This post was originally published on this site.
Durante décadas, la idea de que el régimen iraní representaba lo peor de lo peor del mundo fue uno de los pilares de la política exterior del Partido Republicano.
Pero en los últimos meses, y sobre todo desde que el gobierno de Donald Trump ha defendido su acuerdo de paz preliminar, se ha ido afianzando una perspectiva diferente en algunos sectores de la derecha estadounidense: Irán como un país pragmático con el que Estados Unidos puede, y debe, aprender a convivir.
Este cambio radical lo ha liderado el presidente Trump, que la semana pasada calificó a los líderes iraníes de “gente fuerte, gente inteligente”, pero va mucho más allá de él. El vicepresidente JD Vance se ha convertido en su principal defensor. Los conservadores, que durante mucho tiempo han mostrado una tendencia aislacionista, han recibido un nuevo ímpetu. Incluso algunos de los llamados halcones –que siempre han tenido un enfoque más agresivo sobre el conflicto– han cambiado de tono.
Es demasiado pronto para saber si este cambio durará. Muchos republicanos mantienen su postura de línea dura, y Trump ha amenazado de vez en cuando con reanudar la guerra. Parte de este cambio de discurso entre los republicanos podría deberse a la conocida trayectoria de la era Trump para mantenerse en la línea de un presidente voluble.
Pero las entrevistas muestran que el giro de la derecha, que se aleja de la tradicional postura belicista republicana respecto a Irán, está impulsado por factores que van más allá del deseo de Trump de desentenderse del conflicto. Hay un cambio generacional en el partido que se aleja del apoyo incondicional a Israel, el archienemigo de Irán, e incluso muestra, a regañadientes, cierta admiración por la capacidad del régimen iraní para resistir semanas de bombardeos intensos.
Se trata de una dinámica política interna con implicaciones globales; un asunto que queda claro en las consecuencias de la guerra de Irán para el suministro energético de Europa y Asia, así como para la seguridad de los países árabes del Golfo Pérsico.
“Irán se ha defendido. Bien por Irán”, dijo Curt Mills, director ejecutivo de The American Conservative, transmitiendo lo que describió como el mensaje de Trump a los estadounidenses. “Y eso significa que a Estados Unidos solo le interesa bajarle un poco los humos a estos tipos”.
Mills, de 35 años, dirige una revista fundada por uno de los aislacionistas originales del conservadurismo moderno, Patrick Buchanan. Defiende desde hace mucho tiempo la moderación en política exterior, una opinión que, según las encuestas, comparten muchos republicanos más jóvenes, que alcanzaron la mayoría de edad durante las guerras de Irak y Afganistán. “Decir que estamos en contra de pelear contra Irán desde la derecha es cada vez menos tabú”, dijo Mills.
Stephen Bannon, exasesor principal de Trump, describió al presidente como un “negociador y un pragmático” que ahora sabe que “no va a celebrar una ceremonia de rendición en el acorazado Misuri, en el puerto de Bandar Abbas”, el puerto iraní. Bannon evocó las antiguas guerras de Persia contra Grecia y Roma para explicar la dificultad de Trump para derrotar a Irán.
“Se atrincheran y se afianzan con fuerza”, dijo Bannon en un mensaje de texto.
Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca, dijo que la guerra contra Irán había “destruido con éxito” gran parte del ejército del país, y que los negociadores ahora estaban “trabajando para eliminar de una vez por todas la capacidad nuclear de Irán”.
“El presidente no toma estas decisiones importantes de seguridad nacional para complacer a los presentadores de pódcast o a los comentaristas de sillón de los grupos de expertos”, dijo Kelly. “Su única prioridad es lo que más le conviene al pueblo estadounidense”.
Pero, como muestra de que la Casa Blanca está al tanto de los cambios políticos en Irán, Vance acudió la semana pasada al programa en internet de Megyn Kelly para promocionar el acuerdo de paz preliminar. Kelly, una expresentadora de Fox News, tiene cuatro millones de suscriptores en YouTube y se ha convertido en la voz de los republicanos desencantados con la política exterior de Trump.
Los halcones “actúan basándose en una visión anticuada del mundo y de la actitud y capacidad estadounidenses”, dijo Kelly en su programa dos días después de hablar con Vance, y añadió: “Los iraníes no van a ceder. Les ha ido bien en esta guerra”.
