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  • “Todo el mundo se queda en la playa mirando los misiles en el cielo”: el contraste de Odesa, el balneario de Ucrania con turismo de lujo y bombardeos diarios

    “Todo el mundo se queda en la playa mirando los misiles en el cielo”: el contraste de Odesa, el balneario de Ucrania con turismo de lujo y bombardeos diarios

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    No había ido al mar desde hacía varios años. Por eso, cuando tuve tres días libres, decidí viajar a Odesa, uno de los balnearios más populares en Ucrania.

    Quería desconectar, cambiar de aire. Y lo conseguí: ni los constantes bombardeos ni la enorme cantidad de gente a mi alrededor lo impidieron.

    Lo que me sorprendió fueron los precios y la actitud de los turistas ante el peligro permanente de estar en una zona cercana a la guerra con Rusia.

    La carretera desde Kyiv está ahora en muy buen estado: han reparado la autopista y el asfalto está bien en casi en todas partes.

    Eso sí, la gasolina está por las nubes. Incluso con un consumo moderado, el viaje de ida y vuelta desde Kyiv costó alrededor de US$130.

    Odesa está ahora también muy, pero muy cara.

    En tres días dos personas gastamos allí alrededor de US$1.000 y eso sin darnos grandes lujos, manteniéndonos en un nivel de gasto claramente de “clase media”.

    La comida merece un capítulo porque no solo está cara —la cuenta media para dos personas por una cena normal ronda los US$50—, sino que todo está lleno, por lo que es necesario reservar lugar en los restaurantes y con días de antelación.

    Pero lo que más impresiona es el contraste. Por un lado, es un destino turístico de lujo en cuanto a precios; por otro, existe un peligro de vida constante.

    Solo el domingo 19 de julio un ataque con misiles rusos cerca del puerto de Odesa, el mayor de Ucrania, causó la muerte de 10 personas. El lunes 20 otro bombardeo en la ciudad dejó tres muertos. Al día siguiente, fue impactado el centro histórico.

    Una persona baja las escaleras para llegar a la playa.

    BBC
    En la playa hay advertencia de la presencia de minas explosivas.

    Los bombardeos aquí son más frecuentes que en Kyiv: las sirenas suenan entre cuatro y seis veces al día, y también durante la noche.

    La ciudad ha sufrido graves daños, especialmente la zona cercana al puerto.

    Cada día mueren personas por los ataques de Rusia.

    Y, sin embargo, en las playas no cabe un alfiler.

    Los canales locales informan con todo detalle: “Un misil vuela en dirección a la playa Ibiza”, una de las más populares de Odesa.

    La gente que está en la playa vecina reacciona con indiferencia. Es posible escuchar: “Ah, bueno, va hacia Ibiza, no hacia nosotros”, a pesar de que entre ambas playas apenas hay cuatro kilómetros de distancia como máximo.

    Hay refugios en las playas, pero hay que caminar unos diez minutos para llegar a ellos, así que la mayoría simplemente se queda de pie mirando los misiles que atraviesan el cielo.

    Durante uno de los bombardeos más intensos, corrimos para buscar refugio. El lugar al que llegamos fue un bar cercano bajo un techo de paja.

    Vaya escondite: pura protección psicológica hecha de hojas de palmera.

    Línea gris

    BBC

    La importancia de Odesa

    Lo que ocurre en Odesa en medio de la invasión rusa a Ucrania no es un hecho aislado. Sobre todo para las intenciones de Vladimir Putin y el gobierno de Moscú.

    Y es que Odesa tiene un gran valor simbólico: ocupa un importante lugar en la historia y la cultura de Rusia.

    Ubicada en la costa noroeste del Mar Negro, esta ciudad de más de un millón de habitantes es un centro cultural multiétnico y un importante núcleo turístico y de transporte.

    A veces se la llama “la perla del Mar Negro”, quizás por su arquitectura histórica que tiene un estilo más mediterráneo que ruso y también una fuerte influencia francesa e italiana.

    Los observadores aseguran que Odesa es un lugar muy diferente a Kyiv u otras ciudades ucranianas.

    Ciertamente la ciudad sigue teniendo fuertes raíces rusas.

    Y es que allí se dieron dos eventos muy importantes en términos históricos.

    El primero ocurrió en 1905, cuando un levantamiento obrero en Odesa, que fue apoyado desde el mar por la tripulación del acorazado Potemkin, terminó en una masacre por la represión de las fuerzas zaristas. Se estima que murieron 1.000 personas.

    Ese levantamiento fue uno de los tantos intentos que desembocaron en la revolución rusa de 1917 y que fue inmortalizado en la película “El acorazado Potemkin” (1925), de Sergei Eisenstein.

    El otro hecho notable ocurrió durante la II Guerra Mundial, cuando en 1941 tropas rumanas y alemanas la asaltaron. La defensa de la ciudad duró 73 días y murieron entre 40.000 y 60.000 soviéticos.

    Acabó recibiendo el título de ciudad “heroica” de la URSS.

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    Barco envuelto en humo

    Getty Images
    En Odesa, el mayor puerto marítimo de Ucrania, los ataques rusos ocurren día y noche.

    Playas con minas explosivas

    Este año muchas de las playas de Odesa han sido abiertas oficialmente.

    Las minas explosivas que son utilizadas como arma marina ya no generan tanto miedo porque a lo largo de la costa hay rompeolas que las detienen.

    En la playa a la que más fui, por ejemplo, había desde bebés hasta personas mayores. Y sigue la clásica escena con vendedores ambulantes ofreciendo maíz, rapanas y baklava.

    Otro detalle: casi todos los habitantes de la zona hablan en ruso.

    También fuimos a Sanzhiyka. Allí han aparecido atractivos glampings, bares y escaleras que llegan al agua desde un acantilado.

    Sin embargo, como no hay muelles y el mar es abierto, las minas explosivas pueden llegar fácilmente hasta la costa, por lo que no me apetecía nada meterme en el agua.

    Por supuesto, también visitamos el mercado Privoz. La oferta es increíble, los precios son similares a los de Kyiv, pero la fruta es mucho más dulce gracias al sol.

    En estos momentos existe en la ciudad una fuerte tendencia a promocionar productos locales, forshmak, aperitivos elaborados con tomates Mikado y otras “especialidades de Odesa”. Han sabido convertirla en una magnífica marca.

    Playa repleta en Odesa

    Getty Images
    Algunas zonas de la playa en Odesa están protegidas contra minas explosivas.

    Por las noches, el centro de la ciudad suele quedar sumido en la oscuridad debido a los cortes de electricidad por la guerra. Las calles resuenan con el ruido de los generadores, evocando recuerdos del invierno en Kyiv.

    Y en medio de esa oscuridad, acompañados por las sirenas o por los sonidos de la defensa antiaérea, los músicos callejeros siguen tocando.

    Odesa, como siempre, sigue siendo maravillosa y llena de atmósfera, pese a todas las realidades que la rodean.

    Dejando atrás a Rusia

    Muchos en Odesa son defensores de la Ley de Descolonización de 2023, que ordenó a las autoridades locales a eliminar de sus ciudades cualquier nombre de calle, monumento o inscripción que pudiera vincularse con el pasado imperial de Rusia.

    Entre las estatuas que debían retirarse figuraba un monumento a la emperatriz rusa Catalina la Grande, mientras que las calles que llevaban nombres de figuras rusas y soviéticas fueron rebautizadas: la calle Pushkin pasó a llamarse calle Italiana y la calle Catalina es ahora la calle Europea.

    Turista toma fotos

    Getty Images
    … pero el turismo continuó.

    También existe una especial promoción del uso del ucraniano en esta ciudad donde el ruso sigue hablándose ampliamente.

    Al preguntarle a un residente por la resistencia a Rusia que encuentra entre los habitantes de Odesa —orgullosos de su legado como puerto multicultural abierto al mundo—, se muestra desafiante.

    “El enemigo está haciendo mucho más que nosotros para lograr que una ciudad de habla rusa se vuelva ucraniana”, le dice a la BBC, Oleh Kiper.

    “Está obligando a la gente a comprender quiénes son los rusos y si realmente los necesitamos”, añadió.

    Al igual que ocurre en el resto de Ucrania, si Rusia no puede hacerse con Odesa, parece decidida a por lo menos a paralizarla.

    *Con reportería de Laura Gozzi y de BBC Mundo.

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    BBC

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  • ¿Debes usar estrógeno vaginal para los síntomas de la menopausia?

    ¿Debes usar estrógeno vaginal para los síntomas de la menopausia?

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    P: He oído que el estrógeno vaginal puede ayudar con los síntomas de la menopausia. ¿Debería usarlo?

    Los productos de estrógeno vaginal pueden tratar síntomas como la sequedad, el dolor y las infecciones del tracto urinario, que son comunes en las mujeres posmenopáusicas y pueden comenzar en los años previos a tu último periodo menstrual.

    Estos productos, que incluyen cremas, anillos y tabletas que se insertan en la vagina, han atraído cada vez más atención a medida que las pacientes, los médicos y los influentes toman los síntomas de la menopausia más en serio y muchos promueven los tratamientos hormonales.

    La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) decidió el año pasado retirar un recuadro negro de advertencia de los productos de estrógeno, incluido el estrógeno vaginal. Esa advertencia, que alertaba sobre un mayor riesgo de cáncer y coágulos sanguíneos, había llevado a muchas mujeres a evitar estos tratamientos en el pasado.

    En las pacientes adecuadas, el estrógeno vaginal puede hacer que la vagina esté más húmeda y sea más elástica, aliviar el dolor pélvico y reducir las infecciones del tracto urinario. Esto es lo que debes considerar.

    ¿Qué hace el estrógeno vaginal?

    Los síntomas que trata el estrógeno vaginal se denominan síndrome genitourinario de la menopausia, o SGM, que es causado por la disminución de estrógeno que las mujeres experimentan de forma natural en la mediana edad. El estrógeno fomenta la humedad en todo el cuerpo, y los niveles más bajos hacen que el tejido vaginal se vuelva más seco y delgado.

