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  • Sam Neill, protagonista de ‘Parque Jurásico’, muere a los 78 años

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    A lo largo de cinco décadas de carrera, participó en más de 150 producciones, aunque quizá se le recuerde sobre todo por su papel protagonista en la saga de los dinosaurios.

    Sam Neill, el versátil actor neozelandés que participó en más de 150 producciones durante cinco décadas de carrera y que quizá fuera más conocido por su papel protagonista como Alan Grant en la saga Parque Jurásico, falleció el lunes en Sídney, Australia. Tenía 78 años.

    La familia de Neill anunció su fallecimiento en una publicación de Instagram. “Sam estaba rodeado de su familia y falleció con la dignidad que le ha caracterizado toda su vida”, dijo el mensaje.

    A Neill le diagnosticaron un linfoma angioinmunoblástico de células T en marzo de 2022 y llevaba años recibiendo tratamiento para ello. Su familia dijo en el comunicado que estaba “libre de cáncer” cuando falleció.

    Nacido en Irlanda del Norte y criado en Nueva Zelanda, Neill –cuya carrera como actor comenzó a finales de la década de 1960– combinaba un aire de “hombre de a pie” muy creíble con una belleza ruda y un acento difícil de identificar. Participó en decenas de producciones que abarcaron distintos géneros, formatos y continentes.

    Neill alcanzó la fama internacional con el drama de época australiano de 1979 My Brilliant Career. Los críticos lo elogiaron por sus interpretaciones llenas de matices, describiendo su “brusquedad enigmática” en un papel y su “suavidad paternal teñida de una tristeza digna” en otro.

    Entre sus trabajos se incluyen las películas neozelandesas El piano y Hunt For the Wilderpeople, los éxitos de taquilla de Hollywood Thor: Amor y trueno y Peter Rabbit, y dos temporadas de la serie de televisión británica Peaky Blinders.

    “Me gusta pensar que soy capaz de sugerir ambigüedades y complejidades en los personajes que interpreto, porque creo que todos tenemos aspectos ocultos o cualidades contradictorias”, declaró a The Dominion Post, un periódico neozelandés, en 2007. “Creo que eso es lo que nos hace interesantes como seres humanos, y eso es lo que hace que sea interesante interpretar a los seres humanos”.

    Con pocos ejemplos de actores internacionales de origen neozelandés a los que seguir, Neill dijo que no se había marcado objetivos concretos, lo que le permitió ir, casi sin rumbo fijo, de un proyecto a otro.

    “Nunca tuve un plan, ¿sabes?”, le dijo a The Dominion Post en 2016. “Que yo supiera, aquí no había nadie más que hubiera tenido una carrera en el cine”.

    El primer ministro de Australia, Anthony Albanese, lamentó la muerte de Neill, de quien dijo que había “protagonizado tantas historias australianas queridas” y “se había ganado un lugar especial en los corazones de los australianos”.

    “Irónico y sarcástico, reflexivo y lacónico, Sam luchó contra la enfermedad con la misma dignidad, humor y convicción que daban fuerza a cada una de sus interpretaciones”, escribió Albanese en las redes sociales.

    Nigel John Dermot Neill nació el 14 de septiembre de 1947 en la mesa de la cocina de su casa de Omagh, una localidad de unos 20.000 habitantes en el condado de Tyrone, Irlanda del Norte; sus padres eran Dermot Neill, un neozelandés que sirvió como oficial del ejército británico, y su esposa inglesa, Patricia.

    A los 7 años, él y su familia hicieron un viaje en barco de seis semanas para mudarse a la bucólica Isla Sur de Nueva Zelanda, donde fue al colegio Cashmere antes de ingresar en el internado Medbury School y en el Christ’s College, una de las instituciones educativas más exclusivas de Nueva Zelanda, en Christchurch. Allí era un “alumno muy normal” que era “irremediablemente vago”, según escribió en sus memorias de 2023, Did I Ever Tell You This?, y que participó en unas cuantas obras del colegio.

    Neill se enfrentó a obstáculos entre sus nuevos compañeros: un tartamudeo infantil; lo que él percibía como un acento británico vergonzosamente pomposo; y el nombre “Nigel”, que le habían puesto al nacer. “Llegar a un patio de recreo bastante duro en una escuela primaria neozelandesa hablando presuntuosamente y llamándote Nigel era buscar problemas”, escribió.

    A los 11 años, se cambió el nombre a Sam, inspirándose en personajes de wésterns. Fue “probablemente la mejor decisión que he tomado en mi vida”, dijo. “Sam es fácil de pronunciar, suena simpático, tiene un toque de chico de barrio y algo de labrador”.

    Se licenció en literatura por la Universidad de Canterbury, en Christchurch, y se trasladó a la Universidad Victoria de Wellington para cursar el último tramo de la carrera. Al graduarse en 1970, empezó a trabajar como intérprete de teatro, actuando al principio con la Downstage Theater Company a cambio de 35 dólares neozelandeses a la semana y un plato de lasaña cada noche. Después recorrió el país con el New Zealand Players Drama Quartet, representando obras de Shakespeare y otros grandes clásicos teatrales ante estudiantes.

    En busca de un empleo más estable, Neill se unió a la National Film Unit de Nueva Zelanda, una productora pública, donde dirigió una serie de cortometrajes documentales. En esa época apareció en Ashes, un cortometraje de 1975, y como protagonista en el thriller de 1977 Sleeping Dogs, que se convertiría en la película más taquillera de Nueva Zelanda en aquel momento.

    Mientras promocionaba Sleeping Dogs en Australia, a Neill le dieron un papel en The Brilliant Career, por la que le pagaron más o menos el triple de lo que ganaba en la National Film Unit. Esa sería la primera de una serie de producciones australianas para él. Neill se buscó rápidamente un agente, dejó su trabajo en Nueva Zelanda y se mudó a Sídney.

    En los años siguientes, Neill apareció en largometrajes en Europa y Norteamérica antes de debutar en Hollywood, interpretando al anticristo en Omen III en 1981. Fue nominado a dos premios Emmy, por la miniserie de 1998 Merlin y el documental de 2017 New Zealand: Earth’s Mythical Islands, que narró, y a tres Globos de Oro, por sus interpretaciones en las series de televisión Reilly: Ace of Spies (1983), One Against the Wind (1992) y Merlin.

    En 2007 fue nombrado Compañero Distinguido de la Orden del Mérito de Nueva Zelanda, lo que le daba derecho a recibir el título de caballero. En 2009, rechazó el honor y declaró al Sydney Morning Herald: “Dejando a un lado toda modestia, me parece que la idea de un título para mí es demasiado grandilocuente en esta etapa de mi vida”.

    Neill acabó cambiando de opinión y, en 2022, se convirtió en “Caballero Compañero”, lo que le permitió que le llamaran sir.

    A pesar de su éxito internacional, mantuvo vínculos cercanos con Nueva Zelanda y pasaba la mayor parte del tiempo en Central Otago, donde, a partir de 1993, empezó a elaborar vino bajo la marca Two Paddocks. Sus vinos solían tener buena acogida entre la crítica, pero intentó adoptar un enfoque democrático en cuanto a los precios, y le dijo al periódico The Guardian: “No me gustaría pensar que mi vino solo lo beben los promotores inmobiliarios”.

    “Me siento muy orgulloso del vino que elaboramos”, declaró a The Australian Financial Review en 2018, y añadió: “La gente se está tomando el vino en serio, como debe ser, y eso ha llevado su tiempo. La gente tiende a subestimar a los actores. Dicen: ‘Es un actor, ¿qué sabrá él?’”.

    En los últimos años, Neill también se hizo famoso por su peculiar presencia en las redes sociales, centrada sobre todo en su viñedo cerca de Clyde, en Nueva Zelanda, y en los animales que la habitaban, a los que a menudo ponía nombres de actores. A lo largo de los años, entre ellos había una cerda llamada Anjelica Huston, una vaca llamada Helena Bonham Carter y un gallo resplandeciente llamado Michael Fassbender.

    A Neill le sobreviven sus hermanos –Michael, que es académico, y Juliet, profesora de teatro– y sus hijos, entre los que se cuentan un hijo fruto de su relación de 11 años con la actriz Lisa Harrow y dos hijas de su matrimonio con la maquilladora Noriko Watanabe, de quien se separó en 2017.

    Neill se convertiría en uno de los ciudadanos más famosos de su país. Pero escribió en sus memorias que nunca había conseguido deshacerse del todo de aquel niño aterrorizado que había hecho el largo viaje desde Irlanda del Norte.

    “Por fuera, sin duda, soy Sam, el neozelandés”, escribió. “Quizá incluso lo reconozcas. Pero por dentro, en lo más profundo, vive un niño pequeño y tímido que suena muy diferente, y su nombre no es Sam. Es Nigel”.

    Laura Chung colaboró con reportería desde Sídney, Australia

    Laura Chung colaboró con reportería desde Sídney, Australia

  • El futuro de un búnker de Hitler divide a Berlín

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    La posible demolición del sitio pone de relieve el debate en Alemania entre proteger su patrimonio histórico y hacer frente a la crisis de vivienda.

    En 1939, Adolf Hitler celebró la construcción de una nueva y monumental sede gubernamental que había encargado en Berlín, a la que llamó “la primera estructura de la nueva Gran Alemania”.

    Se dirigió a los 8000 trabajadores que habían construido el edificio y asistieron a la ceremonia de inauguración de la estructura de tres plantas y casi 400 metros de largo conocida como la Nueva Cancillería del Reich, y les dijo: “Cada uno puede llevarse consigo la certeza de haber ayudado a construir un monumento que perdurará muchos siglos”.

    Unos seis años después, Berlín fue ocupada por las fuerzas aliadas que habían derrotado a Alemania en la Segunda Guerra Mundial; el edificio estaba en ruinas y Hitler había muerto, tras suicidarse en un búnker cercano antes de la rendición de su país.

    Ahora, apenas queda nada del edificio, salvo parte de un búnker que habían utilizado otros miembros del régimen nazi –y es posible que incluso eso se derribe pronto–, según informó recientemente el periódico alemán Bild, el cual reveló que un promotor inmobilidario de Hamburgo ha recibido autorización oficial para construir apartamentos y oficinas en la zona.

