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  • Cómo los precios récord del petróleo desatan una reacción en cadena que afecta nuestra vida cotidiana

    Cómo los precios récord del petróleo desatan una reacción en cadena que afecta nuestra vida cotidiana

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    Una composición que muestra a unos balancines de petróleo con números de fondo

    Getty Images
    El crudo Brent llegó hasta los US$126 el barril, el precio más alto desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania.

    Los precios del petróleo se han disparado hasta su nivel más alto desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, generando preocupación a nivel mundial tras conocerse que el Ejército de Estados Unidos presentará al presidente Donald Trump nuevas opciones para actuar contra Irán.

    Según el sitio de noticias Axios, el Mando Central de Estados Unidos ha elaborado planes para una serie de ataques “breves y contundentes” con el objetivo de forzar un avance en las conversaciones con Teherán.

    La BBC se ha puesto en contacto con el Pentágono y la Casa Blanca para solicitar comentarios.

    Pero el posible impacto va mucho más allá de los precios del combustible. Los expertos señalan que el mecanismo es una reacción en cadena: cuando sube el precio del petróleo, los efectos se extienden a toda la economía global.

    El aumento del precio del petróleo “tiene un efecto dominó no solo sobre el crudo, sino también sobre los productos vinculados al petróleo, la inflación y, básicamente, todos los aspectos de nuestra vida cotidiana”, explica Naveen Das, analista senior de petróleo en la plataforma de datos y análisis Kpler.

    “Es posible que empecemos a ver más titulares sobre intentos de volver a desescalar la situación”, añade.

    1. El petróleo se vuelve más caro

    Este es el punto de partida. Los precios del crudo suben debido a las preocupaciones sobre el suministro, los conflictos geopolíticos o la especulación en los mercados.

    El crudo Brent subió brevemente casi un 7%, hasta superar los US$126 por barril, antes de retroceder hasta situarse en torno a los US$116 en la sesión europea. Los precios han subido esta semana a medida que se estancan los esfuerzos de paz y el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado, lo que ha hecho subir los costos del combustible para los conductores.

    Antes de que comenzara el ataque de EE.UU. e Israel contra Irán, el crudo Brent cotizaba en torno a los US$70 por barril, es decir, un 44,4% menos que el máximo alcanzado el jueves.

    El petróleo crudo es el componente clave de la gasolina y el diésel, lo que significa que el aumento de los precios al por mayor se refleja rápidamente en los surtidores.

    El contrato del Brent para entrega en junio vence este jueves a las 23:00 GMT. El de julio, que es actualmente el más negociado y fija el precio del crudo para los próximos meses, rondaba los US$110 por barril.

    2. Suben los derivados del petróleo

    Foto aérea de un campo cosechado en el que se ve a un campesino arrojando fertilizantes.

    Getty Images
    El alza del petróleo fuerza la subida de los precios de los alimentos, porque encarece el precio de los fertilizantes y del transporte.

    El petróleo no solo se utiliza como combustible, sino que también es un insumo clave en una amplia gama de productos. En consecuencia, el aumento de los precios del crudo se traduce en mayores costos de producción en sectores como el combustible de aviación, los plásticos y los envases, así como los productos químicos y los fertilizantes.

    Los gobiernos han advertido que los hogares podrían enfrentarse a un aumento de las facturas de energía, los precios de los alimentos y las tarifas aéreas como consecuencia del conflicto.

    Algunas aerolíneas ya han subido las tarifas o han recortado rutas. Los precios de los fertilizantes también han ido en aumento, lo que podría acabar traduciéndose en un encarecimiento de los alimentos.

    Susannah Streeter, estratega jefe de inversiones de la consultora Wealth Club, afirma que los costes podrían mantenerse elevados hasta el año que viene.

    “Los envíos de urea, utilizada para fertilizantes, están bloqueados, y los costos se han disparado para los agricultores de todo el mundo que no compraron existencias por adelantado”, afirma.

    “La preocupación es que estos costes se trasladen a lo largo de la cadena de suministro, encareciendo los productos de consumo cotidiano más adelante este año y también el próximo”.

    3. El transporte se encarece

    Unos hombres llenan unas botellas con gasolina en una estación de servicio.

    Saqib Majeed / SOPA Images / LightRocket via Getty Images
    Los conductores y transportistas son los primeros en sentir el aumento de los precios del petróleo cada vez que visitan las gasolineras.

    Dado que casi todo depende del transporte —alimentos, bienes de consumo y materias primas—, el aumento del combustible incrementa directamente los gastos de envío.

    Cuando se encarece el transporte de mercancías a nivel mundial, las empresas suelen trasladar esos costos a los consumidores, lo que ejerce una presión adicional sobre los precios al por menor.

    4. Aumenta la inflación

    Los aumentos de los costos se acumulan en toda la economía mundial. A medida que la energía se encarece, las empresas se enfrentan a mayores costos operativos, desde el funcionamiento de las fábricas hasta la calefacción de los edificios y el transporte de las mercancías.

    Los precios de los alimentos también suben, ya que la agricultura, el envasado y la distribución dependen de combustibles y fertilizantes vinculados al petróleo. Del mismo modo, los productos de uso cotidiano, desde la ropa hasta los aparatos electrónicos, se encarecen tanto en su producción como en su distribución.

    A medida que estos aumentos se acumulan en múltiples sectores a la vez, las presiones sobre los precios se vuelven más generalizadas y persistentes. Cuando este patrón se prolonga en el tiempo en lugar de ser un repunte a corto plazo, los economistas lo describen como inflación: un aumento general y sostenido del coste de la vida.

    “El mundo entero se enfrenta a esto, algunos países más, otros menos”, afirma André Perfeito, economista brasileño que dirige la consultora APCE.

    “Brasil lo está pasando muy mal, por ejemplo”, añade, y destaca que la inflación se ha mantenido persistentemente por encima del rango objetivo del Banco Central en los últimos meses.

    Tras alcanzar un máximo superior al 5% a mediados de 2025, la inflación anual de Brasil se moderó gradualmente, pero se mantuvo elevada, oscilando entre el 4,3% y el 4,4% a principios de 2026, por encima del objetivo del 3%.

    Ahora se espera que termine el año en el 4,86%, según las últimas previsiones del Banco Central del país, debido al conflicto en Oriente Medio.

    Otros países han seguido una tendencia similar.

    5. Repercusiones en la vida cotidiana

    Para los hogares, esto acaba repercutiendo en la vida cotidiana de múltiples maneras. Aumentan las facturas de la compra, el desplazamiento al trabajo se encarece y suben los gastos de los servicios públicos.

    A medida que aumenta el costo de la vida, los trabajadores pueden exigir salarios más altos para poder hacer frente a los gastos, lo que puede añadir más presión inflacionista. En respuesta a ello, los bancos centrales pueden subir las tasas de interés para controlar la inflación, lo que encarece las hipotecas y los préstamos y desalienta el gasto y el endeudamiento.

    En algunos países, como Pakistán y Bangladesh, los gobiernos han ordenado el cierre de las escuelas para ahorrar combustible y reducir costes.

    “Todo esto está creando las condiciones para una desaceleración, una recesión mundial”, afirma Perfeito.

    “No hay muchas opciones para pensar en una solución a corto plazo. No creo que Trump vaya a aliviar esto, al menos por ahora”, añade.

    En su último informe “Perspectivas de la economía mundial”, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte de que el conflicto con Irán corre el riesgo de desviar a la economía mundial de su rumbo, y que una escalada prolongada aumentaría el riesgo de una recesión mundial.

    El organismo multilateral también insta a los bancos centrales a actuar con cautela a la hora de subir los tipos de interés en respuesta al aumento de la inflación.

    Sin embargo, el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, declaró a la BBC que “un pequeño sacrificio económico durante unas semanas” estaba justificado si ello reducía el riesgo de que Irán desarrollara armas nucleares.

    “Me preocupan menos las previsiones a corto plazo que la seguridad a largo plazo”, afirmó.

    Raya gris

    BBC

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  • El teléfono que nos separó

    El teléfono que nos separó

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    NUESTRO MATRIMONIO A LARGA DISTANCIA ERA DIFÍCIL DE SOSTENER… Y DIFÍCIL DE TERMINAR.

    Lo que nos separó estaba sobre una mesa en la sala del tribunal: un teléfono. Como dijo el juez para que constara, yo comparecía en mi divorcio “por teléfono”.

    Eso fue hace diecisiete años, antes de que existiera Zoom. Desde mi casa en Oakland, California, a 3218 kilómetros del tribunal del Medio Oeste donde estaba mi marido, me acerqué el auricular al oído y oí toses y murmullos, sillas que se arrastraban y puertas que se cerraban. El juez le preguntó a mi marido la fecha de nuestro matrimonio. No pudo contestar.

    “¿Por qué siempre es el hombre el que olvida?”, preguntó el juez.

    Alguien se rio (me imaginé a un alguacil actuando como el compinche de “Judge Judy”).

    “19 de julio de 1998”, dijo por fin mi marido.

    Habíamos empezado a salir ocho años antes de aquel día, cuando éramos jóvenes músicos en una orquesta de formación de Miami. Todo el mundo tenía el mismo objetivo: conseguir un puesto en una orquesta estable y ganarse la vida haciendo música.

    Más que un trabajo, la música era nuestra identidad. Las audiciones son brutales. Hay pocas vacantes y no es poco común que cien músicos se presenten a cada una. Mi marido y yo nos enfrentábamos a esa probabilidad: si teníamos suerte y conseguíamos trabajo, quizá estaríamos en ciudades distintas.

    Tras cuatro años en la orquesta, conseguí un puesto de percusionista en la Ópera de San Francisco. Años después, tras trabajar por cuenta propia en Nueva York, mi marido se incorporó a una orquesta en el Medio Oeste. La mayoría de las parejas en nuestra situación romperían, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a elegir entre el trabajo y la relación. Así que, durante seis meses al año –lo que duraba mi temporada de ópera–, nos comprometimos a mantener una relación a distancia y, con el tiempo, un matrimonio a distancia.

