This post was originally published on this site.
Una opción vacacional popular podría estar en riesgo debido al aumento de las temperaturas. Incluso quienes se aferran a sus planes de verano coinciden en que más aire acondicionado sería una gran ayuda.
Casi cada año desde el 2000, Jenise Campbell, de 54 años, ha viajado de Nueva York a París. El año pasado fue su primera visita de verano y le fue tan bien que volvió a ir este año. Llegó a finales de junio, con planes de quedarse hasta mediados de agosto, pero después de tres semanas, hizo algo que describió como “impensable”: cambió su vuelo y volvió a casa.
¿El motivo de su huida? El calor extremo.
“Nunca, jamás me iría de París antes de tiempo, pero caminar con los pantalones pegados…”, dijo Campbell, “simplemente pensé: ‘De ninguna manera voy a hacer esto’”.
Tras la tercera ola de calor en Europa occidental desde mayo, algunos viajeros están empezando a cuestionarse si tomar unas vacaciones de verano en Europa es una buena idea.
Las recientes olas de calor han llevado las temperaturas por encima de los 38 grados Celsius en París; a 44 grados Celsius en Valencia, España; y a más de 38 en Ginebra. En mayo, Londres ya padecía un calor sofocante de alrededor de 35 grados Celsius. Las condiciones secas también contribuyeron a los incendios: uno, a unos 97 kilómetros de Madrid, lleva días ardiendo.
Los expertos dijeron que, aunque las temperaturas finalmente están bajando, es probable que vuelvan a subir en las próximas semanas. “Las personas que visiten Europa occidental deben prepararse para que los periodos de calor sigan regresando en oleadas hasta agosto”, señaló Dominik Jung, un meteorólogo en Alemania.
Tal como lo han hecho en los últimos veranos, los viajeros, residentes y funcionarios locales buscaron formas de sobrellevar el calor. En Roma, se instalaron ventiladores con nebulizador y estaciones de enfriamiento afuera del Coliseo. En París, el canal Saint-Martin se abrió antes de lo planeado para nadar, mientras que en Londres, la gente hizo lo que pudo por conseguir lugares en piscinas abarrotadas. Algunos museos limitaron sus horarios porque no podían mantener sus galerías lo suficientemente frías, incluido el Louvre. “La acumulación de calor es mayor hacia el final del día y se intensifica aún más por el alto número de visitantes”, explicó el museo en un comunicado.
El aire acondicionado no siempre está garantizado
El calor también les ha dejado claro a algunos viajeros y a quienes trabajan en el sector turístico que el aire acondicionado quizá ya no sea negociable.
Campbell, la viajera frecuente de Nueva York, dijo que aunque está acostumbrada al calor de Manhattan, había algo “diferente y más caluroso” en las temperaturas de París. Durante su estancia, dijo que este se volvió tan “insoportable” que pasaba gran parte del día en su habitación de hotel con aire acondicionado, y solo salía a explorar antes de las 11 a. m. o después de las 6 p. m.
“Para los viajeros estadounidenses, el aire acondicionado es una expectativa, pero este verano están descubriendo que no es algo garantizado en gran parte de Europa”, dijo Melanie Fish, la vicepresidenta de relaciones públicas de Expedia Group.
Entre los estadounidenses, las búsquedas en Europa utilizando el filtro “aire acondicionado” en Hotels.com, que es propiedad de Expedia, se dispararon alrededor del 700 por ciento durante el periodo del 2 al 15 de julio en comparación con las búsquedas de alojamiento de verano realizadas tres meses antes.
Los viajeros no solo buscaban aire acondicionado: algunos buscaban irse de las ciudades más calurosas por completo, dijo Fish. “Los viajeros estadounidenses están buscando destinos europeos más frescos para escapar del calor, con incrementos en las búsquedas para Copenhague, Dinamarca, de casi un 500 por ciento, y Reikiavik, Islandia, de casi un 200 por ciento”.
