Emiratos Árabes Unidos (EAU) abandonará el próximo mes el grupo de grandes naciones exportadoras de petróleo OPEP, tras casi 60 años.
El país anunció este martes que su decisión le ayudaría a satisfacer la creciente demanda mundial de energía a largo plazo, luego de haber realizado inversiones recientes para aumentar su capacidad de producción.
El ministro de Energía de la nación del Golfo afirmó que, al convertirse en un país sin obligaciones vinculantes respecto al grupo, gozará de una mayor flexibilidad.
La organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, fue creada en 1960 por cinco países -Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela- con el fin de defender los intereses de los principales exportadores de petróleo mediante la coordinación de la producción, asegurando así ingresos estables para sus miembros.
El número de países que integran el grupo ha fluctuado a lo largo de los años. Sin embargo, además de los cinco miembros fundadores, actualmente también incluye a Argelia, Guinea Ecuatorial, Gabón, Libia, Nigeria y República del Congo.
Emiratos Árabes Unidos se unió en 1967, y su salida dejará a la asociación con 11 miembros. Además, existen otros 10 miembros ajenos a la OPEP dentro de la alianza más amplia conocida como OPEP+.
La salida de EAU representa una victoria significativa para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha criticado duramente a la OPEP por “estafar al resto del mundo”.
“El principio del fin”
Saul Kavonic, jefe de investigación energética en MST Financial, afirmó que este hecho marca “el principio del fin” para la alianza.
“Con la salida de Emiratos Árabes Unidos, la OPEP pierde cerca del 15% de su capacidad y a uno de sus miembros más disciplinados”.
La decisión del país se produce en un momento en que el Banco Mundial ha advertido que la guerra en Oriente Medio ha provocado la mayor pérdida de suministro de petróleo de la que se tiene registro.
Como consecuencia, se prevé que los precios de la energía aumenten en promedio cerca de un 25% este año, señaló la institución. Por otro lado, podrían transcurrir hasta seis meses antes de que el tráfico marítimo a través del estratégico estrecho de Ormuz retome sus niveles anteriores al conflicto.
“Las personas más pobres -aquellas que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos y combustibles- serán las más afectadas”, declaró Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial.
La decisión EAU de abandonar la OPEP no tendrá un impacto inmediato en el suministro energético mundial -debido al cierre actual del estrecho de Ormuz-, pero podría propiciar un incremento en la producción a largo plazo.
Según economistas, el país ha realizado cuantiosas inversiones para potenciar su capacidad de producción y lleva mucho tiempo deseando aumentar su extracción de petróleo.
El anuncio del gobierno dirigido por Muhammad bin Zayed Al Nahyan, puede reconfigurar los mercados mundiales de crudo.
David Oxley, economista jefe especializado en clima y materias primas de Capital Economics, señaló que esta salida podría derivar en precios del petróleo más bajos, pero también en una mayor volatilidad en el mercado durante las próximas décadas.
Añadió que, si bien EAU constituye un actor de menor envergadura, las repercusiones podrían ser mayúsculas si otros miembros deciden abandonar el grupo, o si países como Rusia y Arabia Saudita optan por intensificar su producción.
Carole Nakhle, directora ejecutiva de Crystol Energy y secretaria general del Club Árabe de la Energía, declaró a la BBC que la decisión de los EAU “se ha estado gestando desde hace mucho tiempo”.
“Abu Dabi ha buscado un ambicioso crecimiento de su capacidad de producción. Sin embargo, a menudo se ha sentido limitada por las cuotas del grupo, especialmente ante el cumplimiento desigual por parte de algunos miembros”, afirmó.
Nakhle añadió que es probable que las acciones de Irán como miembro de la OPEP, hayan reforzado la decisión de EAU.
Según las últimas cifras de la OPEP, Emiratos Árabes Unidos produjo 2,9 millones de barriles de petróleo al día en 2024.
Arabia Saudita, líder “de facto” de la OPEP, produjo nueve millones de barriles de petróleo.
“A Arabia Saudita le resultará difícil mantener la cohesión del resto de la OPEP y, en la práctica, tendrá que asumir por sí sola la mayor parte de la carga en lo que respecta al cumplimiento interno y la gestión del mercado”, señaló Kavonic, agregando que otros miembros de la OPEP podrían seguir el mismo camino.
“Esto representa una reconfiguración geopolítica fundamental de Oriente Medio y de los mercados petroleros”, concluyó.
Emiratos Árabes Unidos produjo 2,9 millones de barriles de petróleo al día en 2024.
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Iván Porras vivió dos tercios de su vida en Estados Unidos.
“Nací en México, pero he crecido la mayor parte de mi vida en Estados Unidos. Al ser deportado de vuelta, me siento que no soy ni de aquí ni de allá”.
Iván Porras, un fotógrafo y músico mexicano de 33 años, vivió dos tercios de su vida en Nevada y California. Allí llegó siendo un niño y allí permaneció hasta su expulsión el año pasado.
Ese sentimiento de no pertenecer plenamente a ninguno de los dos países es compartido por decenas de miles de personas indocumentadas que están retornando —por voluntad propia o, en su gran mayoría, a la fuerza tras ser detenidas en el marco de la agresiva política migratoria del actual gobierno de Donald Trump— a un México que apenas recuerdan.
Sin embargo, muchos de ellos han encontrado un pequeño refugio en el corazón de la capital mexicana que, de alguna manera, mezcla elementos de las culturas de ambos lugares y que les ayuda a sentirse más comprendidos al entrar en contacto con una gran comunidad que pasó por una experiencia similar.
Se llama Little L.A. (“el pequeño Los Ángeles”) y se encuentra en la colonia Tabacalera de Ciudad de México, un barrio que a algunos le recuerda a la ciudad californiana por la numerosa presencia de palmeras.
El Monumento a la Revolución, detrás del autobús, es el símbolo principal de Little L.A.
A esta zona fue llegando en los últimos años un gran número de mexicanos deportados desde ese estado de EE.UU. atraídos por la existencia de varios call centers, donde su capacidad para hablar inglés y español los hace buenos candidatos para encontrar trabajo como operadores telefónicos.
Hoy, es habitual encontrar a muchos de ellos reunirse en Little L.A. tras su jornada laboral, hablando spanglish y saltando cómodamente de un idioma a otro en bares donde se anuncian en inglés snacks & beers y que combinan en sus menús comida típica de ambos países.
“En este barrio de Little L.A. he conocido a muchos deportados que llevan rato ya aquí en México. Compartimos la misma experiencia, los mismos struggles (luchas) y podemos comunicarnos en inglés. Eso ayuda mucho, porque ya no te sientes solo ni aislado del resto del país”, destaca Porras.
El epicentro de este pequeño Los Ángeles mexicano es el emblemático Monumento a la Revolución, una obra que en su momento comenzó a construirse con la idea de convertirse en el Palacio Legislativo del país.
“Para nosotros, (el monumento) es importante porque estaba pensado para ser algo completamente diferente. Es fundamental recordar que a veces empezamos nuestras historias en otros lugares, como muchos de nuestros hermanos repatriados, pero eso no significa que sea el fin, sino que es el comienzo de algo nuevo”, le dice a BBC Mundo Shunaxy Estrada, directora de voluntarios en México de New Comienzos.
Shunaxy Estrada dirige a los voluntarios en México de New Comienzos.
Esta organización, que ayuda a migrantes que regresan a México con apoyo legal, psicológico y de búsqueda de empleo, entre otros, ha sido determinante en el auge de Little L.A.
“Al tener un lugar donde vincularse y sentirse identificados, es nuestra manera de tomarles de la mano y decirles que no están solos”, afirma.
Cocinó para Trump y su gobierno lo acabó deportando
En el mismo Little L.A. se encuentra el albergue Casa de los Amigos. Su director, Miguel Ángel Lomelí, recuerda todos los preparativos que hicieron durante el año pasado ante la previsión de que Trump cumpliera su promesa de realizar deportaciones masivas y tuvieran que acoger a más connacionales en el centro.
Sin embargo, “no hemos tenido muchas personas mexicanas deportadas, más bien ha sido gente que ya no pudieron pasar (a EE.UU.) a cumplir el sueño americano, sobre todo desde países de Centroamérica”, le dice a BBC Mundo.
La mayoría de deportados —que solo el año pasado superaron los 160.000, según cifras del gobierno de México— viajan a sus estados natales tras regresar a su país. Algunos, sin embargo, no lo lograron: al menos 15 mexicanos han muerto bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas estadounidense (ICE, por sus siglas en inglés) y en operativos antiinmigración desde el regreso del republicano a la Casa Blanca el año pasado.
Erick Flores, un mexicano de 56 años que pasó las dos últimas décadas trabajando como chef en la ciudad de Nueva York, recuerda las duras condiciones a las que las autoridades migratorias lo sometieron en EE.UU. tras detenerlo mientras paseaba por la calle a finales del año pasado.
Erick Flores trabajando como chef en Nueva York.
“Nos tenían en instalaciones del ICE, sobre una colchoneta, con luz durante 24 horas y como a 5ºC. En uno de los centros, nos traían la comida y nos la tiraban diciéndonos en inglés: ‘Coman, perros’”, le cuenta a BBC Mundo mientras pasea por Little L.A.
Pasó por cuatro centros en Texas hasta que, 26 días después de ser detenido, llegó a Ciudad de México. “Cuando recién llegué, yo estaba traumado. Perdí casi seis kilos”.
Flores volvió de EE.UU. con una llamativa anécdota. En 2015, antes de que Trump ganara su primera presidencia, tuvo la oportunidad de cocinar para el republicano mientras trabajaba en un puesto de venta de comida para oficinas corporativas
“Yo le hice una ensalada a Donald Trump. Algo bien curioso es que, diez años después, él me deporta”, dice mientras subraya que lo “admiraba” en su faceta de empresario previa a que se adentrara en política. “El cambio que hubo en él, solo él lo sabe”.
Algunos restaurantes en Little L.A., donde se reúnen muchos mexicanos deportados, tienen letreros y cartas con partes en inglés.
Recientemente, Flores pudo reunirse en México con su esposa y los tres hijos que había dejado cuando aún eran niños. 20 años después de verlos por última vez, se encontró a unos adultos que, asegura, comprendieron que su larga ausencia fue un sacrificio que hizo para poder darles una buena vida.
“Cuando firmé mi deportación, hice un balance. EE.UU. me dio mucho, pero yo también le di mucho a EE.UU. tras 20 años pagando impuestos y contribuyendo a su economía. Estamos a mano. Y soy afortunado porque regresé vivo: hay muchos que ni siquiera lo cuentan”, reflexiona.
Discriminación, barrera idiomática y estigmatización como desafíos
Algo muy parecido piensa Issac Hernández, un mexicano de 29 años que llegó a California cuando apenas tenía 7 y que fue deportado, en su caso, durante el primer mandato de Trump.
El proceso de deportación “te quita la humanidad”, afirma rotundo. Sin embargo, su expulsión expedita se resolvió en poco más de un día, por lo que reconoce que casi se siente afortunado de haber pasado por el proceso entonces, y no durante el actual gobierno.
