas subversivas sin temor a ser censurados. En el proceso, sembraron las semillas de innovaciones que cambiarían el curso de la historia financiera.
Sus mensajes se conservaron para la posteridad en varios sitios web poco conocidos. Uno de ellos me recibió con el logotipo de una calavera y el eslogan: “¡Levántate, no tienes nada que perder más que tus cercas de alambre de púas!”. Me encontré mirando miles de correos electrónicos llenos de jerga criptográfica que apenas entendía.
Back se unió a la lista en el verano de 1995, hacia el final de sus estudios de posgrado. Rápidamente se convirtió en un participante activo, publicando constantemente sobre temas que iban desde la privacidad digital hasta sus muy frugales hábitos de gasto.
En uno de sus primeros mensajes, resolvió un reto criptográfico, una especie de acertijo matemático, publicado por Hal Finney, un cypherpunk de California que había trabajado en PGP. Ese fue el inicio de una amistad en línea; décadas después, Back tuiteó que él y Finney habían interactuado numerosas veces dentro y fuera de la lista y que admiraba la concentración y las habilidades de codificación de Finney.
Satoshi también era amigo de Finney. Cuando Satoshi presentó su libro blanco, Finney lo elogió. Más tarde, Finney se ofreció como voluntario para recibir algunos bitcóins en lo que se convirtió en la primera transacción de bitcóin del mundo. No había pruebas de que Finney supiera quién era Satoshi, pero una de sus interacciones parecía indicar que Satoshi conocía a Finney.
En diciembre de 2010, Finney publicó en Bitcointalk elogiando el código del bitcóin. Dos horas después, Satoshi respondió: “Eso significa mucho viniendo de ti, Hal“.
Hubo otra cosa que me hizo pensar que Satoshi y Finney tenían un historial en común. En uno de sus correos electrónicos a Malmi, Satoshi hacía referencia a un sistema de dinero electrónico que Finney había inventado llamado Pruebas de Trabajo Reutilizables, o RPOW, por su sigla en inglés.
Al igual que el bitcóin, el RPOW incorporaba hashcash en su diseño pero, a diferencia del bitcóin, no había despertado prácticamente ningún interés en la comunidad criptográfica. Solo un puñado de personas lo habían comentado en las listas Cypherpunks y Cryptography.
Uno de esos pocos era Back.
Back había encontrado en los cypherpunks a sus almas gemelas ideológicas. Me lo imaginaba en su casa de Londres conectándose a internet con un módem de marcación después del trabajo y pasando las noches metido en discusiones filosóficas con otros miembros del grupo a medio mundo de distancia.
Igual que muchos de sus nuevos amigos por correspondencia, Back adoptó la “criptoanarquía”, una ideología que básicamente significaba usar la criptografía para proteger la vida de las personas de la intromisión del Estado.
Eso me recordó lo que dijo Satoshi cuando lanzó el bitcóin.
Como libertario, Back se indignó cuando el gobierno de Bill Clinton abrió una investigación penal contra el fundador de PGP. En aquella época, el gobierno de Estados Unidos consideraba que los programas de encriptación eran vitales para la seguridad nacional y creía que la publicación en línea del código fuente de PGP equivalía a exportar municiones prohibidas.
A manera de protesta, Back hizo camisetas con un potente algoritmo de encriptación impreso en ellas y las envió por correo a Cypherpunks de otros países. Su argumento era que la prohibición estadounidense de exportar criptografía sensible violaba los principios de la libertad de expresión y no podía aplicarse.
Mientras me deleitaba con la astucia de la broma de Back, me di cuenta de que Satoshi también había usado el código para enviar mensajes políticos. Probablemente Satoshi había incrustado ese titular de The Times of London en el primer bloque de transacciones, en parte para criticar los rescates bancarios del gobierno británico durante la crisis financiera que hacía estragos en aquel momento.
Satoshi había colocado otro mensaje político en un sitio web popular entre los aficionados a las tecnologías descentralizadas. Afirmaba que su fecha de nacimiento era el 5 de abril de 1975. El 5 de abril fue el día de 1933 en que el presidente Franklin Roosevelt prohibió la propiedad privada de oro para permitir que el gobierno devaluara el dólar durante la Gran Depresión, y 1975 fue el año en que terminó la prohibición.
El comentarista financiero Dominic Frisby había visto este guiño hace más de una década y lo había reconocido: el bitcóin era una versión digital del oro que el Estado no podía prohibir ni devaluar.
Pero nadie parecía haber reparado en esta breve publicación hecha por Back en 2002:
“Solo por curiosidad, ¿cuál fue la justificación bajo la cual la posesión privada de oro se volvió ilegal en Estados Unidos? Es desconcertante…”.
Mientras reflexionaba sobre esta extraña coincidencia, me di cuenta de que Satoshi y Back tenían otra cosa en común: una extraña preocupación por el correo no deseado.
Entre sus diversas aficiones cypherpunk, Back dirigía un remailer, un servicio que permitía a sus usuarios comunicarse de forma anónima eliminando los datos identificativos de sus correos antes de reenviarlos. Para su gran disgusto, personas que se dedicaban a enviar correo no deseado, o spam, aprovecharon eso para bombardear a la gente con basura.
Back inventó el hashcash en marzo de 1997 como una forma de contraatacar. La idea era imponer una tarifa de franqueo a cada correo electrónico enviado a través de su remailer. Los gastos de envío se pagaban en hashcash, que los usuarios generaban resolviendo pequeños problemas matemáticos que requerían muchos cálculos. Una computadora solo tardaba unos segundos en resolver los problemas matemáticos, pero representaban una costosa carga de recursos informáticos para quienes enviaban cientos de miles de correos no deseados a la vez.
Mientras leía el corpus de Satoshi por segunda y tercera vez, empecé a ver la palabra “spam” por todas partes. Según mi conteo, Satoshi la mencionaba 24 veces, y con frecuencia expresaba ideas idénticas a las de Back.
Cinco meses después de presentar el hashcash, Back sugirió en la lista Cypherpunks que su invento podría ser útil a los famosos para filtrar sus correos electrónicos. En una publicación de enero de 2009 en la lista Cryptography, Satoshi proponía un uso similar para el bitcóin.
No era un caso de uso obvio para el nuevo dinero electrónico de Satoshi, a menos que filtrar correo basura fuera tu obsesión, como lo había sido para Back durante más de una década.
Satoshi también creía que el bitcóin podría conducir a una reducción general del correo no deseado. Días después de publicar su libro blanco, argumentó que su creación podría dar a los ejércitos de computadoras zombis controladas por hackers para inundar bandejas de entrada un nuevo propósito: “generar bitcóin en su lugar”.
Su argumento no tuvo repercusión alguna y el spam siguió proliferando. Sin embargo, Back haría el mismo señalamiento en Bitcointalk cuatro años más tarde: “Quizá el spam incluso disminuya si la minería de hashcash con CPU/GPU resulta ser un mercado más rentable que enviar spam. Me parece muy probable que así sea”, escribió.
No tenía tanta suerte encontrando fisuras en la cubierta secreta de Satoshi que pudieran conducir a una prueba concluyente. La sabiduría convencional sostenía que había cometido dos errores. El primero tenía que ver con una dirección IP filtrada que parecía ubicarlo en el sur de California cuando lanzó el software de bitcóin. El otro involucraba un hackeo de una de sus direcciones de correo electrónico. Tras semanas persiguiendo ambas pistas, concluí que no solo eran callejones sin salida, sino que probablemente ni siquiera habían sido errores. ¿Cómo iba a encontrar a alguien tan hábil para ocultar su rastro?
