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Las autoridades se apresuraron a asegurar a los mexicanos que una colección de estimadas obras de arte regresaría en 2028. Un testamento pocas veces visto podría aclarar los deseos de la coleccionista.
Una célebre colección de arte mexicano del siglo XX, que incluye una valiosa colección de pinturas de Frida Kahlo, ha atraído a decenas de miles de visitantes al Museo de Arte Moderno de Ciudad de México en las últimas semanas. Una afluencia récord de espectadores ha hecho fila para ver unas 70 obras de la prestigiosa Colección Gelman, que no se ha exhibido en México desde hace casi 20 años.
Sin embargo, para muchos aficionados al arte, la exposición no sirve de consuelo.
Esto se debe a que está previsto que las obras salgan de México en julio, cuando serán enviadas a España como parte de un acuerdo entre su propietario mexicano, una importante familia industrial apellidada Zambrano, y el Banco Santander de España, que gestionará la colección mientras esté en el extranjero.
El acuerdo para trasladar la colección, reunida originalmente en México por Jacques y Natasha Gelman, una glamurosa pareja de migrantes de Europa del Este, ha enfurecido a la élite cultural del país. Dicen que despoja a los mexicanos de un tesoro artístico e incumple las normas sobre patrimonio cultural que prohíben que obras importantes salgan del país durante períodos prolongados.
Alrededor de 380 académicos, artistas y otras personalidades de la cultura firmaron en marzo una carta publicada en el sitio web de arte mexicano De Museos, en la que exigían que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum explicara por qué se permite que estas obras salgan del país. En otra carta pidieron a los museos de Noruega, Suiza y Alemania que tienen programadas exposiciones de Kahlo que “se solidaricen” en la defensa de los derechos de los mexicanos.
“Se ha privado a toda una generación de México de la presencia pública permanente que los propietarios originales imaginaron para esta colección”, escribió el grupo en la segunda carta, publicada en la plataforma de arte e-flux.
La disputa ha atraído a la presidenta Sheinbaum, quien el lunes defendió el acuerdo y dijo que los funcionarios estaban cumpliendo la ley. En su conferencia de prensa diaria, Sheinbaum dijo que la “mayoría” de las personas que “insisten en que esta colección ya no va a estar en México” están “en contra de nuestro gobierno”.
Según el acuerdo entre Santander y la familia Zambrano, del norte de México, las obras de arte se exhibirán en el Faro Santander, un museo en el norte de España que se inaugurará en junio. Se expondrán junto a obras de la colección de la Fundación Santander, que cuenta con aproximadamente 1000 piezas.
Una persona cercana a la familia Zambrano, que pidió no ser nombrada por no estar autorizada a hablar públicamente del asunto, dijo que la colección Gelman valía cientos y cientos de millones de dólares. (Según dijo, estaba asegurada por menos de mil millones).
Las objeciones al acuerdo con Santander se basan en normas destinadas a mantener en el país la obra de unos 10 artistas mexicanos célebres de los siglos XIX y XX. El arte de Kahlo fue declarado “monumento artístico” en 1984, y cualquier obra de Kahlo que estuviera en el país en ese momento no puede abandonarlo de forma permanente, aunque puede prestarse a una institución extranjera por un máximo de dos años. Las obras pueden venderse, siempre que permanezcan en México.
El decreto, publicado un año después de que una biografía de Kahlo escrita por Hayden Herrera en 1983 encendiera la mecha de la Fridamanía, resultó “profética”, dijo James Oles, profesor de arte del Wellesley College, quien vive en México. La demanda internacional de la obra de Kahlo se ha disparado en los últimos 30 años. Un autorretrato de 1940, El Sueño (La Cama), se vendió en una subasta en Nueva York en noviembre de 2025 por 55 millones de dólares con honorarios, un récord para un artista de Latinoamérica.
Quienes se oponen al acuerdo entre la familia Zambrano y Santander también han dicho que traiciona los deseos de Natasha Gelman, quien murió en 1998.
Según Janet C. Neschis, abogada que representa a la Fundación Jacques y Natasha Gelman, la familia siempre tuvo la intención de conservar la colección dentro de México. Sin embargo, una copia del testamento de Natasha Gelman de 1993, vista por The New York Times, es menos explícita. Aunque estipula que las obras de arte deben exponerse en un museo, esboza pasos específicos para sacar la colección del país, que la familia Zambrano está siguiendo, según una persona cercana a la familia.
Neschis afirma que Gelman siempre deseó que la colección se quedara en el país.
Gelman legó la colección a Robert Littman, un curador estadounidense que fue su asesor y amigo durante mucho tiempo, pero una maraña de disputas sobre la propiedad del arte hizo que Littman dejara de exponer la obra en México en 2008.