    Las relaciones sexuales pueden volverse dolorosas, al igual que el contacto mínimo con la vulva, incluso el de la ropa interior. Muchas mujeres presentan una necesidad de orinar más frecuente o urgente. La acidez vaginal y las bacterias beneficiosas disminuyen, lo que facilita el crecimiento de bacterias dañinas.

    Aplicar estrógeno dentro de la vagina puede aliviar estos síntomas.

    Incluso podría prevenir complicaciones de salud graves, porque reduce el riesgo de infecciones del tracto urinario, que pueden extenderse a los riñones. Un estudio reciente encontró que, cuando mujeres con infecciones urinarias recurrentes recibieron estrógeno vaginal, presentaron tasas más bajas de sepsis, hospitalización y muerte. (El estudio no demostró causalidad; una de sus autoras, Elise De, profesora de Urología, Obstetricia y Ginecología en el Albany Medical College, señaló que las pacientes que recibieron estrógeno de manera oportuna podrían haber tenido una mejor atención médica en general).

    ¿Quién debería usarlo?

    Probablemente muchas más pacientes de las que lo hacen actualmente, dijeron los expertos.

    “La gran mayoría de las mujeres estadounidenses reciben un tratamiento insuficiente” para el SGM, dijo Stephanie Faubion, directora del Centro para la Salud de la Mujer de la Clínica Mayo y directora médica de la Sociedad de la Menopausia. Con frecuencia, las pacientes no reciben un diagnóstico, dijo, o no se les ofrece la atención adecuada después de recibirlo.

    Un estudio publicado el año pasado analizó a más de un millón de beneficiarias de Medicare y halló que, de aquellas con “un diagnóstico indicativo de SGM”, solo el 9 por ciento surtió una receta de estrógeno vaginal. Otro estudio halló que, entre más de 2,8 millones de pacientes con la afección, el 71 por ciento no recibió tratamiento.

    Parte del problema es el acceso a la atención médica. Otro factor es que muchas mujeres no se dan cuenta de que lo que están experimentando es significativo.

    Sameena Rahman, fundadora del GYN and Sexual Medicine Collective, un consultorio médico de atención personalizada en Chicago, dijo que a menudo las pacientes le decían que no tenían síntomas y luego expresaban dolor cuando las examinaba con suavidad la vulva y la vagina.

    Muchos síntomas son sutiles: “¿Te levantas por la noche a orinar?”, preguntó Rachel Rubin, profesora clínica asistente de Urología en la Universidad de Georgetown. “¿Estás consciente de tus genitales cuando antes no lo estabas? Hay muchas personas que dicen: ‘Me pica, me arde, no puedo usar la misma ropa interior que usaba antes’”.

    ¿Es seguro?

    Las decisiones sobre cualquier medicamento dependen de las circunstancias individuales. Sin embargo, los expertos dicen que el estrógeno vaginal es seguro para la gran mayoría de las mujeres.

    Eso se debe a que, en las pequeñas dosis que se recetan comúnmente, se absorbe muy poco estrógeno en el torrente sanguíneo: en su mayor parte permanece en el tejido vaginal. Los efectos secundarios, si es que llegan a ocurrir, son por lo general menores: irritación de la piel o, cuando comienza el tratamiento, infecciones por hongos.

    Aunque algunas formas de estrógeno sistémico se asocian con un pequeño aumento en el riesgo de coágulos sanguíneos, el estrógeno vaginal no, dijeron varios expertos, y señalaron que incluso las personas con un alto riesgo de coágulos –a quienes probablemente no se les recetarían píldoras hormonales para los sofocos– pueden usar de manera segura las formulaciones vaginales.

    Las pacientes que se someten a tratamiento para cánceres sensibles a los estrógenos podrían no ser buenas candidatas para el estrógeno vaginal, pero la mayoría de las personas que han completado el tratamiento pueden usarlo, dijo Kathryn Marko, profesora asociada de Obstetricia y Ginecología en la Universidad George Washington. Es posible que solo se les recete una tableta o un anillo, en lugar de una crema, para controlar la dosis con precisión.

    ¿Debería usarlo si no tengo síntomas?

    Los expertos dijeron que no estaban al tanto de ninguna investigación sobre si el estrógeno vaginal era útil de manera preventiva en pacientes sin síntomas. Responder a esa pregunta requeriría ensayos clínicos aleatorizados y controlados, porque una paciente que empieza a usarlo y nunca desarrolla síntomas podría no haberlos desarrollado de todas formas.

    Pero puede haber beneficios al comenzar ante los primeros signos leves de un problema.

    Sarah Cigna, profesora asociada de Obstetricia y Ginecología y directora del servicio de salud sexual en la Universidad George Washington, dijo que recomendaba el estrógeno vaginal cuando veía cambios en el tejido vaginal durante un examen físico, “para evitar llegar al punto de disfunción”.

    “No ejerzo con un estilo que espera a que las personas tengan dolor cuando ya veo lo que está sucediendo”, dijo Cigna.

    Maggie Astor escribe para el Times sobre la salud de las mujeres y los efectos de las políticas gubernamentales en la salud.

  • ¿El masaje de drenaje linfático es bueno para la piel?

    ¿El masaje de drenaje linfático es bueno para la piel?

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    La técnica se ha utilizado para aumentar la circulación y, en algunos casos, reducir la acumulación de líquidos. Es menos claro si tensa e ilumina tu piel.

    Al deslizar los dedos por tus mejillas y la línea de la mandíbula y luego hacia abajo por tu cuello, puedes eliminar el exceso de líquido de tu rostro. Muchas personalidades de las redes sociales afirman que esta técnica, conocida como masaje de drenaje linfático, ofrece beneficios de salud para tu piel, haciéndola más tersa y luminosa y reduciendo la hinchazón. ¿Pero en verdad lo hace?

    Los movimientos suaves y rítmicos del masaje de drenaje linfático ayudan a dispersar un líquido transparente, llamado linfa, que circula por el sistema linfático del cuerpo y puede acumularse en los tejidos faciales, lo que causa hinchazón.

    La linfa puede acumularse por varias razones, entre ellas, dormir mal, comer alimentos salados, beber alcohol, estar deshidratado o dormir boca arriba, dijo Arpana A. Shah, dermatóloga de MedStar Health en el condado de St. Mary, Maryland.

    “Todas estas cositas pueden darte un aspecto más hinchado”, dijo.

    El líquido linfático suele drenar de forma natural a lo largo del día. Pero el masaje suave a veces puede acelerar esta dispersión, y a menudo se recomienda para tratar el linfedema –una hinchazón crónica que ocurre con mayor frecuencia en los brazos y las piernas.

    Aunque hay evidencia limitada sobre la eficacia del masaje de drenaje linfático facial, Shah dijo que puede promover la relajación y aumentar el flujo sanguíneo a la piel, lo que podría ofrecer alguna disminución marginal en la hinchazón del rostro u otros beneficios estéticos.

    ¿Qué es el masaje de drenaje linfático?

    El sistema linfático, dijo Shah, es “como el ama de llaves de nuestro cuerpo”. Esta red de órganos, tejidos y vasos mueve el exceso de linfa de tus tejidos al torrente sanguíneo, lo que ayuda al cuerpo a mantener su equilibrio de líquidos. También transporta líquido a través de los ganglios linfáticos, donde las células inmunitarias destruyen sustancias nocivas como bacterias y virus.

    Varios factores pueden alterar el sistema linfático y hacer que se acumule líquido en tu rostro o en otras partes del cuerpo, entre ellos, la cirugía, el linfedema, una dieta alta en sal o tener sobrepeso o ser demasiado sedentario, dijo Roy Kim, cirujano plástico en San Francisco. Dijo que a menudo recomienda el masaje de drenaje linfático después de algunas cirugías estéticas, porque se ha demostrado que mejora el dolor y la hinchazón durante la recuperación.

    La gravedad y el movimiento acabarán por drenar el líquido, dijo. Pero puedes acelerar el proceso mediante roces suaves para mover el exceso de líquido de tus tejidos, guiándolo hacia los ganglios linfáticos.

    Esto lo puede hacer un masajista o, dijo Kim, puedes masajearte tú mismo usando las yemas de los dedos, un rodillo facial o un gua sha, una piedra que frotas suavemente por los contornos de tu rostro.

    ¿Ofrece beneficios estéticos?

    Algunos creadores de TikTok afirman que realizar un masaje de drenaje linfático en tu rostro o cuello puede minimizar la hinchazón, tratar afecciones como el acné, mejorar la circulación, promover la relajación y eliminar toxinas de la piel. Pero hay pocas investigaciones que respalden la idea de que puede mejorar la salud o la apariencia de tu piel.

    Un estudio de 2025 con 34 mujeres que usaron rodillos faciales o gua sha durante ocho semanas descubrió que experimentaron algunas mejoras limitadas en aspectos del contorno facial, como la elasticidad de la piel y el tono muscular. Otro estudio, publicado en 2018, incluyó a 19 hombres y siete mujeres. Descubrió que usar un rodillo de masaje facial en una mejilla durante cinco semanas aumentó el flujo sanguíneo a esa mejilla, pero los resultados duraron solo 10 minutos después de cada masaje.

    Estos estudios incluyeron a un pequeño número de sujetos y duraron solo unas pocas semanas –no lo suficiente como para evaluar los efectos a largo plazo del masaje de drenaje linfático facial–, dijo Shah. Añadió que se necesitaban estudios más grandes y a más largo plazo para demostrar el beneficio.

    En general, dicen los médicos, el masaje de drenaje linfático puede mejorar tu piel de algunas maneras.

    Debido a que mueve el líquido linfático, puede hacer que la piel parezca menos hinchada, dijo Shah.

    Pasar un rodillo o masajear tu rostro también simplemente se siente bien y puede ayudarte a relajarte y reducir el estrés, añadió. El estrés puede empeorar afecciones de la piel como el acné y el eccema, y las hormonas del estrés pueden agotar el colágeno y la elastina, lo que acelera las arrugas y otros signos de envejecimiento, según la Academia Estadounidense de Dermatología.