    Ahora ese matrimonio llegaba a su fin. Intenté imaginarme a mi marido en la sala del tribunal. Era finales de octubre. Llevaría una chaqueta ligera de invierno, la suya azul oscuro. ¿Lloraba? Lo dudaba. A diferencia de mí, él tenía público. Cuando los músicos estamos en el escenario, ocultamos nuestros sentimientos. Si tocamos bien, sonreímos e inclinamos la cabeza. Si tocamos mal, sonreímos y hacemos una reverencia. Hemos aprendido a mostrar solo el lado bueno.

    “¿No tiene hijos pequeños?”, le preguntó el juez.

    “No”, respondió.

    Después de las matinés de los domingos durante mi temporada, a menudo tomaba el BART hasta el aeropuerto y volaba al este en un vuelo nocturno que iba medio vacío. Aprendí a reservar un asiento en la parte de atrás, con la esperanza de poder recostarme. Bebía café y daba tumbos por O’Hare, buscando mi vuelo regional de conexión.

    Después de 24 horas juntos, yo partía el martes por la mañana y llegaba a San Francisco a tiempo para ensayar. En una ocasión, pasamos juntos una semana entera: yo estaba con él aquel 11 de septiembre y tardé cinco días en tomar un vuelo de vuelta.

    Con el pasar de los años establecimos un ritmo. Añadir niños a la composición no parecía posible.

    Sin embargo, eso me parecía bien porque ya teníamos muchas cosas con que lidiar. Enamorarme de la manera en que mi marido tocaba era enamorarme profundamente de él. Me encantaba su dedicación al arte, cómo todas sus emociones se reflejaban en la música. Me encantaba su devoción por sus padres y por nuestro antiguo gatito, Blackie, sobre el que escribió un hermoso elogio. Éramos dos músicos en sintonía: nunca tuvimos que explicar la ansiedad que nos producía la interpretación ni justificar la necesidad de practicar. A él y a mí nos encantaba estar juntos, aunque solo fuera para practicar en la misma casa.

    Cuando los años se convirtieron en una década y luego en algo más que una década, “estar juntos” era exactamente lo que nos faltaba. Durante la mitad de los años transcurridos desde que dejamos Miami, hablábamos pero no nos tocábamos; compartíamos referencias pero no experiencias. Cuando su madre sufrió una crisis nerviosa e ingresó en el hospital, yo estaba a miles de kilómetros de distancia, como también lo estuve cuando él y un flautista fueron víctimas de un intento de robo a mano armada mientras metían sus cosas en el auto antes de un concierto a primeras horas de la mañana. Se perdió mi ópera inaugural el primer año, y todos los años siguientes.

    Los músicos debemos sentirnos cómodos con la soledad: pasamos horas solos en las salas de ensayo. Pero la soledad en nuestra vida personal era más difícil de soportar.
    En San Francisco nunca volvía a una casa vacía. Poco después de mudarme allí, acepté alojarme en casa de unos amigos y nunca me fui. Se convirtieron en mi familia de la Costa Oeste. Estaba rodeada del caos y la compañía de tres niños y dos adultos. A lo largo de los años, no había visto cómo mi marido se iba aislando, el peaje que pagaba tras años de dejarme en el aeropuerto, donde cada vez que me recogía era solo el preludio de la siguiente ocasión en que me volvería a dejar ahí.

    La soledad en el matrimonio es la peor de las soledades. Incluso para dos músicos, el sonido no era suficiente. Con el tiempo, la distancia fue demasiado.

    Ahora, de vuelta en el tribunal, había silencio. Me imaginé al juez haciendo una lista, marcando casillas. Declaró que ninguno de los dos pedía pensión alimenticia, que cada uno tenía seguro médico. Confirmó que habíamos dividido nuestros bienes.

    El divorcio supuso el desmoronamiento en cámara lenta de lo que habíamos construido. El anillo de boda de su abuela fue a parar a mi caja fuerte; no podía imaginarme la logística de devolverlo sin llorar. Nuestra cuenta bancaria conjunta se dividió en dos. (Al teléfono con el representante del banco ni siquiera pude pronunciar la palabra; dije que nos estábamos “separando”).

    Frente a mi casa de la Costa Oeste, un conductor de FedEx descargó mis instrumentos de percusión: cajas, platillos, marimba y vibráfono. Mi exmarido se quedó con toda la música de clarinete que yo adoraba: dejé de ir a Peet’s Coffee porque en su lista de reproducción estaba el Concierto para clarinete de Mozart y no soportaba oírlo.

    Solo teníamos un bien importante que dividir. A las puertas de una tienda de UPS en Shattuck Avenue, rompí a llorar tras renunciar a reclamar nuestra casa. Cinco años antes habíamos comprado la casa de nuestros sueños. La firma del notario disolvió el sueño.

    Solo habían pasado 30 minutos desde que llamé para pedir el divorcio. Nuestro matrimonio terminó a las 7 de la mañana, hora del Pacífico. Mi ex salió del juzgado, fue al estacionamiento y me llamó. A través de los kilómetros, lloramos juntos.

    Yo estaba destrozada. Él y yo habíamos pasado los veranos en Santa Fe y, tras nuestro divorcio, soñé con los arroyos de la región, huecos donde alguna vez algo estuvo. Mi casa, con sus cinco ocupantes, estaba demasiado llena de vida: me dediqué a conducir por las calles de Oakland. Sola en mi auto, aullaba.

    Noche tras noche iba a trabajar al foso de orquesta, un lugar donde el tema más común de la ópera –el amor que sale mal– se desarrollaba constantemente sobre el escenario. Leonora elige el veneno antes que un matrimonio forzado. Madama Butterfly prefiere eviscerarse a la humillación conyugal. Senta se arroja al mar cuando parte el Holandés Errante.

    Las historias no ayudaban, pero la música sí.

    Una de las óperas de nuestra rotación era “El caballero de la rosa”. Casi al final de la ópera, la Marschallin y los dos jóvenes amantes se reúnen para cantar sobre la vejez, el amor y la pérdida. Sus voces se entrelazan y se superponen; las líneas interiores, que luchan por hacerse oír, se abren paso y se cruzan. Sus cuerpos resuenan juntos.

    En los momentos finales del trío –cuando sus voces se elevan, cada una tratando de llegar más alto que la otra– hay tanta resistencia y conflicto entre ellas que ansiamos que se resuelva. Cuando la música finalmente se resuelve, también lo hacen las relaciones, y la mujer mayor, con tranquila dignidad, se hace a un lado.

    Con el tiempo, el dolor, como la música, se modula. Una pareja divorciada tiene suerte si cada uno encuentra la paz por separado. La armonía, sin embargo, requiere dos voces.

    En los primeros años después de nuestro divorcio, mi ex y yo seguíamos hablando todos los días. No podíamos desprendernos de esa conexión. Era un hábito, un consuelo; necesitábamos la voz del otro. Durante los intermedios de la ópera, subía las escaleras del sótano para encontrar un lugar privado desde donde llamarlo, dejando atrás el sonido de la ópera. Con el celular en la oreja, mi ex y yo hablábamos de música, de maestros, de colegas.

    Años más tarde, hablamos de Al y Tipper Gore, que acababan de anunciar su separación. “Es triste”, dije. “Estuvieron casados 40 años. Pero supongo que es más triste seguir casado y ser infeliz”.

    “Eso está sobrevalorado”, dijo mi ex.

    “¿Qué cosa?” Le pregunté. “¿El matrimonio o el divorcio?”.

    “La felicidad”, respondió.

    A través de los kilómetros nos reímos, juntos.

    Como matrimonio, nuestras voces no habían sido suficientes. Sin embargo, para dos personas que se tambaleaban tras un divorcio, el teléfono se había convertido en un salvavidas, un aterrizaje suave mientras nos adentrábamos en nuestras nuevas vidas separadas.

    Su matrimonio a larga distancia era difícil de sostener… y difícil de terminar. (Brian Rea/The New York Times)

  • “Esto no le hubiese pasado a DiCaprio”: desaparece el Oscar del director de “Mr. Nobody Against Putin” luego de que fuera obligado a facturarlo en el aeropuerto

    “Esto no le hubiese pasado a DiCaprio”: desaparece el Oscar del director de “Mr. Nobody Against Putin” luego de que fuera obligado a facturarlo en el aeropuerto

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    El ganador del Oscar a la mejor película documental, Pavel Talankin, fue obligado a facturar la estatuilla que ganó por “Mr Nobody Against Putin” en un aeropuerto de Nueva York, y ahora está perdida.

    Talankin cuenta que llevaba el galardón de la Academia Cinematográfica estadounidense en su equipaje de mano cuando iba a abordar un vuelo a Alemania este miércoles, pero los agentes de seguridad del Aeropuerto Internacional John F Kennedy lo impidieron, afirmando que la estatuilla podría usarse como un arma.

    Cuando aterrizó en Alemania, el Oscar había desaparecido.

    La aerolínea Lufthansa, que lo ayudó a empacar la estatuilla en una caja porque Talankin no había viajado con una valija facturada, informó que su personal está tratando el incidente con “cuidado y urgencia” y está efectuando una “búsqueda interna amplia” para dar con el galardón.

    Una caja de cartón blanca con texto azul yace sobre una mesa en un aeropuerto.

    Pavel Talankin
    El Oscar fue empacado dentro de una caja para que pudiera ser enviado como equipaje facturado.

    “Lamentamos profundamente esta situación”, expresó la aerolínea en un comunicado. “Nuestro equipo está tratando este asunto con el mayor cuidado y urgencia, y estamos efectuando una búsqueda interna amplia para asegurar que el Oscar sea encontrado y devuelto lo antes posible”.

    La BBC se comunicó con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y con la Administración de Seguridad en el Transporte de EE.UU. (TSA, por sus siglas en inglés), que se encarga de la seguridad aeroportuaria y que impidió a Talankin llevar su Oscar en su equipaje de mano.

    Robin Hessman, productora ejecutiva de la BBC, que respaldó el documental, afirmó que ayudó por teléfono a Talankin a comunicarse con la TSA cuando estaba en el aeropuerto porque el director no domina el inglés.

    Hessman comentó a la BBC que Talankin había volado múltiples veces con su Oscar y también con su BAFTA, que también ganó este año, por todo Estados Unidos y en vuelos internacionales, y que nunca había tenido problemas llevando la estatuilla a bordo.