    Los expertos en conservación dicen que la iniciativa de urbanizar el terreno del búnker refleja una tensión en la sociedad alemana –en la que desde hace tiempo se hace hincapié en una “cultura del recuerdo”– entre la necesidad de preservar monumentos de importancia histórica y la necesidad de urbanizar y modernizar. Y llega en un momento en el que el número de testigos vivos de la era nazi disminuye, lo que hace que la protección de los lugares de importancia histórica sea aún más importante, sostienen algunos.

    Aunque la zona general donde antes se alzaba la Cancillería del Reich está señalizada con carteles sobre la historia del lugar, el búnker nunca ha sido declarado oficialmente como sitio de importancia histórica. El terreno que lo cubre pasa desapercibido: un solar sin urbanizar en plena zona céntrica de la ciudad.

    En parte por eso –y por el hecho de que está bajo tierra–, el búnker no ocupa realmente un lugar en la conciencia colectiva de los berlineses, según Stephanie Herold, directora del departamento de Conservación Urbana y Patrimonio Cultural de la Universidad Técnica de Berlín.

    “Me sorprende mucho, porque creo que es un patrimonio realmente importante y un lugar clave”, dijo Herold en una entrevista.

    En un memorándum del año pasado, el Consejo Estatal de Monumentos de Berlín expresó su preocupación por los planes de demoler el búnker y recomendó que se evaluara su protección al afirmar: “La Nueva Cancillería del Reich fue el punto de planificación y de partida de la Segunda Guerra Mundial y también representa simbólicamente el catastrófico final del régimen nazi”.

    Sin embargo, hace tiempo que existe un plan de desarrollo para el sitio –desde hace dos décadas–, dijo Martin Pallgen, portavoz del Departamento de Desarrollo Urbano, Construcción y Vivienda del Senado de Berlín. El Parlamento de Berlín aprobó el plan de ordenación territorial, añadió, “incluso tras considerar la protección del monumento”.

    De forma más reciente, las autoridades se comprometieron con el propietario a que se permitiría la construcción.

    El actual responsable del departamento de urbanismo, el senador Christian Gaebler, “ha dejado claro que da prioridad a la construcción residencial en este lugar”, dijo Pallgen. Gaebler no respondió a una solicitud de comentarios.

    El debate sobre el búnker llega en un momento de tensiones contradictorias en Alemania. El país se enorgullece de su cultura de recordar verdades incómodas, como el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial. Y muchos alemanes se enfrentan a preguntas sobre sus historias familiares, ya que las nuevas herramientas han facilitado como nunca la consulta de registros antinguos que revelan afiliaciones al partido nazi.

    Hildburg Bruns, que informó sobre los planes en Bild, dijo en un correo electrónico que, como berlinesa, creía que “deberíamos recordar” la época nazi.

    Al mismo tiempo, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania está ganando terreno, y algunos de sus líderes más activos sostienen que el país tiene que dejar de mirar hacia atrás. La líder del partido, Alice Weidel, ha denunciado lo que ella llama un “culto a la culpa” del Holocausto.

    También hay presión para modernizar, y la visión tradicional de que todo lo que tenga importancia histórica debe conservarse se enfrenta cada vez más a “un fuerte movimiento que la cuestiona” para crear más espacios residenciales o satisfacer otras necesidades, dijo Sebastian Conrad, un abogado berlinés que se ocupa de casos de protección del patrimonio histórico.

    El terreno del centro de la ciudad destinado a la urbanización es “muy valioso”, dijo, pero para él “es bastante obvio que el búnker tiene importancia histórica”.

    Los expertos dijeron que la conservación y el desarrollo urbano no tienen por qué ser incompatibles. Berlín se enfrenta a una escasez de viviendas, y las leyes de conservación exigen equilibrar intereses públicos contrapuestos, como la necesidad de viviendas y la de proteger los monumentos históricos, dijo Herold.

    Pero los ciudadanos que quieren que se conserve el búnker no tienen forma de impugnar la decisión de las autoridades, dijo Conrad.

    La Asociación Berliner Unterwelten e.V. (del alemán, Mundos Subterráneos de Berlín), que documenta la historia de la arquitectura subterránea de la ciudad y la pone al alcance del público, está haciendo campaña para conservar el búnker y crear un memorial en el lugar, que es un símbolo de la rendición de Alemania. El búnker aparece en una imagen icónica tomada en mayo de 1945, en la que se ve al comandante de la defensa de Berlín, el general Helmuth Weidling, saliendo para entregarse a las fuerzas soviéticas tras la muerte de Hitler.

    La Asociación Unterwelten dijo que “busca el diálogo” con los legisladores, los funcionarios y el propietario del inmueble “para encontrar juntos una solución que combine la conservación del búnker con el desarrollo urbano”.

    Palgen, portavoz del departamento de desarrollo, dijo que aún no se ha decidido “cómo gestionará el propietario la ubicación concreta” del búnker. Pero, añadió, están “obligados a documentar el búnker como es debido antes de su demolición”.

    Ephrat Livni es una reportera del Times que cubre las noticias de último momento en todo el mundo. Radica en Nueva York.

  • Las cosas más extrañas que interfieren con el Wi-Fi y cómo mejorar la señal

    Las cosas más extrañas que interfieren con el Wi-Fi y cómo mejorar la señal

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    Una imagen compuesta en la que se ve un router en una pecera, con un pececito dorado nadando.

    BBC/ Serenity Strull/ Getty Images

    El mundo funciona gracias al wifi, pero hay cosas extrañas que pueden obstaculizarlo, incluido tu almuerzo.

    Alex Hills es un pionero: fue una de las primeras personas en el mundo en enfrentarse a los problemas de conexión wifi.

    En 1993, mientras trabajaba como profesor en la Universidad Carnegie Mellon (EE. UU.), lideró el equipo que construyó una de las primeras redes wifi de gran tamaño.

    Hills relata esta historia en su libro Wi-Fi and the Bad Boys of Radio (“Wi-Fi y los chicos malos de la radio”).

    Sin embargo, la expresión “Bad Boys” (chicos malos) no se refiere a su heterogéneo grupo de pioneros de internet, sino que es el nombre que dio a los objetos y procesos que interfieren con el buen funcionamiento del wifi.

    Es posible que tu propia casa esté llena de estos “chicos malos”, que hacen todo lo posible por interrumpir que disfrutes de tus memes. Algunas de estas interferencias no sorprenden, como las paredes gruesas; otras resultan un tanto insólitas.

    Identificar estos problemas podría ayudar a solucionar tu conexión e, incluso, podría cambiar tu forma de ver una de las tecnologías más importantes de tu vida.

    Microondas

    El panel de botones de un horno microondas.

    Getty Images
    Los hornos microondas pueden estar interfiriendo con tu señal de WiFi.

    Durante 17 años, unas misteriosas señales de radio desconcertaron a los astrónomos en Australia.

    Algunos las atribuían a las erupciones solares; el público sospechaba de los extraterrestres.

    Finalmente, descubrieron que el culpable estaba mucho más cerca: su telescopio captaba ráfagas de energía provenientes del microondas de la oficina a la hora del almuerzo.

    Los telescopios no son la única tecnología vulnerable a las interferencias de los microondas; estos también pueden afectar el funcionamiento de tu red wifi.

    El wifi, al igual que la mayoría de las tecnologías de comunicación inalámbrica, transmite información mediante ondas de radio.

    Los gobiernos reservan la mayor parte de las frecuencias de radio para fines específicos, como las fuerzas del orden, el control del tráfico aéreo y las emisoras de radio AM y FM. Sin embargo, algunas frecuencias están libres para su uso público sin necesidad de licencia.

    Por ejemplo, la banda de 2,4 GHz es una de las frecuencias más utilizadas por las redes wifi y los dispositivos Bluetooth. Curiosamente, es también la frecuencia que utiliza el microondas para calentar las sobras.

    Los hornos microondas cuentan con blindaje para mantener en su interior las ondas que calientan la comida. Sin embargo, si tienes un microondas viejo y deteriorado, o si abres la puerta antes de que termine el ciclo de calentamiento, Hills señala que esto puede interferir con la señal wifi.

    “Es una de las fuentes de interferencia más importantes de las que se suele hablar”, afirma Hills. El mismo problema puede surgir debido a fugas de frecuencia procedentes de luces fluorescentes o de los sistemas de encendido de los automóviles.

    “Hoy en día, los microondas suponen un problema menor”, comenta Hills. Están mejor fabricados y el wifi puede funcionar en la banda de 5 GHz en lugar de en la de 2,4 GHz. No obstante, si dispones de una configuración wifi antigua o de un microondas viejo, descongelar una comida preparada podría interrumpir la visualización de tus memes.

    Acuarios

    Una pecera en una habitación oscura

    Getty Images

    Si tienes mascotas acuáticas en casa, esto podría causar problemas.

    “Una señal de radio se debilita naturalmente con la distancia”, explica Hills. “Pero a veces atraviesa un objeto que atenúa la señal. A esto lo llamamos ‘efecto sombra’”.

    El wifi y el agua no se llevan bien. Entre otros problemas, las moléculas de agua pueden actuar como pequeños imanes que absorben la potencia de la señal de radio. Si hay una pecera entre tú y tu router, esta puede crear una zona sin cobertura wifi.

    El efecto sombra es el principal problema que enfrentan los usuarios de redes wifi, señala Hills, y no solo debido a las peceras.

    Las ondas de radio pueden atravesar ciertos materiales, como la madera y el panel de yeso, con relativa facilidad. Sin embargo, las paredes de materiales densos, como el ladrillo o el hormigón, presentan mayores dificultades.

    “Imagina una línea recta que conecta tu router con el dispositivo al que deseas dar servicio”, dice Hills. La señal puede rebotar por la habitación y sortear los obstáculos siguiendo otras trayectorias; no obstante, cuantos más obstáculos haya en el camino, más difícil resulta la transmisión.

    Una distancia menor también facilita el funcionamiento del wifi. Colocar el router en el centro de la casa y situarlo lo más alto posible son buenos primeros pasos.