    El masaje de drenaje linfático facial también puede mejorar la circulación en la piel, dijo Kenneth Mark, dermatólogo estético en la ciudad de Nueva York. Y debido a que el aumento del flujo sanguíneo nutre la piel y fomenta que nuevas células inmunitarias se acumulen allí, puede reducir la inflamación y estimular la producción de colágeno, dijo.

    Pero los resultados, señaló Kim, suelen ser marginales y a corto plazo.

    ¿Deberías probarlo?

    Aunque el masaje de drenaje linfático podría no proporcionar resultados sorprendentes ni ofrecer ninguna mejora duradera, “en realidad no hay ninguna desventaja”, dijo Kim. El método de masaje es seguro y relajante para la mayoría de las personas, y los rodillos faciales y las herramientas gua sha son económicos, pues cuestan entre 10 y 20 dólares.

    Si tienes curiosidad por probarlo, dijo, lávate el rostro para empezar, y asegúrate de que tus manos o herramientas de masaje estén limpias. Algunas personas se aplican humectantes, sueros u otros productos para el cuidado de la piel con rodillos faciales o herramientas gua sha.

    Haz “presión ligera”, dijo Lilli Benck, directora médica de masoterapia en University Hospitals en Cleveland. Masajea en una sola dirección a la vez (no de ida y vuelta), “hacia arriba, alejándote del centro del rostro hacia el cuello”, la línea del cabello o las orejas, dijo. Luego, masajea el cuello y alrededor de la clavícula. Repite estos movimientos durante unos cinco minutos.

    Aplicar demasiada presión o masajear de forma demasiado agresiva podría causar hematomas, irritación o hinchazón, o podrías romper vasos sanguíneos, lo cual no es dañino pero puede verse antiestético, dijeron los expertos.

    Si no estás seguro de la técnica adecuada, Benck recomendó consultar a un masajista para obtener orientación. Y si tu rostro está crónicamente hinchado sin importar lo que hagas, Shah sugirió ver a un médico para descartar una afección médica, como una alergia, linfedema o cambios hormonales.

  • Viajar con autismo: consejos y tácticas

    Viajar con autismo: consejos y tácticas

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    Para Johan Konst, de 34 años, el ruido, el estrés de llegar a sus vuelos de conexión y la sensación de temor que experimentaba al aterrizar de noche en una ciudad desconocida solían hacer que quisiera evitar volar por completo.

    Al igual que millones de estadounidenses, Konst tiene autismo, una condición permanente que afecta la forma en que las personas se comunican, aprenden y se comportan. Las personas con autismo abarcan desde aquellas que necesitan ayuda significativa en su vida diaria hasta las que viven de forma independiente y requieren poca asistencia. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) estiman que entre el 2 y el 3 por ciento de las personas en Estados Unidos tienen lo que denominan trastorno del espectro autista.

    Pero Konst también trabaja en relaciones públicas, lo cual le exige viajar a nivel internacional. Así que ha desarrollado tácticas para ayudar a que volar le resulte más fácil.

    Reserva únicamente vuelos que salen a primera hora de la mañana, sin escalas si es posible. También ha invertido en audífonos con cancelación de ruido de alta calidad. Y después de tener dificultades para pedir ayuda al personal del aeropuerto para encontrar los puntos de recogida de los servicios de transporte, comenzó a practicar conversaciones informales para que hablar con extraños fuera más fácil.

    Las personas con autismo no tienen que limitarse, dijo Konst, y “aprender haciendo” es importante. Lo mismo ocurre con aquellos que viajan con un amigo o familiar neurodiverso. Los expertos dicen que planificar con anticipación y adaptar las experiencias a las necesidades del viajero puede ser de gran ayuda.

    Aquí tienes algunos consejos para que viajar con autismo sea más fácil.

    Para los niños:

    Crea un libro ilustrado: El libro debe mostrar a los niños lo que harán o verán en cada etapa del viaje y puede incluir secciones sobre los controles de seguridad, el abordaje y el reclamo de equipaje. Las expectativas son importantes, por lo que podrías incluir descripciones como: “El avión hará ruido, retumbará y temblará. Es emocionante, pero puede que te sientas un poco nervioso. ¡No pasa nada!”, dijo Rachel Labaton, directora de autismo y evaluaciones adaptativas de YAI, una organización sin fines de lucro para personas con discapacidades del desarrollo.

    Empaca un kit de relajación: Podría incluir audífonos con cancelación de ruido, lentes de sol, juguetes antiestrés, juegos electrónicos portátiles, refrigerios, un objeto de apego y una mascarilla con un aroma agradable, cualquier cosa que promueva una sensación de bienestar, dijo Labaton.

    Conviértelo en un juego: Atraviesa las diferentes etapas del aeropuerto transformándolas en un juego, puedes dibujar un mapa y otorgar pequeños premios, dijo Labaton. El juego puede incluir mensajes grabados de personas especiales que envíen palabras de aliento o digan frases tranquilizadoras como “Estás a salvo, estamos juntos”.

    Informa a la tripulación: Haz una tarjeta que explique las necesidades del niño y compártela con los asistentes de vuelo, ya que no siempre es fácil mantener una conversación durante el ajetreado proceso de abordaje, dijo Karla Auker, fundadora de la Guía para Padres sobre Neurodiversidad. Por ejemplo, la tarjeta podría decir algo como: “Ben, 8 años: autista, sensible a los ruidos fuertes y al contacto inesperado, prefiere instrucciones claras”. Los miembros de la tripulación pueden ayudar mejor si entienden la situación de antemano, en lugar de cuando surge un problema, dijo Auker, que fue asistente de vuelo.

    Programa un tiempo de descanso después del vuelo: Cuando bajen del avión o lleguen a su hotel, tómense un tiempo para dejar que todos corran, se relajen o hagan lo que necesiten hacer para aliviar el estrés, dijo Jordana Izzo, directora de viajes accesibles de la agencia de viajes Travelmation, quien es madre de un niño con autismo.

    Conserva los recuerdos felices: Toma fotos y haz un libro de recuerdos felices para reforzar las asociaciones positivas con los viajes, aconsejó Izzo. Y si las cosas salen mal, “lo superarán”, dijo, y añadió: “No dejen que lo que pueda llegar a ocurrir les impida disfrutar de lo que sí puede pasar”: la oportunidad de unas vacaciones juntos.

    Para todos:

    Elige la hora de abordaje adecuada: Si necesitas tiempo extra para instalarte y tal vez concentrarte en una actividad, comparte tus necesidades con los agentes de la puerta de abordaje y avísales que necesitas abordar temprano. Aborda con un grupo posterior si no quieres que pase mucha gente a tu lado, o si no quieres pasar tiempo extra en tus asientos.

    Minimiza las decisiones sobre la marcha: Decide con anticipación dónde comerás en el aeropuerto, qué harás si hay retrasos y dónde te sentarás en la puerta de abordaje (un asiento con vista a la pista puede ser menos estimulante). Evitar la fatiga por tomar decisiones puede hacer que todo parezca menos abrumador, dijo Auker.

    Busca ayuda: Autism Double-Checked, una organización enfocada en ayudar a los viajeros con autismo, ofrece una lista de hoteles, aeropuertos y destinos que cuentan con personal capacitado para apoyar a los viajeros con autismo. Su programa gratuito Autism Flies ofrece ensayos de viaje en el aeropuerto, lo que incluye actividades como pasar por seguridad y abordar un avión. Para obtener ayuda con los controles de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por su sigla en inglés), especialmente para los pasajeros con autismo más severo, Alan Day, el director ejecutivo de Autism Double-Checked, recomienda comunicarse con la TSA 72 horas antes de volar para solicitar un especialista en apoyo a pasajeros. Estos empleados especialmente capacitados pueden guiarte a través del proceso y hacer sugerencias con base en las necesidades específicas del pasajero.

    Finalmente, lleva un registro de lo que te funciona y usa esa información para mejorar tus estrategias. Viajar puede ser difícil al principio, dijo Konst, “pero si lo haces lo suficiente, será más fácil”.

  • Brasil niega las visas a funcionarios de EE. UU. que buscaban cuestionar el sistema electoral

    Brasil niega las visas a funcionarios de EE. UU. que buscaban cuestionar el sistema electoral

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    En la solicitud de visa, los funcionarios de EE. UU. dijeron que planeaban reunirse con autoridades electorales para hablar sobre los sistemas de votación de Brasil.

    El gobierno brasileño ha impedido que una delegación estadounidense viaje al país la próxima semana, debido a la preocupación de que los visitantes buscaran sembrar dudas infundadas sobre la seguridad de los sistemas electorales de la nación de cara a una contienda presidencial este año, según funcionarios estadounidenses y brasileños.

    La delegación estadounidense incluía a dos altos funcionarios del Departamento de Estado, Riley M. Barnes y Samuel Samson, según tres altos funcionarios de los gobiernos de Estados Unidos y Brasil, que hablaron bajo condición de anonimato para tratar asuntos diplomáticos confidenciales. El viernes, las autoridades brasileñas rechazaron sus solicitudes de visa, según dos de esos funcionarios, lo que frustró la visita planeada.

    Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil confirmó los rechazos de las visas, pero no dio una razón.

    El Departamento de Estado confirmó que Barnes y Samson tenían previsto viajar a Brasil la próxima semana para mantener reuniones sobre integridad electoral, libertad religiosa y libertad de expresión. “Cualquier insinuación de un ‘ardid’ para socavar las elecciones de una nación democrática es una mentira sin fundamento”, dijo en un comunicado.

    En la solicitud de visa, presentada el lunes, los funcionarios estadounidenses dijeron que planeaban reunirse con autoridades electorales para hablar sobre los sistemas de votación de Brasil y las preocupaciones sobre posibles restricciones a la libertad de expresión en el periodo previo a las elecciones del 4 de octubre, según uno de los funcionarios brasileños.

    La decisión de prohibir la entrada a la delegación estadounidense es la escalada más reciente entre las naciones después de varias semanas de mayores tensiones a raíz de nuevos aranceles y enfrentamientos ideológicos sobre temas como el crimen organizado.

