Argentina e Inglaterra vuelven a cruzarse en un partido cargado de historia

This post was originally published on this site.

La semifinal del Mundial reaviva décadas de rivalidad marcadas por el enfrentamiento de 1986, la guerra de las Malvinas y la figura de Diego Maradona.

Saltando al unísono en las entrañas de concreto del Arrowhead Stadium, sin camiseta y aún con sus pantalones cortos y botas de fútbol puestas, los jugadores argentinos echaron la cabeza hacia atrás y cantaron a todo pulmón, invocando un par de nombres sagrados –uno, un lugar; el otro, una persona– que definen inevitablemente cualquier enfrentamiento con Inglaterra.

“Por las Malvinas, y por el Diego”, cantaban.

Afuera, en las tribunas, miles de hinchas argentinos entonaban el mismo cántico, y lo mantuvieron por más de una hora después del partido.

La letra, pieza central de la campaña argentina en el Mundial, ponía de relieve que la semifinal del miércoles en Atlanta tiene un enorme peso emocional. Pocas rivalidades en el fútbol internacional tienen la misma carga –una colisión de política, cultura y deporte– que el enfrentamiento entre Inglaterra y Argentina en el Mundial.

El repertorio de canciones de Argentina, el más rico de este Mundial, es un recordatorio constante de una rivalidad que perdura desde un partido épico en 1986. Cuatro años después de que el Reino Unido aplastó a la dictadura militar argentina en una guerra por las islas Malvinas, Diego Maradona arrolló a Inglaterra sobre el terreno de juego.

Ese partido, disputado en una de las grandes catedrales del fútbol, el Estadio Azteca de Ciudad de México, se celebró tan poco después de la guerra que adquirió una importancia descomunal en Argentina que aún hoy se sigue sintiendo. Maradona creó dos momentos de historia mundialista en el mismo partido, al marcar con su “Mano de Dios” –un gol ilegal marcado con el puño— y, posteriormente, su “Gol del Siglo“.

El entrenador de Argentina, Lionel Scaloni, ha intentado restar importancia al partido del miércoles, presentándolo como nada más que una batalla por un lugar en la final. Sus jugadores, que saltaban al ritmo de las canciones sobre Maradona y las Malvinas, daban a entender lo contrario.

Una vez que ambos equipos alcanzaron las semifinales, la fiebre que ya se había apoderado del Mundial en Argentina volvió a subir. Las proyecciones de “El Partido”, un documental que recrea el encuentro de 1986, pasaron de una única función diaria en un cine de Buenos Aires a casi 20 por día en toda la ciudad.

“Hay algo de una justicia histórica, una revancha histórica que se da ya no a través de las vías bélicas, sino a partir del enfrentamiento futbolístico”, dijo Julia Rosemberg, profesora de Historia en la Universidad de Buenos Aires. “Algo que se conjugaba 4 años después, aquello que había pasado en la guerra, bueno, hubo una forma de revancha, una forma de justicia que se pudo hacer a través del fútbol”.

Maradona, quien murió en 2020, dijo algo muy parecido en vida.

El canciller argentino, Pablo Quirno, publicó un artículo días antes del partido en el periódico La Nación, en el que reafirmaba la reivindicación de su país sobre el territorio. “El tiempo no convierte una ocupación ilegítima en soberanía”, escribió. Las Malvinas han sido territorio británico durante casi 200 años y, en 2013, el 99,8 por ciento de los isleños votó a favor de seguir siendo británicos.

Las selecciones se han enfrentado en otros dos Mundiales, en 1966 y 1998, y ambos partidos avivaron la rivalidad. Alf Ramsey, seleccionador de Inglaterra en 1966, tildó a los jugadores argentinos de “animales” tras el partido y se negó a que sus jugadores intercambiaran camisetas con ellos. En 1998, David Beckham pasó de ser el ídolo nacional a convertirse en villano tras ser expulsado por una falta sobre Diego Simeone. Simeone diría más tarde que exageró para asegurarse de que Beckham recibiera la tarjeta roja.

Pero es el partido de 1986 el que sigue siendo la esencia de la rivalidad, inigualable por el momento en que se produjo y su desenlace cinematográfico. Está entretejido en la identidad nacional argentina y elevó a Maradona –quien vivió una vida caótica y a menudo polémica– a un estatus casi mítico.

“No es lo que hizo, sino lo que representa”, afirmó Pablo Alabarces, un sociólogo que ha escrito extensamente sobre el fútbol y Maradona. Muchos argentinos, señaló, son demasiado jóvenes para haber visto jugar a Maradona. Ahora perdura como una leyenda, transmitida de generación en generación.