    “Esto no le hubiese pasado a Leonardo DiCaprio”, señaló.

    David Borenstein (izq.) y Pavel Talankin sostienen cada uno el Premio al Documental por 'Mr Nobody Against Putin' durante los Premios BAFTA  2026 en The Royal Festival Hall, en Londres, Inglaterra, 22 de febrero 2026.

    Getty Images
    Pavel Talankin (derecha) y su codirector, David Borenstein, también ganaron el premio BAFTA, entregado por la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión.

    Talankin, el codirector y protagonista del premiado Mejor Largometraje Documental, viaja frecuentemente con el galardón a eventos de exhibición y proyección.

    Durante su viaje a Nueva York, hizo circular el galardón por entre una audiencia de estudiantes universitarios durante una sesión de preguntas y respuestas, después de proyectar el documental.

    La BBC ha visto el video del personal de Lufthansa usando cinta adhesiva y plástico de burbujas para empacar el Oscar en una caja.

    El galardón de la Academia Cinematográfica mide 34cm de alto y pesa 3,9 kilos. Se estima que cuesta entre US$400 y US$1.000 crear la estatuilla.

    Norma Sierra, empleada de la empresa R.S. Owens, monta en un taller las estatuas de los Oscar para los Premios de la Academia, 9 de febrero 1995.

    Getty Images
    Cada estatuilla es fabricada individualmente y cuesta entre US$400 y US$1.000.

    En “Mr Nobody Against Putin” (Un don nadie contra Putin), Talankin documentó el aumento de la propaganda de guerra en la escuela rusa en la que trabajaba, tras la invasión rusa de Ucrania en febrero 2022.

    Ahora se encuentra exiliado de su país y, por su propia seguridad, vive en un lugar sin determinar de Europa.

    Rusia vetó el documental en tres plataformas de streaming bajo el argumento de que “propaga el extremismo y terrorismo”.

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    BBC

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  • La ayuda que más necesitan muchas personas mayores

    La ayuda que más necesitan muchas personas mayores

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    Un lunes reciente, Sandy Guzman, trabajadora de salud comunitaria de la zona rural de Oregón, se dirigió a visitar a una paciente de unos 60 años en una pequeña ciudad llamada The Dalles.

    La paciente vivía sola y “luchaba mucho contra el aislamiento social”, dijo Guzman. Después de una caída grave y una operación posterior, la mujer utilizaba una silla de ruedas. Confesó que le gustaría asistir a los servicios religiosos de una iglesia cercana, pero que no tenía forma de llegar y no quería parecer “una molestia”.

    “Llamamos al pastor para ver si había alguien que pudiera recogerla” los domingos, dijo Guzman. Y sí había.

    Al día siguiente, Guzman visitó a una mujer con insuficiencia cardiaca que necesitaba oxígeno constantemente. Vive en una “vivienda menos que ideal”, sin cocina y solo con un calentador enchufable para calentarse.

    “Intentábamos averiguar si cumplía los requisitos para una vivienda del HUD, o una residencia asistida”, dijo Guzman refiriéndose, por su sigla en inglés, al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos. “Pasamos mucho tiempo hablando de las opciones y se nos ocurrió un plan”.

    La agenda del miércoles incluía un viaje de unos 32 kilómetros hasta Hood River para ver a una mujer de 81 años cuya pareja desde hacía casi 40 luchaba contra un cáncer grave. Guzman, que le habla en español, la encontró angustiada ante la posibilidad de perderlo.

    Guzman había conseguido que la mujer empezara a ver a un terapeuta para ayudarla a superar la crisis, un logro nada desdeñable. Pero en esta visita, “me limité a acercarle pañuelos de papel e intenté darle palabras de consuelo”, dijo. “La verdad, a veces sentarse y escuchar” es la mejor respuesta.

    Según la Asociación Estadounidense de Salud Pública, un trabajador de salud comunitaria es un “miembro de confianza” de una comunidad local o alguien que tiene “un conocimiento inusualmente cercano” de ella, lo que le permite actuar como intermediario entre los pacientes y el sistema de salud.

    Estos trabajadores llevan trabajando desde la década de 1960, sobre todo en zonas rurales y de bajos ingresos. En la actualidad, su número va en aumento. La Oficina de Estadísticas Laborales informa de la existencia de unos 65.000 de ellos, cifra que, según la Asociación Nacional de Trabajadores de Salud Comunitaria, es probable que sea una subestimación.

    Esto refleja en parte la dificultad de contar a los trabajadores que reciben distintos nombres –educadores de salud comunitaria, especialistas en divulgación, promotores de salud– y que operan bajo distintas normativas estatales, a veces sin necesidad de licencia o certificación.

    Lo que tienen en común es que “hablan como las personas con las que trabajan”, dijo Sam Cotton, quien dirige el plan de estudios de varios programas de este tipo en la Universidad de Louisville, en Kentucky.

    Con la escasez de profesionales de la salud y el envejecimiento de la población, “hay mucho impulso para esto”, dijo.

    En Oregón, por ejemplo, cinco clínicas rurales emplean a trabajadores de salud comunitaria, que obtienen la certificación estatal tras completar 90 horas de formación en línea, a través de un programa denominado Atención Conectada para Personas Mayores. Una sexta clínica que emplea a un trabajador de salud comunitaria opera en el vecino Washington.

    Sus frágiles pacientes tienen dificultades. “No pueden conducir, así que no pueden ir al supermercado a comprar”, dijo Elizabeth Eckstrom, jefa de geriatría de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón, quien ayudó a supervisar el inicio del programa en 2022. “No toman sus medicamentos, ya sea por razones cognitivas o porque no pueden llegar a una farmacia”.

    Pocos han redactado instrucciones anticipadas, para especificar los cuidados que quieren –o no quieren– si sufren una crisis de salud.

    Los trabajadores de salud comunitaria de Atención Conectada abordan muchos de esos problemas no exactamente médicos: desde instalar rampas para sillas de ruedas hasta ayudar a los pacientes a solicitar prestaciones alimentarias y de vivienda. Se les asignan 90 días para trabajar con cada paciente, normalmente durante visitas a domicilio.

    Ayudan a coordinar las citas de seguimiento. Realizan evaluaciones cognitivas y de salud mental y vigilan el consumo excesivo de medicamentos, y colocan sus observaciones en los historiales médicos electrónicos de los pacientes.

    “Es como ser los ojos y los oídos de los médicos, para ver lo que ocurre fuera de los 20 minutos que pasan con los pacientes”, dijo Guzman, cuyo trabajo ha ido desde pedir un tapete de baño hasta denunciar presuntos abusos económicos.

    En un estudio de los pacientes de Atención Conectada (donde la edad promedio es de 77 años), una submuestra descubrió disminuciones sustanciales de las visitas a urgencias y las hospitalizaciones entre las personas atendidos por los trabajadores de salud comunitaria.

    Una investigación más amplia, que todavía no se publica, respalda este hallazgo, dijo Eckstrom.

    “Las visitas a urgencias cuestan miles, y las hospitalizaciones, decenas de miles”, señaló. El costo por paciente del programa de 90 días es de 1500 dólares. Sus trabajadores ganan 25 dólares la hora, un salario bastante normal, y reciben todas las prestaciones laborales.

    Manali Patel, oncóloga de la Universidad de Stanford, descubrió beneficios similares y ahorro de costos para los pacientes mayores con cáncer avanzado en un ensayo clínico del Sistema de Asistencia de Salud V. A. Palo Alto.

    “Mucha gente fallecía en la unidad de cuidados intensivos”, recordó. “Si les hubiéramos preguntado, probablemente habrían querido estar en casa”. Los oncólogos, añadió, son “notoriamente malos para entablar y documentar esas conversaciones”.

    Pero cuando un trabajador de salud no profesional realizó llamadas telefónicas periódicas para ayudar a los pacientes a comprender sus opciones, hablar de sus preferencias con su equipo de atención médica y redactar instrucciones anticipadas, los resultados –publicados en JAMA Oncology en 2018– fueron “muy dramáticos”, dijo Patel.

    Más del 90 por ciento de los veteranos participantes tenían sus objetivos documentados en sus historiales, frente a menos del 20 por ciento del grupo de control. Los pacientes del trabajador no profesionales tuvieron un número significativamente menor de visitas a urgencias y hospitalizaciones, y era más probable que se inscribieran en cuidados paliativos.

    Patel y sus coautores han seguido documentando los beneficios de los trabajadores de salud no profesionales, término que utilizaron, en la realización de otras tareas en otros entornos.

    En clínicas oncológicas de Arizona y California, por ejemplo, dos trabajadores de salud no profesionales bilingües hicieron llamadas telefónicas periódicas a pacientes de cáncer mayores de 75 años para evaluar síntomas como el dolor, las náuseas, la falta de aliento y la depresión.

    Avisar a los equipos de salud de los problemas de estos pacientes redujo sustancialmente su uso de los servicios de urgencias y las hospitalizaciones, y el ahorro de costos fue de una media de 12.000 dólares por paciente.

    “Esta intervención de baja tecnología y llevada a cabo por personas cosechó enormes dividendos”, dijo un editorial que acompañaba a ese estudio en la revista médica JAMA.

    “Los trabajadores de salud comunitaria deberían formar parte de todos los equipos de salud”, dijo Eckstrom. “Apoyan al paciente de formas que el sistema médico no puede, por mucho que lo intentemos”.

    Sin embargo, un obstáculo para ampliar su uso es la inestabilidad de la financiación.

    En 2024, Medicare empezó a cubrir algunos servicios de los trabajadores de salud comunitaria pero no todos. (Por ejemplo, no se reembolsan los costos de conducir unos 50 kilómetros hasta domicilios remotos). La cobertura de Medicaid es poco sistemática, pues reembolsa algunos servicios en algunos estados y en otros no.

    “Muchas de las funciones de los trabajadores de salud comunitaria dependen de subvenciones a corto plazo”, dijo Neena Schultz, directora de la Asociación Nacional de Trabajadores de Salud Comunitaria. “La sostenibilidad es algo de lo que hablamos todos los días”.