    También aviva las preocupaciones entre muchos brasileños sobre una posible mayor injerencia del presidente Donald Trump en los asuntos internos de Brasil, esta vez apuntando a un sistema de votación que los observadores internacionales consideran ampliamente seguro. Al mismo tiempo, la medida de vetar a la delegación corre el riesgo de avivar las quejas de los conservadores de ambos países sobre una falta de transparencia de cara a unas elecciones cruciales.

    En una región donde la derecha asciende con rapidez, la contienda electoral de Brasil, que enfrentará al actual mandatario izquierdista contra un contendiente de derecha, servirá como la mayor prueba de la izquierda este año.

    Barnes y Samson también planeaban reunirse con Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años de prisión por tramar un golpe de Estado, según los funcionarios. El menor de los Bolsonaro le disputa la presidencia al actual mandatario izquierdista, Luiz Inácio Lula da Silva. Ha realizado múltiples viajes a Washington en los últimos meses, algunos de ellos para buscar apoyo para su agenda política.

    En un evento con diplomáticos esta semana, Bolsonaro imitó la estrategia de su padre y cuestionó la seguridad de las máquinas de votación electrónica de Brasil al utilizar afirmaciones desmentidas sobre su susceptibilidad al fraude. Antes de las elecciones anteriores, el mayor de los Bolsonaro hizo afirmaciones similares frente a un grupo de diplomáticos.

    Los expertos consideran en general que los sistemas de votación de la nación sudamericana, los cuales utilizan biometría para identificar a los votantes y contabilizan los resultados casi inmediatamente después del cierre de las urnas, son de los más seguros del mundo. Las elecciones del país son monitoreadas de forma regular por decenas de observadores de todo el mundo.

    “Hasta la fecha, no hemos tenido ninguna evidencia de fraude en el proceso de votación”, dijo Estela Aranha, magistrada del tribunal electoral de Brasil, el cual supervisa el voto federal. Añadió que el proceso es verificable y transparente.

    Las quejas de Bolsonaro sobre la seguridad electoral llegan en un momento en el que su campaña se tambalea, luego de revelaciones sobre sus vínculos con un banquero caído en desgracia. Las primeras encuestas mostraban a Bolsonaro y a Lula en una contienda reñida, pero una nueva encuesta esta semana mostró que la ventaja del actual mandatario izquierdista se ha ampliado de manera significativa.

    Y después de las declaraciones de Bolsonaro de esta semana, las autoridades brasileñas se convencieron de que la delegación estadounidense no estaba en una misión de investigación, sino que más bien planeaba socavar la confianza en los sistemas de votación del país, dijeron los dos funcionarios brasileños.

    Barnes, un subsecretario, y Samson, un subsecretario adjunto, no tienen conocimientos especializados ni experiencia significativa en Brasil, según un funcionario estadounidense. Samson ha desempeñado un papel clave en impulsar la agenda de Trump en Europa, donde ha cultivado lazos con grupos de derecha alineados con su movimiento.

    El tribunal electoral de Brasil dijo en un comunicado que diplomáticos estadounidenses en el país habían preguntado sobre una posible visita de funcionarios de Estados Unidos, sin revelar la agenda. Al final, la reunión no se programó porque el tribunal está en receso.

    En junio, el magistrado principal del tribunal, Kássio Nunes Marques, se dirigió a unas dos decenas de embajadores para explicar el funcionamiento del sistema de votación brasileño. Los diplomáticos estadounidenses fueron invitados pero no asistieron, según los organizadores del evento. El tribunal dijo que planea celebrar otra reunión el próximo mes e invitará a representantes de Estados Unidos.

    A principios de este año, el gobierno brasileño impidió que otro enviado de Trump ingresara al país, luego de enterarse de que planeaba en secreto visitar al expresidente encarcelado y reunirse con su hijo, Flávio Bolsonaro.

    El año pasado, Trump intentó presionar a Brasil para que retirara el caso contra Jair Bolsonaro, un aliado político cercano, mediante el uso de fuertes aranceles y sanciones.

    Esa estrategia no funcionó, y Bolsonaro fue sentenciado a casi tres décadas de prisión por intentar aferrarse al poder después de perder las elecciones de 2022 ante Lula. El exmandatario cumple su condena bajo arresto domiciliario por motivos de salud.

    Thayz Guimarães colaboró con reportería desde Brasília, y Leonardo Coelho colaboró con investigación desde Río de Janeiro.

    Ana Ionova es corresponsal del Times, cubre Brasil y los países vecinos.

    Jack Nicas Jack Nicas es el jefe de la corresponsalía del Times en Ciudad de México y lidera la cobertura sobre México, Centroamérica y el Caribe.

    Thayz Guimarães colaboró con reportería desde Brasília, y Leonardo Coelho colaboró con investigación desde Río de Janeiro.

  • Isaac del Toro, el ciclista que cuatro años después de un terrible accidente se convirtió en el primer mexicano en llegar al podio del Tour de Francia

    Isaac del Toro, el ciclista que cuatro años después de un terrible accidente se convirtió en el primer mexicano en llegar al podio del Tour de Francia

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    El que para muchos ya es el ciclista más importante de la historia de México tiene apenas 22 años.

    Se llama Isaac del Toro y viene de Ensenada, Baja California, en el noroeste del país.

    Este domingo se convirtió en el primer mexicano en lograr el podio de la carrera más importante del ciclismo de ruta, el Tour de Francia al ocupar el tercer puesto.

    Lo hizo como parte del equipo más fuerte del circuito, UAE Team Emirates, cuyo líder, el esloveno Tadej Pogačar, se coronó campeón por quinta vez. El segundo puesto lo ocupó el belga Remco Evenepoel.

    “Para ser un gran ganador hay que ser un gran perdedor”, dijo Del Toro en 2025, cuando Simon Yates le arrebató el primer lugar del Giro de Italia en la etapa reina de la competencia.

    Luego, satisfecho por haber logrado el mejor resultado de un mexicano en la máxima categoría, añadió: “Ahora sé que puedo ganar una Gran Vuelta”.

    Con el tercer lugar en el Tour de Francia, y haber ganado la clasificación de jóvenes en su primera participación, le sobran razones para pensar así.

    Varios expertos, de hecho, lo ven como el heredero natural de Pogačar, su amigo y compañero de equipo.

    “¡Felicidades!”, celebró desde el sábado la presidenta, Claudia Sheinbaum, sumándose a millones de mexicanos que ven la hazaña del ciclista como un triunfo nacional.

    Tadej Pogačar y Del Toro

    Getty Images
    Tadej Pogačar y Del Toro este sábado al coronarse reyes del Tour de Francia.

    La caída casi fatal

    El bajacaliforniano llega a este punto después de haber superado retos de enorme envergadura.

    En México, el ciclismo no cuenta con respaldo institucional: la asociación nacional estuvo en crisis durante los últimos años, el presupuesto estatal para el deporte viene en caída y la emblemática Vuelta a México no se celebra desde hace una década.

    El “Torito” comenzó su carrera promocionándose en videos de Facebook y vive en Europa, donde fue convocado por gestores mexicanos del ciclismo cuando apenas tenía 15 años.

    Hace cuatro años, Del Toro se rompió el fémur y sufrió el corte de una arteria en un accidente. Su bici resbaló en una curva, y se fue contra un muro. Se produjo una hemorragia severa. Lo tuvieron que evacuar en helicóptero. Su pierna, declaró él mismo, había quedado “como gelatina”.

    Un accidente y una lesión que pueden acabar con la carrera de un ciclista.

    Fue en las montañas de San Marino, durante un entrenamiento: en el pequeño país incrustado en las montañas italianas donde se afincó el equipo mexicano Monex en busca de formar una estructura capaz de competir en las grandes esferas del ciclismo.

    Duró 16 días hospitalizado. Le pusieron tornillos y una barra de metal para regenerar el fémur. A los 25 días ya hacía seis horas de fisioterapia al día. Los médicos calcularon entre seis y nueve meses solo para volver a caminar.

    Un año después de la caída ya estaba rodando. 13 meses después ya había ganado una etapa del Tour de l’Avenir.

    Desde entonces su ascenso ha sido vertiginoso. Dice haberse emocionado con la victoria en el tour del colombiano Egan Bernal, en 2019. Parece, en efecto, un auténtico escarabajo sacado de los Andes colombianos, pero viene de la rocosa y vertiginosa Sierra de Juárez, cerca de la frontera con Estados Unidos.

    La venia de Del Toro

    Getty Images
    La venia de Del Toro, que hace “para agradecer a todos los que me apoyan”, se ha convertido en un símbolo que Pogačar empieza a imitar.

    Ciclistas mexicanos a pesar de todo

    Raúl Alcalá es el antecedente más claro que tiene Del Toro: el regiomontano fue el primer mexicano en correr una Gran Vuelta, ganó dos etapas del Tour de Francia en 1989 y 1990 y terminó tres veces entre los primeros 10 de la carrera.

    Si no es el mejor de todos los tiempos, Del Toro ya le pisa los talones: en este Tour 2026 ganó la segunda etapa tras un gesto inolvidable de Pogačar, quien en el sprint final le cedió la victoria como gesto a un colega que, por definición, tiene como función apoyar al multicampeón esloveno.

    Del Toro además ganó la Vuelta a Burgos y el UAE Tour, entre otros, y ha sido dos veces campeón nacional. Solo en 2025 acumuló 17 victorias.

    Se suele decir que por cada cinco ciclistas profesionales que surgen en México, solo uno es de ruta, el rubro más famoso del deporte. Los demás se dedican al ciclismo de montaña y al ciclocross, especialidades que Del Toro dominó por años.

    La ruta le costó, le dijo al portal The Athletic esta semana, porque era “un deporte completamente distinto”.

    Para él, señaló, era más fácil el ciclocross, “donde vas por tu cuenta, solo”.

    El ciclismo de ruta es un deporte individual que se juega en equipo, faceta a la que se adaptó rápidamente hasta convertirse en el principal aliado de Pogačar, el máximo exponente del deporte.