Esa visión anterior del mundo quedó reflejada en el discurso sobre el Estado de la Unión de 2002 del presidente George W. Bush. Irán formaba parte de un “eje del mal”; para Estados Unidos, era “tanto nuestra responsabilidad como nuestro privilegio librar la batalla por la libertad”. Al iniciar la guerra el 28 de febrero, el propio Trump había calificado al gobierno iraní de “gente muy dura y terrible” que “quería hacer el mal”.
Al hacer eco de esa opinión, el senador Ted Cruz, republicano por Texas, dijo en su pódcast la semana pasada que Trump ahora estaba “recibiendo muy malos consejos” sobre Irán porque “dar miles de millones de dólares a unos lunáticos teocráticos” es “una idea muy, muy mala”. El senador Tim Sheehy, republicano de Montana, dijo en Fox & Friends que los líderes de Irán siguen “queriéndonos muertos a ti y a mí”.
Pero incluso en el Senado, un bastión de los conservadores que tienen una visión más agresiva del conflicto, se nota un cambio de tono.
Roger Marshall, senador republicano por Kansas que en abril dijo que negociar con “fanáticos religiosos irracionales” en Teherán era “casi imposible”, argumentó este mes en CNN que se podría permitir a Irán tener misiles porque “deberían poder defenderse”. En The Brian Kilmeade Show de Fox Radio, dijo que no quería parecer “un defensor de Irán”. Pero repitió el mantra de “no a las guerras eternas” al explicar por qué Estados Unidos debería negociar una salida del conflicto.
“Ya hemos perdido a 13 soldados estadounidenses, básicamente defendiendo a Israel en su mayor parte y tratando de eliminar las armas nucleares”, dijo.
Estos cambios en el discurso pueden deberse, en parte, a que los políticos conservadores se están dando cuenta de un cambio generacional en la forma en que sus posibles votantes perciben el lugar que ocupa Estados Unidos en el mundo.
Una encuesta del New York Times/Siena del mes pasado reveló que el 53 por ciento de los posibles simpatizantes republicanos menores de 45 años se oponían a la guerra en Irán, frente al 22 por ciento de los mayores de 45 años; el 54 por ciento de los más jóvenes dijo que Trump apoyaba demasiado a Israel, frente a solo el 16 por ciento del grupo de mayor edad. Y casi tres cuartas partes de los simpatizantes republicanos menores de 45 años dijeron que Estados Unidos debería prestar menos atención a los problemas en el extranjero, frente al 40 por ciento de los mayores de 45 años.
Estas diferencias en la visión del mundo también quedaron patentes en la perspectiva relativamente positiva que tienen los seguidores republicanos más jóvenes sobre el expresentador de Fox News Tucker Carlson –un 41 por ciento de opinión favorable, un 23 por ciento desfavorable–, a pesar de que Trump se ha referido a él y a Kelly como “PERDEDORES” con “COEFICIENTE INTELECTUAL BAJO”. Carlson es quizás el conservador que se opone con mayor vehemencia a la guerra.
La semana pasada, Carlson publicó una entrevista con Trita Parsi, crítico de la guerra contra Irán y cofundador del Quincy Institute for Responsible Statecraft, un centro de estudios de Washington que aboga por un papel más limitado de Estados Unidos en el mundo. Le dijo a Parsi que Irán saldría de la guerra como “una gran potencia mundial” gracias a su capacidad para cerrar el estrecho de Ormuz, una ruta clave para gran parte del petróleo mundial. Parsi dijo que Irán se había vuelto “mucho más fuerte, al menos de manera temporal” y que ya le había dicho al gobierno de Trump, al inicio de la guerra, que era un error.
En una entrevista telefónica, Parsi dijo que había mantenido “conversaciones continuas” con funcionarios del gobierno sobre Irán desde principios del año pasado, incluso “con la gente que está en la mesa de negociaciones”. También dijo que a una parte de la derecha estadounidense “francamente no le importa Irán”.
“Están más enfadados por el hecho de que se iniciara la guerra en primer lugar que por el hecho de que Estados Unidos sufriera una derrota estratégica”, dijo Parsi. “Eso te da una idea de lo mucho que ha cambiado la percepción sobre Irán”.
Anton Troianovski escribe para el Times sobre política exterior y seguridad nacional estadounidense desde Washington. Anteriormente fue corresponsal extranjero con sede en Moscú y Berlín.
Leave a Reply