    La organización y otros simpatizantes están presionando para conseguir más financiación estatal y federal. El nuevo Programa Federal de Transformación de la Salud Rural, que distribuirá 10.000 millones de dólares al año, incluirá algunos fondos para programas de trabajadores de salud comunitaria, pero los recortes en los presupuestos estatales de Medicaid podrían contrarrestar con creces esas ganancias.

    Sin embargo, las subvenciones que financian la Atención Conectada para personas mayores continúan. Guzman, empleada de la clínica sin fines de lucro One Community Health, sigue haciendo sus rondas.

    Una victoria reciente: un paciente viudo de unos 60 años, con problemas económicos sin los ingresos de su esposa, perdió su vivienda y dormía en su camión. A través de otro paciente, Guzman se enteró de la existencia de una autocaravana en desuso cuyo propietario estaba dispuesto a donarla.

    El viudo vive ahora cómodamente en un parque de casas rodantes.

    Cuando estás en casa de un paciente, “hay una sensación de tranquilidad”, dijo Guzman. “Se sienten más seguros hablando de cosas. No se sienten apurados. Desarrollas una relación, y sienten que tienen a alguien que aboga por ellos”.

    La nueva vejez se produce en colaboración con KFF Health News.

  • Lo que ‘El diablo viste a la moda’ enseñó a sus estrellas sobre el poder

    Lo que ‘El diablo viste a la moda’ enseñó a sus estrellas sobre el poder

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    Pocas películas pueden generar un meme y popularizar un color, pero El diablo viste a la moda lo consiguió, y en la misma escena. (Las prendas de punto color cerúleo nunca volvieron a ser lo mismo). El filme, que fue un éxito de taquilla en 2006, solo ha conseguido ser más querido y más citable desde entonces.

    Dos décadas después de que Meryl Streep, en el papel de la implacable editora de moda Miranda Priestly, convirtiera la frase “Eso es todo” en un drama, llega la secuela, con el mismo director, David Frankel, y las mismas estrellas: Anne Hathaway como Andy, la idealista ex asistente con serias dotes periodísticas que ha vuelto a la revista de Miranda, Runway; Emily Blunt como la mordaz ex subordinada Emily, ahora ejecutiva de diseño; y Stanley Tucci como Nigel, la leal mano derecha de Miranda.

    Los personajes perduraron, pero todos están sacudidos por la economía actual, con los señores de la tecnología, las consolidaciones corporativas y un panorama mediático que se desmorona. Hathaway dijo: “Cosas que antes parecían tan seguras ahora parecen tan inestables”, tanto en la pantalla como fuera de ella. “Esa era la fibra sensible que no dejaba de aflorar en mí”.

    Para el reparto, reunirse fue un placer poco común. “Toda su vida profesional floreció entretanto”, dijo Streep con admiración sobre Hathaway y Blunt. “Y Stanley y yo somos amigos íntimos ahora. En todo ese tiempo, no puedo deshacerme de él”. (Además, Blunt y Tucci son familia: en 2012, él se casó con la hermana mayor de ella).

    Repleta de cameos y robaescenas cómicos, El diablo viste a la moda 2, que se estrenará en los cines el 1 de mayo, es muy esperada. En una reciente mesa redonda y en conversaciones separadas en el Four Seasons New York Downtown, el director y el reparto reflexionaron sobre rodar con 20 años de diferencia, ser ambiciosos y si Streep es malvada en la vida real. Hubo muchas risas.

    Estos son extractos editados de las conversaciones.

    ¿Qué opinan ahora de la película original?

    STREEP Es pintoresca. Sabes, se hizo un año antes de que saliera el iPhone. Es un mundo completamente distinto.

    BLUNT Ha sido tan conmovedor que tuvo esta vida meteórica que ninguno de nosotros previó cuando la estábamos haciendo. Pensábamos que éramos divertidísimos. Pero no pensábamos que nadie más opinaría lo mismo.

    TUCCI Muchas películas caducan muy rápido. Esta película funciona siempre. La ven generaciones de personas.

    FRANKEL Antes de que el estudio la viera, llamé a Meryl y le dije: por favor, ven a la sala de montaje. Ella fue realmente mi compañera al hacerla. Cogió el tren 1 de TriBeCa a Times Square, vino y dijo: “Es genial”. Lo supo desde el principio. Eso me dio mucha confianza.

    BLUNT Es la única película que he hecho que les ha gustado a mis hijos. He hecho películas infantiles para ellos, que han visto una vez.

    Mis hijas la volvieron a ver anoche. Pensaron que yo era la persona más cruel del mundo. Y se ven a sí mismas en Annie. Dicen: “Yo soy ella”.

    Pero la nueva película tiene una sensación muy distinta a la original.

    STREEP La primera era una historia de Cenicienta, y esta es más como El progreso del peregrino, con mejor vestuario. Esta joven pasando por el Vía Crucis, cada crisis de conciencia y traición. [A Hathaway] Tienes que tomar muchas decisiones importantes. Así que esto es más complicado.

    HATHAWAY Andy ha vivido una vida que le ha brindado muchas satisfacciones. Ha hecho lo que ha querido, ha vivido muchas aventuras. Lo que no tiene, y le está costando encontrar, es algo que a mucha gente en el mundo le está costando encontrar, que es la seguridad laboral. Así que lo que más me llamó la atención de esta película fue lo mucho que ella deseaba tener un hogar.

    Al menos tiene mejor sentido de la moda. En cierto modo, la ropa tiene aún más protagonismo.

    TUCCI Las pruebas fueron tan agradables como hacer la película. Fue un gran esfuerzo de colaboración [con la diseñadora de vestuario Molly Rogers].

    STREEP Stanley lleva [actualmente] un traje diseñado por él.

    TUCCI Me encanta la moda.

    HATHAWAY Ser la diseñadora de vestuario de una película de El diablo viste a la moda es un acto heroico, porque no se trata solo de un arco de personajes, sino de tantos, tantos. La moda es un lenguaje en la película; es otro personaje.

    STREEP Es como los dinosaurios de Parque Jurásico. ¡Es así de importante!

    Meryl, ¿qué te gustaba originalmente de Miranda Priestly?

    STREEP Me gustaba la capacidad de… en la escuela de arte dramático, nos decían: ¿Saben cómo transmitir que son el rey o la reina? Y todo el mundo decía, bueno, proyectas poder. Y ayuda tener cuñas en los zapatos, cosas así. Y el profesor decía, no, no, la forma en que transmites poder es cómo se comportan los demás en la sala cuando entras en ella. Tú actúas con naturalidad, pero las moléculas que te rodean cambian. Así que esa era la dirección: que todo el mundo me tenía miedo. No tenía que levantar la voz ni hacer nada.

    BLUNT Tu decisión de interpretarla de esa manera fue una forma tan sorprendente de hacerlo: no entrar balanceándolo y mostrándolo. Me refiero a tu enorme pene. [Risas]

    STREEP La mayoría de los jefes que había tenido en mi vida eran hombres. Así que les copié, a las personas que eran buenas dirigiendo de forma contundente sin hacer un gran esfuerzo, aparentemente.

    Para muchos de ustedes, la película cambió sus vidas.

    FRANKEL Fue mi primera gran película de estudio, y mi único deseo era, por favor, que Dios me dejara trabajar de nuevo.

    STREEP Siempre siento lo mismo.

    HATHAWAY Andy y yo tenemos la misma edad, y en la primera película, definitivamente compartíamos la sensación de estar sobrepasadas. Era lo más grande en lo que había participado nunca, y yo estaba… [a Streep] me has oído decirlo y no quiero avergonzarte, pero estaba actuando con…

    STREEP No digas eso.

    HATHAWAY Ok, no voy a decirlo. Estaba actuando junto a alguien de Nueva Jersey, y me hacía mucha ilusión. [Se toma las manos con Street]. Somos chicas de Jersey.

    Emily, fue tu papel revelación.

    BLUNT [El personaje] Emily está basado en algunas personas bastante acerbas y angustiadas que conozco. Ella es una extraña combinación, y luego caricaturizada, de varias personas británicas. Está desesperada y hambrienta. Pero es muy divertido interpretar a quien está perpetuamente indignada por todo.

    Sentí que todo el mundo iba a presentarse para ese papel. En realidad, estaba audicionando para una película de dragones que deseaba profundamente. Gracias a Dios, me dijeron: oye, ya que estás aquí, estamos haciendo El diablo viste a la moda, ¿quieres hacer la audición? Y recuerdo que llegaba muy tarde a mi vuelo, así que lo leí con pánico ciego; luego David me llamó y me dijo: ¿puedes venir y hacerlo otra vez? Pero el estudio quiere verte con algo más elegante que el extraño disfraz de reina guerrera que había intentado improvisar.

    FRANKEL Tuvimos que rezar para que no le dieran la película del dragón. Y el día que no la consiguió, la llamé y su madre me dijo que se había ido al bar a ahogar sus penas por no haber conseguido la película del dragón. Le dije: “Tienes el papel”, pero no me creyó.

    BLUNT [Riéndose] Estaba claramente borracha.

    ¿Qué se sintió meterse en los personajes dos décadas después?

    TUCCI Estaba un poco nervioso. Pensé, ¿cómo voy a hacer esto otra vez? Y entonces simplemente sucedió. Ya sabes, [Nigel] ha envejecido.

    BLUNT Hay un poco de cansancio del mundo que es muy conmovedor en él. No se preocupa por las cosas pequeñas.

    TUCCI Sabe que todo esto solo puede durar un tiempo, pero eso solo lo sabes cuando tienes mi edad.

    STREEP Estaba muy nerviosa. No estaba en ninguna red social, así que no sabía que había tanto interés en la película. Y cuando salimos a la calle [para rodar], fue una locura [por la atención de los fans]. Me desconcertó al principio, realmente me fastidió. Pero una vez que estuvimos a salvo en el estudio, me sentí bien.

    ¿Qué lecciones dan estas películas sobre la ambición?

    HATHAWAY No sé si la película dice algo; simplemente lo muestra. Ves a mujeres ambiciosas en acción y eso me gusta.