“Si cuento lo feo que yo sentí solo en un día… ahora veo las noticias y lo siento por quienes lo están pasando, porque es peor. La violencia de este grupo, de agarrar a personas a diestra y siniestra, sin preguntar ni ver si tienen antecedentes… No me puedo quejar de lo que yo pasé, viendo esas imágenes por las que nadie debería pasar”, insiste.
Hernández relata su historia tras acabar su jornada laboral en un call center de Little L.A. Cuenta con orgullo que este trabajo le ha permitido ser propietario de su propio hogar en México, lo que en EE.UU. “habría sido difícil”. Sin embargo, reiniciar su vida en México y “comenzar de cero” también lo fue.
“No me podía comunicar poque al inicio se me dificultaba el español. Me oían hablar inglés, y decían ‘es un pochito [como se llama a los mexicanos que adoptan costumbres de estadounidenses], es un deportado’. Lo asumen por tu habla, por tatuajes, por tu forma de vestir… y eso no ayuda para sentirte en tu propio país”, lamenta.
Issac Hernández trabaja en un call center.
Y es que por si el desarraigo cultural no fuera suficiente, la barrera lingüística y la estigmatización son otros grandes desafíos a los que se enfrentan muchas de las personas que son deportadas a México.
Danny Iniestra enfrentó una discriminación similar cuando regresó el pasado octubre a un país del que se marchó teniendo solo 6 años y del que no guardaba ningún recuerdo, pero que ya lucía con orgullo en tatuajes sobre su cuerpo que representan el Ángel de la Independencia o el slogan Made in Mexico.
“La palabra ‘odiar’ es muy fuerte, pero… me dolía mucho porque yo no era mexicano para el mexicano: yo era pocho, gringo, güero, lo que sea. Incluso me cobraban más de lo que las cosas costaban. Entonces, si México es el país más amigable para el extranjero y el turista, ¿por qué no estamos ayudando a nuestra propia gente?”, se pregunta.
Tras casi 20 años en EE.UU., Iniestra relató sus desafíos y cómo va integrándose poco a poco a su nueva vida en México tras años de depresión durante una entrevista para “Migrantes and Deportados Talk Spanglish”, un pódcast creado para dar voz a personas retornadas como él que también cuenta con el apoyo de New Comienzos.
“Por todo eso, en New Comienzos reforzamos el apoyo psicológico, porque es algo sumamente importante. Imagina cuando terminas una relación con tu pareja, que ese proceso de duelo no es sencillo. Ahora multiplícalo por ‘estoy terminando toda una vida’ en EE.UU. y tengo que regresar”, compara Estrada, miembro de la organización que destaca el aumento de connacionales a los que apoyan tras el auge del fenómeno de la ‘autodeportación’ que nunca antes se había visto.
Los mexicanos deportados tienen distintos planes de cara al futuro. Iván Porras confía en obtener un perdón migratorio para regresar en pocos años a EE.UU. y reunirse con su pareja e hija de 8 años, que también tienen ciudadanía estadounidense y a quienes puede ver de vez en cuando gracias a que cruzan la frontera con México desde El Paso, Texas.
“Allí yo tenía una familia, cumplí muchos sueños. Las mismas metas que tenía, las tengo aquí en México y voy a trabajar todo lo posible por cumplirlas. Pero ser deportado no me las va a arruinar”, promete.
Issac Hernández, en cambio, visualiza su futuro en México tras haber encontrado un lugar seguro en Little L.A.
“Para mí, Little L.A. se volvió como un hogar. Me acogió, me ayudó a conseguir un empleo fijo, la comunidad me motivó a luchar por mis sueños… y es que el sueño americano se puede también conseguir aquí en México. Porque yo ahora me lo creo: que el sueño mexicano sí existe”, concluye.
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Los mexicanos figuran entre los defensores más acérrimos de las notas de voz.
Un día de agosto de 2013, WhatsApp, la aplicación de mensajería ahora propiedad de Meta, hizo un anuncio. Con poca fanfarria, presentó las notas de voz, la función que permite enviar un fragmento de audio a amigos y familiares.
“Sabemos que nada sustituye el sonido de la voz de un amigo o familiar”, declaró la compañía con entusiasmo en un comunicado de prensa.
Trece años después, recibir un audio de 10 minutos de un amigo, contándote una compleja disputa familiar o un drama laboral, es una experiencia que algunos adoran y otros detestan.
En lugares como India, México, Hong Kong y los Emiratos Árabes Unidos, las notas de voz están casi igualando la popularidad de los mensajes de texto como la forma preferida de comunicación electrónica.
Por el contrario, países como Reino Unido no parecen haberse contagiado del todo de la fiebre de las notas de voz.
Una encuesta de YouGov realizada a más de 2.300 adultos británicos, publicada este mes, reveló que, si bien las notas de voz se han popularizado ligeramente en el último año, solo el 15% se comunica mediante ellas con regularidad (es decir, varias veces por semana).
Tanto en hombres como en mujeres, y en todos los grupos de edad, incluyendo la Generación Z, las notas de voz fueron el método de comunicación menos popular.
Además, en 2024, YouGov descubrió que Reino Unido era el país más reacio a las notas de voz entre 17 naciones, en su mayoría ricas. Un 83% de los entrevistados afirmó que preferían los mensajes de texto a las notas de voz (y solo un 4% se declaró partidario de las notas de voz).
Entonces, ¿por qué las notas de voz generan tanta controversia? ¿Y por qué han tenido tanto éxito en algunos países, mientras que no han logrado consolidarse en Reino Unido?
Un impulso a la felicidad
En 2011, investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison en Estados Unidos midieron cómo reaccionaban las hormonas de un grupo de niños al recibir llamadas telefónicas de sus padres, en comparación con los mensajes de texto.
El estudio reveló que los niveles de cortisol, la hormona del estrés, disminuían al escuchar la voz de los padres en una llamada telefónica, mientras que la oxitocina, la hormona implicada en la formación de relaciones positivas y el vínculo afectivo, aumentaba.
Si bien el estudio analizó llamadas telefónicas en lugar de notas de voz, su conclusión principal —sobre el valor de escuchar la voz de un ser querido— podría ser igualmente relevante.
Seth Pollak, uno de los psicólogos que participó en ese estudio de 2011, afirma que vale la pena repetirlo, centrándose específicamente en las notas de voz.
“Creo que sería interesante incluir una grabación, donde se escuche a alguien hablando, pero sin que necesariamente responda a lo que se está diciendo”, explicó.
Según él, su “corazonada” es que una nota de voz pregrabada probablemente “tendrá menos impacto” emocional que una llamada telefónica en directo, en la que puedes responder en tiempo real a lo que estás escuchando.
Mientras tanto, Martin Graff, psicólogo de la Universidad del Sur de Gales (Reino Unido) que investiga la comunicación en línea, afirmó que las notas de voz pueden ofrecer formas de comunicación con mayor carga emocional.
Millones de personas utilizan WhatsApp en todo el mundo, pero una de sus herramientas genera controversia.
“Creo que posiblemente se basa en lo que antes se llamaba teoría de la riqueza de los medios”, explicó.
“(Esto) significa que si envías ‘contenido multimedia enriquecido’ —es decir, no solo texto, sino también voz— transmites una emoción, lo que podría conducir a lo que llamamos reducción de la incertidumbre, de modo que estamos más seguros de la persona con la que hablamos”, agregó.
No es de extrañar, entonces, que aplicaciones de citas como Bumble, Happn y Grindr hayan incorporado la función de notas de voz en los últimos años.
Pero, ¿por qué, entonces, muchos británicos siguen mostrándose tan obstinadamente en contra de ellas?
El país partidario de las notas de voz
Jessica Ringrose, catedrática de sociología del University College de Londres, afirma que los británicos son quizás más reservados en sus estilos de comunicación que otras culturas.
Según ella, las notas de voz son atractivas “si realmente te gusta hablar y tienes ese componente comunicativo y performativo en tus relaciones”, algo que, en general, no es común en la cultura británica, que suele considerarse relativamente reservada emocionalmente.
“Sin duda, los británicos serían menos propensos a enviar notas de voz y más breves en su interacción”, aseveró, aunque admitió que “es difícil no caer en estereotipos al hablar de esto”.
Ante la falta de datos científicos actualizados, realicé mi propia investigación (poco rigurosa). Soy británica de ascendencia india, lo que me da una perspectiva privilegiada sobre dos países con sentimientos radicalmente diferentes hacia las notas de voz.
India es uno de los países del mundo donde las notas de voz son más apreciadas; la encuesta de YouGov de 2024 reveló que el 48% de los encuestados indios prefería recibir notas de voz o les gustaba recibirlas tanto como los mensajes de texto, en comparación con solo el 18% de la población de Reino Unido.
Primero, pregunté a amigos —y conocidos— en Reino Unido.
Resulta que me encantan las notas de voz. Pero sé que a mi hermana Ramya le sacan de quicio.
“Odio las notas de voz porque son muy desequilibradas”, me dijo Ramya.
“Para quien envía la nota de voz, es facilísimo. Solo tiene que pulsar el botón y ya puede hablar sin parar. Pero quien la recibe… tiene que prestarle toda su atención”, agregó.
“Recibes una nota de voz de seis minutos y no sabes si te están contando que se les quemó la casa y se les murió el gato, o si simplemente están hablando de lo bien que les ha ido el día”, ilustró.
Gyasi, un aprendiz de la Generación Z que es parte de mi equipo, me dijo que le parecían “un poco molestas”, sobre todo porque necesitas auriculares para escucharlas.
Pero, aunque parezca contradictorio, dado que los jóvenes británicos son los que más usan notas de voz, la madre de Gyasi, Buzz, de 53 años, dijo que eran una forma práctica de posponer una llamada pendiente.
Mientras tanto, Daniela, de 30 años, comentó: “Las notas de voz me estresan un poco, porque una vez que las abres, te obligas a escucharlas enteras”.
Josh Parry, reportero de la BBC especializado en temas LGBT e identidad, es quizás el mayor fanático de las notas de voz que conozco. Sus mensajes a veces llegan a durar hasta 15 minutos (no, no exagero).
“Creo que pueden aportar un contexto muy útil cuando hablas de algo; puedes discutir las cosas de una manera que quizás sea más difícil de escribir, y puedes transmitir los matices”, me dijo Josh.
“También son muy prácticas en lugar de enviar mensajes de texto cuando paseo a los perros”, apuntó.
Otra amiga, Naomi, diseñadora y empresaria, dijo que son útiles cuando tiene las manos ocupadas.
“Me encanta enviar notas de voz cuando estoy ocupada… si tengo muchas cosas que hacer, si tengo a los niños cerca y estoy intentando hacer varias cosas a la vez”, afirmó.
“Es una buena manera de estar un poco más conectada”, dijo.
El factor idiomático
En India, el país de mis ancestros, casi la mitad de la población prefiere las notas de voz, o al menos les gustan tanto como los mensajes de texto. Esto significa que los mensajes de voz se han convertido en una parte fundamental de la comunicación en India.
La filial india de WhatsApp lanzó recientemente un anuncio de nueve minutos con una presentación impecable que narra la historia de una pareja ficticia de recién casados en una zona rural que se enamoran a través de mensajes de voz. En el extremo opuesto, se reporta que delincuentes optan por enviar amenazas mediante mensajes de voz.
