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  • Trump da por terminado el alto el fuego entre EE.UU. e Irán luego de que ambos países intercambiaran fuertes ataques

    Trump da por terminado el alto el fuego entre EE.UU. e Irán luego de que ambos países intercambiaran fuertes ataques

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    Trump apunta con un dedo al aire en la cumbre de la OTAN.

    Getty Images
    Trump afirma que el alto el fuego ha terminado y llama “escoria” a los líderes iraníes.

    El acuerdo de alto el fuego con Irán “ha terminado”. Esas fueron las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en declaraciones previas a la cumbre de la OTAN que se celebra estos días en Turquía y tras el intercambio de ataques entre ambos países.

    Trump calificó a los líderes iraníes de “escoria” y “locos”, y dijo que los negociadores estadounidenses podían continuar las conversaciones “si querían”, pero que consideraba “una pérdida de tiempo” tratar con la parte iraní.

    “Ya no quiero tratar con ellos; son escoria”, declaró el presidente estadounidense durante una cumbre de la OTAN en Turquía. “Son gente enferma, están dirigidos por gente enferma… Por lo que a mí respecta, esto se ha acabado”.

    A última hora del martes, Estados Unidos informó de que había atacado más de 80 objetivos iraníes tras las agresiones contra tres petroleros en el estrecho de Ormuz. Irán no ha reivindicado directamente la autoría de los hechos.

    En respuesta, Irán declaró que estaba atacando instalaciones militares estadounidenses en Baréin y Kuwait.

    El mes pasado, Teherán y Washington firmaron un memorando de entendimiento de 14 páginas con el objetivo de prorrogar el alto el fuego y poner fin al conflicto “en todos los frentes”.

    Un acuerdo que, según Trump, estaría roto ahora. “Llegamos a un acuerdo. Ellos [Irán] salen, hablan con la prensa y dicen: ‘Ni siquiera hablamos de eso’. Algo les pasa. Están locos. Por mi parte, se acabó”.

    Estados Unidos también anunció que había revocado la suspensión temporal de las sanciones a las ventas de petróleo iraní.

    Los precios del petróleo se dispararon alrededor de un 6% tras los comentarios de Trump, lo que empañó el ánimo en otros mercados financieros, aunque todavía están muy por debajo de los máximos alcanzados durante el cierre total del estrecho de Ormuz, una vía marítima clave.

    Estados Unidos e Irán reanudaron los combates a última hora del martes y durante la madrugada del miércoles, en el peor intercambio desde que firmaron un acuerdo provisional en junio.

    Msiles fabricados por las fuerzas armadas de Irán junto a una hilera de banderas iraníes durante las conmemoraciones del aniversario de la Revolución Islámica de 1979.

    Getty Images
    No es la primera vez que se producen ataques tras la firma del memorando de entendimiento el 17 de junio.

    El portavoz de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf, acusó a Estados Unidos de incumplir su Memorando de Entendimiento (MdE) sobre este y otros asuntos, incluidos los ataques en el sur de Irán y la “violación de los acuerdos iraníes en el estrecho”.

    “La era del acoso y la extorsión ha terminado. No lleva a ninguna parte. No nos rendimos”, afirmó.

    No es la primera vez que se producen ataques tras la firma del memorando de entendimiento el 17 de junio.

    Estados Unidos lanzó ataques el 25 de junio después de que un proyectil iraní impactara un buque de carga en el estrecho de Ormuz, a lo que Estados Unidos respondió con una serie de bombardeos contra Irán. Para el 29 de junio, ambas partes acordaron cesar las hostilidades.

    Uno de los 14 puntos del Memorando de Entendimiento es el “cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes”.

    Ambas partes habían continuado las negociaciones sobre los términos para poner fin de forma definitiva a la guerra, pero las conversaciones se interrumpieron durante las ceremonias fúnebres celebradas en Irán e Irak en honor al difunto ayatolá Alí Jamenei, que murió el primer día de los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán.

    Este miércoles se están celebrando ceremonias en Irak, y el jueves tendrán lugar los ritos funerarios y el entierro en Mashhad, en el noreste de Irán.

    No está claro cuándo se reanudarán las conversaciones tras esta última ronda de ataques, ya que Trump respondió a una pregunta sobre si las conversaciones se reanudarían después del funeral con: “No me importa”.

    “Francamente, no quiero perder el tiempo con ellos. Ahora bien, dejaré que nuestros maravillosos negociadores sigan hablando si quieren, pero no lo veo posible”, dijo Trump.

    “En mi opinión, es una pérdida de tiempo tratar con ellos. Son unos mentirosos.”

    Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

    Línea gris de separación

    BBC
  • La cruzada por el divorcio

    La cruzada por el divorcio

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    Aún no tenía todos los detalles, pero Adina Sash vio su oportunidad de lanzarse.

    Sash, una judía ortodoxa conocida en las redes sociales como Flatbush Girl, recibió un mensaje tras otro en Instagram aquel día de marzo. Un hombre que se hacía llamar Nathan Gettisberg había aparecido en un popular pódcast para hablar sobre el divorcio judío. Varios oyentes lo habían reconocido y sabían que estaba usando un seudónimo.

    Su nombre verdadero, le dijeron a Sash, era Raphi Stein, y estaba inmerso en una separación muy conflictiva. Creían que no le había concedido a su mujer un “get”, el divorcio religioso que muchos judíos ortodoxos consideran más importante que el civil.

    Sash, de 38 años, es una defensora acérrima de las agunot (literalmente, “mujeres encadenadas”). Ahí estaba un hombre –según Sash, alguien que se negaba a conceder el get– charlando educadamente sobre el divorcio judío ante una de las audiencias más grandes que se puedan imaginar para esta comunidad.

    “Fue sádico y presuntuoso”, recuerda haber pensado Sash.

    Así que se puso manos a la obra. No intentó ponerse en contacto con la esposa de Stein, Adeena Kohn. Tampoco se dirigió a Stein. En su lugar, empezó a publicar críticas contra la red de pódcasts Living L’Chaim y a sondear a sus 100.000 seguidores en busca de pedir información sobre el caso.

    “Ni siquiera sabía que se llamaba Adeena”, dijo Sash. “Solo lo supe un día después de hacerlo público”. Al poco tiempo, Sash recibió noticias de una amiga íntima de Kohn, que le explicó que la mujer quería mantener su privacidad.

    Para Sash, eso no supuso ningún problema. Llevaba años organizando campañas en defensa de las agunot, y a veces incluso le pagaban por su trabajo. Pero en este caso, con toda la atención centrada ya en Stein y sin la participación de Kohn, Sash decidió recaudar fondos de forma colectiva para librar una batalla. (A través de un representante, Kohn declinó hacer comentarios para este artículo.)

    Al principio, probó con sus tácticas habituales: publicaciones en redes sociales destinadas a avergonzar al acusado sobre la negativa a conceder el get. Pero después de que el presentador del pódcast se disculpara a mediados de abril por haber invitado a Stein, la gente empezó a dejar de prestar atención.

    “Las visualizaciones empezaron a caer en picado”, dijo Sash.

    Sabía que tenía que hacer algo impactante. En una convocatoria en Instagram, pidió a las mujeres judías que mostraran su “erva”, su desnudez, para señalar cómo se podía abusar del divorcio judío para controlar los cuerpos de las mujeres.

    A principios de mayo, la “carne prohibida” empezó a aparecer en la página de Instagram de Sash. Había pechos y caderas; ombligos y nalgas; hombros y muslos; un codo e incluso un meñique, todos prohibidos por las leyes religiosas judías relativas a la modestia física.

    Las imágenes, de unas 200 mujeres, pasaron a formar parte de su campaña en Instagram, “Gett Naked”. Las fotos se difundieron rápidamente desde la página de Instagram de Sash a través de los grupos de WhatsApp donde los judíos ortodoxos se reúnen y compartien chismes en línea, lo que desencadenó innumerables debates sobre si Sash y las mujeres –muchas de las cuales eran ultraortodoxas, según Sash– habían ido demasiado lejos.

    “La atención no es lo mismo que la justicia”, escribió la educadora ortodoxa Talia Avrahami en The Times of Israel. “Una táctica no se vuelve ortodoxa simplemente porque la causa que la motiva sea digna de simpatía”.

    Sash es una figura hipermoderna surgida de un mundo tradicional, que ha sabido convertir un antiguo concepto jurídico-religioso en una causa célebre en línea. Combina la intensidad apasionada de una activista con el conocimiento de la economía de la atención propio de una influencer. Y aplica esa combinación de estridencia y espectáculo digital a un mundo ultraortodoxo que utiliza la vergüenza como un poderoso instrumento de coerción, y en el que las mujeres tienen muy poco poder.

    El clamor que genera Sash incomoda a mucha gente, sobre todo porque el mundo laico solo presta atención a los ultraortodoxos cuando algo sale mal. Y algunos miembros de la comunidad de Sash la critican por ser una especie de empresaria moral, que convierte un asunto doloroso para una comunidad cerrada en un espectáculo en línea para su propio beneficio.

    “A veces, las situaciones realmente difíciles requieren medidas realmente audaces”, dijo Jennifer Lankin, directora ejecutiva de la Organización para la Resolución de las Agunot, una organización sin fines de lucro de Nueva York fundada en 2002, que también defiende a las agunot. “Pero el enfoque también importa”.

    La pregunta que plantea Adina Sash es, pues, antiquísima: ¿cuándo el fin justifica los medios?

    Sash se crió en Flatbush, en una comunidad ortodoxa, donde recibió mensajes contradictorios sobre hasta qué punto debía ser respetuosa con la tradición. Sus padres tenían, cada uno, un pie firmemente plantado en el mundo laico: su madre es psicóloga clínica en el Brooklyn College y estudia a los judíos que abandonan el ultraortodoxismo, y su padre enseña al personal ultraortodoxo de B&H Photo cómo adaptarse a un entorno laboral moderno.

    La mandaron a un colegio para niñas ultraortodoxas, donde se esperaba que aprendiera a ser, como ella misma dice, “refinada, recatada, sumisa y domesticada”. Al mismo tiempo, los padres de Sash le dijeron que ignorara las cosas del colegio que no le gustaran, y Sash tenía una vena rebelde.

    “Soy muy poco sumisa”, dijo.

    Internet hizo imposible mantener a Sash alejada del mundo exterior. A los 10 años, descubrió un foro en línea dedicado a la serie de ciencia ficción Animorphs y entabló amistad con gente no judía de todo el país.

    En 2005, poco después de graduarse de la secundaria, Sash se casó con su esposo, Chaim, porque “en realidad solo quería tener sexo”, dijo.

    Estudió en el Brooklyn College y obtuvo una maestría en literatura medieval antes de empezar a trabajar como vendedora en una boutique nupcial de lujo para mujeres ortodoxas. Era un entorno exigente que la obligaba a aprender a vender con insistencia a clientas con expectativas a veces extremas o contradictorias. Se destacó, pero no le gustaba lo que eso representaba: una aceptación irreflexiva de lo que Sash llamaba “la superficialidad femenina”.

    En 2015, renunció y empezó a crear contenido cómico para las redes sociales, centrándose en temas relacionados con las mujeres. Protestó contra la prohibición en los medios ortodoxos de mostrar los rostros de las mujeres y contra las normas que impedían a las mujeres cantar delante de los hombres. En 2021, una amiga le habló a Sash de una aguna llamada Chava Sharabani.

    Por aquel entonces, Sash apenas conocía el concepto de la negación del get, y al principio se sentía un poco indecisa a la hora de adoptarlo como causa feminista. Tampoco estaba segura de hasta qué punto el problema estaba realmente extendido.

    De hecho, no es un problema fácil de cuantificar. La Organización para la Resolución de las Agunot trabaja en unos 75 casos activos de negación prolongada del get en cualquier momento dado, y afirma haber obtenido el get para unas 550 personas. En los últimos años, la llegada de los acuerdos prenupciales religiosos ha aliviado el problema, pero la amenaza de la negación del get se cierne sobre cualquier matrimonio tradicional que carezca de ese tipo de acuerdo.

    Mientras Sash reflexionaba sobre su propia relación, llegó a la dolorosa conclusión de que ella también estaba a merced de los caprichos del rabinato y de su esposo.

    “Es casi como si empezaras a sentirte prisionera en tu propio matrimonio, aunque estés felizmente casada”, dijo.

    Así que empezó a publicar sobre Sharabani. Enseguida se dio cuenta de que había dado con un tema del que la gente estaba mucho más dispuesta a hablar que de cualquiera de sus campañas anteriores.

    “Nunca antes había visto unos niveles tan altos de interacción”, dijo. “Y me quedé alucinada, tanto desde el punto de vista de la psicología del marketing como en lo que respecta a los derechos de las mujeres”.

    Sash se volcó de lleno en la defensa de esta causa, y su esposo la ayudó a redactar algunos de sus primeros guiones.

    Chaim Sash, ejecutivo de marketing, dijo que algunas de las campañas de su mujer lo habían hecho sentir incómodo, pero que, en general, el trabajo de su esposa lo inspira.

    “No soy ese tipo de hombre controlador”, dijo. “Estoy muy contento de que pueda expresarse y hacer lo que le gusta. Incluso cuando me siento incómodo”.

