4 hombres son declarados culpables del asesinato del presidente de Haití

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Jovenel Moïse, de 53 años, fue asesinado a tiros en su dormitorio en julio de 2021. Su asesinato desencadenó una espiral de violencia de pandillas y caos en Haití.

Después de ocho semanas de juicio, el viernes un jurado federal en Miami declaró a cuatro hombres del sur de Florida culpables de conspirar para asesinar al presidente de Haití, Jovenel Moïse, hace cinco años, en un caso que ha dejado a mucha gente preguntándose quién ordenó realmente el asesinato.

Los cuatro acusados estaban vinculados a una pequeña empresa de seguridad con sede en Miami, la Counter Terrorism Unit Federal Academy. Los propietarios afirmaron que creían estar actuando en virtud de una orden judicial haitiana legítima cuando contrataron a un equipo de más de dos decenas de exsoldados colombianos para derrocar, no matar, a Moïse, quien en aquel momento era un presidente impopular.

Los acusados dijeron que, cuando llegaron los mercenarios, Moïse ya estaba muerto.

Moïse, de 53 años, fue asesinado a tiros en su dormitorio en la madrugada del 7 de julio de 2021.

Su muerte desencadenó una espiral de violencia de pandillas y caos en Haití que ha durado años. Más de un millón de personas han huido de sus hogares en los últimos años. Y como grandes zonas de la capital, Puerto Príncipe, son demasiado inseguras para transitar, las autoridades no han podido celebrar elecciones para elegir al sustituto de Moïse.

“¿Por qué esta horrible crueldad, esta espantosa brutalidad? Para poder instalar a un títere como presidente de Haití”, dijo Jason Wu, ayudante del fiscal estadounidense que llevó el caso, durante el alegato final del gobierno.

Wu dijo que los acusados planeaban sacar provecho de futuros contratos con un nuevo gobierno como parte de un plan multimillonario para desarrollar el empobrecido país. Estaban motivados por su “codicia, su arrogancia y su sed de poder”, dijo.

Los abogados defensores dijeron que los comandos colombianos habían sido contratados para proporcionar seguridad a las autoridades haitianas con el fin de detener a Moïse en relación con delitos contra el Estado. Supuestamente, su plan consistía en detener a Moïse e instalar en su lugar a un presidente elegido a dedo.

Tras dos días de deliberaciones, los cuatro acusados fueron declarados culpables de cinco cargos relacionados con conspirar para matar o secuestrar al presidente y proporcionar apoyo material a la conspiración, así como de violar la Ley de Neutralidad estadounidense al emprender una expedición militar ilegal al extranjero.

Los cargos conllevan posibles penas de cadena perpetua.

Entre los acusados figuraban los propietarios de la empresa de seguridad, Arcángel Pretel, de 53 años, exinformante del FBI nacido en Colombia, y Antonio Intriago, de 63 años, estadounidense de origen venezolano.

Los otros dos acusados eran James Solages, de 40 años, estadounidense de origen haitiano que trabajaba en el departamento de mantenimiento de un centro para ancianos en el sur de Florida antes de incorporarse a la empresa de seguridad en Haití, y Walter Veintemilla, de 57 años, un acaudalado corredor de hipotecas y seguros estadounidense de origen ecuatoriano, quien, según los fiscales, era el “hombre del dinero” que ayudaba a financiar la operación.

Intriago hundió la frente entre las manos mientras se leía el veredicto. Algunos de los abogados defensores consolaron a sus clientes con abrazos. David Howard, abogado de Pretel, palmeó la espalda de su cliente y recorrió la mesa de la defensa para ofrecer sus condolencias a cada uno de los acusados.

Otras seis personas ya se han declarado culpables por su papel en el plan, y todas menos una han sido condenadas a cadena perpetua.

Aunque el juicio arrojó luz sobre las turbias circunstancias de la muerte de Moïse, aún dejó dudas sobre quién estaba detrás del complot de asesinato. Gran parte de las pruebas presentadas en Miami estaban envueltas en el secreto porque implicaban a informadores del gobierno estadounidense y se presentaron con arreglo a normas restrictivas para asuntos clasificados de seguridad nacional.

Un experto médico de la defensa declaró que dos balas recuperadas del cuerpo del presidente no coincidían con sus heridas. Los abogados defensores teorizaron que se habían colocado como parte de una conspiración haitiana paralela para inculpar a los colombianos y a la empresa de seguridad.

“La bala está impoluta”, dijo Jonathan Friedman, abogado de Solages. “Algo no huele bien”.

Debido a una enfermedad, se espera que un quinto acusado, Christian Sanon, pastor estadounidense de origen haitiano, sea juzgado a finales de este año.

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