Primero llegó el “completo y total respaldo” del presidente Donald Trump a Abelardo de la Espriella, el candidato de la derecha en las elecciones presidenciales de Colombia.
Luego vino el apoyo de los congresistas republicanos, que afirmaron que De la Espriella tendría en cuenta los intereses de Estados Unidos y ayudaron a movilizar a los colombianos en el extranjero, quienes suelen tener inclinaciones conservadoras, para que votaran.
Después, apenas unos días antes de las elecciones, las autoridades de inmigración estadounidenses detuvieron a un activista crítico con De la Espriella y que había instado a los colombianos en Estados Unidos a no votar por él. Según un memorando firmado por el secretario de Estado Marco Rubio, el activista había interferido en la política exterior estadounidense.
De la Espriella ganó las elecciones presidenciales de Colombia el domingo por un margen minúsculo –gracias a los votos emitidos fuera del país– y tomará posesión en agosto. Los expertos dicen que, incluso en una época en la que la injerencia en elecciones extranjeras se ha vuelto cada vez más habitual, la reciente implicación del gobierno de Trump y sus aliados en las elecciones de Colombia ha sido agresiva.
La detención de un activista que se oponía a un candidato respaldado por Trump fue especialmente llamativa, según los expertos.
“El intento de sofocar la disidencia de forma coordinada con el gobierno de Trump, extendiéndose desde Colombia hasta territorio estadounidense… No se me ocurre nada parecido en los últimos tiempos, en el siglo XXI”, dijo Alexander Main, director de política internacional del Centro de Investigación Económica y Política de Washington.
El Departamento de Estado no respondió a las solicitudes de comentarios sobre la detención del activista colombiano.
De la Espriella, un abogado que nunca había ocupado un cargo público, movilizó a millones de votantes colombianos y parecía que iba a ganar incluso antes del respaldo de Trump.
Pero en Colombia, el presidente Gustavo Petro, un político de izquierda y rival político de De la Espriella, aprovechó el respaldo de Trump para intentar sembrar dudas sobre el resultado, y alegó que la intromisión estadounidense equivalía a “trampas” que socavaban la votación. Esto, a su vez, provocó que su círculo más cercano se apresurara a evitar que el presidente rechazara de plano el resultado y convocara protestas masivas.
Al día siguiente de las elecciones, Petro voló a Panamá para asistir a un acto, pero estaba tan alterado por la minúscula ventaja de De la Espriella sobre el candidato de su partido –unos 250.000 votos, o menos de un punto porcentual– que sus principales ministros convocaron una reunión de emergencia en Bogotá para abordar lo que Petro consideraba irregularidades, según dos personas con conocimiento directo de los hechos que hablaron bajo condición de anonimato para tratar un asunto delicado.
Mientras tanto, Petro no paraba de enviar mensajes a sus millones de seguidores en X, y los simpatizantes se echaban a las calles de la capital para una marcha llamada “Robo electoral“, incluso cuando el candidato de su partido, Iván Cepeda, pedía calma.
El miércoles, el rival político de De la Espriella, Cepeda, reconoció su derrota después de la finalización del proceso de verificación de votos por parte de las autoridades electorales.
Desde el domingo, han surgido protestas esporádicas en Bogotá y en Cali, con informes de actos de vandalismo y enfrentamientos aislados con la policía, pero no ha habido manifestaciones a gran escala.
La contienda enfrentó a De la Espriella, un abogado adinerado, contra Cepeda, senador, negociador de paz e incondicional de la izquierda. De la Espriella utilizó imágenes de un tigre generadas por IA como la imagen de su campaña, prometió “destripar” a sus oponentes políticos, aplastar a los “narcoterroristas” y reforzar los lazos con Estados Unidos. Vivió en Florida durante más de una década y recientemente se naturalizó como ciudadano estadounidense.
Esteban González Pons, jefe de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea en Colombia, dijo a los periodistas el martes, en respuesta a una pregunta sobre el respaldo de Trump y la presencia de legisladores estadounidenses en Colombia, que las acusaciones de injerencia internacional eran “absolutamente irrelevantes” para las elecciones porque “el pueblo colombiano ha votado con libertad”.
El día de las elecciones, dos miembros del Congreso de Estados Unidos estaban en Colombia para hacer campaña a favor de De la Espriella. La representante por Florida María Elvira Salazar, en un discurso en la ciudad de Barranquilla, en la costa caribeña de Colombia, dijo a los periodistas: “Sabemos muy bien que Cepeda va a ser Petro número 2 y por eso estamos con De la Espriella”, y añadió que una “cercanía profunda” con Estados Unidos era vital para la prosperidad de Colombia.