    El momento decisivo para Sash llegó en marzo de 2024, cuando convenció a un grupo de mujeres ortodoxas para que se declararan en “huelga de mikvé” –es decir, que se abstuvieran de tomar el baño sagrado que se exige tras el final del ciclo menstrual y antes de las relaciones sexuales– hasta que una mujer llamada Malky Berkowitz recibiera su get. Una especie de Lisístrata moderna, la huelga atrajo la atención de los medios nacionales, así como la reprimenda de Hershel Schacter, un destacado rabino ortodoxo y profesor de la Universidad Yeshiva, que la calificó de “una receta para el desastre”.

    Pero en septiembre, Berkowitz recibió su get. Hoy en día, Sash calcula que ha sido la principal defensora de unas 50 agunot y ha participado en campañas en favor de otras 50.

    “Sin Adina, estaría perdida”, dijo Molly Bires, una mujer de Chicago que contrató a Sash en 2024 para que la ayudara a obtener el get de su marido. “Probablemente todavía no tendría el get”.

    Cuando se grabó el pódcast, Stein y Kohn llevaban años separados. Según los registros judiciales, en el verano de 2020, Adeena Kohn fue internada en el hospital para recibir tratamiento por psicosis posparto. Cuando le dieron el alta, quiso pasar un tiempo con su madre, y Kohn, Stein y sus tres hijos pequeños viajaron desde su casa en Montreal hasta Monsey, Nueva York.

    Tras varios meses, Stein –que creía que la estancia en Monsey sería temporal– empezó a insistir en volver a Montreal, y Kohn se negó. La relación de la pareja se deterioró, y empezaron a pelearse por los pasaportes de sus hijos, según los documentos judiciales. En octubre de 2021, Kohn presentó una demanda de divorcio.

    Se desató una disputa por la custodia y el proceso se volvió muy hostil. Stein demandó a Kohn ante un tribunal federal para que los niños volvieran a Canadá bajo el Convenio de La Haya sobre los Aspectos Civiles de la Sustracción Internacional de Menores. (El juez falló en contra de Stein basándose en que los niños estaban, a efectos prácticos, establecidos en Monsey, aunque se mostró “bastante comprensivo con la situación de Stein”). Kohn recurrió a un destacado tribunal rabínico para que citara a Stein a comparecer y llegar a un acuerdo sobre el get. Stein se negó, alegando que no aceptaría un divorcio judío hasta que se resolviera el caso civil, y encontró a un rabino en Monsey que fallara en contra del tribunal rabínico. La pareja se encontraba en un punto muerto.

    Así seguía la situación una noche sofocante de mayo, cuando Sash llegó a un enclave ultraortodoxo de Monsey para protestar contra el rabino local que, según dijo, estaba protegiendo a Stein de las consecuencias de negarse a conceder el get.

    “Esta red es lo que le da fuerzas y le hace sentirse intocable, como si lo que hace no tuviera consecuencias”, dijo.

    Mientras Sash descargaba su coche, decenas de niños ultraortodoxos se reunieron al otro lado de la calle para mirar boquiabiertos, con las prendas de oración asomando por debajo de sus camisetas polos.

    Frente a la casa del rabino estaba estacionado un camión que Sash había pagado gracias a su campaña de microfinanciación “Free Adeena”, equipado con grandes pantallas LED y altavoces. En él se mostraba la imagen de un faraón egipcio. “Raphi Stein”, decía. “¡Deja marchar a Adeena!”. La policía de Ramapo, a la que Sash había avisado, esperaba cerca.

    Cuando empezó a llover, Sash, con un vestido hasta la rodilla decorado con pequeños unicornios de colores, marchaba de un lado a otro por la calle, gritando. Su cabello natural, que deja parcialmente al descubierto bajo la peluca, se había encrespado con la humedad. Hombres y mujeres se asomaban desde las ventanas del segundo piso de sus casas, observándola en silencio mientras ella caminaba de un lado a otro por la acera.

    “¡Estamos defendiendo a una víctima de abuso religioso! ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!”

    Llegaron más manifestantes, al igual que un grupo de adolescentes ortodoxos en bicimotos que estaban allí con la esperanza –suscitada por la campaña “Gett Naked”– de la posibilidad de ver mujeres desnudas.

    Se armó un gran alboroto. Se oían bocinazos de un autobús escolar bloqueado por el camión con pantalla LED, y bocinazos de una caravana de todoterrenos que parecían intentar bloquear el camión. Todo esto se mezclaba con las consignas de los manifestantes y un estribillo pregrabado que salía de un boombox que habían traído los adolescentes: “¡Liberen el pezón!”. Y entonces, por encima de todo, se alzó una voz masculina grave desde los altavoces del camión.

    “¡Cinco años de lágrimas, cinco años esperando una oportunidad, ya basta!”, retumbó la voz grabada, antes de pasar al yiddish. “¡Achtung, Achtung!”

    El activismo de Sash no es barato. Aunque dice que trabaja con una tarifa variable, sus precios públicos incluyen 750 dólares por una consulta inicial y 7500 dólares por contratarla como asesora legal. (ORA, por el contrario, no cobra honorarios).

    Una de las razones por las que Sash dice que necesita cobrar es porque la demandan con mucha frecuencia. En abril, Raphi Stein, que se representaba a sí mismo, demandó a Sash ante la Corte Suprema del Estado en el condado de Rockland, acusándola de difamarlo, de revelar sus datos personales y de hacer que perdiera su trabajo.

    Otra gran diferencia entre el trabajo de Sash y el de los grupos de defensa tradicionales, como ORA, es que a veces se ocupa de casos de negación del divorcio sin que la propia aguna participe directamente. Para los defensores tradicionales, este es el mayor de los tabúes de Sash.

    En el caso de Adeena Kohn, la cosa es un poco ambigua. Sash es esquiva respecto a sus contactos con Kohn: “No estoy en contacto con ella, y si lo estuviera, no te lo diría”, dijo. Pero la demanda de Stein sostiene que Kohn y su familia proporcionaron a Sash “la base factual de su campaña”, incluyendo información personal y fotografías.

    Aunque Sash es estratégica, también admite que toma algunas decisiones de forma impulsiva. La idea de la campaña “Gett Naked”, por ejemplo, se le ocurrió a Sash en febrero, dijo, cuando empezó a hacerse fotos atrevidas para enviárselas a su marido –una forma de darle un poco de chispa a un matrimonio de 20 años–.

    Entonces, una mañana, Sash ató cabos, así de simple: la forma de conseguir que más gente prestara atención al caso de Kohn eran cientos de fotos provocativas.

    “Fue simplemente un destello de inspiración, y desde que se me ocurrió hasta que lo publiqué fue algo muy impulsivo y cuestión de minutos”, dijo.

    Por los mensajes que acompañaban a las fotos, estaba claro que Sash había desatado un torrente de emociones reprimidas. Había antiguas agunot, esposas de rabinos que estaban furiosas con sus esposos por ignorar el problema, y amenazas de desenmascarar a hombres ultraortodoxos al salir de clubes de striptease. En cierto modo, las mujeres parecían estar enojadas no solo con los que se niegan a otorgar el get, sino con toda la organización basada en el género del judaísmo ortodoxo en sí, en la que hombres y mujeres se sientan separados durante la oración

    De vuelta en Monsey, el cielo se había oscurecido y la lluvia caía con más fuerza. Los adolescentes ortodoxos se habían acercado para enfrentarse a algunos de los manifestantes, discutiendo sobre las motivaciones de Sash, si toda la campaña solo se hacía para llamar la atención, si Adeena Kohn también tenía la culpa, al fin y al cabo, toda historia tiene dos versiones.

    Entre consignas, Sash repartió sus carteles a algunos de los adolescentes que la miraban con lascivia. Si estaban allí por razones poco nobles, al menos podía hacer que en sus historias de Instagram pareciera que apoyaban su causa. (Al momento de escribir este artículo, la cuenta de Instagram de Sash está inactiva, lo que, según ella, se debe a las denuncias masivas de su contenido por parte de opositores de la comunidad ultraortodoxa).

    Cerca de allí, un joven con kipá y una camiseta verde en la que aparecía George Washington con armadura militar moderna y un rifle en la mano, junto a un eslogan misógino sobre la Revolución Americana, estaba discutiendo con un grupo de mujeres. Decenas de espectadores lo estaban grabando. Exasperada, una manifestante sacó a relucir una “opción nuclear” de carácter sexual: tal vez las mujeres judías, oprimidas por la denegación del get, se casarían con hombres no judíos, sugirió. Al fin y al cabo, sus hijos serían judíos, según la ley religiosa.

    “¿Por qué no habría de protegerme?”, dijo.

    El espectáculo resultaba impactante y un poco peligroso, como si Sash hubiera puesto en marcha fuerzas que ya no podía controlar.

    Entonces, a principios de junio, se supo que el divorcio civil entre Adeena Kohn y Raphi Stein estaba a punto de resolverse. Y que Stein le había otorgado el get a Kohn.

    En un correo electrónico, Stein insistió en que la campaña de Flatbush Girl en su contra no tuvo nada que ver con el acuerdo.

    “Al contrario de lo que ella dice de ayudar a las agunot, sus actividades contribuyeron a reforzar mi posición en la negociación”, dijo. Iba a seguir persiguiendo a Sash en los tribunales.

    Pero poco después de recibir el get, Sash recibió un mensaje por Instagram de Ahuva Kohn, la hermana de Adeena.

    “Tus métodos fueron poco ortodoxos, por decir lo menos, pero demostraste tu punto porque le conseguiste su get”, escribió. “Gracias por rescatar a mi hermana”.

    Joseph Bernstein es reportero del Times que escribe artículos de fondo para la sección de Styles.

  • Te amo, pero no quiero ir de vacaciones contigo

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    Algunas personas consideran que es una señal de alarma si alguien viaja sin su media naranja. Otras lo ven como una práctica saludable que permite el autodescubrimiento.

    Antes de sentar cabeza con el que ahora es su esposo, Katie Williams, de 36 años, dejó algo claro: tenía planeado hacer un viaje grande por su cuenta, además de varios más cortos, cada año.

    A Williams comenzó a interesarle viajar sola cuando tenía veintitantos. Pasó un año visitando 30 países, repartidos por cuatro continentes, por su cuenta.

    “Me llena de energía”, dijo Williams, que ahora vive en Boise, Idaho, y trabaja como bloguera de viajes. En los ocho años que llevan juntos ella y su esposo, se ha ido sola a otros 40 viajes más o menos: a Egipto, India y las Maldivas.

    “La gente dice: ‘¡No puedo creer que hagas esto sin tu esposo!’”, dijo Williams. “Piensan que es una señal de alarma, o que tenemos una relación horrible o algo así. Pero yo, personalmente, creo que puedes tener una relación más sólida si eres capaz de ser un individuo dentro de ella y hacer lo que te gusta”.

    Viajar en solitario es un negocio en auge y un tema muy popular en las redes sociales. Hay más de dos millones de videos con el hashtag #solotravel en TikTok, muchos de los cuales ensalzan las virtudes de lanzarse a la travesía por tu cuenta. ¡Aventura! ¡Autodescubrimiento! ¡Libertad!

    Pero irte de vacaciones a solas cuando tienes una relación estable suscita reacciones más encontradas, y a menudo bastante acaloradas. En Reddit, los usuarios advierten que querer viajar sin tu media naranja es un presagio de ruina matrimonial: “el principio del fin“. Algunos se preguntan con remordimiento si son unos egoístas por querer viajar solos. Otros defienden a gritos que querer pasar todas las vacaciones juntos es un signo de codependencia.

    Los terapeutas de parejas dicen que todas esas dinámicas pueden ser ciertas.

    “Viajar por separado no es intrínsecamente bueno ni malo”, dijo Justin Pere, quien tiene un consultorio de terapia en Seattle. “Simplemente amplifica lo que ya está pasando en la relación”.

    ¿Por qué atraen tanto los viajes en solitario a las parejas?

    Viajar en solitario puede despertar grandes emociones en las parejas porque las obliga a lidiar con el equilibrio entre la autonomía y la interconexión en su relación, dijo Tracy Dalgleish, psicóloga y terapeuta de parejas en Ottawa, Canadá.

    “Existe la idea errónea de que, en las relaciones sanas, las parejas lo hacen todo juntas”, dijo, “pero en realidad todo se reduce a las necesidades individuales”. Algunos tenemos una gran necesidad de independencia, de libertad y de poder tomar decisiones por nuestra cuenta, añadió Dalgleish. Otros, no tanto.

    Pere recomienda a parejas que estén pensando en viajar en solitario que se pregunten con antelación qué les podría ofrecer el tiempo separados. ¿Unos días de silencio maravilloso? ¿La oportunidad de dedicarte a una afición que a tu pareja no le interesa? ¿Tiempo para volver a conectar con tu querida tía Sally?

    Cuando uno de los dos quiere viajar solo, eso puede “interpretarse fácilmente como un rechazo, aunque no sea esa la intención”, dijo Pere. “Es importante tomarse un respiro y preguntarse qué significa, en lugar de dar por hecho que es algo negativo”.

    Pensar en otras formas de dar prioridad a tu relación también puede ayudar a evitar que se hieran los sentimientos, dijo Dalgleish, y señaló que tu pareja puede molestarse ante la idea de que viajes a solas si existe la sensación de que pasan poco tiempo juntos.

