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La última vez que el presidente Donald Trump se enfrentó a unas elecciones intermedias, en 2018, los republicanos del Congreso se vieron arrastrados por su impopularidad y perdieron más de tres decenas de escaños en la Cámara de Representantes.
Pero incluso en la derrota, los republicanos no tocaron fondo ese año –de hecho, el partido ganó terreno en el Senado–, ya que los votantes blancos de clase trabajadora mantuvieron en gran medida su fe en la experiencia económica de Trump.
Hoy en día, esa reserva de buena voluntad, que antes era tan grande, se ha evaporado en gran medida.
Los votantes blancos de clase trabajadora están, por primera vez, dudando seriamente de la gestión económica de Trump. Un análisis de las encuestas realizado por The New York Times muestra un cambio extraordinario en la opinión de los votantes blancos sin título universitario sobre este tema entre las primeras elecciones intermedias de Trump y la actualidad.
En aquel entonces, los votantes blancos de clase trabajadora aprobaban su gestión de la economía por márgenes de 30 puntos porcentuales o incluso más. Ahora, las encuestas recientes muestran que la desaprueban por márgenes que van desde 14 hasta más de 30 puntos.
[Este gráfico muestra la aprobación de la gestión económica de Donald Trump entre los votantes blancos sin estudios universitarios, con el porcentaje de los encuestados. En las elecciones intermedias de 2018, la clase trabajadora blanca le siguió mostrando su apoyo. Hoy en día, esa reserva de buena voluntad que antes era tan grande se ha desvanecido casi por completo].
La aprobación de Trump en materia económica ha caído en prácticamente todos los grupos. Pero el desplome del apoyo en un sector demográfico leal que ha servido de base a su coalición política durante una década podría ser uno de los acontecimientos más trascendentales de 2026, según entrevistas con estrategas de ambos partidos que participan en las elecciones intermedias.
Las encuestas muestran ahora con regularidad que la mayoría de los votantes blancos que no se graduaron de la universidad ya no aprueban la gestión económica de Trump. Entre los ejemplos de sus bajos índices de aprobación se incluyen encuestas de Fox News (33 por ciento de aprobación), CBS News (39 por ciento), NPR/PBS/Marist (40 por ciento), CNN (43 por ciento) y The New York Times/Siena College (47 por ciento).
En otras palabras, ha perdido la confianza de sus seguidores más fieles en el tema más apremiante del año.
Los asesores de Trump están presionando activamente para reforzar el apoyo, y tratan de poner a buena luz las políticas del paquete de recortes fiscales del año pasado. El Departamento del Tesoro publicó este mes un nuevo informe en el que se detalla cómo se beneficiaron los trabajadores de la ley de impuestos. Y la semana pasada, el comité independiente de campaña de 350 millones de dólares de Trump, MAGA Inc., emitió su primer comunicado desde las elecciones de 2024. El tema era revelador: cómo los recortes fiscales ayudaron específicamente a la clase trabajadora y a la clase media.
“Son los votantes de clase trabajadora quienes no están contentos con el Partido Republicano, y es posible que no salgan a votar”, advirtió en una entrevista John McLaughlin, un encuestador republicano que ha trabajado para Trump durante años. Dijo que también había visto un retroceso de los avances de Trump de 2024 entre los votantes negros e hispanos de clase trabajadora.
En este momento, solo los republicanos lo apoyan en materia económica en las encuestas.
Los demócratas están tratando de sacar partido de ello, y elaboran planes para competir en nuevos lugares que hasta hace poco parecían demasiado desalentadores desde el punto de vista demográfico: electorados más blancos y rurales en estados como Iowa, que llevan años votando mayoritariamente por los republicanos.
La imagen del Partido Demócrata, sin embargo, sigue muy dañada entre los votantes blancos de clase trabajadora. Las encuestas muestran que muchos de ellos aún no se han decidido del todo a decir que votarán por los demócratas este otoño.
Alex Pfeiffer, vocero de MAGA Inc., dijo que los demócratas se verían obligados a defender su historial en materia de inmigración y su oposición al proyecto de ley fiscal del presidente. “Los demócratas tendrán que explicar por qué votaron a favor de quitar más dinero a los trabajadores que reciben propinas y a los que hacen horas extras, así como a las personas mayores que reciben el Seguro Social”, dijo.
Sin embargo, incluso una participación más moderada de los votantes blancos de clase trabajadora, quienes votaron por Trump por más de dos a uno en 2024, podría poner en peligro las posibilidades de su partido en noviembre.