    En la etapa 15 de este Tour, Del Toro se dejó caer deliberadamente para no arrastrar a Pogačar cuando el danés Jonas Vingegaard se estrelló y generó un quiebre del pelotón.

    Se cayó por su líder, luego se levantó y volvió a rodar, y llegó a la meta junto a Pogačar, quien por su parte le marcó el ritmo para protegerle el tercer puesto, amenazado por el francés Paul Seixas.

    La dupla al frente del UAE Team Emirates se ha consolidado.

    En este tour la prensa los bautizó como el “rey” y el “príncipe”.

    “Quizá algún día sea mejor que yo”, ha dicho el esloveno. “Tiene su manera, su estilo propio, y lo admiro como corredor y como persona. Ojalá siga así”.

    Como respuesta, Del Toro ha dicho que Pogačar “tiene mejor personalidad que yo para ser mexicano”, y sus admiradores no han perdido oportunidad en concederle la nacionalidad con la clásica “¡Pogi, hermano, eres mexicano!”.

    En la cima del ciclismo mundial hay, primera vez, un mexicano de nacimiento y uno, al parecer, por adopción.

    Otro triunfo latinoamericano

    Además del logro de Del Toro, el ecuatoriano Richard Carapaz consiguió hacerse con el primer lugar en la clasificación de montaña y, por lo tanto, con el maillot de lunares, tras ganar las etapas 18 y 20 de la carrera.

    Carapaz superó el sábado por 26 segundos al belga Remco Evenepoel y por 31 segundos al estadounidense Sepp Kuss, quien lideraba la etapa hasta una doble caída en los últimos kilómetros.

    Esta la segunda ocasión en la que el ecuatoriano, de 33 años, logra esta proeza, después de alcanzarla en la edición de 2024.

    Linea

    BBC

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  • El lucrativo negocio de hacer ver ‘cool’ a las palomitas

    El lucrativo negocio de hacer ver ‘cool’ a las palomitas

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    Primero, Bill Howard entregó su celular. Después firmó el acuerdo de confidencialidad. Ese día pasó una hora y media en los estudios de Universal Pictures con una única copia impresa del guion de una película próxima a estrenarse. La leyó detenidamente, a solas, tomando apuntes en la única libreta que tenía permitido usar y pensando en su oficio. ¿Cómo podría aplicar sus singulares habilidades a este proyecto en particular y ayudar a convertirlo en un éxito de taquilla?

    Muchos miembros de la élite de Hollywood han entrado a una sala sellada para leer un guion ultrasecreto. Pero Howard no es una estrella de cine. No es director de fotografía ni artista de efectos visuales. Lo que Howard hace son cubetas.

    Cubetas o cubos de palomitas o, como se les conoce más formalmente, palomeras coleccionables. Estos contenedores de botanas de edición especial se diseñan para películas importantes y pueden venderse hasta por 70 dólares. Todos los estudios y cadenas de cines quieren participar en este fenómeno porque, por razones hasta cierto punto inexplicables, se han vuelto increíblemente lucrativos. AMC Theatres estima que, este año, las cubetas generarán 100 millones de dólares en ingresos, casi el doble del nivel de 2023. Cinemark Theatres, la tercera cadena más grande de Estados Unidos, afirma que las ventas de cubetas ayudaron a que sus ingresos por mercancía aumentaran un 40 por ciento de 2024 a 2025.

    “Hace siete años, este negocio prácticamente no existía para AMC”, dijo Nels Storm, vicepresidente de estrategia de productos de alimentos y bebidas de la empresa. “Nunca diría que las cubetas de palomitas son la razón por la que la gente va al cine, o que la mercancía temática de películas está salvando a la industria, pero en los últimos años se han convertido en una parte importante de la conversación en torno a los grandes estrenos”.

    Howard, de 71 años, es director ejecutivo de Snap Creative, que tiene su sede en Camarillo, California, y emplea a 55 personas. Snap está detrás de dos de las cubetas más populares de este verano. Ambas están vinculadas al estreno de La odisea de Christopher Nolan: una es una réplica de la cámara IMAX del director y cuesta 50 dólares, y la otra es una representación del caballo de Troya de 55 centímetros, que se vende por 70 dólares.

    Para elaborarlas, Howard y su equipo se reunieron desde el principio con Emma Thomas, una de las productoras de la película, para repasar los puntos clave de la historia. Luego se acercaron a IMAX con sus ideas.

    Rich Gelfond, director ejecutivo de la cadena de cines, tenía sus dudas respecto a la cubeta en forma de cámara. “Sé mucho sobre el negocio del cine, y en realidad no sabía mucho sobre el negocio de las cubetas”, dijo. “No me entraba en la cabeza la idea de que hubiera una fuerte demanda de cubetas de palomitas de 50 dólares”.

    Aprobó un primer lote de 2500 unidades. Se agotaron casi de inmediato. Los aficionados no solo compran cubetas en los cines; a menudo las piden por adelantado y las reciben por correo, vacías.

    Para conseguir más cubetas, Gelfond llamó al director ejecutivo de IMAX China y le suplicó que le enviara todas las suyas, pues la película no se estrenaría allí sino hasta agosto. Su homólogo accedió, y cuando IMAX puso a la venta el segundo lote de 2500 cubetas, se agotaron en siete minutos. Entre su sitio web y las compras en cines, IMAX cree haber vendido unas 30.000 cubetas.

    Gelfond no necesita más pruebas. “Este es un verdadero negocio”, dijo, y describió a IMAX como “totalmente comprometida” con las cubetas.

    Casi todas las cubetas de Hollywood son fabricadas por tres empresas. Además de Snap, están Golden Link, que tiene su sede en Nueva York y es el socio de cubetas de Disney Studios, y Zinc, una firma australiana que ha fabricado las cubetas para las franquicias de Duna y Misión imposible.

    Snap, Golden Link y Zinc adquieren las licencias de la propiedad intelectual de las películas de los estudios y colaboran con ellos en los diseños. El director creativo de Snap estuvo recientemente en Atlanta en el plató de la próxima entrega de Superman y habló directamente con el director, James Gunn, sobre conceptos de cubetas.

    “Cuando te va bien con el cineasta, sabes que vas por buen camino”, dijo Howard.

    Los cines han vendido ediciones especiales de recipientes para palomitas durante mucho tiempo, pero el consenso de la industria es que el furor actual tiene dos puntos de inflexión específicos. Uno ocurrió en 2019, cuando una cubeta encargada para El ascenso de Skywalker de Disney –una réplica de R2-D2 de 43 centímetros– se vendió sorprendentemente bien.

    El segundo factor que impulsó este fenómeno fue, y realmente no hay otra forma de decirlo, el carácter inquietantemente sexual de una cubeta de Duna: parte dos en 2024. Inspirado en las fauces abiertas de un gusano de arena alienígena, el diseño inspiró un sketch en Saturday Night Live sobre adolescentes con intenciones amorosas y llevó el mercado de las cubetas a niveles antes inimaginables. Ryan Reynolds, quien protagonizó y produjo las películas de Deadpool, más tarde intentó llevar el factor de perversión a otro nivel con una cubeta basada de manera sugerente en Wolverine, el rival de su personaje.

    Howard atribuye a la generación Z haber convertido las cubetas en un fenómeno. “De verdad les encantan las cubetas”, dijo. “Buscan experiencias que sean del momento, que se puedan usar como memes y que sean eventos emocionantes de lanzamiento limitado”.

    Pero hay evidencia de que la fiebre de las cubetas trasciende a la juventud. En mayo, una cubeta roja en forma de bolso para El diablo viste a la moda 2 se agotó durante el fin de semana de estreno de esa película, y muchas terminaron en manos de mujeres mayores que eran fanáticas de la película original de hace 20 años.

    El interés hizo que los cines se lamentaran por no haber pedido más. La demanda fue “increíble”, dijo David Haywood, vicepresidente sénior de estrategia de alimentos y bebidas de Cinemark. “Si pudiera repetir ese pedido, ni siquiera sé si habría un límite máximo que compraría”.

    Pedir muy pocas cubetas crea una poderosa sensación de escasez. Sin embargo, a veces las cubetas no se venden. La reciente Supergirl fue un fracaso, y también lo fue su cubeta, que presentaba a Lobo, el renuente compañero de la heroína, montando una motocicleta Spacehog. (Tal vez debieron haber hecho una cubeta del personaje principal de la película).

    En el mundo de las cubetas, los resultados pueden ser impredecibles. Amos del universo fue una decepción en taquilla el mes pasado, al igual que una de sus cubetas, el trono iluminado del supervillano Skeletor. Sin embargo, una segunda cubeta, del castillo Grayskull, fue un éxito. (Incluía un vaso desmontable para bebidas y un compartimento para dulces). Y las películas populares pueden tener cubetas que fracasan, como en el caso de Hoppers: Operación castor, de Pixar de Disney, y un recipiente con forma de presa de castores.

    Las cubetas malas son un dolor de cabeza para los cines. “Y entonces tenemos un problema de inventario para la salas locales”, dijo Vikki Neil, directora de mercadotecnia de Regal Global Entertainment, la segunda cadena de cines más grande de Estados Unidos. “¿Qué hacemos con esa mercancía? ¿La devolvemos? ¿La vendemos con descuento? Empieza a complicarse”.

    Pero en general, las cubetas traen abundancia. Regal dijo que sus ventas de mercancía superarían los 40 millones de dólares este año. Y las cubetas cada vez son más grandes. A finales de agosto, para el reestreno de Harry Potter y la piedra filosofal, la empresa de Howard revelará su cubeta más grande hasta la fecha, una réplica de 1,20 metros de largo de la escoba Nimbus 2000 de Harry. Se venderá por 50 dólares y, de alguna manera, almacenará 135 onzas de palomitas.

    Eso es el 270 por ciento de la capacidad del caballo de La odisea, que tiene capacidad para 50 onzas en su interior. (“Bastante promedio para una cubeta”, dijo Howard). Cabe señalar que una cubeta de papel convencional, tamaño grande, contiene 170 onzas de palomitas por volumen, o un poco más de 21 tazas.

