Cuba plantea una reestructuración económica ante la presión de EE. UU.

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Los economistas señalan que el plan representa un cambio radical: es la primera vez desde la revolución de 1959, que instauró el régimen comunista, que el gobierno ofrece renunciar al control total del comercio.

La economía cubana está hecha un desastre, los cortes de luz pueden durar hasta 30 horas y el gobierno de Donald Trump, con una pistola metafórica apuntando a la cabeza de Cuba, no para de anunciar nuevas formas de privar al gobierno comunista del dinero que tanto necesita.

En respuesta a la peor crisis de su historia moderna, el gobierno cubano anunció recientemente una amplia reestructuración económica. El paquete, de 176 medidas, permitiría una mayor actividad de la iniciativa privada y relajaría el control del gobierno cubano sobre la actividad económica de la isla.

Cuba niega que las medidas hayan sido diseñadas para apaciguar al gobierno de Trump, que exige que la isla adopte cambios económicos y políticos a gran escala, pero pocos expertos creen que no haya sido así. Los discursos oficiales han destacado la urgente necesidad de reactivar una economía en crisis que se está derrumbando tras décadas de gobierno centralizado además de la creciente presión de Washington, al tiempo que insisten en que Cuba seguirá siendo un país socialista.

Los economistas señalan que el plan, que fue aprobado a toda prisa por la legislatura cubana la semana pasada, representa un cambio drástico. Es la primera vez desde la revolución de 1959, que instauró el régimen comunista, que el gobierno ofrece renunciar al control total del comercio.

Sin embargo, aunque el gobierno cubano afirma que permitirá la banca privada y que los individuos sean propietarios de más de un negocio y más de una propiedad inmobiliaria, los expertos han expresado sus dudas.

Un cambio masivo hacia un sistema como el de Vietnam o China –alejándose de una economía estrictamente controlada por el Estado y planificada de forma centralizada para pasar a una economía mixta flexible e impulsada por el mercado– sería difícil de llevar a cabo a menos que el gobierno de Trump relaje las sanciones.

Algunas empresas extranjeras han empezado a retirarse de Cuba porque temen infringir las normas estadounidenses recientes que dificultan aún más hacer negocios allí. Para que vuelvan, tendría que cambiar algo más que la normativa cubana.

Y el gobierno cubano tiene un serio problema de credibilidad, señalan los expertos. Las autoridades ya han anunciado cambios económicos en ocasiones anteriores, solo para dar marcha atrás sin ofrecer explicaciones. Cuba carece de Estado de derecho y de separación de poderes, y con frecuencia incumple el pago de sus deudas. Es un entorno empresarial notoriamente arriesgado.

Algunos expertos compararon el nuevo y ambicioso paquete de incentivos, diseñado para fomentar la inversión extranjera en Cuba, con un chiste recurrente de la tira cómica Peanuts: Lucy intentando convencer a Charlie Brown de que vuelva a intentar patear el balón.

¿Qué es exactamente lo que planea Cuba?

El paquete incluye una expansión del incipiente sector privado, con mayor libertad para importar y exportar sin interferencias del Estado.

  • Por primera vez, las empresas cubanas podrían contratar a más de 100 empleados, un límite que se estableció para evitar que el sector privado creciera demasiado. Además, los emprendedores tendrían la posibilidad de ser propietarios de varias empresas privadas, lo que pone fin a una práctica asfixiante y a una queja de larga data del sector privado.

  • Los cambios abren las puertas al desarrollo inmobiliario privado en la isla y proponen transformar empresas estatales en negocios comerciales privados con acciones y participaciones de capital. Esto permitiría a los bancos privados incursionar en el sector financiero cubano, que antes estaba gestionado exclusivamente por el Estado.

  • El gobierno también tiene previsto eliminar 70 de las 125 actividades empresariales prohibidas, aunque no ha especificado cuáles. Los negocios están muy regulados en Cuba, y las prohibiciones gubernamentales abarcan un amplio abanico de actividades; entre ellas se incluyen la compra al por mayor, la venta directa de miel al público y la fabricación de calzado ortopédico.

  • Ahora también se pueden vender propiedades estatales a empresas y particulares nacionales y extranjeros, incluidos los cubanos que viven en otros países. Incluso se permitirá que las cadenas de comida rápida abran franquicias en la isla.