Algunos afirman que se debe al idioma. En culturas multilingües como la india, los mensajes de voz facilitan la mezcla de idiomas. Por ejemplo, quienes hablan “hinglish” —una mezcla fluida de hindi e inglés— pueden hacerlo con mayor naturalidad.
India es uno de los países donde las personas tienden a usar más las notas de voz para comunicarse con redes sociales.
Shreya, una estudiante universitaria de Pune, en el estado occidental de Maharashtra, me contó que su grupo de amigos usa principalmente mensajes de voz “porque hablamos muchos idiomas”.
“Así que suelo alternar entre mi lengua materna, el maratí, y el inglés”, dijo.
“He probado el teclado maratí, pero es muy complicado de usar”, añadió, y comentó que la única persona que conoce que usa el teclado maratí para escribir es su abuela.
Namratha, de 29 años y residente de Khargar, cerca de Bombay, comentó que, dado que la gente habla varios idiomas, pero no necesariamente sabe leer y escribir en todos ellos, los mensajes de voz facilitan la comunicación.
“Quizás yo conozca su idioma, pero ellos no conocen el mío lo suficientemente bien como para escribirlo. Puede que sepan hablarlo, pero no escribirlo”, dijo.
Sin embargo, algunas cosas trascienden las fronteras, como la necesidad de chismorrear.
Shreya, por ejemplo, me dijo que las notas de voz “también transmiten mejor la expresión… así que, cuando se trata de contar chismes, esperamos recibir una nota de voz”.
El tema está poco investigado en India, aunque Kathryn Hardy, catedrática de Sociología en la Universidad Ashoka de Sonipat, aseveró que era “muy plausible” que los mensajes de voz fueran especialmente populares en las comunidades rurales y en zonas con menor alfabetización escrita.
“Hemos visto cómo muchas tecnologías se han implantado en las comunidades rurales de forma casi instantánea, precisamente porque no exigen saber leer ni escribir”, afirmó.
“Este parece ser el uso más obvio de las notas de voz: sortear el problema no solo de la alfabetización, sino también de la fluidez”, agregó.
¿Podría el idioma también ayudar a explicar la aversión británica a las notas de voz? El columnista de The Spectator, Rory Sutherland, cree que sí.
“En realidad, tenemos un idioma bastante eficiente. En inglés, no hace falta escribir 16 letras para pedir disculpas —afirmó—, lo que hace que la comunicación escrita resulte más atractiva”.
La diáspora
Cabe destacar también la popularidad de los mensajes de voz en países con grandes comunidades de la diáspora. India, por ejemplo, cuenta con la mayor diáspora del mundo, con más de 35 millones de indios y personas de origen indio viviendo fuera del país y unos 2,5 millones más que se mudan al extranjero cada año.
México, donde el 53% de la población afirma que le gustan las notas de voz, también tiene una gran comunidad de la diáspora, principalmente en EE.UU.
Quizá ofrezcan a las personas que viven en diferentes husos horarios una forma de mantenerse en contacto que es más asincrónica que las llamadas telefónicas, pero más personal que los mensajes de texto.
La profesora Hardy respaldó esta teoría. Como estadounidense que vive en la India desde hace casi una década, las notas de voz han permitido a sus hijos mantenerse en contacto con sus abuelos en EE.UU.
“Usamos las notas de voz entre 10 y 20 veces por semana; enviamos muchísimas”, comentó.
“Así que sospecho que al menos parte de ese uso (en India) es intergeneracional, o se debe a las largas distancias y las grandes diferencias horarias”, dijo.
Etiqueta y chismes
Aún no sabemos si las notas de voz provocan ese aumento de oxitocina observado en el estudio de llamadas telefónicas de 2011. Y el hecho de que lo hagan o no, no necesariamente cambiará la opinión pública.
Rory Sutherland lo ve como una cuestión de cortesía. “Ya sea que esto tenga que ver con el idioma inglés o con el carácter británico, espero que conservemos una vaga noción de lo que es la etiqueta”, dijo.
“Yo diría que grabar un mensaje de cinco minutos es una falta de cortesía hacia quien lo recibe”, apuntó.
Por mi parte, no puedo evitar pensar que, dado que muchos nos sentimos cada vez más distanciados, las pequeñas grabaciones de nuestros amigos tienen un lugar importante y deberíamos atesorarlas.
Como me dice mi amigo Josh: “Espero que nunca desaparezcan. Las conversaciones en nuestras vidas serían mucho menos interesantes sin las notas de voz”.
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Con Cuba sumida en una grave crisis económica, las personas cuyas propiedades fueron confiscadas por su gobierno comunista dicen que ha llegado el momento de resolver las espinosas reclamaciones de indemnización.
Teo A. Babún, hijo, guarda un grato recuerdo de la gran casa esquinera azul y blanca de Santiago de Cuba donde su abuela, una matriarca adinerada de la Cuba prerrevolucionaria, organizaba reuniones familiares para sus ocho hijos y 21 nietos.
Los Babún eran industriales que, como otros 200.000 cubanos acaudalados, huyeron de la isla tras la llegada de Fidel Castro al poder. Los Babún dejaron atrás un ferrocarril, un aserradero, un astillero y una fábrica de cemento, así como la gran finca llamada “La Mesquita”.
Durante un tiempo, Raúl Castro, hermano de Fidel y expresidente, vivió allí. Casi siete décadas después, el gobierno cubano la utiliza para albergar una asociación cívica árabe.
Conocida como “Casa del Árabe”, la casa, que incluye un restaurante, es una de las miles de propiedades confiscadas por el gobierno comunista a personas que salieron de Cuba, algunas solo con lo puesto, y nunca recibieron indemnización.
El sistema cubano parece estar al borde del colapso, y el gobierno de Estados Unidos está ansioso por acelerar la caída.
Mientras las dos partes negocian en secreto, ha resurgido un espinoso asunto que se remonta a décadas atrás: el valor incalculable de miles de millones de dólares en viviendas, fábricas, granjas, ingenios azucareros y otros negocios confiscados en los años posteriores a que la revolución socialista nacionalizara las empresas e instituyera políticas agrarias radicales.
“Si eres propietario de algo y alguien te lo quita sin ningún tipo de compensación ni resolución, no es justo”, dijo Babún. “Mi familia solo quiere justicia”.
Si Estados Unidos interviene en la negociación sobre el futuro de Cuba, los antiguos propietarios tienen esperanzas de que se aborde la cuestión.
Resolver las confiscaciones es complicado y llevaría años. Pero los expertos dicen que hay muchos precedentes en todo el mundo, desde Vietnam hasta Alemania y China, que ofrecen una hoja de ruta.
Durante años, el difunto padre de Babún, Teófilo padre, se dedicó a ayudar a los exiliados alzados en armas contra el gobierno de Castro, incluso en la fracasada invasión de Bahía de Cochinos.
El hijo, hoy de 78 años, dirigía una organización religiosa sin fines de lucro financiada por el gobierno estadounidense e intentó crear un registro de las propiedades arrebatadas a los cubanos, con la esperanza de que el Departamento de Estado estadounidense presionara a Cuba por esas pérdidas.
Pero la empresa resultó demasiado extensa y compleja, y su proyecto terminó con 8000 reclamaciones registradas, lo que representa una pequeña fracción de los casos potenciales. (Dijo que muchas personas parecían indecisas, temiendo que unirse a una reclamación conjunta anulara su capacidad de negociar acuerdos individuales más amplios con el gobierno cubano).
Su familia contrató a unos asesores en 2018, quienes calcularon el valor de las posesiones de la familia en ese momento en 874,2 millones de dólares, incluidos 9 millones por la casa, dijo.
Pero Babún dijo que el paso del tiempo y el agravamiento de la crisis en su país han suavizado su perspectiva.
“Hay que encontrar la solución que proteja a los actuales ocupantes, si se trata de una vivienda, y que no desplace a nadie”, dijo Babún. “Y al mismo tiempo encontrar justicia”.
Antes de 1959, Cuba estaba dirigida por un dictador, Fulgencio Batista, y era conocida como patio de recreo de las élites estadounidenses. A menudo se consideraba a los cubanos ricos como oligarcas que explotaban a los pobres.
Los hermanos Castro, que pretendían acabar con la corrupción rampante, la grave desigualdad económica y la dependencia de Estados Unidos, lideraron una guerrilla armada que derrocó a Batista.
Pocos meses después de tomar el poder, una ley agraria expropió las tierras agrícolas de más de 405 hectáreas y prohibió la propiedad extranjera de tierras. En 1960, Cuba confiscó refinerías de petróleo de propiedad estadounidense y nacionalizó grandes empresas.
Como venganza, Estados Unidos anunció un embargo comercial paralizante contra Cuba que sigue en vigor.
Una comisión del gobierno estadounidense documentó las pérdidas de empresas y ciudadanos estadounidenses, certificando casi 6000 reclamaciones por valor de 1900 millones de dólares. Con el 6 por ciento de interés que añadió la comisión, se calcula que las reclamaciones ascienden ahora a unos 9000 millones de dólares, una cantidad que Cuba difícilmente podría pagar.
Cinco de los 10 principales demandantes eran empresas azucareras estadounidenses. Entre los otros estaban Exxon, Coca-Cola, Colgate-Palmolive y Woolworth’s.
Según la legislación estadounidense, para que se levante el embargo, el gobierno cubano debe devolver las propiedades o empresas o indemnizar a los propietarios estadounidenses cuyas confiscaciones fueron certificadas por el gobierno estadounidense.
Los funcionarios estadounidenses que se reúnen con los dirigentes cubanos para mantener conversaciones secretas han dejado claro que la compensación a los estadounidenses y a las empresas estadounidenses sigue siendo una prioridad clave.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba no respondió a las solicitudes de comentarios para este artículo.
A principios de la década de 1960, Estados Unidos y Cuba mantuvieron conversaciones durante casi un año en torno a la cuestión de lo que se consideraría una “compensación pronta y adecuada” por las confiscaciones, dijo William LeoGrande, profesor de la American University, quien escribió un libro sobre la historia de las conversaciones entre Estados Unidos y Cuba.
“Cuba no disponía de efectivo para pagar de inmediato y, en su lugar, ofreció bonos del Estado a largo plazo, lo que Estados Unidos dijo que no era ni rápido ni adecuado”, dijo.
Aunque el gobierno estadounidense negocia en nombre de los estadounidenses o de las empresas estadounidenses con reclamaciones certificadas, técnicamente no es así en el caso de los numerosos exiliados cubanos que abandonaron sus hogares y negocios.
Cuba los consideraba “abandonados” y se los llevó cuando el gobierno se propuso ostensiblemente redistribuir la riqueza. Pero el gobierno se quedó con muchos. Solo los cubanos que se quedaron fueron indemnizados por las propiedades que perdieron, dijo Lisandro Pérez, estudioso de Cuba en el John Jay College of Criminal Justice de Nueva York, quien escribió unas memorias sobre la casa de su familia en Cuba.
Nunca se ha hecho público ningún recuento oficial de las confiscaciones realizadas por el gobierno cubano. No existe un cálculo confiable de cuántas son ni de cuánto se les podría adeudar a los exiliados.
“No éramos partidarios de Batista, no éramos políticos ni estábamos cometiendo delitos: deberíamos recuperarlo”, dijo Nicolás Gutiérrez, un abogado cubano-estadounidense de Miami cuya familia perdió una fortuna estimada en 50 millones de dólares estadounidenses a principios de la década de 1960.
