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Matías Celestino enumera, en orden, los 18 partidos de clasificación que ha disputado la selección masculina de fútbol de Argentina de cara a la Copa Mundial de este año. Asistió a todos ellos, nueve en su país y nueve en el extranjero, y lo llevaron a recorrer el continente con su tambor para animar a su nación, campeona vigente del mundo.
Ahora, Celestino, de 43 años, se prepara para el momento culminante de ese esfuerzo maratoniano: llevar su tambor, pero también a su esposa y a su hijo, a los partidos de Argentina en Estados Unidos en el Mundial este verano.
Es el peor momento para ser un hincha apasionado de Argentina.
Los hinchas argentinos, para quienes el fútbol puede llegar a ser una obsesión, siempre han acudido en masa a las Copas Mundiales por decenas de miles, y han proporcionado un telón de fondo visual y sonoro en los torneos recientes en Brasil, Rusia y Catar. Ahora se enfrentan a los precios de las entradas más altos de la historia para el Mundial de este verano en Estados Unidos, México y Canadá.
Por primera vez en los casi 100 años de historia del torneo, la FIFA, órgano rector del fútbol, ha adoptado la fijación dinámica de precios, un modelo habitual en Norteamérica para los boletos de vuelos, conciertos y deportes. Los costos para los hinchas de los equipos más populares se han disparado a niveles asombrosos desde unos precios iniciales que ya eran varias veces superiores a los de Catar hace cuatro años.
Soledad Aldao, hincha argentina de 35 años, dijo que era como si quisieran hacer negocio con su pasión, un domingo reciente en un asado organizado por hinchas en un parque de Buenos Aires.
Entre el humo y el aroma de los filetes, unos 150 hinchas vestidos con la equipación de la selección nacional se reunieron en un asado y compartieron consejos para ahorrar y buscar compañeros de viaje y de habitación para sus viajes a Estados Unidos. También se quejaron de los precios de las entradas, que han suscitado el desprecio y el escrutinio de hinchas y políticos, e incluso han dado lugar a denuncias judiciales.
Aldao, desarrolladora de software, se gastó 700 dólares en cada una de las dos entradas que compró para la fase de grupos para ver jugar a Argentina contra Jordania y Argelia: más del triple de lo que habrían costado hace cuatro años y más que el salario promedio mensual en Argentina. Desde entonces, los precios han aumentado aún más, y las entradas individuales superan ahora los 800 dólares. Esto supone el doble del precio de las entradas equivalentes para los partidos de los otros equipos del grupo de Argentina: Argelia, Jordania y Austria.
Y esos son solo los precios oficiales. En un sitio de reventa en el que la FIFA, una organización sin fines de lucro, se lleva una tajada del 30 por ciento, los precios se disparan aún más. Una entrada en oferta para la final de la Copa Mundial del 19 de julio saltó a los titulares después de que su propietario pidió más de 2 millones de dólares. Los precios que pide la propia FIFA para la final ya se han disparado a más de 10.000 dólares, unas 10 veces más que en 2022.
En mundiales anteriores, los hinchas pagaron los mismos precios fijos por partidos equivalentes. La FIFA afirma que necesita estos ingresos para financiar el desarrollo del fútbol en todo el mundo.
Los argentinos compiten por las entradas no solo entre sí, sino también con hinchas que quieren ver a uno de los mejores jugadores de fútbol, Lionel Messi, en lo que, casi con toda seguridad, será su última Copa Mundial.
Aldao formaba parte de los aproximadamente cinco millones de argentinos que inundaron las calles de Buenos Aires cuando su selección, liderada por Messi, venció a Francia hace cuatro años y ganó la que se considera la mejor final de la historia del torneo. Decidió entonces que tenía que ir la próxima vez, costara lo que costara. Está considerando vender su auto para financiar más entradas. Para ella, según dijo, no es algo descabellado, sino un sueño y parte de su cultura.
La atracción que supone para los argentinos asistir a una Copa Mundial es visible cada cuatro años, cuando los estadios y las ciudades se llenan de hinchas del país sudamericano vestidos de celeste y blanco.
Celestino dijo que el Mundial es el único suceso que puede unir a un país tan dividido como el suyo.
Para muchos argentinos, financiar los viajes al torneo rara vez ha sido sencillo. La volátil economía argentina, con salarios bajos e inflación disparada, a menudo obliga a la gente a tener dos o incluso tres empleos para llegar a fin de mes. El ingreso mensual promedio de los trabajadores registrados es de unos 1200 dólares, y casi la mitad de la población activa trabaja de manera informal, y a menudo ganan menos.
Pero los expertos afirman que precisamente debido a la historia de inestabilidad política y económica de Argentina, el fútbol de categoría mundial sirve como eje clave de su orgullo nacional.
