‘Un llamado de atención’: enormes incendios forestales pinchan la burbuja de Madrid

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Madrid vive un auge cultural y económico, pero los devastadores incendios forestales a pocos kilómetros de la capital han sido un golpe de realidad para sus habitantes.

Mientras los peores incendios forestales en la historia de España arrasaban el país, Elena Sánchez hizo una pausa en la venta de cervezas en un quiosco a orillas de un lago artificial en Madrid y señaló al poniente, hacia el atardecer. Era del color equivocado.

“Así no tiene que ser”, dijo Sánchez, de 54 años, el domingo por la tarde, mirando un resplandor gris brumoso –residuo humeante del incendio– a una distancia no tan lejana.

A medida que los incendios asolaban una zona a 48 kilómetros de la capital española en los últimos días, un acre olor a quemado impregnaba todo este parque en el extremo occidental de Madrid, dijo Sánchez. Aunque la situación mejoró el fin de semana, al principio la gente dejaba de hacer ejercicio por la picazón en la garganta, dijo, y los residentes mayores llevaban mascarillas quirúrgicas al aire libre. Aún podía sentir el humo en la lengua, dijo.

“Asusta”, dijo Sánchez. “Tengo miedo de que pueda llegar hasta aquí”.

En los últimos años, los expatriados adinerados, los trabajadores migrantes y la atención mundial han convertido a Madrid en una capital europea boyante. Pero en tanto que las llamas alcanzaban el lunes nuevas zonas alrededor de la capital y se extendían a más regiones del país, un sofocante golpe de realidad también ha llegado a la ciudad.

En un país liderado por un gobierno que se ha definido por la seriedad con la que se toma el cambio climático, las llamas se han acercado de manera inquietante a la capital. Los incendios alrededor de Madrid han hecho llorar a la presidenta de la región, Isabel Díaz Ayuso. Los expertos afirman que son un presagio de los daños por venir en el continente de más rápido calentamiento en el mundo.

Son “horas difíciles”, dijo el presidente del gobierno Pedro Sánchez el lunes por la tarde durante una conferencia de prensa en Castellón, en la costa oriental de España, donde un nuevo incendio arrasaba y obligaba a miles de nuevas evacuaciones.

De cara a los que su gobierno ha calificado como los incendios más grandes en la historia del país, y después de un verano de olas de calor sin precedentes, Sánchez hizo un llamado a un pacto nacional con todos los partidos políticos de España para trabajar en conjunto y prevenir los incendios, que atribuyó al cambio climático. Afirmó que se trata de “una emergencia climática que está superando todos los niveles y magnitudes que la ciencia nos viene advirtiendo a España y a Europa”.

El lunes, las autoridades regionales ordenaron la evacuación de Valdemaqueda, un pueblo de unas 870 personas a unos 40 kilómetros de la capital española, otra señal de que los incendios forestales al oeste de Madrid no estaban completamente bajo control. Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior de España, dijo que los bomberos tenían una ventana “crucial” de dos días para controlar los incendios alrededor de Madrid antes de que azoten al país unas temperaturas extremas que están previstas por encima de los 38 grados Celsius.

Todo eso ha conmocionado a los habitantes de Madrid, que no logran recordar un incendio de tanta magnitud tan cerca de su ciudad.

“Este es un llamado de atención”, dijo Leopoldo Salvador, de 84 años, que caminaba bajo el monumento a Cervantes en la Plaza de España, en Madrid. Dijo que había cerrado las ventanas de su casa durante el fin de semana templado para que no entrara el humo.

Cerca del palacio real de la ciudad, Cristina Herrero, de 46 años, profesora de biología en la Universidad Complutense de Madrid, escuchaba en su teléfono noticias sobre los incendios. Ella y sus amigos paseaban por los jardines del palacio con perros pastores que habían evacuado de sus fincas en las afueras de la ciudad.

“Lo siento”, le gritó Herrero a otro paseador de perros mientras su manada ladraba y gruñía a los perros sueltos a su alrededor. “¡Son perros evacuados!”.

Mientras el otro paseador de perros la miraba de mala manera, Herrero hablaba de las ovejas, los caballos y las colmenas que había dejado atrás en las granjas en las afueras de la ciudad. Herrero dijo que aunque la ciudad todavía se sentía aislada y segura, los que vivían justo al poniente de la capital estaban “muy preocupados”.

Su amiga Henar Hidalgo Riol, de 60 años, que también paseaba a un perro evacuado, estuvo de acuerdo.

“Hay incendios por todos lados”, dijo Hidalgo Riol, y añadió que la maleza seca cubría como una alfombra las montañas que rodean Madrid. “La gente sabe que la montaña es un polvorín”.

Los expertos dijeron que los incendios fueron resultado en parte de la pérdida de una cultura rural que había requerido de gestión forestal. Menos pastoreo y menos tala significaban que los bosques y paisajes de toda España, incluida el área metropolitana de Madrid, quedaban intactos, un ingrediente potencialmente explosivo cuando se combina con las condiciones secas que se hacen más probables por la quema de combustibles fósiles.

Los expertos dijeron que los incendios resultaban en parte de la pérdida de una cultura rural que había requerido de gestión forestal. Menos pastoreo y menos tala significaban que los bosques y paisajes de toda España, incluida el área metropolitana de Madrid, quedaban intactos, un ingrediente potencialmente explosivo al combinarse con las condiciones secas que se vuelven más probables por la quema de combustibles fósiles.

“Los incendios ahora encuentran combustible en todas partes”, dijo Víctor Resco, profesor de ingeniería forestal en la Universidad de Lleida.

Afuera del palacio real, el lunes, Charo Fernández, de 65 años, abogada, paseaba hacia un horizonte que parecía una cordillera, pero que era la tenue silueta del humo de los incendios al poniente. Dijo que durante el fin de semana su ropa apestaba a ahumado, y que el humo había salido a bocanadas desde esa dirección y hacia la ciudad como si surgiera “de una chimenea”.

Esas señales de incendio no se parecían a nada que Sánchez, que trabaja en el quiosco junto al lago, hubiera visto alguna vez, según dijo. Las semanas de calor récord de Madrid ya la habían agotado, dijo, y el cambio climático parecía indetenible. Daba igual qué recursos y legislación el país destinara a los incendios.

“Simplemente se sigue extendiendo”, dijo, mirando el atardecer enturbiado. “No hay que dejar que llegue hasta aquí”.

Carlos Barragán colaboró con la reportería.

Jason Horowitz es el jefe de la corresponsalía en Madrid para el Times; cubre España, Portugal y la forma en que vive la gente en toda Europa.

Carlos Barragán colaboró con la reportería.

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