Mientras reflexionaba sobre esta pregunta, se me ocurrió que Back también era hábil para operar de forma anónima en internet. Profundamente paranoico ante la vigilancia gubernamental, buscaba constantemente formas de eludirla. De hecho, al igual que Satoshi, Back era un gran aficionado a usar seudónimos.
“Debes estar por debajo del radar, debes ser esencialmente invisible para el gobierno, el expediente de los espías sobre ti debe decir ‘Señor Promedio’ y ser completamente inofensivo. También debes tener uno o más alter egos, para tus intereses reales”, escribió en enero de 1998.
El alter ego elegido por Satoshi era de Japón. Casualmente, Back había expresado su interés por ese país en 1997, cuando un cypherpunk japonés publicó en la lista la creación del primer remailer (servidor de correo anónimo) de Japón.
“¡Felicidades por poner en marcha un remailer en una nueva jurisdicción!”, respondió Back. “Cambiar de jurisdicción también es bueno –me pregunto qué ofrece Japón como oportunidad de jurisdicción– ¿hay cosas legales en Japón que no lo sean en Europa o Estados Unidos?”.
El cypherpunk japonés no contestó. Pero eso no habría impedido que Back realizara más tarde una pequeña investigación por su cuenta. Si lo hubiera hecho, habría dado con una empresa con sede en Tokio llamada Anonymousspeech LLC, que ofrecía servicios de correo electrónico anónimo y de alojamiento web. Satoshi utilizó sus servicios para registrar el sitio web bitcoin.org y crear dos cuentas de correo electrónico imposibles de rastrear.
En 1999, Back se mudó a Montreal para trabajar en una empresa emergente especializada en software de privacidad. Allí ayudó a crear un sistema de privacidad llamado Freedom Network que permitía a sus usuarios navegar por internet de forma anónima. Fue un precursor de The Onion Router, una red mejor conocida por sus siglas, Tor, que anonimiza el tráfico en internet. Existe un consenso generalizado en la comunidad bitcóin de que Satoshi utilizó Tor para ocultar sus huellas.
Al igual que el bitcóin, Freedom Network era un sistema informático distribuido. Back y sus colegas intentaron hacerlo inmune a la vigilancia gubernamental y empresarial.
Ese era otro rasgo que compartía con Satoshi, cuyos mensajes en Bitcointalk mostraban un profundo conocimiento de la seguridad de las redes y de cómo protegerse de las vulnerabilidades. La red bitcóin es muy admirada por lo bien que ha resistido los intentos de hackeo.
Tras varios meses en las profundidades de los archivos de la lista Cypherpunks, a veces perdía la noción de dónde me encontraba en mi investigación y seguía pistas falsas por extraños callejones sin salida. Al responder a una de las primeras críticas a su libro blanco en la lista Cryptography, Satoshi había escrito: “En realidad, no hice esa afirmación con toda la firmeza que hubiera podido”. Creí haber visto esa frase antes y pasé varias tardes revisando cientos de mensajes de la lista de correo de la década de 1990 que ya había leído. Pronto quedó claro que me la había imaginado.
Pero mi relectura no fue en vano. Otros paralelismos entre Back y Satoshi empezaron a hacerse evidentes. Por ejemplo, Back y Satoshi compartían su aversión por los derechos de autor.
“Que se eliminen las patentes y los derechos de autor”, escribió Back en septiembre de 1997.
Fiel a esta creencia, Back puso su software hashcash para limitar el spam como código abierto.
Satoshi hizo algo parecido. Publicó el software de bitcóin bajo la licencia de código abierto del MIT, que permitía a cualquiera utilizarlo, modificarlo y distribuirlo sin restricciones.
Con intenciones de crear algo de dominio público, Back y Satoshi también crearon listas de correo en internet dedicadas a sus creaciones –la lista Hashcash y la lista Bitcoin-dev– en las que publicaban actualizaciones del software con nuevas funciones y correcciones de errores en un formato y estilo sorprendentemente similares.
El sesgo de Satoshi contra los derechos de autor, similar al de Back, se manifestó de otras formas. Renunció expresamente a los derechos de autor cuando compartió imágenes de un logotipo de bitcóin que había diseñado en Bitcointalk, y animó a quien quisiera mejorarlo a “hacer sus gráficos de dominio público“.
A principios de la década de 2000, la aplicación de los derechos de autor se convirtió en noticia de primera plana cuando el popular servicio de intercambio de archivos Napster cerró tras ser demandado por las grandes compañías musicales. Napster era un ejemplo de software peer-to-peer, en el que los usuarios comparten contenidos entre sí directamente, eliminando la necesidad de un intermediario corporativo.
Back estaba horrorizado. Compartió con la lista Cypherpunks un documento escrito por un abogado especializado en propiedad intelectual que detallaba todas las amenazas legales a las que se enfrentaban ahora los creadores de software peer-to-peer.
“Mi conclusión tras leerlo”, escribió Back, “es que lo más seguro y sencillo es limitarse a publicar dicho software de forma anónima”.
El bitcóin, igual que Napster, era software peer-to-peer. Cambia la industria musical por el gobierno y podría producirse un escenario similar. Si se conociera la identidad de su creador, los abogados del gobierno sabrían a quién perseguir. Si permanecía oculta, no habría nadie a quien demandar. Si Back y Satoshi eran la misma persona, eso ayudaría a explicar por qué Satoshi decidió ocultarse.
Las compañías discográficas estaban protegiendo sus intereses comerciales. El gobierno habría tenido un plan diferente: proteger su monopolio sobre el dinero.
Al igual que Back, Satoshi consideraba el fin de Napster una lección a tener en cuenta.
Estaba haciendo referencia a que, aunque los usuarios intercambiaban canciones directamente, Napster usaba un servidor central para llevar un registro de quién tenía qué canciones. En cambio, Gnutella, otro servicio de intercambio de archivos, operaba en una red de computadoras independientes distribuidas por todo el mundo, al igual que el bitcoin.
Esto representaba otra coincidencia fascinante. En una publicación de mayo de 2000, Back había hecho exactamente la misma comparación entre Napster y Gnutella:
Back no hizo esta comparación solo una vez. La repitió tres veces distintas en la lista Cypherpunks.
Todas estas similitudes eran intrigantes, pero no tenía nada que relacionara directamente a Back con la creación del bitcóin. Eso cambió cuando descubrí un conjunto de publicaciones de Cypherpunks que Back había escrito entre 1997 y 1999, una década antes del lanzamiento del bitcóin.
El 30 de abril de 1997, sugirió crear un sistema de dinero electrónico “totalmente desconectado” de la banca moderna que tendría cuatro atributos clave: preservaría la privacidad tanto del pagador como del beneficiario; se distribuiría a través de una red de computadoras para que fuera difícil de apagar; tendría cierta escasez incorporada para evitar una inflación excesiva; y no requeriría confianza en ningún individuo o banco. Para conseguir esto último, dos días después sugirió un quinto componente: un protocolo verificable públicamente.
Estos cinco elementos se convirtieron más tarde en pilares fundamentales del bitcóin.