    Si eso no es suficiente, puedes probar a utilizar un extensor de wifi para potenciar la señal, o bien sustituir el router por una red en malla (“mesh“) que distribuya la conexión por todo el espacio mediante varios dispositivos pequeños.

    Así no tendrás que molestar a los pobres peces.

    Espejos

    Los microondas pueden interferir con las señales wifi; los acuarios pueden absorberlas. Pero existe otro problema común: la reflexión.

    Las ondas de radio son otra forma de luz. Y, al igual que la luz rebota en superficies reflectantes como los espejos, también puede hacerlo tu señal wifi.

    Cualquier superficie plana y reflectante, como un televisor, puede causar el mismo problema. También podrías experimentar este inconveniente si las paredes de tu casa contienen láminas metálicas en sus materiales de construcción.

    Si tienes una zona sin cobertura en casa, imagina una línea recta entre tú y el router y piensa si hay algún espejo o un televisor grande que pudiera estar desviando la señal al hacerla rebotar.

    Podrías considerar cambiar de sitio las superficies reflectantes. O bien, si no quieres alterar la distribución de la casa, este es otro problema que los extensores de wifi pueden ayudar a solucionar.

    Invierno

    Una fotografía panorámica de un pueblo nevado.

    Getty Images
    Aunque no lo creas, una nevada muy fuerte podría afectar tu señal.

    La lluvia no debería interrumpir tu conexión Wi-Fi, a menos que utilices una red en otro edificio separado por un espacio abierto. Sin embargo, cuando el tiempo empeora considerablemente, pueden surgir problemas.

    Las nevadas pueden inutilizar la infraestructura que abastece a una casa, un barrio o incluso a toda una localidad, ya sea debido al frío extremo que daña los componentes metálicos de los cables o a la acumulación de nieve que bloquea las señales por satélite.

    El calor puede provocar problemas similares. Y, aunque las condiciones meteorológicas no sean la causa directa, las redes pueden ralentizarse cuando todos los miembros de la casa están confinados en el interior y viendo YouTube al mismo tiempo.

    Esto significa que la interrupción en la difusión de memes podría ser una consecuencia más del cambio climático. ¿La solución? Además de aportar tu granito de arena por el planeta, puedes presionar a las compañías de telecomunicaciones y a las autoridades locales para que adopten medidas proactivas.

    En cuanto a Alex Hills, actualmente vive en Alaska, donde ha dedicado gran parte de su carrera a ayudar a pueblos y aldeas remotas a conectarse a internet.

    Los servicios de internet satelital han facilitado mucho este proyecto, pero también presentan sus propios problemas con el wifi.

    A veces, cuando una tormenta de nieve cubre la antena parabólica, hay que usar la pala.

    *Esta es una adaptación al español de una historia publicada por BBC Future. Para leerla en su versión original, haz clic aquí.

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    BBC

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  • Las personas que se mudan de Occidente a Rusia en busca de valores tradicionales (y la realidad que encuentran)

    Las personas que se mudan de Occidente a Rusia en busca de valores tradicionales (y la realidad que encuentran)

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    Persona en primer plano que lleva un gorro de lana gris, gafas, un abrigo oscuro y una mochila, con nieve en la ropa y los hombros.

    Ben/ BBC
    Ben, originario de Derby, se mudó a Rusia en 2023 con un visado familiar privado y afirma sentirse más seguro viviendo allí.

    Cuando Leo Hare se mudó de Texas a Rusia a finales de 2023, tras habérsele concedido el asilo, estaba convencido de que estaba construyendo un futuro mejor para su familia.

    Este padre de tres hijos se volcó en su nueva vida: probando dumplings, ordeñando cabras en una granja y grabando videos sobre la vida en Rusia para sus seguidores en internet.

    Leo es un cristiano devoto que se había sentido cada vez más desencantado con todo, desde la división política en Estados Unidos hasta los alimentos modificados genéticamente y lo que él percibe como el auge del movimiento LGBTQ.

    En aquel entonces, creía que Rusia ofrecía una alternativa atractiva: una sociedad cimentada en la fe cristiana y los valores familiares, una visión promovida intensamente por el Estado ruso.

    Sin embargo, con el paso del tiempo, también ha empezado a preocuparse cada vez más por aspectos como las restricciones al acceso a la información.

    Él forma parte de un fenómeno migratorio inusual.

    Mientras Rusia se enfrenta al aislamiento internacional, unos pocos miles de personas procedentes de países como Canadá, Reino Unido, Estados Unidos y diversas partes de Europa deciden trasladarse allí.

    Su percepción de Rusia difiere radicalmente de la que quizás tengan muchas personas en Occidente: la de un país que invadió Ucrania y ocupa gran parte de su territorio, encarcela a opositores políticos, impone severas restricciones a las libertades civiles y afronta una batería de sanciones internacionales.

    Un visado especial

    Muchos de los posibles migrantes se sienten atraídos por el visado de “valores compartidos” de Rusia —a veces llamado visado “anti-woke”—, que se introdujo un mes después de que a Leo se le concediera el asilo.

    Presentado por el presidente Vladimir Putin en 2024, este visado ofrece residencia temporal de hasta tres años a ciudadanos de 47 países que Rusia considera “no amistosos”.

    No existe límite en cuanto al número de personas que pueden pedirlo, y los solicitantes no necesitan superar las pruebas habituales de idioma, historia o legislación rusas.

    En su lugar, deben declarar que comparten los valores espirituales y morales tradicionales de Rusia y rechazar lo que el gobierno ruso describe como la “ideología neoliberal destructiva” de sus países de origen.

    Tras tres años, quienes tienen este visado deben convertirlo en un permiso de residencia permanente (PRP) o abandonar el país.

    El PRP exige superar un examen de idioma e historia, así como presentar una documentación más exhaustiva.

    A diferencia de otros programas de inmigración, el visado de valores compartidos no conlleva asistencia económica ni de vivienda por parte del gobierno ruso.

    Los solicitantes deben abonar una tasa administrativa de 1.600 rublos (US$22) y superar controles médicos y de antecedentes penales.

    Dos personas vestidas formalmente están de pie en la parte delantera de una sala de audiencias; una de ellas sostiene un pequeño cuadernillo azul y unas gafas plegadas.

    Ministerio del Interior de Rusia
    Leo Hare (a la derecha) en la ceremonia de concesión de su asilo, la cual fue cubierta por la televisión estatal.

    Rusia afirma que cerca de 3.400 personas solicitaron acogerse al programa hasta la primavera boreal de 2026. Sin embargo, estas cifras son difíciles de verificar de forma independiente y no revelan cuántas solicitudes fueron aprobadas.

    El visado refleja un esfuerzo más amplio del Kremlin por presentar a Rusia como defensora de los valores tradicionales, en contraposición a lo que considera la decadencia moral de Occidente.

    En un decreto de 2022, Putin advirtió que la influencia ideológica occidental amenazaba los valores rusos —incluidos el matrimonio y la familia tradicional— y pidió que Rusia promoviera una imagen más positiva de sí misma en el extranjero.

    Dos años después, el visado de “valores compartidos” ofreció una expresión práctica de esa visión.

    Un ecosistema en línea de agencias de reubicación e influencers promociona a Rusia como un lugar donde los valores familiares se mantienen sólidos y la vida cotidiana se percibe como más segura.

    Ilja Belobragin, socio director general de Move To Russia —una empresa que ayuda a extranjeros a trasladarse a Rusia—, comenta que algo que escucha frecuentemente de sus clientes es que “ya no reconocen la comunidad que los rodea”.

    Algunos posibles migrantes se quejan de la elevada inmigración en sus propios países o de lo que perciben como un deterioro de su nivel de vida, señala.

    El poco peso de la guerra

    La guerra de Rusia en Ucrania, que ha dominado la percepción internacional del país desde 2022, no parece ser un factor decisivo para muchas de las personas que deciden trasladarse allí.

    Algunos apoyan abiertamente a Rusia, mientras que otros insisten en que su decisión está motivada por valores culturales y no por la geopolítica.

    Una persona sentada ante un escritorio de madera pulida, con las manos entrelazadas frente a sí, vestida con chaqueta y camisa de color gris claro.

    Philip Hutchinson
    Philip Hutchinson ayuda a otras personas a trasladarse a Rusia tras haberse mudado a Moscú.

    Philip Hutchinson, un excandidato del Partido Conservador de Reino Unido radicado en Moscú y que ahora ayuda a otros occidentales a trasladarse a Rusia, dice que evita hablar de la guerra.

    “¿Qué pienso al respecto? Mira, realmente no me involucro en eso”, dice. “No estoy aquí como político. Estoy aquí para vivir una vida agradable y tranquila con mi familia”.

    Cuando se le pregunta si ayudar a los occidentales a trasladarse a Rusia bajo la visa de valores compartidos es en sí mismo un acto político, Philip no está de acuerdo.

    “Orientamos a mucha gente hacia la visa de valores compartidos porque es la forma más fácil de convertirse en residente pleno aquí en este momento. No es una cuestión política ayudar a la gente a mudarse a Rusia”.

    Tras su traslado, la familia de Leo se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de la migración occidental.

    Los medios estatales rusos grabaron la ceremonia en la que se les concedió asilo, y Leo agradeció públicamente al presidente Putin por haberlos acogido.

    Entonces, Leo creía que estaba ayudando a abrir camino a lo que él denomina “una legislación migratoria sin precedentes”.

    Sin embargo, la realidad resultó más difícil de lo que había previsto.

    Un cambio lleno de contrastes

    A las pocas semanas de llegar, Leo cuenta que fueron víctimas de una estafa por valor de 5 millones de rublos —unos US$66.000— a manos de un contacto de confianza, lo que los dejó sin hogar.

    Cuando hablé con Leo a principios de este año, vivía separado de su esposa en la ciudad de Ivánovo, y sus hijos mayores habían regresado a Estados Unidos.

    Al preguntarle si Rusia había cumplido sus expectativas, Leo describe los últimos dos años como los mejores y los peores de su vida.

