‘Dios es caboverdiano’: una pequeña nación en la cima tras un debut sensacional en el Mundial

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Después de su empate con España, una mezcla de confianza y nerviosismo se ha apoderado del pequeño país africano, que espera repetir la hazaña frente a Uruguay.

No fue una victoria. Pero para Cabo Verde, el tercer país más pequeño de África, haber conseguido un empate a cero contra la potencia futbolística que es España en su debut en la Copa Mundial esta semana ha hecho historia.

Ahora, mientras se prepara para el partido del domingo contra Uruguay, una mezcla de confianza y nerviosismo se ha apoderado del archipiélago situado frente a la costa atlántica de África Occidental. Los caboverdianos esperan que su equipo repita la hazaña, sobre todo su portero veterano, Josimar José Évora Dias, que se convirtió en una estrella inesperada de la noche a la mañana tras realizar siete atajadas.

La selección de Cabo Verde, los Tiburones Azules, no está repleta de estrellas ni es especialmente glamurosa. Dias, de 40 años y uno de los jugadores más veteranos del torneo, es conocido como “Vozinha”, que en portugués significa “abuela”. Incluso en el panorama futbolístico africano, Cabo Verde no fue tomado en serio hasta 2023, cuando llegó a los cuartos de final de la Copa Africana de Naciones por primera vez desde 2013.

Pero en este Mundial se enfrenta a un reto considerable: superar un grupo formado por España, campeona de Europa; Uruguay, dos veces campeón del mundo; y Arabia Saudita, que ha ido en ascenso en los últimos años.

Los jugadores de Cabo Verde se han convertido en héroes precisamente por su falta de heroismo. Su enfoque pragmático los llevó, en el partido del lunes, a centrarse por completo en defender su portería en lugar de lanzarse a incursiones arriesgadas en el campo de España.

Y funcionó.

“Fuimos gigantes”, dijo Nuno Martins, de 51 años, que vive en Mindelo, en la isla de São Vicente. Tenía dos explicaciones para el éxito del equipo. Una, que ejecutaron su plan táctico a la perfección. La otra: el favor divino.

“Dios es caboverdiano”, dijo, “aunque viva en otras tierras”.

África es una de las grandes beneficiadas de la decisión de la FIFA de ampliar el Mundial de 32 a 48 equipos, lo que ha duplicado sus plazas de cinco a 10, una decisión que, según algunos críticos, reduciría la calidad de la competición. Pero después del primer partido de cada equipo, seis de los 10 han ganado o empatado sus encuentros, muchos de ellos contra algunas de las mejores selecciones del mundo.

Esta vez, muchos caboverdianos esperan que los Tiburones Azules marquen goles de verdad, sin dejar de mantener una defensa sólida.

“Hace falta un poco de audacia”, dijo Carlos Brazão Monteiro, un abogado de Praia.

Dias, el portero, viene de una familia muy trabajadora. Se ganó su apodo porque su madre, quien trabaja como cuidadora en una residencia de ancianos, trabajaba tanto mientras él crecía que fue su difunta abuela quien se ocupó de él la mayor parte del tiempo.

“Su abuela lo crió con mucho cariño”, dijo su madre, Ana Cândida Évora, de 60 años. “Yo también estaba ahí, pero él tenía un vínculo muy fuerte con su abuela. La quería muchísimo”.

Después del partido contra España, Dias habló de lo decepcionado que estaba porque su madre no pudiera estar en Atlanta para verlo jugar. Dijo que a la familia le había costado mucho tramitar la solicitud de visado para Estados Unidos, sobre todo por la fianza de hasta 15.000 dólares que se exige a la mayoría de los viajeros.

El caso de Évora ha reavivado las críticas a las restricciones de visados de Estados Unidos, los cuales han impedido a familiares asistir a los partidos de sus seres queridos. Los africanos, cada vez más afectados por las políticas de visados del gobierno de Donald Trump, se sintieron especialmente frustrados.

Pero el jueves, Ana Cândida Évora por fin partió hacia Estados Unidos tras la intervención del Departamento de Estado. En declaraciones a The New York Times, se culpó a sí misma por no haber presentado su solicitud de visado a tiempo.

Abrazó a sus familiares en el aeropuerto de Cabo Verde antes de partir hacia Miami.

“Puede que seamos pequeños, pero tenemos el corazón grande”, dijo.

Algunos caboverdianos parecían desconcertados por el éxito y dudaban de que fuera a durar.

“Nunca creí que pudiéramos tener un resultado positivo con España”, dijo José Eduardo Cardoso, un taxista de 65 años que escuchó con ansiedad la primera parte del último partido por la radio de su coche mientras llevaba pasajeros por Praia, la capital. Consiguió llegar a casa para la segunda parte, y es allí donde piensa ver el próximo partido completo, aunque no tiene muchas esperanzas.

“No tengo mucha confianza en que Cabo Verde pase a la segunda ronda”, dijo.

Otros tenían más fe, siempre y cuando el equipo no se deje llevar por el momento.

“Seremos la sorpresa del torneo”, dijo Martins.

Pase lo que pase, dijo Erika Soares, de 32 años, economista de la isla de Santiago: “Ya nos sentimos como ganadores”.

Ruth Maclean es la jefa de la oficina de África Occidental de The Times, y cubre 25 países, entre ellos Nigeria, Congo, los países de la región del Sahel y África Central.

Saikou Jammeh es un reportero e investigador del Times afincado en Dakar, Senegal.

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