Pablo Alabarces, sociólogo y autor de varios libros sobre fútbol, dijo que Argentina podría considerarse un país pobre o con fallas, pero que sus hinchas son los mejores.
Algunos hinchas empiezan a ahorrar al final de una Copa Mundial para la siguiente, mientras que otros comprometen fondos que no tienen.
Aunque las finanzas son precarias, Celestino dijo que su esposa, Micaela, piensa renunciar a su trabajo como profesora para ir al Mundial. La pareja ha contraído una deuda de varios miles de dólares para financiar una estancia de un mes en Estados Unidos. Celestino dijo que ya había agotado varias tarjetas de crédito, había organizado una rifa y había pedido a amigos y vecinos que colaboraran. Pero, como muchos otros, está esperando para comprar entradas, con la esperanza de que los precios bajen cuando se acerquen los partidos. Argentina juega dos veces en Dallas y una en Kansas City, Misuri. Celestino dijo que espera que algún alma piadosa lo ayude.
A lo largo de los años, los hinchas como Alejandro Solnicki han desarrollado trucos para ahorrar dinero. En lugar de comprar un vuelo directo a Estados Unidos, Solnicki, de 41 años, trabajador de un casino, hará una odisea de cinco días por São Paulo, Aruba y Charlotte, Carolina del Norte, antes de llegar a Misuri para el primer partido. Aun así, pagó 750 dólares por entrada para cada uno de los tres partidos de Argentina. Dijo que, como fanáticos, gastan lo que haga falta aunque suene irracional.
La comodidad no forma parte del cálculo. Solnicki dijo que para un reciente partido de clasificación en Colombia, compartió una habitación de hotel de una sola cama con otras 10 personas, y todas durmieron sentadas.
Los hinchas argentinos habían mostrado el mismo compromiso con el equipo y con sus compatriotas en la Copa Mundial de Catar, donde fueron celebrados por viajar en grandes cantidades para dar vida a un acontecimiento al que a veces le faltaba ambiente.
Los recuerdos de aquellos esfuerzos siguen siendo visibles tanto en Buenos Aires como en Catar, a miles de kilómetros de distancia.
En el asado en Buenos Aires, los hinchas se reunieron bajo una pancarta con los colores de la bandera argentina en la que se leía “BARWAGENTO”, una referencia al barrio catarí construido para alojar a trabajadores inmigrantes que fue breve pero famosamente tomado por los hinchas del fútbol argentino durante el torneo. Su hogar temporal en Catar ha sido rebautizado de forma permanente como “barrio argentino“.
La pasión y el despliegue de los hinchas del fútbol argentino, que han despertado la envidia y han servido de modelo a otros, se hicieron patentes en todo su esplendor hace unas semanas en el estadio El Monumental de Buenos Aires, sede de uno de los dos clubes más grandes de Argentina, River Plate. El estadio ha agotado su aforo de 85.000 personas durante más de 100 partidos consecutivos.
Los hinchas, armados con tambores e instrumentos de percusión, cantaban con entusiasmo odas a su equipo antes y durante los partidos, y solo hacían una pausa cuando lo hacían los jugadores en el medio tiempo. Contra su acérrimo rival, Boca Juniors, ofrecieron un espectáculo emocionante, que eclipsó todo lo que había en el campo. Un comité de hinchas se había quedado despierto la noche anterior para convertir 40 toneladas de papel en confeti blanco que recibió a los equipos en el campo. Los cánticos no cesaron.
Esa emoción corre el riesgo de no estar presente en el próximo Mundial si hay muy pocos hinchas argentinos presentes, dijo José Serio, quien está intentando conseguir un billete para el que sería su sexto torneo.
Serio dijo que debido a los precios del Mundial se corre el riesgo de perder lo más bonito del torneo: el ambiente.
Algunos asistentes habituales a la Copa Mundial han decidido rendirse, tanto en señal de protesta como por necesidad. Rodrigo Díez, de 36 años, trabajador de aduanas, dijo que había estado en tres mundiales anteriores en los que había pagado 50 dólares (en Brasil), 70 dólares (en Rusia) y 70 dólares (en Catar) y que no estaba dispuesto a pagar precios que, según dijo, no tienen sentido.
Para él, ir al Mundial significaría seguirle la corriente a los responsables del torneo, y eso provocaría que tengan las mismas prácticas en el siguiente. Agregó que es causa de enojo que lo conviertan en algo exclusivo para unos pocos, cuando debería ser para todos.
Tariq Panja es corresponsal deportivo mundial y se centra en historias en las que el dinero, la geopolítica y el crimen se cruzan con el mundo del deporte.
Emma Bubola es una reportera del Times que cubre Argentina. Reside en Buenos Aires.

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