    Al menos una vez al año durante los últimos cinco años, Alli Hill, de 39 años, ha dejado a su esposo y a sus dos hijos en casa, en Toccoa, Georgia, para pasar un fin de semana con su madre en el Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes. Hill, una escritora independiente que se describe a sí misma como el elemento que une a su familia, dijo que es una de las pocas ocasiones en las que puede alejarse de sus obligaciones de crianza y cuidado de sus hijos y disfrutar plenamente del tiempo con su madre.

    Reconoce que un fin de semana no es una escapada especialmente larga, pero es el descanso más largo que cree que puede permitirse, al tener en cuenta la agenda y el presupuesto de su familia. También ha animado a su esposo a que pruebe viajar solo: un par de veces al año, él pasa una semana pescando en Florida con su padre.

    En los viajes en familia, “siempre hay que ceder en algo”, dijo Hill. Poder simplemente “hacer lo tuyo” es bueno para el matrimonio, afirmó, ya que les recuerda quiénes son por separado y lo que significan el uno para el otro.

    “Nos echamos de menos”, dijo.

    El tiempo que pasan separados puede reavivar esa ‘energía de cuando salían’

    Lisa Marie Bobby, terapeuta matrimonial y familiar con licencia en Denver, es una firme defensora de los viajes en solitario, e incluso dice que es “algo extremadamente saludable que todas las parejas deberían, al menos, plantearse”.

    Viajar por separado no solo permite a las parejas aceptar sus diferencias, dijo, sino que puede ayudar a reintroducir un poco de novedad.

    “Cuando la persona vuelve de una aventura, está emocionada”, dijo Bobby. “Aparece esa nueva dimensión de volver a conocer a esa persona tan interesante desde cero”. Esa emoción puede ayudar a recuperar algo de esa “energía de cuando salían” que, sobre todo, las parejas que llevan mucho tiempo juntas echan de menos y anhelan.

    Dicho esto, quienes opinan sobre los viajes en solitario en internet no se equivocan: hay situaciones en las que viajar solo puede agravar problemas importantes en la relación.

    “He trabajado con parejas en las que ha habido traiciones de confianza”, dijo Bobby. “Por ejemplo, alguien que se está recuperando de una adicción al sexo. O ha habido infidelidades en el pasado. No diría que viajar por separado sea ahora algo imposible. Pero sí hay que gestionarlo de otra manera” en estos casos.

    Bobby dijo que tiene clientes que han aceptado que se les haga seguimiento de su ubicación y enviar breves videos en tiempo real de dónde están y qué están haciendo si su pareja, que se quedó en casa, lo pide.

    Incluso quienes tienen relaciones felices y estables deberían prestar atención a la línea que separa la independencia sana de la evasión, advirtió Pere.

    “Cuando se empieza a sentir alivio por estar lejos el uno del otro”, dijo, “eso puede ser una señal de distancia emocional”.

    Williams, la bloguera de viajes, dice que a veces se siente culpable por estar lejos de su esposo y su hija, pero que siempre se esfuerza por cuidar su lazos. La pareja acude a terapia juntos una vez al mes para mantener la relación. Y se proponen hacer al menos un viaje grande juntos al año.

    Pero hay algo en emprender un viaje sola que le da un subidón de energía total, dijo Williams: ver sitios nuevos, conocer a gente nueva y “aprender constantemente” de formas que no siempre suceden cuando tiene a su esposo para apoyarse.

    “Sin duda, vuelvo más en sintonía conmigo misma”, dijo, “y creo que eso se nota en que soy mejor pareja y mejor madre”.

    Catherine Pearson es reportera del Times y escribe sobre temas de familia y relaciones.

  • Opinión: ¿Cuál es el secreto de la felicidad en los países nórdicos?

    Opinión: ¿Cuál es el secreto de la felicidad en los países nórdicos?

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    ¿Sabes cómo conseguir que una empresa estadounidense te ofrezca un sueldo excelente y prestaciones increíbles, incluso para un puesto de nivel principiante?

    Múdate a Noruega y acepta el trabajo allí.

    Los obreros de la construcción, las camareras de hotel, los empleados de gasolineras y los cajeros de tiendas suelen ganar más de 20 dólares la hora, además de bonificaciones por trabajar por la noche o los fines de semana, unas cinco semanas de vacaciones pagadas al año, una pensión, licencias de maternidad y paternidad que suman un año en total y días libres remunerados cuando un hijo está enfermo. Incluso puedes recibir días libres pagados si te mudas a una nueva vivienda.

    Esas son, en términos generales, las condiciones que ofrecen tanto las empresas noruegas como las extranjeras, incluidas tiendas como 7-Eleven, los restaurantes Burger King y gasolineras afiliadas a ExxonMobil. Lo que nos lleva a preguntarnos: si las empresas estadounidenses y otras multinacionales pueden ofrecer condiciones tan generosas para trabajos en el sector minorista en Noruega, ¿podrían hacerlo también en nuestro país?

    Ya llegaremos a eso, pero lo que vemos aquí es el resultado del modelo social y económico nórdico, que busca reducir la desigualdad, potenciar las oportunidades y optimizar la calidad de vida, con especial énfasis en quienes se encuentran en los escalones más bajos de la escala de ingresos. Lo que solemos considerar empleos de “bajos salarios” no son realmente mal remunerados en Noruega, y además incluyen atención médica y guarderías subvencionadas por el Estado, además de sindicatos fuertes que garantizan que los despidos sean poco frecuentes.

    ¿Quieres seguridad, atención médica y el sueño americano? Fíjate en Escandinavia.

    “Nosotros vivimos de verdad el sueño americano”, me dijo Jens Stoltenberg, ex primer ministro de Noruega y actual ministro de Finanzas. “El sueño americano es más una realidad en los países nórdicos que en Estados Unidos”.

    Los escépticos han argumentado que las generosas prestaciones sociales y los elevados impuestos resultantes han frenado las economías nórdicas. Quizá un poco. “Adiós, modelo nórdico”, escribía The Economist en 2006. Pero Noruega es ahora más rica que Estados Unidos en términos de renta per cápita, y los trabajadores noruegos son más productivos que los estadounidenses, con una mayor producción por hora. Los escandinavos viven más que los estadounidenses, y la gente es más feliz. Los cinco países nórdicos –Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia– figuran todos entre los seis países más felices del mundo según el Informe Mundial sobre la Felicidad, basado en encuestas de Gallup.

    Sin embargo, los propios países nórdicos se enfrentan a retos importantes, como las presiones fiscales, la inmigración, una desigualdad creciente y, tal vez, cierto deterioro del consenso social. Algunos dudan de que el modelo pueda sobrevivir aquí, y mucho menos exportarse a países más grandes, menos homogéneos y más recelosos de los impuestos.

    Por otro lado, no se trata de un modelo ajeno sino, para los estadounidenses, de un camino que alguna vez nosotros mismos abrimos. Lawrence Katz, un economista de Harvard, me contó que Estados Unidos y los países escandinavos aplicaron políticas similares desde la década de 1940 hasta la de 1960. Ese fue el periodo en el que Estados Unidos amplió rápidamente las oportunidades educativas, contaba con sindicatos fuertes y, en la década de 1940, experimentó con el cuidado infantil universal. A veces se considera que el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial fue una época dorada, ya que el pastel económico no solo creció, sino que también se repartió de forma más equitativa.

    “Estados Unidos a mediados del siglo XX se parecía un poco a la Escandinavia de hoy”, dijo Katz. Pero Estados Unidos cambió de rumbo en la década de 1970 y acabó adoptando la revolución de Reagan.

    Una de las razones de ese retroceso, según he argumentado, fue la retórica política racializada que tildaba algunos programas de protección social e inversiones en igualdad de oportunidades –utilizados por estadounidenses de todos los ámbitos sociales– de “limosnas” que beneficiaban principalmente a la población negra, haciendo especial hincapié en la caricatura de la “reina de la asistencia social”.

    También es cierto que la economía estadounidense de la década de 1970 no rendía lo suficiente y que los mercados necesitaban un empujón en forma de desregulación. Mientras tanto, los países nórdicos siguieron, en gran medida, invirtiendo en capital humano y reduciendo la desigualdad.

    Aunque llevo décadas visitando los países nórdicos, mi interés por su modelo creció en los últimos 15 años debido a las dificultades que atraviesa mi ciudad natal, en la zona rural de Oregón. Cerraron fábricas y plantas industriales, apareció la metanfetamina y tres amigos del colegio murieron en situación de calle.

    No puedo evitar pensar que quizá hoy seguirían vivos si hubieran nacido en Escandinavia, con su sólida red de protección social.

    ¿Cómo funciona este sistema en la práctica?

    Piensa en Hauk Kjaeran, de 24 años, mesero en el restaurante Nektar de Oslo. Lleva solo unos meses en el trabajo, pero gana más de 25 dólares la hora, sin contar las propinas.

    Además, tiene cinco semanas de vacaciones, acumula una pensión, tiene derecho a amplias bajas por paternidad y por enfermedad, y está estudiando para ser sumiller, todo ello financiado.

    Una semana laboral completa en Noruega es de 37,5 horas, pero Kjaeran pidió un contrato al 60 por ciento. “Tengo otras cosas que hacer y también me gusta mi libertad”, explicó.

    Una mesera del restaurante está de licencia, dando la vuelta al mundo en barco con unos amigos. Le pregunté a la dueña del restaurante, Veslemoey Hvidsten, qué pensaba de su empleada ausente.

    “Ella quería hacer esto”, dijo Hvidsten. “Así que le dijimos: ‘Sí, ¿por qué no?’”.

    Hvidsten subrayó que su objetivo no es exprimir hasta el último centavo de su restaurante y que los empleados felices benefician tanto a los clientes como a su negocio.

    “Así es como construimos todo el país”, añadió. “Cuidándonos unos de otros”.

    Cuando los estadounidenses hablan del sistema nórdico, suelen incurrir en tres malentendidos.

    El primero es creer que son países socialistas. Aunque con frecuencia son gobernados por socialdemócratas, tienen economías de mercado. Suecia sí que experimentó en las décadas de 1970 y 1980 con políticas cuasi-socialistas, pero el resultado fue una crisis económica. Como dijo Johan Norberg, un escritor sueco: “Hemos sido socialistas y hemos tenido éxito, pero nunca las dos cosas a la vez”.

    El segundo malentendido es creer que, gracias a sus sólidos sistemas de bienestar, los ciudadanos de los países nórdicos se quedan de brazos cruzados cobrando prestaciones. Claro, hay quien se aprovecha del sistema, pero la tasa de actividad es más alta en los países nórdicos que en Estados Unidos.

    El tercero es creer que, en el caso de Noruega, su éxito es principalmente un reflejo de su riqueza petrolera. El petróleo le ha dado a Noruega un buen colchón, pero el país también lo ha gestionado excepcionalmente bien, invirtiéndolo en uno de los fondos soberanos más grandes del mundo. Además, según Geir Axelsen, director general de la Oficina de Estadística de Noruega, el aumento de la participación femenina en el mercado laboral noruego desde principios de la década de 1970 parece haber aportado al producto interno bruto del país más o menos lo mismo que el petróleo.

    De hecho, las mujeres son un componente subestimado del motor económico nórdico. Históricamente, las mujeres estadounidenses tenían tasas de participación en el mercado laboral más altas que las de la mayoría de los demás países, pero ahora Escandinavia supera con creces a Estados Unidos en este indicador. En 2025, alrededor del 56 por ciento de las mujeres estadounidenses en edad de trabajar formaban parte de la fuerza laboral; en Suecia y Noruega, la cifra rondaba el 62 por ciento; en Islandia, el 70 por ciento. Tener la flexibilidad de trabajar a tiempo parcial o ajustar el horario es un factor que, sin duda, aumenta la proporción de mujeres en la población activa de los países nórdicos. Otro factor es la disponibilidad de guarderías de alta calidad. El sistema noruego, representativo de la región, acepta a niños a partir de 1 año y el costo ronda los 120 dólares al mes. Para las familias de bajos ingresos, es prácticamente gratuito.

    “Si no fuera por esta guardería, no tendríamos tres hijos”, me dijo Mats Brekke, ingeniero solar, mientras pasaba por la guardería de Oslo donde su hijo del medio pasa el día. Llevaba en brazos a su hija de 10 meses; ella empezará en agosto.

    La guardería donde conocí a Brekke estaba en un barrio obrero de Oslo, con salas luminosas y un grupo diverso de niños jugando juntos, todos parloteando en noruego. Ese es uno de los objetivos del sistema: animar a los niños de las comunidades de inmigrantes a sentirse noruegos desde pequeños.

    “Especialmente para los niños que vienen de otros países, como los inmigrantes o los refugiados, esto les ayudará a integrarse”, dijo la maestra Worod Alkazemi, ella misma noruega de origen iraquí que cuenta que fue “moldeada” como noruega hace una generación, cuando era una niña pequeña en la guardería.

    Una quinta parte de los noruegos son inmigrantes o hijos de inmigrantes, a menudo procedentes de países como Siria o Somalia, con culturas sociales conservadoras. Las guarderías intentan fomentar las actitudes sociales nórdicas, que suelen ser más liberales.

    “Estamos en junio y hablamos del Mes del Orgullo”, dijo Cathrine Pedersen, la directora de la guardería, en cuya fachada ondeaba una bandera arcoíris. “Para tener un símbolo de diversidad. Para mostrar que hay diferentes formas de vivir la vida”.