    Afirma haber vivido muchas facetas de Rusia: trabajó en un monasterio ortodoxo, se alojó en un apartamento de un edificio de gran altura y más tarde se mudó a un piso pequeño de la época soviética.

    Finalmente, encontró trabajo como profesor particular de inglés.

    Sigue hablando con cariño de los rusos comunes y corrientes, a quienes describe como personas generosas y acogedoras.

    Elogia a los miembros de su comunidad eclesiástica que ayudaron a la familia a salir adelante tras perder sus ahorros, y recuerda a una mujer que invitó a su hijo menor a su casa y le enseñó ruso de forma gratuita.

    “Siento el corazón lleno de amor por esta gente”, asegura.

    No obstante, también le preocupa cada vez más la situación de la economía rusa y las restricciones al acceso a la información.

    Ahora, Leo se replantea el papel que desempeñó a la hora de promover la inmigración occidental a Rusia.

    “Creí en la propaganda”, me dice, admitiendo que antes él era “el tipo que habría escrito el guion”.

    Aunque está decidido a permanecer en Rusia por una cuestión de “destino”, ahora confiesa que echa de menos las libertades que han forjado la mentalidad estadounidense.

    “En Rusia no existen esos valores de derechos humanos”.

    Un traslado por amor

    Otros occidentales que se han mudado a Rusia están en desacuerdo con la forma en que se promueve la visa de valores compartidos.

    Ben, que nos pidió que usáramos solo su nombre, se mudó a Rusia en 2023 desde Derby en Reino Unido después de enamorarse de una mujer rusa que conoció a través de un sitio web de intercambio de idiomas.

    La pareja vive en Kursk, cerca de la frontera con Ucrania.

    Su familia pensó que estaba “un poco loco” por mudarse a una zona de guerra.

    La visión que Ben tiene de Rusia tiene más matices que la que suelen presentar sus partidarios.

    Elogia la amabilidad de los rusos y dice que se siente más seguro día a día. Al mismo tiempo, rechaza la idea de que Rusia sea una especie de paraíso conservador.

    Ben cita la prevalencia de hogares monoparentales, el aborto -que describe como “muy ampliamente aceptado”- y tasas de divorcio “extremadamente altas”.

    “Rusia no es una utopía”, afirma.

    Se mudó a Rusia con una visa familiar privada y no bajo el esquema de valores compartidos, pero en su canal de YouTube desafía lo que considera afirmaciones exageradas de algunos influencers occidentales que retratan a Rusia como una alternativa perfecta a Occidente.

    “Hay algunas personas con algún tipo de agenda que quieren impulsar”, dice.

    Casi dos años después del lanzamiento de la visa de valores compartidos, el experimento de Rusia para atraer inmigrantes ideológicos sigue siendo de pequeña escala.

    Aunque no ha logrado atraer una gran ola de inmigración “anti-woke”, ha facilitado que algunos occidentales construyan nuevas vidas en el país, ya sea por amor, fe o, simplemente, por un cambio de dirección.

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  • El gobierno de Trump cita a periodistas del Times en una nueva ofensiva contra la prensa

    El gobierno de Trump cita a periodistas del Times en una nueva ofensiva contra la prensa

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    El Departamento de Justicia busca obligar a declarar a reporteros que informaron sobre el nuevo Air Force One. El Times calificó la medida como un “acto descarado”.

    El gobierno de Donald Trump emitió el viernes citaciones judiciales contra varios periodistas de The New York Times, después de que el medio informara esta semana sobre problemas de seguridad relacionados con el nuevo Air Force One del presidente Trump, donado por Catar.

    Las citaciones –que buscan obligar a los periodistas a declarar ante un gran jurado federal en Manhattan el miércoles– supusieron una escalada extraordinaria en los esfuerzos del presidente Trump por amenazar e intimidar a organizaciones de prensa independientes.

    En algunos casos, las citaciones fueron entregadas por agentes federales que se presentaron en los domicilios de los periodistas.

    El Times denunció las acciones del gobierno.

    “La aparición de agentes federales de las fuerzas del orden en la puerta de los periodistas debería escandalizar a cualquier estadounidense que crea en la Constitución y en la libertad de prensa que esta protege”, dijo David McCraw, el principal abogado de la redacción del Times, en un comunicado el viernes por la noche.

    “Nuestros periodistas reportan los hechos y defienden el derecho del público estadounidense a saber cómo funciona su gobierno y cómo se utilizan los impuestos que pagan”, escribió McCraw. “Este acto descarado no debe verse más que como un intento de impedir que el público sepa lo que está ocurriendo en su país, intimidando a los periodistas para que no hagan su trabajo”.

    Las citaciones contienen pocos detalles y solo piden que los periodistas testifiquen “en relación con una presunta infracción de la legislación penal federal”. Las emitió Jay Clayton, el fiscal federal de Manhattan. Clayton, que dirige una de las oficinas de las fuerzas del orden más importantes del país, fue nombrado recientemente por Trump para ocupar el cargo de director de inteligencia nacional.

    Los portavoces de la Casa Blanca no respondieron a las preguntas el viernes por la tarde.

    En un comunicado del sábado, una portavoz del Departamento de Justicia dijo que “los periodistas no son el objetivo, sino quienes filtran información clasificada”.

    “Valoramos y apreciamos el importante papel que desempeña la prensa en este país, pero el Departamento de Justicia también tiene un papel importante para garantizar que las personas a las que se les han confiado los secretos de nuestra nación hagan lo que se supone que deben hacer con esa información”, dijo la portavoz, Emily Covington. Añadió: “Reconocemos que siempre puede haber una tensión natural al respecto, pero no vamos a ignorar la ley”.

    Entre los periodistas del Times que recibieron citaciones se encontraban Julian E. Barnes, Eric Lipton, Tyler Pager y Eric Schmitt, quienes informaron el miércoles que Trump había partido de Turquía en el antiguo Air Force One como medida de seguridad, a instancias del Servicio Secreto. El jueves, The Times informó de que el nuevo Air Force One, un Boeing 747-8 donado por Catar, carecía de algunas de las características de seguridad avanzadas del avión anterior, incluidas las capacidades antimisiles. Ambos artículos citaban fuentes que hablaron bajo condición de anonimato para abordar cuestiones delicadas de seguridad.

    Antes de que se publicara el artículo del miércoles, un alto cargo de la Oficina Federal de Investigación (FBI) se puso en contacto con un periodista y un editor jefe del Times para pedirles que retrasaran la publicación del artículo, calificándolo de asunto de seguridad nacional, según una persona al tanto de la conversación. El funcionario del FBI se negó a explicar cuál era el problema de seguridad. También pidió al Times que revelara sus fuentes para el artículo; el periódico se negó a hacerlo. (Un portavoz del Times, Charlie Stadtlander, confirmó esta versión).

    Trump lleva mucho tiempo siendo un crítico implacable de los medios de comunicación. Pero en su segundo mandato, ha actuado de forma agresiva para usar los inmensos poderes del gobierno federal en sus intentos de atacar a la prensa.

    A principios de este año, el Departamento de Justicia intentó obligar a testificar a periodistas de The Wall Street Journal y The Washington Post. El Departamento de Justicia retiró las citaciones después de que ambas organizaciones de noticias se defendieran mediante escritos confidenciales.

    Tanto los gobiernos demócratas como los republicanos han iniciado investigaciones sobre filtraciones de información clasificada. Pero las citaciones dirigidas a periodistas no son habituales, y los defensores de la Primera Enmienda dicen que pueden coartar la labor de recopilación de noticias.

    En enero, agentes del FBI dieron un paso poco habitual al registrar el domicilio de una periodista de The Washington Post, Hannah Natanson, como parte de una investigación sobre el manejo de material clasificado por parte de un contratista gubernamental. Los agentes confiscaron teléfonos, computadoras portátiles y un reloj inteligente tras ejecutar una orden de registro. Natanson llevaba meses hablando con empleados del gobierno mientras informaba sobre los esfuerzos del gobierno de Trump por reducir la fuerza laboral federal.

    El Times es parte en varios litigios que involucran a Trump y su gobierno.

    El presidente demandó al Times el año pasado, acusándolo de difamarlo, menoscabar su reputación e intentar socavar su candidatura de 2024.

    En diciembre, el Times demandó al Departamento de Defensa después de que este impusiera restricciones a los periodistas que cubren temas militares. La empresa volvió a demandar después que la agencia redujo el acceso físico de los periodistas al Pentágono.

    En mayo, la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo demandó al Times, acusándolo de discriminación laboral. El viernes, el Times presentó una contrademanda, alegando que la demanda era un acto de represalia por su cobertura de la presidencia de Trump y una violación de sus derechos amparados por la Primera Enmienda.

    Glenn Thrush y Benjamin Weiser colaboraron con reportería.

    Michael M. Grynbaum escribe sobre la intersección de los medios, la política y la cultura. Ha sido el corresponsal de medios de comunicación del Times desde 2016.

    Glenn Thrush y Benjamin Weiser colaboraron con reportería.

  • Muere el senador estadounidense Lindsey Graham, estrecho aliado de Trump, tras una “breve y repentina enfermedad”

    Muere el senador estadounidense Lindsey Graham, estrecho aliado de Trump, tras una “breve y repentina enfermedad”

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    Lindsey Graham pronuncia un discurso durante la firma de un proyecto de ley en el Despacho Oval. El presidente Donald Trump se puede ver al fondo.

    Getty Images
    El fallecido senador era considerado uno de los aliados más fuertes de Trump, pese a que tuvo sus diferencias con él.

    El senador republicano Lindsey Graham, un estrecho aliado del presidente estadounidense Donald Trump, falleció a los 71 años. El legislador murió el sábado por la noche tras una “breve y repentina enfermedad”, según informó su oficina.

    Elegido senador en 2002, el político de Carolina del Sur fue una de las voces más influyentes de Washington en materia de política exterior y uno de quienes a menudo abogó por intervenciones militares estadounidenses en el extranjero.

    El presidente Trump reveló que habló con Graham la noche anterior a su muerte, calificándolo de “verdadero patriota estadounidense” al que “se echaría mucho de menos”.

    Graham acababa de regresar de Kyiv, donde se reunió el viernes con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. No se conocían problemas de salud antes de su viaje.