  • Reconociendo que su red de protección social se está desmoronando, el gobierno cubano quiere trasladar la responsabilidad de las residencias de ancianos y otros programas de bienestar social a empresas privadas.

¿Qué opinan los expertos?

La mayoría de los expertos dicen que las ideas les suenan familiares: los economistas llevan décadas proponiéndolas. Otros opinaron que aunque tal vez no sea poco, probablemente sea demasiado tarde para rescatar la economía o satisfacer a Estados Unidos.

Los expertos también consideran que algunas medidas violan la Constitución cubana, que consagra el socialismo. A los economistas les preocupa que el gobierno de Cuba haya anunciado un montón de ajustes, todos a la vez, sin un cronograma ni una hoja de ruta clara sobre cómo aplicarlos o financiarlos.

“Algunos son bastante radicales”, dijo Pedro Monreal, un economista cubano. “El problema no sería tanto si llegó tarde o temprano, sino si eso es factible, si realmente van a poder funcionar”.

Daniel Torralbas, exanalista de políticas del Ministerio de Economía y Planificación de Cuba, dijo que, aunque quedan muchas preguntas sin respuesta, “sin lugar a dudas, son las reformas más profundas” que ha anunciado el gobierno cubano desde que llegó al poder en 1959.

“Pero eso no significa que vayan a funcionar, ni significa que se vayan a implementar todas de una vez, ni significa que van a ser exitosas”, afirmó Torralbas, que actualmente se encuentra estudiando en Londres.

Varios expertos advirtieron que algunas medidas, como abrir los activos estatales a la propiedad privada –algo impensable hace tan solo unos meses–, podrían dar pie al amiguismo.

Pavel Vidal, un economista cubano que da clases en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, dijo que los cambios que se plantean son arriesgados. Sin supervisión, transparencia y un marco legal claro, señaló, podrían dar lugar a operaciones internas privilegiadas.

“Pueden abrir espacios a corrupción, captura de rentas y transferencia opaca de activos hacia élites con poder político o acceso privilegiado a información”, dijo Vidal.

¿Qué opinan los partidarios del gobierno cubano?

El primer ministro Manuel Marrero afirmó sin rodeos que la acumulación de riqueza en manos privadas –un tabú comunista de décadas en Cuba– ya no estaría prohibida. Reconoció explícitamente “el crecimiento legítimo del patrimonio financiero y material de las personas jurídicas y naturales”.

El presidente Miguel Díaz-Canel añadió: “Si no generamos riqueza, si no damos servicios de calidad que sean inclusivos y abarcadores, ¿qué justicia social vamos a defender?”

Carlos Luis Jorge Méndez, viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba, dijo que el gobierno reduciría la burocracia y otros obstáculos para cerrar acuerdos.

En declaraciones a un periódico de los Emiratos Árabes Unidos, afirmó que Cuba estaba “abierta a los negocios”.

¿Y qué dice Washington?

El Departamento de Estado de Estados Unidos, en respuesta a preguntas que se le plantearon, dijo en un comunicado que el presidente Trump seguiría ejerciendo presión para impulsar cambios económicos y políticos mucho más sustanciales.

Trump, según el Departamento de Estado, quiere “hacer que Cuba sea un destino atractivo para la inversión” y permitir que las empresas privadas crezcan de manera que ayuden a la isla a desarrollarse y recuperarse y “dar al pueblo de Cuba la libertad, la dignidad y las oportunidades que se merece”.

El martes, el Departamento de Estado anunció nuevas sanciones contra más entidades financieras estatales cubanas, así como contra un miembro de la familia Castro.

“Estas ‘reformas económicas’ graduales son modestas, llegan con mucho retraso y, en última instancia, no son más que señales de humo superficiales del régimen cubano”, dijo el Departamento de Estado.

Activistas cubanos, como la defensora de la libertad de expresión Yoani Sánchez y el disidente José Daniel Ferrer se mostraron en gran medida de acuerdo, y destacaron que la extensa lista de cambios no incluía ninguna mención a la libertad política ni a un sistema multipartidista.

“Cuba no necesita parches”, dijo Ferrer, “sino una transformación económica profunda y una transición política total”.

Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.

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