    Eso suele ser irrelevante para los fans de las cubetas, que a veces no tienen ningún interés en las palomitas. Recientemente, en eBay, un lote de 20 cubetas que celebraban el estreno de El contador 2 –sobre un asesino experto que también es un contador público certificado en el espectro autista– se vendió por 550 dólares.

    Aun así, los fabricantes de cubetas están obligados a asegurarse de que sus palomeras coleccionables funcionen. “Es importante que funcionen como cubetas”, señaló Howard. “No queremos que se salga la mantequilla, y queremos que la gente pueda limpiar los granos de maíz. Tu mano tiene que poder entrar y tomar las palomitas”.

    Nicole Sperling cubre Hollywood y la industria de las plataformas de emisión en continuo. Ha sido reportera durante más de dos décadas.

  • En ‘La odisea’ y ‘Oppenheimer’, Nolan sabe que la civilización está en juego

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    En películas muy diferentes, la tendencia del director por jugar con el tiempo está al servicio de una preocupación mayor por los vínculos humanos a través de las épocas.

    A Hollywood le encantan los apocalipsis: el fin del mundo se abalanza sobre nosotros y nuestro héroe debe evitarlo. Pero el apocalipsis como destructor de la humanidad, aunque útil como drama para los guionistas, no es una definición estrictamente exacta.

    La palabra deriva de apokalypsis, un vocablo griego que significa “revelación”, un momento en el que el telón se corre hacia atrás y vislumbramos la realidad. Las ilusiones se desvanecen y surge algo oculto. Otra forma de decirlo podría ser esta: un apocalipsis no es el fin del mundo, sino el fin de un mundo y el comienzo de algo nuevo.

    Algunas de las películas de Christopher Nolan, como Interestelar y Tenet, encajan en la idea de apocalipsis de Hollywood: la humanidad está al borde de la destrucción, debido a una plaga o a un misterioso dispositivo del fin del mundo. Pero la verdadera pasión de Nolan, en casi todas sus películas, es la concepción más reveladora del apocalipsis. Es por eso que La odisea fue una opción tan obvia para que él la adaptara, y por lo que la película se siente como una obra complementaria a su largometraje anterior, Oppenheimer.

    En ambas películas, las ambiciones de Nolan se extienden mucho más allá de las historias individuales que cuenta, o incluso de las épocas en las que se desarrollan. Parece querer que consideremos a la humanidad como un todo, cómo estamos conectados a través de las eras y las civilizaciones. En estas dos películas, el apocalipsis en realidad llega. Sin embargo, los mundos de los personajes siguen girando después de que ruedan los créditos, y quedan irrevocablemente alterados. Ha comenzado una nueva era.

    El Odiseo de la película de Nolan es en muchos sentidos un héroe protomoderno, un hombre complicado pero virtuoso. Vive según la ley de la hospitalidad de Zeus –aceptar a todos los forasteros, pues podrían ser dioses– y espera que los demás hagan lo mismo. Mientras que en la antigüedad a un héroe se le definía por sus hazañas de fuerza más que por su carácter moral, este Odiseo cree en el honor, hasta el punto de asegurarse de que el animal que está a punto de cazar tenga una advertencia justa. Desprecia abiertamente la fijación de sus hombres por los “presagios y sacrificios” como formas de manipular el mundo; la deidad a la que adora es Atenea, la diosa de la sabiduría práctica y del aspecto intelectual del arte de la guerra.

    Gran parte de La odisea involucra el paso del tiempo, una de las fijaciones de Nolan. Todos son muy conscientes de los muchos años que Odiseo ha estado ausente de Ítaca, y la necesidad de Odiseo de olvidar su trauma lo lleva a perder la noción de los años en la isla de la ninfa Calipso. Pero lo que es más importante, los personajes de La odisea son conscientes de que viven en una época particular –la Edad del Bronce– en la que la civilización se sustenta en rituales como honrar a los muertos y en logros humanos como la alfabetización. Los personajes se dan cuenta de que su era se está desmoronando.

    Esto hace eco de la experiencia de los personajes en Oppenheimer. Al igual que Odiseo, el físico teórico J. Robert Oppenheimer es uno de los hombres más inteligentes del planeta, y sabe que las reglas que guían a su civilización parecen estar a punto de desmoronarse. Las nuevas tecnologías y descubrimientos están haciendo pensable lo impensable, y él se ve atrapado en ello, creando la bomba atómica sin comprender del todo, o tal vez sin ser capaz de aceptar, que no puede controlar lo que sucederá después.

    De manera similar, el Odiseo de Nolan considera que el momento en el que el caballo de Troya entró rodando a la ciudad de Troya –lo cual fue su idea, y llevó al fin del asedio y a la caída de la ciudad– fue, de manera bastante literal, un momento de apocalipsis que puso fin a una era. Odiseo le dice a su esposa, Penélope, que sabía exactamente lo que había hecho con este “regalo” a los troyanos: “La idea de un hombre, el ardid de un hombre para romper la ley de Zeus para siempre”. En ese acto, dice, “violamos todo lo que alguna vez fue sagrado entre las personas y convertimos una pelea en una cacería” que carece del honor en el que cree. Además, piensa que este acto inspiró a otros a ignorar la ley de Zeus, una ruptura que conducirá directamente al colapso de la Edad del Bronce, sumiendo al mundo en la oscuridad.

    Al igual que la bomba atómica, la distorsión de la ley de Zeus por parte de Odiseo conduce a la muerte masiva. Altera la línea del tiempo, aplasta la civilización, pone fin a una época. Y para Nolan, esto no es algo que haya sucedido una sola vez en la historia.

    Sus películas están llenas de exploraciones en las que el tiempo se repite, se pliega, se desliza y se invierte. En La odisea, los personajes citan repetidamente líneas que aparecerán más tarde en la Biblia: la ley de Zeus resuena en Hebreos 13:2: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. Al hacerlo, Nolan nos recuerda –al público contemporáneo– que las reglas que siguen estos personajes no solo fueron inventadas por ellos; son recurrentes en toda la civilización.

    En la película, Odiseo y Penélope hablan del futuro, de cómo se contarán sus historias y de lo que la humanidad perderá y recuperará. En otras palabras, para Nolan, estos personajes saben que forman parte de una larga cadena de civilizaciones en la que muchos de sus propios patrones se repetirán, tal vez, por ejemplo, en la creación de una bomba atómica que podría tanto poner fin a una guerra como aniquilar a la humanidad. Nunca más volverían los humanos a vivir en un mundo sin esa posibilidad.

    Las otras películas de Nolan también exploran una especie de contrato social cósmico. En El caballero de la noche, el Guasón obliga a los pasajeros de un barco a decidir si preservan su ética y mueren, o si renuncian a su moral para salvar su propio pellejo, una versión de dos acertijos filosóficos, el problema del tranvía y el dilema del prisionero. En Tenet, Nolan considera lo que le debemos al futuro al contar una historia sobre personas que intentan revertir un apocalipsis que aún no ha sucedido. En Interestelar, utiliza el concepto de tiempo en bucle para imaginar la conexión de un padre y una hija a través de las dimensiones que podría salvar a la humanidad de una plaga devastadora.

    Esta es otra forma de decirlo: Nolan hace películas apocalípticas en las que la revelación es que todos los humanos estamos conectados. Estamos vinculados entre nosotros en lo que nos debemos mutuamente, esos lazos sagrados que, una vez rotos, son difíciles de reparar. Y también estamos vinculados a aquellos en el pasado y en el futuro: lo que hacemos ahora es un eco de nuestros antepasados y tiene consecuencias para nuestros descendientes.

    En estas aspiraciones, La odisea tal vez sea la película más grandiosa de Nolan. Al igual que Oppenheimer, cuenta la historia del hombre más inteligente de la tierra, el cual se da cuenta de que ha ganado su batalla pero ha perdido la guerra, y que ha cambiado de forma inalterable el curso de la humanidad: una carga monumental casi demasiado grande para soportarla. Pero cuanto más majestuosas y épicas se vuelven las películas de Nolan, más humanista parece ser él también.

    Odiseo y Penélope discuten sobre el fin de su mundo. Pero el sol, deciden, volverá a salir. Tal vez cada nueva era nos dé la oportunidad de intentarlo de nuevo y salvarnos.

    Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Ha estado escribiendo sobre películas desde 2005.

  • Por qué busqué al comandante talibán contra el que combatí

    Por qué busqué al comandante talibán contra el que combatí

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    He participado en la muerte de unas seis personas. Tal vez siete. No sé si un hombre se desangró a un lado de la carretera o si lo llevaron a un médico. Pienso en él con frecuencia.

    Las muertes ocurrieron en el invierno y la primavera de principios de 2010, durante una de las operaciones más grandes de la guerra de Afganistán: la batalla de Marja. Yo, con 22 años, lideraba un equipo de francotiradores exploradores compuesto por siete Marines y un enfermero de la Marina.

    Es algo extraño, haber matado gente en un conflicto que duró 20 años y que, en última instancia, fue una derrota. La suma de semejante gasto de vidas humanas y el trauma que provocó dejó a Afganistán casi igual a como estaba en 2001, antes de que ninguna bota estadounidense llegara al territorio.

    Matar en la guerra a menudo se reduce a una mentalidad de “ellos o nosotros”, una postura defendible común en el combate de infantería. Pero también se nos ordenó “ganarnos corazones y mentes”, la estrategia estadounidense destinada a ganarse la confianza de la población y aislar a los talibanes. Tratar de generar buena voluntad mientras se libraban tiroteos junto a las casas de la gente resultaba profundamente confuso. Matar no era algo distante; se sentía profundamente personal.

    Los patrullajes requerían una evaluación constante de si alguien era amigo o enemigo, y largas horas mirando a través de visores de alta potencia para intentar determinar las intenciones y los ademanes de nuestros enemigos. Rara vez los veíamos con un rifle en las manos. Matar dependía de nuestros propios instintos y de una serie interminable de miedos. ¿Deberíamos dispararle a este hombre? ¿O no? ¿Qué pasa si no lo hacemos? ¿Morirán nuestros amigos por nuestra vacilación?