    “Era un tipo duro en muchos sentidos”, declaró Trump a la NBC el domingo.

    “Si quería conseguir algo, si creía que tenía razón y había gente en su contra, podía ser muy duro, la verdad. Pero era una buena persona”, agregó.

    Según medios estadounidenses, las comunicaciones del personal de urgencias y la vivienda de Graham en Washington, D. C. indicaban que un hombre que se encontraba en la casa sufría un paro cardíaco.

    Graham fue un crítico acérrimo de Trump, a quien calificó en 2015 de “incitador al racismo, xenófobo y fanático religioso”.

    Al año siguiente, en vísperas de las elecciones presidenciales de 2016, afirmó: “Si nominamos a Trump, nos arrasarán… y nos lo mereceremos”.

    Tras los disturbios en el Capitolio de EE. UU. en 2021, Graham declaró ante el Senado: “Trump y yo hemos recorrido un camino de lo más accidentado. Odio que termine así”.

    “Lo único que puedo decir es: no cuenten conmigo. Ya basta”, remató.

    Pero con el tiempo, su tono hacia el presidente se suavizó.

    Graham sonríe y saluda mientras sube a un avión con Bush.

    Getty Images
    Graham con el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en 2002.

    Votó en contra de la condena de Trump en el juicio político de 2021 y apoyó su candidatura en 2024. Graham citó el historial de Trump en la frontera sur de EE. UU., el asesinato del poderoso comandante militar iraní Qasem Soleimani y el nombramiento de jueces conservadores.

    “Donald Trump tiene un lado oscuro… pero fue un muy buen presidente. Sigo apoyándolo porque vi lo que hizo”, declaró Graham a la BBC en 2023.

    Graham era conocido por su postura intervencionista en política exterior, incluyendo un firme apoyo a Israel y a la guerra en Irán.

    En una de sus últimas entrevistas televisadas el mes pasado en el programa Face the Nation de la cadena CBS, Graham afirmó que EE.UU. “aniquilaría” a Irán si el país no se sometía al control estadounidense del estrecho de Ormuz.

    El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, rindió homenaje a Graham el domingo, diciendo: “Lindsey entendió que la seguridad de Israel y la de EE.UU. son inseparables”.

    Israel ha perdido a “uno de sus mejores amigos”, añadió.

    Graham también votó a favor de la acción militar contra Irak tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y se opuso a la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán en 2021, calificándola de “acontecimiento triste y peligroso para la seguridad nacional de EE.UU.”.

    “Los yihadistas de todo el mundo están de celebración”, añadió en ese momento.

    “EE.UU. será visto como un país débil”, advirtió.

    El senador también fue un firme defensor del suministro de armamento a Kyiv y de la imposición de sanciones contra Moscú. Zelensky afirmó en una publicación en X que estaba “profundamente entristecido” por su fallecimiento.

    “EE.UU. y el mundo han perdido a un líder decidido”, añadió.

    El gobernador de Carolina del Sur, Henry McMaster, tiene ahora la facultad de nombrar a un sustituto temporal de Graham hasta el final de su actual mandato en enero, momento en el que tomará posesión el sucesor elegido este otoño.

    La muerte se produce cuando otro senador republicano lleva semanas hospitalizado por una afección médica desconocida. Los asesores del senador de Kentucky, Mitch McConnell, han dado a conocer pocos detalles sobre su estado.

    Antes de la muerte de Graham, los republicanos tenían una mayoría de 53 escaños frente a los 47 de los demócratas en el Senado. Ambos partidos se disputan el control del Senado en las elecciones de medio término de noviembre.

    Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

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  • La erupción volcánica que produjo el sonido más fuerte que se haya registrado en la historia

    La erupción volcánica que produjo el sonido más fuerte que se haya registrado en la historia

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    Ilustración histórica de la erupción de un volcán en una isla, con una gran columna de ceniza y humo que se eleva sobre el mar.

    Hulton Archive/Getty Images
    La erupción del volcán Krakatoa causó la muerte de más de 36.000 personas.

    Según medios locales, una isla volcánica en Indonesia entró en erupción esta semana, lanzando columnas de ceniza de hasta 250 metros de altura.

    Según los informes, que citan a la agencia geológica del país, el Anak Krakatau entró en erupción una vez el martes y dos veces el miércoles, aunque un grupo de monitoreo de la actividad volcánica en la zona afirmó que no existía una amenaza inmediata para las comunidades cercanas.

    El Krakatoa se formó en 1927 a partir de un gran cráter submarino, conocido como caldera, que quedó tras la erupción del volcán Krakatoa, la segunda erupción más mortífera de la historia.

    De hecho, Anak Krakatau se traduce como “Hijo del Krakatoa”.

    La erupción de 1883 causó la muerte de más de 36.000 personas y arrasó 165 aldeas, todo ello en menos de 48 horas.

    También produjo el que se considera el sonido más fuerte jamás registrado, que pudo oírse a miles de kilómetros de distancia, y generó tanta ceniza que provocó un descenso de las temperaturas en todo el mundo durante años.

    La BBC repasa uno de los peores desastres naturales de la historia.

    “No podías ver ni una mano delante de tu cara”

    Según los Centros Nacionales de Información Ambiental de Estados Unidos (NCEI, por sus siglas en inglés), fue en mayo de 1883 cuando se observaron los primeros indicios del desastre que se venía.

    El capitán de un buque de guerra alemán pasaba por la zona cuando vio nubes de ceniza y polvo que salían del Krakatoa.

    Hasta entonces, la isla volcánica había permanecido inactiva durante unos 200 años.

    Durante los meses siguientes, buques mercantes y otras embarcaciones realizaron avistamientos similares.

    El 26 de agosto comenzaron las erupciones catastróficas.

    La primera erupción colosal del Krakatoa produjo una serie de flujos de lava, piedra pómez y ceniza que se precipitaron al mar y provocaron un maremoto que se dirigió hacia el norte y mató a miles de personas.

    En el plazo de una hora, la columna de ceniza alcanzó los 48 kilómetros de altura y se extendía en todas direcciones.

    En su punto álgido, la columna se extendería 80 kilómetros hacia el cielo, cubriendo 778.000 kilómetros cuadrados y sumiendo la zona en la oscuridad durante más de dos días, según los NCEI.

    Ilustración en blanco y negro que muestra una erupción volcánica, con una imponente columna de ceniza sobre una isla rodeada de agua.

    DEA / BIBLIOTECA AMBROSIANA / Contributor via Getty Images
    En su punto álgido, la nube de ceniza alcanzó los 80 kilómetros de altura y bloqueó el sol en la zona durante dos días.

    Sidney Baker presenció la erupción siendo niño, desde el barco de su padre y recordó ese momento hacia el final de su vida.

    “El aire parecía estar lleno de polvo, tanto que temíamos asfixiarnos”, le dijo a la BBC en 1946.

    “Se puso tan negro que no se veía ni una mano delante de la cara. Empezó a caer ceniza alrededor del barco, sobre él y en el agua, y había quizás seis o siete pulgadas de ceniza por toda la embarcación”.

    Describió el ruido de las explosiones como “increíble”.

    “Los adjetivos no alcanzan para describir el alboroto y la confusión”, dijo.

    Simon Winchester, autor del libro Krakatoa: The Day the World Exploded (Krakatoa: El día en que el mundo explotó), aseguró que el 27 de agosto se escucharon varios ruidos explosivos antes de una “explosión titánica” a las 10:02 de la mañana. Según los NCEI, el ruido se oyó incluso en Australia y la isla Mauricio, a más de 4.600 kilómetros de distancia.

    “Toda la isla, seis millas cúbicas de roca, se vaporizó esencialmente en una explosión que lanzó piedra pómez y ceniza a 17 o 18 millas de altura, y la isla desapareció”, declaró en el podcast Witness History de la BBC en 2010.

    “Durante unos segundos, dejó un enorme agujero en el mar, que luego se volvió a llenar con miles de millones de toneladas de agua que, debido al intenso calor que hacía allí abajo, se evaporó instantáneamente y se convirtió en vapor, lo que provocó una serie de enormes tsunamis”.

    Desastre mortal

    Esos tsunamis fueron la parte más mortífera del desastre, causando 34.000 de las 36.000 muertes que se le adjudican. Baker recordó cómo él y su padre se dirigieron a Anjer, en la costa oeste de Banten, una provincia de Indonesia.

    “Esta ciudad quedó completamente sumergida”, dijo.

    “He oído decir a mi padre que el hotel en el que se había alojado estaba tan inundado que podía navegar con el barco por encima y echar el ancla por la chimenea”.

    Algunas personas lograron sobrevivir a los tsunamis y huir a las montañas.

    Pero si bien allí estaban a salvo del agua, no estaban completamente protegidos de los flujos piroclásticos —avalanchas rápidas y a ras de suelo de gases volcánicos calientes, ceniza y fragmentos de roca— que llegaron después.

    No hubo respiro de los efectos del Krakatoa durante esas 48 horas. La ceniza se dispersó por todo el mundo, creando un halo alrededor de la Luna y el Sol, y actuando como filtro de radiación. Disminuyó las temperaturas globales hasta en 0,5 °C, un cambio que tardó cinco años en normalizarse, según los NCEI.

    Las partículas en la atmósfera también provocaron amaneceres y atardeceres rojos en todo el mundo, ya que dispersaban la luz de forma diferente a la que estamos acostumbrados; un fenómeno que se puede apreciar en pinturas de la época.

    Algunos incluso creen que el cielo rojo de “El Grito” de Edvard Munch se inspiró en este evento.

    Lecciones

    Un cuadro enmarcado que muestra a una persona gritando contra un cielo rojo brillante se exhibe en una galería, con un visitante de pie junto a él contemplando la obra de arte.

    Didier Lebrun / Photonews via Getty Images
    Algunos creen que los atardeceres rojos del Krakatoa inspiraron el cielo en “El Grito” de Edvard Munch.

    A pesar de toda la destrucción que causó, la erupción nos enseñó algo fundamental sobre nuestro planeta.