Cuatro meses después, Back volvió al tema del dinero electrónico, introduciendo una nueva característica basada en la teoría de juegos.
“Una aplicación en la que he pensado un poco es la idea de crear un sistema bancario distribuido”, escribió. “Idealmente es un sistema en el que todos los nodos son equivalentes, y k de n de esos nodos tienen que coludirse antes de poder comprometer el funcionamiento del banco”.
Back aludía al problema de los generales bizantinos, un problema de informática que complica los sistemas descentralizados. En la analogía, “n” número de generales rodean una ciudad enemiga en guerra con Bizancio. Para invadir con éxito, todos deben ponerse de acuerdo para atacar al mismo tiempo, pero un subconjunto de “k” generales podrían ser traidores y sabotear el plan. Lo mismo ocurre con las redes informáticas distribuidas: pueden ser saboteadas por participantes malintencionados, o nodos, de la red.
Back quería crear una red de dinero electrónico con tantos nodos en tantos lugares distintos que nadie con ganas de sabotearla pudiera encontrar suficientes conspiradores.
Eso se parecía mucho al sistema que Satoshi describió en su libro blanco 11 años después: el bitcóin funcionaría, escribió Satoshi, “siempre que la mayor parte de la potencia de la CPU esté controlada por nodos que no cooperen para atacar la red”.
En su publicación en la lista Cypherpunks de 1997, Back escribió sobre nodos que podrían “ir y venir” sin afectar al funcionamiento de la red. En su libro blanco, Satoshi escribió que los nodos podían “irse y volver a unirse a la red a voluntad”.
La redacción era ligeramente diferente, pero no hacía falta ser un experto en criptografía para ver que Back y Satoshi habían propuesto exactamente los mismos conceptos.
El 6 de diciembre de 1998, Back volvió una vez más al tema del dinero electrónico luego de que otro cypherpunk, Wei Dai, propusiera su propia idea, llamada b-money. Como señaló el YouTuber Barely Sociable en su video de 2020, Back aprovechó la propuesta de Dai.
B-money utilizaba criptografía de clave pública para anonimizar las cuentas de los usuarios, preservando la privacidad del pagador y el beneficiario, tal y como había previsto Back. Y tenía otra característica que a Back le gustaba.
Un problema al que se enfrenta cualquiera que intente crear una moneda digital es cómo acuñar monedas. Dai propuso un sistema en el que los usuarios que resolvieran un problema computacional serían recompensados con monedas de b-money recién acuñadas.
El hashcash que Back había inventado hacía algo muy parecido: recompensaba a los usuarios que resolvían problemas computacionales con permiso para enviar correos electrónicos. Sugirió readaptar el hashcash y convertirlo en el mecanismo para acuñar las monedas electrónicas de Dai.
Esto era significativo porque Satoshi había citado a Dai en su libro blanco y más tarde describió al bitcóin como “una implementación de la propuesta de b-money de Wei Dai“.
Cuando me paré a pensarlo, me pareció asombroso: igual que Back propuso hacer en 1998, Satoshi combinó los conceptos de hashcash y b-money para crear bitcóin. ¿Qué posibilidades había?
Eso no era todo. En los comentarios que hizo sobre b-money en diciembre de 1998, Back anticipaba la solución a la inflación de Satoshi.
Cualquier moneda electrónica acuñada resolviendo problemas computacionales estaba destinada a sufrir una inflación desenfrenada porque, a medida que los chips de las computadoras se volvieran más potentes, les resultaría más fácil resolver los problemas y acuñar monedas nuevas. Para evitar esta situación, Back sugirió que acuñar una moneda de b-money debería “requerir más esfuerzo computacional a lo largo del tiempo”.
Así es exactamente como Satoshi diseñó el software de bitcóin. Lo programó para que cada nuevo bloque de transacciones de bitcóin tardara un promedio de 10 minutos en minarse y creó un algoritmo que aumentaba la dificultad de resolución de los problemas cuando los chips de computadora más rápidos empezaran a reducir ese intervalo de tiempo.
Por si todas estas clarividentes ideas no fueran suficientes, Back propuso otro concepto crucial en abril de 1999. Para que el dinero electrónico distribuido funcionara, tenía que haber un sello de tiempo público e inmutable de cada transacción. De lo contrario, un usuario podría gastar una moneda dos veces, provocando caos en todo el sistema.
La solución de Back consistía en utilizar árboles hash –que condensan grandes cantidades de datos en una única huella digital– y publicar esas huellas en anuncios clasificados de The New York Times.
Satoshi utilizó la misma idea para el bitcóin, pero sustituyó el componente de los anuncios clasificados por el hashcash de Back, que ponía una marca de tiempo a las transacciones haciendo que los cálculos intensivos utilizados para empaquetarlas en bloques fueran demasiado costosos y lentos como para falsificarlos.
Back incluso anticipó la respuesta de Satoshi a una de las principales críticas que se hicieron posteriormente al bitcóin: su elevado consumo de electricidad.
En 1998 y 1999, argumentó que la energía quemada por una combinación de hashcash y b-money probablemente sería menor que la que consumía el sistema bancario. Cuando un primer lector del libro blanco del bitcóin planteó la cuestión una década más tarde, Satoshi esgrimió un argumento similar.
Mira el original
En resumen, Back imaginó casi todas las facetas del bitcóin –y utilizó la misma racionalización que Satoshi para excusar su principal defecto– una década antes de que el bitcóin fuera creado.
Un mes después de nuestro encuentro en Las Vegas, envié a Back por correo electrónico algunas preguntas sobre su historial laboral y sobre por qué se había mudado a Malta en 2009. No dije por qué lo preguntaba, pero algunos miembros de la comunidad bitcóin habían señalado que ese paraíso fiscal europeo sería un hogar ideal para Satoshi y su tesoro de bitcóins.
Back me contestó al día siguiente, amablemente, pero aparentemente comprendiendo la implicación de mi pregunta. Se mudó a Malta por varias razones, como el costo de la vida, el clima y, sí, los impuestos, escribió. “A los bitcoineros les encanta indagar, pero las coincidencias ocurren y no tienen por qué significar nada”.
Estaba claro que sabía lo que me traía entre manos. Había llegado el momento de tantear el terreno abordando algo que me molestaba.
Satoshi había mencionado tanto al hashcash como al b-money en su libro blanco. Sin embargo, los correos electrónicos que Back presentó para el juicio de Craig Wright, el impostor australiano, hacían pensar que Satoshi aún no conocía el b-money en agosto de 2008, cuando se puso en contacto con Back para comprobar si estaba citando correctamente su artículo sobre hashcash. Solo después de que Back le remitiera al sitio web de Dai, Satoshi añadió la cita de b-money a su libro blanco, según sugieren los correos electrónicos.
Pero eso no me cuadraba. El documento de Back sobre hashcash hablaba específicamente de b-money como una aplicación para hashcash. Suponiendo que Satoshi leyera el documento que pensaba citar, habría tenido que saber del b-money.
Back reconoció esta contradicción en 2020. Después de sugerir en X que Satoshi podría ser un cypherpunk anónimo que había publicado sobre dinero electrónico, otro usuario cuestionó su teoría, señalando que el cypherpunk anónimo había mencionado el b-money y que Satoshi solo había conocido el b-money muchos años después, a través de Back.