    También teníamos una cultura retorcida en la que matar te hacía ganar respeto, como si dispararles a los afganos fuera la prueba definitiva de que eras competente. Así que matábamos gente. Yo maté gente. Estas decisiones de apretar el gatillo fueron los pasos finales de nuestra participación en una estrategia que estaba condenada al fracaso incluso antes de que me desplegaran.

    Los talibanes, con su exclusión de las mujeres de la vida pública y su trato violento a las minorías étnicas, fracturaron a la sociedad afgana. Durante su ocupación de 20 años, Estados Unidos a menudo utilizó esto como justificación para prolongar la guerra, aunque rara vez abordó sus propios fracasos estratégicos y morales, ni el dolor y las pérdidas que le causaba a tantos afganos.

    Mi carrera periodística –la cual comenzó después de dejar el Cuerpo de Infantería de Marina– giraba en torno a tratar de entender por qué continuaba este ciclo sangriento. El periodismo era una forma de retroceder en el tiempo y entender qué había hecho y qué papel jugué en un conflicto que estaba lejos de terminar. Cuanto más veía, cuanto más aprendía, más vergüenza me producía mi contribución a este desastre a mis veintipocos años.

    Cubrir la guerra también significaba una cercanía sostenida con la violencia, las víctimas y el trauma, y, de vez en cuando, la deshonestidad pública que acompaña a los conflictos de manera casi inevitable. Ya había vivido lo suficiente en el Cuerpo de Infantería de Marina. Ya había llegado a mi límite con eso. Renuncié a mi trabajo, agotado.

    Pero en mayo, cuando me quedaban poco más de dos semanas en The New York Times antes de volver a la escuela para convertirme en profesor de inglés, aterricé en Afganistán. Había venido a hablar con la gente contra la que alguna vez luché: los talibanes.

    Mi razonamiento era sencillo. Aunque el Pentágono no emprendería ninguna reflexión significativa sobre estas décadas recientes de guerra, yo podía, al menos, hacerme responsable de mi participación en una estrategia mal concebida que dejó decenas de miles de afganos y estadounidenses muertos.

    Llevé recuerdos de una tienda de regalos cerca de mi casa en Rhode Island, los cuales obsequiaría a algunos funcionarios talibanes a quienes conozco desde hace casi media década. Corazones y mentes, después de todo, aunque esta vez como invitado y no como ocupante.

    Al final, quería hablar con el mulá Abdul Rahim Gulab, un comandante talibán al que conocí por casualidad en 2021, apenas unos meses después de que Kabul cayera ante los talibanes. Pero también habíamos peleado el uno contra el otro en febrero de 2010 en el sur de Afganistán.

    Sabía que tendría una versión de la batalla de Marja distinta a la mía. Tal vez tendría historias con sus propios héroes y amigos muertos que yo pudiera apreciar y respetar, historias en las que él tampoco podía dejar de pensar. Tal vez podría sentir lástima por él y no solo sentirme mal por seguir vivo cuando mis amigos murieron.

    El lado correcto

    Cuando aterricé en Kabul en mayo, un viceministro talibán del ministerio de información y cultura llamado Muhajer Farahi quiso hablar conmigo después de ver la solicitud que presenté para hablar con Gulab.

    No nos habíamos conocido antes. Pero sentado frente a mí en su oficina, Farahi me dijo que sus razones para luchar contra Estados Unidos eran simples: quería a los estadounidenses fuera de su tierra.

    Hablaba despacio y en voz baja, y evitaba el contacto visual. Su inglés era bueno. Dejó claro que su tiempo en la provincia de Farah, en el suroeste de Afganistán durante la guerra, o yihad, como los talibanes se refieren a su campaña militar de 20 años, fue difícil.

    “Estábamos del lado correcto”, dijo. “Luchábamos por nuestra fe”.

    Me disculpé por sus amigos muertos y por las personas inocentes que perdieron la vida en la guerra. Me miró y pensó por un momento antes de recordarme que yo era un soldado, un engranaje en una máquina que decidió invadir su país y quedarse. Fue lo más cerca que estuve de un perdón.

    Él quería hablar de otras cosas. Más que nada, se preguntaba cuántos estadounidenses había matado, y seguía desconcertado porque, aunque había visto detonar bombas caseras bajo nuestros vehículos blindados, los anuncios de bajas del Pentágono eran relativamente pocos. Asumía que Estados Unidos mentía sobre sus cifras de muertos.

    Le expliqué la compleja red de atención de emergencias a la que se podía llegar rápidamente en helicóptero. No pareció convencido. En cambio, dijo algo de lo que la mayoría de los talibanes se han hecho eco al hablar de mi época como Marine: no intenten invadir de nuevo.

    Le aseguré que Estados Unidos parecía haber pasado la página, pero él sacó a colación las guerras más recientes en las que el país se había involucrado.

    “No han aprendido”, dijo. “Miren a Irán y Gaza: están peleando por los israelíes. No les importan los derechos humanos”. Culpó al pueblo estadounidense por votar para llevar al poder a una larga fila de presidentes que comenzaron y continuaron las llamadas guerras eternas.

    Al salir a la luz cegadora del centro de Kabul, sentí lo que solo podría describirse como una extraña sensación de alivio. Me habían sermoneado, sí, pero en el fondo se sentía como si hubiera algún reconocimiento de nuestra humanidad.

    Eso parecía suficiente, por ahora. Era momento de hablar con Gulab.

    Hechos difíciles

    Cuando entrevisté a Gulab en 2021, no le revelé que había sido infante de marina. Lo entrevisté como reportero sobre sus días de combate. Confirmó cosas que yo sabía: cómo él y sus compañeros dejaban sus armas y nos saludaban como amigos en las calles, y que dependían de los niños para rastrear nuestras huellas hasta nuestros puestos de avanzada improvisados.

    Estos habían sido hechos difíciles de afrontar para mí en 2010, y todavía resonaban al escucharlos, en retrospectiva, de boca de un insurgente victorioso, un combatiente local que usó la astucia para derrotarnos, aunque nosotros estábamos mucho mejor armados que su grupo de 20 hombres. Sus tácticas formaban un rompecabezas que yo tenía que descifrar en cada patrulla para poder sobrevivir el día. Algunos de mis amigos no lo lograron.

    Cuando conocí a Gulab por primera vez, caminé hacia un muro de adobe en Marja como periodista. Como Marine más de una década antes, le había disparado a un joven en la cabeza en ese mismo lugar. Recordaba el último vistazo a su rostro antes del estampido de mi rifle de cerrojo. Mi mente no procesó que lo había matado hasta después, cuando alguien me dijo que habían encontrado su cuerpo arrastrado detrás de una esquina, junto con su arma.

    Gulab y yo tenemos casi la misma edad, ambos cerca de los 40 años. Se unió a los talibanes porque dos de sus hermanos murieron en combate. Uno de ellos es su foto de perfil de WhatsApp.

    Me uní a los Marines porque mi padre era un veterano de Vietnam que rara vez hablaba de la guerra, y porque yo era un niño bajito que creció en un pueblo agradable y fue a una buena escuela secundaria pública y quería demostrar mi valía.

    En mayo, cuando volví a contactar a Gulab, esta vez por teléfono, le conté la verdad sobre mi pasado: no solo era periodista, había luchado en Marja como infante de marina. Dijo que se había dado cuenta de eso cuando nos conocimos, dada la especificidad de mis preguntas.

    Se preguntaba qué quería ahora: “¿Qué sentido tiene volver a hablar?”.

    Gulab había ganado su guerra y cerrado ese capítulo con Estados Unidos mucho antes que yo. Ahora se preparaba para librar otro conflicto, esta vez contra Pakistán. Dirigía una gran unidad del Ejército afgano desde una base que todavía se conoce como Camp Dwyer, desde donde yo había volado en 2010 para luchar contra él y sus tropas de muyahidines.

    La base llevaba el nombre de un soldado británico: el cabo bombardero James Dwyer, quien tenía 22 años cuando su vehículo pasó sobre una mina dos días después de Navidad en 2006.

    Nuestra conferencia telefónica comenzó con cortesías antes de que su reticencia desapareciera y se mostrara dispuesto a hablar sobre el comienzo de la operación en Marja. Tenía curiosidad por conocer su versión de nuestras experiencias compartidas, incluido el destino de un francotirador talibán que Gulab habría conocido, o al menos del que habría oído hablar.

    Ese francotirador les había disparado a dos de mis Marines, incluido el sublíder de mi equipo, el primer día de la batalla. Era el anochecer. Estábamos en la azotea de un edificio de dos pisos, la única estructura de esa altura en kilómetros a la redonda. Recuerdo un sonido parecido al de un bate de béisbol al golpear carne cruda. Levanté la vista y vi a mi amigo Matt gritando. Le habían disparado en el brazo. Cerca de una semana después, acorralamos a ese francotirador hacia un huerto, donde presuntamente lo mató un ataque con dron. Pero 16 años después, todavía quería saberlo con certeza.

    Gulab comenzó a hablar, pero su escolta lo interrumpió y dijo, tajante, que compartir esos detalles era ilegal. En cambio, Gulab tenía sus propias preguntas, que involucraban a ese mismo francotirador. Dijo que estaba cerca cuando hirieron a mis compañeros, y recordaba informes de que dos “extranjeros” habían recibido disparos en esa azotea y habían caído de ella.

    “¿Murieron?”, preguntó.

    Le expliqué que ambos Marines habían sobrevivido a sus heridas, pero que Matt murió en un accidente de motocicleta en casa, poco más de un año después.

    “¿Por qué muchos soldados estadounidenses que combatieron en Afganistán y luego regresaron a su país se suicidan?”, preguntó Gulab. “He oído esto muchas veces. ¿Cuál es la razón?”.