    BLUNT La ambición se ha considerado a menudo una palabra negativa para las mujeres. Para los hombres, se considera algo que hay que celebrar. Y creo que ambición solo significa sueños con un gran propósito. La primera [película] ofrecía un espacio tan inspirador para que las chicas lo admiraran, para que quisieran más para sí mismas.

    STREEP Sabes, si Miranda Priestly fuera Michael Priestly, no habría película, la primera película. Todo lo que hace es un poco horrible, pero sería adorable si un hombre dijera: “Por supuesto, muévete a un ritmo glacial. Ya sabes cómo me emociona”. Y todo el mundo diría: “Él es genial, ¿verdad?”. Pero hay un toque especial de mercurio en torno a ese tipo de comentario de una mujer. [Llanto falso]. Simplemente duele más.

    Ver estas películas me hizo pensar en una gran frase de Tina Fey: “Las zorras completan las tareas”. ¿Crees que puedes ser una mala persona y una buena jefa?

    STREEP Soy una persona malvada. No tengo que pensar, ¿podría hacerlo?

    BLUNT [risas] ¿Quieres decir en la vida o en la película?

    STREEP En la vida.

    BLUNT ¡Malvada como una serpiente!

    TUCCI Ella no es malvada.

    ¿Alguna vez han querido hacer algo que Miranda haría, en sus vidas reales?

    HATHAWAY La forma en que Miranda no se disculpa y va al ritmo que quiere, y son los demás los que deben seguir su ritmo, y anticipar lo que va a querer a continuación… a veces me gustaría meterme en esa marcha. Pero en la vida real, tienes que ir al ritmo del grupo.

    STREEP Me gustaría bajar la voz y que la gente me prestara atención, pero no funciona.

    BLUNT ¡No funciona!

    Hay mucho en juego al hacer esta película. Tienes un legado. Tienes un presupuesto mayor.

    FRANKEL La primera película fue desastrosa todos los días. Llevaba un diario. Y en esta película, el día 4, dije: déjame ver cómo era el día 4 hace 20 años. Y decía: jueves, es difícil imaginar que un día pueda ir peor que este.

    HATHAWAY Ese no era el ambiente en el plató.

    BLUNT ¡No sudaste ni una gota! Mi cosa favorita es oír reír a David detrás del monitor. Se ríe muy discretamente, pero cuando se ríe de verdad, es un sueño.

    FRANKEL [El presupuesto de la secuela] fue en su mayor parte para ellos [el reparto]. Así que el rodaje de la película fue algo parecido. Siempre estábamos luchando, y nunca era suficiente. Pero eso es normal en todas las películas.

    STREEP Eso no es cierto. En las películas sobre mujeres hay una lucha [presupuestaria] mucho mayor que en las de Chris Nolan o algo así. Me encanta y me encantaría trabajar con él, pero…

    FRANKEL Meryl tiene razón. Existe la expectativa de que las películas sobre mujeres tienen una taquilla limitada, y basándose en eso, los estudios dicen: ok, esto es lo que te toca. Y hay otras películas en las que se supone que la taquilla es ilimitada, por lo que el presupuesto también lo es. Y volvimos a pasar por eso, incluso a la escala de esta película. Averiguaremos quién tiene razón.

    Meryl, en la película tienes un discurso sobre el precio de una carrera como la de Miranda, pero también dices, rotundamente, lo mucho que te gusta trabajar. En mi proyección, esa frase hizo llorar a la gente. Gracias por ello.

    STREEP [Agarrándome la cara para enfatizar y sonriendo, todo hay que decirlo, un poco diabólicamente]. Ha sido una improvisación. De nada.

    Fotografía de Gus Aronson.

    Melena Ryzik es reportera cultural itinerante del Times, donde cubre las personalidades, los proyectos y las ideas que impulsan el mundo creativo.

  • Los islandeses aman sus piscinas. Pero que no se enteren los turistas

    Los islandeses aman sus piscinas. Pero que no se enteren los turistas

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    Un viento helado azotaba la capital de Islandia, Reikiavik, poco después de las 7:00 a. m. de una mañana de invierno, mucho antes del amanecer. Los charcos estaban helados. La nariz picaba. Al fin y al cabo, hacía -11 grados Celsius.

    Eso es frío, incluso en Islandia.

    Pero allí, bajo el cielo abierto, en la cubierta del complejo de piscinas públicas de Vesturbaejarlaug, unas 20 personas en bañador hacían saltos de tijera al unísono, con la respiración visible mientras contaban y gritaban, antes de dejarse caer sobre el suelo helado para hacer flexiones. Había unos cuantos nadadores. Pero estos intrépidos amigos se amontonaban en una bañera de hidromasaje, riendo mientras sus arrugas, líneas de expresión y cicatrices de cirugía se hundían bajo el vapor.

    Aparte de mí, no había ningún extranjero, y desde luego ningún turista.

    “Por eso venimos tan temprano por la mañana”, bromeó Ragna Thorhallsdottir, una de las nadadoras, mientras se tomaba un café después de volver a ponerse ropa seca. “Estamos solas”.

    Un nuevo honor trae nuevas preocupaciones

    Hasta hace poco, las aproximadamente 150 piscinas de Islandia se las habían arreglado para permanecer casi siempre fuera de la vista de los millones de turistas que acuden al país, algunos de los cuales vuelan sin escalas incluso desde aeropuertos regionales estadounidenses como Raleigh-Durham, Carolina del Norte; Nashville y Baltimore.

    De hecho, unos dos millones de visitantes han acudido a Islandia cada año desde 2017, salvo un descenso durante los años más álgidos de la pandemia de coronavirus. Es mucho para un país de menos de 400.000 habitantes. Muchos turistas acuden en masa a los principales lugares de interés, como los glaciares y las cascadas, así como a las lagunas, que son más escarpadas, lujosas y fotogénicas que las piscinas.

    Ahora, a algunos islandeses les preocupa que el exceso de turismo pueda llegar también a sus piscinas. Esto se debe a que, a finales del año pasado, la UNESCO declaró la cultura de las piscinas del paíspatrimonio cultural inmaterial“, una designación que se ha dado a unas 850 tradiciones de todo el mundo, como hornear baguettes en Francia, fabricar canoas en Micronesia y tocar reggae en Jamaica.

    De repente, el secreto mejor guardado de Islandia había salido a la luz. Desde la designación, dijeron algunos clientes habituales, ya habían visto más turistas.

    “Es demasiado”, dijo Unnur B. Hansdottir, quien lleva muchos años acudiendo a Vesturbaejarlaug para hacer ejercicio por las mañanas.

    Incluso a nadadoras como Thorhallsdottir, que ha pasado años en el extranjero y habla un inglés sin acento, les preocupa que las piscinas puedan perder un carácter islandés intangible si las visitan demasiados turistas.

    “Queremos conservarlas para nosotros”, dijo.

    El hogar de todos fuera de casa

    Las piscinas se construyeron hace generaciones como medida de seguridad pública: demasiados pescadores se ahogaban a poca distancia de la orilla, y como casi nadie sabía nadar, nadie podía salvarlos. Así que Islandia comenzó a construir muchas piscinas, que suelen calentarse con energía geotérmica, en su mayoría al aire libre y abiertas todo el año.

    Hoy en día, las clases de natación son obligatorias para todos los niños pequeños. Las piscinas de Islandia –en concreto las bañeras de hidromasaje– son ahora un querido “tercer espacio”, algo así como los saunas de Finlandia o los pubs del Reino Unido.

    Las personas mayores se reúnen allí para chismear. Los profesionales vienen después del trabajo para desestresarse. Los padres traen a sus hijos al atardecer para darse un chapuzón después de cenar. Y a última hora de la noche, cuando los deberes están hechos y la aurora boreal baila sobre sus cabezas, los adolescentes se reúnen, a veces, para coquetear.

    En parte, el atractivo es económico. Las piscinas son uno de los lugares más baratos para reunirse en un país con una elevada inflación. Y en invierno, el sol brilla solo unas horas, si es que lo hace. Así que las bañeras de hidromasaje adyacentes a las piscinas son los únicos lugares cómodos al aire libre.

    “También es el único espacio donde puedes estar realmente al aire libre sin pasar frío”, dijo Sigridur Sigurjonsdottir, directora del Museo de Diseño y Artes Aplicadas de Islandia, que albergó una exposición sobre la cultura del baño islandesa en 2022.

    Vigilancia de las duchas al aire libre

    Todo viaje a una piscina islandesa empieza con una ducha. O al menos debería.

    “Nos asusta un poco que los extranjeros no se limpien lo suficientemente bien”, dijo Thordis Erla Agustsdottir, una fotógrafa que lleva dos décadas documentando las piscinas.

    Ella –como casi todos los demás islandeses que conocí– me dejó muy claro que primero tendría que ducharme adecuadamente. Eso significaba desnudarme por completo y frotarme lo suficiente como para hacer espuma. Muchos vestuarios exhiben un diagrama corporal en el que se señalan las axilas y los genitales, por si alguien necesita un recordatorio. Es por higiene, ya que las piscinas solo están ligeramente cloradas.

    Lo que no había previsto era que Agustsdottir prefería el vestuario exterior de Hafnarfjordur, al sur de Reikiavik. Yo temblaba incontrolablemente incluso bajo el agua caliente, enjabonándome disciplinadamente mientras ella charlaba en el aire cortante.

    “Soy como la policía en la ducha”, dijo, riéndose un poco de sí misma. “Es algo tan sencillo de hacer. Solo tienes que limpiarte”.

    Era una de los muchos islandeses que dijeron estar preocupados por las normas de limpieza si la designación de la UNESCO atraía a más turistas inconscientes. Ya de por sí, por eso muchos islandeses optan por evitar las lagunas, preocupados por que esos lugares sean más laxos en cuanto al cumplimiento de las normas de ducha.

    Hay otras diferencias entre los tipos de lugares de baño. Las lagunas pueden tener bares a nivel del agua, toallas de felpa y permitir que los visitantes lleven sus teléfonos a la cubierta para hacerse selfis y revisar sus redes sociales. Las piscinas normalmente no. Y la diferencia de precio es enorme. Las piscinas cuestan unos 10 dólares al día, dependiendo del lugar, o unos 300 dólares al año (por lo general son gratis para los niños y adultos mayores). Pero una entrada básica a la Laguna Azul, una de las más famosas, puede costar unos 150 dólares en horas pico.

