Venezuela busca sobrevivientes, y un milagro, tras un devastador doblete sísmico

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Dos terremotos en rápida sucesión han llevado al país latinoamericano al límite de su resistencia.

El jueves, los equipos de rescate y los vecinos desesperados excavaban en busca de supervivientes entre los escombros de grandes edificios de apartamentos y casas destruidas, luego de que dos poderosos terremotos que ocurrieron consecutivamente en cuestión de segundos sacudieran Venezuela, un país que ya se tambalea tras décadas de agitación económica y política.

El gobierno venezolano informó que al menos 188 personas habían muerto y más de 1500 habían resultado heridas a causa de los dos sismos. El primero, de magnitud 7,2, sacudió el oeste de la capital, Caracas, el miércoles poco después de las 6:00 p. m. Le siguió otro, mucho más fuerte, de magnitud 7,5, apenas 39 segundos después.

Esta infrecuente sucesión de sismos, conocida como “doblete”, fue uno de los fenómenos tectónicos más potentes que ha sufrido Venezuela en el último siglo, y era casi seguro que el número de muertos aumentara a medida que los equipos de rescate empezaran a llegar a las zonas más afectadas y a los pueblos remotos situados en las laderas.

La Guaira, una ciudad portuaria al norte de Caracas, parecía haber recibido uno de los golpes más duros. Edificios enteros se habían derrumbado por completo. De algunos apartamentos solo quedaban las paredes, lo que les daba un aspecto esquelético.

Cuando Yorliana Colmenares se acercó a un edificio que había quedado reducido a escombros, oyó unos golpes el jueves por la mañana.

Ella creía que su novio estaba atrapado adentro. Pero aún no habían llegado ni equipos de rescate, ni bomberos, ni personal médico, así que los vecinos estaban excavando por su cuenta entre muros derruidos, alambre enredado y polvo.

“Han sacado muchas personas muertas”, dijo Colmenares. “Heridas, niños, animales”.

Frente a otro edificio, una pareja buscaba a su hijo de 8 años. El niño jugaba al baloncesto cuando se produjeron los terremotos y no lo habían vuelto a ver desde entonces.

El desastre se produjo en un momento crítico para Venezuela.

Hace menos de seis meses, fuerzas estadounidenses capturaron al líder autócrata del país, Nicolás Maduro, y lo llevaron a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico. La destitución de Maduro transformó a Venezuela de adversario de Estados Unidos en lo que es, en la práctica, un estado satélite encabezado por su exvicepresidenta, Delcy Rodríguez. Ella ha contado con el respaldo del gobierno de Donald Trump y se ha enfrentado al descontento popular.

Desde que arrestó a Maduro, el gobierno de Trump ha exigido que Venezuela abra su sector petrolero a empresas extranjeras (sobre todo a las de Estados Unidos), colabore con los servicios de seguridad e inteligencia estadounidenses, rompa relaciones con los adversarios de ese país y libere a los presos políticos.

Los terremotos y el largo camino hacia la reconstrucción que queda por delante pondrán a prueba hasta qué punto el gobierno de Trump está ahora dispuesto a apoyar a Venezuela mientras sigue convirtiendo el país en un protectorado económico.

Rodríguez dijo en un discurso televisado el miércoles por la noche que los terremotos habían causado daños generalizados, sobre todo en Caracas y La Guaira. Indicó que se habían producido cortes de electricidad tanto en Caracas como en La Guaira, aunque la red eléctrica seguía funcionando en el resto del país.

“Hay decenas de edificios colapsados y estamos en este momento en labores muy arduas de rescate”, dijo Rodríguez. Lo calificó de “una verdadera tragedia”.

El Servicio Geológico de Estados Unidos dijo que muchas personas de la región afectada por el terremoto viven en estructuras vulnerables construidas con ladrillo y adobe. Ya existían debilidades similares en 1967, cuando un terremoto en Caracas se cobró la vida de cientos de personas y las autoridades atribuyeron las muertes a construcciones defectuosas.

Venezuela se encuentra en el borde de la placa tectónica sudamericana, donde colinda con la placa del Caribe, y los terremotos suelen producirse en esos límites o cerca de ellos. Pero el terremoto de magnitud 7,5 del miércoles fue el más fuerte que ha sacudido el país desde el 29 de octubre de 1900, cuando se registró un terremoto de magnitud 7,7 cerca de la costa venezolana.

Los vecinos describieron la conmoción y la confusión que se vivieron cuando las violentas sacudidas derrumbaron casas, hicieron temblar las ventanas y dejaron sin electricidad a amplias zonas.

“Me sentí lo más aterrada que me he sentido en toda mi vida”, dijo Luisa Martínez, de 68 años, que vive en Valencia, la tercera ciudad más grande de Venezuela, a unos 160 kilómetros al oeste de Caracas. “El ruido, las ventanas abriéndose y cerrándose, y todo crujiendo como nunca, fue de horror. Mi esposo, mi hijo y yo nos abrazamos y yo me puse a rezar, a clamar a Dios que nos salvara”.