Sus propiedades incluían dos ingenios azucareros, 15 ranchos de ganado, un molino de arroz, una plantación de café, un banco, una compañía de seguros y una empresa de distribución de alimentos al por mayor.
Gutiérrez, secretario corporativo de la Asociación Nacional de Terratenientes Cubanos en el Exilio, también trabaja como asesor de otras familias cuyas propiedades fueron expropiadas y está involucrado en una demanda contra Expedia por reservar clientes en hoteles que el gobierno cubano construyó en propiedades confiscadas en la playa.
Expedia alega que los demandantes carecían de legitimación activa, pero el caso sigue adelante.
Gutiérrez, de 61 años, nunca ha estado en Cuba. Pero afirma que si el gobierno devuelve las propiedades de su familia, esta volverá a ponerlas en producción y ayudará a la maltrecha economía cubana.
“No todos los miembros de la familia se apresurarán a regresar. Yo sí lo haré”, dijo. “Mi opinión es que Cuba está en un agujero tan profundo que, para salir de él, va a necesitar conseguir nuevas inversiones extranjeras en serio”.
Los expertos coinciden en que sería inviable devolver las casas que se entregaron a inquilinos o se dividieron en apartamentos multifamiliares. Nadie aboga por desalojos generalizados. Pero muchas mansiones majestuosas están siendo utilizadas por diplomáticos internacionales o ministerios gubernamentales.
Una casa que la familia Gutiérrez poseía en el barrio del Vedado de La Habana está ocupada por Lloyd’s of London. Los vecinos de una calle de La Habana donde la familia tenía otra casa dijeron que las propiedades que estaban “abandonadas” no debían devolverse.
Jorge González Amores, un vecino, dijo que si abandonaron el país significaba que no les interesaba el edificio.
Los expertos han ofrecido diversas propuestas, como la creación de fondos público-privados para reconstruir la red energética de Cuba y utilizar parte de las ganancias para indemnizar a los antiguos propietarios, dijo Jason Poblete, abogado que representa a propietarios estadounidenses y cubanoestadounidenses.
Los expertos señalan a Vietnam y Alemania, que en la década de 1990 utilizaron activos congelados en Estados Unidos para pagar reclamaciones de propiedad. Pero en la Unión Soviética y China, los propietarios solo recibieron una fracción del valor de las propiedades confiscadas.
En otros países, los fondos de compensación se generaron mediante la privatización de empresas estatales.
Pero Cuba afirma que también tiene reclamaciones contra Estados Unidos.
En 1999, un tribunal cubano declaró al gobierno estadounidense responsable de las muertes y daños causados por sus “políticas agresivas” contra Cuba, incluidos la invasión de Bahía de Cochinos y el embargo comercial estadounidense. La cuenta entonces: 181 mil millones de dólares.
Carlos Fernández de Cossio, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, dijo en una entrevista reciente con el sitio web Drop Site News que, en la década de 1960, Cuba había ofrecido un “acuerdo holístico” sobre propiedades que pertenecían a estadounidenses y a empresas estadounidenses con un pago único, pero que Estados Unidos se había negado.
Fernández de Cossio dijo que una suma global era la única solución. En ese caso, el gobierno cubano pagaría al gobierno estadounidense, que luego tendría que distribuir los pagos entre quienes perdieron propiedades.
Richard Feinberg, investigador de la Universidad Internacional de Florida, quien ha estudiado las reclamaciones de propiedad, dijo que abordar la cuestión era importante para normalizar las relaciones diplomáticas y establecer un entorno empresarial de confianza en Cuba.
El tema fue objeto de dos reuniones entre Cuba y el gobierno de Barack Obama, pero sin resolución. Feinberg mantuvo conversaciones con funcionarios cubanos como parte de su investigación y dijo que no parecían interesados.
“El gobierno cubano no parecía entenderlo”, dijo. “Me decían Richard, ¿por qué le das tanta importancia a algo que ocurrió hace 50 o 60 años?”.
“Es indicativo de lo poco que el gobierno cubano entendía de la economía y del capitalismo”, añadió. “No entendían la propiedad privada”.
Enrique Carrillo, cuya familia era propietaria de la destilería de ron Santa Cruz, al este de La Habana, dijo que estaba ansioso por que se indemnizara a las familias cubanas y por ayudar al país a reconstruirse.
“Llevamos mucho tiempo esperando este momento y que las estrellas se alineen”, dijo Carrillo. “Mi padre trabajó muy duro durante muchos años para construir la empresa, y yo no pienso pasar página. Mi familia no piensa pasar por alto la historia”.
Ed Augustin colaboró con reportería desde La Habana.
Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.
Ed Augustin colaboró con reportería desde La Habana.
Ha ocurrido algo extraordinario en los campos de batalla del mundo. Ucrania –una nación que se suponía que se disolvería a los pocos días de una invasión rusa– ha luchado contra Rusia hasta llegar a un punto muerto, y en el proceso ha revolucionado la guerra terrestre. Se ha convertido en un socio de seguridad indispensable en la alianza occidental, incluso en la guerra contra Irán.
Ahora el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, está dando el siguiente paso, uno que habría sido impensable en 2024. Con palabras y hechos, les está mostrando a los países europeos, y a otras naciones, cómo el mundo libre pos-Estados Unidos puede preservar su libertad e independencia. Esto es lo que ocurre cuando, como escribió Phillips Payson O’Brien en un artículo para The Atlantic, “Kiev parece haber renunciado a Estados Unidos”.
Si eso es cierto –y parece que lo es–, es posible que sea una noticia peor para Estados Unidos que para Ucrania.
Los acontecimientos sobre el terreno y en las capitales del mundo se mueven tan deprisa que es difícil seguirles el ritmo. En primer lugar, la situación estratégica en la guerra en Ucrania parece haber cambiado. La semana pasada, Mick Ryan, general de división australiano retirado y uno de los analistas más sagaces de la guerra, escribió que Ucrania ha estabilizado en gran medida la línea del frente en el este de Ucrania, ha profundizado su coalición, ha aislado diplomáticamente a Rusia y ha desarrollado una industria armamentística nacional que la hace menos dependiente del apoyo exterior.
Ya no es acertado pensar en Ucrania como un país desventajado y desesperado; se está convirtiendo en una potencia independiente. Incluso mientras lucha por su vida contra Rusia, se ha informado que está llegando a acuerdos de defensa con los países del Golfo y con Estados Unidos, y esta vez es Ucrania la que proporciona ayuda militar.
En febrero de 2025, Donald Trump se burló de Zelenski en el Despacho Oval. “No estás en una buena posición. Ahora mismo no tienes las cartas”, dijo Trump. En abril de 2026, Ucrania aún tiene tantas cartas que puede compartirlas.
Quizá a muchos lectores les resulte difícil de creer –dada la supremacía militar que nuestro país ha mantenido durante tanto tiempo–, pero es muy posible que el ejército ucraniano sea la fuerza terrestre más numerosa y con mayor experiencia en combate del mundo occidental. Aunque las cifras exactas están clasificadas, el Atlantic Council estimó en 2025 que Ucrania tenía aproximadamente un millón de hombres y mujeres en servicio activo, la gran mayoría de los cuales sirven en las fuerzas terrestres.
En su conjunto, las fuerzas armadas estadounidenses son más grandes que las ucranianas, pero para poner en perspectiva el tamaño de las fuerzas terrestres ucranianas, el tamaño combinado del ejército y el Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos es de unos 620.000 efectivos. También hay que señalar que las fuerzas estadounidenses tienen mucha menos experiencia de combate que las ucranianas, sobre todo cuando se trata de luchar contra una gran potencia.
Nadie debe restarle importancia a los problemas de Ucrania en materia de personal militar (las estimaciones más recientes sitúan su número total de soldados en activo muy por debajo del millón de efectivos) ni al hecho de que no disponga de armas nucleares y Rusia tenga miles. Pero su ejército sigue siendo enorme, y es la única fuerza occidental que se ha adaptado por completo a la guerra moderna con aviones no tripulados. Sin duda, podría decirse que Ucrania es el líder mundial en la guerra con drones.
El rápido cambio no solo se está produciendo en Ucrania. Otros acontecimientos en la alianza occidental demuestran que las naciones europeas están trabajando a una velocidad increíble para liberarse de la dependencia de Estados Unidos.
Alemania ha aprobado un plan para gastar hasta un billón de euros en defensa e infraestructuras. También se ha fijado el objetivo de crear el ejército más fuerte de Europa para 2039 (irónicamente, el centenario de la invasión alemana de Polonia).
Canadá está aprobando sus propios aumentos del presupuesto de defensa, con el añadido de que gastará mucho menos dinero en armas estadounidenses.
Esta decisión imita tendencias más amplias entre naciones europeas y aliadas. Nuestros aliados están aumentando sus presupuestos de defensa y disminuyendo su dependencia de la tecnología estadounidense. La semana pasada, por ejemplo, los responsables de adquisiciones de la OTAN decidieron sustituir los anticuados aviones de alerta temprana de fabricación estadounidense por diseños más modernos de Saab, fabricante sueco, y Bombardier, de Canadá. Ucrania ha firmado acuerdos y cartas de intención para comprar potencialmente cientos de cazas avanzados a Suecia y Francia.
Todo esto ocurre después de que se diera a conocer que Dinamarca se había preparado para hacer explotar los aeródromos de Groenlandia si su socio de la OTAN, Estados Unidos, intentaba invadirla.
A la vista de estos acontecimientos, ¿es de extrañar que Zelenski haya propuesto un nuevo acuerdo de defensa para Europa si Estados Unidos sigue dando pasos atrás (una alianza entre naciones de la Unión Europea y potencias que no pertenecen a ese bloque, como el Reino Unido, Noruega, Turquía y Ucrania)?
Hay lectores que recibirán con gusto estos acontecimientos. Bien, pensarán. Europa debe asumir la responsabilidad principal de su propia defensa. Pero hay una inmensa diferencia entre los aliados que dan un paso al frente para contribuir en la parte que les corresponde de una alianza cooperativa y las naciones que se lanzan a una acumulación militar para sustituir al poder estadounidense, en el que ya no confían.
No creo que los estadounidenses aprecien por completo el extraordinario costo de las bravatas y los desatinos de Trump. No hace falta decirlo, pero cuando amenazas con invadir un país aliado, no solo pones en peligro la existencia de la alianza, sino que planteas la posibilidad de que los aliados se conviertan en enemigos mortales. También puedes desencadenar el tipo de inseguridad y lucha por el poder que contribuyó al inicio de la Primera Guerra Mundial.
En términos prácticos, es difícil ver cómo al alienar a sus aliados, el gobierno de Estados Unidos está poniendo al país como prioridad.
Desde luego, no hay ningún beneficio militar. Los estadounidenses hemos pasado las últimas semanas viendo cómo nuestro presidente tachaba a nuestros aliados europeos de irrelevantes y luego se enfurecía con ellos por no ayudar a las fuerzas estadounidenses a reabrir el estrecho de Ormuz.
Al iniciar la guerra contra Irán sin solicitar la ayuda de nuestros aliados europeos (ni siquiera consultarlos), perdimos el acceso potencial a sus cazas y fragatas avanzadas, así como al grupo de combate de portaviones de Francia. En este contexto, no existe la adición por sustracción. No somos más fuertes cuando hay menos fuerzas que se desplegarán en nuestra ayuda.