    Antes de la erupción, nadie conocía las corrientes en chorro: corrientes de aire invisibles en las capas superiores de la atmósfera que desempeñan un papel fundamental en nuestro clima. Ver la magnitud de los efectos atmosféricos del Krakatoa cambió eso.

    “Fue el primer acontecimiento del que la humanidad, con conciencia científica, se dio cuenta de que afectaba al mundo entero”, dijo Winchester.

    “Y así comenzó la comprensión de que el mundo entero era una entidad interconectada, y cosas que ahora damos por sentadas, como la percepción del calentamiento global y el aumento del nivel del mar… todas ellas tuvieron su origen en la comprensión de que el mundo es un lugar interconectado. Eso nació con la erupción del Krakatoa”.

    Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

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  • En Roswell, los recientes archivos ovni desclasificados decepcionan

    En Roswell, los recientes archivos ovni desclasificados decepcionan

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    Como tantos otros terrícolas, John Darr vino a Roswell, Nuevo México, en busca de respuestas. Sin embargo, este mes se marchó del festival anual de ovnis de la ciudad con aún más preguntas. “Dinos de una vez: ¿hay extraterrestres o no los hay?”.

    Se suponía que este iba a ser el verano de las revelaciones. El presidente Donald Trump había prometido desvelar todos los secretos del gobierno sobre los objetos voladores no identificados y sus pasajeros extraterrestres. A la expectación se sumó la recién estrenada superproducción de Steven Spielberg, cargada de tradición y con sus propias imágenes convincentes del legendario accidente extraterrestre en Roswell.

    Pero cuando el Departamento de Defensa empezó a publicar lotes de material sobre ovnis –o, en la jerga del Pentágono, UAP, sigla en inglés de fenómenos anómalos no identificados–, la promesa de un “día de la revelación” en la vida real se esfumó y se convirtió en la “decepción del día”.

    Se suponía que el festival de ovnis de Roswell, celebrado durante el fin de semana del 4 de julio, iba a ser una dulce reivindicación para miles de ufólogos. En cambio, se lamentaron del encubrimiento que temían que nunca acabará.

    “No es nada nuevo”, dijo Donald Schmitt, escritor e investigador principal del Museo Internacional y Centro de Investigación de Ovnis de Roswell. “Es el mismo juego que han estado jugando todos estos años. Una vez más, nos están poniendo la zanahoria delante de las narices”.

    Aunque Roswell no tuviera muchas respuestas, un viaje a la capital nacional de los ovnis al menos supuso un respiro temporal. Porque aquí no había estigma; y prácticamente no había dudas. Las farolas del centro están pintadas como si fueran extraterrestres y unos hombrecitos verdes montan guardia frente a los lavaderos de coches y los bancos, todo ello en homenaje al supuesto accidente ovni de 1947 conocido como el “incidente de Roswell”. El festival interestelar es ahora la fiesta más importante de la ciudad.

    “Habíamos oído que esto era el Mardi Gras de los ovnis”, dijo John Wilson, que viajó desde Florida con su mujer para verlo con sus propios ojos.

    Hubo concursos de disfraces –tanto para mascotas como para personas–, un espectáculo de luces láser, un desfile animadísimo y una larga fila de tiendas y puestos de comida con temática extraterrestre.

    Aun así, en medio de esa mezcla de patriotismo del fin de semana festivo y fervor interplanetario, se notaba un trasfondo de frustración.

    Los tres lotes de archivos, que contienen fotos borrosas, videos granulados y documentos muy censurados, pueden parecer impresionantes a primera vista, dijo un experto en ovnis, pero gran parte del material ya se había publicado antes, tiene una explicación terrenal o no aborda las preguntas más candentes sobre la vida extraterrestre. Un informe documentaba una papa voladora.

    “Llevamos 70 años pensando que está a punto de pasar, y la verdad es que nunca ha pasado”, dijo Paul Semones, que dirige el Roswell UFO Tour. “Si nunca sacan nada a la luz, entonces solo nos quedará pensar que nos han echado un montón de humo a los ojos e intentaron convencernos de que no había fuego debajo”.

    Esta opinión traspasó las divisiones partidistas. Para quienes se oponen a Trump, esto no fue más que otra de una larga lista de decepciones. La publicación por parte del gobierno de documentos relacionados con los asesinatos del presidente John F. Kennedy y del reverendo Martin Luther King Jr. tampoco había estado a la altura de las expectativas.

    Los críticos de Trump también han planteado que los expedientes sobre ovnis son una distracción de la guerra con Irán, los precios de la gasolina o, posiblemente, otro conjunto de expedientes políticamente más explosivos: los relacionados con el delincuente sexual condenado Jeffrey Epstein.

    “Simplemente te dicen: “Mira aquí, fíjate en esta cosa brillante”, mientras pasa otra cosa”, dijo Joey Fox, de 50 años, que se detuvo en el festival durante un viaje por todo el país desde Texas a Oregón.

    Los seguidores de Trump le echaron la culpa al “Estado profundo”.

    “Creo que quizá ni siquiera lo sabe, porque algunas cosas son muy secretas”, dijo Tom Mills, un ufólogo aficionado de 79 años que afirmó haber votado por Trump tres veces. “Solo puede revelar lo que sabe”.

    Mills ahora cree que solo hay una forma de que se entere de la verdad: “Espero que me abduzcan”, dijo el piloto jubilado.

    Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca, dijo que se harían públicos más expedientes sobre ovnis “en las próximas semanas” y que Trump es “el presidente más transparente de la historia”.

    “Mientras que los gobiernos anteriores han intentado desacreditar o disuadir al pueblo estadounidense, el presidente se centra en ofrecer la máxima transparencia al público”, dijo Kelly en un comunicado.

    Tom Jennings, exalcalde de Roswell, dijo que ya sabía que no debía hacerse ilusiones. Los presidentes anteriores –incluido Jimmy Carter, que en 1976 prometió hacer pública “toda la información” que el gobierno tuviera sobre los ovnis– han insinuado la desclasificación, pero nunca la han llevado a cabo.

    Aun así, el misterio ha sido un gran negocio para Roswell, sobre todo desde que Jennings ayudó a poner en marcha el festival de ovnis a mediados de los noventa. Este espectáculo extraterrestre atrae a turistas de todo el país a una franja del desierto del este de Nuevo México que, de no ser por esto, pasaría prácticamente desapercibida.

    Steve Anderson y Marilyn Dicks llevan tres años seguidos viniendo. Es difícil no verlos, ya que llegan conduciendo un Geo Metro de 1991 modificado para que parezca un platillo volador verde lima.

    Anderson, que es mecánico, dijo que vio un ovni cuando tenía ocho años y que durante décadas soñó con montarse en uno. Cansado de esperar a que lo abdujeran, se construyó el suyo propio. El artilugio tiene un aire acondicionado inestable y no tiene limpiaparabrisas, pero ha aguantado bien los largos viajes de ida y vuelta desde su casa en Indiana.

    Anderson y Dicks creen que unos extraterrestres se estrellaron en Roswell en 1947 y que el gobierno ha ocultado sus cuerpos desde entonces.

    “Dijeron: ‘Bueno, la gente no puede soportarlo, va a entrar en pánico’, bla, bla, bla”, dijo Anderson, tocando un tema central de El día de la revelación, de Spielberg. “Pero somos lo suficientemente maduros como para afrontarlo”.

    Sin embargo, parece que algunos asistentes no querían que saliera a la luz la verdad. Un trío de visitantes imposibles de identificar, con cabezas alienígenas abombadas y largos dedos verdes, se paseaba por la calle principal de Roswell, parándose para tomarse selfis y bailando al ritmo de música tecno.

    Vinieron en son de paz, dijeron asintiendo enérgicamente con la cabeza. Pero cuando se les preguntó si el gobierno revelaría todo lo que sabía sobre los extraterrestres, el más alto del grupo hizo el saludo vulcano y dijo con una vocecita nasal: “Ojalá que no”.

    Reis Thebault es un reportero para el Times radicado en Phoenix, que cubre el suroeste de Estados Unidos.

  • Joe Hisaishi, la voz musical de Studio Ghibli, retoma su amor por la música clásica

    Joe Hisaishi, la voz musical de Studio Ghibli, retoma su amor por la música clásica

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    Joe Hisaishi había pasado la noche dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Chicago desde el podio. Pero, casi al final del concierto, sacaron un piano de cola al escenario y Hisaishi se sentó frente a él. Empezó a tocar una serie de acordes en cascada y el auditorio estalló en vítores.

    Sus seguidores reconocieron de inmediato el inicio de la banda sonora de El viaje de Chihiro (2001), una de sus muchas y apreciadas colaboraciones con el cineasta Hayao Miyazaki, del Studio Ghibli. Ese entusiasmo –el mismo que hace que el público grite de emoción en los conciertos de música pop al escuchar los primeros acordes de una canción favorita– suele acompañar a Hisaishi dondequiera que se presenta.

    Normalmente, esos vítores van seguidos de un silencio absorto y reverencial. En el Symphony Center de Chicago, con capacidad para 2500 personas, una multitud silenciosa es impresionante; en un estadio como el Madison Square Garden, donde es capaz de atraer a miles de personas a un concierto de orquesta, resulta asombroso.

    Ese es el poder excepcional que tiene Hisaishi, de 75 años, como compositor y director. Aunque es famoso por sus bandas sonoras camaleónicas y encantadoras, lleva mucho tiempo llevando una vida paralela como artista de música clásica. Ahora está centrando sus esfuerzos en ese mundo. Ha empezado a componer más para conciertos que para el cine, graba para Deutsche Grammophon y actúa con algunas de las mejores orquestas del mundo. Y, tras haber llenado el Radio City Music Hall y el Madison Square Garden, esta semana volvió a Nueva York a un lugar sagrado para los músicos clásicos: el Carnegie Hall.

    “Quiero encontrar nuevas formas de atraer a un público más amplio hacia la música clásica”, dijo Hisaishi en una entrevista. “Y si, en el proceso, eso también amplía mis propios horizontes como músico, creo que sería maravilloso”.