Las autoridades cortaron el suministro de gas en las zonas afectadas y el servicio de agua se interrumpió en algunas partes de Caracas y en varios estados del norte, entre ellos Miranda, Falcón, Yaracuy, Zulia y La Guaira, dijo Rodríguez.

Se suspendieron los servicios de metro y ferrocarril, y el aeropuerto internacional Simón Bolívar, que sirve a la capital, se cerró tras sufrir graves daños. Rodríguez dijo que los colegios permanecerían cerrados el resto de la semana.

En la madrugada del jueves, no había luz en algunas zonas de Caracas, sobre todo en el oeste de la ciudad, y las calles estaban inundadas por la rotura de las tuberías de agua.

En La Guaira, se habían derrumbado más de 100 edificios, según la principal agencia humanitaria de las Naciones Unidas. Los residentes de la zona dijeron que necesitaban maquinaria pesada para retirar los escombros y expresaron su frustración ante la llegada de únicamente trabajadores de rescate civiles con cascos muy endebles.

“¡Aquí vivía mi hermana!”, gritó una mujer que estaba junto a un apartamento dañado mientras ciudadanos de a pie retiraban los escombros. “¡No hay nadie aquí! ¡Esto es el olvido del gobierno!”.

Angie Reyes dijo que estaba desesperada por encontrar a un compañero de trabajo, Daniel Vivas, de 43 años, que vivía en un apartamento en el sexto piso de un edificio en La Guaira. Dijo que temía que nadie llegara a él a tiempo para rescatarlo.

Hasta que llegue la comunidad internacional, dijo, estaban atrapados.

La Guaira no es ajena a los desastres. En 1999, los deslizamientos de tierra que se produjeron allí causaron al menos 15.000 muertes. Ocurrieron apenas unos meses después de que un nuevo y polarizador gobierno asumiera el poder, y se convirtió en la primera gran crisis para el presidente Hugo Chávez, el predecesor de Maduro.

En su discurso televisado del miércoles por la noche, Rodríguez apareció junto al ministro del interior, Diosdado Cabello, a quien el gobierno de Trump acusó de “narco-terrorismo” en la misma acusación formal en la que imputó a Maduro.

“Les pido que actuemos en unión nacional, con calma, y que sepamos que unidos vamos a superar esta tragedia”, dijo.

El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo el jueves que había hablado con Rodríguez y que Estados Unidos estaba enviando equipos de búsqueda y rescate desde el condado de Fairfax, Virginia y de Los Ángeles. En declaraciones a los periodistas durante su viaje a Baréin, Rubio dijo que otros equipos seguirían, y que Estados Unidos también estaba proporcionando a Venezuela imágenes aéreas de las zonas más afectadas.

Dijo que el Departamento de Defensa coordinaría los vuelos de ayuda debido a los daños sufridos por el aeropuerto principal de Caracas.

“Pase lo que pase, Estados Unidos siempre ha respondido ante las crisis humanitarias, sobre todo en nuestro propio hemisferio”, dijo Rubio. “En eso estamos enfocados ahora”.

En una publicación en redes sociales el miércoles por la noche, Trump escribió que había instruido a las agencias federales a que se prepararan “para actuar con rapidez”, y afirmó que “estaremos ahí para nuestros nuevos y grandes amigos”.

Muchos otros países también prometieron ayudar, entre ellos China e India, así como naciones latinoamericanas como Chile, Argentina, Colombia, Panamá, Brasil y El Salvador.

Venezuela es rica en petróleo, pero sigue intentando salir de una depresión que dura ya una década y que ha arrasado con la mayor parte de su producción económica y llevó a millones de personas a abandonar el país. Sus servicios de rescate se han visto mermados, la infraestructuras ha sido abandonada al deterioro y la inflación ha alcanzado máximos históricos.

Es probable que esos problemas agraven aún más los retos de la recuperación.

El jueves, los trabajadores utilizaron maquinaria pesada para retirar grandes trozos de escombros de un edificio de seis pisos derrumbado en el barrio de El Paraíso, en Caracas, con la esperanza de encontrar a siete residentes reportados como desaparecidos.

Vladimir Navas estaba allí cerca, buscando a sus suegros, Freddy Carrero, de 86 años, y Eliana Hernández, de 82. Creía que estaban en casa viendo un partido del Mundial cuando se produjeron los temblores.

“No hay más posibilidades que hayan salido”, dijo Navas. “No se oye nada. Estamos a nivel de milagro. Si alguien vive allí, es un milagro”.

Frances Robles, Sheyla Urdaneta, Genevieve Glatsky, Tibisay Romero, Fabiola Ferrero, Robin George Andrews, Amy Graff, Judson Jones, Leo Sands, Edward Wong y John Yoon colaboraron con la reportería.

Anatoly Kurmanaev cubre la actualidad de Venezuela y su gobierno interino.

Julie Turkewitz es la jefa de la corresponsalía del Times en los Andes, con sede en Bogotá, y cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.

Michael Levenson cubre noticias de última hora para el Times desde Nueva York.

Frances Robles, Sheyla Urdaneta, Genevieve Glatsky, Tibisay Romero, Fabiola Ferrero, Robin George Andrews, Amy Graff, Judson Jones, Leo Sands, Edward Wong y John Yoon colaboraron con la reportería.

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