This post was originally published on this site.
Las cumbres entre Estados Unidos y China pueden cambiar el mundo. El viaje del presidente Richard Nixon a Pekín en 1972 le dio a Estados Unidos una ventaja sobre la Unión Soviética en la Guerra Fría. La gira del presidente Jiang Zemin por Estados Unidos en 1997 facilitó la entrada de China en la economía mundial y aceleró su ascenso nacional. La cumbre que comienza el jueves en Pekín entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping tiene lugar en otra coyuntura importante de la relación entre ambos países.
Cuando Trump ganó la presidencia por primera vez hace una década, tachó acertadamente a China de amenaza para los intereses estadounidenses y criticó a los anteriores presidentes de Estados Unidos por su ingenuidad. Sin embargo, en sus dos mandatos, Trump ha debilitado a Estados Unidos frente a China. El daño ha sido especialmente grave durante su segundo mandato.
Sus aranceles fallidos han sido el ejemplo central, pues han desencadenado acontecimientos que han sido una lección de humildad. Los aranceles resultaron ineficaces para intimidar a China incluso antes de que la Corte Suprema declarara ilegales algunos de ellos. En respuesta, China restringió el acceso de Estados Unidos a valiosos metales de tierras raras y se percató de cuánta influencia tiene. Para recuperar el acceso a los minerales, Trump accedió a permitir que China comprara semiconductores estadounidenses avanzados que impulsan la inteligencia artificial.
Trump también ha diluido instrumentos del poder estadounidense que durante mucho tiempo han sido cruciales para contener a los adversarios extranjeros. Ha distanciado a socios que pueden ayudar a contrarrestar a China, como Japón, Australia, India, la Unión Europea y Canadá. Ha recortado la financiación de la investigación científica, lo que ha disminuido la destreza estadounidense en inteligencia artificial, energía verde y otros ámbitos.
Trump llega a Pekín sin el aura de fuerza que tanto aprecia. Su guerra en Irán ha perjudicado a la economía estadounidense, y al parecer planea presionar a Xi para que compre más productos estadounidenses, en agricultura y otros sectores. A cambio, Xi quiere debilitar el apoyo estadounidense a Taiwán y obtener un acceso aún mayor a los semiconductores estadounidenses. Cualquiera de estos intercambios sería un mal negocio para Estados Unidos.
Trump y sus ayudantes deberían reconocer que Xi tiene sus propios problemas, empezando por unos vecinos asiáticos recelosos, un declive inmobiliario, un mercado laboral decepcionante y un colapso demográfico. El resultado más seguro de la cumbre serían acuerdos estrechos sobre intereses compartidos, como límites a la inteligencia artificial para evitar el desarrollo de armas biológicas. Los dos países también deberían intentar estabilizar su relación y garantizar la continuidad de las comunicaciones militares bilaterales. Un acuerdo limitado en esta línea ganaría tiempo para que Estados Unidos deshiciera parte del daño de Trump y comenzara a reconstruirse para la larga competencia que se avecina.
La política hacia China es un área poco común en la que Trump cambió el consenso tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata. En su campaña de 2016, argumentó que China había explotado a Estados Unidos y que los líderes estadounidenses debían ser más duros. Tras asumir el cargo, impuso aranceles específicos a semiconductores, acero, electrónica, maquinaria industrial y otros productos. El gobierno de Joe Biden mantuvo o amplió en gran medida esos aranceles y reforzó las alianzas en Asia para frenar la agresión china. Durante un tiempo, Trump pareció haber iniciado una era bipartidista de realpolitik hacia un país que busca disminuir el poder estadounidense.
Sin embargo, como suele ocurrir, Trump mostró poca disciplina estratégica y les dio prioridad a sus intereses personales y políticos por encima de los de la nación. Antes de que terminara su primer mandato, había empezado a abandonar su aparente preocupación por China. En su segundo mandato, se ha vuelto aún más complaciente.