“Es fundamental”, dijo McLaughlin, el encuestador de Trump, en referencia a la movilización de la clase trabajadora blanca. “Si no lo hacen, perdemos la Cámara de Representantes y el Senado”.
‘Un momento decisivo’
Trump volvió al poder en 2024 con la promesa de detener la inmigración ilegal, controlar la inflación y reactivar la economía. Obtuvo el 66 por ciento de los votos de los trabajadores blancos, según las encuestas a pie de urna, exactamente el mismo porcentaje que recibió en sus primeras elecciones en 2016.
Sin embargo, en los meses transcurridos desde su segunda toma de posesión, la apuesta de Trump por los aranceles; los precios persistentemente altos de la gasolina y los alimentos; su enfoque en los asuntos exteriores, en particular la guerra en Irán, y la inflación actual parecen haber minado ese apoyo, incluso aunque los cruces fronterizos hayan disminuido.
“El mayor problema es que se han visto impulsados –y siguen viéndose impulsados– por la presión del costo de la vida”, dijo Robert Blizzard, un encuestador republicano. “Los precios, los salarios estancados y la ansiedad por saber cuándo va a caer el siguiente golpe”.
Molly Murphy, quien es una encuestadora demócrata y trabajó en la campaña de 2024 de la exvicepresidenta Kamala Harris, dijo que el cambio había sido sorprendente.
“Después de que él iniciara la guerra en Irán, la gente de los grupos de discusión que había votado por él y que pertenecía a la clase trabajadora se quedó sin palabras para intentar explicar o justificar esta acción, y se siente directamente afectada por ella debido a los precios de la gasolina”, dijo. “En la década que Trump lleva en nuestras vidas, parece un momento decisivo en el que se dan cuenta de que no es la persona que creían que era”.
Tim Spencer, un fabricante de herramientas y matrices jubilado que vive en Pella, Iowa, votó anteriormente por Trump, pero el aumento de los precios de la gasolina está haciendo que sienta la presión. Eso, junto con el comportamiento cada vez más errático del presidente, ha hecho que ya no apoye a Trump.
El costo de llenar el tanque de su camioneta Chevy ha subido de 90 dólares a unos 140, dijo. En veranos anteriores, Spencer, de 72 años, y su esposa llevaban una caravana a lugares de campamento por todo el Medio Oeste. “Con el precio actual de la gasolina, es una caravana de Iowa”, dijo.
Muchos votantes le han dado a Trump el beneficio de la duda durante años, sobre todo en cuestiones económicas. En su primer mandato, confiaron en la imagen que había cultivado como ejecutivo de negocios decidido al ser presentador de El aprendiz. Recordaban con cariño la economía del país bajo su mandato cuando se postuló de nuevo en 2024.
En 2018, las pérdidas de su partido entre los votantes de Trump se concentraron, en cambio, en otros grupos demográficos, especialmente en las mujeres de clase media-alta de los suburbios.
En vísperas de las elecciones intermedias de 2018, la valoración de Trump en materia económica seguía situándose en el 66 por ciento entre los votantes blancos sin título universitario, según una encuesta de la CNN. Esa fue una de las razones por las que, aunque los republicanos perdieron la Cámara de Representantes ese año, el partido aún logró derrotar a cuatro senadores demócratas en el Senado.
En esta legislatura, la aprobación de Trump en materia económica –una cuestión que, según coinciden los estrategas de ambos partidos, es la más apremiante de las elecciones de 2026– se ha desplomado aún más que su aprobación general.
La desaprobación de Trump en materia económica entre esos mismos votantes se situaba en el 57 por ciento en la encuesta más reciente de la CNN.
[Este gráfico muestra la caída de la aprobación de la gestión de Donald Trump (hasta el 38 por ciento) y el aumento de la desaprobación (hasta el 58 por ciento) desde inicios del año pasado hasta la actualidad].
Las encuestas que profundizan más en cuestiones relacionadas con la inflación o el costo de la vida son aún más desalentadoras para el presidente.
Entre los votantes blancos de clase trabajadora, la valoración de Trump en materia de costo de la vida se situó en solo un 36 por ciento en la encuesta del Times. Fox News reveló que solo el 25 por ciento aprobaba su gestión de la inflación.
“Hubo ciertas cosas que prometió durante la campaña y que simplemente no se han cumplido”, dijo Carl Wallnau, de 35 años, quien vive a las afueras de Fort Worth. Se considera más bien libertario y votó por Trump en 2024 con base en esas promesas. “Hablaba de, ya sabes, bajar los precios de la gasolina. Los precios de la gasolina han subido”.