    Para entender cómo evolucionó el sistema socioeconómico nórdico, me pasé por la oficina de Kalle Moene, economista de la Universidad de Oslo. El sistema se remonta a la década de 1930, dijo, cuando los trabajadores de los sectores prósperos de la economía acordaron moderar sus exigencias salariales para apoyar a los sectores que atravesaban dificultades.

    Ese principio –sacrificarse para ayudar a quienes no están tan bien– sigue siendo la base del modelo empresarial de la región. Los noruegos con mayor poder adquisitivo están dispuestos a ceder parte de sus ingresos para garantizar que los trabajadores de cuello azul puedan salir adelante.

    Moene sostiene que esta compresión salarial fomenta la innovación y el dinamismo al aumentar la rentabilidad de las industrias en crecimiento y reducir las ganancias de las industrias rezagadas.

    “Los salarios más bajos suben, eliminando los malos empleos”, dijo Moene. “Los salarios más altos bajan, lo que crea más empleos de calidad”.

    Además, la red de seguridad social de los países nórdicos hace que los trabajadores tengan menos miedo a que el comercio y la tecnología les quiten el trabajo. Esto facilita la adopción de políticas que impulsan el crecimiento en general, pero que amenazan algunos puestos de trabajo, dijo Stoltenberg.

    Me pregunto si la compresión salarial también habrá dado lugar a una compresión política. Parece haber menos toxicidad política en los países nórdicos que en Estados Unidos y en muchos otros países. Según los estándares internacionales, reina la civilidad. Aquí hay nacionalistas de derecha, pero no han ganado tanto terreno como en Alemania, Francia o Gran Bretaña.

    Eirik Lae Solberg, el alcalde de Oslo, es una figura destacada del partido conservador del país. Se opone al impuesto sobre el patrimonio y, en general, considera que los impuestos noruegos son demasiado altos. Pero según los estándares estadounidenses, se le consideraría liberal.

    “Creo firmemente que lo que hacemos en los países nórdicos para ofrecer oportunidades a todos fomenta el crecimiento”, me dijo Solberg. “En Estados Unidos, probablemente estaría en la izquierda”.

    A pesar de todo el éxito que ha tenido el modelo nórdico hasta la fecha, está bajo gran presión. Muchas prestaciones sociales son caras, y financiarlas supone un reto cada vez mayor a medida que la población envejece y requiere más cuidados para las personas mayores.

    “Todas las instituciones de la sociedad están bajo presión”, dijo Shazia Majid, columnista de VG, un periódico noruego. Señaló que, como hay tantas mujeres trabajando, no pueden cuidar de sus padres mayores –una labor doméstica que recaería más sobre las mujeres que sobre los hombres– y el sistema está en apuros económicos, incluso cuando necesita decenas de miles de trabajadores de salud más.

    La inmigración se suma a estos retos, sobre todo en Suecia, donde una cuarta parte de la población está compuesta ahora por inmigrantes o sus hijos. Los delitos violentos, que los comentaristas suelen vincular con la inmigración, son un problema grave en Suecia (aunque el país está lejos de ser la “capital mundial de las violaciones”, como afirman algunos relatos sensacionalistas de la derecha).

    Observadores serios, sobre todo Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo y exprimer ministro de Italia, sugieren que Europa ha perdido algo de su competitividad, y esa opinión también tiene eco en los países nórdicos. Creo que hay algo de verdad en eso, pero en el caso de los países nórdicos se puede exagerar un poco el alarmismo. Suecia ocupa el segundo puesto en el Índice Global de Innovación, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, por delante de Estados Unidos, que está en tercer lugar. Finlandia y Dinamarca también están entre los 10 primeros.

    He estado hablando de las políticas nórdicas, pero ¿y si el principal motor del éxito no fueran tanto las políticas como las normas sociales? Se trata de sociedades tradicionalmente homogéneas que mantienen valores comunitarios de apoyo mutuo. Cuando investigadores “perdieron” billeteras en 40 países de todo el mundo, los dos países con las tasas más altas de devolución de las billeteras (cuando contenían dinero) fueron Dinamarca y Suecia.

    Mi impresión es que las normas y las políticas se refuerzan mutuamente. Iyad el-Baghdadi, un destacado palestino en Noruega al que se le concedió el estatuto de refugiado, dijo que los noruegos habían sido extraordinariamente acogedores y amables. Pero no es solo eso, añadió: “Es que así es el sistema”.

    Stoltenberg puso un ejemplo de cómo las políticas dan forma a las normas. En la década de 1980, él y otros impulsaron las licencias de paternidad remuneradas, en parte para garantizar que los papás pasaran tiempo con sus hijos recién nacidos. Esta ingeniería social funcionó: los papás ahora participan activamente en el cuidado de los niños, lo que alivia un poco la carga de las mamás. “Esa es quizás una de esas reformas que realmente han cambiado Noruega”, me dijo Stoltenberg.

    ¿Es replicable el modelo nórdico? ¿Podrían las tiendas de conveniencia y las gasolineras de Estados Unidos pagar a sus cajeros y empleados 20 dólares o más por hora, además de una pensión y cinco semanas de vacaciones?

    Un desafío, según me explicaron los economistas, es que, en comparación con muchos trabajadores estadounidenses, los noruegos suelen tener mayores índices de alfabetización, parecen más capaces de pasar una prueba de drogas, manejan mejor la tecnología y se puede confiar en que permanezcan más tiempo en sus empleos, lo que significa que los empleadores se benefician de una mano de obra más experimentada y productiva. En efecto, los empleadores nórdicos pueden pagar más, en parte porque los trabajadores generan más ingresos.

    En ese sentido, aprender de los países nórdicos no es tan sencillo como subir el salario mínimo y ver cómo se dispara la felicidad. Más bien, se trata del reto de invertir en capital humano desde la primera infancia hasta la educación universitaria, impulsando sin descanso la ampliación de oportunidades a todos los niveles.

    Todo esto supone un aumento de los impuestos. Pero también eleva las habilidades y hace que los trabajadores sean más productivos. Desde lejos, vemos lo mucho que reciben los trabajadores nórdicos; de cerca, también ves lo mucho que aportan.

    Nicholas Kristof se convirtió en columnista de la sección de Opinión del Times en 2001 y ha ganado dos Premios Pulitzer. Su nuevo libro de memorias es Chasing Hope: A Reporter’s Life. @NickKristof

  • Frutos rojos todo el año: es obra de Driscoll’s

    Frutos rojos todo el año: es obra de Driscoll’s

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    Antiguamente, solo había una forma de conseguir una fresa madura en invierno: ser miembro de la corte real francesa.

    En 1712, Luis XIV envió a un espía a Chile, que entonces estaba bajo control español, para sacar de contrabando plantas autóctonas de bayas blancas. Los jardineros reales las cruzaron con bayas rojas europeas, las cuidaron en semilleros de estiércol y las calentaron con fuegos subterráneos, todo para que el rey pudiera tener fresas en marzo en lugar de tener que esperar hasta junio.

    Hoy en día, los clientes de Costco en Corea del Sur, los pasteleros de Dubái y los padres de niños pequeños de casi cualquier lugar pueden comprar fresas, frambuesas, zarzamoras y moras azules en cualquier época del año, si se lo pueden permitir. (Los precios de las fresas varían a lo largo del año, desde unos 3 dólares por medio kilo en San Francisco hasta 35 dólares en Dubái). Y la biotecnología que impulsa la agricultura moderna garantiza que cada baya sea mejor que cualquiera que el Rey Sol haya probado jamás.

    Tan solo en la última década, los frutos rojos han pasado de ser un manjar frágil, local y de temporada a convertirse en un producto básico en las neveras de todo el mundo y en un gigante del mercado. La producción mundial se ha triplicado desde el año 2000, según un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, y aún así no da abasto para satisfacer la demanda. En ventas y volumen, las bayas son la categoría de productos frescos que más rápido crece en Estados Unidos, según datos del Departamento de Agricultura estadounidense.

    Gran parte de ese crecimiento lo ha impulsado Driscoll’s, una empresa californiana valorada en 7000 millones de dólares que empezó como una granja familiar en 1904, patentó su primera variedad de fresas en 1958 y aún está en manos de la familia. En 1989, su consejo de administración adoptó lo que la empresa denomina la “Declaración de Meadowood”, una resolución que parecía descabellada en aquel momento: hacer que las cuatro bayas estuvieran disponibles en todas las estaciones y en cualquier parte del mundo.

    Hoy en día, la empresa es el líder indiscutible del mercado mundial y cada año envía 4 millardos de contenedores de fruta altamente perecedera a 60 países. (La empresa desarrolló su característico envase de plástico con bisagra y ventilación en la década de 1990). Según Circana, una empresa de estudios de mercado, Driscoll’s es ahora la segunda marca que más ingresos genera en los supermercados estadounidenses, solo por detrás de Coca-Cola.

    Kristin Kiesel, que imparte clases de economía agrícola en la Universidad de California, Davis, dijo que Driscoll’s ha cambiado el paradigma de la agricultura moderna y la comercialización de productos frescos.

    “Una fresa era una fresa”, dijo. “Ahora una fresa es una marca”. Y solo una gran empresa como Driscoll’s, añadió, puede abastecer a gigantes del mercado como Costco y Walmart con los productos de primera calidad por los que muchos consumidores están dispuestos a pagar, incluso aunque les suba la factura de la compra.

    Por eso, Driscoll’s ahora ya no es tanto un negocio agrícola sino una empresa de investigación y mercadotecnia que recopila datos relacionados con las bayas en lugar de cosecharlas. En lugar de poseer tierras, la empresa es dueña del material genético de sus bayas y del conocimiento sobre la mejor forma de plantarlas, recolectarlas y transportarlas. Subcontrata a agricultores de todo el mundo para que cultiven esas variedades según sus especificaciones y, a continuación, se encarga de las ventas y la distribución tras la cosecha.

    Pero el acceso global a los frutos rojos tiene un costo, que se mide en parámetros como el consumo de agua, la contaminación, los pesticidas y las prácticas laborales. Driscoll’s ha sido objeto de críticas en estos cuatro frentes.

    En la década de 2010, la empresa se enfrentó a boicots y huelgas por sus salarios y condiciones laborales. Académicos y activistas han señalado la gran huella de carbono que supone transportar bayas por todo el mundo en avión, y han criticado el uso masivo de láminas y envases de plástico por parte de la industria de los frutos rojos. En junio, un antiguo responsable sénior de cumplimiento normativo demandó a la empresa, alegando que Driscoll’s lo había sancionado por señalar el uso excesivo de pesticidas y que la empresa había enviado a sabiendas a Canadá bayas que superaban los límites más estrictos de ese país.

    En un comunicado, Driscoll’s negó las acusaciones de la demanda y defendió sus prácticas: “Como empresa familiar, la seguridad alimentaria, la calidad y la integridad son fundamentales para nuestra identidad. Contamos con programas sólidos de seguridad alimentaria y cumplimiento normativo, así como con normas rigurosas diseñadas para garantizar el cumplimiento de los requisitos reglamentarios aplicables”.

    Driscoll’s ha hecho frente a las críticas y ha dejado atrás a la competencia, de forma más reciente con versiones más dulces y jugosas de las dos bayas que durante mucho tiempo se resistieron a la comercialización: las moras azules y las zarzamoras.

    En la sala de cata

    La búsqueda de la baya perfecta se desarrolla día y noche en la sede de la empresa, un mosaico de campos, granjas, laboratorios de espectrometría, salas de cata y criaderos de lombrices que salpican el valle del Pájaro, justo al sur de Santa Cruz, California.

    En una mañana típicamente soleada de principios de junio –en pleno apogeo de la temporada de frambuesas en el complejo–, los recolectores, con mangas largas y sombreros de ala ancha, llevaban desde el amanecer recogiendo con destreza los frutos de las ramas que les llegaban a la altura de la cabeza. La mano de obra es, con diferencia, el mayor gasto para los productores de frutos rojos: la mayoría de las bayas aún deben recogerse a mano, una a una, y la competencia por los recolectores cualificados es dura. (La empresa dijo que los trabajadores ganan entre 20 y 30 dólares por hora, pero se negó a que estuvieran disponibles para entrevistas o fotografías, alegando motivos de privacidad).

    Dentro de un laboratorio cercano, donde dos científicos sensoriales a tiempo completo realizan sus evaluaciones, había 210 variedades de frambuesas dispuestas en una cuadrícula de tarrinas de plástico. Algunas se habían cultivado para que resultaran más atractivas a la vista, con “hombros” más bien formados, drupéolas uniformes y menos “pelo” (esos finos filamentos rojos que brotan donde se poliniza la baya). Otras se desarrollaron para maximizar el rendimiento, con menos espinas y una mejor “arquitectura de la planta”: tallos altos y tupidos que facilitan la recolección de las bayas. Cada variedad se somete a pruebas para evaluar cualidades como el PSI (libras por pulgada cuadrada, por su sigla en inglés), la presión interior que determina si una baya cederá ante los dientes con un estallido jugoso y explosivo.

    De esas 210 variedades, dijo Kyle Rak, el científico jefe de frambuesas de la empresa, quizá solo dos lleguen al mercado.

    “Puede ser desgarrador”, dijo, mientras contemplaba con cariño las bayas, que variaban del dorado al rosado y al carmesí, y diferían mucho en brillo, simetría y tamaño.