Sí, respondió Back, pero Satoshi podría haberle mentido y fingir que no sabía nada del b-money. “Si Satoshi conociera una cita muy poco conocida (página web publicada en Cypherpunks como parte de la discusión sobre ecash), ¿quizás no la citaría para evitar la triangulación?”,escribió.
Alguien como Back, quien era uno de los únicos seis usuarios con nombre que habían hablado de b-money en las listas Cypherpunks y Cryptography y que lo había mencionado no menos de 60 veces, podría querer evitar especialmente este tipo de triangulación.
Cuanto más lo meditaba, más sospechaba que Back se había escrito a sí mismo los correos de Satoshi en una elaborada treta para desviar las sospechas de sí mismo.
Así que decidí pedirle a Back los metadatos de los correos. Los metadatos son para un correo electrónico lo que el sobre, el matasellos y el sello son para una carta física: indican de dónde procede, cuándo se envió y si fue modificado. Las copias de los intercambios de correos electrónicos de Back con Satoshi que se hicieron públicas durante el juicio de Wright en Londres no incluían esta información.
No tenía muchas esperanzas de que los metadatos me dijeran algo útil, porque Satoshi había utilizado el servicio de correo electrónico anónimo registrado en Tokio, que habría ocultado su dirección IP. Y no solo eso; probablemente Satoshi había utilizado Tor para conectarse al servicio y aislarse aún más. Aun así, quería verlos, por si podía obtener alguna pista.
Pero cuando envié mi petición por correo electrónico a Back, no respondió. No estaba seguro de si me estaba ignorando o simplemente estaba ocupado, y no quería asustarlo enviándole otro mensaje inmediatamente, así que esperé ocho días para enviarle otro. De nuevo, silencio absoluto.
Estaba claro que había tocado una fibra sensible. ¿Por qué? Con las precauciones que había tomado Satoshi, ¿qué había que ocultar? ¿A menos que Satoshi hubiera cometido algún tipo de error?
Tras presentar el bitcóin en Halloween de 2008, Satoshi pasó los dos años y medio siguientes mejorándolo con la ayuda de un grupo de entusiastas que prestaron sus conocimientos de ingeniería de software al proyecto. Satoshi se coordinaba frecuentemente con el grupo, que más tarde se conocería como los desarrolladores del Bitcoin Core, en Bitcointalk y por correo electrónico. Después, desapareció el 26 de abril de 2011.
Resulta que Back siguió el mismo patrón, pero a la inversa.
Durante más de una década, siempre que se hablaba de dinero electrónico en la lista de Cypherpunks o en la de Cryptography, Back intervenía, a menudo con artículos largos y detallados. Pero cuando llegó el bitcóin, la manifestación más cercana a la visión que había trazado, Back no estaba por ninguna parte.
Años más tarde, en diciembre de 2013, relató una versión muy diferente de los hechos en elpódcast Let’s Talk Bitcoin. Back dijo al presentador que había estado “muy interesado técnicamente” en el invento de Satoshi cuando salió a la luz y que había “participado” en el debate que suscitó en la lista Cryptography.
Examiné la lista en busca de cualquier rastro de dicha participación en otoño de 2008 e invierno de 2009 y no encontré ninguna prueba de ello. De hecho, Back siguió ignorando por completo el bitcóin hasta junio de 2011, cuando hizo su primer comentario público al respecto. Eso fue seis semanas después de la desaparición de Satoshi.
Este firme defensor del dinero electrónico que había propuesto ideas casi idénticas al bitcóin, durante años mostró poco, o ningún interés.
Pero cuando por fin se implicó de lleno, coincidió con un nuevo acontecimiento que sin duda atraería la atención de Satoshi. El 17 de abril de 2013, un criptógrafo argentino llamado Sergio Demian Lerner publicó un artículo en su blog en el que revelaba la fortuna de Satoshi. Ese mismo día, Back se unió a Bitcointalk.
Después de que Lerner hiciera una publicación de seguimiento en su blog una semana más tarde, Back escribió en la sección de comentarios: “Supongo que si te parece que te estás acercando demasiado, quizá quieras detenerte, por el bien de Nakamoto…”.
De repente, metido de lleno
De repente, Back estaba metido de lleno. A las pocas horas de presentarse en Bitcointalk, ya estaba proponiendo complicadas mejoras del sistema. En menos de dos semanas, exigía que Wikipedia restaurara su página independiente sobre Satoshi Nakamoto, que había sido eliminada y fusionada con la página de bitcóin. Y en 18 meses, había fundado una empresa llamada Blockstream para crear herramientas que hicieran que la red bitcóin fuera más fácil de usar, más rápida y más privada.
Fue el comienzo de una era en la que Back adquirió rápidamente influencia y se convirtió en un cabecilla de la aún pequeña comunidad bitcóin. Para dotar de personal a Blockstream, sacó a los mejores desarrolladores del Bitcoin Core de sus empleos en empresas como Google y Mozilla, lo que le dio una enorme influencia sobre la moneda digital. También se hizo muy rico: durante la siguiente decena de años, Blockstream y sus filiales recaudarían 1000 millones de dólares en financiación y Blockstream alcanzaría una valoración de 3200 millones de dólares.
Todo parecía congruente con lo que Satoshi podría hacer si decidiera reaparecer al amparo de su nombre real y retomar las riendas de su creación.
En otoño de 2014, Back y sus colegas de Blockstream publicaron un libro blanco sobre una innovación que Back había concebido llamada “cadenas laterales vinculadas”.
El documento, del que Back era el autor principal, mencionaba a DigiCash. Fundada por el criptógrafo David Chaum a finales de la década de 1980, DigiCash creó una moneda electrónica pionera que, a diferencia del bitcóin, dependía de un servidor central de su propiedad y gestión. Cuando DigiCash quebró en 1998, la moneda se hundió con ella.
“El requisito de un servidor central se convirtió en el talón de Aquiles de DigiCash”, decía la presentación del documento.
Así era exactamente como Satoshi había descrito los fallos de DigiCash cinco años antes: “Por supuesto, la mayor diferencia es la falta de un servidor central. Ese era el talón de Aquiles de los sistemas chaumianos”, escribió Satoshi.
Al año siguiente, en 2015, la comunidad bitcóin se fracturó a causa de una propuesta para aumentar el tamaño de los bloques de bitcóin. Una facción liderada por dos desarrolladores de bitcóin, Gavin Andresen y Mike Hearn, quería hacer los bloques mucho más grandes para dar cabida a más transacciones. Pero esto era controvertido porque los bloques más grandes requerirían que los usuarios que gestionaran los nodos de bitcóin tuvieran un hardware más potente y conexiones a internet más rápidas. Si el costo de gestionar un nodo fuera demasiado elevado, los usuarios se verían obligados a cerrarlos, dejando la red en manos de unos pocos grandes centros de datos. Esto, a su vez, amenazaría la seguridad de la red, ya que los centros de datos podrían confabularse para apoderarse de ella.
Back se opuso firmemente a aumentar el tamaño de los bloques. En una serie de mensajes en la lista Bitcoin-dev, advirtió sobre la propuesta de Andresen y Hearn con un tono cada vez más enérgico.