Wallnau tiene varios trabajos en la economía informal –como tramoyista, en una tienda de cómics y montando eventos–, pero se describe a sí mismo como “alguien que lucha por salir adelante de verdad”. Ahora planea votar por un tercer partido en 2026.
“Me recuerda a Bill Clinton”, dijo Wallnau. “Es la economía, estúpido”.
‘No pienso en la situación económica de los estadounidenses’
Los demócratas dijeron que estaban viendo algunos primeros indicios de éxito.
Eva Kemp, estratega de American Bridge, un grupo demócrata con un comité independiente de campaña y una división de investigación, ha pasado los últimos años buscando a seguidores desilusionados de Trump para que aparezcan en anuncios demócratas.
“Se ha vuelto más fácil”, dijo.
El proceso consiste en asistir a grupos de discusión y escuchar a la gente expresar sus quejas. “Casi se nota más visceral su decepción y su disposición a ir en contra del presidente Trump”, dijo, y añadió que las mujeres, en particular, se han quedado sin paciencia. En un grupo de discusión reciente con votantes blancos de clase trabajadora en Iowa, casi todas las mujeres le dieron a Trump una calificación baja o muy baja. Los hombres blancos le pusieron una nota más alta.
Algunos estrategas republicanos, a quienes se les ha concedido el anonimato para hablar de las vulnerabilidades de su partido, dijeron que estaban observando el mismo fenómeno de género entre los votantes blancos de clase trabajadora.
Los demócratas no necesitan ganarse a los votantes blancos de clase trabajadora para recuperar el poder en noviembre. El simple hecho de perder menos votos entre ellos podría suponerles grandes victorias este otoño.
En la encuesta más reciente de NPR/PBS News/Marist, el 44 por ciento de los votantes blancos sin título universitario dijo que este año eran más propensos a votar por un candidato demócrata al Congreso, frente a un escaso 30 por ciento en vísperas de las elecciones intermedias de 2018.
Trump no está ayudando con sus comentarios despectivos sobre las preocupaciones económicas de tantos estadounidenses. “Me encanta la inflación”, dijo en el Despacho Oval la semana pasada. Anteriormente, restó importancia al aumento de los precios de la gasolina calificándolo de “cacahuetes” y, al hablar del momento de poner fin a la guerra en Irán, dijo: “No pienso en la situación económica de los estadounidenses”.
Esta última cita ya aparece en anuncios demócratas, como uno dirigido al representante Rob Bresnahan en Pensilvania que utiliza la frase tres veces desde tres ángulos de cámara en los primeros 12 segundos, intercalada solo con las palabras “gasolina”, “comestibles” y “servicios públicos”.
Rediseñar el mapa para 2026
En 2018, el camino de los demócratas hacia la mayoría en la Cámara de Representantes pasó en gran medida por los enclaves más ricos y con mayor nivel educativo del país. El partido ganó cuatro escaños en el condado de Orange, California, así como escaños en las afueras de Chicago, Mineápolis, Nueva York, Atlanta y Washington, D. C.
“Básicamente, podías ordenar una lista de distritos por nivel de estudios universitarios, y cuanto más arriba estabas en la lista, más probable era que votaras por un demócrata”, dijo Mike Smith, quien dirige el principal comité independiente de campaña de los demócratas de la Cámara de Representantes.
Pero 2026 permite a los demócratas competir en zonas que el partido ha dejado de lado durante años.
“El mapa del Senado está formado por votantes blancos de clase trabajadora”, dijo Murphy, la encuestadora demócrata. “Simplemente no vas a ganar en Iowa, Texas, Ohio y Maine sin ganarte a los votantes blancos de clase trabajadora”.
La transformación del Partido Republicano que ha llevado a cabo Trump para que sea más de clase trabajadora significa que esos votantes se han visto animados a votar por él, dijo McLaughlin, el encuestador de Trump. El problema, señaló, es que el presidente ya no se presenta a las elecciones.
“Tomó el Partido Republicano de los clubes de campo y se lo dio a los caddies”, dijo McLaughlin.
En última instancia, las posibilidades del partido dependerán de la capacidad de Trump para reconectar con su base desilusionada de la clase trabajadora blanca, dijo Neil Newhouse, un veterano encuestador republicano.
“El único que puede motivarlos es la razón por la que ahora mismo no están motivados”, dijo. “Y ese es Trump”.
Ann Hinga Klein colaboró con reportería desde Pella, Iowa.
Shane Goldmacher es corresponsal de política nacional del Times.

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