    Hisaishi, nacido tras la Segunda Guerra Mundial, creció en una época en la que los músicos japoneses se empapaban de la cultura occidental y la transformaban en nuevos géneros de fusión, como el city pop. Su lengua materna es el minimalismo de Philip Glass y Steve Reich, pero sus bandas sonoras son mucho más eclécticas, incluso desorientadoras.

    La banda sonora de Kiki, entregas a domicilio (1989), por ejemplo, empieza con un vals al que luego se le añade el sonido callejero de un acordeón y una mandolina, pero también la riqueza de una orquesta sinfónica. A medida que avanza, aparece una melodía efervescente propia de la televisión infantil, un piano honky-tonk y una melodía que parece contener elementos de Madama Butterfly, Blancanieves y baladas pop modernas, todo a la vez.

    Es una música con un pie en muchos universos sonoros, que se fusiona en un todo cautivador y distintivo. Hisaishi hace que parezca fácil, pero pocos compositores pueden desplegar una libertad tan segura, y pocos tienen una formación cosmopolita tan adecuada para acometer esas piezas. Hisaishi no solo es famoso en todo el mundo, sino que es uno de nuestros compositores más globales.

    DE ESTUDIANTE, formado en el método Suzuki de violín y piano, Hisaishi tenía la mente puesta en los clásicos, pero también en la música de compositores vivos como Shostakovich y Pierre Boulez. Descubrió el álbum de Terry Riley “A Rainbow in Curved Air”, que le inspiró una inmersión transformadora en el minimalismo. Además, su amor por el jazz era tan intenso que abandonó su nombre de nacimiento, Mamoru Fujisawa, para adoptar el nombre artístico de Joe Hisaishi, basado en los kanji japoneses y los equivalentes fonéticos de “Quincy Jones”.

    A través de toda esta exposición y estudio, surgió un estilo personal. “En vez de limitarme a imitar los géneros de forma superficial”, dijo Hisaishi, “estoy absorbiendo las filosofías, las técnicas y el espíritu experimental inherentes a cada forma musical, y mi objetivo es integrarlos en mi propia expresión artística”.

    Su primer álbum, MKWAJU, de 1981, es minimalismo con toques pop, como “Songs From Liquid Days” de Glass cinco años después. Empieza con figuras repetitivas en un vibráfono que, acompañadas de sonidos electrónicos, se convierten en un trance con mucho ritmo. Es una sensibilidad que trasladó a la banda sonora de Nausicaä del Valle del Viento (1984), su primera película con Miyazaki.

    En un principio, contrataron a Hisaishi para componer el álbum de imágenes de la película, una especie de trabajo preparatorio. A Miyazaki le gustó tanto que contrató a Hisaishi para la banda sonora definitiva. Han seguido trabajando juntos desde entonces, aunque Hisaishi dijo que su relación es, ante todo, profesional, y compara sus colaboraciones con unas elecciones: algo que ocurre de forma fiable cada varios años. (Miyazaki se retiró, no por primera vez, con su última película, El niño y la garza, de 2023).

    En las antologías de Miyazaki Starting Point y Turning Point, describió su trabajo con Hisaishi más como un intercambio que como una colaboración codo a codo. Para cada película, el director le enviaba al compositor una nota o una recopilación de poemas para darle una idea del ambiente y los personajes, confiando en que Hisaishi le devolvería el sonido adecuado. Para Mi vecino Totoro (1988), Miyazaki sabía que la presentación del personaje principal no debía ser demasiado mística ni siquiera entrañable.

    “Por eso la música minimalista de Hisaishi-san era la mejor”, escribió Miyazaki. “Si fuera más misteriosa, resultaría sobrenatural. Lo que me pareció perfecto fue que incluyera sonidos que hemos oído en alguna parte y que reconocemos, pero que aun así nos diera la sensación de que hay algo un poco diferente”.

    Lo mismo podría decirse de todas las bandas sonoras de Hisaishi, aunque cada una es también una creación única. Adopta con generosidad estilos y formas de todo el mundo, y de lo más profundo de la historia de la música, con referencias que abundan: las sinfonías marciales de Shostakovich en La princesa Mononoke (1997), “La cabalgata de las valquirias” de Wagner en Ponyo y el secreto de la sirenita (2008), los ritmos contundentes de John Adams en Se levanta el viento (2013). Son un equivalente musical de la estética de Miyazaki en películas como Kiki, entregas a domicilio y El increíble castillo vagabundo (2004), cuya arquitectura y moda, vagamente europeas, resultan cómodamente familiares pero imposibles de ubicar.

    La música cinematográfica de Hisaishi es, sobre todo, encantadora e imborrable, en parte porque aborda la composición de forma horizontal en lugar de vertical: a través de una línea melódica más que de armonías superpuestas. Esto crea bandas sonoras que se comportan casi como un contrapunto, fluyendo junto a la película en lugar de limitarse a acompañarla con efectos ilustrativos y señales emocionales.

    “Cuando creo una sola melodía, la cuestión es cómo puede fluir de forma natural y cómo puedo escribirla para que realmente cobre vida, al igual que las leyes de la naturaleza”, dijo Hisaishi. “Siempre intento que mi música sea lo más natural posible, dejando que se desarrolle con naturalidad, creando algo con lo que cualquiera pueda identificarse”.

    Y desde luego que la acogen. Esteban Batallán, trompetista principal de la Sinfónica de Chicago, que ha interpretado el solo de una pieza adaptada de la diana de El castillo en el cielo (1986), dijo que cualquiera que escuche una melodía de Hisaishi “se emociona al instante”. Ryan Fleur, presidente y director ejecutivo de la Orquesta de Filadelfia –donde Hisaishi es compositor residente–, dijo que cuando Hisaishi tocó como bis su música del Studio Ghibli, a los espectadores “se les caían las lágrimas por las mejillas”.

    Incluso a Hisaishi le conmueve. “El primer público de mi música soy yo mismo”, dijo. “Si no me conmueve ni me emociona, entonces no es lo suficientemente buena”.

    HISAISHI SE HA VUELTO tan popular que puede llenar estadios durante varios días seguidos con conciertos de suites sinfónicas adaptadas de sus bandas sonoras del Studio Ghibli. Con un montón de mercadeo a la venta y un toque de sentimentalismo en el escenario, estas actuaciones tienen un aire de crossover clásico, y si fueran lo único que tiene en su agenda, correría el riesgo de convertirse en un Yanni o un André Rieu.

    Pero siempre ha mantenido una carrera más tradicional como director de orquesta clásica en Japón; los seguidores que busquen sus bandas sonoras en internet quizá también se hayan topado con sus interpretaciones enérgicas y limpias de sinfonías de Beethoven, Brahms y Schubert, o con sus recopilaciones de música contemporánea, en su mayoría minimalista.

    “Como compositor, opté por un enfoque minimalista”, dijo Hisaishi. “Pero gracias a esa experiencia, al volver la vista atrás al repertorio clásico, empecé a pensar que quizá habría enfoques que nadie probó antes, y que la música clásica podría evolucionar de nuevas formas. Eso fue lo que me llevó a empezar a dirigir”.

    El reto ha sido dar a conocer la reputación y los compromisos clásicos de Hisaishi más allá de Japón. Salió del confinamiento por la pandemia del coronavirus con una gira por estadios dedicada al Studio Ghibli, pero por el camino consiguió una nueva agencia de representación, la prestigiosa HarrisonParrott, lo que le ha llevado a actuar en Filadelfia, París y otros lugares. También ha firmado con la prestigiosa editorial musical Boosey & Hawkes y está trabajando en una ópera.

    “Llevaba varios años haciendo estas giras por estadios, y en realidad no era lo que buscaba”, dijo Moema Parrott, directora ejecutiva de la agencia. “Sentía que se estaba desviando de su camino, así que la cuestión ha sido: ‘¿Cómo lo reposicionamos para alejar esa percepción de él como compositor de bandas sonoras y hacer que la gente vea cuál es su verdadera pasión?’. Esta es, sin duda, su época dorada”.

    En sus actuaciones como director, Hisaishi suele combinar su música con piezas que quizá sean menos conocidas para sus seguidores, como “Desert Music” de Reich. Esta semana, con la Orquesta de St. Luke’s en el Carnegie Hall, combinará su reciente Concierto para orquesta con la Primera sinfonía de Glass; el próximo fin de semana, con la Orquesta Sinfónica de Boston en Tanglewood, su música enmarcará el Concierto para piano en sol mayor de Ravel, con Jean-Yves Thibaudet.

    Esos conciertos suelen agotar las entradas, con un público visiblemente más joven. En Filadelfia, dijo Fleur, el 75 por ciento de los asistentes nunca había estado en la sala ni había escuchado a la orquesta antes. Este otoño llegará la prueba de fuego, cuando la música de Hisaishi forme parte del programa sin que él esté al frente del podio. Sin embargo, dijo Fleur, el 15 por ciento de los nuevos espectadores que atrajo volvieron para otros conciertos.

    “Alguien que vino a uno de mis conciertos de música clásica me dijo una vez: ‘Era casi como escuchar música rock’”, dijo Hisaishi. “Creo que fue porque mi enfoque se basa mucho en el ritmo, lo que hace que la música resulte más inmediata y accesible. Quizá eso pueda convertirse en un punto de conexión, ayudando a más gente a descubrir lo poderosa que puede ser una orquesta”.

    Si las bandas sonoras de Hisaishi se rigen por la melodía, sus obras de concierto –que no se parecen en nada a las bandas sonoras– se rigen por el ritmo. El efecto puede ser emocionante, como en su reciente Concierto para arpa, escrito para Emmanuel Ceysson y que sale este mes con Deutsche Grammophon. Pero también puede resultar complicado. La Segunda sinfonía de Hisaishi depende totalmente de la precisión rítmica; el verano pasado tuvo a la Orquesta de Filadelfia visiblemente nerviosa, y esta primavera le llevó la mayor parte del tiempo de ensayo con la Sinfónica de Chicago. Es, según dijo Batallán con un suspiro, “muy exigente”.