    “No vamos allí”, dijo Kristin Jorunn Hjartardottir, en referencia a las lagunas.

    Ella nada al aire libre, incluso en el océano, y escribió un libro con su esposo sobre natación en aguas abiertas. Una mañana reciente, caminó por una playa helada antes de atravesar una capa de hielo para abrirse paso y nadar unos minutos mar adentro.

    ¿La protección ayuda o perjudica?

    Los funcionarios de la UNESCO son conscientes de que su reconocimiento del patrimonio inmaterial puede afectar a los mismos lugares o prácticas que pretende celebrar y salvaguardar.

    En respuesta a las preguntas de The New York Times, la UNESCO reconoció en una declaración que el honor “puede aumentar la visibilidad de un lugar o práctica”, lo que puede “ejercer presión sobre entornos frágiles, afectar las prácticas culturales o repercutir en el bienestar de las comunidades”.

    Esto hace que a algunos islandeses les preocupe que la designación pueda resultar contraproducente y convertir sus piscinas en otra parada obligatoria de un viaje a Islandia.

    Algunos islandeses señalaron que otros lugares con designaciones de la UNESCO se han visto inundados de turistas. El fiordo de Geiranger, en Noruega, reconocido por la UNESCO en 2005, se ha convertido recientemente en una atracción para los viajeros que buscan unas “vacaciones frescas” para evitar las mortales olas de calor que han asolado el sur de Europa. Los cruceros y autobuses turísticos que abarrotan el fiordo están empezando a amenazar el frágil ecosistema.

    Algunos europeos incluso han presionado para que la UNESCO anule sus honores. El año pasado, un naturalista británico defendió que se revocara el estatus del Distrito de los Lagos como Patrimonio de la Humanidad, alegando un “turismo excesivo perjudicial”. Los habitantes del pueblo eslovaco de Vlkolinec declararon a los medios de comunicación locales que la designación de la UNESCO había atraído a un número abrumador de turistas a contemplar sus casas de madera.

    Valdimar Tr. Hafstein, profesor de folclor de la Universidad de Islandia y coautor de un libro sobre las piscinas del país, dijo: “En cierto modo, la salvaguardia es la principal fuente de amenaza”.

    A los islandeses siempre les han gustado los “espíritus aventureros” que se acercaban para darse un chapuzón, dijo.

    Pero ahora “existe el temor de que entren los autobuses turísticos”, dijo. “Ese es un tipo de animal muy diferente”.

    Una recomendación de la IA

    Sin embargo, los turistas vienen. Y a menudo necesitan que les recuerden lo de las duchas.

    Esto es especialmente cierto en Sundhollin, una piscina pública que atrae a muchos visitantes extranjeros, en parte porque está en Reikiavik. Allí, en los vestuarios, una mañana reciente, Marianna Niemann Filippi se preparaba para un baño. “No me gusta hacer cosas de turistas”, explicó Niemann Filippi, una estadounidense que vive en Dinamarca, todavía seca mientras se ponía el traje.

    Error de novata, le expliqué gentilmente. Se desnudó.

    “Lo siento, es algo automático”, dijo, medio disculpándose con las demás mujeres de las duchas. Una sonrió tenuemente.

    Fuera, unos amigos de la zona de Washington D. C., descansaban en la bañera de hidromasaje. Algunos llevaban sus teléfonos en fundas impermeables. Lan Yue dijo que les había encantado Islandia, pero que se marchaban pronto y querían marcar un último punto en su lista de cosas que hacer antes de morir.

    Habían pensado terminar el viaje en la Laguna Azul. Pero querían algo más auténtico. Así que preguntaron a ChatGPT dónde ir, dijo, “para conocer la cultura local y, tal vez, mezclarse con los lugareños”.

    Esta piscina fue su primera sugerencia, dijo Yue. Y no defraudó, añadió, señalando a una joven familia islandesa cercana.

    Egill Bjarnason reportó desde Husavik, Islandia.

    Amelia Nierenberg es reportera del Times de noticias internacionales para el Times en Londres.

    Egill Bjarnason reportó desde Husavik, Islandia.

  • En la guerra en Irán, los avistamientos de guepardos son una rara esperanza

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    Los conservacionistas dicen haber registrado varios nuevos ejemplares adultos y cachorros de guepardos asiáticos, una subespecie en peligro crítico que solo se encuentra en Irán.

    En medio de la destrucción y la devastación provocadas por la guerra, los iraníes han encontrado un raro rayo de esperanza en una de las especies más amenazadas del país.

    Irán ha registrado este año un aumento en su número oficial de guepardos asiáticos, una subespecie que ahora solo se encuentra en el país y que ha estado al borde de la extinción durante años.

    El año pasado, las autoridades iraníes solo tenían constancia de 17 felinos silvestres. Pero en 2026, Bagher Nezami, director del Proyecto de Conservación del Guepardo Asiático, declaró a los medios de comunicación estatales iraníes que los conservacionistas habían registrado 21 nuevos guepardos adultos y seis cachorros.

    El guepardo asiático es uno de los animales terrestres más rápidos del mundo. Tiene la cabeza más pequeña, las patas más cortas y el cuello más fuerte que el guepardo africano. Los guepardos asiáticos solían merodear por la península arábiga, las tierras que rodean el mar Caspio y el sur de Asia. Ahora, una especie antaño favorecida por los reyes merodea solo por el desierto oriental de Irán y está bajo la amenaza constante de los cazadores, de los conductores en autopistas a gran velocidad y de los perros salvajes.

    Aun así, la supervivencia del guepardo en Irán es motivo de orgullo nacional. Las camisetas de la selección nacional de fútbol llevan las manchas de este felino salvaje, mientras que Meraj Airlines ha intentado concienciar sobre esta especie en peligro crítico pintando guepardos en sus aviones.

    “El guepardo asiático es realmente un símbolo en Irán”, dijo en una entrevista Iman Ebrahimi, conservacionista iraní. “Creo que gran parte de ello se debe a que la gente siente una conexión con él. Ocupa un lugar en nuestra cultura e historia”.

    Los reyes de la antigua Persia utilizaban a los ágiles felinos para cazar gacelas. Pero en las últimas décadas, el guepardo se ha convertido en víctima de la caza furtiva, el cautiverio y el abandono, y su población ha disminuido rápidamente hasta quedar en tan solo unas pocas decenas de ejemplares registrados.

    Más recientemente, algunos partidarios de la oposición política iraní han adoptado al guepardo como símbolo de inocencia y resistencia. Durante las manifestaciones de “Mujeres, Vida, Libertad” de 2022, el himno de protesta “Bayareh” rindió homenaje a Pirouz, un querido cachorro de guepardo nacido en cautividad que luego murió.

    Los ecologistas iraníes advierten que no hay que ser demasiado optimistas ante el aumento de la población. El aumento de las identificaciones de una especie rara y salvaje puede reflejar cambios en las condiciones medioambientales o en los esfuerzos de seguimiento durante un año determinado, dijo Ebrahimi, más que la recuperación de la población. Los guepardos jóvenes también suelen tener una tasa de supervivencia baja.

    La guerra, afirman los ecologistas, suele socavar los esfuerzos de conservación, y se prevé que el empeoramiento de la crisis económica en Irán acentúe los recortes en las iniciativas para salvar a los animales en peligro.

    “En la guerra, los animales salvajes son, en su mayor parte, olvidados y desatendidos”, dijo Morad Tahbaz, cofundador de la Fundación para el Patrimonio de la Fauna Silvestre Persa.

    Los cazadores furtivos también suelen aprovechar el caos de los tiempos de guerra para cazar especies en peligro, dijo.

    Los ecologistas iraníes se enfrentan al problema añadido de haber sido durante mucho tiempo objeto de sospecha por parte del aparato de inteligencia del país.

    Los servicios de seguridad han recelado de la estrecha colaboración entre los ecologistas y grupos ecologistas y activistas occidentales. También han afirmado, sin aportar pruebas, que los equipos de cámaras que los conservacionistas utilizan en zonas remotas para vigilar las especies silvestres se emplean, en realidad, para realizar espionaje a favor de los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes.

    En 2018, el brazo de inteligencia del Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos detuvo a nueve miembros de la Fundación para el Patrimonio de la Fauna Silvestre Persa, entre ellos Tahbaz, y los acusó de espionaje. Varios de los detenidos dijeron que habían sido torturados, y uno murió durante su detención. Todos fueron puestos en libertad tras pasar años en prisión.

    La semana pasada, al difundirse la noticia del repunte del número de guepardos, los activistas medioambientales dijeron que las autoridades habían detenido al conservacionista Iman Memarian, veterinario especializado en fauna salvaje, sin revelar los cargos.

    Estas hostilidades suponen un problema para los ecologistas que pretenden aprovechar el posible repunte de la población de guepardos para intensificar los esfuerzos de conservación.

    Muchos de los especialistas que tranquilizan y colocan collares de radiocontrol a los guepardos para observarlos abandonaron el país tras las detenciones anteriores. A otros se les ha prohibido realizar sus investigaciones sobre el terreno, dijo Tahbaz.

    “Obviamente, esto tendrá un efecto perjudicial en la vigilancia de la nueva familia de guepardos observada”, dijo. “Solo mediante la observación continua será posible proporcionar cierto nivel de protección a los guepardos”.

    No obstante, los ecologistas están encontrando nuevas formas de llevar a cabo un trabajo de conservación de base, dijo Ebrahimi.

    Tanya Rosen, conservacionista de grandes felinos afincada en Asia Central, dijo que tales esfuerzos locales para proteger a los guepardos eran “esenciales”.

    “En tiempos de crisis como este”, dijo, “la naturaleza y la supervivencia del guepardo asiático contra todo pronóstico se erigen como una fuente de esperanza rara, poderosa y profundamente necesaria para el país”.

  • En Irán, se vive con dolor e impotencia bajo una fachada de tranquilidad

    En Irán, se vive con dolor e impotencia bajo una fachada de tranquilidad

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    Tras meses de agitación, muchos intentan seguir adelante con sus vidas mientras luchan en silencio contra el dolor, el estrés económico y la pérdida de esperanza.