    Era una pregunta que nos atormenta a muchos de nosotros. Intenté explicarle cómo cargábamos con el peso aplastante de nuestras propias expectativas destrozadas: habíamos crecido con la nostalgia de la Segunda Guerra Mundial y luego habíamos hecho algo de lo que se suponía que debíamos estar orgullosos. En lugar de eso, lo que obtuvimos de nuestros políticos y generales fueron evasivas y mentiras. Nuestros comandantes nunca pudieron explicar cómo nuestros despliegues, toda la violencia que cometimos y las pérdidas que sufrimos hacían que alguien estuviera más seguro en Estados Unidos.

    Nos dejaron para que resolviéramos todo por nuestra cuenta mientras ellos conseguían trabajos lucrativos en empresas de defensa y cobraban grandes honorarios en los circuitos de conferencias. Para algunas personas, fue demasiado para soportar.

    Los años de Gulab posteriores a la guerra no habían sido así en absoluto, dijo. “Nuestros muyahidines son lo opuesto, por la yihad que libraron y por los amigos que perdieron, están muy felices, porque nuestra yihad tenía un objetivo claro”.

    Aunque los talibanes habían ganado la guerra, ganar la paz había traído sus propias dificultades: Afganistán seguía en crisis económica y aislado de gran parte del mundo.

    “En cuanto a tu disculpa”, dijo, “debo decir que en ese entonces nuestra yihad era por Alá, y no nos preocupaba morir o resultar heridos. Tampoco nos afligimos por nuestros amigos que murieron o resultaron heridos, porque todos deseábamos ser mártires o resultar heridos en el camino de la yihad. Como las condiciones de ese entonces eran de guerra, a menudo morían o resultaban heridos civiles”.

    Deseé poder aceptar también las muertes de mis amigos y las consecuencias de mis propias acciones, en lugar de habitar una niebla de ira y amargura por una juventud desperdiciada. Gulab me dijo que esos sentimientos también existían en Afganistán.

    “En cuanto a los muyahidines que murieron a manos de ustedes, no sé si ellos o sus familias los perdonarían”, dijo Gulab. “Puede que esos civiles no perdonen a las fuerzas extranjeras, pero yo, personalmente, tengo mi propia autoridad y los he perdonado”.

    Pisé Afganistán por primera vez como cabo segundo, a los 20 años, en 2008. Los talibanes eran entonces sombras en la línea de los árboles, y personajes que aparecían en mis pesadillas mientras yo intentaba mantenerme con vida. En agosto de 2021, los vi darse la mano con un escuadrón de Marines estadounidenses mientras el ejército afgano se desvanecía, Kabul caía y mi guerra se perdía al fin, por completo.

    Ahora, quien alguna vez fue mi enemigo me ofrecía generosamente una especie de colofón a una línea que escribí en mi diario durante ese primer despliegue, hace 18 años: “Es difícil explicar este lugar, y siento que me va a tomar el resto de mi vida entender qué pasó aquí”.

    Al abordar mi vuelo de regreso a Estados Unidos, me di cuenta de que una profunda tristeza persistía en los rincones de mi mente. Estaba cansado, como si volver a librar mi guerra la hubiera, de alguna forma, reiniciado. Gulab y yo fuimos, en algún momento de nuestras vidas, dos personas, apenas hombres en ese entonces, que luchaban por razones muy diferentes. Tal vez fue suficiente que ahora lo viera, de una manera retorcida, más como un amigo que como mi enemigo.

    Unos días después en Rhode Island, mientras paseaba a mi perro en una noche húmeda de Nueva Inglaterra, mi teléfono vibró.

    Gulab me había enviado un mensaje de texto en pastún: “¿Ya llegaste a tu casa?”, preguntó.

    Le dije que sí.

    “Me alegra escuchar que llegaste a salvo”.

    Yaqoob Akbary y Safiullah Padshah colaboraron con reportería.

    Yaqoob Akbary y Safiullah Padshah colaboraron con reportería.

  • En la gala de corresponsales, Trump lanza insultos personales

    En la gala de corresponsales, Trump lanza insultos personales

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    Los momentos de cordialidad fueron fugaces y de alguna manera más extraños que aquellos en los que el presidente Trump lanzaba sus habituales insultos.

    El presidente no pudo evitar reconocer cuán extraño era todo.

    “¿Qué hacemos aquí?”, preguntó al comenzar su discurso en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca en Washington la noche del viernes. “¿Se supone que esto es divertido? ¿Se supone que debo ser serio? ¿Se supone que debo ser un comediante?”.

    Prometió un poco de todo.

    El discurso divagante que dio durante la hora siguiente dentro del Waldorf Astoria, la antigua sede del Trump International Hotel, estuvo lleno de ataques ad hominem contra sus enemigos políticos, chistes preparados que fracasaron y estribillos conocidos sobre la guerra contra Irán y la construcción del salón de baile de la Casa Blanca.

    En varios otros momentos se mostró optimista respecto a los medios de comunicación y afable con los cientos de periodistas sentados a su alrededor en el salón de baile, tres meses después de que su cena anual terminara en caos cuando un hombre armado irrumpió a través de un cerco de seguridad en el Washington Hilton al otro lado de la ciudad.

    Pero esos momentos cordiales fueron fugaces y de alguna manera más extraños que aquellos en los que lanzaba sus habituales insultos.

    El presidente que se presentó a una cena en honor al trabajo de los periodistas es el mismo presidente que la semana pasada declaró que a las “noticias falsas de NBC y ABC” se les deberían revocar sus licencias de transmisión. En un momento de la cena se pidió a los asistentes que aplaudieran al cuerpo de prensa del Pentágono. No se mencionó que el secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth, quien estaba en el salón, ha intentado expulsar a los reporteros del Pentágono al tiempo que el gobierno de Trump libra una nueva guerra.

    Este mes, el gobierno emitió citaciones en busca de registros telefónicos y testimonios ante un jurado de acusación de periodistas de The New York Times que escribieron artículos que revelaban preocupaciones de seguridad sobre el nuevo Air Force One de Trump donado por Catar.

    El Times dijo que el gobierno intentaba intimidar a sus reporteros y se defendió en los tribunales. El jueves, poco después de que un juez federal en Manhattan reprendiera al Departamento de Justicia por su manejo del asunto, el gobierno retiró las citaciones.

    Uno de los reporteros del Times que fue objeto de las citaciones, Tyler Pager, aceptó un premio en el escenario el viernes.

    El presidente le dio la mano a reporteros como Kaitlan Collins de CNN y Josh Dawsey de The Wall Street Journal mientras cruzaban el escenario para aceptar premios por su severa cobertura de la Casa Blanca.

    Un momento particularmente incómodo se produjo cuando Wolf Blitzer, de CNN, dio la bienvenida a un grupo de reporteros de The Wall Street Journal al escenario para aceptar un premio por su “valiente reportaje sobre la relación pasada del presidente Trump con el financiero Jeffrey Epstein” que “desencadenó la publicación de los llamados archivos de Epstein”.

    Blitzer le recordó a la multitud que “Trump rápidamente presentó una demanda de 20.000 millones de dólares contra el Journal, y reveló la dirección de la casa de la reportera Khadeeja Safdar. Su familia tuvo que ser reubicada. El Journal fue expulsado del Air Force One”.

    Mientras los reporteros recibían sus premios, Trump levantó las manos de manera teatral, como diciendo: “Bueno, qué se le va a hacer”. Una risa nerviosa se propagó por el salón de baile.

    La cena fue más pequeña, más fácil de mantener segura, y el Waldorf ofreció un salón más elegante. Trump le recordó al público que había sido dueño del lugar no hace mucho tiempo. “Es un salón de lujo”, dijo. “¿Ven esos hermosos candelabros? Puedo contarles todo sobre ellos, si quieren saberlo”.

    Contó algunos chistes sobre su gobierno.

    “Espero que todos finalmente hayan podido disfrutar de todo su muy delicioso solomillo de res, una res muy especial”, dijo para concluir. “Y quiero que todos sepan que Bobby Kennedy, que está justo aquí, atropelló personalmente a la vaca con su auto, la cortó en pedazos y la trajo aquí para que la comieran esta noche”.

    Sobre el secretario de Salud de la nación, el presidente añadió: “Es un tipo de persona muy diferente”.

    Los momentos de humor presidencial contra su propia persona fueron muy escasos.

    A medida que la hora se alargaba, su discurso se volvió duramente político y bastante cruel. Se burló de la apariencia y las carreras de reporteros individuales, algunos de los cuales estaban en el salón, pero gran parte del discurso tuvo poco que ver con la prensa. Amplió el foco para atacar a sus antiguos enemigos políticos y celebridades que no tenían nada que ver con la cena.

    “Odio a algunas personas”, dijo Trump mientras comenzaba a atacar a Adam Schiff. Otros de los que recibieron una tunda incluyeron a Rosie O’Donnell, Alexandria Ocasio-Cortez, Chris Christie y Jerry Nadler. No era tanto que el presidente estuviera contando chistes sino más bien repitiendo líneas de ataque que se escuchan en un mitin típico del movimiento MAGA.

    Hubo pocas risas en el salón a medida que el discurso del presidente adoptaba un tono más duro. No muchas personas se rieron cuando comparó los “rostros golpeados en serio” de peleadores de la UFC con los de Bette Midler, Jane Fonda y Bruce Springsteen.

    Trump pareció darse cuenta de que estaba perdiendo al público. Después de que un chiste que contó sobre la gerontocracia en el Capitolio fracasara, dijo: “Esa fue en realidad la única cosa que pensé que era buena en todo este maldito y estúpido discurso. Era el único bueno, y no fue recibido precisamente con grandes risas”.

    Levantó los brazos con exasperación y la gente empezó a reírse de nuevo.

    A medida que su discurso llegaba a su conclusión, sacó una gorra y con un ademán teatral se la plantó en la cabeza. Decía, “Trump 2028”. Algunos aplaudieron. Otros se rieron. La mayoría de los reporteros simplemente se quedó mirando al frente.

    Michael M. Grynbaum colaboró con la reportería.

    Shawn McCreesh es un reportero del Times en la Casa Blanca que cubre al gobierno de Trump.

    Michael M. Grynbaum colaboró con la reportería. Shawn McCreesh es un reportero del Times en la Casa Blanca que cubre al gobierno de Trump.