    En los ensayos, Hisaishi suele ser amable. Al subir al podio con zapatillas y ropa informal, saludó a los músicos de Chicago con sencillez: “Estoy muy contento de trabajar con ustedes hoy. Por favor, disfruten mi música”. Aunque a veces podía exigir, lo normal era que simplemente pidiera a los músicos que volvieran a intentar un pasaje, a veces cantándoles la articulación correcta para guiarlos. Después, unos cinco músicos se le acercaron para hacerse selfis y pedirle autógrafos; uno incluso llevó a su familia para que lo conocieran.

    Hisaishi no ha dejado de dirigir su música de cine. Ese concierto de Chicago terminó con la suite de El viaje de Chihiro y un bis de Mi vecino Totoro. (Y se ha adentrado en las bandas sonoras occidentales, como El gran viaje de tu vida el año pasado.) También tiene previstos más conciertos en estadios, pero de forma más selectiva, en lo que Parrott denominó “escenarios emblemáticos”, como Red Rocks o la Arena di Verona. El verdadero cambio en su vida es cómo esas actuaciones conviven, de manera más equilibrada, con sus semanas en salas más pequeñas y con historia. Para él, no hay diferencia.

    “Siempre he sentido que me comunico directamente con cada persona del público, compartiendo mi mensaje con ellos uno a uno”, dijo Hisaishi. “Esa es la mentalidad que siempre tengo, así que da igual si hay 20.000 personas o 2000, para mí eso no representa ninguna diferencia. Para mí, siempre es una relación uno a uno”.

    Créditos de audio: Royal Philharmonic Orchestra y Joe Hisaishi, “One Summer’s Day (The Name of Life)” (Deutsche Grammophon); Kiki, entregas a domicilio (Banda sonora original) (Studio Ghibli); conjunto MKWAJU, “MKWAJU” (Nippon Columbia); Nausicaä del Valle del Viento (banda sonora original) (Studio Ghibli); La princesa Mononoke (banda sonora original) (Studio Ghibli); Ponyo, y el secreto de la sirenita (banda sonora original) (Studio Ghibli); Se levanta el viento (banda sonora original) (Studio Ghibli); Royal Philharmonic Orchestra y Joe Hisaishi, “Las palomas y el niño (de El castillo en el cielo)” (UMG Recordings); Orquesta Filarmónica Real, Emmanuel Ceysson y Joe Hisaishi, Concierto para arpa: movimiento 3 (Deutsche Grammophon); Orquesta Sinfónica de Viena y Joe Hisaishi, Sinfonía n.º 2, I: What the World Is Now? (Deutsche Grammophon); Nueva Orquesta Sinfónica de Japón y Joe Hisaishi, “Sinfonía de Mi vecino Totoro” (Studio Ghibli)

  • La fiebre por las bananas

    La fiebre por las bananas

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    Las cosas pintaban mal para Tae Kim. El año pasado, en solo unos meses, se abrieron casi una decena de cafeterías competidoras cerca de su local, en el barrio de moda de Kerns, en Portland, Oregón. La cafetería coreana de Kim, Soro Soro Coffee & Dessert, que era una excepción cuando abrió en 2019, de repente se vio rodeada.

    Las ventas se desplomaron.

    Pero hubo un rayo de esperanza: las bebidas con sabor a banana, que llevaba tiempo ofreciendo, de repente empezaron a venderse mejor que cualquier otra cosa. Una novedad en la carta –matcha con crema de banana y adornado con Banana Kick, un snack de Corea del Sur– dio un empujón al negocio. Ahora es su bebida más popular.

    “La banana es algo familiar y accesible”, dijo Kim, “pero sigue siendo lo suficientemente única como para destacar”.

    De hecho, la fruta fresca más consumida en Estados Unidos está destacando con una fuerza inusual e inesperada, tanto en los menús de cafeterías, bares y restaurantes como en las estanterías de los supermercados de todo el país. En mayo, la popular marca de barritas proteicas Barebells lanzó una barrita con sabor a pan de bananas y nueces. El mes pasado, Mars empezó a vender M&M’s con sabor a banana y nueces.

    Las bebidas de moda se han vuelto locas con el sabor. Las bananas están en el matcha. La banana está en el agua con gas, tanto en la versión suave como en la fuerte que contiene alcohol. La banana está en la crema sin lácteos. La banana está en el agua en lata.

    Y, a pesar de su contenido relativamente bajo en proteínas, las bananas son sinónimo de “ganancias líquidas” en Starbucks. El otoño pasado, la empresa lanzó la espuma fría de proteína de banana. Para no quedarse atrás, Dunkin’ lanzó en marzo su propia línea de siropes y espumas de banana, calificándola como “el sabor de la temporada” en un comunicado de prensa.

    Leonid Yuffa, dueño de 20 locales de Dazbog Coffee en Colorado, llegaría incluso a decir que es el próximo “especias de calabaza”. Cuando te tomas uno de los lattes de banana de temporada de su cafetería, “te sientes como si estuvieras de vacaciones”, dijo.

    Esa familiaridad hace que las bananas sean perfectas para experimentar, según los expertos. “Es uno de los últimos alimentos que no polarizan en un mundo polarizado”, dijo Rob Smithson, uno de los fundadores de Banagua, una empresa de agua de banana. “A todos los grupos demográficos, a todas las edades y a todas las culturas del mundo les encantan las bananas”.

    Tras pasar por el sector del agua embotellada y el desarrollo de marca de bebidas, Smithson se propuso crear un competidor para el agua de coco. Usando enzimas de laboratorio, acelera la maduración de dos variedades de bananas tailandesas –una para el sabor y otra para el aroma– y extrae los jugos para elaborar una bebida de color rosáceo natural con un marcado sabor a banana. Banagua, que lanzó el año pasado, se puede encontrar en más de 3500 tiendas de todo el país, a menudo junto a productos de la competencia con el mismo sabor.

    “No sé si será por estar en el negocio de las bananas, pero las veo por todas partes”, dijo Smithson. “Incluso en mis sueños”.

    Cada año se cultivan más de 139 millones de toneladas métricas en todo el mundo, lo que convierte a la banana en la fruta fresca más producida y consumida a nivel global. Son muy predecibles: saben igual en colegios, tiendas de delicatessen, aeropuertos y en las tiendas Walmart, donde son el producto más vendido. Además, las bananas son un ingrediente básico en postres clásicos como los sundaes, los pudines y los Fosters flambeados.

    “Antes, las bananas parecían algo retro”, dijo Sarah Sanneh, dueña de Pies ‘n’ Thighs en Brooklyn, donde la tarta de crema de banana es el éxito de ventas. “Pero el agua de banana es del año 3005”.

    Los snacks con sabor a banana, por otro lado, pueden ser un tema controvertido. Sin duda, hay quien compra Runts amarillos a granel –¿por qué si no venderían ese sabor, y solo ese, en bolsas de dos kilos?–. Pero lo que la mayoría conoce como sabor a banana se basa en una variedad casi extinta, el Gros Michel.

    “Había una desconexión enorme entre cualquier cosa con sabor a banana y su sabor real”, dijo Kevin Beary, camarero del Bamboo Room de Chicago. “Hay algo especial en conseguir ese sabor a banana fresca. A todo el mundo le gusta más”.

    “Todo el mundo” incluye a Beary, un defensor acérrimo de la banana que ve su trabajo como coctelero como una forma de corregir una injusticia histórica. Ha creado más de una decena de cócteles a base de banana a lo largo de su carrera, sobre todo al triturar la fruta, al pasarla por una centrifugadora y después al utilizar el jugo claro que queda para dar sabor a siropes y licores. ¿A qué saben? “Exactamente como dar un mordisco a una banana”, dijo.

    En cierto sentido, Estados Unidos se está poniendo al día. Esta ola del sabor a banana empezó en Corea del Sur, donde esta fruta lleva mucho tiempo presente en snacks y bebidas populares. El año pasado, los comensales de allí se grabaron mezclando café y leche de banana de las tiendas de conveniencia, lo que dio pie a una tendencia mundial en las redes sociales. La popularidad de las bananas recibió otro empujón después de que Jennie Kim, del grupo de K-pop Blackpink, predicara el evangelio del Banana Kick en The Jennifer Hudson Show. Después de la emisión del episodio en marzo de 2025, las exportaciones de este bocadillo a Estados Unidos se dispararon un 69 por ciento.

    Pero esto no es solo otra moda pasajera, dijo Miriam Aniel Oved, de la empresa de investigación Tastewise, que usa inteligencia artificial generativa para analizar menús en línea, recetas e impresiones en redes sociales. “Estamos asistiendo a un momento de reinvención de la banana”, dijo.

    La banana, señaló Oved, pertenece a una categoría cada vez más reducida de “frutas tradicionales” –como la cereza, la manzana, el melocotón y la fresa, por ejemplo– que han perdido terreno frente a “sabores globales”, como el pandan y el ube o ñame morado. La banana se ha impuesto, dijo, gracias a su sabor más suave y su textura almidonada, que combina bien con… bueno, con todo.

    Cuando Eunji Lee, la dueña de Lysée en Manhattan, se mudó a Nueva York desde Corea del Sur, no había muchas propuestas modernas con banana en la alta cocina. En 2017, ella cambió eso en Jungsik, que tiene tres estrellas Michelin. Su Baby Banana, un postre de efecto óptico, acabó por inspirar a toda una generación de pasteles con forma de fruta en Nueva York.

    El atractivo de la banana siempre había sido evidente. “El reto era hacer que resultara especial para todo el mundo”, dijo.

    En Not as Bitter, una cafetería que lleva dos años abierta en el East Village de Manhattan, los lattes de banana sin duda se perciben como algo especial, y se venden más que los de durián, ube y papaya, dijo Jeffrey Wang, uno de los propietarios. La combinación de fruta y café más popular del local, el Banana Split, se elabora con leche de coco casera y pulpa de banana, con un vaso pequeño de espresso que cae en cascada sobre la crema.

    “Hay que seguir probando nuevas combinaciones”, dijo Wang. “A veces, el sabor puede sorprenderte”. Claro, a algunos clientes les sorprende encontrar un charco espeso de pulpa de banana, que parece papilla de bebé, en el fondo de su café, pero pocos se quejan. “Para ser sincero”, dijo, “al 99 por ciento de la gente le gustan las bananas”.

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