Entonces, de repente,Satoshi apareció en la lista con un correo electrónico que encajaba perfectamente con la postura de Back. Era la primera vez que se oía de Satoshi en más de cuatro años, aparte de un mensaje de cinco palabras el año anterior en el que negaba la afirmación de un artículo de Newsweek de haberlo desenmascarado.
Muchos miembros de la comunidad bitcóin cuestionaron la autenticidad del nuevo correo electrónico, ya que otra cuenta de Satoshi había sido hackeada. Pero Back argumentó que el correo electrónico parecía real. En una serie de tuits, calificó las observaciones de Satoshi de “muy acertadas” y “coherentes con las opiniones de Satoshi, a mi parecer” y se dedicó a citar el correo electrónico.
Es probable que Back tuviera razón: hasta la fecha, no hay pruebas que indiquen que el correo electrónico fuera una falsificación, y no ha aparecido ningún otro correo electrónico de esa cuenta.
El correo electrónico de Satoshi sonaba muy parecido a lo que había dicho Back en sus mensajes de las semanas anteriores, aunque nadie se dio cuenta. Al igual que Back, Satoshi argumentaba que la creciente centralización de la red bitcóin ponía en peligro su seguridad. Decía que la propuesta del gran bloque era muy “peligrosa”, el mismo término que Back había utilizado repetidamente. También usaba otras palabras y frases que Back había utilizado: “consenso generalizado“, “reglas de consenso“, “técnico“, “trivial” y “robusto“.
Al final del correo electrónico, Satoshi denunció a Andresen y Hearn como dos desarrolladores imprudentes que intentaban tomar el control del bitcóin con tácticas populistas y añadió: “Ha sido muy decepcionante ver cómo se desarrollaba esta situación”.
Cuatro días después, en medio de un mensaje en el mismo hilo, Back escribió: “Muy decepcionantes Gavin y Mike”.
III. Acercamiento
Necesitaba poner a prueba mi teoría. A altas horas de la noche en la cama o en la ducha a primera hora de la mañana, intentaba pensar en razones por las que podría estar equivocado. Un argumento que había leído en el libro El misterioso Mr. Nakamoto; El enigmático creador de Bitcoin, sobre la larga e infructuosa búsqueda de Satoshi por parte del periodista Benjamin Wallace, era que Back era un absolutista de la privacidad y que las funciones de privacidad de bitcóin eran débiles.
Eso parecía convincente a primera vista. Pero en lugar de descartar al bitcóin como otros cypherpunks partidarios de la privacidad, Back había pasado la última década en Blockstream impulsando innovaciones para reforzar la privacidad del bitcóin, lo que en mi opinión debilitaba considerablemente ese argumento.
En X, Back ha citado otro argumento por el que no puede ser Satoshi: que hizo demasiadas preguntas tontas en el canal #bitcoin-wizards de Internet Relay Chat (IRC) cuando se unió a la comunidad.
El canal #bitcoin-wizards de IRC es una sala de chat donde los desarrolladores del Bitcoin Core, o “magos”, intercambiaban ideas sobre cómo corregir errores y mejorar el software.
Leí los registros del canal y apenas vi indicios de un principiante despistado. En todo caso, me sorprendió lo atento que estaba Back a las vulnerabilidades de bitcóin y lo enfocado que estaba en reforzarlas a las pocas semanas de involucrarse. Algunas de sus ideas para mejorar el sistema eran tan sofisticadas que los demás magos no las entendían.
También me di cuenta de que se mostraba cortantemente despectivo con otras criptomonedas, escribiendo en un momento dado que quería acabar con todas.
Me pregunté qué pasaba con otros sospechosos principales de ser Satoshi. ¿Había alguien que encajara mejor que Back en el perfil? Un artículo publicado en 2015 en este periódico planteaba la tesis de que Satoshi era Nick Szabo, un científico informático estadounidense de ascendencia húngara que propuso una idea similar a bitcóin llamada “bit gold” en 1998. Hasta hace poco, Szabo seguía encabezando las listas de mucha gente, pero un acalorado debate que tuvo lugar en X sobre una propuesta de actualización del software Bitcoin Core puso al descubierto su ignorancia sobre aspectos técnicos básicos de bitcóin.
Finney y Len Sassaman, ingeniero de software y defensor de la privacidad, eran otros dos sospechosos citados con frecuencia.
Sin embargo, un problema con la hipótesis de Finney era que fue fotografiado corriendo una carrera de 16 kilómetros en abril de 2009, al mismo tiempo que Satoshi enviaba correos electrónicos y bitcoines a otra persona. Un problema más grande era que tanto Finney como Sassaman estaban muertos cuando Satoshi hizo su última aparición en agosto de 2015. Finney murió de esclerosis lateral amiotrófica en 2014 y Sassaman se suicidó en 2011.
En cuanto al elegido por HBO, Peter Todd, el punto crucial de la prueba del documental era un hilo de Bitcointalk de 2010 en el que Todd corrigió a Satoshi en un punto técnico. La película especulaba que el post de Todd era en realidad Satoshi terminando su propia idea. Esto nos obligaba a creer que Satoshi, el maestro de la seguridad operativa en internet, había cometido el error más básico imaginable: conectarse accidentalmente con su nombre real.
También estaba el hecho de que cuando se publicó el libro blanco del bitcóin Todd apenas tenía 23 años, muy joven como para resolver un reto que había eludido a muchos criptógrafos mayores y más experimentados. Además, tras el estreno del documental, Todd mostró a la revista Wired fotos suyas esquiando o haciendo espeleología en días y horas en que Satoshi escribía en Bitcointalk.
Algunos han especulado que el bitcóin no fue creado por una sola persona, sino por un grupo de individuos. Yo tampoco me creía esa teoría. Cuanta más gente conozca un secreto, más probabilidades hay de que se filtre. El secreto de Satoshi había permanecido hermético durante 17 años.
‘Mejor con código que con palabras’
Back seguía pareciéndome el candidato más probable. Pero a estas alturas, eso ya no me parecía suficiente. Fui en busca de más evidencia forense.
Un día, revisando el archivo de Cypherpunks, me di cuenta de un parecido que casi me hizo saltar de la silla.
Cuando Satoshi había dado a entender a Finney que los libertarios adoptarían el bitcóin si pudieran explicarlo adecuadamente, había añadido:
Back había expresado el mismo sentimiento, en una redacción similar, mientras debatía con otro cypherpunk sobre el anonimato y la libertad de expresión:
Cuanto más me fijaba, más similitudes de escritura descubría.
Al igual que Satoshi, Back utilizaba dos espacios entre frases, una práctica anticuada que sugiere que Satoshi tiene más de 50 años. Back tiene 55.
Satoshi había usado el famoso improperio británico “bloody“ (maldito, en español) en Bitcointalk mientras se quejaba de lo difícil que era explicar su invento a un público general. En varios mensajes en X en octubre de 2023, Back insistió en que él nunca había usado ese término: “prueba a buscar en Google y compruébalo por ti mismo, no es una palabra que yo use”.
Pero encontré un mensaje de la lista Cypherpunks de 1998 en el que Back utilizaba “bloody” para expresar su creciente irritación con los anuncios publicitarios de internet: “Esto ya es ridículo, ¡estos días casi todo el ancho de banda de mi confiable módem de 28,8k son los malditos banners!”.
¿Por qué negar tan rotundamente el uso de una palabra que sí había utilizado si no tenía nada que ocultar?