Tampoco hay beneficio fiscal. Esto puede sonar demasiado básico, pero hay que decirlo: si traicionas la confianza de tus aliados, no puedes contar con que acudan en tu defensa. Y eso significa que tienes que gastar más dinero para mantener el mismo nivel de disuasión.
¿Y dónde está el beneficio económico? El viernes, Fareed Zakaria publicó un artículo en The Washington Post en el que señalaba que los gobiernos europeos y otros aliados no solo intentan alcanzar una mayor independencia militar de Estados Unidos, sino también una mayor independencia económica. Y aunque tienen serias diferencias con China, el principal beneficiario de una ruptura en las relaciones entre Europa y Estados Unidos bien podría ser ese país.
Zakaria cita a un empresario chino que pone en perspectiva los catastróficos errores diplomáticos de Trump. “Para nosotros, el ataque de Trump a Irán tiene menos consecuencias que su amenaza de atacar Groenlandia”, dijo. “Cuando le hizo eso a los aliados más antiguos de Estados Unidos, supe que Europa no seguiría el enfoque de Estados Unidos hacia China”.
La historia tiene sus puntos de inflexión, y aquí tenemos uno: en la noche del viernes 25 de febrero de 2022, Volodímir Zelenski publicó un breve video desde Kiev. Le dijo al pueblo de Ucrania que el gobierno no había huido a un lugar seguro en el oeste y que tenía la intención de resistir y luchar.
“Estamos aquí”, dijo Zelenski. “Estamos en Kiev. Estamos protegiendo a Ucrania”.
Cuando visité Ucrania en 2023, hablé con soldados ucranianos que me contaron que esa declaración provocó una descarga de energía a lo largo de las líneas ucranianas. Desde ese momento, supieron que no se rendirían, sino que resistirían.
En retrospectiva, esa decisión no solo ha cambiado el curso de la historia de Ucrania. Sus efectos se extienden por todo el mundo.
Otro punto de inflexión fue la noche del 5 de noviembre de 2024, cuando el pueblo estadounidense decidió el regreso de Trump a la Casa Blanca. Ahora está claro que el segundo mandato de Trump causará un daño generacional a las alianzas estadounidenses.
Dado que los estadounidenses vieron cómo Trump actuó en su primera presidencia, y de todas maneras volvieron a elegirlo, tiene sentido que los europeos concluyan que la ruptura no solo es con Trump, sino también con un número importante de estadounidenses.
Los países europeos no pueden permitirse el lujo de culpar de la reelección de Trump a la inflación y a la frontera, ni de suponer que la alianza occidental estará a salvo cuando Trump se haya ido. Uno de los herederos más probables de Trump, JD Vance, es posiblemente más hostil a la alianza occidental y a Ucrania que Trump. Después de todo, Vance dijo recientemente que una de las cosas de las que está “más orgulloso” es de la decisión del gobierno de dejar de comprar armas para Ucrania. ¿Cómo se puede confiar en nosotros como aliados si solo un partido político se compromete a cumplir nuestros acuerdos?
En el futuro próximo, los aliados de Estados Unidos tendrán motivos para temer que estén a solo unas elecciones de ser abandonados y traicionados.
La política aborrece el vacío. Cuando Estados Unidos dio un paso atrás, otros países tuvieron que darlo hacia adelante.
Aunque Estados Unidos sigue siendo la nación más poderosa del mundo y sigue (por ahora) en la OTAN, está perdiendo rápidamente su papel como líder del mundo libre. Y aunque ciertamente hemos cometido errores en ese rol, condujimos a la alianza de la OTAN a la victoria en su enfrentamiento de varias generaciones contra la Unión Soviética. Y lo hicimos sin meternos en otra catastrófica guerra mundial.
Pero no se puede amenazar al mundo libre y liderarlo al mismo tiempo. Ningún país puede igualar el poderío estadounidense, pero por primera vez en mi vida adulta, el corazón moral y estratégico de la defensa de la democracia liberal no late en Washington. Tampoco late en Londres, París, Berlín u Ottawa. Está en Kiev, donde un líder valiente y un pueblo valeroso han retomado la antorcha que Estados Unidos dejó caer.
David French es columnista de Opinión y escribe sobre derecho, cultura, religión y conflictos armados. Es veterano de la operación Libertad Iraquí y exabogado constitucional. Su libro más reciente es Divided We Fall: America’s Secession Threat and How to Restore Our Nation. Puedes seguirlo en Threads (@davidfrenchjag).
Cuando su hijo de 11 años desapareció el año pasado, Jacqueline Pritchett se negó incluso a reconocer su existencia.
Jacqueline Pritchett rara vez dejaba entrar a alguien a su apartamento en el barrio de Brownsville, en Brooklyn, donde vivía con su hijo Jacob, de 11 años. Ni siquiera familiares.
Hace más de un año, una de sus dos hermanas se paró en la acera frente al apartamento y miró hacia una ventana del segundo piso. Detrás de las rejas metálicas negras que cubrían todas las ventanas del edificio, la miraba Jacob, un niño con autismo no verbal. Era tan pequeño para su edad que algunos vecinos pensaban que tenía 7 años.
Ella saludó. Jacob le devolvió el saludo.
Fue la última vez que lo vería, según sus familiares y la policía. Fue, al parecer, la última vez que alguien recordaba haberlo visto. La desaparición de Jacob ha desconcertado a la policía, que ha revisado cientos de horas de grabaciones de vigilancia del edificio sin encontrar ninguna imagen suya. Con el apoyo de la policía estatal, viajaron 530 kilómetros hacia el norte del estado de Nueva York hasta un vertedero, donde revisaron 1,3 millones de kilos de basura sin procesar en busca, sin éxito, de cualquier rastro de Jacob.
La única persona que la policía cree que puede ayudarlos no habla: Jacqueline Pritchett.
El 30 de diciembre compareció virtualmente ante el Tribunal de Familia de Brooklyn. Era al menos la décima vez que comparecía ante el tribunal en tres meses, y era al menos la décima vez que se negaba a revelar información alguna sobre el paradero de Jacob. En lugar de ello, invocó su derecho de la Quinta Enmienda a no autoincriminarse.
The New York Times no logró contactar a Jacqueline Pritchett, quien no ha sido acusada de ningún delito y cuya última dirección conocida era un refugio para personas sin hogar en Brooklyn. Sus abogados de Brooklyn Defenders, que la representaron durante el proceso ante el Tribunal de Familia, no respondieron a las solicitudes de comentarios.
La policía y la fiscalía dijeron que, hasta el momento, no tenían pruebas que justificaran acusar a nadie. Pero mientras continúa la búsqueda de Jacob, los investigadores intentan comprender quién es Jacqueline Pritchett.
‘Muy inteligente’
Jacqueline Pritchett creció en el barrio de Jamaica, en Queens, y luego en Park Slope, en Brooklyn; era la menor de tres hermanas. Las crió su madre soltera, Marion Pritchett, quien trabajaba como asistente de compras en JCPenney. De niña, Jacqueline Pritchett leía con voracidad y era tan buena en matemáticas que ayudaba a su hermana mayor, Dorothy Pritchett, con los deberes de álgebra.
“Era muy inteligente. Aún lo es”, dijo Dorothy Pritchett, de 58 años, sobre su hermana menor, quien ahora tiene 50. “Pensé que sería médica o algo así”.
Jacqueline Pritchett obtuvo una beca del Milenio Gates, destinada a estudiantes de minorías de alto rendimiento, según sus familiares. Se graduó como la mejor de su clase en la High School of Fashion Industries, en el barrio de Chelsea, en Manhattan, dijo Dorothy Pritchett, recordando los numerosos premios académicos que recibió ese día.
“Estaba un poco celosa”, dijo.
Jacqueline Pritchett ingresó más tarde a un programa de maestría en educación de adultos y desarrollo de recursos humanos en la Universidad de Fordham. Destacaba por ser una estudiante ambiciosa interesada en la oratoria motivacional, dijo Kathleen King, profesora del programa y editora de Perspectives, una revista dedicada a la educación de adultos en la que colaboraba Jacqueline Pritchett.
“Era una apasionada”, dijo King. “Se preocupaba mucho por la gente”.
King describió a Jacqueline Pritchett como “muy seria” y “muy dedicada a sus estudios”.
“Era una persona emprendedora que intentaba encontrar su camino”, dijo King.
A principios de la década de 2000, en un acto comunitario celebrado en el parque Fulton de Brooklyn, Jacqueline Pritchett conoció a Sid Washington, un empleado del Departamento de Parques que también era poeta.
Entablaron amistad y se reunían en bares o en el parque para comentar los poemas del otro. Juntos escribieron un poema titulado “Shadows of Daddy” sobre un padre cuya hija llevaba 30 años sin verlo. “Mi padre estaba muy ausente en mi vida”, dijo Washington, de 60 años. “Para ella, era más o menos lo mismo: nuestros padres no estaban realmente en nuestras vidas”.
Dijo que se reía con facilidad, compraba en tiendas vintage y adoptaba un estilo de la década de 1970 con faldas largas y asimétricas, pañuelos de colores y botas hasta la rodilla. En 2005, después de mudarse a California para cursar un doctorado en la Universidad de Pepperdine, publicó un libro de poemas titulado “Falling In and Out”. Washington diseñó la portada, en la que aparecía un anj, un símbolo del antiguo Egipto parecido a una cruz, pero con un lazo en la parte superior, integrado en una mariposa.
El diseño debía reflejar el tema del libro: enamorarse y desenamorarse, dijo Washington.
Aunque Jacqueline Pritchett revelaba poco sobre su propia vida, sus poemas eran íntimos y abarcaban desde inquietantes exploraciones de sentimientos sobre el sexo, la violación, la violencia y la seducción hasta odas tiernas y esperanzadoras. Un poema, “A Beautiful Thing”, describía la fantasía de tener el bebé de su amante: “Tus manos paternales acariciando mi vientre redondo terrenal/Mientras acercas tu oído para escuchar/a tu hijo flotar”.
En 2009, había dejado Pepperdine y poco después regresó a Nueva York, sin doctorado. Su familia no sabía por qué no había completado sus estudios ni por qué había regresado.
‘Mi bebé para siempre’
Su vida amorosa estaba igualmente envuelta en misterio; salía con un hombre al que sus hermanas no conocieron y que, según su familia, parecía posesivo y controlador.
La pareja se separó, y Jacqueline Pritchett ingresó al sistema de refugios de la ciudad.
Vivía en un refugio católico en Brooklyn cuando nació Jacob el 30 de abril de 2014, según su familia. Nunca les dijo quién era el padre.
Durante cerca de dos años, ella y su bebé vivieron en refugios, hasta que su otra de sus hermanas –que pidió no ser identificada para proteger su privacidad– le dijo que podría tener derecho a una prestación por incapacidad en virtud de una ley estatal que permite a las víctimas de violencia doméstica acceder a ese beneficio. En algún momento de 2016, cuando Jacob tenía 2 años, el refugio en el que estaba la ayudó a conseguir un apartamento en Brownsville, según su familia. Jacqueline Pritchett utilizaba su cheque por discapacidad y los fondos del Seguro Social para cubrir el alquiler mensual de 443 dólares, según su familia. Su hermana le compró dos colchones individuales, juguetes y ropa, y pagó los pañales de Jacob.