    En apariencia, la sociedad iraní parece funcionar con normalidad, al menos para un país que hace semanas estaba sometido a intensos bombardeos.

    Jóvenes a la moda se reúnen al exterior de cafés callejeros en Teherán, donde fuman y charlan con amigos. Las entradas para un destacado concierto de rock en la ciudad se agotaron en cuestión de minutos. Y la gente sigue viajando fuera de Irán por placer y por trabajo.

    Todo eso es una fachada –a decir de muchos iraníes– que enmascara las dolorosas y precarias condiciones en que viven. Cuatro meses de acontecimientos traumáticos que han sacudido el mundo –una brutal represión de las protestas nacionales seguida de una guerra devastadora– han hecho añicos las esperanzas en el futuro y han dejado a gran parte de la sociedad sumida en el dolor y con un sentimiento de impotencia.

    “La gente vive su vida”, dijo Sara, una mujer iraní de cuarenta y tantos años radicada en Turquía, que viajó a Teherán en invierno y volvía a Turquía a finales de abril. Sin embargo, añadió, la aparente calma era engañosa: “El ánimo de todos es terrible”.

    Al igual que la mayoría de las aproximadamente dos decenas de iraníes entrevistados para este artículo, Sara se negó a que se utilizara su nombre completo, por temor a las represalias del gobierno. Otros optaron por que no se usara su nombre para nada.

    Sara estuvo en Irán durante algunas de las peores semanas de la guerra, y dijo que los iraníes que residen fuera del país estaban más preocupados por lo que ocurría que los que viven allí, pues quizá están más resignados. “Todos están desesperanzados, o algunos tienen esperanzas en algo que es ilusorio”, dijo.

    Para quienes se oponen al gobierno autoritario islámico del país, las protestas masivas de enero trajeron consigo emocionantes esperanzas de cambio político, solo para terminar en dolor, rabia y conmoción cuando las fuerzas de seguridad mataron a miles de manifestantes.

    Desde entonces, iraníes de todas las tendencias políticas se han visto afectados por la destrucción y la muerte causadas por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes. Incluso las clases medias tienen cada vez más dificultades para costear alimentos básicos, y el continuo bloqueo de internet impuesto por el gobierno ha aislado al país del mundo exterior en gran medida. Hasta hace muy poco, el espacio aéreo iraní estaba cerrado a los vuelos civiles.

    Y, sin embargo, la gente también persigue sus pasiones y carreras a pesar de los inmensos obstáculos.

    Esto quedó patente en las entrevistas realizadas en un paso fronterizo terrestre y una estación de tren en el este de Turquía a finales de abril. Un grupo de teatro volvía en autobús, con destino a Europa para ensayar una nueva obra. Una joven con el pelo teñido de magenta cruzaba la frontera para ver a su grupo favorito en Estambul. Y un hombre de unos 30 años llegaba a Turquía para completar un paso fundamental en el camino hacia la continuación de su educación en Italia.

    “No sé por qué los iraníes son así, pero pase lo que pase, aunque haya precios altos, la vida sigue”, dijo Melika, de 28 años, quien a finales de abril visitaba Turquía con una amiga y una hermana para hacer un examen. Las tres acababan de desembarcar de un trayecto en tren de 23 horas de Teherán a Van, en el este de Turquía, y tenían previsto continuar hasta Estambul. “Los iraníes son muy flexibles, se adaptan”, añadió.

    Durante la guerra, dijo, los restaurantes estaban abarrotados, aunque gran parte de la economía estaba paralizada. Especuló que la gente optaba por disfrutar del dinero que tenía, en vez de molestarse en ahorrarlo para un coche, una casa u otros objetivos de vida.

    “Ahora esas cosas están fuera del alcance de una gran parte de la sociedad”, dijo Melika. “Así que dicen: ‘¿Por qué debemos ser duros con nosotros mismos? Tengamos al menos una linda comida’”.

    Por el contrario, Shahrzad, de 57 años, quien subía a un tren en Van para regresar a Irán, dijo que estaba optando por ahorrar su dinero y recortar gastos en artículos innecesarios, aunque consideraba estar en una situación acomodada.

    Shahrzad dijo que, durante la guerra, las bombas parecían caer constantemente: de 20 a 30 al día, a todas horas del día y de la noche. Aun así, se mostró optimista: “Nos acostumbramos”, dijo, mientras charlaba y bromeaba con un hombre y una mujer que esperaban en la fila junto a ella.

    Su generación, que experimentó la inestabilidad de la revolución de 1979 y vivió la guerra Irán-Irak de la década de 1980, había aprendido a lo largo de décadas a soportar la agitación, dijo.

    Los adolescentes y veinteañeros iraníes, dijo, tenían un enfoque diferente, con mucha menos paciencia para las dificultades que estaban experimentando, y la mayoría se oponía al gobierno.

    “La Generación Z, nadie puede con ellos”, dijo. “Nosotros buscamos más la paz. Los jóvenes son más radicales”.

    Varios iraníes que se encontraban en la frontera dijeron que se sentían a merced de las potencias mundiales y de su propio gobierno, sin poder incidir en los acontecimientos de sus propias vidas.

    Un hombre, un inversor intradía que había cruzado Turquía a utilizar internet para trabajar antes de volver a Irán, dijo que la gente parecía haberse estancado, y solo seguían las noticias y esperaban a ver qué ocurría. Él mismo tenía pocas esperanzas de que las cosas en el país cambiaran para bien.

    “Creo que todo es un juego”, dijo Sara, la mujer de unos 40 años, cuando le preguntaron por el alto al fuego entre Estados Unidos e Irán. “Simplemente están jugando con nosotros”.

    Kiana Hayeri colaboró con reportería.

    Yeganeh Torbati es la corresponsal del Times en Irán.

    Kiana Hayeri colaboró con reportería.

  • Opinión: Probablemente tus contraseñas estén en peligro

    Opinión: Probablemente tus contraseñas estén en peligro

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    Anthropic provocó recientemente una onda expansiva en el mundo de la ciberseguridad cuando dijo que su nuevo modelo de inteligencia artificial, Claude Mythos, había demostrado una extraordinaria capacidad para encontrar vulnerabilidades desconocidas hasta entonces en los software: la fantasía de un hacker. La preocupación por el poder de la herramienta hizo que Anthropic restringiera su lanzamiento principalmente a las grandes empresas, y así darles tiempo para asegurar sus software.

    ¿Qué se supone que deben hacer los demás? Las empresas más pequeñas, las organizaciones con y sin fines de lucro y las personas normales corren el mismo riesgo que las grandes empresas. Pero lo más probable es que carezcan de los conocimientos y recursos necesarios para afrontar estos retos antes de que sus sistemas se vean comprometidos.

    Mucha gente puede pensar que estos problemas pertenecen solo al mundo de los expertos en ciberseguridad o de los profesionales de la tecnología, pero eso ya no es verdad. Las nuevas herramientas de IA van a aumentar la cantidad de software inseguro que utilizas en tu día a día, a la vez que dan a los atacantes una nueva y poderosa arma para explotar las vulnerabilidades. Si sigues siendo descuidado con cosas como la solidez de las contraseñas que eliges, la vas a pasar bastante mal. Si alguna vez ha llegado el momento de tomarse en serio las prácticas de ciberseguridad, es ahora.

    A menudo doy charlas sobre ciberdefensa a grupos pequeños. Inevitablemente, la conversación gira en torno a preocupaciones personales. ¿Esta aplicación está bien? ¿Qué debo hacer para proteger mi teléfono? Normalmente, encuentro una vulnerabilidad para cada persona. Uno no ha instalado correcciones de errores o actualizaciones de seguridad en su teléfono; otro no utiliza la autenticación de dos factores en aplicaciones críticas. Muchos tienen una aplicación peligrosa en su dispositivo. Cuando se enfrentan a la realidad de que corren el riesgo de sufrir un ataque, la mayoría insiste en que la diversión y la comodidad superan a los posibles inconvenientes.

    Siempre ha sido un error de cálculo peligroso, pero ahora es peor. Tenemos que corregir nuestro comportamiento inmediatamente y volver a lo básico. Aunque me exaspera seguir repitiéndome, el mejor consejo sigue siendo lo que le decía a la gente al principio de mi carrera: utiliza contraseñas seguras que sean únicas en todos los sitios, preferiblemente a través de un gestor de contraseñas de confianza. Mejor aún, cuando un sitio te ofrezca una llave de acceso, acéptala. Una llave de acceso te permite iniciar sesión con tu cara o huella dactilar, sin tener que escribir una contraseña que puede ser robada mediante ciberestafa. Para las cuentas sin contraseña, utiliza una aplicación de autenticación de dos factores, no mensajes de texto. Mantén siempre actualizado todo el software y desinstala las aplicaciones innecesarias.

    También añadiría: desconfía del software nuevo y no probado que te recomienden en las redes sociales. Evita las empresas y tecnologías que no dejen muy claro que dan prioridad a tu seguridad; ten cuidado al dar permiso para acceder a la ubicación, la cámara, las redes Bluetooth, el micrófono y otras funciones de tu dispositivo a una aplicación de la que nunca has oído hablar; nunca utilices un sitio web si aparece una ventana emergente de seguridad que te advierte que no continúes. Estas medidas probablemente son lo mejor que puedes hacer tú mismo para intentar adelantarte a lo que se avecina.

    Somos conscientes de los riesgos que entrañan las prácticas descuidadas. Casi todo el mundo conoce a alguien que ha sido víctima de una estafa en línea. Muchos de nosotros hemos sufrido filtraciones de nuestra información personal o contraseñas en internet debido a las incesantes vulneraciones de datos.

    Las herramientas de IA podrán identificar y explotar a las personas –incluso tú– a una escala nunca vista. Ha sido emocionante ver a mis amigos que no se dedican a la tecnología utilizar herramientas de codificación de IA como Codex, Claude Code y Perplexity Computer para construir y crear cosas que siempre han querido hacer. El tiempo entre la idea y la ejecución se mide ahora en segundos, y hay una notable sensación de empoderamiento que surge al construir algo sin necesidad de un informático o un ingeniero. Sin embargo, a medida que la gente crea más software, está proporcionando objetivos adicionales que nuevos modelos como Mythos pueden atacar. Si lo construyes, ellos vendrán.