La forma más fiable de identificar a los escritores es la estilometría, que mide la frecuencia y la distancia entre palabras funcionales como “el”, “y”, “de” y “a” para establecer la huella estilística de un autor.
En 2022, Florian Cafiero, un lingüista computacional de la École nationale des chartes de Francia, utilizó la técnica para ayudar a The New York Times a identificar a las dos personas que estaban detrás del movimiento QAnon. Pero Cafiero había intentado identificar a Satoshi para el libro de Wallace, sin conseguirlo.
Pensando que podría haber pasado algo por alto, le pedí a Cafiero que lo intentara de nuevo y aceptó.
Back estaba entre los sospechosos que Cafiero había considerado la primera vez, pero su análisis se había visto obstaculizado por el hecho de que la mayoría de los documentos de Back habían sido coescritos con otros criptógrafos, lo que dificultaba saber quién los había escrito realmente. Esta vez, Cafiero descartó los artículos en coautoría y seleccionó solo el artículo sobre hashcash de Back y su tesis doctoral. Luego los añadió a un conjunto de documentos académicos escritos por otros 11 sospechosos de ser Satoshi, entre ellos Finney, Szabo, Sassaman y Todd.
Cafiero estaba ocupado con su trabajo de profesor y otros proyectos, así que tardó unas seis semanas en darme una respuesta. Cada pocos días, lo buscaba a través de la aplicación Signal para comprobar si había hecho algún progreso. Intenté moderar mis expectativas, pero mi excitación iba en aumento.
El veredicto llegó por mensaje de texto una mañana de finales de julio: tras comparar los documentos de los 12 sospechosos con el libro blanco del bitcóin, el programa de estilometría de Cafiero mostró que Back era el que más se parecía. Pero dijo que no era una coincidencia exacta y que Finney le seguía muy de cerca. De hecho, la diferencia entre ambos era apenas distinguible, dijo, y consideró que el resultado global no era concluyente.
Me quedé mirando la pantalla de mi teléfono con incredulidad. Era como si alguien me hubiera puesto delante un mousse de chocolate y luego me lo hubiera arrebatado antes de poder probarlo.
Al sentir mi frustración, Cafiero cambió la forma de calcular la distancia entre los textos de los 12 sospechosos y el papel blanco de Satoshi. El resultado fue el opuesto al que yo había esperado: otros candidatos se situaron por delante de Back. Cafiero dijo que también consideraba que estos resultados no eran concluyentes.
Tras ocho meses de investigación e incontables horas obsesionado con la identidad de Satoshi, había pensado que estaba cerca de resolver el misterio. Pero ahora volvía a parecer inalcanzable.
Ortografía y gramática
A pesar de mi decepción, tenía una idea bastante clara de cuál era el problema. Cafiero me había dicho varias veces que si Satoshi sabía cómo funcionaba la estilometría, le habría resultado fácil alterar su estilo de escritura para protegerse de ella.
No se me escapó que, en un tuit de 2020, Back había descrito la escritura de Satoshi como “concisa y enfocada” y especulado que había minimizado “los adornos emotivos, los adjetivos superfluos y la charla fuera de tema para reducir el riesgo de estilometría”. Estaba claro que tanto Satoshi como Back sabían un par de cosas sobre estilometría.
De hecho, Back había pasado mucho tiempo reflexionando sobre cómo vencer al análisis de la escritura.
“He estado pensando en este problema de vez en cuando”, escribió en otoño de 1998, señalando que los escritores que utilizaban seudónimos eran especialmente vulnerables a ser identificados si habían escrito prolíficamente con sus nombres reales. Propuso crear un constructor de frases de elección múltiple con un menú desplegable de sustantivos, verbos y adjetivos que hiciera más difícil detectar la idiosincrasia de un escritor.
Con eso en mente, probé un enfoque diferente centrado en la ortografía y la gramática. Back cometía muchas erratas y tenía un estilo disperso cuando publicaba en listas de correo, mientras que la escritura de Satoshi era nítida y, en su mayor parte, sin erratas. Sin embargo, tras leer varias veces todo el corpus conocido de Satoshi y leer más de mil mensajes de Back en listas de correo, detecté algunos rasgos de escritura que compartían a pesar de todo.
Back confundía con frecuencia “es” y “su” (“it’s” e “its”, en inglés), y tenía la costumbre de poner “también” al final de las frases. En los propios textos de Satoshi aparecían cinco casos de cada uno.
Ambos también parecían patológicamente incapaces de utilizar correctamente los guiones. Al igual que Back, Satoshi tendía a añadir guiones cuando eran innecesarios y a omitirlos cuando eran necesarios. Por ejemplo, escribió el sustantivo compuesto “double-spending” con guion, pero los adjetivos compuestos “hand tuned”, “full blown”, “would be” y “file sharing” sin guiones, igual que Back.
Tanto Satoshi como Back tendían a no separar con guiones los adjetivos compuestos que combinaban un sustantivo con la palabra en inglés “based”, como en esta cita de Satoshi: “En el modelo basado en una casa de moneda, la casa de moneda estaba al tanto de todas las transacciones y decidía cuáles llegaban primero”.
Ambos a veces separaban con guiones ciertas palabras y frases y a veces no. Por ejemplo, ambos alternaban entre “e-mail” y “email”, “built-in” y “built in”, “off-line” y “offline”, “pre-compiled” y “precompiled” y “to-do list” y “to do list”. A veces escribían “electronic cash” y a veces lo acortaban a “e-cash”.
Al igual que Back, Satoshi alternaba entre el “cheque” británico y el “check” estadounidense y las formas británica y estadounidense de la palabra “optimizar”. Y ambos escribían a veces “backup” y “bugfix” como una palabra en vez de dos (mientras utilizaban la primera como verbo) y “half way” y “down side” como dos palabras en vez de una.
Cuando consulté estas peculiaridades con Robert Leonard, experto en lingüística forense de la Universidad de Hofstra, dijo que eran exactamente el tipo de cosas en las que se fijaba cuando intentaba identificar a un autor. Las llamó “marcadores de variación sociolingüística”, huellas lingüísticas que podían ayudar a determinar el origen social, geográfico o profesional de un autor. Dijo que los más reveladores eran los que eran comunes solo a un pequeño número de individuos o exclusivos de un autor concreto. Encontré al menos tres en el corpus de Satoshi que se ajustaban a esa descripción.
Los dos primeros eran conceptos criptográficos que Satoshi deletreaba de una forma particular. Uno de ellos era “proof of work”, acuñado por dos criptógrafos en un artículo de 1999 para describir protocolos de resolución de enigmas como el hashcash. Respetando la gramática correcta, los autores no separaron el término con un guion, ya que era un sustantivo compuesto.
Pero Satoshi sí lo hacía. En su libro blanco del bitcóin, escribió repetidamente “proof-of-work” con guiones. Hasta ese momento, solo ocho personas lo habían escrito con guion en las listas Cypherpunks o Cryptography cuando lo utilizaban como sustantivo compuesto.
Buscando la forma de reducir esa lista de ocho nombres, recordé que Satoshi había mencionado una moneda en línea rusa poco conocida llamada WebMoney en uno de sus correos electrónicos a Malmi. Tras indagar un poco, había determinado que solo cuatro personas habían mencionado alguna vez WebMoney en las listas de Cypherpunks o Cryptography.