Jacqueline Pritchett adoraba a su hijo, pero ese afecto se transformó en protección y luego en aislamiento, según sus familiares.
En una ocasión, cuando su madre sugirió que llevara a su hijo a un neurólogo, Jacqueline se enfureció y no le habló durante semanas, dijeron sus familiares.
No permitía que su familia tomara fotos del niño, inquieto y enérgico, cuyos juguetes favoritos eran los autos Matchbox, que hacía rodar durante horas por el piso.
Fuera del apartamento, solía escaparse de su madre, corriendo por la acera mientras ella lo llamaba. A menudo ataba a Jacob al cochecito, incluso cuando ya era demasiado grande para usarlo, para evitar que se escapara, según vecinos y familiares.
Dorothy Pritchett recordaba cuando su hermana fue a visitarla cuando Jacob aún era un niño pequeño. Jacqueline Pritchett lo miraba con cariño mientras corría por la casa. “Va a ser mi bebé para siempre”, recordó Dorothy Pritchett que le decía su hermana.
Pero cambiaba de teléfono e incluso de número con frecuencia, lo que dificultaba que alguien pudiera mantenerse en contacto, según la familia. Sus parientes dijeron que no sabían qué trabajos tenía, pero que pagaba el alquiler puntualmente.
La familia, que vivía fuera de la ciudad, creía que Jacqueline Pritchett enfrentaba problemas de salud mental, pero nadie quería presionarla demasiado ni hacer demasiadas preguntas por temor a que se aislara aún más. Además, Jacob parecía estar bien.
Pero los vecinos empezaron a notar señales preocupantes: a veces Jacob era dejado solo en su cochecito en el vestíbulo del edificio. Un vecino recordó que una vez se sentó con él durante varios minutos, a la espera de que su madre regresara por él.
El 24 de agosto de 2017, alguien llamó al 911 tras oír a un niño gritar desde el apartamento. Pero cuando llegó la policía, el niño parecía estar bien y el agente registró el incidente como “no delito”.
Antony Rodriguez, de 70 años, que trabajaba en la bodega de su hermano junto al edificio, dijo que cuando Jacqueline Pritchett se mudó allí hace 10 años, vestía bien y llevaba el cabello arreglado. Pero en los últimos años, su ropa se veía manchada y desgastada, y su cabello siempre desordenado. Compraba litros de leche cada vez y volvía a la tienda al día siguiente para comprar más.
“Tenía días buenos y días malos”, dijo.
Y Jacob ya casi nunca salía a la calle. Rodriguez solía verlo en la ventana, empujando un carrito de juguete de un lado a otro sobre el alféizar.
Kerry Kramer, director general de la empresa que supervisaba proyectos de construcción en el edificio de Jacqueline Pritchett, vio a Jacob fugazmente en abril de 2024. Había pasado por el apartamento donde vivían madre e hijo para hablar de unas reformas.
Cuando Jacqueline Pritchett abrió la puerta, Jacob corrió detrás de ella. “Hola, campeón, ¿qué tal?”, recordó haber dicho Kramer, según las transcripciones judiciales.
Jacqueline Pritchett apartó a su hijo. Cuando Kramer volvió otro día, ella le dijo que se fuera, utilizando un improperio, y lo llamó “blanco palurdo e ignorante”, relató.
Cuando regresó por tercera vez, ella no abrió la puerta, pero él oyó movimiento dentro.
El 25 de septiembre, un vecino llamó a la Administración de Servicios para la Infancia (ACS, por su sigla en inglés) de la ciudad para informar que Jacob no había sido visto en meses y que su madre parecía inestable, según las autoridades. El 1 de octubre, un trabajador social y un agente de policía regresaron a lo que describieron como un apartamento “impecable”, con cruces negras en las paredes, flores colgadas boca abajo y dos colchones, uno en el suelo de la sala y otro en el dormitorio. Había juguetes en el baño, en el armario y en un dormitorio.
También había un fuerte “olor a productos de limpieza”, dijo el asistente social, Gabriel Martindale. Pero no había rastro de Jacob.
Al ser interrogada, Jacqueline Pritchett se mostró cada vez más agitada y les dijo a Martindale y al agente que “nunca ha tenido un hijo, que nunca ha tenido la menstruación, que nunca ha estado con un hombre”.
Luego dijo “que es Jesucristo”, afirmó Martindale, según transcripciones judiciales.
Jacqueline Pritchett fue arrestada y llevada a un hospital para una evaluación, donde permaneció físicamente sujeta durante nueve días y bajo custodia policial.
El 10 de octubre, la jueza Dawn Orsatti la declaró en desacato por negarse a revelar el paradero de Jacob. Permaneció detenida durante más de ocho semanas en Rikers Island y fue liberada después de que un juez de la Corte Suprema del estado coincidiera con sus abogados en que había sido detenida indebidamente por ejercer sus derechos constitucionales.
Pero fue desalojada de su apartamento, y su estancia en Rikers no condujo a ninguna revelación sobre Jacob.
Cuando la policía registró su casa, un perro detector de cadáveres detectó sangre en el frigorífico y en un colchón cerca de los contenedores de basura del exterior, lo que motivó la infructuosa búsqueda en el vertedero del norte del estado.
“En un mundo perfecto, el niño aparece en alguna parte”, dijo Joseph Kenny, jefe de detectives del Departamento de Policía. “Lo más probable es que se trate de un homicidio”.
Susan C. Beachy colaboró con investigación. Andy Newman y Maia Coleman colaboraron con reportería.
Maria Cramer es una reportera del Times que cubre el Departamento de Policía de Nueva York y la delincuencia en la ciudad y sus alrededores.
Susan C. Beachy colaboró con investigación. Andy Newman y Maia Coleman colaboraron con reportería.
El reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil, quedó completamente destruido con la fatal explosión del 26 de abril de 1986. Pero a unos 10 metros de profundidad aún están los centros de control y monitoreo, que sobrevivieron al desastre.
“Es como un gran laberinto bajo el reactor”, le dice a la BBC Anatolii Doroshenko, de 38 años e investigador del Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares (ISPNPP).
Su trabajo incluye recorrer ese laberinto al menos una vez al mes, una misión que según la revista New Scientist “puede considerarse el trabajo más peligroso del mundo”.
En esa red de salas y corredores subterráneos todo está contaminado de radiación: el piso, los equipos, las paredes y el aire.
La explosión del del 26 de abril de 1986 destruyó el reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil, en Ucrania.
Ahí, Doroshenko se encarga de revisar los equipos, recolectar datos, instalar medidores, tomar muestras y monitorear el estado del combustible nuclear.
En algunas salas, la radiación es tan alta que debe completar estas tareas en menos de cuatro minutos y salir de inmediato.
En otras, los niveles de radiación no son aptos ni siquiera para detenerse ahí.
Su labor es clave para asegurar de que las condiciones del reactor se mantengan estables.
Doroshenko reconoce que su trabajo produce miedo, pero él lo usa como su aliado.
“El miedo te ayuda a mantener el control y seguir las indicaciones para asegurar bajas dosis de radiación”, dice.
“Aquí el mayor riesgo es acostumbrarte a las condiciones del lugar. Si te acostumbras al miedo, comienzas a ignorar que estás rodeado de radiación. Cualquier cosa, un guante, una pieza de metal, puede estar contaminado, aunque no lo notes”.
Doroshenko (izq.) lleva 12 años trabajando en la planta nuclear de Chernóbil.
Bajo las ruinas
Los laberintos que recorre Doroshenko son las instalaciones desde las que se operaba la planta de Chernóbil.
Es un lugar oscuro. Algunos corredores tienen iluminación, pero Doroshenko y sus colegas siempre llevan linternas.
Algunos pasajes son tan estrechos que deben caminar agachados.
Todas las salas y corredores están señalizados, pero hay que conocer bien el camino para no perderse entre los pasadizos.
También tienen mapas de contaminación que indican cuáles son las áreas con mayor radioactividad.
“Aquí todos los científicos sabemos dónde podemos trabajar y dónde no”, dice Doroshenko.
El lugar está lleno de tubos con agua radioactiva y peligrosas formaciones de corio, una sustancia que se produjo cuando por las temperaturas de miles de grados Celsius, el combustible nuclear se mezcló con las estructura del núcleo del reactor.
Como si fuera lava, esa sustancia se ha filtrado entre las ruinas, formando figuras peculiares. A una de las más conocidas se le conoce como “la pata de elefante”.
La “pata de elefante” es una formación de corio altamente radioactiva.
Rincones inalcanzables
En la unidad 4 quedan unas 200 toneladas de combustible nuclear, según el Organismo Internacional de Energía Atómica.
Se prevé que recuperar este material altamente radioactivo tome unos 40 años.
Todo está cubierto por un sarcófago, y éste, a su vez, rodeado del Nuevo Confinamiento Seguro, un domo de acero más alto que la estatua de la Libertad, diseñado para sellar herméticamente durante 100 años el reactor 4 y proteger al mundo de la radiación de Chernóbil.
Mucho de ese combustible nuclear está en rincones inalcanzables para Doroshenko y sus colegas.
Un pasillo dentro de la central nuclear de Chernóbil.
Tras la explosión de 1986, la unidad 4 fue recubierta con grandes cantidades de hormigón para detener la filtración de radiación.
“Si pudiéramos tomar muestras del reactor destruido, podríamos determinar con precisión su nivel de riesgo nuclear”, explica Doroshenko.
“Pero está bajo una enorme capa de hormigón y el acceso humano es imposible. Por eso realizamos mediciones, para comprender qué procesos ocurren en el combustible nuclear”.
Todo en el interior del reactor 4 de Chernóbil está contaminado con radiación.
“Casi eufórico”
Para bajar al laberinto, Doroshenko utiliza varias capas de indumentaria protectora, incluyendo cubremangas, cubrezapatos y un respirador FFP2 con válvula. En algunas zonas más estrechas donde deben abrirse paso entre los escombros añaden un atuendo especial de polietileno.
Al salir, debe pasar por varios puntos de control y una “zona sucia” donde se quita la ropa, que pasa a ser descontaminada o directamente destruida si no se le puede remover la radiación.
Luego, viene una ducha obligatoria y una estación de dosimetría para confirmar que no tenga partículas radioactivas en su cuerpo.
Doroshenko dice que la clave para mantenerse seguro en el reactor es no entrar en pánico.
A Doroshenko, le gusta su trabajo.
Dice que visitar la unidad 4 lo lleva a un estado “casi eufórico”, una emoción que cree que se puede comparar con la de escalar el Everest.
Pero, aun así, insiste en que la clave es mantener el control.
“Lo principal es no entrar en pánico, el pánico te lleva a cometer errores”.
Cerca de 10 metros bajo el reactor 4 hay una red de salas y pasillos que Doroshenko recorre una vez al mes.
“Este lugar está lleno de mitos y a menudo se le demoniza, pero no es tan aterrador como muchos intentan presentarlo.
“Cuando estás ahí, te das cuenta de que es una estructura creada por el ser humano. Comprendes que este espacio requiere vigilancia y supervisión constantes.
“Si personas como nosotros dejamos de bajar ahí se iniciará un proceso incontrolado, y eso es peligroso”, asegura.