    Y todo eso era independiente del sabor real de las frambuesas. Tras evaluar el dulzor y la acidez –los componentes básicos de una frambuesa equilibrada–, los catadores analizan cada variedad en busca de notas subyacentes de rosa, algodón de azúcar, plátano y decenas más.

    El negocio global de frambuesas de Driscoll’s se construyó sobre una variedad que patentó en 2004: la Maravilla, una baya lo suficientemente roja, dulce y con una vida útil lo bastante larga como para cultivarse y enviarse a todo el mundo. En comparación con las variedades anteriores del mercado, era mucho menos propensa a enmohecerse o aplastarse durante el transporte, y pronto se convirtió en el referente del sector.

    El inconveniente de la Maravilla, explicó Rak con cautela, es que su sabor no es tan bueno. Como bien saben quienes han comprado un envase de frambuesas, estas pueden tener un aspecto estupendo, pero saber ácidas, secas y duras. La misión de Driscoll en sus 35 parcelas de prueba alrededor del mundo es eliminar esa decepción.

    A continuación, los catadores compararon cuatro variedades que ya están en producción. En una cata a ciegas, destacó la Reyna, de color rojo oscuro, dulce y jugosa. Se trata de una variedad de 2023 que se ha convertido rápidamente en el nuevo estándar mundial de la empresa, y que en Estados Unidos se vende bajo la marca de gama alta de Driscoll’s, “Sweetest Batch” (el lote más dulce).

    Pero este ejército de analistas de suelos, investigadores de fenotipos e ingenieros de datos ya persigue el próximo estándar.

    Externalizar el trabajo

    Muchas de las bayas de Driscoll’s ya no se plantan en tierra, sino que se cultivan en macetas llenas de mezclas cuidadosamente equilibradas de materiales orgánicos, como fibra de coco y musgo. Este sistema de cultivo en sustrato se desarrolló a lo largo de siglos en los Países Bajos para obtener el máximo rendimiento con la mínima superficie de tierra.

    Requiere una inversión inicial considerable por parte de los productores de Driscoll’s, que además asumen los costos de factores variables como la mano de obra, el clima, el equipo y el alquiler. La empresa proporciona las plántulas y los “insumos”, como los tratamientos del sustrato, junto con apoyo técnico y fondos para mercadotecnia. Después de la cosecha, la empresa recoge las bandejas llenas y luego paga al agricultor según el precio que alcancen esas bayas. Según Driscoll’s, los agricultores se quedan con entre el 75 y el 80 por ciento de los ingresos.

    Los costos y riesgos de convertirse en agricultor de Driscoll’s son enormes. Aun así, “como la demanda no deja de crecer, mis agricultores están en buena posición para negociar”, dijo Liz Machoff, presidenta de la Asociación de Agricultores de Bayas del Estado de Nueva York.

    Kiesel, que ha estudiado las operaciones de Driscoll’s en California, dijo que la mayoría de los productores consideraban que unirse a la empresa era su mejor opción en un mercado cada vez más complejo, ya que les permitía centrarse en las plantas y externalizar la mercadotecnia, las negociaciones de precios y otras tareas.

    El modelo de Driscoll’s refleja otro cambio en la agricultura del siglo XXI: pasa del conocimiento de código abierto desarrollado por instituciones públicas, como las universidades, a la propiedad intelectual celosamente protegida que pertenece a empresas privadas.

    Las primeras frutas de marca –la piña Dole (1933) y el plátano Chiquita (1944)– fueron las precursoras de las actuales moras azules gigantes de Fruitist, con precios muy competitivos y comercializados como “bocadillos premium”. Cuando Erewhon, la cadena de supermercados de lujo de Los Ángeles, lanzó en 2024 su popularísimo batido Strawberry Glaze Skin Smoothie –entonces elaborado exclusivamente con bayas ecológicas de Driscoll’s–, el sector de las frutas y verduras lo aclamó como un gran avance en materia de marca.

    La demanda de frutos rojos se ha disparado en Estados Unidos debido a la coincidencia de varias tendencias recientes: un mayor consumo de bocadillos y el auge de los alimentos “funcionales” que prometen beneficios específicos para la salud, dijo Jonna Parker, que analiza el mercado de frutas y verduras para Circana. Las bayas de primera calidad son caras, pero también son ese tipo de pequeños lujos –lo que se conoce como “compras por venganza”– con los que los estadounidenses se han dado un capricho desde que terminaron los confinamientos por la covid.

    La gente comió más fruta y verdura durante la pandemia, dijo; desde entonces, las ventas de la mayoría de los productos frescos han bajado, pero las de frutos rojos no han dejado de crecer. “Solo sobreviven los alimentos más prácticos”, afirmó.

    Nuevos países, nuevas bayas

    Las bayas están transformando economías enteras.

    En 2023, se convirtieron en la exportación agrícola más lucrativa de México, superando a los aguacates, la cerveza y el tequila. En las plantaciones de Moldavia y en las tierras altas andinas, los agricultores que cultivaban productos de bajo margen, como la caña de azúcar y el maíz, se han pasado a los frutos rojos, que alcanzan precios muy elevados.

    En 2025, China superó a Estados Unidos como el mayor productor mundial de moras azules. Driscoll’s, la primera empresa extranjera de bayas a la que se le permitió operar allí, cuenta ahora con unas 3240 hectáreas en cultivo.

    En China, la tierra no es de propiedad privada, pero a algunos agricultores se les asignan parcelas para que las gestionen como quieran. Jae Chun, director general de la empresa para la región de Asia-Pacífico, empezó por convencer a unas 40 familias que cultivaban maíz y papas para que se pasaran a las bayas.

    Los productores chinos han tenido éxito gracias al acceso a tecnologías avanzadas, como robots que pulverizan pesticidas y sistemas de iluminación automatizados que evitan el moho, dijo. “En Estados Unidos, el costo sería siete u ocho veces mayor”, añadió.

    Las moras azules han sido el producto revelación para los productores de bayas de todo el mundo en la última década, con ventas que aumentan un 8 por ciento cada año. A los productores les gusta su larga vida útil, de hasta 60 días después de la cosecha, lo que los convierte en una inversión de menor riesgo. (Las frambuesas solo duran unos 10 días).

    Algunos agricultores están decididos a aprovechar el auge de los frutos rojos sin verse arrastrados a la órbita cada vez más poderosa de Driscoll’s. Taylor Doyle, un fruticultor de tercera generación del oeste de Nueva York, acaba de arrancar 38 hectáreas de manzanos maduros para dejar sitio a los arbustos de moras azules.

    Dijo que prefiere tomar decisiones basadas en su experiencia, en lugar de seguir las normas que impone una empresa externa como Driscoll’s. Cultiva según su propio gusto y el de sus dos hijos pequeños, un grupo de prueba sin mucha tecnología.

    “Y mi esposa”, dijo. “La que decide qué dar de comer a los niños y cómo gastar el dinero en el supermercado, esa es mi consumidora objetivo para las bayas”.

    Julia Moskin es una reportera del Times que cubre todo lo relacionado con restaurantes, chefs, alimentos y cocina.

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  • Una llamada de Trump a la FIFA convierte el Mundial en otro frente político

    Una llamada de Trump a la FIFA convierte el Mundial en otro frente político

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    La acción del mandatario de EE. UU. deja claro que todavía no ha encontrado ningún ámbito de la vida estadounidense, ni siquiera mundial, en el que no esté dispuesto a imponer su voluntad.

    Durante casi un mes, el presidente Donald Trump se había mantenido al margen del Mundial, sin asistir a ningún partido y centrándose en cambio en proyectos de construcción en Washington y en la guerra con Irán.

    Pero mientras el mayor evento deportivo del planeta cautivaba a estadounidenses de todas las tendencias políticas en ciudades de costa a costa, el atractivo resultó demasiado fuerte como para resistirse.

    La ya famosa –o infame, según cómo se mire– llamada del mandatario al presidente de la FIFA, antes de que la organización futbolística revocara la suspensión de una estrella estadounidense, desató un debate interminable sobre la influencia política. También se convirtió en tema de conversación en el vestuario de Bélgica, que el lunes por la noche infligió a Estados Unidos una humillante derrota por 4-1.

    La selección belga celebró la victoria imitando el baile característico de Trump y publicando un mensaje de dos palabras en internet: “Revoca esto”.

    Esta inusual mezcla de política y deporte muestra una verdad indiscutible de la era Trump: el presidente aún no ha encontrado ningún ámbito de la vida estadounidense –ni siquiera mundial– en el que no esté dispuesto a imponerse. Al parecer, no hay ningún evento que antes fuera apolítico que pueda escapar a su influencia.

    Quizá no sea de extrañar que Trump, a quien le encantan tanto el deporte como ser el centro de atención, se metiera en una situación en la que otros mandatarios estadounidenses habrían mostrado moderación. Durante mucho tiempo ha tratado de aprovechar políticamente las polémicas deportivas. En su primer mandato, criticó con frecuencia a los jugadores de la NFL que se arrodillaban durante el himno nacional para protestar contra la injusticia racial. Se ha jactado abiertamente de que utiliza el tema de los deportistas transgénero como un arma política infalible para los republicanos en época de elecciones.

    Y ha encontrado en ciertos sectores del mundo del deporte una base de apoyo que, en ocasiones, se le ha escapado en otros ámbitos. Después de que Trump fuera vetado de las redes sociales y rechazado por muchos en la comunidad empresarial tras los disturbios del Capitolio del 6 de enero de 2021, recibió una bienvenida de héroe en un evento de la UFC. En su segundo mandato, cuando Trump no consiguió ganar el Premio Nobel de la Paz, Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, le otorgó al presidente estadounidense el “Premio de la Paz de la FIFA” de nueva creación.

    “Soy una persona a la que le encanta el deporte y fui un buen deportista”, dijo Trump el lunes. “Y entiendo muy bien de deportes. De verdad, muy bien”.

    El presidente tampoco se ha preocupado mucho por dar la impresión de ejercer una influencia indebida, algo que quizá hubiera mantenido a raya a sus predecesores. Así que cuando vio lo que calificó de sanción “muy injusta” contra el jugador estadounidense Folarin Balogun en el partido de su selección contra Bosnia y Herzegovina la semana pasada, se puso en contacto con Infantino y le hizo una petición sorprendente: que la FIFA revisara la suspensión.

    Infantino ha insistido en que la posterior reincorporación de Balogun fue resultado del “proceso legal en el que participaron los órganos judiciales independientes de la FIFA”. Pero fue la primera vez desde 1962, cuando las normas eran menos claras, que la FIFA revocaba una suspensión impuesta durante un partido del Mundial.

    El incidente sirvió para recordar lo mucho que Trump se ha alejado de la forma de actuar de uno de los predecesores a los que admira, el presidente Calvin Coolidge, quien dijo en una famosa frase: “Quizá uno de los logros más importantes de mi gobierno haya sido meterme en mis propios asuntos”.

    Trump, en cambio, se ha metido en casi todos los aspectos de la vida estadounidense, sin importar lo grandes o pequeños que sean. Ha intentado presionar a las universidades sobre cómo gestionar sus instituciones. Se ha metido con bufetes de abogados y ha adquirido participaciones en empresas estadounidenses. Ha tomado el control de importantes organizaciones culturales y artísticas. Y se ha ubicado en el centro de la celebración del aniversario 250 de Estados Unidos.

    También se ha metido en asuntos tan insignificantes como la composición de las pajitas o popotes y la presión del agua en los inodoros. Y, por supuesto, los cambios en las reglas del fútbol americano.

    Pero fue su implicación en el otro tipo de fútbol lo que desató una reacción mundial.

    La Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol, el organismo rector del fútbol en Europa, dijo que la decisión de la FIFA de revocar la suspensión de Balogun “había cruzado una línea roja”. La federación bosnia de fútbol acusó a Trump de “injerencia gubernamental”. Todo eso podría originar una situación incómoda porque Trump tiene previsto entregar el trofeo al ganador final.

    Y la federación de fútbol de Irán, cuyo país sigue en guerra con Estados Unidos después de que Trump lanzara miles de ataques aéreos, se regocijó especialmente por la derrota estadounidense a manos –o a pies– de Bélgica.

    “Ahora todo el mundo está bailando para celebrar la humillante derrota de la política a manos del fútbol”, dijo un vocero.

    Tariq Panja colaboró con reportería.

    Luke Broadwater cubre la Casa Blanca para el Times.

    Tariq Panja colaboró con reportería.

  • Cómo es vivir en las 5 ciudades con mayor calidad de vida en 2026

    Cómo es vivir en las 5 ciudades con mayor calidad de vida en 2026

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    El último Índice Global de Habitabilidad de la Unidad de Investigación y Análisis de The Economist nombró a las mejores ciudades del mundo.

    La BBC les pidió a residentes de esas ciudades que compartieran las experiencias cotidianas que hacen que esos lugares sean tan excepcionales para vivir.

    La capital de Dinamarca, Copenhague, conserva su título como la ciudad con mejor calidad de vida del mundo por segundo año consecutivo en el Índice Global de Habitabilidad 2026.

    La clasificación anual evalúa 173 ciudades de todo el mundo en función de la estabilidad, la sanidad, la cultura, el medio ambiente, la educación y la infraestructura para identificar aquellas que ofrecen la mayor calidad de vida.

    Viena, Melbourne, Sídney y Zúrich completan los cinco primeros puestos de este año, lo que refleja tanto el dominio de Europa como el sólido desempeño de Australia.