Luego comparé esos cuatro nombres con los ocho que habían puesto guiones en “proof-of-work”. Solo uno coincidía: Back.
Aún menos gente había utilizado la frase “partial pre-image” antes de que Satoshi la empleara en la lista de Cryptography para explicar cómo funcionaba la función de minería similar al hashcash de bitcóin. Las dos únicas personas que pude encontrar fueron Finney y Back, también en relación con hashcash, con una diferencia crucial: Finney escribió “preimage” en una sola palabra, mientras que Back tendía a ponerle un guion, igual que Satoshi.
El tercer marcador lingüístico en el que me fijé fue la frase “burning the money” (quemar el dinero), que Satoshi empleó al hablar de una función de depósito en garantía. La utilizó para referirse a la destrucción de bitcoines. Antes de Satoshi, solo una persona había hablado de “quemar” una moneda electrónica en las listas Cypherpunks o Cryptography: Back, en abril de 1999.
De 34.000 a uno
Quería encontrar una forma más sistemática de analizar los escritos de Satoshi, así que recurrí a la ayuda de Dylan Freedman, un periodista del equipo de inteligencia artificial de The New York Times que tenía experiencia en el análisis computacional de textos.
Mi firme convicción era que Satoshi era miembro de la comunidad criptográfica que se congregaba en las listas de correo de Cypherpunks, Cryptography y hashcash, porque conocía a varios cypherpunks, presentó su libro blanco en la lista Cryptography e incorporó hashcash a bitcóin. Decidimos recopilar los archivos de las tres listas de internet y fusionarlos en una enorme base de datos para poder hacer búsquedas en ellos.
Entre 1992 y el 30 de octubre de 2008 –un día antes de la aparición de Satoshi– más de 34.000 usuarios habían publicado en las tres listas. Dado que muchos eran cuentas de spam o usuarios que habían publicado pocas veces, eliminamos a todo aquel que tuviera menos de 10 publicaciones. Esto redujo nuestro grupo de candidatos a 1615.
También excluimos a quien nunca había hablado de dinero digital. Eso nos dejó con un grupo más pequeño de 620 candidatos. En conjunto, esas 620 personas habían escrito un total de 134.308 mensajes.
En un mundo perfecto, analizaríamos este acervo sin riesgo de que el sesgo infectara los resultados. El campo de la estilometría se enorgullecía de ello, como Cafiero me recordaba a menudo. Pero la estilometría había fallado.
Un método alternativo consistía en identificar todas las palabras del corpus de Satoshi que no tuvieran sinónimos, y medir cuáles de nuestros 620 sospechosos utilizaban más de esas palabras. Las palabras sin sinónimos solían ser términos técnicos, así que esto eliminaría los más comunes. Y tendría la ventaja añadida de frustrar cualquier constructor de frases de elección múltiple como el que había sugerido Back, ya que las palabras sin sinónimos no podían sustituirse fácilmente.
Probamos este método. Back quedó a la cabeza de la lista, con 521 palabras sin sinónimos compartidas con Satoshi. Otros cypherpunks no estaban muy lejos, pero todos habían escrito muchos más mensajes que Back, lo que lo hacía destacar aún más.
En busca de pruebas más definitivas, ideamos dos enfoques adicionales basados en mis investigaciones.
Primero, nos centramos en los errores de uso del guion en la gramática de Satoshi.
Para nuestro análisis, tomamos el manual de estilo de The New York Times como el árbitro del uso correcto del guion e introdujimos su sección de guiones en un modelo de inteligencia artificial. Luego le pedimos al modelo que escaneara el corpus de Satoshi: con su ayuda, identificamos 325 errores distintos en el uso de los guiones por parte de Satoshi.
Cuando comparamos esos errores con los escritos de nuestros cientos de sospechosos, Back era un claro caso atípico. Compartía 67 de los errores de uso de guiones de Satoshi. La persona con el segundo mayor número de coincidencias tenía 38.
Volviendo a nuestros 620 sospechosos, quería saber cuántos de ellos compartían los otros rasgos de escritura que había identificado en la prosa de Satoshi.
Primero buscamos a los que a veces ponían dos espacios entre las frases, como hacía Satoshi. Eso eliminó a 58 personas y nos dejó con 562 sospechosos.
Después procedimos de este modo:
- Nueve de ellos eran conocidos sospechosos de ser Satoshi.
- Luego buscamos a quienes utilizaran grafías británicas, lo que redujo nuestra lista a 434.
- Después nos fijamos en los que a veces confundían “it’s” con “its” o viceversa. Aplicando ese filtro redujimos nuestra lista a 114 candidatos.
- Buscar a los que terminaban algunas frases con “también”, como hacía Satoshi, redujo aún más la lista, a 56.
- De ese grupo, eliminamos a quien escribió “bug fix” como dos palabras y “halfway” y “downside” como una sola, lo que nos llevó a 20. Aún quedaban bastantes candidatos, pero era un número mucho más manejable que el que teníamos al principio.
- A partir de ahí, eliminamos los que –a diferencia de Satoshi– separaban correctamente los adjetivos compuestos “noun-based” y “file-sharing”, pero no separaban el sustantivo compuesto “double spending”. Eso nos dejó ocho sospechosos.
- En ese punto le preguntamos a nuestra base de datos: ¿Cuántos de esos ocho sospechosos restantes alternaban el uso de “e-mail” y “email”, “e-cash” y “electronic cash”, “cheque” y “check” y las formas británica y estadounidense de la palabra “optimizar” como hacía Satoshi?
- La respuesta era una sola: Back.
(El gráfico a continuación ilustra el proceso de descarte, en inglés)
Seguía sin una prueba definitiva de la identidad de Satoshi. Solo el propio Satoshi podría proporcionar eso, si utilizaba una clave privada asociada a uno de los primeros bloques de bitcóin. Pero ahora disponía de abundantes pruebas.
A mediados de noviembre, le escribí a Back para solicitar otra entrevista. Esta vez fui directo al grano. Escribí que había llegado a la conclusión de que él era Satoshi y que quería mostrarle todo lo que había descubierto y darle la oportunidad de responder. Incluso me ofrecí a volar a Malta. Una vez más, no respondió.
Así que decidí abordarló en persona en una conferencia sobre bitcóin en la que tenía previsto hablar en El Salvador dos meses después.
Aterricé en la cálida San Salvador a finales de enero con un plan. El panel de Back era el segundo día de la conferencia. Entonces me acercaría a él. Pero en la tarde del primer día, me di cuenta de que había subido fotos de él en el escenario de la conferencia en su cuenta de X. Confundido y preocupado por haber perdido mi oportunidad, corrí a la sala de ponentes, pensando que podría encontrarlo allí. Sin embargo, los guardias de seguridad me negaron el acceso, así que me planté cerca de la entrada de la sala y mantuve la mirada fija en la puerta.
Treinta minutos después, Back salió. Me acerqué a él, me volví a presentar y le expliqué por qué había venido. Él estaba un poco nervioso pero, para mi agradable sorpresa, accedió a reunirse conmigo a la mañana siguiente en el vestíbulo de su hotel, que también era el lugar de la conferencia.
Cuando llegué a la hora acordada, Back estaba flanqueado por dos ejecutivos de una nueva empresa de tesorería de bitcóin que había cofundado. Me explicó que la empresa estaba a punto de salir a bolsa, lo que le obligaba a ser más cuidadoso en su relación con la prensa.