El representante Bernie Moreno, un republicano por Ohio nacido en Colombia que se ha convertido en el mayor defensor de De la Espriella en Washington, también viajó a Barranquilla como observador electoral. Llevaba semanas dando la voz de alarma sobre las acusaciones de fraude contra Petro y la supuesta compra de votos por parte de la izquierda.
Durante semanas, los legisladores republicanos animaron a los colombianos en Estados Unidos a votar, lo que, según los analistas, ayudó a inclinar los resultados a favor de De la Espriella. En unas elecciones que registraron una participación récord, el voto de la diáspora fue, según la mayoría de los cálculos, el factor decisivo: De la Espriella recibió alrededor del 65 por ciento del voto total en el extranjero y cerca del 80 por ciento en Estados Unidos.
El lunes, Moreno, tras reunirse con De la Espriella, pareció ofrecerle un aliciente: si Petro se portaba bien durante las próximas semanas y no interfería en la transición pacífica del poder, Moreno dijo a un medio de comunicación colombiano que era “bastante probable” que el Tesoro de Estados Unidos lo retirara de la lista de sanciones. Lo incluyeron en la lista el año pasado tras oponerse a los ataques militares del gobierno de Trump contra embarcaciones que, según dijeron, transportaban drogas.
El gobierno no se ha pronunciado públicamente sobre el caso del activista progresista colombiano detenido la semana pasada por las autoridades de inmigración estadounidenses. En una entrevista con un destacado periodista colombiano el miércoles, el activista, Franklin Humberto Coral Garrido, más conocido como Beto Coral, dijo que tenía un expediente de asilo en trámite en Estados Unidos que le daba el derecho legal a permanecer en el país.
Desde un centro de detención en Luisiana, Coral calificó su detención de “persecución política” y añadió que “mi trabajo de activismo político radica en todo lo que tenga que ver con Colombia, nada que tenga que ver con la política interna de Estados Unidos”.
Coral fue detenido por las autoridades de inmigración el mismo día en que el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que podría ser deportado de Estados Unidos.
En el memorando, del que The New York Times obtuvo una copia, Rubio señaló que Coral llegó a Estados Unidos en 2015 con una visa de turista y tenía una solicitud de asilo pendiente. Pero “Coral Garrido ha empleado su estancia en Estados Unidos para llevar a cabo actividades políticas en apoyo del gobierno de Petro” y ha hecho campaña en contra de un candidato a la presidencia, escribió Rubio.
Los esfuerzos de los funcionarios estadounidenses y los miembros del Congreso por influir en las elecciones de Colombia han despertado la indignación de los grupos de derechos humanos y de los demócratas en el Congreso, quienes la semana pasada escribieron una carta a altos cargos denunciando lo que dijeron era “injerencia descarada”.
Antes se consideraba tabú que los jefes de Estado y otros políticos se pronunciaran públicamente sobre elecciones en otros países. Sin embargo, cada vez más, este tipo de intervención pública se está convirtiendo en algo habitual en la política mundial –tanto en la derecha como en la izquierda–, y Trump desempeña un papel clave en esa tendencia.
El presidente de Estados Unidos ha respaldado a Viktor Orbán, de Hungría, y ha prestado especial atención a las elecciones en Latinoamérica, al apoyar a los candidatos de derecha Nasry Asfura en Honduras y Javier Milei en Argentina.
Milei y el presidente Daniel Noboa de Ecuador, ambos partidarios de Trump, también se han sumado para respaldar a De la Espriella. Jennie Lincoln, del Centro Carter –el cual monitorea elecciones en todo el mundo–, calificó esta intervención extranjera en las elecciones colombianas como parte de “una tendencia atroz de injerencia”.
Lincoln es la jefa de una misión en Colombia para observar las elecciones, y señaló que la Organización de los Estados Americanos, un organismo regional, prohíbe la injerencia extranjera en los asuntos internos.
Trump, que había publicado varias veces sobre De la Espriella en Truth Social, dijo el lunes que había hablado con él por teléfono para felicitarlo.
“Va a ser un gran presidente”, dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca, y añadió que la relación de Estados Unidos con Colombia sería “mucho mejor”.
Genevieve Glatsky y Luis Ferré-Sadurní colaboraron con reportería.
Annie Correal es corresponsal en Latinoamérica para el Times.
Julie Turkewitz es la jefa de la corresponsalía del Times en los Andes, con sede en Bogotá, y cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.
Genevieve Glatsky y Luis Ferré-Sadurní colaboraron con reportería.