    Para descubrir cómo es realmente la vida en las ciudades mejor clasificadas, los residentes nos cuentan por qué les encanta vivir allí y a dónde llevan a los visitantes para que experimenten la ciudad como los lugareños.

    1. Copenhague

    Dos personas en bicicleta por una calle de Copenhague, ciudad que encabezó el Índice Global de Habitabilidad por segundo año consecutivo.

    Getty Images
    En Copenhague los visitantes pueden alquilar bicicletas a bajo costo para moverse por toda la ciudad.

    Por segundo año consecutivo, la capital danesa se alzó con el primer puesto.

    Obtuvo puntuaciones perfectas en estabilidad, educación e infraestructura, y una de las mejores calificaciones en cultura y medio ambiente de todas las ciudades.

    Para sus residentes, esto se traduce en un estilo de vida en el que los pequeños placeres se integran en la vida cotidiana.

    “Puedes ir en bici al trabajo, darte un chapuzón en el puerto después y estar de vuelta para cenar. No es un día especial, es simplemente un martes”, comenta Laura Amira Kassem, estudiante de medicina y doctorado que lleva ocho años viviendo en la ciudad.

    “Esa combinación de infraestructura para bicicletas, aguas urbanas aptas para el baño y que la ciudad sea genuinamente caminable y ciclable es algo que no he encontrado en ningún otro lugar”.

    Kassem empieza sus días corriendo temprano por algún sitio tranquilo, como Utterslev Mose o a lo largo de los lagos, seguido de desayuno, café y, en verano, un baño.

    En cuanto a lo que muestra a los visitantes, empieza cualquier visita guiada en el barrio multicultural Nørrebro.

    “Mercados de frutas y verduras frescas, puestos de kebab y joyerías se encuentran junto a panaderías de masa madre, bares de vinos naturales y pequeños restaurantes”, explica.

    Desde allí, recomienda alquilar bicicletas para ir a nadar y tomar un café junto al agua en Nordhavn, seguido de un almuerzo con smørrebrød, el tradicional sándwich danés de pan de centeno abierto, en Det Gamle Apotek.

    Por la tarde, los corredores pueden unirse a Loopet, un circuito de 3 kilómetros alrededor de Fælledparken, donde se reúne la comunidad de corredores de la ciudad.

    “Todos son bienvenidos”, dice Kassem. “Corran, reúnanse con amigos y terminen con una cena al aire libre”.

    2. Viena

    Callejon lleno de gente durante una tarde en Viena.

    Getty Images
    El centro de Viena se puede explorar fácilmente a pie, una de las cualidades que, según los residentes, contribuye a la alta habitabilidad de la ciudad.

    Puede que la capital de Austria haya cedido el primer puesto a Copenhague el año pasado, pero sus excelentes resultados en sanidad y educación la mantienen en el segundo lugar.

    Para sus habitantes, la calidad de vida en Viena reside en la facilidad para desplazarse, ya sea en transporte público o a pie, y en apreciar los detalles del camino.

    “Mi ritual diario es ir al trabajo por la Ringstraße, en uno de los emblemáticos tranvías”, cuenta Franziska Hochmüller, empleada de la Oficina de Turismo de Viena.

    “En lugar de mirar el celular, me encanta leer un libro o simplemente contemplar los preciosos edificios por los que paso. Es un pequeño detalle que me recuerda cada día lo extraordinario que es lo ‘ordinario’ en Viena”.

    “En los distritos del 1 al 9 apenas se necesita transporte público”, añade Roland Eggenhofer, del departamento de ventas y marketing del Hotel MOTTO.

    Le gusta llevar a los visitantes a los distritos 6 y 7, especialmente a los alrededores de Neubaugasse y Spittelberg, por sus cafés, boutiques y ambiente relajado, así como al Naschmarkt por su oferta gastronómica internacional.

    En otoño, recomienda un Heuriger tradicional, una taberna de vinos en los viñedos de las afueras de la ciudad, para degustar una copa de vino vienés local.

    Para conocer mejor la vida de los vieneses, Hochmüller dirige a los visitantes al Kutschkermarkt, en el distrito 18, con su mercado de agricultores los sábados, restaurantes y cafés.

    “Ver familias, parejas y ancianos haciendo la compra semanal o simplemente disfrutando de un café es muy típico de Viena”, comenta.

    Tras varios años en la ciudad, el ritmo sigue cautivando a Hochmüller.

    “Aunque sea una metrópolis, siempre existe la posibilidad de bajar el ritmo”, afirma.

    “Ya sea en una cafetería, en un parque o a orillas del Danubio, en Viena el tiempo transcurre de forma diferente”.

    3. Melbourne

    Panorámica de Melbourne.

    Getty Images
    Los callejones de Melbourne son fundamentales para la cultura cafetera y el carácter de barrio de la ciudad.

    En tercer lugar, Melbourne superó a su rival costera, Sídney, gracias a su puntuación combinada de cultura y medio ambiente de 96 puntos, una de las más altas del índice.

    Para sus residentes, esa riqueza cultural se manifiesta en sus barrios, donde cada suburbio tiene su propio carácter distintivo.

    “Melbourne es una gran ciudad que, de alguna manera, se comporta como un pueblo”, comenta Anne Marie Lennon, gerente general del Crowne Plaza Carlton, quien ha trabajado en Reino Unido, Irlanda y Australia.

    “Aquí la gente siente una genuina curiosidad por conocerte. Y luego están la cultura, la gastronomía, la música, la moda, el arte. Cada suburbio tiene su propio ambiente e identidad”.

    Lou McGregor, un escocés que lleva 20 años viviendo en Melbourne, coincide.

    “Footscray es mi barrio y uno de los mejores lugares para comer y beber en la ciudad: una mezcla de culturas, gastronomía y un ambiente siempre vibrante” dice.

    “Fitzroy tiene bares pequeños y con encanto, y tiendas vintage; St Kilda es perfecto para pasear por la playa, y Carlton es insuperable para disfrutar de la comida italiana y pasear por sus preciosas calles antiguas”.

    Cuando McGregor recibe visitas, las lleva al domo que funciona como sala de lectura de la Biblioteca Estatal, al arte callejero siempre cambiante de Hosier Lane, a la Galería Nacional de Victoria y a sus emblemáticos callejones y galerías comerciales.

    “Eso es Melbourne para mí: una ciudad curiosa, creativa y llena de pequeños momentos inesperados en cada esquina”, afirma.

    Para vislumbrar el Melbourne cotidiano, Lennon recomienda a los visitantes el Princes Park, de 39 hectáreas.

    “Paseadores de perros, corredores, familias, gente simplemente sentada y respirando. Es un lugar tranquilo y auténtico. Ese es el Melbourne en el que vivo a diario, y nunca me canso de él”, concluye.

    “Puedes recorrer 2 kilómetros y sentir que has entrado en un mundo completamente diferente”.

    4. Sídney

    Playa de Sídney con aguas azules y cristalinas, la gente disfrura adentro y fuera del mar.

    Getty Images
    Para muchos habitantes de Sídney, nadar en el océano o visitar la playa forma parte de la vida cotidiana.

    Igualando la puntuación general de Melbourne (97), Sídney ocupa el cuarto lugar con puntuaciones perfectas en salud y educación.

    Pero los residentes afirman que es el fácil acceso a la naturaleza, los barrios multiculturales y el estilo de vida al aire libre lo que hace que la ciudad sea tan agradable para vivir.

    “Sídney lo hace fácil porque, estés donde estés, nunca estás lejos de una vista espectacular, ya sea el puerto, las Montañas Azules o las playas”, dice Steve Kamper, ministro de Empleo y Turismo de Nueva Gales del Sur.

    “La mezcla de culturas, los barrios, la increíble gastronomía y el estilo de vida hacen de Sídney algo especial. Es una ciudad global, pero aún se siente como un conjunto de comunidades locales”.

    Para descubrir esto, Kamper sugiere ir más allá de los lugares turísticos habituales como el Puente del Puerto o Bondi, a un suburbio del oeste de la ciudad.

    “Burwood es el Sídney que los lugareños conocen y aman”, señala.

    “Está lleno de vida, repleto de comida increíble y es uno de los mejores lugares para experimentar el carácter multicultural de Sídney”.

    También recomendaría llevar a los visitantes a un partido de fútbol australiano, “muy pocos lugares en el mundo ofrecen deportes como Sídney”, comenta.

    Tras vivir en cuatro continentes, la diseñadora de joyas francesa Julie Livni aún se sorprende con Sídney.

    “La gente no espera al fin de semana para ir a la playa o nadar; lo integran en su rutina diaria”, explica.

    Para ella, la calidad de vida comienza con paseos diarios al amanecer desde Bondi hasta Bronte con sus amigas.

    “Como empresaria y madre de dos hijos, la vida va muy rápido, así que esa hora junto al mar es mi forma de desconectar”, apunta. “Es la mejor manera de empezar el día”.

    Suele llevar a sus visitantes a la playa de Tamarama para ver el amanecer, luego a tomar un café en Bondi y después al ferry desde Rose Bay.

    “No necesariamente para llegar a ningún sitio, sino simplemente para disfrutar viendo la Ópera y el puerto desde el agua”, dice, mientras para a almorzar en Uncut Seafood.

    “Sídney es además increíblemente multicultural, con una gastronomía exquisita y gente de todo el mundo, y aun así conserva un ambiente relajado y tranquilo”, añade.

    “Es una combinación poco común para una gran ciudad.”

    5. Zúrich

    Se ven pintorescas casas y edificaciones a la orilla del agua cin un cielo despejado en un día soleado.

    Getty Images
    El agua está intrínsecamente ligada a la identidad de Zúrich, desde el río Limmat hasta las orillas del lago Zúrich.

    A pesar de haber descendido del segundo puesto compartido en 2025 al quinto este año, los residentes afirman que la combinación de eficiencia y fácil acceso a la naturaleza de Zúrich son la base de su excepcional calidad de vida.

    “Zúrich no sería la misma sin el lago y los ríos. Todos los días paso junto al lago Zúrich, el río Limmat o el río Sihl y me tomo un momento para mí”, dice Manuela Leonhard, nativa de Zúrich y creadora de contenido.

    “El agua es fresca y cristalina, y tenemos más de 1.200 fuentes por toda la ciudad donde se puede beber agua”.

    Para mostrar a los visitantes por qué le encanta tanto Zúrich, los lleva a Lindenhof, una antigua fortaleza romana convertida ahora en una plaza en la cima de una colina con vistas al Limmat y al casco antiguo en ambas orillas del río.

    También recomienda las terrazas de la ETH Zúrich y la Universidad de Zúrich para disfrutar de vistas panorámicas de la ciudad.

    “Y siempre paseo con ellos por el casco antiguo, el corazón de Zúrich, con sus calles estrechas y sus pequeñas tiendas”, añade.

    Incluso después de toda una vida en Zúrich, Leonhard sigue sorprendiéndose de lo impecablemente mantenida que está la ciudad.

    “No importa qué gran evento tenga lugar en Zúrich, a la mañana siguiente es imposible distinguir lo que ocurrió la noche anterior”, expone.

    “Eso me asombra cada vez”.

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    BBC

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  • Los mejores consejos sobre relaciones que hemos escuchado este año

    Los mejores consejos sobre relaciones que hemos escuchado este año

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    Los expertos nos han dicho muchas veces que las relaciones necesitan atención y cuidado constantes, sin importar cuánto tiempo tenga el vínculo.

    Nos dedicamos a escribir sobre relaciones para The New York Times y quizá te sorprenda saber cuántos artículos y columnas surgen de nuestras propias conversaciones, conflictos y negociaciones de años con nuestras parejas.

    A estas alturas, nuestros esposos ya se han resignado a ello, y saben que lo más probable es que habrá más material por venir. Los expertos nos han dicho muchas veces que las relaciones requieren atención y cuidado constantes, sin importar cuánto tiempo lleva junta la pareja.

    Vale la pena la inversión: casi un siglo de investigaciones han demostrado que las relaciones íntimas son una de las claves para una vida feliz. Por eso siempre estamos buscando consejos para mantener tu relación fuerte y sana (y la nuestra también).

    Aquí están los mejores consejos que nos han dado los expertos en lo que va de año.Invent your own ‘love language.’

    Inventa tu propio ‘lenguaje del amor’

    El concepto de los “5 lenguajes del amor” propone que las formas en que las personas expresan su amor se dividen en cinco categorías: regalos, actos de servicio, halagos, tiempo de calidad y contacto físico.

    Pero algunos expertos dicen que un lenguaje del amor puede ser cualquier cosa que uses para expresar afecto.

    Por ejemplo, Nicole McNichols, profesora asociada de psicología en la Universidad de Washington y autora de You Could Be Having Better Sex, dijo que su lenguaje del amor es “tontear”.

    Las investigaciones demuestran que el sentido del humor, que puede incluir bromas privadas o apodos cariñosos, fomenta la intimidad. Cuando lo pasan bien juntos de forma desenfadada, añadió McNichols, “muestras a tu pareja una parte de ti que puede ser un poco tonta y diferente de la que muestras al mundo”.

    Estar en sintonía tanto con tus propios lenguajes del amor como con los de tu pareja puede fortalecer su vínculo, según los expertos.

    No te quedes solo en un ‘¿cómo estás?’

    Cuando le preguntamos a nuestra pareja “¿cómo estás?”, la respuesta suele ser un “bien” en automático, dijo Leslie John, profesora de la Harvard Business School y autora de Revealing.