Sam Randall, un representante de Airbnb, dijo que desde mediados de junio, las búsquedas de alojamientos con aire acondicionado en Francia habían subido un 88 por ciento, y aquellas con acceso a la playa saltaron un 86 por ciento. “Los servicios que ayudan a sobrellevar el calor tienen una demanda particularmente alta”, dijo.
Victoria Faucanie, la directora de mercadotecnia de Beaumarly, un grupo de restaurantes, hoteles y clubes con sede en París, dijo que cuando su empresa compró el edificio que alberga el restaurante Café Français hace más de una década, un comedor tenía aire acondicionado pero el otro no. En ese momento no era un problema, porque las temperaturas no eran tan altas de forma tan frecuente ni tan persistente como lo son ahora.
“Con esta alta temperatura ahora, estamos cerrando la mitad del restaurante, así que estamos perdiendo mucho dinero”, dijo Faucanie. “Nos dimos cuenta de que necesitamos tener aire acondicionado en todas partes”. Añadió que el restaurante está en conversaciones para tenerlo el próximo año.
Paige Dacanay, de 31 años, quien visitó Madrid desde San Diego este verano, dijo que no sale de su departamento de alquiler sin un ventilador eléctrico y un abanico; en los días más calurosos, se ha dado hasta tres duchas frías. “Esperaba no tener muchísimo aire acondicionado, pero la verdad es que vivir aquí sin eso es una gran lección de humildad”, dijo. “Simplemente tienes que acostumbrarte a tener calor”.
Renske Schuitmaker, de 34 años, visitó su país de origen, los Países Bajos, desde Nairobi durante la ola de calor de finales de junio. Schuitmaker, quien estaba embarazada durante su viaje, dijo que tuvo que dejar su alojamiento de alquiler y quedarse con unos familiares que tenían aire acondicionado en Ámsterdam, donde las temperaturas rondaron los 35 grados Celsius. Las autoridades neerlandesas dijeron que en todos los Países Bajos, donde el aire acondicionado es poco común, la ola de calor de junio causó alrededor de 480 muertes.
Pamela Minucci, de 64 años, y Robert Wilson, de 65, quienes visitaban Londres desde Connecticut para la boda de su hija, estuvieron buscando lugares para sentarse a la sombra. En un momento, la pareja se sentó varias horas en un bar con aire acondicionado donde estuvieron viendo un partido de críquet. Al preguntarles si seguían ese deporte, Wilson se rió entre dientes. “Ese día sí”, dijo.
Incluso los hoteles con aire acondicionado están tratando de encontrar nuevas formas de mantener a los huéspedes entretenidos y frescos. En Florencia, Italia, los huéspedes del Hotel Savoy, parte del grupo Rocco Forte, tienen acceso privado a una piscina en una “residencia de los Médici ubicada a orillas del río Arno”, dijo Gaia Cavazzoni, la subgerente de relaciones públicas del hotel. El hotel también ofrece recorridos nocturnos por la Galería Uffizi, después de que han bajado las temperaturas.
¿Ir o no ir?
Papa Gyimah, de 38 años, quien visitaba París desde Ghana, dijo que ha visitado Francia durante el verano por años, pero que ahora tratará de ir en la primavera o el otoño, cuando es probable que las temperaturas sean más frescas. “Cada año, es más difícil caminar”, dijo Gyimah sobre sus recientes veranos en Francia. “Siempre tienes sed, tienes que ir más lento e incluso si te subes al transporte público, es sofocante”.
Campbell también ha cambiado de opinión: planea volver a París en septiembre, pero de ahora en adelante no visitará la ciudad en verano.
Pero Dacanay, en España, no se deja desanimar; ella simplemente se quedará en algún lugar que tenga aire acondicionado. “Nada me alejará de un verano europeo”, dijo.
Sigue a New York Times Travel en Instagram y suscríbete a nuestro boletín “Travel Dispatch” para recibir consejos de expertos sobre cómo viajar de forma más inteligente e inspiración para tus próximas vacaciones. ¿Sueñas con una futura escapada o simplemente viajas desde tu sillón? Echa un vistazo a nuestros “52 lugares a los que ir en 2026“.

Leave a Reply