Me había perdido por completo esta novedad. Las empresas de tesorería de bitcóin piden dinero prestado y lo utilizan para acumular bitcoines, proporcionando a los inversores una forma más agresiva de apostar por la criptomoneda. Back había puesto en marcha la suya el verano pasado y la estaba fusionando con una empresa fantasma que cotizaba en bolsa creada por Cantor Fitzgerald, la empresa de Wall Street dirigida anteriormente por el secretario de Comercio Howard Lutnick. Como director ejecutivo de la empresa fusionada, Back estaba obligado, en virtud de la ley de valores estadounidense, a revelar cualquier información que fuera relevante para sus inversores. Por ejemplo, una reserva secreta de 1,1 millones de monedas que pudiera hundir el mercado del bitcóin si se vendiera de golpe probablemente se consideraría información pertinente.
Mientras asimilaba este nuevo giro, los cuatro nos dirigimos a la habitación de Back. Él estaba bronceado y relajado con una camiseta negra y pantalones negros.
Durante las dos horas siguientes, presenté mis pruebas, una por una. Con su suave acento británico, Back insistió en que él no era Satoshi y lo atribuyó todo a una serie de coincidencias. Pero, a veces, su lenguaje corporal contaba otra historia. Su rostro se enrojecía y se movía incómodo en su asiento cuando se enfrentaba a cosas más difíciles de explicar.
Por ejemplo, Back no tenía una buena respuesta a por qué desapareció de la lista de Cryptography durante el periodo en que Satoshi estuvo activo, aparte de decir que estaba ocupado con el trabajo. Tampoco tenía una buena respuesta a por qué afirmó en el pódcast Let’s Talk Bitcoin que había participado en el debate de la lista de finales de 2008 provocado por el libro blanco de Satoshi, cuando claramente no lo había hecho. Cuando presioné a Back sobre ambos puntos, se puso a la defensiva.
“En última instancia, eso no prueba nada. Y te aseguro que en realidad no soy yo”, dijo en tono cortante.
Cuando saqué a relucir los resultados de nuestros análisis de escritura, Back intentó encontrar una explicación, pero no lo logró.
“No lo sé”, dijo. “No soy yo, pero entiendo lo que dices de que esto es lo que dijo la IA con los datos. Pero sigo sin ser yo”.
Back argumentó que era difícil demostrar una negativa. Pero ofreció una prueba de que él no era Satoshi: el hecho de que sabía tan poco de bitcóin cuando se unió al canal de IRC #bitcoin-wizards que pensó erróneamente que una dirección de bitcóin funcionaba como un saldo bancario fluctuante. (Una dirección de bitcóin es más como una cartera física que contiene billetes de dólar; el cambio que recibes de una transacción está formado por monedas digitales totalmente nuevas).
El problema era que no había rastro de este malentendido en los registros del canal. Cuando se lo señalé a Back, le restó importancia: “Sería divertidísimo si lo hubiera alucinado”. (En un correo electrónico posterior, dijo que podría haber ocurrido en otro canal de IRC que no estaba registrado).
Back negó ser Satoshi más de media decena de veces, pero me pareció reveladora la manera en que formuló una de esas negativas, después de que le señalara que él había descrito prácticamente todos los aspectos del bitcóin años antes de que se inventara: “Está claro que no soy Satoshi, esa es mi postura”.
Aquello sonó más como una postura retórica que como una afirmación basada en hechos. Pero Back se corrigió rápidamente y añadió: “Y también es cierto, por si sirve de algo”.
Back estaba de acuerdo conmigo en algunas cosas. Reconoció que tenía la formación y las habilidades adecuadas para ser Satoshi. Y estuvo de acuerdo en que Satoshi era británico, mayor de 50 años y probablemente miembro de los cypherpunks. También estuvo de acuerdo conmigo sobre la incongruencia que había observado en los correos electrónicos que Satoshi le había enviado: Satoshi tendría que haber sabido lo del b-money si hubiera leído el artículo de Back sobre hashcash, admitió Back.
Pero negó que los correos electrónicos fueran una treta para desviar las sospechas de sí mismo. Esto podría haber sido más convincente si hubiera accedido a presentar los metadatos de los correos electrónicos, pero siguió ignorando mi petición al respecto.
Aún tenía algunas cosas con las que quería enfrentar a Back, pero sus ayudantes dijeron que tenía otras reuniones a las que asistir. Bajamos en ascensor hasta el vestíbulo y nos dimos la mano como dos jugadores de ajedrez tras una reñida partida.
Mientras veía a Back desaparecer entre la multitud de joviales asistentes a la conferencia, algo me molestaba. Por un instante fugaz, pensé que lo había oído descuidarse y decir algo como si fuera Satoshi. Pero no pude recordar qué era.
Cuando llegué a casa en Nueva York, lo encontré en la grabación que había hecho de la entrevista. Fue cuando le estaba explicando las similitudes entre las cosas que él y Satoshi habían escrito. Saqué a colación una de las citas de Satoshi, pero antes de que pudiera explicarle por qué la mencionaba, Back interrumpió.
Yo: Hay una cita que mencioné antes, en la que Satoshi dice: “Yo soy mejor con código que con palabras”.Adam Back: Pero sí hablaba mucho para ser alguien que, digo… o sea, no digo que sea bueno con las palabras, pero de verdad que en estas listas no paraba de hablar.
Para mí, parecía estar diciendo que, para ser una persona que prefería el código a las palabras, sí que había escrito muchas palabras. Eso llevaba implícito el reconocimiento de que había sido él quien había escrito la cita. En otras palabras, por unos segundos, Back había dejado caer la máscara y se había convertido en Satoshi.
Le envié un correo electrónico para confrontarlo con eso unos días después. Él negó que fuera un desliz. “Solo estaba respondiendo, en tono conversacional, a una observación general sobre cómo las personas técnicas suelen sentirse más cómodas expresando sus ideas en código que en prosa”, escribió.
Pero yo había sido muy claro: había preguntado por una cita específica de Satoshi, y sospechaba que Back lo sabía.
Recordé cómo 10 años antes, Satoshi había salido de su escondite para ayudar a Back a ganar la disputa sobre el tamaño de los bloques. Y aquí estaba Satoshi, de nuevo en un hotel de lujo de El Salvador. Solo que esta vez le había servido menos a Back, porque había disipado cualquier duda que pudiera haber quedado en mi mente de que había dado con el hombre correcto.
Producido por Aliza Aufrichtig, Molly Bedford, Rebecca Lieberman y Renee Melides.
Créditos fotográficos de los retratos (de izquierda a derecha): Yonhap/EPA, vía Shutterstock, Amir Hamja para The New York Times, Joe Raedle/Getty Images.
John Carreyrou es periodista de investigación de la sección de negocios de The New York Times.Dylan Freedman es el editor de proyectos de inteligencia artificial del Times, e investiga diversos temas. Tiene experiencia como reportero y como ingeniero de aprendizaje automático.
Producido por Aliza Aufrichtig, Molly Bedford, Rebecca Lieberman y Renee Melides. Créditos fotográficos de los retratos (de izquierda a derecha): Yonhap/EPA, vía Shutterstock, Amir Hamja para The New York Times, Joe Raedle/Getty Images.