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Jugadores exhaustos, aficionados desmayados y bolsitas de agua lanzadas desde la banda. Así fue aquel encuentro de 1994 en Orlando, considerado uno de los más calurosos en la historia de los Mundiales.
Solo con ver las imágenes de aquel partido del Mundial de hace 32 años ya te entra el sudor.
Los entrenadores entrecerraban los ojos bajo el sol del mediodía. Los espectadores, muchos vestidos de blanco en un débil intento por refrescarse, se abanicaban frenéticamente o se quitaban la camiseta incluso antes del pitazo inicial. Apenas media hora después del inicio, los jugadores de México e Irlanda ya lucían empapados, lentos y totalmente agotados.
Era el 24 de junio de 1994. La ciudad era Orlando, Florida. La temperatura en el campo era de al menos los 43 grados Celsius.
“La gente se desmayaba entre el público”, recuerda John Aldridge, el delantero que marcó el único gol de Irlanda ese día. “Fue una locura”.
Ese partido, disputado hace más de tres décadas, sigue siendo quizás el más caluroso que se haya jugado jamás en un Mundial. Desde entonces, el planeta se ha calentado alrededor de 0,7 grados centígrados y ha experimentado episodios de calor extremo más frecuentes, lo que generó importantes preocupaciones antes de que el torneo masculino regresara este mes a Norteamérica por primera vez desde 1994.
Los cinco partidos jugados en Orlando ese año –así como varios en otras ciudades, incluida la final en Pasadena, California– se disputaron bajo un calor increíble.
Este año, ya se han jugado algunos partidos en días abrasadores, aunque no tan calurosos como el de Orlando. Se espera que Dallas registre temperaturas de unos 32 a 35 grados Celsius el miércoles, cuando Japón se enfrente a Suecia allí; lo mismo ocurre en Guadalupe, México, donde Sudáfrica jugará contra Corea del Sur.
Los jugadores que participaron en el partido entre México e Irlanda en 1994 recuerdan, todavía incrédulos, lo que tuvieron que soportar durante esos 90 minutos. México venció a Irlanda por 2-1 después de que el calor y la humedad extremos golpearan con especial dureza a los irlandeses.
Claudio Suárez, defensa central del equipo mexicano de 1994 y hoy comentarista de Fox Deportes, explicó que los mexicanos estaban más acostumbrados que los europeos a competir bajo ese tipo de calor, lo que, a su juicio, los ayudó un poco.
“Más que un poco”, replicó el centrocampista irlandés Ray Houghton, que ahora trabaja en la cadena RTÉ Sport: “¡Parecía que estuvieran dando un paseo dominical!”, dijo refiriéndose a la selección mexicana.
Suárez recuerda cómo los rostros de los irlandeses reflejaban su desesperación; algunos de ellos veían a los mexicanos con expresión de gran incredulidad.
En las gradas, los aficionados irlandeses estaban “pálidos, agobiados y jadeando”, según informó en su momento el periódico Irish Independent. Se agolpaban en una “zona de lluvia”, un espacio dentro del estadio donde se rociaba agua desde tuberías para dar algo de alivio a los asistentes.
“Cuando comenzó el partido, una gloriosa nube cruzó el sol abrasador”, informó el periódico Daily Mirror tras el encuentro. “Ofreció un alivio momentáneo a jugadores y aficionados, aunque la humedad seguía drenando el alma”.
Se había animado a los aficionados a llegar temprano, llevar ropa y gorras de colores claros y beber mucha agua. Más de 100 personas se desmayaron en las gradas ese día, según varios informes periodísticos de la época que citaban a las autoridades locales.
El partido comenzó a las 12:30 p. m., tanto para evitar las tormentas de verano de Florida a última hora de la tarde como para que los aficionados de Europa pudieran verlo. Pero jugar en esas condiciones fue “una mala idea”, dijo Aldridge.
El equipo irlandés estaba acostumbrado a un juego de presión que exigía a los jugadores “meterse encima de los rivales”, dijo, “y nos costó mucho, porque no podías hacer eso durante 90 minutos. Era imposible”.
El personal de los equipos arrojaba bolsitas de plástico llenas de agua a los jugadores desde la banda. Estos, a su vez, tiraban las bolsitas vacías al campo, dejando un desastre, según recordaron Aldridge, Houghton y Suárez en entrevistas separadas durante las últimas semanas.
En los entrenamientos de esa semana, los jugadores perdieron muchos kilos por culpa de la humedad, dijo Houghton. En los partidos, recordó Aldridge, no se ponía bloqueador solar.
Ahora las cosas han cambiado mucho. “Se beneficiaron de que fuéramos los conejillos de indias”, dijo Aldridge.
Este año, la FIFA ha introducido pausas obligatorias de tres minutos para que los jugadores se hidraten, una en cada mitad de cada partido, a pesar de algunas críticas de que esas pausas interrumpen el ritmo del partido. Muchos estadios cuentan ahora con techos o cubiertas que dan sombra. Y no se juega ningún partido en la zona de Miami antes de las 6 p. m. (Lo sentimos, espectadores europeos).
Miguel Herrera, quien dirigió a la selección mexicana en el Mundial de 2014 en Brasil, dijo que ahora los médicos del equipo miden los niveles de hidratación de los jugadores durante varios días antes del partido y les administran líquidos para que estén en óptimas condiciones al inicio del encuentro. Los equipos también viajan con más anticipación a las ciudades donde jugarán para poder aclimatarse, dijo Herrera, quien ahora trabaja para la cadena TelevisaUnivision.
Años después del Mundial de 1994, Suárez se encontró con Fernando Hierro, que había jugado en el torneo con España, y con Carlo Ancelotti, que había sido asistente técnico de Italia (y que ahora dirige a la selección de Brasil). ¿De qué hablaron? De lo caluroso que había sido el primer Mundial celebrado en Estados Unidos, dijo Suárez.
“Hierro dijo: ‘Qué calor hacía en Dallas’”, contó Suárez. “Ancelotti dijo: ‘Qué calor hacía en Washington’. Y yo les dije: ‘¡Y ninguno de ustedes tuvo que jugar en Orlando!’”.
Susan C. Beachy colaboró con la investigación.
Patricia Mazzei es la reportera principal del Times en Miami y cubre Florida y Puerto Rico.
Susan C. Beachy colaboró con la investigación.
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