La Estrategia de Seguridad Nacional de su gobierno ya no utiliza la expresión “competencia entre grandes potencias” para describir la relación con China, como señaló Ryan Hass, de la Brookings Institution. En su lugar, Trump parece tentado a permitir que China domine Asia, mientras Estados Unidos se enfoca en América Latina y Medio Oriente. “Fue como si el presidente decidiera que Estados Unidos ahora se conforma con correr a un lado de China en lugar de frenarla o correr más rápido”, escribió Evan Medeiros para el Chicago Council of Global Affairs.
Los aranceles del segundo mandato fueron un ejemplo de sus fracasos. Se aplicaron a prácticamente todo el mundo, incluidos los aliados estadounidenses, y Trump los impuso de manera desordenada e ilegal. “Estados Unidos está perdiendo terreno en Asia”, concluyó recientemente el Lowy Institute, un centro de investigación australiano. En los últimos meses, la guerra en Irán ha continuado la tendencia. Algunos países escépticos respecto a China, como Vietnam y Filipinas, han recurrido, pese a todo, a Pekín en busca de ayuda para acceder a energía. Y la incapacidad de Estados Unidos para derrotar al ejército iraní, mucho más pequeño que el suyo, ha suscitado dudas sobre si podría ayudar a defender a Taiwán de una invasión china.
El mayor riesgo de la cumbre de esta semana es que Trump cambie las ganancias estadounidenses a corto plazo, como la exportación de más soya y otros productos agrícolas, por ventajas chinas a largo plazo. Xi, como parte de su esfuerzo por reunificar Taiwán con China continental, puede pedirle a Estados Unidos que se oponga explícitamente a la independencia taiwanesa o que retrase la venta de armas a la isla. Cualquiera de las dos medidas sería un error. Trump ya ha mostrado una preocupante falta de interés por el futuro de Taiwán como aliado democrático y socio económico.
Los semiconductores son otro motivo de preocupación. Taiwán fabrica muchos de los semiconductores que utilizan las empresas estadounidenses. China, por su parte, sigue significativamente por detrás de Estados Unidos en la carrera por desarrollar la IA más avanzada. El gobierno de Biden merece cierto crédito por la brecha, ya que se negó a permitir que las empresas estadounidenses vendieran la línea más avanzada de semiconductores a China. Trump ha mostrado una postura más débil en este asunto.
Xi tiene muchas ganas de que se eliminen las restricciones y Trump ha empezado a suavizarlas. China tiene ahora permiso para comprar los chips de gama alta H200 de Nvidia, pero sigue teniendo bloqueada la compra de los chips de gama alta de la compañía, conocidos como Blackwell. Si Trump alguna vez levanta esa restricción, le estará dando a Xi una enorme victoria.
La competencia entre Estados Unidos y China le importa al mundo entero. China quiere dominar Asia y ampliar su influencia mundial. Quiere desacreditar la democracia y restar importancia a los derechos humanos y la igualdad política. Quiere un mundo en el que se acepte la opresión étnica y religiosa. China es el aliado más importante de varias dictaduras brutales, como Rusia, Corea del Norte e Irán. Cualquiera que crea en el pluralismo, la libertad y otros valores liberales debería estar en contra de un mundo en el que Xi y el Partido Comunista Chino tengan más influencia.
La mejor esperanza para que Estados Unidos gane esta competición es rechazar el enfoque caótico e interesado de Trump para gobernar y hacer diplomacia. A largo plazo, Estados Unidos debería emplear una versión de la estrategia que prevaleció durante las largas luchas del siglo XX contra el fascismo y el comunismo. Eso implica alianzas para reconstruir los sistemas internacionales de comercio y seguridad para el mundo actual. Hacerlo llevará tiempo. En Pekín esta semana, Trump no debería dificultar la tarea concediendo a China más victorias.
Fotografía original de William Sherman/Getty Images.
El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción.
Leave a Reply