“Soy un tipo normal, que por hacerle un golazo a los ingleses, que nos mataban a los pibes en Malvinas”, dijo Maradona en una entrevista de 2019. “Hoy todo el mundo me reconoce: porque el abuelo se lo contó al padre, y el padre se lo contó al hijo”.

Miles de hinchas argentinos, muchos de ellos de entre 20 y 30 años, se reunieron en un parque de Kansas City para una concentración la víspera del partido de cuartos de final de la semana pasada en el Arrowhead Stadium. La mayoría llevaba camisetas con el nombre de Lionel Messi, el ídolo actual. Pero casi todas las gigantescas banderas que izaron en la noche mostraban una sola imagen: la de Maradona.

“Son fieles seguidores”, dijo Alabarces, al describir la influencia perdurable de Maradona en la identidad argentina.

Para Messi, tras una larga y exitosa carrera, este encuentro es el primero contra Inglaterra.

La globalización ha reducido las distancias en el fútbol internacional; los rivales en el Mundial suelen ser compañeros de equipo, o al menos rivales conocidos, a nivel de clubes. Pero algunas rivalidades siguen ardiendo.

Más de cuatro décadas después de la guerra, la pérdida de vidas que esta causó sigue siendo una fuente de dolor en Argentina y un tema de conversación nacional, algo que no ocurre en Reino Unido.

Muchos de los soldados argentinos muertos o heridos en la guerra eran jóvenes conscriptos; la mitad eran adolescentes, superados en número y armamento. La pérdida de vidas sigue formando parte del repertorio de canciones de fútbol y aparece en las banderas y pancartas que llevan los hinchas argentinos que viajan al exterior.

“Por los colores de mi patria doy la vida, como lo hicieron los soldados en Malvinas”, reza una de esas canciones. “A Inglaterra le pido un combate, vení sin los fierros, no seas cobarde”. El himno de este torneo, “La Cuarta Estrella”, vincula a Maradona, Messi y las Malvinas con la búsqueda de un cuarto título mundial.

En Reino Unido, los recuerdos de la jugada magistral de Maradona aún persiguen a algunos de los jugadores ingleses que perdieron en 1986.

Cuando Maradona debutó como seleccionador contra Escocia en 2008, Terry Butcher, un exdefensa de Inglaterra, se encontraba en el banquillo rival y se negó a darle la mano a Maradona. Peter Shilton, el portero al que le marcó la “Mano de Dios”, ha dicho que nunca podrá perdonarle.

Son muchas las imágenes que perduran de aquel día en que Argentina venció a Inglaterra en 1986, pero para Cristian Malaspina, presidente del Argentinos Juniors –el primer club profesional de Maradona–, hay una que destaca: Maradona celebrando mientras, al fondo, los furiosos hinchas ingleses le lanzan insultos. Malaspina dijo que esa imagen es el mejor ejemplo de quién era Maradona: un hombre del pueblo que luchaba por una causa.

El Estadio Diego Armando Maradona, sede del Argentinos Juniors, es un santuario viviente dedicado a su hijo más famoso, con su imagen en casi todas las paredes y en los cuerpos de los aficionados. Fuera del estadio, Diego Santonovich, que lleva un tatuaje de Maradona en el antebrazo, afirmó que todos los argentinos, incluso aquellos a quienes les incomoda el estilo de vida a menudo excesivo del jugador, “sigue siendo parte de Maradona”.

En otra parte de la ciudad, un mural muestra a Maradona con el ceño fruncido –tal y como lo hacía durante los himnos nacionales antes del partido de 1986– junto a un grupo de jóvenes vestidos con uniformes militares, sobre las palabras “Volveremos a las Malvinas”.

Un grupo de veteranos de guerra argentinos emitió un comunicado antes del partido del miércoles en el que instaba a los aficionados a no considerarlo una prolongación del conflicto. “Consideramos fundamental trazar una línea inquebrantable entre el fervor deportivo y la causa nacional”, afirmó la organización, la Federación Nacional de Veteranos de Guerra “2 de Abril”.

Otro grupo de veteranos, de La Plata, cerca de Buenos Aires, dijo que los esfuerzos de Maradona en 1986 habían dejado una huella imborrable sin importar el resultado del miércoles. “Sobre los enfrentamientos contra los ingleses, queremos decirles algo con el corazón en la mano”, dijeron. “Diego ya nos vengó. No quedan deudas deportivas que saldar con ellos”.

Tariq Panja es corresponsal mundial de deportes y se centra en historias en las que el dinero, la geopolítica y el crimen se cruzan con el mundo del deporte.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *