La avalancha de voluntarios en Venezuela ralentiza las labores de rescate

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El gran número de voluntarios que acudieron con ayuda después de los terremotos de Venezuela colapsó la única carretera que llevaba a la zona afectada, lo que retrasó la llegada de los equipos de rescate.

Las autoridades venezolanas han restringido el acceso a la zona más afectada por la catástrofe, ya que la avalancha de ayuda tras los devastadores terremotos de Venezuela se ha convertido, en algunos lugares, en un obstáculo para las labores de rescate.

Mientras camiones y motos se apresuraban estos últimos días hacia el dañado estado costero de La Guaira cargados de comida, agua y medicinas, el tráfico colapsó la única carretera que lleva a la zona del desastre, lo que retrasó a las ambulancias y a los equipos de rescate. El sábado por la mañana, las autoridades restringieron el acceso para permitir el paso solo a los vehículos del gobierno y al personal autorizado, con el argumento de que el flujo de voluntarios civiles se había salido de control.

Un video muy compartido en las redes sociales mostraba a una trabajadora humanitaria que suplicaba a los voluntarios que dejaran de entrar en La Guaira y advertía que el tráfico había impedido que los equipos de rescate llegaran hasta los sobrevivientes que seguían atrapados bajo los edificios derrumbados.

“Hay personas vivas”, dijo. “Tenemos el equipo aquí de rescate, pero hay demasiadas personas trayendo insumos”.

Añadió que un puente dañado se había desplazado varios centímetros por el peso del tráfico y corría el riesgo de quedar intransitable.

La trabajadora humanitaria instó a la gente a dejar las donaciones en los centros de acopio de Caracas en lugar de llevarlas ellos mismos a La Guaira.

“Necesito que dejen ayudar”, dijo. “Tenemos los médicos, los insumos, y no pueden bajar”.

El viernes, la carretera de Caracas a La Guaira estaba abarrotada de autobuses, coches, camiones de ayuda y motos que llevaban agua, palas y cuerdas, entre otros suministros. El trayecto, que normalmente dura una hora, se alargó hasta unas cuatro horas. Algunos trabajadores de la salud abandonaron sus vehículos y siguieron a pie bajo el calor, mientras los camiones de la Cruz Roja se quedaban atascados en el tráfico.

El tráfico ha agravado los retos logísticos a los que se enfrentan los equipos de rescate, según Josué Araque, experto en riesgo de desastres de la Universidad de los Andes en Venezuela.

Las carreteras dañadas y un puente debilitado que lleva a La Guaira ya habían ralentizado el acceso, mientras que el flujo constante de motos y coches particulares generaba un ruido que podía distraer a los equipos de rescate que escuchaban en busca de supervivientes atrapados bajo los escombros, dijo.

Muchos venezolanos prefieren entregar la ayuda directamente en lugar de hacerlo a través de los canales oficiales porque desconfían de las instituciones del gobierno, añadió, lo que contribuye al congestionamiento y empuja a las autoridades a tomar decisiones difíciles y poco populares, como restringir el acceso a la zona del desastre.

Dijo que es una práctica habitual que incluye acordonar las zonas afectadas para prevenir enfermedades, controlar el número de personas que entran y evitar crear problemas aún mayores.

Las autoridades establecieron un sistema de permisos de entrada, pero se ha visto desbordado por las solicitudes. Ahora, incluso las familias de las víctimas hospitalizadas han tenido dificultades para conseguir permisos para entrar en La Guaira, según Araque.

A pesar de las restricciones, el tráfico seguía congestionado el sábado por la mañana. Una reportera de The New York Times vio maquinaria pesada, camiones de retiro de escombros y furgonetas del gobierno que se dirigían hacia La Guaira junto a vehículos particulares. Las ambulancias circulaban con la sirena a todo volumen entre el tráfico mientras el personal de emergencias corría por delante e indicaba a los vehículos que se apartaran. Los trabajadores de salud viajaban en la parte trasera de camionetas. Hubo un pequeño choque entre una camioneta y un motociclista.

Jesús Pacheco, un estudiante de electrónica de 26 años que condujo cinco horas en su moto para llevar material médico, dijo que el viernes la entrada a La Guaira se había vuelto un caos, ya que los vehículos cargados de ayuda inundaban la zona del desastre.

Aunque la solidaridad era impresionante, dijo, empezó a preguntarse si esa respuesta tan abrumadora no se había vuelto contraproducente.

Pacheco dijo que a veces, en el afán de llevar ayuda, las personas terminan complicando los esfuerzos y olvidan que es mejor ir organizados. Pero agregó que hacían lo mejor que podían.

Genevieve Glatsky es una reportera del Times radicada en Bogotá.

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