Los reclamos fueron desestimados en los tribunales, dijo Gerardo Estrada, exdirector general del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) de México, institución gubernamental que gestiona varios museos. Añadió que creía que Littman era el propietario legítimo. De hecho, el testamento de Gelman dice que la colección se “lega” a Littman. El testamento también estipula que el núcleo original de 95 obras de arte de la colección debía permanecer intacto, pero Littman vendió piezas y añadió cientos más. (De acuerdo con Estrada, Littman ofreció vender la Colección Gelman al gobierno en 2000, pero el gobierno no aceptó. No pudo recordar el precio, pero los informes de prensa dicen que entonces estaba valorada en 200 millones de dólares).
Durante años, el destino de la colección fue un misterio hasta que Santander reveló en enero que la familia Zambrano la había adquirido en 2023. Littman no respondió a los mensajes enviados a su número de teléfono.
Estrada dijo que el plan de trasladar la Colección Gelman a España era “muy lamentable”. Las declaraciones de funcionarios españoles y mexicanos de que podría permanecer en España durante cinco o 10 años habían avivado, según dijo Estrada, “sospechas y rumores” de que la colección podría no regresar por muchos años.
Para los mexicanos, según dijo Estrada, la colección “se volvió un mito”, y agregó que “es muy añorado” en el país.
De hecho, Relatos modernos, la exposición del Museo de Arte Moderno, ha atraído a casi 120.000 visitantes desde su inauguración a mediados de febrero, dijo Alejandra de la Paz, actual directora general del INBAL. Sus atractivos incluyen un óleo sobre masonita de Kahlo de 1943 titulado Diego en mi pensamiento, y su Autorretrato con collar de 1933, así como obras de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso y María Izquierdo, todos ellos miembros clave del movimiento moderno.
La semana pasada, bajo la creciente presión pública, los funcionarios del gobierno se apresuraron a asegurar a los mexicanos que su querida colección no desaparecería por mucho tiempo.
“No es como la despedida de México” dijo De la Paz. En una conversación por teléfono desde México, dijo que las obras de arte regresarían de España en 2028. En un texto posterior, añadió que podrían volver a salir de México después de esa fecha.
Arturo Saucedo, experto en política cultural mexicana, dijo que dudaba que el gobierno estuviera interesado en que la Colección Gelman regresara rápidamente a México. Y agregó: “Apuestan a que a todos se nos olvide”.
Para algunos expertos, enfocarse en las normas de patrimonio cultural que dictan cuánto tiempo pueden salir de México las obras de arte elude la verdadera cuestión. Incluso cuando las obras están en México, las normas no obligan a los coleccionistas a exponer el arte que poseen al público, dijo Oles. La mejor forma de garantizar que el arte mexicano siga siendo visible es animar a los coleccionistas a regalarlo o a los museos a comprarlo.
Axel Stein, comerciante de arte y antiguo jefe del departamento de Arte Latinoamericano de Sotheby’s, está de acuerdo con esa lógica.
“Si quieres tener una Frida Kahlo en tu pared del Museo de Arte Moderno en México, entonces compra la pintura”, dijo.
Pero México tiene muchas exigencias económicas, desde hospitales hasta escuelas y museos con goteras, dijeron los expertos. Por ello, ha comprado muy pocas obras de Kahlo.
Aunque hay una lista constante de exposiciones de Kahlo –este año, en Houston, Londres y Nueva York–, hay pocas obras de Kahlo en los museos mexicanos.
El INBAL posee un puñado de cuadros, según Luis-Martín Lozano, historiador del arte. Entre ellas se encuentra Las dos Fridas, un conocido óleo sobre lienzo de 1939, que forma parte de la colección del Museo de Arte Moderno de México.
Al mismo tiempo, la colección de obras de Kahlo más importante del mundo, conservada en el Museo Dolores Olmedo, institución de propiedad privada al sur de Ciudad de México, lleva seis años cerrada.
El museo, que también alberga una gran colección de obras de Diego Rivera, anunció en febrero de este año que reabriría a finales de mayo. (El anuncio se produjo tras una campaña de meses de duración de organizaciones indígenas locales que sostenían que el cierre violaba su derecho de acceso a su patrimonio cultural).
La obra de Kahlo es tan cara que quizá ya no tenga sentido comprarla, dijo Oles.
“¿Deberían gastar dinero en un Frida?”, dijo refiriéndose al gobierno mexicano, “¿O deberían gastar dinero en reparar museos?”.
Zachary Small es periodista del Times y escribe sobre la relación del mundo del arte con el dinero, la política y la tecnología.