    La buena noticia es que esos agentes codificadores pueden escribir código seguro. Los veo hacerlo todos los días. Pero suele ocurrir solo porque alguien supo preguntar. Es como utilizar los servicios de contratistas sin experiencia para que te construyan una casa: puede que construyan lo que describes, pero si no se te ocurre pedir cerraduras en las puertas o una valla alrededor del patio, puede que no las pongan. Al igual que el mantenimiento de una casa, conservar la seguridad digital en tus programas y dispositivos es un proceso constante en el que tienes que ser proactivo.

    Pero ninguna vigilancia digital va a ser suficiente para cambiar la realidad a corto plazo de que los individuos y las pequeñas organizaciones están en desventaja en materia de ciberseguridad. Las empresas y compañías grandes desarrollarán e implementarán defensas de IA más sofisticadas para contrarrestar la amenaza del momento, pero el público general se lleva la peor parte por ahora: hay un límite en lo que la gente puede hacer por sí misma.

    Creo de todo corazón que las empresas pioneras en IA y el gobierno federal tienen la responsabilidad de ayudar a que este nuevo panorama sea seguro para todos. No construimos coches sin frenos, y no ponemos medicamentos en las estanterías sin probar sus efectos secundarios. Las empresas de IA deberían hablar entre ellas, compartir información y coordinar acciones contra las nuevas amenazas. La Oficina del Director Nacional de Ciberseguridad de la Casa Blanca debería impulsar y organizar enérgicamente esos esfuerzos, con un mandato y un alcance ampliado proporcionados por los legisladores.

    La tecnología puede resultar frustrante e insegura incluso en los mejores momentos, y esos momentos ya han quedado atrás. Todo el mundo, desde los gobiernos hasta las empresas, pasando por la persona de al lado, ha entrado en una era en la que la capacidad de ataque suele superar nuestra capacidad de defensa. Pero mientras las grandes empresas cuentan con equipos de seguridad, los individuos están solos. Todos tendremos que tomar decisiones para mantenernos a salvo. Elige con cuidado.

    Brett J. Goldstein dirige el Wicked Problems Lab del Instituto de Seguridad Nacional de la Universidad Vanderbilt y fue funcionario del Pentágono.

  • 10 razones por las que nos encanta ‘El diablo viste a la moda’

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    Recordamos los momentos más memorables que convierten la película original en una de las favoritas de los fans.

    Hace 20 años, Andy Sachs, una periodista entusiasta recién salida de la Universidad Northwestern, entró en la oficina del diablo más fashionista de la historia del cine, la editora de la revista Runway, Miranda Priestly. Desde su estreno en 2006, El diablo viste a la moda ha sido, sin ironía, una de mis películas favoritas. No soy la única; la comedia se ha convertido en un icono, como las muchas marcas de lujo que aparecen en ella. Con motivo de El diablo viste a la moda 2, que se estrenará el viernes, recordamos los momentos más memorables de la película original que la convierten en una de las favoritas de los fans. Abróchate el cinturón.

    Esas miradas fulminantes

    Por supuesto, Meryl Streep es una actriz magistral. Y cada una de sus diferentes combinaciones de cejas arqueadas, miradas de acero y muecas de desdén que muestra en el filme es una obra maestra de un minuto de duración. Tomemos como ejemplo la lenta inspección de arriba a abajo que Miranda le hace a una Andy (Anne Hathaway) pasada de moda en su primer día como asistente, o la mirada gélida de asombro cuando Andy sube por error las escaleras de su lujosa casa. Sin embargo, el momento más escalofriante podría ser cuando el diseñador James Holt le enseña a Miranda un vestido con un lazo de gran tamaño tan repelente que todo su semblante se descompone y su boca se frunce como si hubiera olfateado el olor de alguna mohosa tienda de rebajas. Incluso cuando decide abstenerse de juzgar, sigue siendo evidente.

    Esa sonrisa inusual

    Del otro lado están las escasas muestras de que Miranda la está pasando bien, que demuestran que hay algo de humanidad bajo ese exterior ártico. Se pueden ver cuando Andy se abre paso en el puesto de asistente y Miranda mira con curiosidad por encima del borde de sus gafas. Pero no es hasta que Andy ha abandonado Runway y se ven en la calle cuando el afecto oculto de Miranda por Andy se hace evidente: una sonrisa completa se dibuja en su rostro antes de ser interrumpida por un ceño fruncido y un tajante “¡arranca!” a su chófer.

    Ese suéter

    Si hay una escena que resume la película, es la conversación sobre el suéter azul cerúleo. Cuando Andy se ríe por lo bajo ante un cuarto lleno de empleados de Runway que están eligiendo entre dos cinturones muy parecidos, Miranda la deja sin palabras con un monólogo sobre la ubicuidad y la utilidad de la moda. Streep interpreta la escena con una mezcla tan deleitable de sequedad, pesadez y superioridad casual que el momento se convierte en mucho más que eso, para incluir la seriedad con la que Miranda se toma su posición y lo bien informada que está realmente (aunque, sí, la “historia” en sí es una invención de los cineastas). Es un momento que también demuestra que Andy tampoco es perfecta. Aceptó el trabajo ya despreciándolo, sin molestarse siquiera en buscar el nombre de la editora jefa. Así que, sí, Miranda es grosera, pero Andy ha debido callarse y tomado nota.

    Esa traición

    ¿Qué sería de Runway sin los conocimientos de moda, los comentarios sarcásticos y los enormes anillos de Nigel, el personaje de Stanley Tucci? Quizá el único empleado de Runway al que Miranda respeta de verdad, Nigel parece eludir su desprecio durante toda la película. Pero justo cuando está a punto de escapar de Runway para ocupar un codiciado puesto con un diseñador de moda –un trabajo que por fin le proporcionará la autonomía que nunca pudo tener con Miranda–, ella convence al diseñador para que, en su lugar, elija a su rival, con lo que sacrifica el ascenso de Nigel en un movimiento político que preserva el puesto de ella. No solo es el sabotaje lo que hace a Miranda tan despreciable, sino también la forma sigilosa en que se aprovecha de la lealtad de Nigel.

    Esa transformación

    ¿A quién no le gusta un montaje de moda? Normalmente estas escenas suceden fuera de un vestidor o armario, pero esta secuencia es disfrutable tanto por la amplia gama de vestimenta como por la forma en que la progresión se produce mientras Andy se desplaza por Manhattan. Es una transformación rápida que parece ocurrir como por arte de magia, su atuendo cambia al salir del metro o al pasar un coche. Además, imita la escena inicial, en la que las fashionistas que parecen modelos –y que contrastan marcadamente con la desaliñada Andy– se visten con esmero para ir a trabajar.

    Esas botas

    Andy se toma con calma la mayoría de los insultos que recibe en Runway, sobre todo los de la primera asistente de Miranda, la infinitamente presumida Emily (Emily Blunt). Pero cuando Andy, recién transformada, entra con un movimiento de cabello despreocupado, Emily, boquiabierta, le hace una pregunta sobre su atuendo, y Andy la interrumpe con aire de suficiencia: sí, está usando las botas Chanel. Un cordial dedo medio implícito.

    Esa humillación corporal

    La película inventó ecuaciones que escandalizarían a los matemáticos: 0 es igual a 2, 2 es igual a 4 y 6 es igual a 14. Hablo de tallas de vestido, claro, como explica Nigel. El diablo viste a la moda está llena de comentarios gordofóbicos, pero no es la propia película la que propugna estas opiniones problemáticas. Más bien se burla de las ridículas normas de la industria de la moda a través de un diálogo continuo sobre el peso, como cuando Emily, que se está muriendo de hambre con una inane dieta de cubitos de queso, proclama lo que los comedores desordenados de entre nosotros han pensado pero nunca se han atrevido a decir en voz alta: “Estoy a una diarrea de mi peso ideal”.

    Ese novio horrible

    Años después del estreno de la película, internet llegó a la conclusión de que el verdadero villano de la película era el novio de Andy, Nate (Adrian Grenier). En todas las veces que he visto esta película, nunca me ha quedado ninguna duda. Puede resultar difícil de captar al principio, dado el encanto de chico de al lado de Grenier, pero Nate apoya a Andy hasta que esta decide dedicarse plenamente al trabajo. También es una de las voces misóginas de la película, junto con el otro pretendiente de Andy, el escritor Christian Thompson. Ambos parecen querer decidir qué es lo mejor para su carrera. Además, para ser un chef, Nate ni siquiera sabe hacer un sándwich de queso decente. Eso debería ser prueba suficiente de su inutilidad como pareja de Andy.

    El timbre del teléfono

    Ese tono de llamada en particular era tan omnipresente a principios de la década de 2000, y tan importante en el retrato que hace la película del absorbente trabajo de Andy, que aún hoy, cuando oigo ese timbre agudo de cinco notas, tengo una ligera respuesta de ansiedad pavloviana. La relación de Andy con los teléfonos refleja su arco al trabajar para Miranda. En su primer día, se despierta cuando Emily la llama para exigirle que vaya a comprar café. Sus primeros errores incluyen pedir a una persona que llama que deletree Dolce & Gabbana. Pronto el teléfono pasa a representar su creciente distanciamiento de la gente que la rodea, pues suena cuando sale con sus amigos o discute con Nate. Cuando Andy finalmente se deshace del teléfono en una fuente de París, es un momento simbólico de triunfo.

    El verdadero corazón de la película

    Casi al final, después de la gran traición de Miranda a Nigel, Andy se pregunta si va por buen camino. Pero Miranda desestima su preocupación, y le dice que todo el mundo quiere esta vida. Es el quid de toda la película: el costo de una carrera próspera llena de poder y glamur. Pero esa renuncia no es exclusiva del mundo imaginario de Runway: El diablo viste a la moda es una fábula sobre la ambición y los riesgos y decisiones que toma la gente para salir adelante.

    Maya Phillips es crítica de arte y cultura del Times.