    En su lugar, John recomienda cambiar el “¿cómo estás?” por “¿cómo te sientes?”.

    Añadir esa pregunta puede enriquecer la conversación, dijo John. “Eso le da a la persona la oportunidad de decir algo un poco menos rutinario, y va a hacer una pausa para pensar en su respuesta”, dijo.

    John y su esposo suelen hacerse esta pregunta cuando llegan a casa del trabajo. Esto abre el diálogo, porque “hay muchas formas diferentes de responder”, dijo: “Puedes ser sarcástico, ir a lo seguro o hablar de algo que te preocupa”.

    Prepara una ‘frase de aviso’ sólida

    Si tienes que sacar un tema delicado con tu pareja, no la pilles por sorpresa, aconsejó Jefferson Fisher, autor de Discute menos, habla más.

    En lugar de eso, prepara a tu pareja con lo que Fisher llama una “frase de aviso”.

    Empieza diciendo, de forma neutral, que hay algo que te preocupa, como por ejemplo: “Oye, me gustaría desahogarme un poco”, dijo Fisher.

    O puedes crear un ambiente de colaboración al decir una frase como: “Necesito tu ayuda con algo que me preocupa”, dijo.

    Después, proporciona una idea general del tema, para que la otra persona no “se deje llevar por el miedo y piense: ‘Estoy en un problema’”, dijo Fisher.

    Que el adelanto sea breve y concreto, dijo, como por ejemplo: “Tenemos que hablar de las facturas de la tarjeta de crédito”.

    Prueba a hacer una ‘auditoría de lo que te quita las ganas’

    Una forma muy eficaz de abordar la falta de libido o las discrepancias en el deseo dentro de una relación es dedicar un rato a pensar en las cosas que te quitan las ganas, dijo David F. Khalili, terapeuta matrimonial y familiar con licencia en San Francisco.

    A menudo, la gente intenta solucionar la falta de libido añadiendo un elemento nuevo, como una técnica sexual diferente. En cambio, él suele animar a sus clientes a que empiecen por identificar una o dos cosas que suelen quitarles las ganas, y a que se esfuercen por eliminarlas.

    Los factores que matan la libido pueden ser profundos y espinosos, como que uno de los miembros de la pareja se sienta criticado por el otro. Pero también pueden ser algo sencillo, como el pijama preferido y raído que, aunque sea cómodo, no ayuda precisamente a crear un ambiente.

    Considera unas vacaciones en solitario

    Viajar solo tal vez no parezca algo que vaya a beneficiar tu relación. Pero Lisa Marie Bobby, terapeuta matrimonial y familiar con licencia en Denver, cree que es “algo en extremo saludable que todas las parejas deberían al menos plantearse”.

    Y es que pasar un tiempo separados puede aportar un poco de novedad a la relación. Además, puede ayudar a fomentar una independencia sana.

    “Existe la idea errónea de que, en las relaciones sanas, las parejas lo hacen todo juntas”, dijo Tracy Dalgleish, psicóloga y terapeuta de parejas en Ottawa, Canadá.

    Si la idea de viajar en solitario te genera dudas sobre la confianza o te parece una forma de evasión, se trata de problemas de pareja a los que hay que prestar atención y abordar, según los expertos. Pero para muchas parejas, pasar unos días a solas en la playa u observando aves con amigos puede ser justo el respiro que necesita su relación.

    Amplía tu definición de sexo

    Los expertos en salud sexual suelen destacar que uno de los mayores enemigos de la libido es intentar sentir deseo a la fuerza. Y puede ser especialmente importante ampliar tu “menú sexual”, por así decirlo, a medida que envejeces y experimentas cambios y retos físicos y emocionales.

    De hecho, uno de los mayores “superpoderes” que muestran las personas que disfrutan de una vida sexual sana a los 60, 70, 80 años y más allá es, sencillamente, la voluntad de experimentar, y la renuencia a definir una vida sexual satisfactoria por la frecuencia o incluso por si termina en orgasmo.

    Como explicó Kate Thomas, directora de servicios clínicos de la Clínica de Sexo y Género de la Facultad de Medicina de Johns Hopkins: “Cuando tienes 80 años y padeces algo de artritis, la idea de lanzarse el uno encima del otro no siempre entra dentro de lo posible”.

    “Son aquellas parejas que están dispuestas a adaptarse a esos cambios, y siguen haciéndolo divertido, las que siguen teniendo una buena relación sexual”, añadió Thomas.

    Catherine Pearson es reportera del Times y escribe sobre temas de familia y relaciones.

    Jancee Dunn, que escribe el boletín semanal de la sección Well para el Times, ha cubierto salud y ciencia durante más de 20 años.

  • Lo que una investigación de la BBC revela sobre la red de “cárceles de tortura” de Rusia en Ucrania

    Lo que una investigación de la BBC revela sobre la red de “cárceles de tortura” de Rusia en Ucrania

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    Retrato en primer plano de Liudmyla sentada en un sofá; tiene el cabello castaño a la altura de la barbilla y gafas grandes. Mira ligeramente hacia abajo con expresión reflexiva y se toca la barbilla con una mano.

    BBC
    “Nunca antes había escuchado unos gritos tan terribles”, dice Liudmyla, recordando sus primeros días en el centro de detención de Izolyatsia.

    Aviso: Este artículo contiene relatos de tortura y violencia sexual.

    Una mañana de octubre de 2019, un grupo de hombres salió de un automóvil y agarró a Liudmyla Huseinova cuando salía de su casa.

    Ella, que entonces tenía 64 años, relata que le arrebataron el bolso y la arrojaron al asiento trasero, dando inicio a lo que describe como una “pesadilla” en el opaco sistema de detención ruso establecido en zonas de Ucrania ocupadas desde 2014: “Durante tres años y 13 días de mi vida, mi cuerpo y mi alma quedaron destrozados”.

    Afirma que entre los hombres se encontraba Yurii Temerbek, un ucraniano que había sido agente de tráfico local y se había unido a los separatistas respaldados por Rusia.

    Temerbek —esposo, padre y abuelo, que ahora tiene 56 años— volvió a estar presente dos semanas después, según ella, observando cómo un hombre con acento ruso abusaba sexualmente de ella en un famoso centro de detención.

    Una investigación del Servicio Mundial de la BBC ha identificado a Temerbek y ha revelado detalles sobre otros dos hombres acusados ​​de abusar de detenidos, arrojando luz sobre un sistema que opera casi totalmente fuera del alcance de la justicia ucraniana e internacional.

    Al parecer, estos hombres llevan ahora vidas normales junto a sus familias en Rusia y en las zonas ocupadas de Ucrania. Para los supervivientes, revelar sus identidades es un paso hacia la rendición de cuentas.

    Liudmyla sostiene que, si no se localiza ni se encarcela a los hombres a los que acusa de abusos, “entonces, la justicia para mí consistirá en que sus hijos sepan que fueron criminales y torturadores”.

    Temerbek aparece en la imagen con una gorra policial negra, una camisa de policía azul y un chaleco amarillo de alta visibilidad, mirando a la cámara con una leve sonrisa. A su lado se encuentra una persona con una camiseta de fútbol roja, cuyo rostro ha sido difuminado.

    OK.ru
    Temerbek, que ahora tiene 56 años, aparece con el uniforme de la policía de tráfico en esta imagen publicada en redes sociales en 2013.

    Las prisiones que estos hombres ayudaron a gestionar forman parte de un sistema de detención en el que, según la Oficina de Derechos Humanos de la ONU (ACNUDH), la tortura y los malos tratos a civiles son “sistemáticos y generalizados”.

    El organismo señala que los antiguos detenidos describen palizas, descargas eléctricas, simulacros de ejecución y violencia sexual, y que a menudo se detiene a civiles de forma arbitraria sin facilitar apenas información a sus familias.

    El Kremlin ha acusado al ACNUDH de parcialidad. En mayo de este año, la ONU incluyó a Rusia en su lista negra de países sospechosos de cometer violencia sexual en zonas de conflicto. Unas acusaciones que Rusia desestimó calificándolas de “mentiras infundadas”.

    Las autoridades ucranianas afirman que más de 16.000 civiles han sido capturados o han desaparecido. Algunos de estos casos se produjeron tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022, mientras que otros se remontan a 2014, cuando Rusia se anexionó la península ucraniana de Crimea y ocupó partes del este de Ucrania, lo que provocó una condena internacional generalizada.

    Control paramilitar

    Por aquel entonces, Liudmyla trabajaba como ingeniera de seguridad en una granja avícola de Novoazovsk, una ciudad de la región de Donetsk situada cerca de la frontera con Rusia.

    Grupos armados respaldados por Rusia tomaron la ciudad, dando inicio a varios años de control paramilitar.

    Liudmyla cuenta que, durante la ocupación, ayudó a cuidar a huérfanos y llevó alimentos a las fuerzas ucranianas, que le regalaron una bandera de Ucrania con mensajes de agradecimiento escritos en ella.

    Cree que una foto de la bandera, que compartió con amigos de confianza, llegó a manos de las fuerzas respaldadas por Rusia: “Probablemente por eso me detuvieron”.

    Fue acusada de espionaje —según relata— y trasladada a Izolyatsia, una antigua fábrica reconvertida en galería de arte moderno que había sido tomada por las fuerzas respaldadas por Rusia.

    El lugar acabó siendo tristemente célebre y temido, a medida que surgían numerosos testimonios de torturas relatados por antiguos detenidos.

    Al llegar, relata que un grupo de hombres —cuya identidad desconoce— la rodeó y comenzó a pellizcarle el cuerpo. “No es un melocotón”, recuerda que dijo uno de ellos. “Ni un albaricoque seco. Es una pasa”.

    Los detenidos eran obligados a permanecer de pie continuamente desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche y, tras eso, los iluminaban con luces intensas, según recuerda. Sus primeros días, cuenta, estuvieron marcados por los gritos de angustia provenientes de otras celdas: “Nunca antes había escuchado gritos tan terribles”.

    Dos semanas después, relata, la llevaron a la segunda planta, donde un hombre al que en la prisión llamaban “Koval” le dijo que era “demasiado mayor para los chicos que vienen a ‘relajarse’”.

    Temerbek estaba allí, “siendo sarcástico… riéndose”, afirma ella.

    Entonces, asegura, Koval abusó sexualmente de ella.

    Conoce el nombre de Temerbek, explica, porque lo vio en un documento y recordó que él era conocido en la zona por su papel en la policía ucraniana.

    Las autoridades ucranianas lo acusan de trabajar para el Ministerio de Seguridad del Estado (MGB) establecido por la República Popular de Donetsk (RPD), entidad creada por grupos paramilitares respaldados por Rusia.

    La fiscalía ucraniana ha iniciado un proceso penal en su contra por formar parte de un “grupo terrorista”, término que utilizan a menudo para referirse a la colaboración con fuerzas respaldadas por Rusia.

    Una habitación desnuda, con paredes y suelo de hormigón. En ella hay tres sillas de madera y una pequeña mesa de madera, con unas cuantas botellas de agua de plástico en el suelo.

    Telegram
    Imágenes publicadas de forma anónima en internet ofrecen un vistazo a las condiciones en Izolyatsia.

    La BBC colaboró ​​con dos investigadores ucranianos especializados en fuentes abiertas, Bohdan Kosokhatko y Vladyslav Chyryk, para averiguar más sobre Temerbek y otras personas acusadas de abusos, basándose en la labor que ya habían realizado con la organización de investigación ucraniana Truth Hounds.

    Diversa información —que incluía testimonios de detenidos, publicaciones en redes sociales, informes de medios de comunicación y documentos de la fiscalía ucraniana— permitió a nuestro equipo reconstruir los hechos.

    Esposo, padre y abuelo

    Los investigadores que colaboraron con la BBC descubrieron que Temerbek estudió lengua ucraniana en la universidad y que tiene esposa, una hija y un hijo —ambos ya adultos jóvenes— y un nieto. Al parecer, residen en la región de Rostov, en el suroeste de Rusia, cerca de la frontera con Ucrania.

    Una fotografía publicada en redes sociales antes de 2014 lo muestra vistiendo el uniforme de la policía ucraniana y una placa que lo identifica como agente de tráfico. No hemos podido determinar si actualmente tiene empleo.

    Liudmyla afirma que el hombre de la imagen fue una de las personas que la detuvieron. Según relata, vio a Temerbek por última vez a finales de 2021. En aquella ocasión, él la llamó “perra” y la amenazó con enviarla a Siberia.

    No hemos logrado identificar a “Koval”.

    Cuatro mapas muestran cómo ha cambiado el control de diversas zonas de Ucrania. El mapa previo a la invasión de febrero de 2022 muestra Crimea bajo control militar ruso y partes de Donetsk y Lugansk en manos de separatistas respaldados por Rusia. En marzo de 2022, el mapa refleja el rápido avance ruso, con zonas a lo largo de la frontera nororiental y al norte de Kyiv bajo su control militar. Para noviembre de 2022, Ucrania había recuperado terreno, haciendo retroceder a Rusia desde el norte y el noreste. Hacia julio de 2026, Rusia ha avanzado ligeramente en algunos sectores de la línea del frente en el sureste de Ucrania.

    BBC

    Ella cuenta que otro guardia de Izolyatsia, conocido en la prisión como “Yermak”, le ordenó una vez que comiera comida cruda mezclada con tierra y basura.