El reactor 4 está cubierto por el Nuevo Confinamiento Seguro, un domo de acero diseñado para durar 100 años.
Contra el olvido
Una vez al año, Doroshenko se somete a exámenes médicos obligatorios y en sus vacaciones trata de ir siempre al mar.
“Seguiré bajando a los laberintos del reactor mientras pueda”, dice.
“No me he puesto un límite. Si viera una generación que pudiera reemplazarme, ya estaría pensando en jubilarme. Pero por ahora, no pienso en eso”.
Para él, lo más importante es que la gente tenga presente los retos que enfrenta Chernóbil: contener la radiación de los residuos de combustible nuclear y mantener el control de las instalaciones.
“Es un trabajo duro”, dice.
“Chernóbil no debe ser olvidado”.
Diseño de imagen: Caroline Souza, del Equipo de periodismo visual de BBC Mundo, con fotos de Getty y la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania
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El dron Shahed 136 es uno de los últimos logros de la industria iraní.
En medio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el experto militar Akram Kharief publicó un libro titulado “A la sombra del Shahed“.
En él describe la formación y el desarrollo de la industria de drones en Irán y explica la estrategia que le ha permitido al país convertirse en un actor relevante en la industria militar global, a pesar de las sanciones y restricciones estadounidenses.
Se han mencionado drones iraníes en informes militares sobre las actividades de Hezbolá en la frontera de Líbano con Israel. Posteriormente, tras examinar los restos de estos equipos, los expertos establecieron una conexión entre los drones utilizados por los hutíes en Yemen y la industria iraní.
En septiembre de 2022, muchos se sorprendieron cuando se conoció que Irán estaba suministrando tecnología de drones al ejército ruso. A esto le siguieron las primeras imágenes de drones Geran-2 (Shahed 136) sobrevolando Kyiv, la capital de Ucrania.
¿Cómo un país que ha estado sometido a sanciones durante cuatro décadas ha logrado cambiar las reglas del juego en los conflictos internacionales? ¿Qué factores allanaron el camino para este éxito?
Las sanciones posteriores a 1979 obligaron a los líderes iraníes a buscar opciones y maneras de superar los problemas y tomar decisiones para romper el estancamiento.
Esta situación también los llevó a depender de la experiencia de sus ingenieros, en lugar de depender únicamente de sus aliados.
Como resultado de las sanciones, Irán intentó crear redes en el extranjero para satisfacer sus necesidades y, en algunos casos, recurrió a tecnologías civiles. Pero, sobre todo, ante la falta de recursos suficientes, se desarrollaron e implementaron estrategias con paciencia y perseverancia.
Cuando Mohammad Reza Pahlavi, el sha de Irán, abandonó el país en enero de 1979, dejó un ejército que era considerado el más poderoso de la región. La Fuerza Aérea Iraní estaba equipada con F-14 Tomcat, F-4 Phantom y F-5 Tiger.
Entonces el ejército iraní ocupaba el quinto lugar a nivel mundial en cuanto a equipamiento, después de los ejércitos de Estados Unidos, la Unión Soviética, Reino Unido y Francia.
Cabe destacar que la fuerza aérea iraní se consideraba incluso más avanzada que sus homólogas alemana, china e israelí, ya que tenía acceso al caza F-14 Tomcat, el avión más avanzado del mundo en aquel momento.
Sin embargo, la operación y el mantenimiento de estos aviones dependían de la presencia de un gran número de ingenieros y técnicos estadounidenses en Irán, y las piezas de repuesto se suministraban directamente desde la empresa estadounidense Grumman.
Por esta razón, la fuerza aérea dependía completamente de la industria militar estadounidense.
Tras la caída del sha, los comandantes del Ejército huyeron del país, fueron muertos o encarcelados. Ingenieros y técnicos estadounidenses también abandonaron Irán y las empresas estadounidenses rompieron sus vínculos con el nuevo régimen.
La necesidad es la madre de la invención
En septiembre de 1980, las fuerzas iraquíes invadieron Irán y se desató una feroz guerra entre ambos países que duró ocho años. En ella se emplearon los medios más brutales de destrucción, incluyendo armas químicas, y casi un millón de personas murieron.
En las primeras etapas de la guerra, las fuerzas iraquíes avanzaron debido a su superioridad aérea. El ejército iraquí había adquirido aviones de reconocimiento de la Unión Soviética y también utilizaba imágenes satelitales soviéticas para identificar las posiciones enemigas y monitorear sus movimientos.
Por el contrario, las fuerzas iraníes combatían en condiciones de visibilidad e inteligencia limitadas.
Los iraníes necesitaban desesperadamente tecnología para sobrevivir a una guerra que amenazaba su propia existencia. Sin embargo, las sanciones económicas les impedían satisfacer estas necesidades. Por ello, decidieron inventar y fabricar esta tecnología internamente, en lugar de comprarla.
La idea era sencilla: si no era posible sobrevolar las líneas enemigas con aviones de reconocimiento para conocer sus posiciones y movimientos, se podrían enviar pequeños dispositivos teledirigidos. Estos dispositivos son más baratos, más difíciles de detectar y pueden proporcionar información valiosa.
Desde 1981, los iraníes habían estado trabajando en estos pequeños dispositivos para instalarles cámaras. La idea surgió en la Universidad de Isfahán, donde un grupo de estudiantes e ingenieros se encargó de llevarla a cabo. Comenzaron diseñando y construyendo prototipos, probándolos y mejorándolos gradualmente, antes de presentar el diseño a la Guardia Revolucionaria.
Las herramientas eran sencillas y rudimentarias: piezas de plástico y componentes básicos, pero las mentes que trabajaban con ellas eran creativas y habilidosas.
En un pequeño taller en la universidad, jóvenes decididos y con gran fuerza de voluntad estaban convencidos de conceptos como la “yihad de la construcción” y la “yihad académica”, propuestas por las autoridades del país tras la revolución.
Tres jóvenes diseñaban en el taller de la Universidad de Isfahán y realizaban experimentos en las llanuras de Juzestán: Farshid, un piloto civil; Saeed, un estudiante de física; y Masoud, un hábil joyero.
Después de años de ensayo y error, entre fracasos y perseverancia, cuando presentaron por primera vez un prototipo a los oficiales militares, algunos se burlaron de éste. Parecía más un juguete infantil y estaba hecho de materiales inusuales. Su tanque de combustible era una bolsa de suero intravenoso y su hélice era artesanal.
El primer dron de combate
En otoño de 1983, a 40 kilómetros del frente, el “avión de juguete” sobrevoló por primera vez posiciones iraquíes, regresando con imágenes nítidas de las posiciones militares.
Después de esto, se dio la orden de formar el Batallón Trueno (Raad en farsi) e iniciar un programa formal para el desarrollo de drones.
El programa se transfirió de un taller estudiantil de la Universidad de Isfahán a la Guardia Revolucionaria. Para obtener los componentes necesarios para desarrollar la aeronave, tuvieron que sortear las sanciones impuestas al país y acceder a los mercados internacionales.
La Guardia Revolucionaria creó una red de empresas en Dubái y utilizó intermediarios en Singapur para adquirir componentes individuales de decenas de países. Estos componentes se enviaban a Isfahán y se ensamblaban allí. Esto explica la presencia de chips de fabricación estadounidense en los drones Shahed 136 derribados en Ucrania.
Los drones demostraron su eficacia en operaciones de reconocimiento y las fuerzas iraníes los utilizaron en batallas decisivas contra las fuerzas iraquíes después de 1983.
Sin embargo, ingenieros y militares del Batallón Trueno comenzaron a considerar el desarrollo de drones de combate en 1987.
Un dron que sobrevuela posiciones enemigas y fotografía sus movimientos puede, si está equipado con armamento, atacar y destruir dichas posiciones. Pero esto requería capacidades y tecnología diferentes, algo que el Batallón Trueno desarrolló posteriormente en los drones de combate denominados “Mohajer”.
En 1988, Irán fue uno de los primeros países en utilizar una aeronave de combate no tripulada (UCAV, por sus siglas en inglés), lo que hoy se conoce como dron. Aunque Estados Unidos, Turquía e Israel son conocidos por producir este tipo de aeronaves, Irán fue pionero en este campo.
En aquel primer momento, en 1988, los drones iraníes aún tenían un diseño primitivo, con un alcance de no más de 50 kilómetros. Pero en 2026, drones iraníes avanzados cruzaron el espacio aéreo de varios países para atacar objetivos en Israel desde territorio iraní.
De hecho, Israel fue el primero en utilizar drones con fines militares, incluso antes que Estados Unidos. Los empleó en la guerra de 1973 para engañar a los sistemas de misiles tierra-aire egipcios y desgastarlos. Este fue el principio que posteriormente desarrollaron quienes participaron en el programa de drones iraní.
Durante la invasión del Líbano en 1982, Israel utilizó drones Scout y Mastiff para reconocimiento y para dirigir ataques contra posiciones de misiles sirias en el valle de la Bekaa. Este fue el primer uso de drones militares en un conflicto armado.
Transformación de conceptos
Expertos iraníes siguieron de cerca los acontecimientos en Líbano, y sus aliados en Hezbolá les ayudaron a recopilar información detallada sobre los drones israelíes. Concluyeron que el equipo no era muy sofisticado y que sus expertos en las universidades de Teherán e Isfahán eran capaces de construir modelos similares.
Analistas militares también han señalado en numerosos informes que los prototipos de drones iraníes presentaban muchas características similares a los drones israelíes Scout y Mastiff. Según ellos, los ingenieros iraníes se inspiraron en estas características de los modelos israelíes.
Desde la década de 1970, se ha sabido que cuanto más avanzada tecnológicamente sea un arma, más valiosa y eficaz será. Por ejemplo, un misil guiado capaz de destruir un objetivo a 1.000 kilómetros de distancia con alta precisión es más eficaz que cientos de balas no guiadas. Desde esta perspectiva, la tecnología prima sobre la cantidad.
Los iraníes añadieron un nuevo enfoque a la ecuación: si un país no puede competir con sus rivales en términos de tecnología, puede hacerlo en términos de cantidad y costo económico.
Este es el principio en el que se basó el programa de drones de Irán. Un dron cuya fabricación cuesta unos US$20.000 no puede competir en precisión con un misil de crucero de US$2 millones. Pero si se despliegan 100 drones, el bando contrario tendrá que disparar 100 o más misiles para contrarrestarlos.
Los drones no están diseñados para la precisión ni para un alto poder destructivo, sino para debilitar las defensas del enemigo y agotar sus recursos financieros. Por lo tanto, los ataques con drones pueden durar más, ya que cuestan entre 10 y 20 veces menos que los sistemas de defensa antimisiles del adversario.
Un cálculo sencillo muestra que desplegar 100 drones cuesta unos US$2 millones, mientras que el bando defensor debe gastar unos US$200 millones en misiles avanzados para contrarrestarlos, independientemente del daño que causen estos drones.
Los drones también tienen otra característica: son difíciles de detectar por radar, ya que vuelan a baja velocidad y altitud. Además, el uso simultáneo de un gran número de ellos puede interrumpir los sistemas de defensa y, en algunos casos, impedir por completo su detección.
Instalación petrolera de Saudi Aramco en Arabia Saudita, que fue blanco de un ataque con drones en 2019.
El ataque de 2019 contra las instalaciones petroleras sauditas de Saudi Aramco demostró la eficacia de esta característica, ya que los sistemas de defensa estadounidenses no pudieron interceptar los drones de fabricación iraní.
Aunque los hutíes se atribuyeron la responsabilidad del ataque, la opinión generalizada es que los drones fueron lanzados desde territorio iraní o iraquí.
Los daños causados por el ataque ascendieron a decenas de miles de millones de dólares, mientras que el costo de los drones atacantes fue de tan solo unos pocos millones.
Esta diferencia es el factor que, en última instancia, podría determinar al vencedor y al perdedor en la guerra de drones.
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Las autoridades afirman que el hombre de California irrumpió el sábado en el evento en Washington con la intención de matar al presidente.
Un hombre de California que, según las autoridades, atravesó un perímetro de seguridad y disparó un arma en las afueras de un evento de etiqueta muy concurrido en Washington el sábado, fue acusado el lunes de intentar asesinar al presidente Donald Trump.
Los fiscales dijeron que el hombre, Cole Tomas Allen, de 31 años y originario de Torrance, California, acudió al capitolio de la nación con el propósito de llevar a cabo un asesinato político. Llevaba una escopeta de corredera, un revólver calibre 38 y tres cuchillos, dijeron las autoridades.
Allen compareció brevemente ante el tribunal federal de Washington el lunes, vestido con un overol azul neón. No se declaró culpable y es probable que permanezca entre rejas de manera indefinida. Un juez de primera instancia programó una audiencia sobre la detención para el jueves.
La repentina huida de Allen de un control de seguridad mientras portaba armas mortíferas provocó un angustioso incidente de seguridad para los más de 2000 asistentes a la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca en el hotel Hilton de Washington. El episodio renovó las interrogantes sobre la violencia política y las medidas de seguridad necesarias para proteger a un presidente que ha sido objeto de varios intentos de asesinato.
En una declaración jurada federal publicada el lunes, un agente del FBI dijo que hacia las 8:40 p. m. del sábado, Allen se acercó a un control de seguridad dentro del hotel, donde Trump, el vicepresidente JD Vance y miembros del gabinete asistían a la cena en el salón de baile situado un piso más abajo.
Allen atravesó corriendo un magnetómetro sosteniendo una escopeta de bombeo del calibre 12, y los agentes del Servicio Secreto “oyeron un fuerte disparo”, según la declaración jurada. Uno de los agentes recibió un disparo en el pecho, pero llevaba chaleco antibalas, según la declaración jurada que no afirmaba que fuera Allen quien disparó al agente.
En una rueda de prensa posterior a la comparecencia de Allen ante el tribunal, el fiscal general en funciones, Todd Blanche, dijo que el agente herido sacó su pistola y disparó cinco veces contra Allen, que cayó al suelo y fue detenido. Allen no recibió ningún disparo y solo tenía heridas leves, decía la declaración jurada. Además de la escopeta, Allen tenía en su poder una pistola del calibre 38 cuando fue detenido.
Blanche dijo que los investigadores creían que el sospechoso había disparado su arma porque se encontró un cartucho de escopeta gastado dentro de la recámara, pero señaló que se realizarían más exámenes forenses para determinar exactamente lo ocurrido.
El sonido de los disparos fuera del salón de baile del hotel provocó un bloqueo de seguridad, mientras los invitados ataviados de esmoquin y vestidos de gala se agachaban bajo sus mesas. Trump y los miembros de su gobierno salieron ilesos del salón de baile.
Poco antes del ataque, Allen envió un correo electrónico a su familia y a un antiguo empleador en el que expresaba su profundo enfado contra el gobierno y el presidente, decía la declaración jurada. Los funcionarios eran los “objetivos del sospechoso, priorizados de mayor a menor rango”, según una copia del documento de unas 1000 palabras compartida por dos funcionarios de las fuerzas de seguridad que no estaban autorizados a revelar la información.
Allen también expresó su sorpresa por haber podido registrarse en el hotel un día antes del atentado con una escopeta, una pistola y un cuchillo, según el documento, que se citaba en parte en la declaración jurada del FBI.
El ataque ha suscitado nuevas preguntas sobre si el Servicio Secreto está adecuadamente preparado para proteger al presidente en una época de crecientes amenazas y violencia política. Los funcionarios insistieron en que las medidas de seguridad de la cena funcionaron según lo previsto, y señalaron que Allen nunca alcanzó a entrar en el salón de baile.
“Quiero dejarlo claro: este hombre estaba un piso por encima del salón de baile, con cientos de agentes federales entre él y el presidente de Estados Unidos”, dijo Blanche en la conferencia de prensa.
Aunque las autoridades han dicho que las pruebas indican que el pistolero actuó solo, Blanche también dijo el lunes que los investigadores estaban trabajando para determinar si tenía alguna conexión con activistas de izquierda. También están entrevistando a sus familiares y amigos, y examinando su actividad en internet para comprender mejor sus motivos.
En declaraciones a los periodistas en la Casa Blanca, Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo que Trump confiaba en el Servicio Secreto y elogió al “heroico” agente que “recibió un balazo en el pecho” el sábado por la noche. “Afortunadamente, le salvó su chaleco antibalas”, dijo Leavitt.
Aún así, la vocera dijo que Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca, tiene previsto reunirse esta semana con funcionarios del Servicio Secreto, el Departamento de Seguridad Nacional y otras agencias a fin de revisar las prácticas de seguridad para los actos presidenciales de los próximos meses.
Leavitt intentó culpar del ataque a los demócratas y a algunos miembros de los medios de comunicación. Los acusó de una “demonización sistémica” de Trump que “contribuyó a legitimar esta violencia y a llevarnos a este momento oscuro”. Lo calificó de “culto izquierdista al odio contra el presidente y contra quienes lo apoyan y trabajan para él”.
El domingo por la noche, Trump dijo a 60 Minutos que, durante el tiroteo, pidió a los agentes que “esperen un minuto” cuando le instaron a agacharse, diciendo que tenía curiosidad por ver lo que ocurría. Dijo que finalmente se tiró al suelo con la primera dama, Melania Trump. “Mi pensamiento fue: ‘Ya he pasado por esto un par de veces’”, pero ella no, dijo.
Fue el tercer intento de asesinato de Trump en menos de dos años, señaló Leavitt. El 13 de julio de 2024, una bala rozó la oreja de Trump mientras pronunciaba un discurso de campaña en Butler, Pensilvania. El pistolero, Thomas Crooks, de 20 años, disparó varias veces contra Trump antes de que el Servicio Secreto devolviera el fuego y lo matara.
El 15 de septiembre de 2024, un hombre armado con un rifle se escondió entre los arbustos del club de golf Trump International de West Palm Beach, Florida, planeando disparar a Trump. El hombre, Ryan W. Routh, quien nunca abrió fuego, fue declarado culpable de intento de asesinato y condenado a cadena perpetua.
Hace solo dos meses, un hombre que portaba una escopeta se acercó a las puertas de la casa del presidente en Mar-a-Lago, Florida. El hombre, que había viajado hasta allí desde Carolina del Norte, fue abatido a tiros.
Devlin Barrett cubre el Departamento de Justicia y el FBI para el Times. Zach Montague es un reportero del Times que cubre las cortes federales, incluyendo las disputas legales sobre la agenda del gobierno de Trump.
Michael Levenson cubre noticias de última hora para el Times desde Nueva York.
El canciller Frederich Merz dijo que no ve una salida fácil para EE.UU. del conflicto con Irán.
El canciller de Alemania, Friedrich Merz, criticó la estrategia de Estados Unidos en su guerra con Irán, pues dijo que no ve qué salida tiene Washington para solucionar el conflicto y que está “siendo humillado por los líderes iraníes” en las negociaciones.
Merz hizo estas afirmaciones este lunes en un encuentro con estudiantes en la ciudad de Marsberg, donde dijo que los iraníes están “obviamente negociando con mucha habilidad” y son “claramente más fuertes de lo que se pensaba”.
“Es evidente que los estadounidenses no tienen una estrategia, y el problema con conflictos como este es siempre que no basta con la entrada, también hay que salir”, afirmó el canciller en la charla.
“Lo vimos de manera muy dolorosa en Afganistán, durante 20 años. Lo vimos en Irak. Así que todo este asunto es, como dije, poco meditado, por decir lo menos. Por el momento, no veo qué salida estratégica están escogiendo los estadounidenses, especialmente porque los iraníes están negociando obviamente con mucha habilidad o, más bien, con mucha habilidad no negociando y dejando que los estadounidenses viajen a Islamabad solo para irse de nuevo sin ningún resultado”, continuó.
Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar a gran escala el 28 de febrero, lo que provocó una respuesta de Teherán contra territorio israelí y otros países de Medio Oriente. El conflicto escaló al cierre del estrecho de Ormuz, un paso vital para el comercio de petróleo del golfo Pérsico.
Aunque EE.UU. e Irán acordaron una tregua que inició el 8 de abril, los diálogos con mediación de Pakistán en Islamabad, que tienen como fin alcanzar un acuerdo final, se han estancado en las últimas semanas.
El conflicto ha golpeado a países que dependen directamente del petróleo del Golfo, pero también ha encarecido los energéticos a nivel global, incluyendo a Alemania y varios países de Europa.
Para Merz, la forma en que los líderes iraníes han aprovechado sus ventajas ha exhibido la mala estrategia de los estadounidenses.
“Toda una nación está siendo humillada por los dirigentes del Estado iraní, especialmente por la llamada Guardia Revolucionaria”, sostuvo.
“Los iraníes son claramente más fuertes de lo que se pensaba”
Ante el panorama actual, Merz lamentó que EE.UU. no haya tenido una buena estrategia ni que el presidente Donald Trump haya tomado en cuenta a sus aliados europeos.
“Nosotros, como europeos, ofrecimos -y dijimos que estábamos dispuestos- a ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz tras el fin de las negociaciones. Ofrecimos enviar dragaminas desde Alemania para ayudar a despejar el paso de minas, ya que claramente ha sido, al menos parcialmente, minado. Podemos ayudar en eso, pero primero deben terminar los combates”, dijo el canciller a los estudiantes en Marsberg.
“Y por el momento no veo cómo esto puede lograrse en un futuro cercano, porque los iraníes son claramente más fuertes de lo que se pensaba y los estadounidenses claramente no parecen tener una estrategia de negociación convincente. Lamento tener que decirlo, pero, por el momento, es una situación bastante complicada”, añadió.
El líder alemán también lamentó que el conflicto en Medio Oriente esté causando golpes a la economía de su país por el incremento en los costos de los energéticos, por lo que dijo que la guerra “debe terminar lo antes posible”.
Sin embargo, los esfuerzos diplomáticos en Islamabad se han estancado a pesar de que Trump prorrogó el alto el fuego, que debía expirar el 22 de abril, para permitir que continuaran las conversaciones.
El sábado, el presidente de EE.UU. anunció la cancelación del viaje de funcionarios estadounidenses a Pakistán para las conversaciones con Irán, poco después de que la delegación de Teherán abandonara la capital de Pakistán.
Trump dijo que estaban perdiendo “demasiado tiempo” y agregó que si Irán quería hablar, “lo único que tenían que hacer era llamar”.
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