    “La escupí, pero quedó algo. El sabor de esa comida me acompañará el resto de mi vida”, afirma. Ahora le resulta insoportable el olor a comida cocinándose y le cuesta mucho comer con normalidad.

    Nunca vio a Yermak porque los guardias a menudo le ponían una bolsa en la cabeza, pero sí escuchó su voz.

    En otra ocasión, relata, él entró en su celda: “Gritó: ‘¿Estás a favor de Ucrania?’ Le respondí: ‘Estoy a favor de la justicia’. Después de eso, empezó a golpearme”.

    Dos hombres, con vasos grandes frente a ellos, hacen el gesto de pulgar hacia arriba a la cámara. El de la izquierda, Ruslan Yeriomichev, lleva barba recortada y el pelo muy corto, y viste una camiseta clara con estampado. El rostro del hombre de la derecha ha sido difuminado.

    VK
    Yeriomichev —a quien en la prisión llamaban “Yermak”— aparece con un amigo en esta imagen publicada en redes sociales en 2020.

    Liudmyla vio el rostro de Yermak por primera vez cuando los investigadores que trabajaban con la BBC localizaron fotos de él en las redes sociales, mostrándolo con su esposa e hija, en vacaciones familiares y bebiendo con amigos, algunas de ellas tan recientes como 2024.

    Fue identificado por primera vez, como un hombre llamado Ruslan Yeriomichev, por el grupo de reportajes de investigación Bellingcat y el periodista ucraniano Stanlislav Aseyev, que también estuvo detenido en Izolyatsia. Yeriomichev tiene ahora 46 años.

    Según sus cuentas de redes sociales, estudió derecho en la Universidad Nacional de Donetsk.

    Vive en la zona

    Los fiscales ucranianos lo acusan de múltiples delitos, incluido el trato cruel a prisioneros de guerra y civiles.

    No está claro si todavía trabaja en Izolyatsia, pero las publicaciones en las redes sociales sugieren que todavía vive en la zona. Las fotos en las redes sociales lo muestran con su esposa, su hija y sus amigos, y de vacaciones en la Crimea ocupada.

    Tanto Temerbek como Yeriomichev eran ciudadanos ucranianos que posteriormente adquirieron pasaportes rusos.

    “Son personas libres y pueden ir a cualquier parte”, reflexiona Liudmyla mientras mira las fotografías. “Le quitaron años de vida a tanta gente”.

    Varias mujeres envueltas en banderas ucranianas azules y amarillas. Dos mujeres se abrazan al fondo y otras sonríen. Liudmyla mira hacia su derecha mientras sostiene la mano de una mujer con abrigo rosa situada a su izquierda.

    Getty Images
    “Me di cuenta de que no podía llorar, no tenía lágrimas”, dice Liudmyla (en el centro) sobre el momento de su liberación en octubre de 2022.

    Liudmyla fue liberada en un intercambio de prisioneros en 2022. Sus amigos la recibieron a su regreso. “Estaban allí llorando. Me di cuenta de que yo no podía llorar; no tenía lágrimas”, cuenta.

    Incluso ahora, afirma: “Estos sentimientos, estas emociones, siguen congelados en mi interior… a veces realmente quiero llorar y gritar, pero no puedo”.

    Se ha reunido con su esposo y ahora viven en Kyiv, la capital de Ucrania. Dirige una organización que apoya a otras mujeres que han estado detenidas y, a través de una red secreta, ayuda a enviar paquetes de las familias a quienes aún permanecen cautivas.

    La BBC también cartografió la magnitud de la red de centros de detención, contrastando informes de medios de comunicación, investigadores y grupos de derechos humanos.

    Instalaciones no oficiales

    Identificamos 93 lugares donde se mantuvo recluidos a civiles y prisioneros de guerra en zonas ocupadas de Ucrania entre 2023 y 2025.

    Alrededor de un tercio de ellos parecen ser instalaciones no oficiales, ubicadas en edificios que van desde oficinas de impuestos hasta hoteles y garajes. Identificamos otros 102 centros en Rusia. A las organizaciones internacionales no se les ha permitido el libre acceso a ellos.

    La fiscalía ucraniana afirma que 2.000 personas han pasado por estos centros desde que comenzó la invasión a gran escala de Rusia en 2022.

    Uno de ellos, el marinero Oleksii Sivak, de 42 años, declaró a la BBC que fue uno de los cientos de civiles detenidos tras la toma de la ciudad ucraniana de Jersón (en el sur del país) por parte de Rusia en 2022, en lo que los informes favorables al Kremlin calificaron como una operación contra terroristas.

    Retrato de Oleksii Sivak, quien lleva barba corta y bigote, mira hacia la izquierda de la cámara y viste una sudadera con capucha azul claro debajo de una chaqueta negra.

    BBC
    Oleksii afirma que se utilizó tortura con descargas eléctricas en los genitales en el centro de detención donde estuvo recluido en Jersón.

    Oleksii, que trabajaba en buques de carga, cuenta que durante los primeros meses de ocupación ayudó a cocinar para personas mayores y a elaborar pancartas y folletos en contra de la presencia rusa: “Hice lo que pude; resistí como pude”.

    Relata que fue detenido y trasladado a unas antiguas instalaciones policiales en Jersón. “Hubo torturas con objetos”, afirma. “En los genitales, descargas eléctricas”.

    En noviembre de 2022, el ejército ucraniano recuperó Jersón. Oleksii cuenta que las fuerzas rusas se llevaron a algunos detenidos al huir, pero que él logró escapar porque no había suficiente espacio en los vehículos.

    Los fiscales ucranianos señalan que el centro de detención de Jersón estaba dirigido por Andrey Spivak, un expolicía que había trabajado en el sistema penitenciario de la ciudad rusa de Omsk.

    Se le ha acusado de trato cruel a la población civil y de violaciones de las leyes de la guerra.

    Los investigadores que colaboran con la BBC descubrieron que tiene 40 años y nació en la región de Omsk. Las imágenes en redes sociales sugieren que le gusta la pesca, la caza y los viajes.

    Fotos de años recientes lo muestran de vuelta en Omsk, participando en actos del Ministerio del Interior de Rusia. Los investigadores que trabajan con la BBC también hallaron que ha registrado su vehículo para trabajar como taxista.

    Andrey Spivak, sentado entre hierba alta, sostiene a un perro de color beige y negro. Viste un conjunto de exterior con estampado de camuflaje, lleva el pelo rapado al ras y mira directamente a la cámara.

    OK.ru
    Las fotos de Spivak en las redes sociales, como esta de 2014, sugieren que disfruta de los viajes y las actividades al aire libre.

    La BBC intentó contactar a Temerbek, Yeriomichev y Spivak en relación con las acusaciones de este informe, pero no respondieron.

    Al ser consultada sobre dichas acusaciones, la Embajada de Rusia en el Reino Unido declaró que Rusia ha “defendido sistemáticamente el respeto al derecho internacional y al Estado de derecho” y que las denuncias de crímenes durante el conflicto en Ucrania “están documentadas y bajo investigación”.

    La fiscalía ucraniana ha iniciado procedimientos legales contra decenas de personas acusadas de maltratar a ucranianos en prisiones administradas por Rusia. Un pequeño número de ellas ha sido condenado en rebeldía.

    La BBC solo tiene constancia de una persona encarcelada: un exjefe de Izolyatsia que fue detenido en Kyiv en 2021 y condenado a 15 años de prisión.

    El centro sigue en funcionamiento, según la Fiscalía General de Ucrania.

    Desde la invasión a gran escala de Rusia en 2022, la fiscalía ha documentado más de 400 casos de violencia sexual contra civiles relacionada con el conflicto. Hasta la fecha, se ha imputado a 85 personas; de ellas, 30 han sido condenadas a penas de prisión, la mayoría en rebeldía.

    Tanto Oleksii como Liudmyla están decididos a contribuir a que los autores de abusos contra detenidos rindan cuentas.

    “Para mí, la justicia no es venganza”, afirma Liudmyla.

    “Para mí, la justicia es la constatación de que estas personas hicieron lo que hicieron de forma intencionada y deliberada. Quiero que sean castigadas conforme a la ley”.

    Línea gris de separación

    BBC

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  • Qué le faltó a Colombia para avanzar a cuartos de final tras ilusionar con buen juego en el Mundial 2026

    Qué le faltó a Colombia para avanzar a cuartos de final tras ilusionar con buen juego en el Mundial 2026

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    James Rodríguez, decepcionado tras la derrota de Colombia ante Suiza en penaltis.

    Alex Pantling – FIFA/FIFA via Getty Images
    James Rodríguez, decepcionado tras la derrota de Colombia ante Suiza en penaltis.

    Colombia verá el resto del Mundial desde casa.

    Los cafeteros quedaron eliminados en octavos de final ante Suiza en los penaltis tras un 0-0 en el que la selección sudamericana mostró menos sus virtudes y más sus defectos.

    Mientras escribo estas líneas, Bogotá vive un silencio que sobrecoge. No es habitual en una urbe siempre sonora con música alta en incontables establecimientos y un tráfico masivo y ruidoso.

    Es el mutismo de la derrota, de la reflexión.

    La selección dirigida por el argentino Néstor Lorenzo era la penúltima de las latinoamericanas con vida, después de que la Argentina de Lionel Messi se clasificara a cuartos de final en una sufrida remontada ante Egipto.

    Los aficionados colombianos pusieron su ilusión desde el comienzo de la tarde en la capital, llenando bares y calles convertidos en un mar de camisetas amarillas.

    Razón no les faltaba: el equipo desprendió buen juego, un ataque dinámico y una gran disciplina táctica durante casi todo el torneo.

    ¿Qué faltó para avanzar a cuartos?

    Pólvora mojada

    Colombia remató un total de 69 veces en los seis partidos que jugó en este Mundial, pero solo anotó cinco goles.

    En fase de grupos venció 3-1 a Uzbekistán, 1-0 a RD Congo, empató sin tantos contra Portugal y ganó 1-0 a Ghana en dieciseisavos de final.

    Ante Suiza volvió a acusar ese problema de pólvora mojada. Remataron en 15 ocasiones, tres entre los tres palos.

    Para la retina de los aficionados colombianos quedarán ese frentazo de Jhon Lucumí al travesaño y el mano a mano que Jaminton Campaz mandó arriba en la prórroga.

    La falta de acierto se extendió a los penaltis, con dos de cinco lanzamientos errados.

    Luis Díaz, quien quizá llegaba como el jugador latinoamericano más destacado de la temporada regular de clubes, se fue del Mundial con apenas un gol.

    Se esperaba más de las estrellas

    La falta de brillo de las estrellas colombianas fue otro debe.

    A la falta de acierto de Díaz se unió que James Rodríguez, el cerebro de la plantilla, no se lució ni con goles ni asistencias.

    Su sustituto habitual en las segundas partes y otro de los jugadores más técnicos de este plantel, Juan Fernando Quintero, se va con apenas un pase de gol.

    Sería injusto cargarles el deber de la eliminación.

    También fueron responsables y conductores del buen juego y dominio de partidos como el que, por ejemplo, desdibujó a la Portugal de Cristiano Ronaldo, que llegaba como una de las favoritas.

    Pero sería impreciso no anotar que se esperaba más de ellos.

    Actores a priori secundarios como el atacante Jhon Arias, el defensor Daniel Muñoz y el portero Camilo Vargas sostuvieron varias veces al equipo en momentos de atasco.

    Pero esto es un Mundial y se necesita lo mejor de los mejores.

    Si no, que le pregunten a Francia, Inglaterra, Noruega o Argentina, que gracias a la prolífica producción goleadora de estrellas como Mbappé, Kane, Haaland o Messi lograron meterse en cuartos pese a varios apuros.

    Aficionado colombiano sufriendo con el partido desde un bar en Bogotá.

    Esteban Vega La-Rotta / AFP via Getty Images
    Aficionados y jugadores lucieron más nerviosos este martes que en el resto del torneo.

    Con qué puede quedarse Colombia

    Ahora tampoco es cuestión de ponerse kamikazes, pero sí se abre una reflexión. Hay notas positivas. También interrogantes.

    Tras no clasificarse al Mundial de 2022 en Qatar, Lorenzo agarró al equipo y lo convirtió en una de las mejores selecciones de Sudamérica.

    En los últimos años, por ejemplo, ha desplazado a históricas como Uruguay y Brasil en juego, posiblemente, y en resultados, desde luego.

    Colombia clasificó al Mundial por encima de ambas en las eliminatorias sudamericanas y llegó a la final de la última Copa América, perdiendo la final contra Argentina por penaltis en 2024.

    Lorenzo ha creado un equipo sólido, disciplinado y vertiginoso, aunque le ha faltado ese extra del campeón. Este martes no se les vio con la comodidad del resto del torneo.

    El nerviosismo que vi en muchos aficionados colombianos antes del partido lo detecté entre los jugadores, que parecieron menos precisos y fiables ante Suiza.

    Les faltó ese descaro que tanto gusta al aficionado.

    Por último, Colombia es una de las selecciones más veteranas de este Mundial. Para varios jugadores, como James Rodríguez, con 34 años y sin jugar en la élite de clubes, esto se parece a un fin de ciclo.

    Hay base, pero también trabajo y renovación antes del salto definitivo y corresponder a una afición que cada vez cree más en los suyos.

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    BBC

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